sábado, 24 de junio de 2017

Breves cuentos, mitos y leyendas indígenas (22)


Imagen en el archivo de Amazonia Viral



KANAIMA (Enrique Plata Ramírez)
En todas partes habitaba Kanaima, el espíritu del mal. Los Marines temen encontrarse con cualquiera de sus manifestaciones. Sólo aquellos que van a morir pueden ver a Kanaima.
Obstinada de los maltratos físicos de Kevei, su marido, Iroraqui esperó a que se durmiera y con valentía, le asestó un fuerte garrotazo en la cabeza.
La siguiente mañana la encontraron los demás guerreros de rodilla ante el chinchorro del fallecido marido. Ella, sin contener su llanto, les dijo:
Vino anoche, sigilosamente, y mientras dormíamos, con su gran garrote, Kanaima le aporreó el cráneo a mi dulce marido.

EL ORIGEN DEL GABÁN, DE LA GARZA BLANCA, DE LOS CARPINTEROS CABEZA AMARILLA Y CABEZA ROJA (etnia Piapoko)
En una choza cerca de una laguna, vivían cinco viejos y dos hijas grandes, en edad de matrimonio. Cuando iban a buscar la yuca le prohibían a las muchachas salir de la casa. Podrían bajar de los chinchorros únicamente para comer el moñoco. Las dos indias siempre desobedecían. Tan pronto como quedaban solas partían a la laguna a pescar sardinas y bañarse. Al regresar se encaramaban en los chinchorros de un salto desde la puerta, sin dejar rastros de desobediencia. Cada una se cubría la cabeza con un pedazo de wabana (2) blanco. La mayor se llamaba Uco y la menor Atarinavi. Dos indios las querían por esposas. Se distinguían por el color de su wabana, uno era rojo y otro amarillo. Cuando ellos visitaban la casa de día, a nadie encontraban. Los padres y los abuelos estaban en el conuco, las muchachas en la laguna.
Un día a las indias les empezaron a salir plumas. Avergonzadas se cubrían el cuerpo con la wabana. No se dejaban mirar ni de los parientes ni de los novios. Otro día, los brazos se les convirtieron en alas y las bocas en picos. Volaban en vez de bajar de los chinchorros. Así no las podían querer ni sus padres ni sus novios. Avergonzadas decidieron entonces abandonar la choza. Levantaron el vuelo y se largaron a las lagunas y a los caños a comer sardinas.
De la mayor se formaron los ucos, los grandes gabanes de los ríos. De la otra los atarinavis, las garzas blancas.
Regresaron en la noche los padres, y en vez de sus hijas, encontraron plumas en los chinchorros. También los novios se pusieron muy tristes al enterarse de la desaparición de sus prometidas. Todos cantaron y lloraron. Al amanecer los novios se internaron en la selva a buscarlas. Pero no regresaron más, se mudaron en suwa, pájaros carpinteros cabeza roja y cabeza amarilla.
1. Gabán: Ave zancuda de gran tamaño que habita en los caños y lagunas de los llanos y selvas venezolanas.
2. Wabana: tejido fino elaborado con la fibra de una palmera. El criollo lo llama de la región lo llama «marina».

Tomado de Cuentos Indígenas Venezolanos de Antonio Pérez-Esclarin y Alexander Hernández. Distribuidora Estudios. Caracas (1996)


MITO SOBRE EL ORIGEN DEL FUEGO ENTRE LOS YARURO (Gilberto Antolínez)
Sir George James Frazer, el eminente mitólogo escocés, al estudiar los diversos mitos sobre el origen del fuego en América, no pudo incluir el mito propio de los indios Yaruro que habitan los ríos Capanaparo y Sinaruco, en nuestro estado Apure, pues el material pertinente aún no había sido colectado. En cambio, incluye los mitos de los Taurepàn, Arekunà, y Warao, que tenemos en común los dos primeros con el Brasil y los últimos con la Guayana inglesa. El mito de los Yaruro es cortísimo y va incluido en el “Mito de la Creación”, colectado por el acucioso investigador Profesor Petrullo. Para mejor comprensión explicare de antemano quienes son algunos personajes que intervienen en el mito. En primer lugar, tenemos a Puana, o sea, La Culebra de Agua, fuente de toda sabiduría, luego tenemos a “Itciai”, o “El Tigre Yaguar”, colaborador asiduo de Puanà. Ambos son  los seres míticos antecesores, respectivamente, de cada uno de los dos clanes en que están divididos los Yaruro del Capanaparo, en tercer lugar está Kuma, la madre de los Yaruro, divinidad benéfica que tiene su cielo en occidente. Le sigue Kiberoh, la mujer maligna que habita en el cielo del oriente. De Kuma, Puanà e itciai nació el héroe cultural Hatchawa, que es al mismo tiempo nieto de Puanà e Itciai; esta incongruencia se explica por el hecho de que los Yaruro no tienen ideas suficientemente claras acerca del valor de la cópula en la procreación. Y ahora entrare a dar muy resumido el mito.
“En el principio no existía nada. Entonces Puanà, la culebra, qué llego primero, creo el mundo y todo lo que este contiene, incluso los cauces de los ríos, excepto el agua. Itciai el Yaguar, creo el agua, Kuma fue la primera persona que pobló la tierra.
Entonces las otras gentes fueron creadas. Todo nació de Kuma  y todas las cosas que los Yaruro hacen fueron inventadas por ella. Kuma fue embarazada. Ella quería serlo en el dedo pulgar, pero Puanà le dijo que su progenie se multiplicaría en la forma ordinaria.
Hatchawa  nació nieto de Kuma, Puanà e Itciai. Desde entonces la atención de los tres se concentró en el muchacho. Hatchawa era muy pequeño pero pronto creció y se hiso de gran tamaño. .Kuma se preocupaba de su educación. Pero Puanà se preocupó más por él. Puanà le fabrico una flecha  y un arco y le enseño a cazar y pescar. Hatchawa encontró un hoyo en la tierra cierto día y miro dentro de él. Viò a muchas gentes, vino hasta sus abuelos y les exigió que sacaran del hoyo a alguna parte de esas gentes. Kuma no quiso acceder pero Hatchawa insistió. Puana le fabrico una cuerda delgada y un anzuelo y la tiro en el hoyo. La gente subió en números de muchos hombres y mujeres. Finalmente una mujer embarazada trató de salir, pero con su peso reventó la delgada  cuerda.Esta es la razón por la cual hay poca gente. El mundo estaba oscuro y frio. NO Había fuego. Entonces apareció Kiberoh, que traía fuego en su seno, y por exigencia de kuma  lo dio al infante Hatchawa. Pero cuando el niño quiso darlo al pueblo, Kuma se opuso, y entonces, él con gran inteligencia, lanzo peces jagupa vivos en el fuego y éstos lo diseminaron a su alrededor en la forma de carbones encendidos. El pueblo agarro las brasas y corrió en todas direcciones para encender sus propios fuegos. El primer fuego había sido mantenido ardiendo en la tierra de Kuma, en una alta colina circular cubierta de pastos. Todas cosas fueron primero creadas y dadas al muchacho, y este las fue pasando al pueblo. Una parte de estas gentes eran los Yaruro”.
Frazer ha demostrado que la generalidad de los mitos del origen del fuego presentan tres etapas sucesivas: la “Edad sin Fuego”, la “Edad del fuego Conocido” (Pero en la cual el hombre no sabía encenderlo), y la “Edad del fuego encendido”. En el mito Yaruro aparecen la primera edad muy netamente; Falta la segunda, porque cuando los dioses adquirieron el  fuego, el hombre no existía todavía sobre la tierra; y se nos muestra también la tercera. Sabemos además que en esta clase de narraciones siempre aparece el afortunado poseedor del elemento llameante, como un ser egoísta que no quiere dejar a los demás participar de sus excelencias. Entonces hay que robar el fuego. Aquí el ladrón es Hathawa, que comete el hurto con la generosa idea de donárselo al hombre; es el “Urometeo Yaruro” Robador del fuego del cielo”. En los mitos Taurepàn se habla de una mujer llamada “Pelonosamo”, quien, como Kuma, tenía fuego en su cuerpo, de donde lo sacaba para tostar sus tortas de  casabe. En los mitos Warao, otra vieja llamada “Nañobo” La Gran Rana”, vomitaba fuego por la boca para cocer sus víveres, y luego lo ingería de nuevo, para que sus adoptivos hijos  Pía y  Makunaima no lo viesen. En los mitos de los Taruma, indios Arawak de las selvas del sur tales de la Guayana inglesa, una vieja casada con uno de dos ge se estrujaba la parte superior del abdomen y entonces una bola de ruego le salía rodando  del propio canal genital.
El Hoyo donde estaba primitivamente viviendo la gente primordial, es la tierra de abajo o mundo inferior, del cual tantos mitos americanos hablan. En los mitos Warao y Karibe de Guayana, en cambio, las primeras gentes vienen de la tierra de arriba o cielo. Precisamente en su mito del origen del fuego, los hombres y mujeres se descuelgan desde allá por un agujero hasta nuestra tierra, hasta que una mujer preñada obtura el hueco, y tanta fuerza se hizo para sacarla  de tal posición, que le sacaron las entrañas, las cuales cuelgan hoy allí convertidas en la estrella de la mañana. Esta mujer se llamaba Okonakura. Las cosas suceden al contrario que entre los Yaruro. El primer hombre Warao que bajo d fue Okonorote, vale decir Señor de la Luz del día; debajo de un gran árbol encontró  a un sapo; al subirse Okonorote cortó del árbol un gran racimo que cayó sobre el batracio y este despidió un fuego tan violento que abrasó toda la tierra.” Este fue el primer fuego que hubo en la tierra, y de  él proviene todo el que hay actualmente”.

