jueves, 30 de enero de 2014

La Virgen Morena y Milagrosa de La Candelaria (Costumbres, cantos y fotografías)

La Virgen morena  de La Candelaria presentado a Jesús en el Templo de La Coromoto

La Presentación de Jesús en el Templo origina esta bella tradición
(detalle de una obra de Alejandro y Mary Lanetti)

SIGNIFICACIÓN. Todo comenzó el 2 de febrero de nuestra era con la Presentación de Jesús en el Templo realizado por la Virgen María y San José, cumpliendo con la norma religiosa. Cuentan que el Niño Divino se puso de pie y alabó a Dios creador:  “iluminándose”,  inmediatamente,  las almas de los tres personajes,  bajo los cantos de un coro celestial de ángeles que proclamaron el acontecimiento.  Este hecho marca profundas significaciones: 1-Que las costumbres tienen un peso innegable y específico. 2-El 2 de febrero es el verdadero cierre de la temporada de  festejos de la Natividad del Salvador (o Navidad como le decimos). 3- La iluminación que comparte la Virgen con nosotros se repite en esta fecha. 4- Este es un día de canto y festejo que deben celebrar padres e hijos. 

Procesión diurna (archivo de Carmen L. Pereira)

(Procesión de la Virgen en los Llanos)

El culto y devoción a la Virgen de la Candelaria es un legado del ancestro canario que anima la sociedad llanera desde los lejanos días de la Colonia y a quien se le debe reconocer la difusión de esta práctica en el más amplio contexto internacional por medio de sus laboriosos hijos. 

Detalle de Procesión diurna (archivo de Carmen L. Pereira)

 Entre las  distintas localidades venezolanas que celebran ferias populares de La Candelaria, citamos a El Baúl,  Valle de la Pascua, Cantaura, Mérida y El Limón, y suelen durar varios días. Igual  renombre alcanzan en Puno (Perú); Tlacotalpan (México) y Cartagena (Colombia).   

Paseada por jóvenes estudiantes  (Archivo de Beto Mirabal)

LA COSTUMBRE DEL CANTO. Tal como lo hicieran los ángeles en la "Presentación de Jesús", hay la costumbre de cantar en este día.   El canto que presentamos es típico de las parrandas llaneras  y propicia el retiro  de los adornos de esta época: arbolitos, pesebres o belenes  y otros realces.  En esta práctica el parrandero confiesa su amor a la Virgen Morena que brinda “permiso para cantar” y a quien  confía, justificadamente, su protección: “Es La Candelaria la que da la vida / me quiere y me ama, cura mis heridas”, como bien apreciaremos en estos “versos tornaos” (que retornan) interpretados por los cantores de La Flor de Cojedes, oriundos de Tinaquillo.

En la santa iglesia de La Candelaria
se encuentra la virgen llena de plegarias.
Se encuentra la virgen  llena de plegarias
en la santa iglesia de La Candelaria.

Adornada con flores (archivo de Carmen L. Pereira)

Es La Candelaria la que da la vida
me quiere y me ama, cura mis heridas.
Me quiere y me ama, cura mis heridas;
es La Candelaria la que da la vida.

La virgen morena milagrosa y santa
La Flor de Cojedes te graba y te canta.
La Flor de Cojedes te graba y te canta;
la virgen morena milagrosa y santa.

Oír misa entera todos los domingos
en La Candelaria: ese es mi delirio.
En La Candelaria: ese es mi delirio
oír misa entera todos los domingos.

Le pido a la Virgen con mucha frecuencia
todos los domingos en la santa iglesia.
Todos los domingos en la santa iglesia
le pido a la Virgen con mucha frecuencia.

Soy un buen creyente de mi religión
le pido a la virgen con el corazón.
Le pido a la virgen con el corazón;
soy un buen creyente de mi religión.

El dos de febrero celebra su día
la virgen morena con mucha alegría.
La virgen morena con mucha alegría;
el dos de febrero celebra su día.








(Fiesta de la Candelaria en San Carlos)




A La Candelaria le dejo mi canto
golpes de parrandas y notas de cuatro.
Golpes de parrandas y notas de cuatro;
a La Candelaria dedico mi canto.

Canto con amor para divertirme
pidiéndole a Dios y a la santa virgen.
Pidiéndole a Dios y a la santa virgen
canto con amor para divertirme.

Le pido a la virgen amor y cariño
la vida y salud de todos los niños.
La vida y salud de todos los niños;
le pido a la virgen amor y cariño.

Yo quiero cantarle a mi virgen santa
mientras que yo viva y me de garganta.
Mientras que esté vivo y me de garganta;
Yo quiero cantarle a la virgen santa.

Candelaria eres y siempre serás
Virgen Protectora de la humanidad.
Virgen Protectora de la humanidad
Candelaria eres y siempre serás.

A La Candelaria y sus habitantes
con la santa virgen van hacia delante.
Con la santa virgen van hacia delante;
a La Candelaria y sus habitantes.

