domingo, 4 de septiembre de 2016

Cuentos fantásticos del Llano (9). La Burdega Voladora (cuento y audio)

Casa llanera. Imagen en el archivo de Samuel Omar Sánchez

LA BURDEGA VOLADORA (Jesús Alvizu)
No frecuento los velorios de difuntos, (de vaina los de familia) ni sus respectivos rezos porque adoro dormir en paz, ya que luego de estos velatorios me pongo a ver cosas donde no las hay, esperando un no sé qué  de no sé dónde, el difunto se asoma en mi mente antes, durante y después de soñar; y vaya que espeluca el cuerpo. Los velorios de santos son un poco más pasables porque de velorio no tienen nada, solo el nombre.  En una de esas vueltas de la vida, me encontraba de visita familiar en Lagunitas, pueblito llanero y  cálido del estado Cojedes; un primo, de esos que son medio vegueros, me invita a un velorio de alguien que alguna vez creo haber visto, y era tanto el aburrimiento que tenía en aquel momento, que no me había dicho y ya me estaba parando; en ese momento era hasta capaz de contar los granos de arroz que pudiera cargar una gandola.

Amarrar la carga a una bestia no es fácil, menos aún si vuela. Archivo de Tulio Torres. 

No pregunté dónde era la cuestión, solo busqué una bicicleta y emprendimos el recorrido. Ya en las reparteras, sí le empecé a pedir datos del difunto, en este caso difunta; ¿quiénes estarían allá?, ¿quién le avisó?, ¿hasta qué hora estaríamos?, etc. Entre las respuestas pobres que me daba, noto que la luz abandonaba el camino y nos encontrábamos en una vía bastante oscura, donde reinaba la luz de luna, y en mi primo de piel morena solo destacaba el color de sus prendas blancas. Las casitas, bien distante una de la otra dejaron de aparecer, siendo reemplazadas por un montarascal que nos ganaba en tamaño y que producía un sonido gracias al viento sabanero que, para el momento no era muy grato.
La cultura llanera se basa, al igual que este cacho,  en la exageración de formas y tamaños
 Imágenes tomadas del archivo de Julio César Arenas Bravo. 

