lunes, 11 de mayo de 2020

Sobre la migración venezolana. Textos de Francisco Aguiar


No hay dulce que aminore la nostalgia por el suelo natal.
Imagen en el archivo de Ana Herrera, Las Vegas, Cojedes




La inevitable muerte
En estas líneas trataré a la inevitable muerte como parte de nuestro fenómeno migratorio: porque merece una consideración especial y porque nos afecta de tal forma que ya no podemos ser los mismos.
La contra parte de la vida al separar, paradójicamente, une. Cuando alguien fallece, por lo general: los amigos, los familiares y los allegados van a su encuentro para brindarle – bajo la religión que profesen o la creencia que alberguen – el último adiós… último adiós que, entre otras cosas, logra que los seres queridos se consuelen entre sí.
Privarse de esto genera emocional y psicológicamente problemas. Privarse de esto ahonda el duelo, genera pesar.
La mayoría de los que enfrentamos – a diario – esta privación; sabemos en carne propia lo que acarrea no ser consolado ni consolar… lo que acarrea la impotencia de querer estar y no poder estar… lo que acarrea llorar a un ser querido a cientos o miles de kilómetros.
Cuando algún migrante perece, ya sea de forma violenta, natural o por accidente, por los costos excesivos que genera el traslado la familia no puede repatriar los restos, ni mucho menos viajar… ¿cómo podría viajar si las más de las familias venezolanas apenas tienen para comer? Por ello, en la prensa no es raro encontrar notas como esta: 
 Buscan a los familiares / En la morgue de Medicina Legal permanece el cuerpo de Pedro Pérez, oriundo de Caracas – Venezuela, quien hasta la fecha no ha sido reclamado. El cuerpo ingresó el 20 de mayo de 2019 y desde ese día, nadie se ha dado a la tarea de reclamarlo. Para mayor información llamar al teléfono…”.
También están, en la misma condición, los NN (Ningún Nombre), es decir, los que al momento de perecer no contaban con ningún tipo de identificación: llámese cédula de identidad, carnet fronterizo, o pasaporte. Es duro decirlo: la mayoría de los cuerpos no son reclamados y terminan en fosas comunes. 
Cuando algún familiar, amigo, o conocido de un migrante muere, ya sea porque no cuenta con los recursos económicos para despedir al ser querido, o porque el vuelo no salió, o porque cerraron (como siempre cierran) la frontera, o qué sé yo; el migrante se queda con la nostalgia de no haber acompañado al ser amado y con la frustración de no poder remediar este hecho. 
Imagínense el dolor de una madre que, por estar en Aragua, no pudo ver por última vez al hijo que murió en Montevideo. Imagínense el dolor de una hija que, por estar en Madrid, no pudo ver por última vez a la madre que murió en Nueva Esparta.
Mi tía Alba Ruiz murió en San Carlos el 17 de abril de 2019 y por estar en Cartagena no pude darle el último adiós. Su muerte no me unió con mis seres queridos. Como dicha unión no fue posible me privé de ese consuelo. ¿Comprenden que gracias al fenómeno migratorio la inevitable muerte tomó un cariz más doloroso? ¿Comprenden que para nosotros, los venezolanos, se ahondó el pesar?   

La inevitable vida
Estudios demuestran que cuando hay guerras, crisis económicas, desastres naturales, en fin, cuando la vida humana se ve amenazada… la tasa de natalidad crece exponencialmente.  Por ello, no es descabellado pensar que en este lustro – lustro donde se ha acentuado la crisis venezolana más alarmante de su historia – el número de nacimientos de nuestros niños, ya sea en Venezuela o en exterior, ha crecido a ojos vistas.
En Cartagena, ciudad de la que hago parte, nacieron, según el diario El Universal, 553 niños de padres venezolanos en 2018 (290 de sexo masculino y 263 de sexo femenino) y este año, por lo que veo, la cifra se duplicará. Ahora, háganse a la idea de cuántos han nacido en cada una de las ciudades del mundo donde existe nuestra migración o en la mancillada Venezuela del 2014 a la fecha. En Venezuela se ha acrecentado la muerte, pero por esto mismo se ha acrecentado la vida. La naturaleza brinda mecanismos para que la raza humana se conserve.
Para dar algunos ejemplos puntuales, mencionaré a mi sobrino Luciano Aguiar Rojas, que nació en San Carlos estado Cojedes hace apenas unos días… nació en el recrudecimiento del problema de la energía eléctrica y de las manifestaciones, pero su nacimiento es un haz de luz para mi hermano Miguel y el aliciente para que persevere en la adversidad.
También mencionaré a Daniangel Saúl Marcano, hijo de mi primo Luis Daniel, que nació hace unos seis meses en Medellín – Colombia. Me imagino que mi primo, en su vida, jamás pensó que tendría un hijo colombiano. Pero lo tuvo, y va creciendo como símbolo de esperanza.
La inevitable vida se percibe a cada paso. Nuestras mujeres se entrelazan con nuestros hombres o con los hombres del país que el destino les deparó. Nuestros hombres se entrelazan con nuestras mujeres o con las mujeres del país que, gracias a la diáspora, les tocó habitar. Así recomienza la historia.
Queramos o no, la busquemos o no, la inevitable vida prevalecerá.

La nostalgia de la tierra
El venezolano no era dado a migrar, si salía al extranjero era en son de turista, por cuestiones de estudio, de salud, de negocios, pero en ningún momento viajaba con la intención de erradicarse… es más, era poco dado a dejar su región de origen.
Si un merideño dejaba los andes para ir a las playas de Puerto Cabello: lo hacía en vacaciones o un fin de semana, o por algo específico. Si algún sanfernandino dejaba a su caudaloso río Apure para irse a estudiar al estado Anzoátegui, después de culminar los estudios, volvía al río de sus querencias.
La mayoría de los guariqueños crecían y morían en Guárico; la mayoría de los aragüeños crecían y morían en Aragua... ni hablar de los maracuchos, para los maracuchos la patria es su amado lago. Como bien se aprecia, nuestro denominador común es el apego a la tierra.
En el llano tenemos una máxima que dice: “El llanero va a Caracas, pero no se acostumbra a Caracas”. El llanero puede ir a New York, a Amsterdam, a Pekín, a donde sea, y no se acostumbrará. ¿Cómo se va acostumbrar si su mundo tiene estrecha relación con sus sabanas, ríos y esteros? ¿Cómo se va acostumbrar a la ausencia de un paisaje que, en síntesis, es parte de su autonomía? 
Hoy, que estoy lejos, extraño mi joropo; extraño comerme una cachapa con queso; extraño el río Tirgua; extraño el olor del mastranto, la flor del apamate, el mango bocao y al Tiramuto de mis amores, en fin; extraño saberme en casa.
Justo el día que cumplí un año de haber llegado a Cartagena me encontré, en el banco de una plaza, a una bella falconiana con los ojos nublados de lágrimas. Venciendo mi timidez habitual me acerqué a ella y le pregunté – después de unos segundos de incómodo mutismo –: ¿Le pasa algo? Respondió – con voz entrecortada –: “No me pasa nada, sólo tengo la nostalgia de la tierra”. 

