domingo, 11 de junio de 2017

Breves cuentos, mitos y leyendas indígenas (10)

Imagen en el archivo de Amazona Viral



MITOS DE LOS GUAHIBOS Y PIAPOCO

KUEMAINU (Anaconda, Vía Láctea)
Tsawaliwali era una serpiente muy fuerte, le gustaba ingerir comida en gran proporción: tenía una hermosa hija  llamada Majunajunali a quien cuidaba evitando que se le acercaran pretendiente alguno.
Purnaminali, uno de los Tzamani más poderosos, estaba enamorado de ella, pero, le era imposible acercarse a la muchacha; por ello decidió transformarse en Ikuli (morrocoy) para ser tentación de la serpiente.  Ikuli se ubicó cerca de la maloca esperando que Tsawaliwali saliera en busca de comida.
Pasado un corto tiempo, la serpiente observó a lo largo del camino un Ikuli muy provocativo, se arrastró hacia éste para atraparlo con su grueso y largo cuerpo, pero el morrocoy pesaba demasiado. Tsawaliwali cansado, desistió y fue en busca de su hija quien estaba limpiando la maloca; ella al ver el agotamiento de su padre le brindó una taza de yucuta. Él, sorbiendo la bebida, le dijo:
-¡En el camino hay bastante comida… debe traerla lo más pronto posible!
Majunajunali marchó a prisa por el camino buscando la comida sin hallarla. De pronto escuchó pasos entre los frondosos árboles, tornó su mirada y observó a un joven  atractivo que le ofrecía la más hermosa flor y le causaba un profundo sentimiento.
-¡Oh!, ¿Quién es usted? – le preguntó ella.
-Soy Purnaminali y vengo en busca de la más hermosa mujer… ahora dígame si es el perfume de las flores la causa de su presencia aquí.
-No, mi padre me envió en busca de Ikuli, pero no le he encontrado, quizás se escondió entre el ramaje.
-¡El Ikuli que observó su padre soy yo!.
Me transformé en animal, buscando la manera de encontrarme con usted, ahora le pido que me acepte como su mejor amigo para protegerla todo el tiempo.
-Me agradaría mucho pero… ¡Imposible, mi padre jamás aceptaría su presencia en la maloca!.
-¡Yo tengo el poder para ser admitido por su familia, me transformaré en garrapata y él no notará me presencia! – exclamó Purnaminali.
Al atardecer, Majunajunali y Purnaminali (transformado en garrapata), emprendieron el camino de regreso a la maloca. Allí entre brazos y risas conversaban los amantes. De repente, Tsawaliwali, extrañado de los ruidos que escuchó, se levantó y miró a través del tordillo que protegía la hamaca de su hija; enfurecido al ver a Purnaminali intentó golpearlo pero Majunajunali muy temerosa se dirigió a su padre implorándole castigo.
-¡No tengo miedo! Por el poder que me acompaña, él debe aceptarme como su yerno.
 Al instante Tsawaliwali se retiró y desde entonces Purnaminali vivió con su esposa y sus suegros.  Un día, cuando Purnaminali se encontraba bastante lejos de la maloca buscando alimento en compañía de su hermano menor, cayó un fuerte aguacero que apagó las brasas utilizadas para secar y asar la carne.
Hermano, debes ir hasta la maloca a traer unos tizones pero no vaya a entrar convertido en animal, debe de entrar en figura humana, de lo contrario sería comida para Tsawaliwali - recomendó Purnaminali.
 A través del camino, el muchacho corría bañado en sudor; el afán de llegar pronto a la maloca lo indujo a transformarse en Lapa.  Cuando llegó a la maloca no tuvo oportunidad de adquirir su forma natural; Tsawaliwali, al verlo, se contrajo abalanzándose sobre el indefenso cuerpo del animal, dándole muerte.
Majunajunali arregló la carne  de la víctima y la asó en pedazos. A la luz de la luna consumieron en silencio la suculenta comida en espera de Purnaminali. Cuando él regresó, su esposa le ofreció carne asada, pero él la apartó con suavidad permaneciendo inmóvil frente a la leña que ardía en el fogón. No pudo dejar de pensar que esa carne era de su hermano.
Pasada la media noche cayó un fuerte aguacero acompañado de un viento recio.
Purnaminali se dirigió a su esposa diciéndole:
-¡Por favor…!. déme un pedazo de carne cruda y otro asado: empáquelos en medio de una torta de yuca.
 La mujer, extrañada, le entregó lo solicitado. Purnaminali se dirigió bien adentro de la selva y buscó la palma real más elevada. Cuando la encontró, formó un nido con la torta de yuca y acomodó los pedazos de carne dentro de éste. Luego los ubicó en la rama más alta de la palma. En medio de la tormenta regresó a la maloca, guindó la hamaca y se acostó para descansar.
Pasados varios días, nacieron dos polluelos de Kotsala (águila), los cuales se desarrollaron rápidamente. Purnaminali los alimentó y los entrenó colocándoles palmas y palos en las garras para que adquieran fuerza y altura en el vuelo. Cuando las águilas  lograron subir una palma al cielo, Purnaminali supo que había llegado el momento de acabar con Tsawaliwali; entonces ideó la forma de sacar a la serpiente  de la maloca utilizando un nido de bachacos que lo ubicó frente a la entrada.
Tsawaliwali, al verlo, se arrastró hacia éste tratando de alcanzarlo, pero era imposible ya que el nido se alejaba cada vez más de su morada. Cuando la serpiente estuvo completamente retirada de la vivienda, dos gigantescas águilas descendieron y atraparon  a Tsawaliwali por la cabeza y la cola, llevándola hasta el cielo, y la dejaron allí. Ésta, con el poder de Purnaminali, se convirtió en Kwemainu: franja de estrellas conocidas como el camino de Santiago o Vía Láctea.