El asfalto se acaba, comienza el camino de tierra. Se aproxima una curva y se dibuja a la vista una pequeña capilla que de día debe ser preciosa, pero esa noche a mi parecer, estaba en el lugar equivocado y la construyeron justo allí con la intención más intimidante. Mi mente para ese momento solo pensaba en el retorno, y me hacía una de las preguntas más reflexivas que se le ocurre al ser humano en estas ocasiones ¿quién me mandó a mí para acá? El regreso me preocupaba; poco después de dejar la curva por fin llegamos, había mucha gente, esparcida por todo el ancho patio, pero nosotros nos detuvimos en el primer grupo cerca del alambrado.  
Eran los muchachos de la cuadra, muchas caras conocidas, luego de dejar mi bicicleta en un línea de estacionamiento improvisada, donde un par de ellas inicia en triángulo una apoyada de la otra, para sostener las demás en ambos lados, me integro al grupo y mi primo se va a ver a la muerta, acto casi protocolar, es como decir: “si no la ves, no estuviste”. En estas reuniones donde proliferan las risas, los llantos, la tristeza por el occiso y también la alegría por los cigarros, pasapalos y chocolate gratis (este último para manifestar la célebre e infaltable frase “soplarle la taza”) se convierten en el lugar adecuado para echar cuentos, se trate o no del difunto, destacando la participación de afamados borrachos, cuenteros o charleros de la zona.
En el grupo donde me encontraba estaba uno de los padrotes, de nombre Mateo, muchacho este bonachón, veguerito, jocoso, buena vaina, conversador pero muy flojo, alérgico al trabajo,  dormilón y perezoso. Llevaba la vida de la forma más relajada que habitante alguno de este planeta podría hacerlo, esperaba despertar al día siguiente para saber qué haría, qué comería o a dónde iría. Su esposa de apodo “Matea” tenía una personalidad casi idéntica, viven en una humilde casa, no tienen casi corotos, pero si un gran equipo de sonido, tienen unos animalitos y mucha alegría que siempre muestran con tímidas sonrisas. Tenía rato esperando oír una de sus increíbles aventuras, hasta que al fin comienza uno de sus cuentos, mis oídos se sentaron y se pusieron cómodos.
Cuenta Mateo que un día a golpe de mediodía que es cuando se para, decide ir de caza puesto que el bastimento hogareño de tres días se le agotó, era tranquilo con la comida ya que como él decía: “aquí tengo de todo no tengo que comprar casi nada”; si quería tajadas cerca habían platanales, si quería comer carne a cazar para el monte, si quería pescado frito a pescar al río, si quería hervido se mata una gallina y para el jugo al frente había limón, mango y naranjas por la calle de atrás. Contaba con una escopeta que según el se consiguió una noche en un circo de esos que van al pueblo una vez al año, al momento que le cambiaba el agua al canario en una oscurana, la llamaba “cuatro en boca”. Tenía una burdega o burdégano como la llaman otros, que es el híbrido que resulta del cruce de un caballo y una burra, la llamó Brigni Espir, supuestamente se la regaló un coreano que andaba de paso en una ocasión y cargaba una mula preñada en un trailer  pariéndole ahí mismo; como no podía encargarse de la nueva cría, se la cambió por un vaso de agua luego de pasar frente a su casa y verlo descansando a la sombra de un mango.
Buscó su morral de blue jean metió municiones, un cuchillo, la “cuatro en boca” desarmada, la guerrera, media carterita de chimeneao, una tijera, un cepillo, linterna, una cajeta de chimo, un machete tres canales, un chinchorro, paja para Brigni Spir, un mecate y una revista de Condorito y el celular; sin contar las cosas que están en los bolsillos pequeños que nunca las saca. Se pone su pelo e’ guama y toma rumbo a la sabana, con antojos de comer algo que vuele, muy positivo va cantando unos versos de su inspiración:
Me voy con Brigni a cazar
para jayar la comía
que me rinda la captura
para jartar noche y día
            Después de casi una hora llega a una laguna donde por la tardecita abundan tantas aves, que no se ve el monte; corocoros, güirirís, garzas llaneras, garzones entre otras, son solo algunas de las especies que se pasean por las orillas.  Como llegó temprano se paró bajo un buen árbol, amarró a Brigni le puso su paja, se colocó la guerrera, preparó la “cuatro en boca”, cargó el morral más liviano a la espalda, se llenó los bolsillos de municiones, se echó un palo de chimeneao y luego se empella una buena mascá e’ chimó.
Se improvisó una buena trinchera donde no pegara el sol ni hubiera cueva de bachacos para cazar güiro sin molestias, se puso a ojear la revista de Condorito mientras tanto; pasó un rato y al alzar la vista lo que veía era comida como para un año. Sigilosamente, como culebra con hambre, rampó  hasta llegar lo más cerca posible de las presas, al ver tantas alas juntas, optó por cargar la escopeta con unos cartuchos gringos que le regaló un musiú que se dedicaba a la caza, estando bien  prendío un 24 de Diciembre. Este le dijo que eran municiones muy potentes, los cartuchos poseían cincuenta balines explosivos.
Apunta a donde sea, porque a donde sea hay a que pegarle, dispara la primera vez, sube la punta de la escopeta rápidamente y hace un segundo disparo a las aves que alzaban vuelo. Se escuchó como si fueran disparado cien hombres a la vez. Le encimó una cobija de aves a la orilla de la laguna, aquello era increíble, sus ojos no creían tanta efectividad. Mató a más de doscientas aves con apenas dos disparos, sacó la carterita y celebró con un buen guamazo. Amarró todas las aves con el mecate que traía, algunas estaban atolondradas otras heridas, ninguna muerta; trajo a Brigni Spir y amarró las aves a la enjalma, emprendió el rumbo muy feliz hacia el rancho. A mitad de camino le suena el celular, se detiene, atiende y escucha la voz de Matea, pero con interferencia, se baja de la burdega y se dirige a un árbol en busca de buena señal, se encarama y allí la consigue. Todo ese rato ignoró los animales, termina, se baja del palo y al levantar la mirada observa como las aves ya recuperadas, alzan el vuelo llevándose la burdega en peso, Mateo corre desesperado como guepardo tras su presa, se acerca y Brigni Spir más se eleva, en el último segundo, último instante, da un salto de película y logra agarrar un estribo en el aire, esto hizo bajar un poco la carga, pero no fue suficiente para tocar tierra.
Las aves, sobre todos los garzones volaban con todas sus fuerzas, se notaba que les costaba, pero igual seguían subiendo; Mateo no dejaba de gritar y ver con aterrado asombro toda la llanura bajo sus pies, primera vez que volaba; con la mano libre sujetaba con fuerza su pelo e’ guama. Al rato se da cuenta que se aproxima al pueblo, va pasando tejados, árboles y patios hasta que distingue su casa, pasa justo por encima, pero a mucha altura, se cansó de pegar gritos pero que va, Matea no le escuchó. Cuando ya perdía las fuerzas y luego de volar por espacio de media hora, nota que se aproxima la copa de un samán, inevitablemente chocarían con él mismo, y así fue. Después del impacto, Mateo queda aferrado a una gran rama y Brigni Spir queda enredada en otra poniéndole fin al vuelo; aprovechando la situación Mateo saca el machete y se dirige a liberar la burdega que era lo que más le preocupaba, corta el mecate quedando libre el asustado animal. El ingenio lo aconseja y saca el chinchorro para hacerle un paracaídas a la bestia, lo arma y la arroja a tierra donde cae sana y salva sin el más mínimo rasguño.
Quedándose en la copa, se niega a renunciar a su más grande captura, así que se acerca a las aves y con las tijeras le corta a cada una las plumas de un ala para evitar que vuelen, las dejó como loro sin jaula. Acto seguido baja con suma cautela valiéndose a veces en el peso de sus presas, una que otra le dificulta la tarea quedando atrapadas entre las ramas, pero al final logró bajar, con uno que otro rasponcito y dejando una alfombra vario pinta  entre hojas y plumas a los pies del imponente árbol, cabe destacar que algunas aves lograron librarse pero casi no se notaba la diferencia. Recogió su chinchorro, volvió a amarrar las aves a la enjalma, se echa un palo para pasar el susto y otra pellita e’ chimo para que lo acompañe un ratito. Ya casi anochece, emprende su retorno con gran felicidad, pero no tenía tanto apuro porque las amables aves lo dejaron más cerca de su casa. 
Gracias al charlero Mateo, retorné tranquilo y a carcajadas al salir del velorio. 

Esta obra es ganadora del I Concurso de Reescritura Libre UNELLEZ- San Carlos (2009), en homenaje a Ramón Villegas Izquiel. Fue publicada en el libro: 100 CACHOS: ANTOLOGÍA DE LA NARRATIVA  FANTÁSTICA ORAL DE COJEDES (Isaías Medina López; 2013) San Carlos: UNELLEZ-VIPI.
Alvizu es un joven poeta, nacido en San Carlos, el 19 de noviembre de 1985, y egresó como licenciado en la Mención Castellano y Literatura de la UNELLEZ- San Carlos. 