Nuestros mejores talentos
El recurso más importante que tenemos – el recurso humano de los más talentosos – inevitablemente forma parte de la diáspora venezolana y, por más que se quiera, no se puede renovar con facilidad. Es triste que las personas más capacitadas, las más aptas en las distintas áreas del saber, tengan que salir al exterior por falta de oportunidades. 
Cómo se puede renovar el talento del clarinetista Daniel Simón Suárez, si pocos ejecutan el clarinete de la forma que él lo ejecuta. Daniel Simón debería estar promoviendo el desarrollo de nuestro Sistema Nacional de Orquestas, pero no le quedó otra opción que partir a Francia: vive en París desde hace tres años.
Cómo se puede renovar el virtuosismo de la cirujana Amanda Díaz, de buenas a primeras, si es una de nuestras médicas de mayor prestigio. La cirujana Díaz tuvo que posponer su sueño de especializarse en neumología gracias al descalabro político de la nación que le vio nacer. Hoy vive con su esposo y su pequeño hijo en Paramaribo – Surinam.
Cómo se consigue, a la vuelta de la esquina, a un hombre multifacético del calibre de mi buen amigo Reinaldo Jiménez. Reinaldo es periodista, abogado, docente universitario y actor de teatro. Hoy vive en Madrid – España. Ojalá que cuando la democracia se restablezca podamos realizar, en una de las salas de Puerto Cabello, el proyecto teatral que pospusimos.
Cómo se reemplaza, en corto plazo, el talento de Angélica Alvarado Páez en el área de la docencia. Angélica es una de las profesoras de matemáticas más destacadas del estado Carabobo y tristemente el país perdió este gran talento por no proporcionarle las condiciones mínimas para vivir con decoro… mi colega y amiga desde hace un año y nueve meses vive con su familia en Chile.   
Cómo se reemplaza, en poco tiempo, el talante jurídico del abogado quiboreño Anzonnick Rivero, si cierran las carreras universitarias por falta de profesores y de matrícula. (De los salones de la Facultad de Derecho de la UNELLEZ – San Carlos quedan en pie un 25 por ciento aproximadamente). El abogado Rivero vive desde hace más de un año en Perú, cuando debería estar ejerciendo el derecho en su Quibor natal.
Cómo se sustituye, de la noche a la mañana, a los odontólogos cojedeños José Gregorio Díaz y Francisbeth Aguiar, cuando la carrera de odontología es imposible de costear y cuando talentos como el de ellos no se encuentran con facilidad. Estos dentistas están viviendo en Chile y en la isla de Trinidad y Tobago respectivamente.
Cómo se suplantan a los docentes que están desparramados en el mundo. La ausencia de docentes es tan alarmante que muchos planteles educativos han optado por permitir que padres y representantes den clases para que los muchachos no pierdan el año. 
Cómo se sustituye a los cientos de miles de talentos venezolanos – en su mayoría jóvenes – que por las razones migratorias hartamente conocidas tuvieron que salir del país. Lo lamentable es que la mayoría no ejercen su especialidad en el extranjero: como es el caso del mecánico de motos de baja y alta cilindrada John Manuel Tellez, que llegó hace unos meses a la ciudad de Cartagena para trabajar en una marquetería o como mi propio caso; pasé de profesor de Castellano y Literatura a vendedor ambulante de medicina naturista. 
No sé si la cúpula que ostenta el poder en Venezuela caerá en una semana o en cincuenta años, lo que sí sé es que el enorme hueco que genera la salida en masa de nuestros mejores talentos no será fácil de llenar.

COVID-19: Pandemia que hace regresar
Si en tiempos de “relativa calma” los eslabones más débiles del entramado social viven en estado de vulnerabilidad… en época de confinamiento mundial – por el COVID-19 – los dramas humanitarios crecen de manera alarmante.
Por estos días las redes sociales están plagadas de mensajes que instan a mantenernos en casa. Esta medida sanitaria la pueden cumplir sin dificultad: los ricos, los famosos, los que tienen casa propia y ahorros, pero los migrantes venezolanos que vivimos del día a día y que de paso somos echados a la calle por no poder pagar arriendos… lamentablemente no la podemos cumplir.
No tener techo y comida es igual o peor que el coronavirus que se está extendiendo en el mundo. Los miles de migrantes expuestos al contagio en las calles de Bucaramanga, de Cali, de Bogotá y de otras ciudades de Colombia dan constancia de lo que afirmo.
Ahora bien, las mujeres embarazadas, los niños, los adultos mayores que están a la espera de que se abran canales humanitarios y los jóvenes que a la desesperada emprenden, como buenos caminantes, marchas kilométricas para llegar a casa… son los protagonistas de una tragedia que no tiene parangón en nuestra historia contemporánea.
Ojalá que esta tragedia sirva para que los jefes de Estado, de una vez por todas, se aboquen a nuestra causa democrática… pues los venezolanos soñamos con un regreso feliz.

*Este tópico fue escrito el 10 de abril de 2020 (Viernes Santo), para esa fecha habían regresado a Venezuela miles de migrantes por las llamadas trochas y por los puntos de control fronterizo cuando empezaron abrirse los canales humanitarios.

Francisco Aguiar. Escritor venezolano (San Carlos, Cojedes, 1985). Licenciado en Educación Mención Castellano y Literatura por la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora (UNELLEZ). Cursó en 2014 el Taller de Formación Teatral que auspició la Compañía Nacional de Teatro (CNT). La revista Memoralia publicó en 2015 su monólogo La Alcantarilla. En 2018 participó en el XXII Festival Internacional de Poesía Cartagena de Indias (FIPCA). La OIM – Colombia publicó uno de sus poemas, a mediados de 2019, en la antología que se titula Pido la palabra. Ha publicado entrevistas, artículos y notas en revistas, periódicos y blogs. Autor del libro El cuento más largo.


miércoles, 29 de abril de 2020

TINAQUILLO Y SUS ORÍGENES (Juan Ignacio Herrera Requena)




De nobles esfuerzos permanentes surge el amor por la comunidad, por los pueblos, por el lar nativo. Imagen en el archivo de Onel Dominguez


