miércoles, 8 de junio de 2016

Cuentos fantásticos del Llano (8). Varios autores, versos y audio

Amazona llanera (archivo de Canal Llanero)

CACHOS LLANEROS 

Personajes y temas del cacho llanero 
Cuando se ausculta al llanero –en tanto, protagonista eje de su propia literatura-  surge la duda de saber si es más franco que receloso, o la inversa, o si ambos a la vez. Su etnicidad mestiza y la amplitud espiritual de la cultura llanera le ceden el lujo  de ocupar dichos roles y aún más. En el cacho  apreciamos que el personaje ajusta el tema según su carácter. Recuérdese que en la narrativa tradicional: “El personaje es el tema o viceversa…El personaje y el tema son el estilo” (Britto García, 2006, p. 15).
El personaje cachero no es el héroe ideal de otros temas literarios; su forja es muy humana, con defectos y virtudes, que nacen en los moldes, puros o mezclados, de los Juanes sabaneros: Juan Sin Miedo el eterno joven; Juan La Garza el sanador; Juan Machete el maldito; Juan Hilario el terco; Juan Gabino el salao; Juan Bimba el trabajador; Juan Solito el ocurrente;  Juan Primito el misterioso; Juan Topocho el hambriento; Juan Gallino el feo; Juan Chiquito el cuentero; Juan Bobo el ingenuo;  Juan Palomo el seductor. Del Diablo Juan Payara. Del indómito Juan Parao: “Al que lo buscan pa´ un lao / cuando pal otro se jue”. Estos Juanes integran el panteón mitológico del cacho llanero y, son renuevos de San Juan el Bautista, nacidos en la fiesta bautismal de las aguas el 24 de junio, día “libre” de la peonada llanera siglos atrás y de la Batalla de Carabobo, que sella la independencia venezolana, la cual toman los llaneros con jerarquía ancestral y torna, así,  al personaje del cacho en un ente simbólico.   


Tener la astucia del zorro es pretensión del llanero

LA MOTO SIN LUZ
(Heriberto Pérez)
Este caso me ocurrió, no viniendo de El Baúl, sino de El Tinaco. Ya estaba llegando a San Miguel cuando se me presentó una alcabala. Yo iba tan corriendo y por la hora, que eran como las siete y media de la noche, que no me di cuenta que allí estaban los funcionarios, uno de ellos, el más joven, se me acerca y me dice: -Ciudadano, ¿y esa moto sin luz? -Con su respeto, señor funcionario y permítame lo que le voy a decir: ¡No tiene luz el pueblo de El Baúl y va tené esa loca ´e moto¡


Niñas llaneras cumpliendo con sus labores 


EL PERRO QUE CASI HABLA 
(Jesús “Chuy” Sandoval)
Yo les voy a contar lo que me pasó con un perro que yo tenía. Un perro muy bueno para la cacería, tan bueno que cazaba mariposas volando. Resulta que un día me lo llevé a buscar el salao, como lo hacía cada vez, pero ese día pasamos por el lugar que llamamos “La Cascabelera”, con la mala suerte que una de esas bichas que miden como quince metros de largo me lo mordió y se me murió. Ahí mismo le mandé  una carta a mi compadre Filemón, allá en Caracas, quien fue quien me lo regaló, le mandé a decir “Compadre, el perro que usted me regaló me lo mató una culebra de veinte metros, quiero que me haga el favor de auxiliarme”. A los quince días de enviada la carta, estaba una tarde, barriendo el patio de mi casa, allá en el campo, de repente veo un helicóptero en lo alto, lo miro y del helicóptero lanzan una caja en paracaídas, me quedé ahí parado, justamente aquella caja cayó a mis pies, la agarré, traía una tarjeta con un lazo azul que decía: “Compadre Goyo, ahí le mando ese perrito para que reponga el que le mató la culebra, pero tenga mucho cuidado, que ese perrito casi habla”. Abrí la caja, allí estaba un hermoso perrito que al verme se lanzó en mis brazos sacando la lengüita, me lo llevé para adentro y durante un año lo alimenté hasta que se  convirtió en un perrote, hasta que un día le dije: “Bueno, perrito, vamos a ver si valió la pena todo lo que gasté en usted”. El primer día salimos hacia el lugar de los venaos: en medio del monte vi que el perro salió corriendo hacia una mata y latió de una forma muy rara; en vez de latir como los otros perros él latía de esta así: “Jaunao, jaunao, jaunao”. Este perro sí que late bien raro, salí corriendo hacia donde estaba el perro, cuando llegué allí vi lo quería decir el perro; ese jaunao quería decir “venao, venao, venao”. Saqué la escopeta y le di en pleno codillo al venao.
Otro día nos fuimos por las ruinas de Pueblo Viejo, ya nos habíamos alejado bastante de la casa, cuando el perro comenzó a latir, pero esta vez decía: -“Jaullete, jaullete, jaullete”. Me acerqué donde estaba el perro,  lo veo escarbando una cueva: “seguramente que es un cachicamo”, me acerqué con un barretón y comencé a escarbar, pero noté algo y cuando me fijé bien, miré que era una caja, la saqué, le metí el barretón y la abrí. Cuál sería mi sorpresa: la caja estaba llena de  morocotas y prendas de oro. El perro cuando decía “jaullete” me estaba diciendo era “billete, billete, billete”. Con ese tesoro me compré una finca, una camioneta y unos animalitos.
   Una tarde me fui al pueblo, para unos toros coleados, llegué con mi camioneta y mi perro a uno de los kioscos. Allí estaba un tipo apodado “el Cabezón”, ya pasado de tragos, al pasar por mi lado el tipo se atrevió a agarrarme una nalga, ahí me subieron y me bajaron, lo agarré por la pechuga y el individuo me dio por la cara, pero lo lancé al suelo y le caí encima, saqué mi cuchillo; cuando el perro vio esto se lanzó sobre mí, me puso las cuatro patas en el pecho y decía: -“Jauyito, jauyito, jauyito”, lo que quería decirme era: “Tocuyito, te van a llevar a Tocuyito”. Me levanté y me fui, pues, mi perro, me salvó de Tocuyito. ¡Eso fue verdad!, aunque, ustedes, no lo crean.
   -Bueno, ahora, vamos a interrumpir: parece que va a llover, porque el relámpago está apuraito. Pero, no se preocupen, lo que pasa es que mi hijo, Carlitos, me está prendiendo la linterna de cuarenta tacos que yo fabriqué con bambú, cuando allá, en mi pueblo, en Tinaco, se fue la luz. La gente agitada por la oscuridad me pidió que  remediara ese problema. Ahí tuve la idea de fabricar esta linterna y la coloqué en el cerro Tiramuto, mire eso alumbró tanto que parecía que había salido el sol, porque el sol sale, precisamente, por encima del cerro Tiramuto. Fue tanta la claridad que la gente en vez de irse a dormir lo que hizo fue ponerse a trabajar y no les estoy diciendo mentira.
           