Disfrute del siguiente joropo fantástico: 


LA HERENCIA DE PUÑO E´ DIENTES
(Rafael Pérez)


jueves, 30 de junio de 2016

El Cazador y El Diablo. Leyenda llanera - Versión original completa. (Rafael Martínez Arteaga, El Cazador Novato)

Imagen en el archivo de "Llano Adentro"


Rafael Martínez Arteaga (El Cazador, declamador; C); Dámaso Figueredo (El Diablo; D); Marlene López (Mujer del Cazador); José Ramón Rondón (Narrador)

Declamador: Pasaje I- Pregón
Llano viejo; amigo mío,
cuna de mis abuelos son tus pampas
centauro magestral que dolorido
has botado un baúl lleno de cartas.
Yo, sin embargo, con mi pluma quiero
divulgar las costumbres de tu raza,
que llenas de dolor y desespero
se fueron de tus lares con las garzas.
Oh, Llano, mal pagado, envejecido
que no has tenido compasión ni patria,
que tu gloria y tu mundo es el olvido
 como un plebeyo que no tuvo taita.
Te pido, Llano mío, que en lo que escribo
me des la inspiración y la confianza,
que tu consejo con honor recibo
en el umbral sombrío de la ignorancia.
¿Cuántas veces bajó el sol de abril
se han llenado tus montes de fragancia?
Donde se esconde el cazador sutil
en campo ensoñador de la distancia.
¿Dónde vas, Llano mío, ya envejecido?
Buscas alivio acaso en la mudanza,
tantos caminos con tus ríos crecidos
donde la gratitud no se remansa
si donde no hay compasión no existe abrigo
ni se encuentra consuelo en la tardanza
por el contrario, cansado de estar vivo
te marcharás con tu dolor de casta.

Pasaje II- El Cazador:
Solitaria y escondida
en el mundo de la nada
hay una casa atractiva
como esos cuentos de hadas,
hay un ave cantarina; 
advierte sin decir palabras,
mil notas suaves y finas
sobre la tierra araucana,
allí la luna se inclina
para decirle a la palma:
“Si tu arrogancia domina
el sendero de las aguas,
cuida bien la campesina
que su mano no es mezquina
ni su corazón  engaña
y ella con amor y vida
riega la flor del alba”.
La estrella Polar camina
por los esteros del alma
un verso tras la neblina
sale de un pecho que calla
tantas penas y heridas
del ser que sufre y aguarda
y en tenebrosa estampida
se pierde por la sabana
sí, es el Cazador que anda
cuando  la noche está oscura,
que en medio de la llanura
contrapuntea con las ánimas,
hombre que entre copla y copla
se inspira cuando cabalga
cuando le trae la llovizna
olor a tierra mojada.
Sí, es él; el que se aproxima
con rumbo hacia la posada
que es una casa sencilla
donde su mujer lo aguarda,
el fogón va consumiendo
la leña recién cortada
el olor del café hirviendo
se riega por la enramada
canta el gallo pasionero
y un perro sale corriendo
de la cocina a la sala
algarabía de chenchenas
se escuchan en la cañada
porque el cazador se empeña
en llevarse la curiara
y ellas son las centinelas
de esa laguna encantada
guardianes de su destino
de los secretos que guarda
y así los guaitacaminos
despiden la madrugada
entristeciendo los trinos
de las aves levantadas
que abandonando los nidos
revuelan de rama en rama.
El Cazador: ¡Buenos días, vieja! ¿Cómo te ha dío? (Se escuchan cantos de gallos)
Mujer: ¡Mira chico, este es el colmo! ¡Desde ayer te fuiste y ésta es la hora ´e llegá! ¿Dónde estabas metío?
El Cazador: Tábamos cazando con mi compadre Pancho, pero no juegue perdí tos los tiros que hice; yo creo que los muchachos me le están jurungando con el deo las heridas de los últimos animales que he matao. 
Mujer: No hombre, déjate de está creyendo en agüeros, lo que pasa es que el mejor tiro se pierde. 
El Cazador: ¿Y los sutes, cómo están?
Mujer: Juan, con una aventazón que vuela; María, no durmió en toa la noche, con unos sabañones; Miguel Antonio, por ´ta sacando los cochinos del conuco se le zampó un hueso ´e sapo en un talón, los demás tan´ hay, más o menos.   Y “yo” con el dolor de muela, verdad, porque tú no estabas conmigo.  Viejo, es que me jaces mucha falta.
El Cazador: Y tú a mí, no juegue, anoche ni dormí.
Mujer: Pensando en “yo”, ¿verdad?
El Cazador: No, chica, la plaga que casi me come vivo.
Mujer: Vamos a dormí, debes de venir cansao.
El Cazador: Bien seguro, pero amor con hambre no dura, voy a ver si es verdad, que hoy se me va escapá el venao ése, resabiao que se la pasa comiendo en La Calceta del Muerto, ese muérgano como que sabe le y escribí. La otra vez me lo jayé, me le metí bien escondío por detrás de un matapalo gacho y cuando lo tenía a tiro, desapareció como por arte de magia, parece que se lo hubiera tragao la tierra.
Mujer: Ten cuidao con ese bicho, mira que no es la primera vez que el pecao malo se les ha presentado a los cazadores en forma de animal.
El Cazador: Esos son cuentos regozaos chica, más arriesga el venao que él que lo tira.
Mujer: Bueno pues más vale que te cuides; guerra avisá no mata soldao, y si lo mata es por descuidao.
El Cazador: Dame otro guayoyito, búscame la cajeta del chimó porque me voy, barco parao no gana flete.
Mujer: ¡Cónchale, vale! ¿Y te vas a dir asina? ¿Y las vacas, quién las va a ordeñá? Ahí tan en el corral, más afaná que un chingo chupando caña.
Narrador: El bramar de las vacas se confunde con el berrido de los tereritos, que en coro piden su alimento y la ansiada libertad de juguetear en la orilla del estero. El Cazador alista el rejo y la totuma, y queriendo saber la audacia y facultad de su hijo como becerrero le dice al compás de la tonada del ordeñador:

Cazador: En medio de la laguna
se sacude, y aletea
sin temerle al aguacero
al viento ni a la marea
jala vieja, Yaguazo.

Hijo del CazadorYaguazo, Yaguazo
ahí le va pa´ que se divierta.