Tinaquillo es uno de los pocos poblados antiguos de Cojedes que no tiene una partida fiel de nacimiento. Unos historiadores señalan que su nombre es un diminutivo de Tinaco, antigua y vecina población colonial, porque se emplea el sufijo “-illo”, que como “-ito”, son usados como diminutivos; otros, como el Dr. José Ramón López Gómez, señala: “Tinaquillo es un vocablo derivado de la voz caribe “Tunapurier” (aguas fétidas), voz que está en relación con “Tunayemar” (fuente), “Tunantal o Tunantar” (boca de río). El radical caribe “Tuna” es equivalente a agua. Por lo que resulta fácil comprender que por derivación “Tinapú” “Tinapui” son palabras íntimamente ligadas al nombre Tinaco, Tinaquito y Tinaquillo; fonemas que los conquistadores españoles continuaron usando.” (1)
La mayoría de  las poblaciones del estado Cojedes han sido fundadas por sacerdotes misioneros capuchinos, entre ellas El  Pao (1661), San Carlos de Austria (1678), la Misión del Tinaco (1679), San Diego de Cojedes (1700), la Divina Pastora del Jobal (Lagunitas, 1751). Tinaquillo es una excepción entre estos casos, porque ha sido una población con voluntad propia, que fue creciendo de manera natural a medida que sus pobladores fueron creciendo en número y poblando estas hermosas y fértiles tierras.
En esta oportunidad el comienzo es sencillo, me remitiré a una parte del trabajo presentado por el historiador y antropólogo Argenis Agüero en su libro “Historia Oculta” en el capítulo “El verdadero origen de Tinaquillo”, que cito a continuación:
“…se evidencia que el primer contacto de los europeos con las tierras donde actualmente se asienta Tinaquillo tuvo lugar en la primera mitad del siglo XVII cuando varios conquistadores españoles anduvieron en esos predios: Pedro Sevilla y Antonio Luis Reyes (aunque no llegaron juntos); los dos visitaron la zona a comienzos de 1629 y posteriormente hicieron (por separado) una solicitud de tierras a Don Juan de Meneses, Gobernador y Capitán General de Venezuela, asentado en la ciudad de Nuestra Señora del Prado de Talavera de Nirgua (actual Estado Yaracuy). Dicho funcionario envió una comisión a la zona para verificar que la misma no estuviese ocupada por algún otro súbdito, y luego de comprobar que no lo estaba les concedió, en nombre del Rey de España, las tierras solicitadas. A Sevilla le otorgó el área comprendida “entre el cerro de Las Tetas, Casupo y el río Tirgua”, mientras que a Antonio Luis Reyes le concedió el área comprendida por “las sabanas de los Taguanes limitadas por los ríos Chirgua y Tirgua”, zona donde luego se asentó Tinaquillo. Veamos a continuación los detalles.
La solicitud de Antonio Luis Reyes fue por las tierras comprendidas entre “los ríos Chirgua, Tirgua, la boca de Casupo, el cerro Las Tetas, el cerro de Papelón y el boquerón de Chirgua”, con la finalidad de establecer “dos sitios para sus hatos de cría de ganado de 16 fanegadas* cada uno en la sabana de los Taguanes”. El 10 de febrero de 1630 el Gobernador Meneses comisionó al Capitán Juan Tomé de la Gala y al Escribano Público de Cabildo de Nirgua, Don Mauricio Fernández, para realizar una visita de inspección a la zona a objeto de verificar que las tierras se hallaban “valdías y realengas y no se le causaría perjuicio a los naturales” (naturales= indígenas). Dos días después estos regresaron a Nirgua con el visto bueno a la solicitud y el Gobernador Meneses otorgó las tierras al solicitante Reyes el 15 de febrero de 1630.”(2)
Y luego en el libro antes revisado, el antropólogo Agüero da su opinión al respecto, de una manera detallada, la cual transcribo seguidamente:
“El análisis de los textos citados nos lleva a concluir que el poblamiento primario de Tinaquillo ocurrió en el año 1630 cuando Antonio Luis Reyes debió empezar la instalación de sus hatos (lo cual estaba obligado a ejecutar para evitar que otro conquistador lo ocupase o hiciere otra solicitud al permanecer realenga el área). Como es de entenderse, los primeros pasos para el establecimiento del hato se tradujeron en la construcción  de casas de bahareque, el traslado desde Nirgua del ganado y demás animales (caballos, mulas y burros), aves de corral, y lo más importante: la incorporación de mano de obra, consistente básicamente en aborígenes y esclavos negros. Ahí comenzó el poblamiento inicial que con el correr del tiempo se convirtió en el pueblo de Tinaquillo, ubicado a orillas del “río del Tinaquillo”. (3)
Con el mismo sentido que da el antropólogo Agüero, y como si quisiera apoyar ese comentario, lo hace el historiador Dr. José Ramón López Gómez en su libro “Fundaciones de Pueblos de Cojedes” en el capítulo “Sobre el origen del nombre de Tinaquillo, en su aspecto “Orígenes del pueblo”, cuando señala:
“El historiador Arcila Farías, señala que para 1560 había algunos hatos en Valencia, y no es de extrañar, que los vecinos de esta ciudad y los de Nirgua, población situada al noreste buscó las altas sabanas de Tamanaco, Pegones y Taguanez, para establecer los primeros hatos en estos lugares, alrededor de los cuales comenzaría a formarse un pueblo que estaría arreglado a la presencia de algunos blancos, pardos, indios, negros y mestizos…”(4)
Y más adelante continúa el Dr. López Gómez, en el libro citado, en el aspecto “Menciones al pueblo de Tinaquillo”, señala lo siguiente:
“Según el Diccionario Geográfico-Histórico de las Indias Occidentales ó América: Tinaquillo es una población perteneciente al nuevo reino de Granada situado a las orillas y cabeceras del río Coxedes al sur la ciudad de Valencia. Este pueblo aparentemente no tiene partida de nacimiento exacta; no hay ningún documento, edicto o acta de fundación que nos haga pensar lo contrario, tampoco fue creado como pueblo de Indias, ni como misión. Por tanto, cobra cada vez más partido la idea de que este pueblo se fue formando como ya lo hemos dicho, alrededor de vecinos que juntaron sus casas y sus solares, para formar un poblado, durante las últimas décadas del siglo XVII…”(5)
Sin embargo, a pesar de estas investigaciones (más recientes) y con mayor documentación que las sustenten; en el pasado, otros investigadores habían señalado que si hubo fundación. “Las indagaciones sobre el origen de Tinaquillo nos han llevado a señalar –según el Dr. J. R. López Gómez- una serie de fechas que no constituyen un dato definitivo acerca de su fundación como pueblo; así para 1680 Fray Luis de Salavarría “funda un pueblo intermedio entre San Carlos y Valencia, al cual llamó “Nuestra Señora del Tinaquito”(6), documentación extraída por este autor del libro “Estudios Indígenas” de Arístides Rojas.
Más adelante, el mismo cronista de Tinaquillo, Dr. López Gómez, comenta también sobre otra documentación, y dice: “Por otra parte, Don Eloy Fernández, maestro que fue de este pueblo, en su trabajo “Tinaquillo ante el espejo de la Patria”, menciona que Tinaquillo fue fundado por colonos venidos del Cantón del Pao en 1705.”(7)
Indagando un poco más, sobre el trabajo de estos investigadores, vemos que toma mayor fuerza la tesis del poblamiento espontáneo de Tinaquillo. El antropólogo e historiador Agüero, en su obra citada, en el capítulo: “Tinaquillo: El origen y sus primeros años de existencia” señala al respecto:
“El inicio de actividades de esta unidad de producción agropecuaria conllevó a la ocupación del territorio y, en consecuencia, se fueron construyendo viviendas para uso de los esclavos y peones que constituían la mano de obra, conllevando al surgimiento de una pequeña aldea en la ribera del río del Tinaquillo. No se tiene información precisa de las actividades humanas allí hasta el 31 de marzo de 1734, cuando hay una referencia reflejada en la cláusula testamental N° 19 de Joseph Hernández de Villegas, donde declara que:
 Feliz Bentura Quiñones, debe trescientos y veinticinco pesos que constan de vale que tiene hecho (…) y manda se cobren con más de diez pesos de una res, y el maíz de diezmo que recogiese en el valle de El Tinaquillo, el que le vendió el otorgante al precio que dicho Féliz Bentura le pareciese”(8)
Esto da a entender que Tinaquillo tenía una población dispersa motivado a sus medios de producción, que para la época requerían de espacios suficientes para ejecutarlos. También se puede apoyar esta tesis, respaldado por la bitácora de viajero Don Miguel de Santiesteban, en su relación de viaje de Lima (Perú) hasta Caracas (1741) que reseña parte de la actividad que presenció en su viaje:
“El martes 12 partimos de Tinaco y llegamos a Tinaquillo que es un sitio que toma el nombre de un pequeño río que pasa inmediato a él, en que se han congregado algunos vecindarios de gente pobre que vive de la cría del ganado vacuno, algún maíz y legumbres que siembran, y mantienen un sacerdote prorrateando entre ellos la congrua para su sustento…” Y más adelante agrega: “Este día fue muy caluroso y nos hospedamos en casa de una mulata llamada Catalina, que nos asistió con mucho agrado; compramos una docena de pollos a medio real al recogedor de diezmos, y también hay muy buenos quesos…”(9)
Citamos de nuevo al Dr. López Gómez en su libro Fundaciones de Pueblos de Cojedes en el aparte dedicado a Tinaquiilo, “La Condición de Pueblo”:
“En el año de 1759, Fray Phelipe de Marchena, escribe al Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia, señalando que se le había nombrado en calidad de cura del pueblo de Tinaquillo, que para aquel entonces tenía 250 almas “sin concurrencia a doctrina christiana y sacrificio de la Misa en los días solemnes y calendas ni instrucción política y christiana”; y en tal razón, solicita el auxilio real y el apoyo necesario para que los indios y vecinos dispersos de aquel parage sean traídos y reducidos a población debajo de aquella campana donde puedan ser instruidos política y cristianamente, a cuyo logro aplicaré todo mi cuidado por los medios conducentes hasta que queden fundados y poblados. Hechas estas diligencias, se cumplieron los deseos del Fraile cuando el Señor Phelipe Ramírez Estenor, Brigadier de los Reales Exercitos de su Magd. Govdr. Y Cap. Gral. De esta provincia, con acuerdo del señor Tte. Gral. Dr. Joseph Ferrer así lo firmaron en auto original de despacho…” en Caracas a veinticinco de Abril de mil setecientos y sesenta años” (10)
Tomando como referencia lo citado anteriormente, en la actualidad la Municipalidad local celebra cada 25 de abril como Día de Tinaquillo; pero podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que no se puede hablar de la fundación de Tinaquillo para esa fecha.
El Obispo Mariano Martí en sus Documentos relativos a su visita Pastoral de la Diócesis de Caracas (1771-1784) Tomo II Libro Personal, describe su entrada al territorio de Tinaquillo, de la manera siguiente:
“Día 27 de dicho mes de febrero de 1781 salimos al amanecer de dicho sitio o sabana de Carabovos, pasamos el territorio o cerros de las hermanas, y a las diez de la mañana llegamos a este pueblo de Tinaquillo” (11)
Esta fecha, 27 de febrero, fue la primera fecha escogida por la Municipalidad de Tinaquillo como si fuese la fecha de su fundación y así se  celebraba, cada año, el Día de Tinaquillo. Con el transcurrir del tiempo fue modificada esta decisión. Al respecto el cronista local Dr. López Gómez, en su libro de crónicas señala:
“Esta fecha se  ha venido teniendo en Tinaquillo como fecha lustral de su existencia como pueblo, celebrándose cada 27 de este mes, la fiesta recordatoria de este hecho. Sin embargo, estamos seguros de que hay un error de tipo histórico, mal puede hablarse de un primer bautizo para esta fecha, si con anterioridad de más de 30 años ya existía iglesia y oficiantes.”(12)
Continuando con la información aportada por el Obispo Mariano Martí, respecto a Tinaquillo y sus alrededores, en lo referente a las características,  medios de producción y costumbres, al respecto dice:
“Este pueblo se compone de blancos, mestizos, mulatos, negros y también tres indios casados, aunque pueda ser que no hayga más que dos indios casados, porque de los tres ha desaparecido uno (…)
Me dice este religioso que muchos de estos vecinos tienen trapiches, aunque cortos. Unos los tienen a caballos, otros de mano, donde hacen papelones y también aguardiente, y una y otra cosa o la venden acá o la llevan al Pao. Haze acá mucha falta el tabaco con el qual compravan vestido para cubrirse y era de buena calidad este tabaco. Acá se coge maís, yuca, plátanos, arroz, algodón y algunas legumbres y todo quanto se siembra”
Y más adelante continúa sobre el tema: “Me dice este religioso que un vezino tendrá unas trescientas reses vacunas en la sabana por donde pasé desde Chirgua hasta este pueblo, y otro vezino tendrá unas ducientas reses en las sabanas de los Pegones; unos ocho vecinos tienen también algunas reses vacunas, unos diez vacas, otros veinte y otros poco más o menos. Muchos tienen su vaca de leche cerca o dentro de este mismo pueblo” (13)
Lo descrito anteriormente nos permite confirmar que por el tipo de actividad económica que se desarrollaba para la época, la población de Tinaquillo estaba dispersa y no creada alrededor de la Iglesia y la Plaza Mayor como en las poblaciones que tienen actas de fundación; sino que fue creciendo lenta y espontáneamente. Y más adelante aporta un dato importante, al respecto:
“Estas tierras donde está situado este pueblo eran de don Juan Antonio Monagas, quien tenía una capilla a la otra banda de la quebrada, separada de su casa como unas tres o quatro quadras. Siempre fue Capilla pública en donde se hazían bautismos, y este padre Vicario de San Carlos, que entonces era Teniente de Cura de la Parroquia de San Carlos, me dize que dos vezes bautizó solemnemente a alguno en dicha Capilla, y que en ella se hazían entierros” (14)
Apoyándome en la investigación de Agüero, es conveniente finalmente agregar el aporte siguiente:
“Otros datos de significación los ofrece el Dr. Eloy Guillermo González en su obra Historia Estadística del estado Cojedes (1911), en la cual hace un análisis de la información aportada por el Obispo Martí en 1781:
El de Tinaquillo era de españoles, aunque la principal población la formaban los pardos; no había negros libres, aunque sí 41 esclavos. No se supo la época, de su fundación, ni existe dato que la haga presumir, pero verosímilmente fue en los mismos años en que los misioneros comenzaron a poblar a Cojedes, a fines del siglo XVII, en la década de 1680 a 1690. Para 1769 ya el cura de San Carlos administraba los sacramentos en la capilla o iglesia de Tinaquillo.”(15)
Las documentaciones que apoyan a los historiadores e investigadores referentes a los orígenes de nuestro pueblo, más el trabajo que por años  hemos venido haciendo al respecto, nos permite inferir que Tinaquillo es uno de los pocos poblados antiguos del estado Cojedes que no tiene una partida de nacimiento, certificación de principio o acta fundacional; es una ciudad cuyo origen exacto se desconoce, aun cuando se sabe, por todos los datos aportados, que éste se remonta a la primera mitad del siglo XVII, como un poblado de generación espontánea.