Virgencita santa, virgencita bella
eres para mí una linda estrella.
Eres para mí una linda estrella;
Virgencita santa, virgencita bella.

Soy un gran creyente y un gran devoto;
le ruego a la virgen ruega por nosotros.
Le ruego a la virgen ruega por nosotros;
soy un gran creyente y un gran devoto.

Es La Candelaria la que da permiso
para que yo cante sabroso y bonito.
Para que yo cante sabroso y bonito;
es La Candelaria la que da permiso.

Con mi virgen santa yo llego hasta el fin
cantando aguinaldo, tocando violín.
Cantando aguinaldo, tocando violín;
con mi virgen santa yo llego hasta el fin.

Hace mucho tiempo que quería cantarle
a La Candelaria mi verso agradable.
A La Candelaria mi verso agradable;
hace mucho tiempo que quería cantarle. 


 El "Candelario" de la velas de María es muy distinto al  "Candelorio" del Infierno
(Detalle de una pieza de Amilcar Alejo)

EL RITUAL DE LA ILUMINACIÓN. María comparte la luz y pureza  recibidas ese día por medio de la llamada “Vela Candelaria”, la cual  es una protección de primer orden, extensible a  toda la familia. La vela se enciende en el lugar donde estaban los adornos de la Navidad, se reza un Padre Nuestro y un Ave María, luego se canta y al terminar este ritual, se apaga la vela, que permanecerá guardada y solamente se encenderá de nuevo en caso de necesidad. Dicha luz posee dos colores: el dorado del sol eterno celeste  y el rojo de nazarena sangre  unificados bajo una misma llama. Cuentan  que hay una  Vela La Candelaria prendida en el cielo por cada seguidor de María y que encender tal luminaria establece un pacto con Nuestra Señora. 
(Mujeres canarias celebran a su virgen en Cojedes)

Imagen en el archivo de Beto Mirabal

(Detalle del Festejo en San Carlos)

Detalle en el archivo de Pilar Guerra



(En Santa María de Ipìre, Guárico)

LA LITERATURA. Enorme deuda tiene nuestra literatura con un uno de los tantos sitios  apadrinados con el nombre de esta virgen. Edgar Colmenares del Valle refiere que Rómulo Gallegos confesó: “En el hato La Candelaria de Arauca, conocí también a Antonio Torrealba, caporal de sabana de dicho fundo -que es el Antonio Sandoval de mi novela- y de su boca recogí preciosa documentación que utilicé tanto en Doña Bárbara como en Cantaclaro. Ya tampoco existe y a su memoria le rindo homenaje por la valiosa colaboración que me prestó su conocimiento de la vida ruda y fuerte del llanero venezolano”. Resaltamos que la importancia de este hato es tal que todavía se le toma como sinónimo de la riqueza ganadera de los Llanos. 

El moreno color de la devoción; estampa genuina de La Candelaria

LA VIRGEN DE PIEL MORENA. Orgullo de muchas pueblos es el tono  cobre mestizo que reviste la piel de sus nativos. En la región llanera este color representa un valor de identidad supremo a través del cual brota  la igualdad entre sus hijos y el parentesco legítimo con la adorada patrona la Virgen de La Candelaria.

Tal como lo hace nuestro pueblo en Letras de Cojedes seguimos el lema de esta fotografía.

Mil gracias por su visita. 

martes, 14 de enero de 2014

LA CASILDA DE PASO LARGO (Cuento de Daciel Pérez)

Imagen en el archivo de "Bajo un mismo sol"