Todos los mitos de esta clase convienen en que la madera puede ser ahora encendida por que los hombres, al robar o recibir el fuego lo introdujeron en un árbol, leño, pasto u otra cosa semejante. Y opinan que el pedernal tiene la virtud de dar chispas al ser golpeado porque en el pusieron también un poco del fuego primordial, o bien en una rocosa montaña: la alta colina circundada de pastos en la tierra de Kuma, del mito Yaruro, se refiere a entrambas creencias antiquísimas. No obstante  el método por el cual encienden fuego los Yaruro no es el de percutir pedernal o cuarzo, sino el de frotar, sobre la hendedura hecha en un madero, una vara seca aguda que se hace girar entre las manos. Este método es llamado “método de taladro a fuego” (en inglés.”fire-drill”).

viernes, 23 de junio de 2017

Breves cuentos, mitos y leyendas indígenas (24)

Imagen en el archivo de Juan Bautista Castro

EL KALIAWIRINAE (El Árbol  del Alimento) Mito de los Guahibos y Piapoco
Al comienzo la tierra era una extensa sabana poblada por escasos árboles. Ésta era gobernada por Purnaminali y sus hermanos: Iwinai, Kapuyali y Tzamani, quienes gozaban de grandes poderes utilizados en el bienestar de la comunidad conformada por animales que se alimentaban de palos podridos. Uno de ellos llamado Kutsikutsi (mono nocturno), acostumbraba a salir discretamente para dirigirse hacia el gran río Orinoco en busca de alimento.
 Una noche, cuando se desplazaba hacia el gran río, un bejuco barbasco llamó su atención por su prolongado tallo que alcanzaba a atravesar el Orinoco. Kutsikutsi curioso y decidido se trepó a éste impulsándose hasta llegar a la copa de un frondoso árbol, “El Kaliawirinae”, cuyo ramaje sostenía diversas frutas y raíces como: tabena, papaya, batata, yuca, piña, ají, banano, ñame…,etc. Kutsikutsi, extasiado y sorprendido por un olor dulce a piña, comió hasta empalagarse y pensó no revelar su hallazgo a los otros.
 A la madrugada regresó muy satisfecho a la maloca, se acostó junto a Lapa y quedó profundamente dormido. A salida del sol y con la suave brisa que corría, Lapa despertó al sentir un olor embriagador y un susurro que provenía de la boca de Kutsikutsi:
-“Aii taxa kuibo màwiru” (tengo sabor a piña la boca).
 Ella corrió Tzamani y le preguntó:
-¿Qué significa lo que dice Kutsikutsi?
-¡Creo que, él ha comido un fruto dulce; debe seguirlo a donde vaya sin que él se dé cuenta!; así nos informaremos del lugar donde obtuvo el alimento.
 Al anochecer, bajo los rayos destellantes de la luna, la comida descansaba sumida en un profundo sueño, a excepción de Lapa quien seguía silenciosamente los pasos de Kutsikutsi.
Transcurrido un largo tiempo, el mono se detuvo frente al gran río, ato su cuerpo al bejuco y se impulsó para llegar al otro lado del Orinoco. Lapa se sumergió sigilosamente en las turbulentas aguas para llegar al mismo tiempo al Kaliawirinae.  Kutsikutsi se sentó en la copa del árbol, agarró una piña y empezó a saborearla arrojando las càscaras a la tierra. Lapa las atrapó pensando en degustar el propio fruto, y pensó:
-“¡Zúa!, cáigase una fruta…”.
 Al instante un jugoso fruto se escapó de las callosas manos del mono. Lapa agarró la piña y corrió a esconderse en un agujero. El mono al percatarse de la presencia de la abuela se enfureció y se lanzó a recuperar el fruto, pero solamente logró atrapar la cola de Lapa, arrancándosela completamente (por eso la lapa no tiene cola).
 Cuando Kutsikutsi se marchó, Lapa fabricó un Kote y lo llenó de toda clase de frutas que le brindaba el Kaliawirinae. Contenta regresó a la maloca y despertó a la gente para mostrarles su hallazgo.
-¡Vean lo que el viejo come por allá!, les dijo.
 Todos muy sorprendidos se lanzaron sobre el kote para saborear los frutos. Al momento, llegó el mono furioso con un tizón en la mano, se dirigió a la Lapa diciéndole:
-Abuela, ¿por qué ha estado espiando?
 Lapa, temerosa, acercándose al fogón, se armó con un tizón y le dijo:
-“¡Esta tierra es nuestra madre y ha producido el Kaliawirinae y como madre, desea que todos sus hijos sean alimentados justamente; no comprendo cómo su codicia desmesurada nos priva a lo que tenemos derecho. Mis nietos y yo hemos sentido hambre alimentándonos de palos podridos desconociendo la existencia del Kaliawirinae, en tanto usted disfrutaba en silencio la variedad de fruto.
 Kutsikutsi, furioso, hundió el tizón en el hocico de Lapa causándole quemaduras parecidas a las pecas. Al sentirse dolorida, lanzó el tizón con furia a la cola del mono dejándosela totalmente pelada; éste daba saltos estremeciéndose del dolor.
 Al día siguiente, Pumaminali organizó a la comunidad para emprender la búsqueda del Kaliawirinae. Algunos recogieron quijadas de pescado, otros labraron canoas para cruzar las turbulentas aguas…
 Cuando llegaron junto al árbol, se sintieron fascinados al observa la prodigiosa planta.
 Loro, paujil. piapoco, garza, carpintero, empezaron a picotear el tallo. Danta, lapa, ardilla, aserraban con los huesos de pescado, pero tanta faena era insuficiente. Tzamani, a causa del arduo trabajo convidó a un grupo de la comida para ir a la maloca del abuelo Palemeku, padre de las herramientas. Al llegar allí Tzamani se dirigió a él diciéndole:
-Necesitamos herramientas poderosas  para derribar el árbol del alimento. Solo usted podrá brindárnoslas.
-“¡m – m – m –, yo no tengo herramientas de trabajo, por lo tanto no puedo ayudarlos!”, - les dijo.
Ante la negativa, la gente le ofreció yopo, pero a pesar de esto él no accedió. El afán de continuar con el trabajo, hizo que Tzamani se transformara en mosca bobo y se introdujera por la nariz del abuelo quien al instante arrojó toda clase de herramientas.
 La mujer de Palemeku, furiosa por lo sucedido preparó envueltos de hojas que originaron la lluvia, los zancudos, la pereza… provocando la huída de la comunidad quien se apoderó de los instrumentos para talar el misterioso árbol.
 Al anochecer, cansados por la ardua tarea, se retiraron a descansar arrullados por la melodía suave producida por las corrientes del río y vigilados por la majestuosa luz de la luna.
 Al amanecer despertaron y corrieron hacia el árbol, sus rostros quedaron perplejos al ver que el Kaliawirinae permanecía intacto, sin rastro alguno de haber sido tocado.  Tzamani, sorprendido exclamó:
-“¡Este árbol es mágico, sus heridas son curadas por él mismo… debemos llamar a los abuelos Púbu (hormigas) para que alejen las astillas y así evitaremos de nuevo su formación!”.
 Con ayuda de los abuelos emprendieron la fragosa tarea. El árbol se mecía pero no caía porque estaba sostenido por el bejuco de barbasco que lo ataba al cielo.  Tzamani subió en forma de ave para trozar el bejuco, pero al picotearlo, la savia espesa le cayó en los ojos; sus alas se sacudían intentando protegerse, pero el dolor que sintió hizo que se lanzara al suelo emitiendo gritos.
-¡Ay, ay, ay… No puedo, es un bejuco muy grueso!
 Pumaminali se acercó al pájaro para ayudarlo y envió a los abuelos Materi (ardillas) quienes enseguida empezaron a roer:
-rac, rac, rac…
 Al cortarse la liana, el Kaliawirinae cayó al oriente, esparciendo toda clase de frutos originando así la comida.