JIHR/Tinaquillo 25/04/2020.
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CITAS REFERENCIALES:
(1)LÓPEZ GÓMEZ, José Ramón (1989) Crónicas del Tinaquillo de ayer. p/51-52.
(2) AGÜERO, Argenis (2019) Historia Oculta. p/12.
(3) AGÜERO, A. Ob. cit. p/13.
(4) LÓPEZ GÓMEZ, José Ramón (2001) Fundaciones de Pueblos de Cojedes. p/62-63.
(5) LÓPEZ GÓMEZ, J. R. Ob. cit. p/64
(6) LÓPEZ GÓMEZ, J. R. Crónicas del Tinaquillo…”. p/52.
(7) Idem.
(8) AGÜERO, A. Ob. cit. p/104.
(9) ARELLANO MORENO, Antonio (1970) Documentos para la Historia de la Época Colonial, Viajes e Informes. p/9.
(10) Idem. p/67.
(11) MARTI, Mariano (1998) Documentos relativos a su visita Pastoral de la Diócesis de Caracas (1771-1784) Tomo II Libro Personal. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. p/212.
(12) LÓPEZ G. Ob. cit. p/64.
(13) MARTI, M. Ob. cit. p/215
(14) Idem. p/216.
(15) AGÜERO, A. Ob. cit. p/235
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martes, 28 de abril de 2020

