lunes, 20 de junio de 2016

Leyendas y cuentos cortos venezolanos (14) Varios autores


Mujer llanera en el archivo de Ana Ysabel Sanza Hernandez

ÁRBOLES MISTERIOSOS
 (Mercedes Franco)
Hay en Venezuela árboles en cuyas ramas se enredan extraños misterios. Baste que junto a ellos haya ocurrido algún suceso memorable, para que hayan entrado en la leyenda. A veces marcan el sitio donde está enterrado un tesoro o alguien puso fin a su vida colgándose de alguna de sus ramas. A veces algún espíritu impuro mora en su follaje y su sombra proyecta maléficas figuras.

ARREOS ESPECTRALES
 (Mercedes Franco)
En los Llanos se habla de arreos de mulas o burros fantasmales. Generalmente están envueltos en un extraño fulgor y su olor es fuerte y característico. El origen de estás apariciones, según la tradición, tiene que ver con el oro que los hacendados enterraban durante la Colonia, a falta de bancos o lugares seguros donde esconderlo. Lo conducían en recuas de mulas o burros y lo llevaban a sitios recónditos o apartados. Pero junto con el tesoro enterraban algún esclavo decapitado, para que  su espíritu custodiara el tesoro. Por eso a veces se ven arreos espectrales conducidos por un hombre sin cabeza. Otros arreos son simplemente apariciones malignas  que se presentan ante las personas con el fin de ahuyentarlos de algún lugar que el ente espectral considera suyo.
Arreo de la sabana. De esta aparición maligna hablan aún en Maturín. Cuentan que Papá Juan Ruiz, un ganadero de recio carácter, iba cruzando la noche sabanera, con su propia recua de mulas y sus peones de confianza, cuando vieron venir a lo lejos un arreo. Se dieron cuenta de que era de burros, por los fuertes rebuznos. Pero aquellos rebuznos parecían carcajadas. Arreció una fuerte ventolera, como amenazando aguacero y todos sintieron escalofríos. Una súbita pestilencia revolvía las tripas y se sentía un frío agudo y repentino. La noche pareció detenerse, la luna se escondió tras gruesas nubes, no se veían las estrellas.
Cuando estuvieron cerca vieron que el primero de la comitiva, el hombre que conducía el arreo, no tenía cabeza. Tampoco la tenía ninguno de los otros jinetes, ni siquiera los burros del arreo, que eran más de una docena y seguían rebuznando y riéndose.
Uno de aquellos descabezados, un hombre oscuro brincó a la grupa del caballo de Papá Juan cuando éste enfurecido disparaba al aire. El caballo echó a correr monte adentro, como arrebatado por el mismo Lucifer, mientras seguían estallando alrededor los rebuznos o carcajadas de aquellos burros infernales.
El que se topa con el “arreo de la sabana” tiene que invocar a la Santísima Trinidad, esa es la contra. Y no se le puede maldecir, ni dispárele, porque el espanto “se le pega a la pata”, como le paso a Papá Juan. Y dicen que no suelta a su víctima hasta que se la lleva.

CUANDO PROHIBIERON EL JOROPO
 (Oscar Yánez)
Pocas personas saben que el joropo fue prohibido en una época porque era factor de perturbación. la Real Audiencia decidió en tiempos ya remotos prohibir “el Bayle del joropo escobillado” advirtiendo que los que se atrevieren a trasgredir esta Ordenanza “sufrirán la pena de vergüenza pública, item más, dos años de presidio; las mujeres serán recogidas en hospitales por igual tiempo; y los simples espectadores dos meses de cárcel segura, penas que podrán ser agravadas al arbitrio de los jueces, según las circunstancias que concurran en los sujetos. Por consiguiente y para que nadie alegue ignorancia, hago que esta ordenanza se publique y se le dé curso por bandos y pregones en esta capital y en otras poblaciones en la forma acostumbrada y se expida copia a quien competa cuidar de su observancia. Dado en esta ciudad de Santiago de León de Caracas a 10 de abril de 1749. Luis Francisco de Castellanos, Por Mandato de Su Excelencia Joseph de Ascanio”.
Consultaron a España y mandaron en uno de los galeanos que salían cargados de oro a dos negritos, hábiles en el escobilleo del joropo, el tambor, el Juan Bimba, el Cambao, el Rúcano...
Los dos joroperos impresionaron en la corte española y por Real Cédula de Su Majestad fechada en el real sitio de Aranjuez, se ordena al capitán general no lo prohíba, por cuanto “está lleno de inocencia campesina, así como el Jarabe Gatuno y el bullicuzcuz de La Veracruz, que también han venido en consulta de nuestros reinos de Méjico, y con los cuales tiene mucha semejanza”.
La prohibición del joropo fue factor de perturbación en Venezuela. Los esclavos y los peones se iban al monte; hubo verdaderas huelgas de joroperos y eso causó daños serios en plantaciones y haciendas. Y muchos se preguntarán de dónde viene la palabra joropo y otros querrán saber qué fue de la vida de aquellos pobres joroperos que estuvieron ante los reyes de España, derrochando sus habilidades: Nadie lo sabe.
Y hablando del joropo, es bueno recordar que la primera vez que este baile viajó a París, con arpa, maracas y cantadores criollos, fue con el famoso Mamerto García, bien llamado el Rey del Joropo, por allá por los años veinte. Mamerto se cubrió de gloria en Francia y más de un francés se dedicó con empeño a joropear. Así son las cosas.