Nunca imaginé que una acción sencilla, un pequeño esfuerzo por satisfacer mi curiosidad, sería el causante de sonrisas, alabanzas y hasta desprecio de algunos catedráticos, en especial de aquellos que tenían una fe ciega en su labor archireconocida. Lo que me pasó no es más que una cuestión de casualidad, una evidencia de la influencia de los astros a la hora del nacimiento.
Recuerdo la tarde cuando le comuniqué al jefe de reporteros que anhelaba desentrañar las historias de esos rincones, que a veces por pereza se convierten en invisibles, también porque la ciudad podía ser muy grande pero pasaba siempre lo mismo y allí en los extramuros están los orígenes de esta desconstrucción que vivimos. Su respuesta fue un rizo de ironía colándose entre sus dientes, me habló de gasto de recursos y eficiencia, pero que si la quijotada era tan grande en mí, que procediera, total pensaba en darle un vuelco a la línea editorial.
Mis aspiraciones me condujeron a las afueras de la ciudad, un arrabal olvidado por la gracia de Dios llamado “Paso Largo”. A medida que me acercaba iban desapareciendo las espaciosas casas, iniciándose una etapa poco conocida de la multifacética ciudad. Al llegar a la comunidad, sólo se distinguían unos cuantos camiones que iban y venían de las fincas cercanas, dejando a su paso estelas de polvo. Un calor del demonio se apoderaba de las calles, me imaginé que la gente estaba en su casa refrescándose sentados frente al televisor con una cerveza acogida en las manos y el ventilador a máxima potencia, ya que no llegué a ver algún acondicionador de aire en mi travesía. Al fin observe a una mujer mayor de mal aspecto, enjuta ya, de cabellos blancos, le calculé unos setenta años.
Logré abordar a la señora, entrando inmediatamente en conversación con ella. Se llamaba Eva María, la madre de la familia, quedó viuda a la edad de veinte años. Siempre protegida por su madre cuando niña y por su esposo Juan Gregorio durante seis años antes de que la vida lo separara de su lado, según ella todo el mundo que conocía era a través de éste; luego de eso se casó por segunda vez con José Abraham. No era setenta su edad sino alrededor de cuarenta años, eso me dejó anonadado, ¿Cómo podría haber envejecido tan prematuramente?
Me comentó que tenían dos hijos Gregorio y Juana, ambos del primer matrimonio, convivía sólo con la última a razón de un altercado entre su hijo mayor y su actual esposo, según ella me comentó. Su casa era una suerte de cuchitril de cuatro láminas de zinc, un techo apenas visible, una puerta destartalada, no llegué a ver el interior de la casa, pues me dejó bien claro desde el principio que la entrevista sería allí en el frente mientras le daba de comer a las gallinas, “las cuales nunca aparecieron”. 
Eva María contempló mi cámara por unos segundos, advirtiéndome que si le tomaba una foto me arrancaba la cabeza de un machetazo.
_ ¿Es que ud. no sabe que eso roba el espíritu? ¡Ese es un artefacto del demonio!
Tales afirmaciones eran previsibles en un lugar como ese, en donde para poder encender la nevera de seguro que se debía apagar el bombillo. Hasta entonces nada de eso me había inmutado, ni siquiera que la señora cambiará de actitud inesperadamente, llegando en uno de esos cambios emotivos a advertirme que debía irme antes de que se ocultará el sol, pues su esposo podría comportarse de manera agresiva con ella si llegaba a ver otro hombre en su casa, a lo que le dije:
_ Por favor señora, si él llega antes de que yo me vaya, me encargaré de contentarlo. Además, él puede ayudarme a terminar el reportaje. Pero lo más probable, es que no sólo me tendría que colocar los guantes con el furioso hombre sino también con media comunidad, seguro serían buenos tiradores de piedras.
Ya me disponía a partir pero de pronto escuche ciertos quejidos, algo así como una mujer en pleno orgasmo. Ante mi inquietud, Eva me dijo que solo era su hija Juana, que estaba loca, que no le prestará atención pues los gritos era por un problema de sordomudez que tenía desde niña. Decidí que lo mejor era investigar la situación, no obstante, se llegaba la hora de alzar el vuelo, tomé mis cosas y me despedí de la señora, al preguntarle cuando podría venir de nuevo me dijo aquellas palabras casi mudas, como entre dientes:
_ “En el próximo paso de luna”
Luego de pasadas tres horas volví al humilde ranchito. La noche y el frío se apoderaron del cielo en un pueblo absorto en el silencio. Rodeé sigilosamente la casa, unos gritos empezaron a emerger inesperadamente de la misma, ya no eran los gemidos semieróticos que había escuchado por la tarde; golpes de una correa resonaban sobre un cuerpo, pensé inmediatamente en el marido de la mujer, seguro se enteró de mi presencia en horas de la tarde, ¡El energúmeno en acción!, lo que me elevó la sangre, tenía ganas de derribar la puerta y detener la barbarie de aquel hombre. Los gritos iban creciendo en intensidad; me sorprendí de que nadie – ni siquiera el vecino – pareciera alarmarse por aquella brutalidad, la mayoría de las luces de la comunidad estaban apagadas lo que le daba un cierto aire de barrio fantasma al lugar, sólo las pocas luces de la calle y la de la luna llena. Los gritos continuaban, me acerqué más y más lentamente, al llegar detrás de la casa me asomé por una pequeña abertura entre las láminas, la victima no resultó ser Eva, para mi sorpresa era la victimaria que descargaba con todas sus fuerzas la ira sobre su hija, estando ésta atada a la cama. No vi señas del esposo por ningún lado de la deplorable vivienda. Apunté la cámara y tomé unas cuantas fotos. Debía partir pronto o seguro los policías me detendrían, el barrio no era zona segura y yo pasaría fácilmente por un sospechoso.
Agotada de asestar varios latigazos sobre su hija la mujer se retiró hacia el fondo y abrió la nevera. Mientras escuchaba los llantos y rezos de Eva implorándole al Señor que la perdonará, pues ella era simplemente victima de sus designios, adentré mi vista aún más por la abertura; hasta entonces no había conocido la severidad del miedo y un corazón con tal ritmo, con los ojos fijos en la escena casi sin respirar mi humanidad cayó inmolada, una fría sensación recorrió mi espalda despuntando mi cabello y provocándome una insoportable sensación de angustia que se apoderaba con gran intensidad de mis órganos. Eva, la frágil y tímida señora de aspecto loable, sostenía entre sus pequeñas manos un frasco lleno de algún líquido transparente y dentro del mismo una cabeza.
Ya ha pasado cierto tiempo de aquella dantesca situación, recuerdo con memoria fotográfica los hechos del siguiente día, la exclusiva que me valió mi jactancioso premio. Los efectivos policiales iban enfilando más de una cuadra de cuerpos sacados de las casas de ese barrio fantasma, cada uno al parecer víctima de la locura de Eva María “La Casilda de Paso Largo”, así la apodé en analogía a la iracunda esposa que luego de la maldición pre mortem de su madre se convertiría en el espectro más aterrador de la llanura venezolana. Aún hoy recuerdo las palabras que le profirió a la cabeza en el frasco:
_ “José Abraham, malditos tú y toda tu generación de hombres”