Leyendas llaneras (Vivencias y testimonios) 10. El Salvaje (Carmen Pérez Montero)

De las llaneras raptadas por El Salvaje apenas quedan los recuerdos. 
Imagen en el archivo de Villavo al revés 



EL SALVAJE
Esta leyenda está muy generalizada en el estado Lara, hay quienes aseguran que de allí, por ser estado limítrofe de Portuguesa, ha penetrado sus llanuras. Otros ubican su origen en Ospino, durante el siglo XIX. Hay quienes sostienen que es originaria de la zona alta del estado Portuguesa, porque en sus montañas habita este legendario animal, aseveración que sustenta la muerte del Padre Chabas quien confundido con un salvaje por los indios Cambambas y por tal razón le dieron muerte. Sin embargo, lo importante es reseñar que en tiempos pasados era usual oír a los abuelos narrar estas historias que atemorizaban a la muchachada, quienes oían con mucha atención. Esta transmisión oral permitió su popularidad en todos los confines portugueseños. Raúl Humberto De Pascuali en su trabajo de investigación titulado (La leyenda del Salvaje) aporta lo siguiente:
“Son osos frontinos (única especie de osos que habitan en Venezuela), viven en los lugares de más difícil acceso, oscuros y arbolados de las montañas; son de gran talla; parados alcanzan hasta dos metros de altura y su cuerpo puede tener hasta un metro de ancho.
Su pelaje es largo y espeso, de color negro. La especie más común tiene alrededor de los ojos unas manchas blancas, razón por la cual se denominan osos de anteojos. Su nombre científico es Tremactos Ornatos”.
Acerca de estos animales se han tejido algunas historias inverosímiles. Se dice que los machos raptan a las mujeres y las hembras a los hombres y les hacen trojas en las copas de los árboles y allí los mantienen como frutos silvestres y le lamen todo el cuerpo, pero sobre todo la planta de los pies para ponerle la piel sensible y se les haga imposible caminar y así tenerlos cautivos por el resto de sus vidas. También se dice que estos animales tienen predilección por las parturientas o mujeres en periodo de lactancia.
En Portuguesa se ha generalizado la creencia de que la carne de Salvaje es muy nutritiva y fortalece mucho el organismo. Así  mismo,  que la sangre tiene propiedades afrodisíacas y aquellos hombres que la ingieren jamás pierden su apetito sexual ni su virilidad. Entre otros comentarios relacionados con este animal, se pueden mencionar: Que grita similar a los hombres y el tigre le teme, que se enamora y es sumamente persistente en el logro de su objetivo, que (sus partes) son (igualitas) a las de las personas (mujer y hombre) y que cuando se siente perseguido camina hacia atrás y de esta manera confunde al enemigo quien lo busca en sentido contrario de donde él se encuentra.
Alejandro de Humboldt decía que esta leyenda estaba muy generalizada en la orilla del Alto Orinoco, el Valle de Upata, cerca del Lago de Maracaibo, las montañas de Santa Marta y Mérida, las provincias de Quijos y las riberas del Amazonas cerca de Tomependa, pues en estas regiones tan apartadas una de otras se habían encontrado huellas de pies que tenían los dedos vueltos hacia atrás, que hacían pensar en la presencia de este animal en esas zonas.
En el año 1960, una señora llamada Belarmina Pérez, quien vivía en La Lucía, me afirmó que su abuelo Nicolás Pérez, natural de un caserío cercano a Sanare, estado Lara, llamado Yai, pero residenciado durante muchos años en La Lucía, le contó que en este pueblo hace mucho tiempo ocurrió un caso que conmovió a todo el poblado, pues una muchacha fue raptada la noche antes de su matrimonio. Todos, hasta los padres, creían que era el novio quien se la había llevado, porque en ese tiempo era muy común que los hombres pidieran a las muchachas y después se las robaran, pero resulta que no fue así. El novio fue interrogado y se comprobó que no tenía nada que ver con el rapto. La gente del caserío imaginó que se la había llevado El Salvaje. Cuentan que dedicaron a buscarla y unos cazadores, después de varios años de estar esta muchacha perdida, la encontraron en una troja hecha de caña brava, en la copa de un flor amarillo. Los cazadores la bajaron del árbol con unos mecates. Ella y que tenía un muchachito de El Salvaje y la pobre no podía ni hablar porque se había vuelto casi muda y se la llevaron para la casa de sus padres y el hijo, que era similar a un salvaje pequeño se le murió y la gente tuvo que matar a El Salvaje porque la proseguía a la muchacha por todas partes.
La señora Martina Moreno de Ramírez, narra que una noche como a las doce de un Miércoles Santo, para amanecer un Jueves Santo,  estando ella pasando la Semana Mayor en la Granja Villa Ilusión, ubicada en la vía de Los Tanques, Araure, su esposo Rafael Ramírez la invitó para ir hacia la montañita que está detrás de la granja, a menos de un kilómetro de la casa, con la intención de cazar algún animal silvestre. Cuando habían recorrido como cincuenta metros y estando frente al camino por donde debían entrar por la quebrada, oyeron un estruendoso ruido como si un animal muy grande y corpulento hubiera saltado de un árbol a otro, golpeando con su cuerpo las ramas de los árboles. Se oyó claramente el rasgar de las ramas al abrir para dar paso al cuerpo y el ruido al caer. Después el silencio reino en la oscuridad. Martina que ella le dijo a Rafael que fueran a ver qué había pasado y éste le argumentó: No ve que esa es cosa mala… usted no  ve  que se sintió caer, pero si fuera animal de verdad se la hubiese sentido la pisada… como cree usted que va a caer y no se va a mover. Ese o es un espanto o es El Salvaje.