   EL PÁJARO DESEADO
(Deyssi Elizabeth Silva Fuentes)
Una mañana llanera, salí con rumbo al pueblo vecino a buscar unos noventa cochinos para matarlos con motivo de un torneo que teníamos en el patio de bolas criollas en mi casa.  Para llegar a mi destino, tenía que pasar por un  antiguo sendero por el que casi nadie circulaba, enjalmé el caballo, tomé los bastimentos y salí hacia mi objetivo. Yo tenía que recorrer un día de camino a caballo, y para regresar, dos o tres, por tener que arrear los cochinos.
Muchas veces, cuando el caballo anda una trocha muy larga y cansona, se dice que se resisten y dejan de caminar ya había hecho una buena jornada de andanza cuando eso fue lo que sucedió. El caballo amugaba las orejas y en vez de seguir adelante, sus pasos retrocedían y yo no sabía qué hacer, me bajé y apenas lo hice, salió corriendo y me dejó el pelero.
No me quedó de otra que caminar, tenía que llevarme  los cochinos que estaban del otro lado de la montaña. Muy cerca del allegadero vi un hermoso pájaro de colores jamás vistos y brillantes; lo primero que pensé fue en atraparlo para llevárselo a mi esposa que había quedado en casa un poco molesta.
El animal se fue dando saltitos, uno aquí, uno allá y otro más allá. Llegamos a un pozo del río que tendría que cruzar; era enorme y cristalino y dentro, en el fondo, había un racimo de cambur “pintaitos” como quien dice; el pájaro abrió sus alas y se lanzó a comer algunos de esos frutos y como yo llevaba algo de hambre, lo seguí.
No sé cuánto tiempo pasó, pero lo atrapé y me dispuse a regresar a casa. No sé por qué presentí que algo malo había sucedido. Caminé un pedazo, pero lo sentí corto, no me cansé. Llegué y aunque había mucha gente, nadie me vio llegar, entre a la casa y busqué a mi esposa, estaba en la sala, allí, tan bella como siempre; pero triste, muy triste. Se sostenía sobre una urna; me acerqué para consolarla y preguntar quién había muerto. Llevaba aun el pájaro en las manos… en ese momento llegó mi madre y también lloraba desesperada, empezó a preguntar, ¿por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Y Lucía le contestó, yo sólo lo vi cuando venía por el río. El pájaro se zafó de mis manos, todos lo vieron salir…
Pero a mí… a mí…a mí no.