 EERI – KEERI (SOL Y LUNA) Mito de los Guahibos y Piapoco
Bien dentro de la selva vivía una pareja caníbal que permanecía con sus sobrinos cuando los padres estaban de cacería. Todos los días la mujer simulaba espulgar a los niños mientras le succionaba la sangre hasta causarles la muerte.
Cuando regresaban los padres, les informaban que algunos de sus hijos habían muerto por causas extrañas; ellos, acongojados, daban sepultura a sus hijos, quienes más tarde eran desenterrados por la pareja caníbal, despojándolos de uñas y dientes con los cuales elaboraban collares. Luego arreglaban los cuerpos para asarlos y consumirlos.
La gente preocupada por las continuas muertes decidió investigar la causa de éstas, y fue así como un miembro de la maloca encontró los collares hechos de uñas y dientes dentro de las pertenencias dela pareja caníbal.
La comunidad acordó castigarlos enérgicamente ofreciéndole chicha con veneno y arrojándoles agua caliente.
La mujer corrió hacia el río para disipar su dolor, mientras que el hombre soportaba las intensas quemaduras.
 Al ser desterrada la pareja del caserío, ascendieron al cielo transformado en Eeri, que a causa de sus intensas quemaduras fue obligado a brindar calor a la tierra y Keeri, que al sumergirse en el agua al ser castigada se le asignó la tarea de refrescar la noche.