Tomado de "Mitos y Leyendas predominantes en el Estado Portuguesa" de Carmen Pérez Montero. 

Carmen Pérez Montero. Nacida en Tinaquillo, Cojedes y residenciada en Araure, Portuguesa. Profesora Titular de I.U.T.E.P. Sus poemas, investigaciones didácticas y culturales se divulgan, de manera sólida y contundente,  en libros, diarios y blogs de nuestro país desde 1964.  

lunes, 27 de abril de 2020

Leyendas llaneras (Vivencias y testimonios) 9. Espantos y bestias (Carmen Pérez Montero)

Las bestias gigantes llenan muchas páginas de la literatura llanera. 
Imagen en el archivo de Rosa Elena Montenegro Ortiz



EL ESPANTO DE EL BAJÍO
Esta historia es muy vieja en el pueblo de Turén. Siempre entre los músicos se acostumbraba después de las tertulias, las serenatas y los "palitos", encargarle a los que debían atravesar casi todo el pueblo para llegar a sus viviendas, que se cuidaran del Espanto del Bajío. El Bajío  es un sector de Turén llamado así porque en épocas de lluvia este terreno se inundaba y era casi imposible transitar por él.
Es conveniente recordar que en esta época de guerra y guerrillas la gente que tenía dinero acostumbraba en colocarlo en tinajas de barro y enterrarlo, unos porque se incorporaban a los ejércitos convencidos de sus ideales liberales o conservadores y otros, para evitar que esos mismos ejércitos que tenían fama de revoltosos y abusadores pudieran robárselos.
Wilman Rodríguez, habitante de La Colonia Agrícola de Turén y yerno de María Alibardi de Ruffato, narró que una noche, estando el joven, se fue con unos amigos a dar serenatas en Turén y ya pasada la una de la madrugada tuvo que regresar solo para La Colonia Agrícola de Turén. Como estaba ebrio y caminó mucho acompañando a los amigos, se perdió y de repente vio una luz fuerte que daba diferentes colores. A veces daba visos azules, verdes, morados y reflejos amarillos.  Wilman reflexionó y fue entonces cuando se dio cuenta de que estaba en el sitio llamado El Bajío y la luz que brillaba con diferentes colores estaba, precisamente, en el lugar donde, supuestamente,  existió la antigua ceiba donde, segun la leyenda, en tiempo de Cipriano Castro, un hombre seguidor del General Rafael Montilla, El Tigre de Guaitó, hizo enterrar su fortuna en el pie de esta frondosa ceiba. Este hombre utilizó los servicios de un peón para abrir el hueco y después, temiendo que este pudiera robar el dinero o divulgar su existencia, lo mandó a meter dentro del hueco con pretexto de que acomodara el cajón contentivo de las morocotas de oro e inmediatamente, le dio muerte con el pico y lo enterró junto con el tesoro.
A Wilman se le paso la borrachera y rápidamente busco la salida hacia el centro del pueblo y de allí el camino para La Colonia, sumamente asustado por todo lo ocurrido. Después de ese incidente fueron muchas las personas que lo aconsejaron a Wilman Rodríguez que volviera al sitio, que ese dinero era para él, pero Wilman no quiere saber nada del Espanto de El Bajío y prefiere seguir siendo el humilde maestro de música que vive de su trabajo. 



LA VACA ESOCADA
Esta la leyenda nació en ese pueblo antiguo, formado inicialmente por los negros y esclavos de los fundos y haciendas pertenecientes a la mayoría de las  familias  "acomodadas" de Guanare: Ospino, tierra de retiro y tranquilidad, Allí nos encontramos con el señor Tomas Villegas, quien después de aclararnos que él no es de ese pueblo, que él vive en Acarigua, nos relata lo siguiente: Cuando yo estudiaba en la Escuela Granja de Ospino, en el año 1987, se hizo costumbre, para un grupo de estudiantes, fugarnos casi todas las noches para salir a parrandear por el solitario pueblo y en la madrugada, ya con la claridad del día, regresábamos a dormir a la escuela.
Una noche, serian como las once, la luna estaba clarita y salimos del dormitorio Said Antonio Valdez, Antonio Cedeño, Freddy Colmenárez, Ildemaro García y yo,  atravesamos el puentecito donde estaba la quebrada, donde muchos estudiantes habían visto muchos espectros nocturnos como figuras de enfermeras, hombres vestidos de blanco, marranos y una vaca que era el espanto del que más oía hablar en el ambiente y cuando ya íbamos llegando a la cerca por donde estaba el hueco por donde solíamos escapar, un ruido extraño y escalofriante nos detuvo, todos nos miramos y exclamamos al mismo tiempo ¡Dios mío!... ¿Qué es eso?. Nos quedamos petrificados y el ruido que se sentía por debajo de la tierra y que estremecía el suelo donde estábamos parados se hizo cada vez más fuerte, era como un animal pesado, lleno de huesos, que bufiaba a la vez que arrastraba una pata de palo. Sentimos que (la cosa) se acercaba cada vez más y, sin embargo, no lo vimos pasar. ¿Cuánto tiempo duro ese ruido desconocido? No lo sabemos pero fueron minutos interminables. Nosotros creemos que lo que nos salvó de un susto mayor fue el vigilante que en ese momento sonó el pito y nosotros recobramos el aliento y pudimos movernos. Yo fui el primero que salió corriendo y los demás me siguieron. De la cerca al dormitorio yo creo que tardamos un minuto. Esa fue mucha carrera. En la mañana siguiente le contamos a Luis Terán, el viejito de la bodega de la esquina, él nos dijo: Esa jue la vaca asocá que les salió, menos mal que no la vieron porque no jueran echao el cuento, la gente que la visto ha quedao privá y muchos, hace tiempo, se murieron del susto.
 Nosotros le preguntamos al señor, por qué la la llamaban la vaca esocada y él nos respondió: Bueno, poco antes cuando esa vaca salía bastante, muchos la vieron y decían que era una vaca escoyuntá. Bueno, ¿Cómo les digo?... una vaca con los huesos dislocaos, que caminaba tirando las patas pa’ los laos. La gente de antes decía que ella salía en el Barrio Abajo y caminaba por toa la calle Principal, pasaba por la plaza y se perdía por los laos de Barrio Nuevo. Ese espanto es muy viejo aquí en Ospino, más bien ya no sale casi porque esa vaca hoy en día se asusta cuando ve a los roba ganao.