Cazador: Por muy catira que seas
no le temas al carbón
que en la cocina se quema
cuando ´ta junto al fogón
póngasela vieja, póngase.

Hijo del CazadorLimpion, Limpión;
coge papa pa´ que se arrope y sude
y sígame hablando por señas
aunque no soy sordomudo.
Narrador: El grito del becerro, el canto del ordeñador, los relinchos del caballo en el potrero, el tropel de los burros en el paradero y el arrullo del chorro al caer en la totuma, forman un cuadro típico mañanero del llanero legendario y así el Cazador termina su faena rutinaria. Con paso acelerado, el Cazador, en compañía de su perro chucuto y zato, bordea las orillas de los callados montes. Cruza el caño por El Paso de Las Ánimas y prosigue en busca de La Calceta del Muerto, una figura flotante acaricia las copa de los árboles, es la figura que uno ve en las pasadillas y que parece que lo abrazan; Era la figura del sol veranero, que se proponía surcar de lado a lado el lienzo embrujador de la inmensa llanura. Diademas de garzas y corocoras pintaban un jardín de mil colores en el movible mundo de las nubes, a sus espaldas se divisa no muy lejos su casita de palma, mecida por el horizonte, resguardando bajo su techo el primer y único amor de su vida; A Cupertina. Poseído por el embrujo de los campos silvestres se interna en el corazón oscuro y tembloroso de los montes, unos ruidos extraños le hacen detener la marcha y los fuertes quejidos le erizan todo el cuerpo, el perro con la cola entre las piernas y aullando emprende en veloz carrera el regreso a casa. El Cazador pone los cinco sentidos en espera de los acontecimientos. Los quejidos se oyen cada vez más fuertes, parece que brotaran por la planta de sus pies, al fin su mirada sutil, como ave de rapiña, descubre el autor de tales hechos; es un venado, un venado negro que hecha chispa por los ojos, que la asadura le arrastra por el suelo, recogiendo con ella las hojas que el verano ardiente ha depositado en los rastrojos. Su valor es más fuerte que la sombra. Se lleva la escopeta al pecho, pero hay una voz que le dice:
El Diablo: ¡No me mates, Cazador! 
Narrador: Al buscar la mira para afinar la puntería es tanto el nerviosismo que el disparo sale antes del tiempo. El animal se detuvo a poco pasos, y con voz de ultratumba lo amenaza:
El Diablo: ¡Criminal! Hoy ha llegado el día de pagar tus deudas y saber el dolor que trae la muerte.
Narrador: Olor a cacho, a cacho quemado. Esto condujo al cazador a un sueño misterioso y al despertar se encontraba en un viejo castillo invadido de lechuzas y murciélagos, aullar de perros, gemidos de dolor se oían en contorno de la mansión macabra.
El Cazador: Esta no es la tierra en que yo pensaba morirme.
El Diablo: Pues no se muera. Soy el Diablo y te he traído a  mis dominios para que hagamos un trato; a cambio de tu alma te haré el más rico y poderoso de la tierra, pero antes, tenemos que poner ciertas condiciones. Primero el documento deberá ser escrito con la propia sangre de tus venas, y la piel del hijo que lleva tu mujer en el vientre, tienes que matarla, desuella al crío y te devuelves.
El Cazador: No, no eso nunca. ¡Ay, Dios mío! Padre Nuestro, Dios te salve, María, creó en…
El Diablo: Cállate blasfemo, o te mato ya.
Narrador: Lo vio amenazante, enfurecido, orejas puntudas, uñas largas y una cola que le arrastraba.
El Diablo: Mira, mundano, quiero que sepas que esta tierra es mía, que la tengo sembrada de fantasías y muerte, esos coros que se oyen son mis almas; que el crimen, la ambición y el vicio hacen que cada día aumenten  mi rebaño. Tú estás en mi poder, me has desafiado y sólo tu facultad te salvará.


Diablo: Coplerito del ayer
llegaron los malos tiempos
y antes del amanecer
pa´ mí ya eres hombre muerto.
Cazador: No creo que pueda correr
la agua más fuerte que el viento
tampoco debiera ser
la muerte sin sacramento.
Diablo: Si me vas a responder
sin arrogancia y talento
me vas hacer enfurecer
porque yo no como cuento.
Cazador: Yo sé lo que debo hacer,
no se impaciente, maestro, 
tan sólo con mi mujer
le tengo miedo a los pleitos.
Diablo: Comprende que a Lucifer 
le sobra el entendimiento 
como enemigo; sulfuro,
y yo no tengo sentimiento.
Cazador: Yo no he podío conocer
quién me domine en el verso
ni el pecado que al nacer
no se borre con el rezo.
Diablo: Si me vas a responder
con palabras o con hechos
le va a tocar que perder
el chivo con el cabestro.
Cazador: Usted, debiera saber
que el coplero es un violento
que al cumplir con el deber
peca en el arpa redimiendo.
Diablo: Le voy hacé una pregunta, 
cantador falta ´e respeto
¿Por qué la luna se ajunta
de noche con el silencio?
Cazador: A mí ninguno me asusta
si me preguntan contesto
sé que a la luna le gusta
andar sola, por supuesto.
Diablo: Ya que tú eres cazador
me vas decí al momento
y el animal más veloz
que en la montaña es subiendo.
Cazador: El conejo a lo mejor
duerme con el ojo abierto
pa´ que diga el tirador
que el conejo ´ta despierto 
Diablo: Vas llegando cazador
al sitio de los tormentos
donde se extingue el amor
y se quema el argumento. 
Cazador: Mientras yo sea cantador
y el Llano me dé su aliento
no hay condición ni temor
porque yo lo represento. 
Diablo: Coplero que sin decoro
canta a pie del instrumento
no sabe  dírsele a un toro
ni pegá un lazo violento. 
Cazador: El Diablo se volvió loco,
está vencido y molesto
vencer un toro es un robo
y el caballo es el pretexto.
Diablo: ¿Cuál es el río más potente,
que a pesar de los tiempos
va llevando la corriente
al lugar del nacimiento? 
Cazador: Y agua abajo van los ríos
sin ningún presentimiento
pero el mar embravecío
guarda lo que llevan dentro.
Diablo: Si naciste aprendido
contéstame con el verso
¿Cuál otro ser ha podido
dominar el universo?
Cazador: Y el señor que está en el cielo
su padre que fue el maestro
nos dieron para consuelo
un alma dentro del cuerpo.
Diablo: Con ese vocabulario,
fanfarrón y deshonesto
ni que reces un rosario
se va a salvar del tormento.
Cazador: Si con palabras lo agravio 
 y hasta la muerte merezco
Jesús murió en El Calvario,
sufriendo, pero contento.
Diablo: Ya que te las da de viejo 
y te crees el más perfecto
¿Dígame cuál es el modo
de salir de este aposento?
Cazador: Sabe que si me dispongo
sabiendo donde me encuentro
que me voy y le respondo
rezándole un Padre Nuestro; 
“Padre Nuestro, que estás en el cielos, santificado sea tu nombre; venga tu reino,  hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal; Amén”. 
Narrador: Y dice la leyenda que la mansión macabra se la tragó la tierra; que el Diablo, persiguiendo al Cazador corrió como diez leguas y que la misma aurora lo salvó del infierno, cuando extendió su canto el gallo pasionero.