lunes, 13 de enero de 2014

ALIENTO Y OSADÍA DE TOCARNOS (poemas de Deibi Díaz)

Imagen en el archivo de Carlos González



Deibi Díaz (San Carlos, 1978) es una las pocas mujeres poetas que se dedica a la impresión y edición de textos desde algunos años. De su poemario: Antología de mi Palabra Ausente, hemos seleccionado varios textos poéticos que tuvimos la oportunidad de difundir en nuestra sección Los Poemas de la Semana.  


ORACIÓN
De rodillas en el altar de los sueños
contemplando desnuda
el laberinto de tus besos.


MÁGICAMENTE, A LA MANERA ANTIGUA
Imagino
a la hora más leve
el poema menos esperado
un río que canta
que cuida el agua sin contenerla
ni empujarla
una tenue llovizna que parece flotar
entre tu rostro y el mío.


ALIENTO Y OSADÍA DE TOCARNOS
I-Pues todo lo que fuiste
ha estado a la intemperie, desnudo y aterido
cuanto has vivido es historia antigua y olvidada
sólo en mis manos hubo un bautismo
la ventana al mundo que no conoces
más que en el breve respiro que el sueño
le arrebata a la nostalgia.

II- Algo de misterioso y profundo hay en todo esto
la singularidad de ser nosotros
aliento y osadía de tocarnos
algo que el tiempo
ha puesto en palabras
que no puedes dejar de darme.


DE MIS LABIOS
Son el límite que conduce
a la ternura insospechada
del deseo más sereno
Aquí aprendiste el paraíso
la vida
el riesgo. 


ME NIEGO A MEDITAR TUS SUEÑOS
Me niego a meditar tus sueños
a observar detenidamente
el adocenado fragor
en que se imbrican nuestros pasos
Ausente de todo
ignoro ese fuego y aludo a luminosos océanos
distancias desde las cuales
todo sueño parece posible.


OFICIO DE LA MEMORIA
Sola
descalza bajo la lluvia
escribo
tu nombre sobre mis dedos


ARRULLO
Respiro y tus ojos se pierden
en la esquina silenciosa
de mi pecho


TU PALABRA NO CONOCE ESTOS MISTERIOS
Tu palabra me intenta
y asume el silencioso aprendizaje
se queda
en la sed del día
en los silenciosos amargos

Intenta el atardecer
de las maneras más bellas y precisas
pero calla

Es palabra de lejanías y ausencias
Enséñale otras costumbres
entonces me hablará de valles sin lloviznas
jugará a la caricia oportuna
y será entonces
mi presencia  


INTUYES QUE EN ESTAS CALLES
ME ENCONTRARÁN TUS PASOS
Vas destilando un dolor leve como la vida
Alguna hay que lleva mi olor
mi marca de dulce suplicio
pero en nadie adivinas
mi aliento
que deseas


11:59 AM
Llueve media taza de té
y la brisa toca ansiosa la puerta

Hoy he decidido
no estar ni para el viento


INOCENCIA DEL AMOR
¿Quién sufrirá la siguiente herida;
qué corazón conocerá
esta espina
este muérdago?

Inocente certeza del amor:
ser la caricia que precede
al trabajoso y mal logrado olvido.


***Poemas transcritos de: Antología de mi Palabra Ausente (2009) de Deibi Díaz. Publicado en San Carlos por El perro y la rana (Sistema Nacional de Imprentas Regionales-Cojedes)

sábado, 11 de enero de 2014

LA BRUJA Y EL ESCAPISTA (Leyendas de Tinaquillo 4)

Joven  llanera (archivo de Hábleme de Puro Llano, compa)


La Bruja se había convertido en leyenda
(Archivo de Omar Borrero)