LA ASCENSIÓN AL CIELO Mito de los Guahibos y Piapoco
Una mañana, cuando los Tsamani se encontraban en el conuco, los niños en el cacerío jugaban imitando el baile de los mayores. De pronto, escucharon un trueno y una luz resplandeciente los envolvió; era Yamaxu – el Rayo – quien los llevó a su territorio celestial.
Cuando los Tsamani regresaron a la maloca se sorprendieron al no escuchar las risas de los niños; confundidos, afanosamente los buscaron en el río y la selva sin hallar rastro de ellos. Cansados y angustiados los Tsamani se acurrucaron en silencio formando un círculo  para ejecutar un rezo, pero el sonido de una melodía lejana los interrumpió; tornando sus cabezas hacia la fuente del sonido no les quedó duda alguna de que eran sus hijos. A partir de ese momento, comenzaron a bailar, sorber yopo y consumir mucho yaraque con el fin de tornar sus cuerpos livianos y así poder ascender.
 Después de muchos días de ayuno y danza, Tsamani no pudieron ascender porque sus cuerpos aún estaban pesados debido a la abuela Ibarouwa quien no quiso bailar, y siempre estuvo alejada del grupo por permanecer con su amante Maxuneje- el Caimán – en la orilla del río.
Purnaminali le prohibió a abuela Ibarouwa esos encuentros clandestinos con Maxuneje, pero ella continuó desobedeciendo a los Tsamani.
Purnaminali ideó un plan para acabar con Caimán. Así un día que Ibarouwa estaba lejos de la aldea, Kawainalu – hermana menor de los Tsamani – se vistió con el camisón de Ibarouwa y corrió hacia el río en compañía de sus hermanos; allí, ella golpeó el agua con una totuma llamando a Caimán, quien salió presuroso creyendo que era su amante. En ese momento Purnaminali destrozó la cabeza del animal arrancándole la quijada.
Al día siguiente, Ibarouwa se dirigió al río llamando a Maxuneje sin encontrar respuesta alguna; entonces, se sumergió en las aguas encontrándolo muerto en el fondo.
Agarrando el cuerpo inerte del animal lo sacó del río y al tenderlo sobre la playa se dio cuenta que Maxuneje había sido despojado de su quijada. Completamente encolerizada, Ibarouwa creó una payara para que devoraran a Purnaminali cuando se bañara; y así fue. 
Los hermanos, al notar la ausencia de Purnaminali, recriminaron a la abuela por su acción.
 Los Tsamani crearon raudales para impedir que el pez avanzara, pero éste continuaba su recorrido en forma acelerada; por lo tanto, acudieron a Gavilán Pescador quien capturó a Payara y liberó a Purnaminali.
 Los hombres, de regreso a la maloca, pensaron apresurar el ascenso, lanzando sus flechas una a una, pero ninguna lograba adherirse al cielo. Kawainalu se acostó agarrando el arco entre sus piernas y tiró de éste fuertemente, logrando ubicar la flecha en el cielo. A causa de la fuerza producida por su cuerpo, comenzó a sangrar por la vagina, originando la menstruación en todas las mujeres.
 Los Tsamani continuaron lanzando flechas formando una escalera; cuando la terminaron, Tsamani, con la quijada del Caimán, emprendieron la subida junto con Purnaminali, Iwinai y Kawainalu. Otros quisieron ascender pero el peso de sus cuerpos reventó la escalera, arrojándolos a la tierra convertidos en animales que formaron diferentes clases como: Tigre, Loros, Venados, Tortugas,… etc.
 Hallándose los Tsamani en el cielo se separaron para enfrentar el poder de Yamaxu.
 Tsamani, transformado en lagartija, se dirigió a casa de Yamaxu para copiar los grabados del bastón que él utilizaba como arma.
 Al día siguiente los Tsamani con un bastón  similar al de Yamaxu lo visitaron, pero sólo se encontraba su compañera a quien distrajeron para cambiar el arma. Al llegar Yamaxu y ver extraños en su casa se sorprendió: agarró el bastón y preguntó:
-¿Quiénes son ustedes?... ¿Qué desean?...
 Purnaminali respondió:
-Somos los hermanos Tsamani y estamos buscando a nuestros hijos!... Además, deseamos permanecer en el cielo!...
 Al escuchar esto, Yamaxu pensó exterminarlos con su poderoso bastón y se dirigió a ellos dándoles bastonazos, pero los Tsamani nada les pasó. Purnaminali, con el bastón que habían cambiado, saludó a Yamaxu con un garrotazo. El cuerpo de Yamaxu se desintegró y su compañera horrorizada culpó a los hermanos quienes la tranquilizaron reuniendo las partes de Rayo; soplándolo con tabaco, al instante revivió.
 Rayo al sentir el poder de los Tsamani devolvió a los niños, y a la vez le asignó espacio para que permanecieran por siempre en el cielo.
 En la tierra, mientras tanto, Ibarouwa desesperada por la ausencia de los Tsamani, construyó un bongo y navegó por el río hasta encontrar el punto donde se unía el cielo con la tierra; así pudo ascender y ubicarse en el otro extremo de los Tsamani convertida en Estrella Polar.
 Desde entonces, se observa en el firmamento las constelaciones de: Kajuyali – Orión -, Kawainalu – Beta  Tauro -, Tsamani – Délphinus -:  Al otros lado se encuentra Ibarouwa – Estrella Polar -, bordeadas todas ellas por Kwemainu – Camino de Santiago-.

Todos los textos fueron tomados de: : Raíces, Mitos, Relatos y Leyendas, compilación de Bety Triana y Néstor Mendoza de la Editorial Montaña Mágica, Santa Fe de Bogotá, 1997. 

miércoles, 21 de junio de 2017

Breves cuentos, mitos y leyendas indígenas (21)

Imagen en el archivo de Kanayatu Kayamura


CANTO DEL ARMADILLO Y DEL OSO HORMIGUERO (etnia Piaroa)
Inmediatamente después de los armadillos, nació Woya, el oso hormiguero. Su recinto sagrado está bajo una montaña, en el Orinoco inferior. Dijo que había tomado forma, piel, cola de Enemey Ofo’daa. Cuando fue creciendo, bajó a la tierra. Pero no vio nada, ni agua, ni luz ni estrellas. —¿Cómo pueden vivir sin nada esos hombres? No tienen comida, no tienen agua.
Antes Wajari había creado la claridad. Tenía faroles en los ojos y veía con ellos (todos los animales tenían lo mismo antes de haber claridad). —¿Cómo conseguir hombres amigos? –se preguntó Woya.
Salió pues y recorrió el mundo entero para encontrar amigos. Y así llegó hasta la casa del armadillo. Remu y Sera vivían juntos en la casa. Woya quiso entrar, pero la puerta estaba cerrada. Los armadillos no se dieron cuenta de su presencia, por eso volvió para la casa. En su casa se puso a meditar en cómo iba a poder meterse en aquella morada. Sopló yopo para que le vinieran pensamientos. Los animales sopladores de yopo no tienen que pasar por la ceremonia de las espinas de raya. Cierto que no había nadie que se las hubiera podido hacer a ellos. Preparó el yopo y lo sopló. Luego partió hacia la morada de los armadillos, pero se perdió.
En el aire flotaban las palabras: te perdiste. Por fin llegó al hogar de los armadillos. Se paró afuera y se puso a pensar. —Hace un rato pasé por aquí y no me dejaron entrar. Se transformó en picaflor y voló hasta el árbol situado en el techo de la casa y cantó en la voz del pájaro meyre.
Los hermanos escucharon el canto. Remu dijo: —Podrías matar este pájaro con cerbatana. Sera trató, pero erró el tiro. El pájaro se echó a reír. —¡Oh, ese pájaro se está riendo de mí! –dijo Sera.
El pájaro se transformó en dos: quedó como picaflor, pero al mismo tiempo se transformó en un hombre, que por el sendero se encaminaba hacia la casa. El hombre le habló a Sera, quien se asombró mucho, pues en ese momento estaba tratando de disparar con la cerbatana al pájaro. Sera dijo:  —Yo soy el hermano mayor, pero no te conozco. Puedes entrar. Mi hermano sabrá seguro a qué grupo perteneces.
Y el pájaro al igual que hoy en día, se quedó en el árbol sobre la casa. Remu estaba jugando y riéndose en su chinchorro, en la mitad de la churuata.—¿Qué clase de gente nos ha venido a visitar? No te conozco, aquí está tu chinchorro, al lado mío.
Sera siguió tratando de matar al pájaro, pero sin efecto. Woya le explicó que ese pájaro lo acompaña siempre, y si lo matan, han de morir los tres.—Ese pájaro es un pensador disfrazado. No lo mates, pues moriremos nosotros tres.
Remu le dijo a su hermano que dejara ya la cacería, pues era peligrosa. Sera entró. Woya le preguntó a Remu si tenía yopo. Remu mandó a Sera a buscar yopo. Trajo claridad a la churuata. Remu le preguntó a Woya:—¿De qué pueblo eres? ¿De dónde has venido?
Woya le respondió: —Primero dame yopo, después te lo diré todo. Luego Remu le pidió yopo a Woya. Pero Woya dijo: —Yo soy un gran pensador, no soy como son ustedes. Si soplaras de mi yopo, dirías cosas raras de mí.
Pero Remu así y todo le pidió del polvo y luego dijo que ya su yopo estaba listo:
—Dáselo, Sera. Woya dijo: —No, no quiero que sea Sera el que me lo dé. Pues así no vale nada.
El propietario del yopo es el que tiene que dármelo, o sea tú, Remu. Yo soy un mejor pensador que tú. Yo he soplado yopo y he bebido dada también. Remu solamente quería darle un poquito, pero Woya lo quería todo de golpe. Y en verdad se lo sopló todo de una vez. Woya dijo: —Está bien. Tú también puedes soplar yopo y podrás convertirte también en un pensador como yo.
Y así Woya le dio tres veces yopo a Sera. Y dos veces a Remu. El yopo de Remu no le hizo efecto a Woya, pero el de Woya era más fuerte. No le hizo efecto a Sera, pero a Remu sí. Remu vomitó y gritó:—Woya me quiere matar, yo mato hombres.
Sera dijo: —Esa es una visión del futuro. Remu gritó: —Ese hombre que entró en mi casa va a matarme.
Sera le dijo a Remu: —No vales mucho si te emborrachas tan rápido. Es tu error. No teníasque haber pedido yopo. Remu gritaba y gritaba y en la figura del armadillo que antes había sido hombre, corría por toda la churuata, daba brincos y tirábase al suelo diciendo: —Woya me quiere matar, pero yo lo mataré.
Sera ató a su hermano, pero Remu rompió las amarras. No había qué hacer. Sera le pasó la maraca por la cabeza a su hermano y se curó. Remu le preguntó a su hermano: —¿Qué me pasó? Tuve visiones sobre el futuro.
—Sí –respondió Sera. —¿Grité algo malo? ¿Qué fue lo que me pasó? –preguntó Remu.
Woya mientras tanto intervino, le pidió a Sera que no contara lo que había pasado, pues de lo contrario se iba a enojar. Sera dijo así: —No hiciste nada. Estabas sentado en tu banquito.
Woya le preguntó a Remu: —¿Qué efecto te hizo mi yopo? ¿Qué fue lo que viste?
Remu: —Vi que me matabas, pero seguro era mentira.
Woya: —Te dije que el yopo era algo peligroso. No estás acostumbrado al yopo fuerte.
Remu: —¿A qué grupo perteneces, Woya? ¿De dónde has venido?
Woya: —Yo vine de abajo, hacia donde voy a regresar y donde seré el padre de los animales. Woya le preguntó a Remu: —¿Y tú, quién eres?
Remu le contestó: —Mi tierra está aquí. Esta es mi tierra. Yo llegué aquí antes que tú. Woya se quedó dos días más con ellos y luego regresó a la casa de abajo.
Antes de irse, dijo: —Dentro de poco nacerá Wajari y todos ustedes serán sus animales. Pero sépalo, el chácharo, el mékira, será mi animal. Luego dejó la casa de los armadillos.