NotaEsta leyenda fue tomada del Trabajo de Investigación; ANÁLISIS DE FIGURAS ESPECTRALES EN EL CORRÍO Y LEYENDAS DEL   CANTO LLANERO TRADICIONAL de Isaías Medina López, Duglas Moreno y Carlos Muñoz. Aprobado en la UNELLEZ y OPSU

Leyenda de Juan Machete (Versión original completa) José Jiménez “el Pollo de Orichuna”

Imagen en el archivo de "Canal Llanero"

Director artístico: Juvenal Rodríguez.   Luis Gallardo Oberto (Narrador). José Jiménez (El Viejo Atanasio, coplero 1, Los Indios, Regino el Caporal, La Mujer que llora, y voz cantada de Perunga). José Alí Nieves (Nicodemo). Richard Pérez (El Nieto). El Catire Platanal (El Ahorcado y Rumalda). Joseíto Romero (Teresio Parra “El Visitante”). Pedro Rodríguez (Voz hablada de Perunga). Jesús Colmenares (El Espanto de la Pica y segundo narrador). Elio Álvarez (El Muerto). Gisela Silva y Magdalena Guerrero (Las Mujeres). Conjunto: Joseíto Romero (arpista), Elio Álvarez (cuatrista), Jesús R. Colmenares (maraquero) y Abrahán Marrero (Bajista). 

Atanasio: Vieja, vieja, levántate vieja, y haces el trago de cafecito, que el trabajo hoy es duro, caray.
Narrador: Son las seis de la mañana, el viejo Atanasio se levanta con su cuatro en ristre, cantando coplas como todo buen llanero, mientras tanto, su mujer le hace el tinto, el traguito de café, para luego dirigirse a la dura faena.

Coplero 1Tenía tiempo que no oía
pitando afuera en el campo,
pitando afuera en el campo
el torito pitador
padrote en todo estos campos,
padrote en todo estos campos
y dicen que fue el culpable
de la muerte de Juan Pancho,                                                  de la muerte de Juan Pancho
me dicen los que lo han visto
que el torito no es muy alto,
que el torito no es muy alto
pero que es negrito tinto
con los dos cachitos blancos,
con los dos cachitos blancos
tiene crin como una bestia
y el rabo bien largo y ancho.