LA BRUJA
Mariela Colmenares desde pequeña había sido una niña muy sensitiva y precoz. Soñaba continuamente con ángeles y familiares muertos, oía rezos en el silencio de la noche y había tenido algunos encuentros con seres etéreos que aparecían y desaparecían repentinamente. Uno de esos encuentros lo tuvo viniendo de la casa de su tía Petra. En una curva del camino se le apareció de repente un hombrecito bien vestido, zapatos puntiagudos y sombrero de colores vivos, con los brazos y piernas semiencogidos, que parecía flotar en el monte, a orillas del camino, y la acompañó hasta cerca de su vivienda hacia la que corría dando gritos.
Mariela vivía con sus familiares en una zona rural en los alrededores de Tinaquillo, en un caserío con viviendas dispersas y parcelas con conucos. Sus familiares, en vista de sus supuestas fantasías no la dejaban sola ni un momento. Natividad, su madre, estaba muy preocupada por la epidemia de una extraña enfermedad que atacaba a los niños recién nacidos, que se iban poniendo flacos y pálidos y mostraban signos de picadura en la zona cercana al ombligo, y por las pesadillas de Mariela, que insistía en que un ave muy grande volaba por las noches cerca de su casa y se posaba sobre el techo.
El rumor fue creciendo y los vecinos aseguraban que una bruja era la causante de la enfermedad de los niños. Evaristo, el padre de Mariela, además de otras personas, consultaron a Julio Peña, curandero de cierta fama, y éste los orientó sobre la forma de cazar a la bruja.
Esa noche todo el mundo estaba en vela. Habían puesto en el patio de la casa de Mariela, una cruz formada con mostaza y unas tijeras abiertas. A las tres de la madrugada sintieron el aleteo de un ave que se acercaba. Al pasar sobre la cruz de mostaza cayó pesadamente sobre ésta. Los vecinos corrieron hacia el patio y al llegar se consiguieron con un enorme pavo de color oscuro, el cual estaba todavía atontado por la caída. Lo capturaron, amarraron y esperaron vigilantes hasta el amanecer.
Por la mañana llegaron noticias de que habían conseguido muerta a Victoria Pinto, una señora que vivía con su hijo, retardado y tonto, supuestamente producto del incesto entre padre e hija, y que moraban en una de las casas más alejadas de la comunidad.
Como a las siete de la mañana soltaron al pavo, después de quebrarle los dedos de las patas y varias plumas de las alas. Éste al verse libre, alzó el vuelo y se dirigió a la casa de Victoria, desapareciendo en sus alrededores. Las mujeres que rezaban y los vecinos que habían seguido al pavo, vieron con asombro que un cigarrón volaba sobre el cadáver y de repente se introducía por su boca., volviendo Victoria milagrosamente a la vida, maldiciendo con gritos horripilantes al verse los dedos de las manos y de los pies deformes, como si se los hubiesen machacado con un objeto muy pesado.
Julio Peña, el curandero, que había estado pendiente de todo el proceso, sacó de su morral un frasco con agua bendita y rezando en voz baja sus oraciones, bañó totalmente a la resucitada, que insultaba a gritos a los vecinos. Julio concluyó ordenando a la bruja que se marchara del caserío si no quería que volvieran a cazar su espíritu y lo retuvieran hasta su muerte definitiva.
Victoria Pinto desapareció del vecindario y cesó la epidemia de los niños.
Historias como ésta escuché muchas veces cuando niño, de boca de los cuentacuentos de mi pueblo, entre los cuales destacaba Agapita, doméstica al servicio de la señora Isabel de Pérez, que sabía y contaba con gracia muchas historias y cuentos.
Mariela Colmenares, es hoy en día una mujer de unos sesenta años, casada y con cinco hijos, que aún conserva su sensibilidad perceptiva de hechos inexplicables como el de oír rezos en el silencio de la noche, muy especialmente los lunes. Es muy católica y asiste regularmente a misa.
Yo no creo en brujas, pero ...... de que vuelan, vuelan.