Tomado de "Mitos y Leyendas predominantes en el Estado Portuguesa" de Carmen Pérez Montero

Carmen Pérez Montero. Nacida en Tinaquillo, Cojedes y residenciada en Araure, Portuguesa. Profesora Titular de I.U.T.E.P. Sus poemas, investigaciones didácticas y culturales se divulgan, de manera sólida y contundente,  en libros, diarios y blogs de nuestro país desde 1964.  

domingo, 26 de abril de 2020

Leyendas llaneras (Vivencias y testimonios) 8. Ánimas y espíritus (Carmen Pérez Montero)


Con la mayor seriedad los llaneros asumen estos relatos. 
Igen en el archivo del poeta Mayor, Dr. Adelis León Guevara.  



EL ÁNIMA DE ÑO SILVESTRE
En mis andanzas por Guanarito, tras la huella de El Silbón, el poeta Wilmer Vizcaya me narró una historia que incluyo en este trabajo por consideraría bastante interesante para ilustrar la disponibilidad de la gente que habita nuestros llanos para crear y creer en aquellos casos que aun ignoramos si non producto de la imaginación o del mágico pincel de la llanura.
Wilmer aportó lo siguiente: El caserío Los Botalones, cerca de Sabana Seca, aquí mismo en Guanarito, dicen que vivió un señor llamado Silvestre, que tenía un rancho en mitad de la sabana. Este señor era tullido, es decir no podía caminar y una vez, manos criminales, prendieron fuego a la sabana y el rancho de Ño Silvestre, como todos vecinos le decían cariñosamente, se quemó con él adentro.
Este acontecimiento, como decía la gente de antes, causó mucha tristeza, pues toda la comunidad quería mucho a Ño Silvestre. Como ese señor fue un mártir y por la forma tan horrible como fue sacrificado, el comenzó a hacer milagros, pero la gente no le ofrecía velas, sino viajes de agua para regarle su sepultura y dicen que muchas personas iban con taparas, ollas, chirguas, totumas, tobos y cualquier tipo de vasija llena de agua para humedecer su tumba así calmarle el dolor de su quemada. Dicen que la gente optó por llevarle agua a la tumba debido a que una vez un devoto le estaba ofreciendo velas a cambio de un favor que le pedía y Ño Silvestre se le apareció y le dijo: No me traigas velas, hijo, que yo estoy quemao, écheme agua por encima allá en el cementerio pa’ que me calme esta calentura. De allí surgió ese acto inexplicable de no prenderle velas en su tumba, sino regarla con agua fresca. 


EL ESPÍRITU DE JOSÉ EUGENIO BÁEZ
En 1724, el capuchino fray Francisco de Campanillas, en el sitio primitivo que hoy se conoce como Pueblo Viejo, al Este de Villa Bruzual, con indios guamos y atatures fundó la población de Yajure. En 1754 se unieron a estos indígenas un nutrido grupo de yaruros. Yajure es conocida después con el nombre de Turén, cuya capital era Sabaneta. En 1864 le dieron a este pueblo el nombre de Villa Bruzual, para honrar al valiente caudillo Manuel Ezequiel Bruzual, apodado “el soldado sin miedo”,  quien había hecho de Sabaneta, antigua Capital del Distrito Turén, su lugar de recreo y descanso durante la Guerra de la Federación o Guerra de los Cinco Años.
En este lugar, en 1808, según cuenta los creyentes bajó un espíritu especial, ungido de un gran poder y encarnó en Eugenio Báez, quien se convirtió en unos de los agricultores más destacados del caserío  y de sus alrededores, no sólo por su dedicación al trabajo de campo sino por sus conocimientos naturales sobre magias, curaciones, tratos con naturaleza para llamar la lluvia y la protección de los animales del monte. Además, este hombre que vivió 102 años sobre esta tierra de gracia, tenía un alto sentido de solidaridad para con los vecinos y admiración y amor por todos los recursos naturales renovables. Eugenio Báez, aún en este tiempo de luces cibernéticas sigue trotando con su caballo zaino por las tierras turenenses y muchos le conocen como el Duende de la Carama por sus continuas apariciones todavía por esa zona montañosa. El señor Juan de los Santos Rodríguez, conocido guitarrista y cantautor portugueseño, con mucha seguridad de los hechos narró lo siguiente: En el año 1970, cuando yo trabajaba como alfarero haciendo materos y bateas en El Samán de Turén, mucha la gente hablaba de que habían visto a Eugenio Báez. Ellos decían que era un jinete que se atravesaba en la carretera y a veces los perseguía. Más o menos en 1975, una noche como a las ocho, se le apareció a un señor llamado Lorenzo Pineda (q.e.p.d.), conductor de la línea cooperativa de Transporte de Pasajeros Portuguesa, se le atravesó inesperadamente delante del carro y tuvo que salirse de la carretera para no atropellarlo. Casi se mata ese hombre.
Entre los trabajadores del volante adscritos a esta línea era común oír narraciones diferentes relacionadas con Don Eugenio Báez. Yo simplemente la oía, pero nunca las creí hasta que una noche se me hizo tarde en Piritu y me fui para Turén como a las once, cuando llegue a Las Vegas, es decir, a la entrada de Turén, de repente se me atravesó un jinete. 
Al hombre lo vi bien, era blanco, alto, delgado y vestía de blanco. Se me puso frente al carro y yo lo trate de frenar, recorte, pero no pude parar y sin poderlo evitar me llevé por delante el caballo con todo y hombre, pero el carro no se detuvo y seguí. Mire… eso fue horroroso, a mí se me aflojaron las piernas que casi no podía acelerar, el estómago se me revolvió y me dieron ganas de vomitar. En El Samán me paré a respirar y a pasar el susto. Ese otro día a las seis de la mañana salí para Acarigua y pase por el sitio no había nada, ningún muerto ni rastro de accidente. Además, nadie comentó absolutamente nada del asunto. Desde ese momento yo comencé a creer, a pedirle al Ánima de Eugenio Báez y a llevarle velones a su tumba.

Tomado de "Mitos y Leyendas predominantes en el Estado Portuguesa" de Carmen Pérez Montero.
 
Carmen Pérez Montero. Nacida en Tinaquillo, Cojedes y residenciada en Araure, Portuguesa. Profesora Titular de I.U.T.E.P. Sus poemas, investigaciones didácticas y culturales se divulgan, de manera sólida y contundente,  en libros, diarios y blogs de nuestro país desde 1964.  

sábado, 25 de abril de 2020

Leyendas llaneras (Vivencias y testimonios) 7. El Amo del Agua (Carmen Pérez Montero)

El Amo del Agua: dominador de ríos y familias.
Imagen el archivo de Ariel Urbano Bastilla.