UN PASEO POR EL MERCAO
(Robins Sánchez)
  Llega una viejita el mercao, con las paticas sequitas, sequitas como una garza, de tanto camino andao. En su hombro una marusa negrita como el petróleo, polvosa y acabaita de tantos años de uso.
    Paseando por los estantes, veía y veía a cada instante lo enorme que era el recinto, que parecía un laberinto de tantas cosas que habían, sin decidí lo que hacía agarró un desodorante pa mata el violín andante que la acompañaba hace días. También un desinfectante pa limpia su rancho viejo. Caminando y caminando llegó frente al cajero, el cual le peló el muelero y tomó to a la mercancía sacando lo que valía cada cosa que llevaba y la suma resultada fueron cuarenta y siete bolos. La viejita sin pensarlo, pagó con seguridad, con un  bolívar na más. 
    Sorprendido aquel cajero, pega un grito estrepitoso, ¡Qué vieja tan descará, cómo me vas a pagá con ese piche boliva, no vez que tu cuenta arriba a casi cincuenta bolos!
   La viejita le responde, entre pena y recelo y le dice al cajero que si se puede esperá. En eso abre la marusa de onde saca una bolsa, de la bolsa una mochila onde guardaba el monedero envuelto en un pañuelo.
    La anciana saca el dinero y se lo entrega al cajero, quien molesto le responde: ¡Doña, todavía hace falta dinero!
Pasaron varios minutos y la cola más se alargaba, pues mientras más se tardaban se llenaba to a la sala.   La señora despavoría  por los gritos de la gente, le pregunta nuevamente al cajero del mercao: ¿Y cuánto es pué? 
   Lentamente el cajero le responde: ¡Son cuarenta y siete bolos! ¿Tiene o no pa paga, lo lleva o no lo lleva?
La doñita asustaíta brota las paraparas del  ojo y otra vez le dice: ¡Ya va mijo, esperece ay, claro que si tengo!
     En ese justo momento revisó la fea marusa y saca una moneda que basta y sobra: una morocota de oro, que valía  cien veces más que ese pobre abasto; abriendo el cajero la boca como un mono chimpancé.  Eso es pa´ que vea usted lo que siempre hace la gente, lo ven a uno de repente, solamente por lo físico sin dase cuenta naita de lo que vale el viviente.

Textos tomados del libro: 100 CACHOS: ANTOLOGÍA DE LA NARRATIVA  FANTÁSTICA ORAL DE COJEDES (Isaías Medina López; 2013) San Carlos: UNELLEZ-VIPI.


EL COMEGENTE Y EL SALVAJE
(Sergio Cuba)
Una vez en el Tinaco,
pasó algo muy sorprendente
en la panificadora
se apareció el Comegente
pidió que le despacharan
medio litro de aguardiente
se lo echó de  un solo trago
igualito a un indulgente,
igualito a un indulgente
y se echó una carcajá
salió soplao de repente
se detuvo en Las Galeras
viendo a quién podía comerse
venía pasando el Salvaje
y nos vimos frente a frente
me dijo: “ Vine a comerte
los muslos y los cachetes ”
como cargaba una lanza
me aguanté pa´ sorprenderle
en un descuido que tuvo
le di una patá en la frente
cuando cayó al pavimento
se le partieron los dientes
llegué  y me  le  monté arriba
casi no podía moverse
pero tenía mucha fuerza
ese tragón comegente
rodamos como cien metros
esperen que se los cuente
y se apartaban los tigres
ciempiés  vienen, y serpientes
se alborotaron los pájaros
pensaban que era un torrente
y le di con mi garrocha
pa´ que le diera corrente
y se quedó muy tranquilo
de un modo muy complaciente
ya no come carne humana
pues le gusta el majarete.

Voy a seguirles contando
que pasó con el demente
lo amarré con una soga
y se lo llevé al Presidente
enseguida dio una orden
a todos sus concurrentes
que vengan los generales,
coroneles y tenientes,
coroneles y tenientes
condecoren a este hombre
que ha atrapado al Comegente,
con una estrella dorada
revienten muchos cohetes
y que su fama se riegue
por todito el continente
el Salvaje ´e  Las Galeras
ha atrapado al Comegente
Yo voy a recomendarle
oiga, señor Presidente,
no torturen a este hombre
que siga comiendo gente
que se coma a Montesino
viejo malvado y zoquete
por llevarse del Perú
casi todos los billetes
que le coma la barriga,
las manos y los cachetes
pa´ cuando vaya pal baño
casi no pueda moverse
y se parezca una rana
montado en un taburete
así quiero que le pase
a los otros presidentes
que dejaron al país
viviendo su propia suerte
yo si quiero a mi país
oiga, señor Presidente,
si no cumple a Venezuela
lo agarrará el Comegente.

Este poema es tomado de “ANÁLISIS DE FIGURAS ESPECTRALES EN EL CORRÍO Y LEYENDAS DEL   CANTO LLANERO TRADICIONAL” de Isaías Medina López, Duglas Moreno y Carlos Muñoz. Texto no publicado; UNELLEZ-San Carlos (2008)

Disfrute de este audio de un joropo fantástico llanero:
EL CAIMÁN DE BOCA BRAVA 
(Francisco Montoya)