EL ESCAPISTA
Nicolás Peña era un hombre sencillo pero misterioso, de hablar lento pero cantadito. Parecía un gato al caminar. Sus alpargatas siempre estaban limpias de polvo en el verano y de barro en el invierno. Muy educado, cortés y humanitario; pero introvertido, modesto y tímido. Los muchachos se divertían acercándosele y saludándolo con zalamerías, y éste se ponía más rojo que un tomate maduro y se volvía torpe en la actividad que estuviese realizando. Prudente, cuidadoso en sus opiniones y trato, pero firme en sus decisiones. No parecía capaz de violentarse, pero alguien me contó que una vez se enfrentó a un hombre que lo atacó. Ni un relámpago fue jamás tan rápido. Esquivó la cuchillada moviendo apenas la cintura y su mano zurda, porque era zurdo. Ni se vio en el aire. Tremendo palo en la nuca. El hombre ni se quejó, cayó cuan largo era y sin sentido. Y la zurda, tranquila con el garrote hacia el suelo. Nunca se vio en la iglesia; sin embargo cargaba en su pecho un escapulario y varias reliquias y tenía fama de conocer oraciones y décimas de santos. No era yerbatero, pero conocía las hierbas. Si lo buscaban con discreción y sencillez, trataba desde una simple gripe hasta una picada de cascabel. Atendía el parto de una yegua y podía curar de una gusanera a distancia. Conseguía un objeto perdido o curaba un mal echado. 
Vivía solo. Su casa estaba ubicada fuera de la población, con un solar sembrado de topochos, yucas y otros vegetales, y un patio lleno de gallinas que era la envidia de sus lejanos vecinos. Se dedicaba a la fabricación de aperos para burros; los mejores aperos en cien leguas a la redonda. Sus bienhechurías estaban en terrenos de Don José Pérez, rico terrateniente caprichoso y autoritario, a quien se le metió en la cabeza que Nico, como popularmente llamaban a Nicolás, era brujo y debía desocupar su terreno.
Don José presionaba cada vez más a Nico para que se fuera de sus tierras.
.- ¡Desocupe Nico, desocupe o le va a pesar!.-
Y Nico contestaba: -. ¡Échese una aguantadita Don José, mientras consigo donde hacer otro rancho!.-.
Una noche trataron de quemarle el rancho a Nico, pero éste de sueño sumamente ligero, lo advirtió a tiempo para impedirlo y logró herir a cuatro de los incendiarios. Esto motivó la denuncia de Don José y el encarcelamiento de Nico..... y comenzó la leyenda.
La gallera estaba hasta el tope. Se oía:
.-¡Doy doce al giro!.
.-¡A la mitad pago al gallino!.
Teodoro, que era uno de los apostadores, volteó hacia la derecha y se sorprendió de ver a Nicolás.
.- Caray Don Nico al fin lo soltaron.-
.- Así es Teodoro, ahora soy libre como el viento, como siempre he sido.-
De esta manera respondió Nicolás y todos lo vieron en la gallera; pero todavía estaba preso. Pasaron los días y a Nico lo vieron en todas partes, en la bodega comprando chimó, en la plaza, en su solar limpiando los topochos.... pero igual se comentaba:
.-¡Está preso en su calabozo, detrás de las rejas!.
Un día, Nico le dijo al cabo de guardia:
.-Mira Carmelo, ya yo estoy cansado de estas rejas. Yo como que me voy. Notifíquele a Don José que su hija menor está por enfermarse de gravedad, que si me necesita que me busque, que yo no soy “rencorista”.-
.-¡Se escapó Nico!
La noticia se corrió como reguero de pólvora. Se organizaron varias comisiones para salir en su búsqueda. El domingo estaba en la gallera, pero cuando la comisión llegó ya Nico se había marchado. Nicasio comentó que lo había visto limpiando el conuco, lo cercaron, invadieron la parcela, pero de Nico ni el polvo. Alguien de los invasores comentó:
-Esta mata de topocho como que no estaba aquí la semana pasada. ¡Que vaina tan rara!.
Otra comisión lo encontró en el callejón sin salida de limoncito, pero cuando llegaron al final, sólo consiguieron ver a un enorme cochino dormido en el alero de la casa de Carlina Flores.
Y pasaron los meses..... La hija menor de don José, Valentina, agarró un tremendo “Pasmo” al serenarse después de tostar café. Se agravó y así estuvo varios días entre la vida y la muerte. Algunos vecinos dijeron que habían visto a Nico dirigirse hacia la casa de don José. Pocos días después aparecía Valentina en el pueblo, sonriente y con un buen semblante.
Ya nadie perseguía a Nicolás Peña. Todos los domingos iba a la gallera. Allí se encontraba con don José Pérez y se saludaban cordialmente.
.-¿Cómo está don Nico?.-
.-¡Muy bien don José, Dios le dé larga vida a usted y a su familia!

Nota: estas leyendas fueron transcritas de Huellas de Tinaquillo, libro del desaparecido maestro Félix Monsalve, editado por El perro y la rana en Caracas (2006).

viernes, 10 de enero de 2014

EL ENCANTO DE LA REPRESA Y OTROS MUERTOS SIN OFICIO (Leyendas de Tinaquillo 2)

Pueblo y Represa juntos (archivo de Hábleme de Puro Llano, Compa)