EL AMO DEL AGUA
Esta historia en el seno de una familia de apellido Márquez que vivía en Chabasquén, a la orilla del río Chabasquencito. Esta tierra como todo el territorio portugueseño también es patrimonio de duendes y aparecidos. Antes de la dominación española fue tierra de los Cambambas indígenas pobladores de esa región. En 1620 el Gobernador Francisco de la Hoz Berrío reunió a todos los indígenas dispersos en diferentes encomiendas y fundó el pueblo de Chabasquén. El primer cura doctrinero que tuvo este poblado fue el Padre N. Chabas, de este sacerdote se cuenta que un día que andaban los indios de caserío por un lugar conocido hoy como la Ermita, vieron un bulto semejante a ese animal legendario y misterioso que llaman “El Salvaje” y lo atravesaron con una flecha, al llegar al sitio y revisar la “presa” con asombro y mucho dolor constataron que se trataba del Padre Chabas. Desde ese momento dicen que Chabasquén fue la región maldita del Estado Portuguesa. También se dice que el Padre Chabas cuando pasó el río chabasquencito, dejando el pueblo atrás, lo maldijo para siempre. Lo cierto es que el pueblo de Chabasquén estuvo, después de ese incidente, durante mucho tiempo sin cura doctrinero. Hasta que el 6 de marzo de 1777, se construyó una capilla, fuera del poblado, en el sitio denominado La Playa, a orillas del río Biscucuy, allí nació posteriormente, el pueblo de San Antonio de las Playas de Biscucuy, hoy Biscucuy. Era necesario hacer esta referencia inicial para ilustrar, hasta cierto punto, por qué desandan por las calles de Biscucuy  y Chabasquén, estos dos pueblos hermanos, de la zona alta, tantas figuras fantasmales, ruidos extra-sensoriales, silbidos, aullidos y llantos lastimeros inexplicables.
Cuenta el profesor y poeta Ángel Márquez, hoy cronista popular del pueblo de Biscucuy, que cuando él estaba pequeño vivía con su familia en una casa de corredor grande a orillas del río Chabasquencito y que era usual, por las noches escuchar el alboroto que formaban los animales que se quedaban en el corredor, como si alguien entrara y los espantara.
Una noche, estando ya durmiendo oyeron una persona que calzando botas entró al corredor y caminó varias veces con pisadas fuertes, luego se metió en la cocina y movió todas las ollas y latas que allí habían. Después salió y al pasar frente a la puerta del cuarto donde estaba durmiendo su mamá, sus hermanos y el, tosió y se aclaró la garganta. En la mañana todo estaba igual. No había rastro de pisadas y en la cocina todo estaba tal como su mamá lo había dejado.
Una tarde como a las seis, cuenta el profesor que estaba  él parado en el corredor y de allí se podía ver la playa del río. Inesperadamente vio que del río salió un hombre vestido de blanco con un mandador en la mano y se aproximó a la casa. Él se quedó paralizado…inmóvil.  El hombre era alto y flaco. Él lo vio bien porque le pasó por un lado y cuando llegó al corredor comenzó a golpear con el mandador a todas las gallinas y los perros que estaban allí. Los perros lanzaron unos aullidos tan espeluznantes que fue lo que asustó al profesor, quien cayó desmayado. Por el ruido de los animales salió la mamá y según ella le contó, lo encontró tirado en el suelo, blanco como un papel y le dieron a oler plumas de gallina quemadas para que volviera en sí. Cuando le contó a su mamá lo que había visto, ella le dijo: Debe ser que tú te metiste con él porque yo lo veo pasar casi todas las tardes y a mí no me hace nada.
Rafael Báez, una trabajador de la granja “Villa Ilusión”, sector Los Tanques, Araure, narró  que en esta misma zona, hacia, el cerro donde llaman “La Guafita” hay una guafa que según dicen que está llena de oro, plata, esmeraldas, rubíes y todo tipo de material precioso. Esa guafa tiene muchísimos años clavada en ese cerro y debajo de la guafa hay un pozo de agua tan clara que si uno observa con atención ve que el agua que sale de la guafa destila como un polvillo amarillo. De allí la leyenda de que la guafa está llena de oro.
En un recodo, como en una cueva, está un cajón amarrado con cadenas y semienterrado en la montaña. Este cajón suena por dentro como si fuera un enjambre de abejas o una fuerte tempestad. Un señor de nombre Jonás Calazán vino con un amigo dispuesto a sacar ese tesoro. Traían martillos, tenazas, alicates alambres, cadenas, mandarrias, ceguetas y hasta pólvora. Cuando comenzaron a golpear el cajón se oscureció la tarde como si fuera a llover y “Los buscadores de tesoros” comenzaron a sentir un frío espantoso. El amigo de Jonás, por terquedad, se negó a regresar y cuando lo bajaron del cerro ya estaba muerto. Jonás Calazán duro casi ocho días para recuperarse, porque llegó a su casa casi tullido y morado del frío que sufrió en el cerro de “La Guafita”. 
En La Florida, hace unos cuarenta años también ocurrió un caso digno de mencionar: Un señor llamad Alejandro Terán tenía unas tierras en La Aduana, había sembrado tomates y se le estaban perdiendo porque no conseguía obreros para recoger la cosecha y le pedía ayuda a los hijos y a su mujer, pero nadie quería ayudarlo. Él era un hombre huraño, refunfuñón y como dicen en el llano “malasangre”. Una mañana se levantó muy temprano y despertó a toda la familia y les obligó, con insultos, a que fueran ayudarle a recoger los tomates y todos salieron con él. Para llegar a la parcela era más rápido, en ese tiempo, navegar en balsa por la Portuguesa y así lo hicieron. Todos se embarcaron, cuando iban en la mitad de la corriente, el caudal del río aumentó considerablemente y la deteriorada balsa comenzó a hundirse al vaivén de la creciente. Alejandro Terán iba remendado con otro señor, amigo de la familia. De repente soltó los remos, le quitó a su hija la niña (su nieta) que llevaba en los brazos y sin mediar palabras se lanzó a las turbulentas y oscuras aguas. Tres días duraron buscando los cadáveres. Al tercer día consiguieron el pañal de la niña y después su cuerpecito sin vida, sostenido por una “carama” de palos. El señor Alejandro se perdió y jamás se encontró, ni vivo ni muerto. Transcurrieron unos seis años desde la desaparición de Alejandro Terán y un día el señor José Castillo vino y le dijo a la Señora Aura Pérez, cuñada de Alejandro Terán de esta historia: Sabe que estuve en Sorte y Alejandro Terán no está muerto. Yo lo vi vestido de kaki, trabajando en la montaña como súbdito de María Lionza, estaba “echando pico” y era él, estoy seguro, porque le vi bien la cara. 


Tomado de "Mitos y Leyendas predominantes en el Estado Portuguesa" de Carmen Pérez Montero.
Carmen Pérez Montero. Nacida en Tinaquillo, Cojedes y residenciada en Araure, Portuguesa. Profesora Titular de I.U.T.E.P. Sus poemas, investigaciones didácticas y culturales se divulgan, de manera sólida y contundente,  en libros, diarios y blogs de nuestro país desde 1964.