Tomado de: Cuentos y mitos de los piaroa. Lajos Boglár  Fundación Editorial El perro y la rana (Caracas, 2015).


LA MUERTE
Mito Karibe-tamanak del Rio Orinoco. Filippo Salvatore Gilii, ortografía hispanizada por Gilberto Antolìnez.
El civilizador Amalivac, concluida su obra, quiere regresar a su tierra natal ultramarina; tripula una canoa y, para despedirse de los tamanak  les dice en alta voz: “Uspicachetpè mapicatechi: os renovareis cambiando la piel de vuestro cuerpo”, esto es: que nunca morirían, más se rejuvenecían tirando la piel vieja como las  serpientes, grillos y otras alimañas. Se admiró tanto una vieja que allí estaba, que exclamo: “oh”, dudando de tales añagazas. Airado por tal cosa Amalivac repuso luego: “Matagueptechi”, que declarado es: “Desde ahora moriréis”. Los Tamanak  decían que si la anciana no hubiese dudado hoy vivirían en perpetua juventud. Idea central: la muerte es un castigo a la falta de fe en la palabra de un Dios. El acto de la vieja fue una contingencia accidental. Hasta entonces cuenta el tiempo de los orígenes.

LA MUERTE (mito de los karibe-Taurepàn de la Gran Sabana)
(Theodor Koch-Grünberg y Fr. B. de Matallana, ortografía  hispanizada por Antolìnez).

Karapishainmà, “la Gran Langosta” ancestro de los Taurepàn y primer hombre, yacía abandonado y yerto en una isla desierta adonde había sido deportado por el sapo de la lluvia, Waromà. Fue  regocijado por Uey, el  sol, en la canoa que le servía para atravesar el gran rio (Vía Láctea) con sus bellas hijas (estrellas de las nebulosas). Estas lo remozaban bañándolo en el rio, pues el sol quería tener un futuro yerno en Karapishaimà, Así Uey, le dijo: “Te casaras con una de mis hijas, pero no te dejes seducir  de  ninguna de las demás mujeres”. Pero el pillo de Karapishaima, en un descuido, se puso a retozar con las hijas de kasanak, el  Rey zamuro de dos cabezas, que son las estrellas no incluidas en la vía láctea. Así como regresó Uey con su familia vio el desastre, y las chicas reprendieron  al primer hombre por haber saltado a tierra sin permiso y no dar cumplimiento a sus restricciones impuestas por el sol. Este último dijo: “De haberme obedecido, permanecerías para siempre bello y joven, pero ahora tendrás juventud por corto tiempo y después te verás feo y muy viejo”. Al dia siguiente  despertó sin encontrar al sol, que se había ido, y  se vio entre zamuros, feo y viejo, y tuvo que casarse con una hija del oscuro Kasanak. “Karipishaimà fue nuestro ancestro-dicen los taurepán- el padre de los indios, pero por su culpa están las hijas del sol en el camino de los muertos (vía Láctea), mientras que nosotros venimos a parar en feos y viejos”. 

martes, 20 de junio de 2017

Breves cuentos, mitos y leyendas indígenas (23)

Imagen en el archivo de Identidad Cultural Indígena Latinoamericana

LA CREACIÓN DE LAS FRUTAS CULTIVADAS (etnia piaroa)
Los waikunis trabajaron y luego descansaron. Aún no habían visto agua, pues todavía no existían los ríos. Los waikunis le pidieron agua a Wajari, pero Wajari respondió así: —Los hombres no beben agua cuando trabajan. Solamente las mujeres lo hacen. Los hombres soplan yopo o beben kaapi. Pero ustedes siempre quieren agua. Y no está bien. Yo siempre trabajo con yopo y no con agua.
En verdad Wajari tenía agua, pero no les quería dar. En las plantaciones trabajaban varias mujeres y Wajari les pidió agua: “Nosotras tomamos agua mientras trabajamos, pero los hombres no hacen así”.
Wajari les preguntó de dónde tomaban agua. —Nosotras tomamos el agua de allá –y señalaron hacia el campo. Wajari dijo así: —Está bien. Tengo sed. Y se fue para el arroyo.
Y entonces ocurrió, cuando se dirigió hacia el arroyo, que los waikunis soplaron magia a los pensamientos de Wajari. Wajari se enajenó y estuvo vagando por la selva durante años. Pero antes Wajari preparó una soga bien gruesa y ató entre sí las ramas del árbol, para que los waikunis no lo pudieran cortar.
Wajari les preguntó a los waikunis que por qué no habían cortado los árboles. Trataron pero no pudieron. Un bicho se subió al árbol y se comió las amarras.