EL ENCANTO DE LA REPRESA
.-¡Mira muchacho! Apúrate que ya es tarde. Ya son casi las cuatro y después de las cinco te puede salir el encanto de la represa.-
Todas las tardes iba a buscar agua al jagüey de la represa. Agua dulce, pura y fresca para beber. La vía hacia la represa parecía a esa hora un camino de bachacos cargando; hombres, mujeres y niños, unos iban y otros venían. Todos andaban con cierta prisa para aprovechar la tarde, pero sin esperar la noche, las sombras, que podían traer los espantos de la sabana, o quizás … el espanto de la represa .... Nunca me quedé de último en la cola para llenar la lata. Prefería regresar sin el preciado líquido, alegando que me había caído al tropezar. Pero los muchachos mayores, Cacaceno, Francisco, Tripa de Yegua, Silvino y otros, decían que eran capaces de ir a la represa a cualquier hora; que muchos cazadores lo hacían de noche y nunca los habían asombrado. Bueno ...... decían de una señora que había ido a buscar leña y duró tres días perdida, hasta que casi sin fuerzas, la encontraron unos campesinos que venían de “El Amparo”. Ella contó que se perdió en el camino de la represa, persiguiendo a una gallina con sus pollitos.
Pancho era un muchacho como de dieciséis años, que siempre mañaneaba para ir a recoger pomarrosas y manzanitas, en lugares aledaños a la represa. Esa mañana le pidió la bendición a María Antonia, su mamá, y le dijo que iba a buscar pomarrosas.
-Ten cuidado, a esta hora los caminos están muy solos. Dios me lo bendiga.- Le respondió.
La bolsa venía llena de olorosas y sabrosas frutas sabaneras, y Pancho silbando ya salía de la parte donde la vegetación era más tupida. De repente escuchó un ¡cloc! ¡cloc! de una gallina, y empinándose vio en un claro, a unos veinte metros de distancia a una de estas aves, escarbando para alimentar a unos ocho pollitos. Pancho pretendió llevarse la gallina con sus pollitos para su casa. La persiguió sin darse cuenta de la hora ni del lugar por donde caminaba. Siempre la gallina le llevaba unos diez metros de ventaja. Se detenía a descansar, la gallina se ponía a escarbar. Proseguía la persecución y la gallina se escurría por entre los matorrales y barrancos. Como a las siete de la noche, Pancho sintió por primera vez algo de miedo, rezó el Padre Nuestro y la Magnífica y al fin pudo darse cuenta del sitio donde se encontraba. Había llegado al pie de la subida del cerro “Bella Vista” , más allá de “La Guamita”, persiguiendo a una gallina que de pronto había desaparecido sin dejar rastro alguno.
Ese otro día contaban los muchachos:
.-A Pancho le salió el Encanto de la Represa, se salvó por sus oraciones.-
Yo una vez venía por el camino de la represa y escuché el ¡cloc! ¡cloc! de una gallina. Ese día llegué con la lata vacía.....
.-Mamá me caí en El Paso de la Quebrada. Mañana terminaré de llenar la tinaja.
¡cloc! ¡cloc! ¡cloc!

EL MUERTO DE TRES UNO 
Una de las historias de aparecidos, con entierros incorporados, más originales que he oído en mi pueblo Tinaquillo, es la del alma en pena que le aparecía a los que se aventuraban después de las diez de la noche a pasar por “El Peñusco”, sitio poblado de mangos, jobos y otros árboles que quedaba camino de San Ignacio. El aparecido ofrecía su tesoro, pero con la condición de que fueran tres los que sacaran el entierro, uno de los cuales moriría poco tiempo después de repartirse el dinero, asignándole este indeseable puesto, al más ambicioso. 
Esta condición impidió por mucho tiempo, de acuerdo a la leyenda, que sacaran a esta ánima de pena;  ya  que  nadie quería exponerse a  morir, para satisfacer las pretensiones del muerto. Algunos, valientemente, o quizás por alguna necesidad, trataron de organizar el trío, pero nunca llegaron más allá de un dúo.
Nicasio Lara, Andrés Durango y Juan Paredes, eran tres compadres muy unidos por una afición común (echarse palos). Eran los tres, además, ambiciosos, intrépidos, arriesgados y...de pocos recursos económicos. Una noche, entre la euforia que dan los tragos, Nicasio, quizás en juego, quizás en serio, propuso: 
-Esta limpieza nos está estrechando cada vez más, por qué no vamos esta noche hasta “El Peñusco” a ver si nos sale el muerto de tres uno.
Andrés y Juan respondieron enseguida: Eso es saliendo de una vez compadre, vamos a ver quién se raja primero.
Compraron tres botellas de cocuy y como a las nueve de la noche salieron muy alegres hacia El Peñusco. Serían como las once de la noche, cuando sentados en la pata de la manga criminal, esperaban que apareciera el muerto. De repente los ruidos de la noche cesaron, la brisa se paralizó, la luna se ocultó detrás de una nube, la noche se hizo más oscura y apareció por el camino un hombre vestido totalmente de blanco.
-Buenas noches amigos – saludó muy cortés. - ¿Vienen en busca del entierro? Ya era hora de que aparecieran tres valientes, o acaso....tres ambiciosos.  .-Recuerden las condiciones, de tres uno. Éste  me acompañará muy pronto, después del reparto. Los otros dos... ¡A gozar de mis morocotas! -No tienen que caminar mucho ni hacer tanta excavación; con escarbar donde están sentados conseguirán el cajón. .-Recuerden pagar los gastos del entierro del primero de los tres que muera y mandar a decir las misas. .-Hasta luego. Y el hombre desapareció misteriosamente.
Los tres compadres no tuvieron tiempo ni de asustarse y al quedar de nuevo en silencio se vieron las caras y comenzaron a excavar.
Como a las tres semanas murió Juan Paredes, presa de una terrible fiebre que no pudieron curar médicos ni brujos. Los dos compadres, Nicacio y Andrés, se portaron muy bien con los familiares del difunto y pagaron todos los gastos mortuorios. Pasaron los años y los dos compadres prosperaron; buenos negocios, buenos  trabajos y   mucha suerte.
Un día se reunieron los dos compadres y comentaron discretamente los hechos ocurridos años antes. Nicacio comentó: - ¿Recuerda compadre Andrés que Juan nos dijo antes de morir que nosotros dos moriríamos también de manera trágica?
Andrés murió de una extraña enfermedad. Se desangró totalmente por hemorragias continuas. Nicacio se voló la cabeza de un disparo de escopeta.
¡De tres uno! ...... ¡De tres tres!


