jueves, 2 de junio de 2016

Cuentos fantásticos del Llano (2). Varios autores: cuentos, versos y audio

Imagen en el archivo de "Hábleme de puro Llano, compa" 

CACHOS LLANEROS 


-El arte es una mentira que nos ayuda a ver la verdad. 
Pablo Picasso.

Más sobre el cacho llanero
El cacho es el primer factor de competencia oral en la literatura llanera y tal vez en la literatura venezolana, anterior a los primeros contrapunteos entre copleros y es un agente conformador del corrío y del teatro de estampas del Llano. Muchos textos del cacho y su modo de narrarse, muestran cambios dictados por la tradición oral misma, la cual perdura por su flexibilidad, no por  la rigidez. Así el cacho “resurge” en otros cachos y en: cantos, poemas, cuentos, novelas, crónicas y guiones escénicos, como lo apreciará el receptor.
En cuanto al aspecto social, las exageraciones o “embustes”  del cacho,  se toman como una señal de optimismo, de fe por la vida y por la fantasía a la que acuden los llaneros al enfrentar los peligros cotidianos. 
Yorman Tovar indica que  “Como dice Rafael Martínez Arteaga, El Cazador Novato: cualquier embuste es verdad/ según el que lo relata”, pero,  jamás,  el cacho contiene  una mentira o un engaño que afecte a otra persona, pues infringe  los valores de la cultura llanera que prefiere la picardía a la malicia.

Los temibles cachos de las bestias sabaneras 

OPERADOR DE MÁQUINAS PESADAS
(Heriberto Pérez)
Estaba yo, trabajando en el hato de la Compañía Inglesa, como operador de un tractorcito, con el que limpiaba los alrededores de la casa con una pequeña cuchilla. Ya llevaba como dos años manejando la maquinita, hasta que un día pegaron un cartel solicitando un operador de máquinas pesadas. El primero que llegó fui yo, el encargado del hato, que era el que estaba recibiendo a los interesados me dice: -Pero, Heriberto, tú no eres operador de máquinas pesadas, tú, lo único que has manejado es ese tractorcito. A lo que le contesté: - Déjese pasar ese tractorcito por encima, a ver si no pesa.

"No le tengo miedo al toro si no al cacho que es puntú" dice la copla

TRES CACHOS DE ESCOLÁSTICO HERRERA
(Fidel Honorio Hernández Escalona)
Era oriundo de Apure, era moreno. Vino cuando El Amparo estaba en pleno apogeo, de puerto fluvial, para 1870. El Amparo era una población que superaba a Lagunitas en población. En El Amparo había más de cincuenta casas coloniales. Don Escola, que así lo llamaban, conoció a Pancha en unas fiestas patronales en El Amparo y lo flechó Cupido y se enamoró con Pancha y se casaron. Tuvieron una familia numerosa: Sara, María, Josefina, Canacho, etc. Vivía con su esposa (Pancha Ruiz) por la calle de La Pastora, donde hoy es el “Fernando Figueredo”. Era un hombre que contaba muchas historias. Estando yo pequeño, murió una niña y la llevamos a enterrar.  Don Escola estaba entre tragos y comenzó con sus cuentos:
l-     Muchachos, les voy a contar,  un cuento. Una vez me fui para el conuco y yo había sembrado una mata de auyama y le vi dos auyamas que parecían dos vacas echás y dije por dentro e mí:  –Voy a llevarle a la vieja esta auyama- Cojo la auyama  y la espego de la mata y me la echo al hombro y voy cruzando las patas; tiende aquí, tiende allá, pero, yo escuchaba como un animal dentro de la auyama que jacía raca…raca…tarraca… y seguí caminando y caminando, hasta que llegué a la casa y le dije a Pancha: –Poné cuidado, mirá que  aquí, dentro de esta auyama hay argo, como un animal-.
Pancha, me dijo: –Ah, viejo, metela pal cuarto, si viene argún animal, adentro no se va. Y, así mismo, jice yo, y tiro esa auyama al suelo y se partió en dos piazo, y de pronto le digo a Pancha: – ¡Pancha!, atajá… ¡Pancha!, atará… ¡Pancha!, atajá, era que dentro de la auyama venían tres picures, comiendo adentro y cuando se estralló la auyama salieron los tres picures”.
Doña Pancha decía: ­–Esto es verdad, lo que dice ese viejo.  Pero, cuando estaba de mal humor decía: –Eso es embuste, de ese viejo.   Este es otro de los tantos cuentos de don Escola:
II- Un día me fui po la mañanita a cazá, camina que  camina y me peldí en una montaña y me salí a una carceta. Me salió un venao como de veinte puntas, y lo tiro, y, en to´ el codillo, y lo maté: me lo pongo en el hombro y seguí caminando. Ya en la tardecita, oscureció. Veo y llego a un lugar, me bajo el venao, y pelo por el cuchillo, y saco un piazo e carne, prendo el fogón y me pongo asá mi piazo e carne. Me sentí cansao. Tuvo la carne y me la comí. Tenía mucha jambre. Como yo, estaba tan cansao  vide dos varas derechitas y dije –Tengo mucho sueño-. Pelo por mi chinchorro y lo cuelgo, de aquellas varas, y me acuesto, cayí rendío… en la madrugá, despierto, y siento algo mojao, pol debajo del chinchorro, y me siento en el chinchorro, con ganas de pararme y meto las patas en lagua…era que había colgado el chinchorro en las patas de una garza, y la garza estaba en una laguna cazando peces.
Don Escola, era un hombre de imaginación extraordinaria, para ser un campesino analfabeta. Contaba, don Escola: 
III-  Una  vez juí al conuco por la mañanita… y me puse a limpiá una mata e caña y veo una caña grande, tenía de lalgo como siete metros,  la colto, la pico en tres piazo, la amarro con un bejuco de sogueta de playa, y me monto esa caña en el lomo y trastabillaba, tiende aquí, tiende allá…camino y camino, y escucho, y escucho un ruido que jacía: uu…uu…y le pongo cuidao  a la cosa y digo pon dentro e mí:  – Esto parece una guanota-… y sigo caminando y llego a la casa y tiro la faja e cañas y cuando lo tiro se alborota un abejero y sale ese poco e miel y brinca Pancha y comienza a llená perolas y más perolas era que en la caña se había puesto una guanota  y se llenaron 100 latas de miel, fuera de la que se botó y las que se comieron los muchachos.