LA LEYENDA DEL CRISTO DEL BUEN VIAJE
 (Jesús Manuel Subero)
Relata la leyenda que desde España partió un barco llevando a su bordo  imágenes, vasos y ornamentos sagrados. Entre aquellas se contaba un Cristo destinado a uno de los templos de Santo Domingo. 
La navegación había sido plácida. El viaje podría clasificarse de un buen viaje, sin ataques de piratas ni inconvenientes con temporales que pusieran a la nave en peligro de zozobrar. Pero la placidez del viaje se rompe cuando pasando el barco frente a la isla de Margarita un recio temporal la azota. 
 Las velas se desgarran. El pánico se apodera de marineros y pasajeros. La costa está cercana y a ella enrumba la nave. Cuando han echado el ancla, como por hechizo, el viento deja de soplar violentamente y el mar, antes encrespado, se presenta sereno. Se reparan las averías. Se prestan a continuar el viaje interrumpido; pero he aquí que el viento vuelve a adquirir la magnitud de un recio temporal y las olas se elevan en forma desmesurada poniendo la nave en peligro riego de zozobra. Se decide volver a echar anclas y de inmediato viento y mar cesan su violencia. Cada intento que se hacía de continuar viaje era respondido por los elementos encolerizados. 
Ante el hecho de no encontrar la explicación a lo que ahora les sucedía después de un viaje feliz y placentero, pensaron que podría a ver algún poder sobrenatural que lo guiaba. Recordaron que en las bodegas del barco iban imágenes sagradas y supusieron que algunas de ellas quería quedarse en este puerto. Así resolvieron desembarcar la imagen del Santísimo Cristo (en Pampatar), después de lo cual pudieron continuar su viaje sin inconveniente alguno. Desde la aún imprecisa fecha de la época colonial, es motivo de respetuosa ferviente adoración por los fíeles quienes les rinden el tributo de su fe.

JUAN SECO
 (Enrique Mujica)
Juan seco llegó a la montañita, un bar pendenciero de los arrabales. El brujo, que le guardaba un rencor viejo, lo vio con avidez y con encono cuando entró. Transcurriría una hora en la penumbra de aquel cobertizo para que el brujo ya estuviera desafiándolo. La costumbre atávica de pelear a campo abierto y algún respeto por la integridad del mobiliario, conminaron al brujo a cazar la pelea en la calle. 
El brujo se salió él solo y desde afuera le grito al otro: “Sal, pues, sal pa fuera, sal “, a lo que Juan seco, menos belicoso y más borracho, le dijo: “Gúa, chúpame, ¿tú no eres brujo? “.

NECROFILIA 
(Orlando González Moreno)
Yesenia visitaba todos los mediodías el cementerio para almorzar sobre la tumba de su hijo. Para hacerlo, extendía un mantel de fino bordado sobre la lapida, y sobre el mantel colocaba una lujosa vajilla, unos cubiertos de plata, la sopa, un segundo plato y el postre. El centro lo adornaba con un candelabro de velas rojas. Luego le cantaba a su hijo y almorzaba como si este no hubiera muerto. 
El día de su cumpleaños le partía una torta sobre su tumba, después de cantarle su fecha aniversario, apagarle las velas y beber unas copas de vino. Solamente dejaba de ir al cementerio los días de lluvia. Entonces exclamaba: ¡El pobre debe estar mojadito! 
Yesenia dejo de visitar a su hijo cuando un mediodía este le grito desde el ataúd: “Mama déjame tranquilo, que yo quiero vivir en paz mi propia muerte”.

FIDELIDAD 
(Gabriel Jiménez Emán)
 Aquel hombre se enamoró de una sola mujer, y le fue fiel durante toda su vida. La mujer estuvo a punto de aceptarlo en matrimonio, pero se arrepintió al caer en cuenta de que ella no podía serle fiel a un hombre tan fiel, que en cualquier momento, en un ataque de celos, podía quitarle la vida o quitarse la vida.