Tomado de: Cuentos y mitos de los piaroa. Lajos Boglár  Fundación Editorial El perro y la rana (Caracas, 2015).

LA MUJER DEL KATEY EN EL ESTADO TRUJILLO (Gilberto Antolinez)
En los lugares montañosos del estado Trujillo como Pampán y San Juan de Vichu y las selvas de Monay, los folcloristas han comprobado la creencia en una casta de seres de la selva cuyo prototipo son el “catey” o “Katey y su mujer”. El Catey de los montes de Monay, cuenta olivares, se parece a un hombre espantoso, esto es “ciclope”, pues tiene un solo ojo en medio de la frente; además, muestra un solo pie, cuya huella deja a orillas de los ríos por donde marca buscando su único alimento: ojos de pescado; y el tal catey tiene su pie vuelto hacia atrás, en contradicción con la forma usual en que se forman en los seres humanos.
Según versión de Juan Pablo Sojo, el Catey es un hombrecito moreno, de diez a quince pulgadas de estatura que marcha a grandes saltos y ríe a carcajadas, habita en el monte, peo frecuenta los sitios habitados para nutrirse de los fluidos humanos. Tiene una mujer o mejor aún, una “media mujer”, ya que tan donosa dama solo posee un ojo, un brazo, un seno y una pierna; como es una peligrosa osa, se mete en las habitaciones de los seres humanos, les perfora el pecho cuando duermen, lanzándoles el agudo chorro lácteo de su único seno, y por el hueco hecho les succiona la sangre; luego descarna el cadáver se sus víctimas, quebranta los huesos y se chupa el tuétano, pues este viene a ser su manjar predilecto.
Este catey y sus parientes aparecen con el nombre de “Taleyes”, en los sembrados del estado aludido y fungen allí de divinidades agrícolas. Son seres dotados de un solo pie, según han contado el doctor Mario Briseño Iragorry. De modo que le cate o catey y su mujer, se caracterizan por tener un solo órgano vital o de acción de donde nosotros tenemos dos, y por tener además las plantas de los pies volteadas hacia atrás. Ya veremos que en otros países de América tienen semejantes igualmente adheridos a los sitios apartados de la presencia humana.

ANA KARINA ROTE (Enrique Plata Ramírez)
 Salvajes y violentos, solían los caribes  atacar a las tribus vecinas, destrozándolas implacablemente al grito de Ana Marina Rote, o Sólo nosotros somos gentes.
Tomaban luego como prisioneros, de entre los vencidos, a los guerreros más fuertes y atados los llevaban ante la Junta de Mujeres. Éstas bañaban a los nuevos esclavos, los alimentaban y los amaban sin descanso durante varias lunas. Luego, saciados sus instintos, los devolvían a los guerreros, quienes en grandes múcuras preparaban con ellos deliciosos platos para todo el pueblo.
Para la siguiente batalla, reunía la Junta de Mujeres a los guerreros, les pintaban el rostro, los amaban y los enviaban en pos del triunfo y de nuevos esclavos, no sin antes advertirles que de fracasar irían ellos a parar a las grandes múcuras.
Antes de partir les recordaban su condición de míseros guerreros, diciéndoles:
¡Solo nosotras somos gentes ustedes simples guerreros!

XIBALBA (Enrique Plata Ramírez)
Descendió Ixquic hasta las ardientes tierras de Xibalba. Y vio la princesa cómo, desdé su llegada, los Señores del Misterio se las ingeniaban para poseerla. Todos querían que reinara a su lado en tan infernales abismos.
Pero Ixquic buscaba, y finalmente lo halló, El Árbol de las Calaveras. Entre sus ramas descubrió el espíritu de sus más remotos ancestros.
Y detrás de aquel árbol, recibió Ixquic el polvo que daría vida a las generaciones futuras y luego huyó de Xibalba.
Desde entonces, los Señores de los Abismos Infernales persiguen a las mujeres para castigar en ellas las afrentas de Ixquic.

CUANDO VI BLANCOS POR PRIMERA VEZ (etnia piaroa)
Por aquel tiempo vivíamos por el arroyo Caracol, allá estaba la churuata de mi padre. Vinieron algunos civilizados, eran como españoles. Nosotros estábamos dentro del arroyo, pescando con plantas venenosas y atrapamos un montón de peces, grandes y chiquitos.
El perro encontró una liebre y corrió tras ella. El marido de la hermana de mi madre –al que en aquel entonces no lo había mordido la serpiente– esperaba el botín con un machete en la mano. La liebre saltó de pronto hacia unos matorrales planos, donde encontró una madriguera. La liebre sabía bien que si salía la mataban. Aunque tampoco quería salir, pues se había cansado en la persecución. Al igual que el perro.
La liebre se escondió, el perro no la encontró. Y allá seguía parado el esposo de la hermana de mi madre, con el machete en la mano. Metió la mano en la cueva y la descargó sobre el animal: ¡Tak! Y la liebre se murió en seguida. Luego el esposo de la hermana de mi madre vino con el botín hacia el montón de pescados, donde estábamos nosotros.
—Fíjate –le dijo a su esposa–, maté a la liebre de un machetazo. No quería salir del agujero donde había caído. El machete había partido en dos al animal, todo se embarró de sangre. Hay que saber que si cazamos, nuestra ropa se ensucia mucho. Mi tío me dio el botín en la mano, se puso un guayuco limpio y partió para la casa. Yo me quedé con el guayuco sucio. Serían como las diez cuando junto a la churuata me vi a los civilizados que estaban parados por ahí.
Esto ocurriría en 1949 o quizás un año después. Los españoles me agarraron y me dijeron que me iban a retratar con la liebre en la mano. La toma de fotografías tardó varias horas, serían ya como la una y media y me había entrado un hambre terrible. Entonces me dieron un caramelo, y luego galleticas. Me lo comí todo.
Estaba yo por ahí parado, en mi guayuco sucio, y me tomaron cantidad, pero cantidad de fotografías. Me pararon aquí, me retrataron; luego me agarró otro español, me paró por allá y me retrataron de nuevo. Creo que hicieron como dos rollos enteritos. Luego entré en la churuata. Mas, apenas salí, me volvieron a agarrar de nuevo y me hicieron cantidad de fotografías.
—Sabes, en la montaña hay una planta de hojas grandes y blancas. Mi tío me mandó a traerle una para poner encima la liebre ensangrentada. Me mandó a mí porque los otros le tenían miedo a las fotografías. Y solo me retrataron a mí, a los demás no. Fotografiaron de nuevo, como durante una hora. En el guayuco sucio.
¿Para qué necesitaban una fotografía así? Nunca vi fotografías cuando era niño.
Y con la liebre en la mano seguía de pie mientras me retrataban y volvían a retratar. Cuando todavía era chiquito me tomaron como tres rollos de películas. Creo que estoy en las fotos de Caracas.

Tomado de: Cuentos y mitos de los piaroa. Lajos Boglár  Fundación Editorial El perro y la rana (Caracas, 2015).