Narrador: Pero, alguien habla en el tranquero.
Teresio: Epa, compañero, ¡ah! paisano, buenos días.
Atanasio: Ajá. ¿Quién es?
Teresio: Un visitante.
Atanasio: ¿Y qué quiere, mijito?
Teresio: Bueno, yo quiero hablar con usted.
Atanasio: ¿Conmigo?  ¿Y quién es usted?
Teresio: Sí, con usted, mire señor, yo soy el único heredero del finado Juan Pancho el dueño de estas tierras y según los documentos aquí se llama La Marranera y vengo a refundar el hato las Cañas Bravas.
Atanasio: ¡AAA, Ajá! Usted, ¿viene a posesionarse del hato las Cañas Bravas?
Teresio: Sí señor, y fundaré La Aurora y El Ilustre.
Atanasio: ¡Mire, don! Aquí han venido muchos con ese plan y no han durado ni dos días.
Teresio: Y usted, ¿ piensa que voy a hacer lo mismo?
Atanasio: Bueno, yo no digo nada, después lo verá.
Teresio: Mire señor, yo quiero, que usted, me ayude a conseguir unos obreros para empezar desde ahora mismo.
Atanasio: ¡Muy bien, señor! Muy bien, yo tengo aquí unos indios que son muy buenos trabajadores, caray, pero espere el cafecito mientras llegan, ah Romualda, Romualda.
Rumualda: ¿Qué fue, viejo?
Atanasio: Vení acá pa´ que conozcáis al nuevo dueño de las tierras de Juan Machete.
Rumualda: Ah, y, ¿cómo se llama ese joven?
Teresio: Yo me llamo, Teresio Machetico.
Rumualda: Pues mira, Machetico, por aquí todo el mundo sabe que el ánima de Juan Machetote no deja vivir a nadie en esas tierras.
Teresio: Y, ¿cómo saben que es el ánima de él?
Rumualda: Pues bueno, desde que desapareció comenzó a salir un espanto con un machete terciao, así mismito, como era él.
Teresio: No, no, no les voy a creer; ustedes, los que viven por aquí viven asustados y creyendo en fantasmas raros, ¿dónde están los indios? que voy a empezar desde una vez.
Narrador: Así comienza la historia de Juan Machete, nombre que le dieron por apodo, allí en sus regiones, porque  siempre llevaba un machete terciado y enfundado en una cubierta de cuero crudo, pero su nombre verdadero era Juan Francisco Ortiz y a sus tierras las llamaban La Orticera, mientras Teresio Parra viene con documentos falsos, enrumba sus pasos hacia el hato las Cañas Bravas en compañía de los indios, el viejo Atanasio le cuenta a su nieto.
El Nieto: ¡Abuelito! ¿Qué es lo que pasa en ese hato viejo Las Cañas Bravas?
Anastasio: Jum, ¿que qué es lo que pasa?
El Nieto: ¡Si! Porque mi mamá me dijo que si iba pa´ allá  me  iba a pegá.
Atanasio: Bueno Rocito, mire  hijo  lo que pasa es que el finado Juan Machete, hizo un contrato con el Diablo, con tal que lo hiciera rico millonario de un día pa´ otro, le entregaba  la vida de él,  de la  su mujer y los  hijos también y así mismo fue; el día que cerraron el contrato apareció en el paradero un toro negrito tinto con los cuatro cascos y los cachos blanquitos, y pegaba  tres pitíos a las doce de la noche que ese otro día amanecía ganao en la sabana, mira, que Juan Machete vendía hasta mil novillos de un solo color, pero Juan Machete, después que se hizo millonario quiso tracalear al Diablo se puso hacer sacramento, promesa, bautizando a todos los muchachos que nacían por ahí en la región, hasta que un día se empeñó de herrar “el toro del pacto”, pero ese día desapareció.
Narrador: Los indios conocedores del suceso le cuentan al nuevo amo.
Los Indios (a): Ay, compay ¿Usté cómo que los va a pelalo?
Los Indios (b): No chico, todavía me falta uno buen rolo,  Sinforoso  sí lo va a pelalo ya.
Los Indios (a): ¡Ah, Sinforoso! Usted, ¿y cómo que lo va a pelalo ya?
Los Indios (c): No compae, yo lo fuera pelao, pero me salió un eschipitero que me arde la cañilla y los pies.
Los Indios (a): ¿Cómo  no le  sale la botija, ésa de Juan Machete?
Los Indios (b): Mira allá: ¿cómo que viene el patrón?
Teresio: Ya está bueno muchachos, ¡caramba! Ustedes son buenos trabajadores, les ha rendido bastante, bueno vámonos para adentro que ya no tardan unos llaneros con un ganao. ¡Allá vienen, miren!
Coplero 1: Aaa, ajila, ajila novillo
la corraleja te espera 
tienes un nuevo dueño
que te cambia por moneda.
Otro vaquero: ¡Hey, hey, hey, hey!    Allá va la vaca, compadre.
Narrador: Son las seis y media de la tarde cuando,  Regino,  el caporal de sabana y un grupo de llaneros llegan con un  ganado, pero al momento del encierro salieron como cincuenta negritos y no supieron de dónde, los caballos tumbaron a los jinetes y el ganado envuelto en una nube de tierra se perdió en el barajuste.
Regino: Caramba, será verdad lo de la vieja Romualda.
Los Indios: Bueno, amo, dicen que el finado Juan Machete ´bía hecho uno familiar.
Teresio: ¿Cómo es eso de  que  familiar?
Los Indios: Bueno, que agarró un gato y una gallina y los enterró vivo un Viernes Santo en la noche y cuando lo va a sacá había una negraíta que lo bautizó con el nombre de una persona, rezándole un credo al revés en cada negrito que sacaba.
Teresio: ¡No hombre, indio, no creas en tonterías!
Regino: Bueno, mi amo, eso es lo que dice todo el mundo por aquí, y usted, no ha visto nada , aquí sale una gatamenta aullando con el rabo prendido y dicen que  ique hay una plata.
Teresio: Bueno, esa plata la vamos a sacá, pero primero pásame aquel cuatro para cantarte un golpe muy sabroso que llaman zumba que zumba.
Regino: Patrón , ¿y usted es músico?
Teresio: Y canto muy bien también, muchachos, no se aflijan que ese ganao lo agarramos mañana:
Me dicen que en esta tierra
hay plata por demasiado
que el finado Juan Machete
y que era un hombre apretado
que tenía su familiar
y contrato con el Diablo.
Yo quisiera hablar con él
pa´ sacarlo de pecado
pa´ que descanse  esta gente
que siempre están asustados
por que yo no ando comiendo
de esos cuentos inventados.
Vengo de tierras lejanas
traigo mi trompo enrollado
de fundar Las Cañas Bravas
y El lustre por otro lado
donde mandaré a Regino
como jefe y encargado.
Lucharé con los espantos
no debo é ser derrotado
como otros que han venido
y salen esmachetados
pueden salir cuando quieran
porque yo estoy preparado.
Teresio: ¿Qué te parece, Regino?
Regino: A mí, me parece muy bien, pero yo tengo ganas de irme a casa del viejo Atanasio.
Teresio:  Pero ¿por qué, chico; me va dejá sólo? Los indios ya como que se fueron.
Regino: Sí, y Sinforoso me estaba contando que aquí llega un hombre alto con un machetote terciao y le cae a planazo la gente que esté durmiendo aquí y en El ´lustre pasa lo mismo, que ique ven una mujer llorando desesperadamente con uno muchachito en los brazos.
Teresio: No hombre chico, eso es mentira; ¿tú vas a creer en esas tonterías? Yo no creo en eso.
Regino: ¡Mentira! No crea, usted, pero yo sí creo, y toda la gente de por aquí cree.
Teresio: No, hombre, lo que pasa es que esa gente siempre están pensando que los van asustá. (Efecto especial: se escuchan dos silbidos cortos)
Regino: Escuche, escuche.
Teresio: A bueno, pero, vale te vas a morir de miedo, ese es un pájaro.
Narrador: Los llaneros que hasta el momento se encontraban en el hato Las Cañas Bravas, se fueron rumbeando para la casa del viejo Atanasio, donde no faltaba la parranda y el joropo se iba al compás del pie ligero de una muchacha bonita.
Regino: Bueno, patrón, vamos a divertirnos un rato a casa del viejo Atanasio, hay un poco de muchachas que vinieron de Guaratarote.
Teresio: ¿Verdad chico, y son bonitas?
Regino: ¡Si son! Hay unas con el pelo amarillito, a lo mejor, usted se enamora, párese pa´ que vamos.
Teresio: ¡Sí hombre, chico, vamos! Pero, tienes que venirte conmigo ahora.
Regino: Sí hombre, yo lo acompaño así amanezca planeado sin saber de quien.
Narrador: Se dirigieron el peón y el amo hacia el rancho del viejo Atanasio donde se oía el arpa y un cantador de corríos.