SIN MIRAR A QUIEN
 (Armando José Sequera)
Hay millones de maneras de hacer el bien, incluso sin uno proponérselo. Te pondría poner el ejemplo más común, el de alguien que va por la calle y, cuando va a cruzar una avenida, ve a un anciano y lo ayudas a pasar. Ese alguien no venía pensando en hacer el bien pero, apenas se le presentó la oportunidad, no dudó y lo hizo. El ejemplo que te voy a poner es algo que me pasó a mí no hace mucho. Yo estaba en el supermercado, con la lista de Sonia me había preparado y, cuando llegué a la caja, se me acercó un señor mayor y me dijo que él me había estado observando y había vito que las cosas que yo compraba eran más o menos las mismas que se consumía en su casa. Que su mujer le había hecho una lista como la mía y que la lista se le había perdido. Después de decirme todo eso, me pidió que se la regalara y, apenas se la di, me dio las gracias me pido disculpas por marcharse rápidamente, y se fue con su carrito a hacer su compra.


HOMENAJE A ALFREDO ARMAS ALFONZO 
(Algunos Cuentos) 

                                             80
Mosquito era albino, pero no por eso, porque le enceguecía la luz, desaprovechaba la oportunidad a que era tan aficionado y por lo que todo el mundo, menos su madre que andaba de ordinario con su ojo abierto y el otro cerrado, le despreciaba.
Mosquito se ponía a cazar cuando las mujeres se desvestían en el paso del río para después ponerse a hablar de que La Topotopo es peor que una mata de lechosa, que a La Chola le secaron los pechos tanto muchacho como o que a La Tigana apenas si le está naciendo el vello. Mosquito es como transparente, incipiente y deleznable y será por eso, por sus dos debilidades, que se la pasa inventando lo que vio y no vio, porque no es verdad lo de La Topotopo: una mata de lechosa carga mucho más y la descargan y vuelve a cargar. Ni es verdad lo de La Tigana, porque La Tigana siempre tiene como un quiache entre sus piernas y esto no es ninguna novedad.
Por andar siempre sorprendiendo la vida ajena fue que a Mosquito le sacaron el ojo y ahora está igualito a su mamá, con un ojo abierto y siempre resistiendo a la luz y otro apagado.
                                                  81
Mosquito espera que el río baje y se pone a hacer mujeres de barro, tal como se las imagina, con unas caderas como las de las mulas y los pechos como unas guayabas maduras como las que a veces trae Portillo, que son como unas peras, de suculenta pulpa roja muy dulces. También les pone nariz, ojos, boca y pelo y encima les adorna con gajos de uverillo, que es entonces cuando hay cosecha de uverillo.
Con barro, agua del río y su imaginación, Mosquito se fabrica estas muñecas escurridizas que Mosquito no deja de secar y por supuesto no resisten el peso de su cuerpo.
Mosquito lleva su osadía hasta los extremos de calumniar a La Yilé. Según él, su maestra fue La Yilé; no ningún Niquillo, ni ningún Jiménez, ni ningún maestro Barreto, no oh.

                                         82
Roncho me cargaba en sus hombros a buscar uverillo por los barrancos del río, cuando el río bajaba y entonces maduraban los gajos de uverillo.
Roncho cuanto posee es su simpleza y su inocencia. No trabaja porque tiene la propiedad de la sombra de todos los pasos de la orilla del río y de toda cuanta fruta producen estos montes.
Roncho no quisiera que uno recordara la vez que lo pusieron en el caso de irse a Caracas a buscar qué hacer. Eso fue el 37 y estaban saqueando las casas de los gomecistas. Nadie sabe cómo Roncho se vio metido en un tumulto y así llegó hasta la que fuera residencia de Eustoquio Gómez, pero ya la gente había cargado con todo y Roncho sólo halló un pesado aparato que tenía forma de recipiente arriba, un brillante y solemne objeto adornado además llaves niqueladas que le costó Dios y su ayuda desprender. Con ese botín bien embalado Roncho huyó de Caracas.
Emplazado como retorta de un increíble laboratorio el artefacto desconocido en plena salita de sus casa con piso de tierra, Roncho presumía de la omnipotencia de aquel misterio que no hubo a quien no sorprendiera. No quedó nadie sin entregarle a Roncho su parte de asombro y estupefacción, de miedo y azoro. Roncho conocía la fama.
El agente de laboratorios Behrens fue quien devolvió Roncho a la realidad de su orilla de Río soledosa. El agente identificó en el espectacular invento al bidé, pero aun así la gente no comprendía y hubo entonces que explicar el uso, y Roncho desde entonces conoció la humillación. Después fue que recuperó su humildad y con ella como si fuera dinero en el bolsillo, ha estado viviendo hasta ahora.