JAGUAR EN CRUZ (Wilfredo Machado)
Los pájaros temían a un reducido número de los animales en la selva, y el jaguar era uno de ellos. Los pocos que podían contar con la historia habían tenido una horrible experiencia con el felino y mostraban las cicatrices rosadas de las feroces guerras entre un abanico de plumas turquesas. Todos los demás habían muerto. Las huellas del gato estaban frescas sobre el barro de la playa. La casa del jaguar era uno de los máximos desafíos a los que podían enfrentarse los jóvenes pájaros. Este era un ejemplar de gran tamaño, lo sabían por las profundas marcas sobre el lodo. Más adelante las huellas se adentraban en la selva profunda donde era difícil seguirlo. Los pájaros treparon los arboles para seguir desde la seguridad de las ramas más altas los pasos del felino que no hacían el mínimo ruido. Avanzaron con sigilo saltando de árbol en árbol, sin dejar caer ni siguiera una hoja. El joven IRK dirigía la partida de caza. Me había incorporado el último siempre que llegaba jadeante y con lanza cuando ya todo había terminado. Seguimos al jaguar desde el cielo del bosque. A veces se detenía unos segundos al oler el aire que tenían los aromas de la presa.
Cruzó un sendero de dantas que bajaban por un arrollo de aguas cristalinas, y allí se detuvo a beber un momento. Y entonces nos vio arriba moviéndonos en el reflejo del agua.
Levantó la cabeza y rugió. Sabía que no podía alcanzarnos y se dio a la fuga. Los seguimos durante varios días, acosándolo en la espesura haciéndolo salir de sus escondites, hasta que el jaguar jadeante se rindió exhausto. Pero ninguno se atrevía acercarse más de lo necesario. El joven IRK arrojo el primer lazo justo  en el cuello del felino los demás lo imitaron tratando de inmovilizar el animal que se defendía con furia. Al final los jóvenes pájaros izaron sobre los arboles como un trofeo de guerra. El lazo del cuello cortaba la respiración, pero no llegaba a asfixiarlo del todo.

Vimos como lanzaba sus garras contra las lianas que lo ahogaban tratando de romperlas sin ninguna suerte. Cada vez que había un movimiento brusco el lazo del rio, hundiéndose sin remedio en la corriente de la noche, una luna colgaba del cerrojo de una puerta lejana que sonaba como cascabeles cada vez que el viento la abría de par en par. Yo era tantas cosas y ninguna, un viento oscuro arrastrándose entre las hojas, un rayo de luz en mitad de la nada mas oscura. Yo era el centro y la dispersión, pájaro en la balanza de la vida que sería llevado al mercado por la mañana para ser desplumado, pesado y destazado frente a un grupo de señoras que contemplaban, en este nuevo simulacro de los antiguos circos, pero sin la piedad de sus años, esta pequeña masacre en la que nos enfrentaba  la vida cotidiana: carne fresca vendida al mejor postor.     

Breves cuentos, mitos y leyendas indígenas (20)

Imagen en el archivo de Amalia Vargas 


MARIWEKA  (Etnia Piaroa)
—Jina-itsoma mariwekane peyenne Kuaomine –dijo Ñemeh. Venimos desde abajo, desde abajo del Mariweka. Donde nacimos, donde Wajari nos creó. Donde nos dio nombre. Allá crecimos, allá nos creó, allá nos dio nombre Wajari.
Mariweka es un lugar, es un nombre. Ya lo llamaban así antes de habernos creado a nosotros. Con ese nombre, con esa palabra, nos quisieron llamar para podernos crear.
Y bajo el Mariweka, allá en el medio, Wajari pronunció la palabra Jajkwawatamu. Y poco a poco empezamos a crecer. Dijo: —¡Jajkwawatamu! –y les dio nombre a los piaroa y a los españoles.
Wajari era así, si no hubiese sido así, ¡no hubiéramos nacido! Pero aquí estamos. Así comenzó. Entre el Cuao y el Autana se alza Parake, la montaña. Somos de allá, parientes del capitán Pitah. Allá nació y se robusteció la familia de los piaroa. ¡He aquí la obra de Wajari!
Por él nos hicimos hermanos, por eso somos amigos. El viejo raudal se llama Piahé Muotsa. Porque así lo llamaron. Por allá pasó Wajari cantando contra las enfermedades. Nosotros también cantamos, todos los parientes piaroa, si pasamos por ahí, por el escenario de la creación del mundo. Los piaroa cantan si están enfermos, si tienen fiebre. Así dice el canto: “Parake nyuerike urarike kwawatamu...”. Son nombres, los nombres de nuestras regiones. Porque Wajari les dio nombre, por eso son así nuestros nombres. Él lo cantó así. que las canciones no contienen.
Nosotros nacimos dentro de aquella caja. Se llama Jajkwawalayentume. Le dieron nombre y así nacimos en ella al igual que Buoka. Él dijo: “Tjenemu tu-uridye” –y con eso vino al mundo. Dijo: “Pujtedine” –y todos vinimos al mundo en esa cosa que pensó al igual que los nombres.
En primer lugar se escucha el nombre. Si un niño nace, la voz lo trae al mundo. Si no está flaco, si tiene pecho, no le da la fiebre. Todos sabemos que con el canto no da fiebre. Wajari pronunció los nombres de los animales, de las enfermedades, de los cantos que atraviesan el cuerpo y lo purifican de las enfermedades. Wajari nombró las enfermedades leves y graves.
Tjuarikye es la respiración, el aire, el viento. Wajari sopló su aliento en el agua y habló con las palabras de los cantos. Así fue como nos creó. Bebemos el agua soplada, comemos la carne de los animales que hemos matado, no nos da fiebre si bebemos del agua.
Las enfermedades tienen incontables nombres: viricha, tuaritsa, enemey. La primera es la fiebre en sí, la gran enfermedad. También dyubeku es enfermedad. Si canto esta canción no me da fiebre, no me pasará nada, y los niños no se enfermarán. ¿Ves? También ahora estamos sin fiebre.
Tjamure ojkorua es el nombre de alguien que está vivo. Si tenemos hermano vivo, aunque tengamos hermano muerto, siempre decimos así: Tjamure ojkorua. Así cantamos siempre para que la fiebre no se lleve al vivo. Wajari también cantó sobre el Jawapu, la medicina contra todas las enfermedades.
El canto dice nombres, habla sobre nuestros alimentos y sobre los cantos de nuestros alimentos. Sobre la creación de ellos. Para que el piaroa no se enferme si come carne. También hay cantos sobre las enfermedades de los niños, porque los pequeños se enferman muy fácilmente.
Wajari también cantó sobre el mékira, el chácharo. Su enfermedad trae unas fiebres muy altas y graves. Pero los armadillos y otros animales también pueden ser peligrosos. Por eso es que Wajari canta sobre los animales. Ware es la herida en la carne, la pudrición blanca. Si es muy grave, se llama jura y duele mucho. La herida se mueve, se contrae, no lo deja dormir a uno de tanto que duele. Y si cantamos sobre ella no nos da fiebre, ni a los niños, ni a los hombres, ni a las mujeres. Cantamos sobre toda la familia.
 “Peinede”, dijo Wajari, y luego comenzó a subir la montaña Kjorei. Partió desde abajo e iba cantando según fue subiendo. Allá arriba pidió, llamó y creó las enfermedades para que no nos olvidemos de él, del que nos creó. Allá, en ese lugar Kjorei Mariweka Nea-a Layentume donde creó el canto, donde oyó, donde escuchó el canto. Oyó muchos cantos.
Nuestra creación tuvo lugar abajo, junto al Mariweka, pero las almas ascienden hacia la montaña de Tiannawa. Esto también es parte de nuestra creación. Pennerü Tiannawa Mariweka Ñuema-a es también nuestra creación. Y todo esto nació en el pensamiento de Wajari.
—Pennerü Tiannawa –dijo Wajari cuando Buoka creó las cosas. Por eso es que nosotros tenemos varios nombres. Los nombres surgieron de la nada. Dicen que en aquel entonces se oyeron muchas palabras: Kwawaru ruare Tchejeru, Tiannawa... Todo esto lo dijo Wajari al crearnos a nosotros. ¡Nacimos y empezamos a crecer!
En este canto Wajari nos enseñó que de repente nació la gran palabra. Wajari es el abuelo de todos nosotros. Por eso fue que cantó sobre todas aquellas cosas. Kwawa-jiñene, Kwawa-kwawatamu Rineruode son nombres también, porque Wajari los pronunció cuando nos creó.
Ocurrió que Wajari vivía con su hermana Tchejeru en la churuata. Tchejeru estaba rallando la yuca, inclinada hacia adelante y moviéndose para adelante y para atrás: “Chas, chas, chas”, decía el haoda, el rallo de yuca. Wajari estaba acostado en el chinchorro mirando a su hermana Tchejeru. Ya en la estera había un montón de blanca harina rallada. En ese momento Wajari se le acercó a su hermana por detrás. ¡Y fue cuando creó a los seres extraños! También nos creó y mientras tanto cantaba e iba diciendo las palabras Kwawa-jiñene. Por eso, también cantamos hoy en día.
Si un piaroa tiene fiebre, cantan los piaroa. Cuando yo era ya grandecito me enseñaron las palabras. Porque no son fáciles las palabras de Wajari. Lo que primero cantó y se lo entregó a alguien.
Kwawanyamu nos dio lo que se come, nuestros alimentos, sea la carne de báquiro o cualquier otra cosa. De todos los animales podemos contraer enfermedades; y sí que hay muchos animales en la selva.
El canto primero creó el agua, luego el alimento que aún no contenía enfermedades. Ahora sí tiene enfermedades, nos puede dar fiebre, por eso tenemos que cantar. Y podemos enumerar las enfermedades: kauwa, ware, la herida infectada. El canto puede expulsar las enfermedades.
Tjiwedine, hay quien tiene la cara gruesa y corta, y hay quien la tiene larga y delgada. Hay muchas caras de hombre. Wajari dice que el canto hasta puede cambiar la cara. El hombre puede tener disfraz, máscara; y al que llega disfrazado, no le puede dar fiebre. Por eso es que hay muchas caras de hombre y por eso es que tenemos máscaras.
Uruwatsa, la flor de la enfermedad, si tienes sudores. Si tienes fiebres y escalofríos bebes el agua soplada y te tranquilizas. Si se acerca la fiebre, tiemblas; si algo te asusta, te entra la fiebre. Si bebes del agua soplada no te entrará fiebre. El ruwaire es como la medicina. Para nosotros, el agua soplada es la medicina porque se lleva las enfermedades. El canto es nuestro medicamento, nuestra medicina.
Hay muchas enfermedades y, por ello, muchos cantos. Todo lo creó Wajari: el canto y el agua soplada que protege a la familia contra las enfermedades, y no tendrá fiebre ni el viejo ni el joven. El canto se llama meñe y el que lo canta meñé-ruwä, el hombre del canto, el curandero, el hechicero.
Si viene la fiebre y le entra al niño, viene el meñé-ruwä, mira al niño y les dice a sus padres: “¡Lo curo con el canto!” Así es. Sacan las enfermedades del cuerpo, purifican lo comestible. Y hacen beber a la gente y no le pasará nada malo. Wajari lo creó todo y todos decimos: “Todo se lo debemos a Wajari”. Y cada vez más cosas y cada vez más cantos.