NicodemoSabanas de La Orticera
en peligros de lejura
quién pudiera ser la brisa
que envuelve la noche oscura
pa´ descubrir los espantos
que atropellan con bravura
y se apoderan también
de inocentes que deambulan
en la espesura del monte
y la sabana desnuda
se oyen  silbidos y lloros
que en los oídos retumban
antes de cantar el gallo
hay algo que nos perturba
atravesar los follajes
en la fiel cabalgadura
porque una mano quemante
aprieta la encolladura
dejándonos sin alcance
a la vista casi turbia
la garganta sin sonido
y la lengua casi muda
dejar de pecado negro
muchas vece es lo que abunda
en las personas que mueren
y quedan en la aventura
asustando  los vivientes
que tienen el alma pura.
Regino: ¡Caramba compañero! ¿Y de qué le aprendió, usté, eso?
Nicodemo: Bueno, eso lo canta toda la gente por aquí.
Las Mujeres (a): Nicodemo, cantano el corrío de Juan Machete.
Las Mujeres (b): Verdá, Nicodemo, a nosotras nos gusta mucho.
Las Mujeres (a): Ay chico, ese corrío es bien bueno, cantánoslo.
Nicodemo: ¡No! chica, mira que cada vez que canto ese corrío los espantos se ponen bravos, y ustedes, tienen que irse ahora y allí en la pica sale un espanto muy feo.
Las Mujeres (a): No hombre, Nicodemo, no seas malo cántanos el corrío, papá siempre nos lo canta, pero él no se lo sabe muy bien.
Nicodemo: Es que ese corrío hay que cantarlos entre dos.
Las Mujeres (a) Pues, ahí está Perunga, que también se lo sabe.
Nicodemo: Perunga, vente vale, vamos a complacer a estas mujeres.
Perunga: Bueno, arránquese adelante.
NicodemoJuan Pancho se llamó el hombre
del suceso misterioso,
del suceso misterioso
se hizo rico millonario
de un motivo escandaloso,
de un motivo escandaloso
me cuentan los que lo vieron
que era bastante ambicioso,
que era bastante ambicioso
parece que este señor
tenía el cerebro vidrioso,
tenía el cerebro vidrioso
hizo pacto con el Diablo
para ser más poderoso,
para ser más poderoso
se dirigió a la sabana
un Martes Santo en la noche
donde no cantaba gallo
por ahí como a golpe ´e  doce
rezando un credo al revés
con un tabaco en la boca.

Perunga: “Satanás te necesito,
Satanás te necesito
te quiero hacer un negocio
yo te entregaré la vida,
yo te entregaré la vida
cuerpo y alma en amor propio”
en esto llegó el Chivato,
en esto llegó el Chivato
luciendo un brioso potro
“Aquí estoy para servirle
por lo rápido y más pronto
te haré rico y millonario
sin que tenga ningún costo
tus hijos y tu mujer
pa´ que lleguemos al tope
tienen que ser también
sardinas del mismo pozo”.

NicodemoEl hombre convino el trato
y pa´ trabajar más sabroso,
pa´ trabajar más sabroso
le propuso un familiar
de cincuenta y dos morochos,
de cincuenta y dos morochos
el Diablo le dio instrucciones
de que agarrara un pipote,
de que agarrara un pipote
un gato y una gallina
y les cociera los ojos,
y les cociera los ojos
también un gato cotiza
metido dentro un coroto,
metido dentro un coroto
y los enterrara vivos
un viernes como a las ocho
en un sitio solitario
y bastante silencioso
que los iban a sacar
el primer lunes de agosto.
Perunga: Cuando destapó el entierro, 
cuando destapó el entierro
estando muy animoso
le salió una negraita
le salió una negraita
que brincaban angustioso
todos entre machos y hembra,
todos entre machos y hembra
se formaron como monstruos
y le dijeron “Mi amo
somos tus hijos propios
que venimos ayudarte
a tu trabajo pesaroso
y en cada paso que des
puedes contar con nosotros
mandados del “Capitán”
a tu contrato rumboso”.

NicodemoEl hombre los bautizó
con nombres que desconozco,
con nombres que desconozco
lo cierto es que al encargado
lo puso Constantinoplo,
lo puso Constantinoplo
ahí se regaron todito
en la sabana y el monte,
en la sabana y el monte
y al día siguiente llegó
un torito de padrote,
un torito de padrote
aparecían los rebaños
de ganado muy frondoso
y lo mismo que las bestias
aparecían por gandotes
la tierra de cada atajo
era de trescientos potros.
Perunga: Ahí fue cuando Juan Machete,
ahí fue cuando Juan Machete
cundido de morocotas
con tres hatos millonarios,
con tres hatos millonarios
fundados en tierra propia
enterró un cajón de plata,
enterró un cajón de plata
de suma muy numerosa
del pactó que nos dejó
es lo que ahora nos consta
que siempre ven una estatua
de corona iluminosa
y es el medio ´e la sabana
en donde la misma brota
y sembró como señal
cuatro palmitas morochas.