EL TIGRE, EL ZORRO Y EL HOMBRE
(Heriberto Vidal)
Una vez el Hombre iba para su conuco por un camino anieblao. Entonces el Tigre decide comerse al hombre; pero el Zorro lo oye cuando dice lo que va hacer.  El Tigre se pone a esperar al hombre. Pero el Zorro se coloca más adelante, y cuando ve al Hombre le dice:
Tío Hombre, no vaya al conuco. ¡Ahí está el Tigre esperándolo!
-¿Qué vamos a hacé? – Pregunta el Hombre.
-Con “albitrio” se hace todo, Le contesta el Zorro.
-¿Cómo hacemos? A Tío Tigre no hay quien se lo gane. -Entonces le contesta el Zorro:
-Yo me voy adelante y grito: “¿Ya llegaste?” Y usted me contesta: “¡No!”
Así fue, y cuando el Tigre oyó los gritos, se asombra, extrañado. Se repite el grito, y la respuesta fue: “¡Sí!”. Y entonces el Tigre pregunta: -¿Quién grita por ahí?
-Y el Hombre contesta: -El defensor del mundo – (que era lo que el Zorro le había indicado que contestara). Pregunta el Zorro: -¿Ya lo amarraste? ¿Qué hacés que no lo amarrás?
-¿Amarrame a yo? Esa vaina sí que no – Dice el Tigre asustado.
-Vuelve a preguntar el Zorro: ¿Ya lo amarraste?
-Aquí dice que no se deja amarrá; contesta el Hombre.
-¿Qué le dice?;  Pregunta el Tigre. -Que usted no se deja amarrá.
-Amárrame, pero con cuidao.
-Entonces el Zorro pregunta al hombre: ¿Ya lo amaniaste? ¿Qué hacés que no lo amaniatás?
-¿Amántame a yo? ¡Esa vaina sí que no!; dice el Tigre, hasta que por fin acepta: -Amaniatáme, pero con cuidao.
-Y el Zorro le replica: -¿Y qué hacés que no lo degollás?
-¿Qué dice? – Pregunta el Tigre.  -Que si no se deja degollá - Le contesta el Hombre.
-Hasta ahí llegué yo. – Dice el Tigre. Entonces el Hombre lo amenaza con que saldrá el defensor del mundo y vendrá donde están ellos: “Ahí viene”.
Entonces el Tigre se asusta, y le dice al Hombre:
-Dególlame, pero con cuidaíto.
-El Tigre muere degollao, y el Hombre se muestra agradecido a Tío Zorro. -¿Cómo le pago, Tío Zorro?- Le pregunta
-Eso es nada. ¿Pero, vos tenés gallinas gordas?
-Y salen el Zorro y el Hombre a buscar las gallinas. Cuando llegan a la casa, les sale la Mujer y le pregunta al Hombre: -¿Qué traes ahí?
-El Zorro me hizo un gran favor. – Dice el Hombre, y le explica a la Mujer a lo que vienen. Entonces la Mujer le dice que allí cerca en el monte tiene una pava clueca y que se la va buscar. Pero lo que trajo en un saco fue una perra cazadora, que empezó a perseguir al Zorro.
-Un bien con un mal se paga! – Decía el Zorro mientras iba corriendo.
-Hasta que la perra lo alcanzó y lo mató en el mismo sitio donde degollaron al Tigre.


EL TRUCO
 (Juan Belisario Rodríguez Peña)

Para días de Carnaval 
cerquita de Camoruco 
andaba Juan Belisario 
regresando del conuco
escuchó una algarabía  
que parecían mil furrucos
estaba cuatro caimanes
bebiendo y jugando truco 
para ganarse una carne 
del viejo e nombre Canuto
y los miró frente a frente
en aquel lance maluco
Porque para aquellas fieras
él apenas era un tuco,  
y el mundo se le volvía
un negro manto de luto
pero por buena de Dios
él para nada era bruto
se frotó con un chimó
especial de Seboruco    
se transformó en una mata 
que la mientan semeruco 
y se fue aguas abajo
con un aspecto de fruto
salvándose de milagro
de caé en aquel serrucho
para de ñapa contar

la gracia de ese gran susto.  

Disfrute de este audio de un joropo fantástico llanero:
EL MUERTO DE LAS TRES MATAS (Hipólito Arrieta)


Textos tomados del libro: 100 CACHOS: ANTOLOGÍA DE LA NARRATIVA  FANTÁSTICA ORAL DE COJEDES (Isaías Medina López; 2013) San Carlos: UNELLEZ-VIPI.