Tomado de: Cuentos y mitos de los piaroa. Lajos Boglár  Fundación Editorial El perro y la rana (Caracas, 2015).


EL SER SUPREMO (1) (Gilberto Antolinez)
Hasta hace poco creían los que estudian el origen de las religiones, que solamente los pueblos muy avanzados creían en un solo Dios tenido como ser supremo: y a tal grado de creencia se le llamaba monoteísmo. Sé entendía que los primeros hombres no habían seguramente tenido ninguna idea religiosa, y que por lo tanto vivían en un ateísmo inicial o carencia de idea de dios. Entre estas dos etapas extremas se encontraba el caso más general del politeísmo, o idea de la existencia de varios dioses al mismo tiempo. De tal politeísmo habría salido el monoteísmo, a medida que las diversas atribuciones de los dioses se iban centralizando para terminar fundiéndose como pertenecientes a una sola figura: El Ser Supremo. Y se aseguró, siguiendo ciertas imposiciones religiosas, qué fue el pueblo judío quien llego primero en la historia hasta la concepción del monoteísmo. Los pueblos primitivos, según  tal teoría evolucionista, debían haber pertenecido a etapas mucho más anteriores de creencias  en poderes mágicos, en espíritu, y en innumerables dioses, diosas y demonios de la naturaleza, dentro de un desordenado politeísmo.
Pero las investigaciones más cuidadosas de pueblos de África, Oceanía, del Asia y de la América, tenidos como los más atrasados en cultura entre los hombres, y por esto llamados primitivos, enseñaron que eran perfectamente monoteísta y se hacían descender de un solo Dios Creador , ya masculino, ya femenino, según cada cosa.
Entre los pueblos de América del  Sur contados en tal grupo primitivo, podemos citar a: los  yamana, Ona y Alakaluf de la Tierra del Fuego en el extremo del sur del continente, y a nuestros Yaruro del rio Capanaparo en el estado Apure. Otros pueblos aún más adelantados de Sudamérica siguen teniendo una idea de divinidad de este tipo primitivo: los araucanos de chile, y los Kaggaba de Sierra Nevada en la Costa de Colombia, por ejemplo.
Según los Ona y Alakaluf el mundo fue creado por un dios personal, a quien los primeros llaman Temaukl; “El que vive en el cielo”, y los segundos Xolas, o sea “Estrella”. Sus convecinos, los Yamana, le dicen “El Viejo”, pero no creen sea el creador, pero si El Dueño del Mundo y Proveedor de los alimentos Terrestres. Pero todas estas tribus afirman que es invisible, sin necesidades materiales, todopoderoso, que vive “más allá de las estrellas, y ha sido el compilador de todas las leyes del buen comportamiento. El Juez Supremo de Todo.

Envía, si se encoleriza, las enfermedades y la muerte; pero basta con vivir de acuerdo con sus preceptos para no enojarles. Es perfecto y no hay nada que lo aparte de sus designios, y por esto no le guardan ningún culto. Los Yàmana, particularmente, si creen que atienda cuando se le presentan sacrificios. Y los Ona, dicen que Temaukl vive apartado en un lejano Universo, pero no obstante le ofrecen sus primicias cada año.