NicodemoY puso en cada tranquero
cuatro cruces bien grandotas,
cuatro cruces bien grandotas
temiéndole a Satanás
la confirmada derrota, 
la confirmada derrota
mandó hacer un nuevo hierro
de una cruz con una jota,
de una cruz con una jota
pero cuando pensó errar
todo el ganao de su flota,
todo el ganao de su flota
no se encontró ni una res
y ni la plata tampoco,
y ni la plata tampoco
tan sólo encontró en el toro
bramando como furioso
y se cansó de llamar
al negro Constantinoplo
pero éste no respondió
y nadie de sus escoltas.
Perunga: Juan Machete que pensaba,
Juan Machete que pensaba
seguirlo con la marosa
el toro corrió hacia el monte, 
el toro corrió hacia el monte
despavorido en galopa
y cuando éste lo alcanzaba, 
y cuando éste lo alcanzaba
en una forma horrorosa
lo mató arriba del caballo
de una cornada espantosa
tres hombres que lo siguieron
les pasó la misma cosa
se perdieron para siempre
en el monte ´e  La Tascota
ahí fue cuando esta llanura
se convirtió en asombrosa.
Nicodemo: Cuando los más que quedaban
corrieron a prisa loca,
corrieron a prisa loca
miraron al lustre ardiendo
de una punta hasta la otra,
de una punta hasta la otra
y desapareció todo
de forma muy misteriosa,
de forma muy misteriosa
cuentan que algunos arrieros
que esta cosa es peligrosa
que esta cosa es peligrosa
quedarse en un hato de esos
donde los espantos roncan,
donde los espantos roncan
todo aquel que ahí duerme
le llega un muerto y lo ahorca
y dicen que han visto un hombre 
alto y de faja lustrosa
con un machete en la mano
y se le oye el plan que retoza.
Perunga: Que todo esto fue verdad,
que todo esto fue verdad
me contó Juan Espinoza
que hay un dinero enterrado,
que hay un dinero enterrado
y no sabe a quién le toca
y el que lo quiera sacar,
y el que lo quiera sacar
según el muerto que esboza
quien aguante tres planazos
sin tener nada de ropa
y tiene que ser también
persona muy religiosa
pa´ poder sacar de pena
estas regiones monstruosas
pero todo el que  ha intentado
en la carrera se esboca.
Narrador: La vieja Romualda, temiendo que los espantos se revelearán contra ellos se dirige con voz asustada a los presentes. 
Rumualda: Ya está bueno muchachos, no toquen más, esa noche está muy oscura y las muchachas tienen que dirse,  caray, en esa pica asustan bien feo, yo tengo miedo.
Narrador: Nicodemo es el encargado de llevar a las muchachas, pero cuando van llegando a una mata conocida en el Llano con el nombre de aceite y que se encuentra en el medio de la pica, los gritos desgarradores estremecen el ambiente.
El Espanto de La Pica: Aaaaay, aaaay, aaaay. 
Rumalda: Atanasio, Atanasio, viejo Atanasio asustaron a las muchachas.
Virgen Purísima Bendita
Santísima Trinidad, 
San Marcos de León,
tú que fuiste que amansaste
a la draga  y al dragón
aléjanos estos espantos
y sácame de este terror.
Las Mujeres: ¡Ay, ay, ay, ay! ¡Qué espanto tan feo!; era un hombre sin cabeza guindando por los pies de la rama del palo y un perrote echando candela por la boca. 
El Ahorcado: Sería más feo que yo, ja, ja, ja (se oyen gritos de miedo).
Narrador: Hombres y mujeres quedan en silencio, mientras Terencio Parra, el caporal y otros más se encuentran en el hato, hato viejo, el hato Las Cañas Bravas.(Se oyen ronquidos y silbidos)
Regino: Patrón, patrón, prenda la lámpara patrón, que aquí me está tocando uno con la mano muy fría, pero párese rápido, patrón. 
Teresio: Bueno, si la estoy buscando y no la encuentro. No me mate, no me mate, suélteme por favor. 
El Muerto:  Aaaaaaaaayyy, yayaaaaaayy, Dios mio, sáquenme de pena. Aaaaaaaaayyy,   sáqueme este de este infierno, Aaaaaayyy, yayaaaayy no me dejen quemar, ¡por favor! 
Narrador: La historia de Juan Machete se conoció hace mucho, pero  mucho tiempo, en labios de copleros, vecinos y conocedores de la región, la conseja decía que se oía a una mujer llorando, una mujer que se convirtió en espanto la noche en que los hatos se vistieron con ropaje de fuego desvastador, noche en que pereció  el nuevo amo de las tierras de La Orticera y todos sus seguidores, los llantos se hicieron más atemorizantes,  extendiéndose por toda la región, muchos abandonaron sus ranchos y con ellos;  su tierra, los que quedaron hicieron nuevos  caminos para escapar de aquella mujer que con un niño en brazos y rodeada de espantos no cesaba de azotar aquella región, pero por mucho tiempo aquel llanto seguía azotando la llanura. 
El Muerto: Aaaaaaaayyy, aaaaaaayyy Dios mío, sáqueme de pena; aaaaaay, aaaayy, sáqueme de este infierno. Aaaaaaayyy, yayaaaayy, no me dejen quemar por favor.  
(Efectos especiales: Prosiguen largamente; alaridos, aullidos de perros y sonidos de machetes profiriendo planazos)

Nota: Esta leyenda fue tomada del Trabajo de Investigación; ANÁLISIS DE FIGURAS ESPECTRALES EN EL CORRÍO Y LEYENDAS DEL  CANTO LLANERO TRADICIONAL de Isaías Medina López, Duglas Moreno y Carlos Muñoz. Aprobado en la UNELLEZ y OPSU

LA LEYENDA DE JUAN MACHETE (Sonido original)