¿QUIÉN ES EL MUERTO? 
 Corría el año de 1.936. El país apenas salía de la dictadura del general Juan Vicente Gómez. Un país casi en su totalidad de vida rural, lleno de animales domésticos (cochinos, chivos, gallinas, vacas); y de otros más pequeños, casi minúsculos, pero voraces, fastidiosos y peligrosos para una indefensa población, con pocos hábitos higiénicos y mal alimentada. De este último grupo recordamos, entre otros: Piojos, chinches, coloraditos, rolajas y ladillas. Pueblos en tinieblas al llegar la noche y que se alumbraban con lámparas de carburo o de kerosén que titilaban mortecinamente. Época de espantos y aparecidos, de encantos y de historias donde se confunden la realidad y la fantasía. 
Tinaquillo era un pueblo de los más azotados por el paludismo, la tuberculosis y otras enfermedades … ¡Pero hermoso!. Un pueblo de agua, con quebradas que corrían por algunas de sus calles y lagunas en su perímetro. Pueblo, al que traían los caseríos circundantes sus productos agrícolas y pecuarios, sus enfermos, heridos y muertos. En esa época las cosechas se transportaban en burros guiados por “El Campanero”, que era el más fuerte y rápido al que le colgaban una campana en el pescuezo. Estos burros eran arreados a pie, preferiblemente de noche. Los heridos, enfermos y muertos, eran trasladados en hamacas. La hamaca la hacían colgar de una vara larga que llevaban dos hombres acompañados por varias personas para los correspondientes relevos. Éstas eran cubiertas con una cobija reversible de dos colores: rojo y negro. El rojo se usaba cuando se trasladaban heridos o enfermos, mientras que el negro, se reservaba para el traslado de los muertos. 
Silvino Pérez vivía en el barrio “Perro Seco”, al cual la mayoría ya llamaba “Buenos Aires”. Silvino viajaba semanalmente a “Paso Ancho”, rico caserío productor de caña dulce, papelón y maíz, entre otros rubros. Allí tenía su finca con un gran trapiche. Julián Padrón, el encargado de ésta, era casado con una hermosa trigueña llamada Alejandrina, de la que se enamoró perdidamente Silvino. Éste comenzó a acosarla hasta comprometerla en una cita a media noche en el rancho donde funcionaba el trapiche.
Noche oscura, con llovizna, relámpagos y truenos. Silvino salió a las diez de la noche hacia Paso Ancho. El deseo le puso los pies livianiiitos. Cuando pasaba por la quebrada de La Guamita, se encontró con un grupo de personas que traían una hamaca. Alumbró con una linterna y vio que la cobija venía por el lado negro.
 ¿Quién es el muerto? - Preguntó Silvino en voz alta.
¡Silvino Pérez! Le respondió una voz en el mismo tono.
-¡Se jo… mi tocayo! Pensó y siguió presuroso su camino. Cuando pasaba por Comunibare, se encontró Silvino con otra hamaca. Al alumbrar vio la cobija por el lado negro y preguntó: - ¿Quién es el muerto?. - ¡Silvino Pérez! – Le contestaron.
Silvino se paró y se rascó la cabeza. .- ¡Vacié!, ¿Será que me quieren asustar? Dos muertos y con el mismo nombre: ¡el mío!...-Bueno, lo que me espera no está muerto-, y apuró el paso. Más adelante a la altura de San Juan, vio otro grupo de personas que venían en sentido contrario: ¿Otra hamaca y con cobija negra? Pensó Silvino. Iba a pasar sin preguntar, pero pudo más la curiosidad.
- ¿Quién es el muerto? 
 Silvino Pérez - Le contestaron -.
Silvino sintió un frío intenso recorrerle todo el organismo, cuando reaccionó ya no vio a nadie. La lluvia arreciaba en ese momento y se escuchó un largo trueno. ¡Hasta tres manda gorreto!, Pensó Silvino, y se devolvió presuroso hasta Tinaquillo.
Por la mañana, en la bodega del barrio se consiguió con Nicacio, peón de su finca en Paso Ancho. Ėste al verlo le hizo señas para que se le acercara.
-¿Cómo está patrón ? Me Alegro mucho de verlo. Anoche vine a buscarlo como a las diez y media, quería decirle que no fuera “pal” campo, porque allá lo estaban esperando pa’ “machetealo”. Julián descubrió lo de su cita con Alejandrina y le preparó una emboscada para matarlo. Silvino sintió el mismo frío de la noche anterior y se le aflojaron las rodillas... y las tripas. Quiso averiguar más, pero

¿Quién es el muerto? .... Silvino Pérez


Nota: Estas  narraciones fueron tomadas de "Huellas de Tinaquillo" del desaparecido maestro Félix Monsalve, texto editado por El perro y la rana en Caracas (2006)