TSIKIRIRI (Suegra de Purnaminali)
Después que Purnaminali vengó la muerte de su hermano continuó viviendo en compañía  de su esposa Majunajunali y Tsikiriri quien era una mujer muy hambrienta.
 Cuando terminaba la dura jornada, Purnaminali regresaba a la casa extenuado. Su esposa lo esperaba con la comida servida y una taza de yucuta. Tsikiriri acercaba un banco a la mesa y observaba la suculenta comida.
Al ver que Purnaminali empezaba a comer, Tsikiriri le lanzaba excrementos de cucaracha y de grillo sobre el alimento; Purnaminali con repugnancia se levantaba del banco y corría a botar la comida. Tsikiriri con la sagacidad de un felino y una sonrisa malévola en sus labios se abalanzaba sobre el plato para ingerirlo.  Purnaminali, cansado de esta situación, siempre pensaba en la forma de vengarse de ella.
Un día, al regresar temprano a casa, Purnaminali creó una laguna cuya agua diáfana refractaba los luminosos rayos solares  que encandecían los ojos  de los animales que se acercaban y deshojó plantas de merey que bordeaban la laguna, arrojando las hojas al agua.  Al instante, éstas se formaron en grandes pirañas.
 Cuando llegó a la maloca, su esposa extrañada de verlo tan temprano, le preguntó:
-¿Hubo algún problema en el trabajo?  ¿Por qué has regresado a plena luz del día?
-Mientras caminaba un poco distraído, descubrí una laguna rica en peces, y decidí venir  a comunicarle para aprovechar ese alimento – respondió Purnaminali.
 Tsikiriri al escuchar a su yerno empezó a quejarse:
-¡Ay, ay, ay… me voy a morir de hambre! Purnaminali con cortesía se dirigió a ella diciendo:
-Tranquila, la laguna tiene bastante comida, venga conmigo, le indicaré el sitio, y además le presto el mejor arpón; pero eso sí, no vaya a capturar los peces grandes.
 Tsikiriri apresurada alistó un pedazo de torta de yuca y salió en compañía de su yerno quien le dejó cerca de la laguna y él se alejó para continuar su trabajo.  La mujer muy contenta recolectó muchos peces, los cuales iban directo al fogón que había armado cerca de la laguna.
Mientras Purnaminali trabajaba, imaginaba a su suegra capturando a un pez enorme que le arrastraría al fondo para que la devoraran las pirañas. De hecho, en ese momento, su suegra era engullida por los monstruosos animales.
 Al atardecer, Majunajunali muy preocupada por la tardanza de su madre, emprendió la búsqueda. Al llegar al frente de la laguna observo una camareta y varios pescados carbonizados sobre las cenizas del fogón. Su cuerpo se estremeció de miedo y con voz temblosa llamó a Tsikiriri varias veces sin obtener respuesta. Vadeó varias veces la laguna y de repente su rostro palideció al divisar a través de las cristalinas aguas el esqueleto de su madre.
Un fuerte grito de dolor conmovió a las aves canoras que reposaban en sus nidos, y en bandada empezaron a sobrevolar la laguna emitiendo un canto lúgubre. Majunajunali llena de dolor y desesperación comprendió la intención de su esposo y se lanzó al fondo del agua para rescatar los huesos de Tsikiriri.

KAJUYALI (Constelación de Orión)
La hija de Tsikiriri y Tsawaliwali estaba muy furiosa por lo sucedido con sus padres y un fuerte deseo de venganza hacia Purnaminali le invadió todo su ser. Cegada por el dolor se armó con el hueso de la pelvis de su madre y se encaminó hacia el lugar donde posiblemente conseguiría a su esposo.
Después de varias horas entre la espesura de la selva, escuchó unos golpes sobre madera y corrió hacia allá. Poco a poco vislumbró la figura de un hombre que labraba una canoa y cuya apariencia era similar a la de Purnaminali.
 Majunajunali empezó a gritarle:
-¡Usted ha causado la muerte de mis padres, ahora seré yo quien acabe con su vida para siempre!
 El hombre confundido y sorprendido exclamó:
-¡No soy el hombre que está buscando!... ¡Usted me está confundiendo!...
 Majunajunali no le creyó. Se instaló frente a la canoa y le arrojó el hueso sobre una pierna cortándosela completamente. Kajuyali, emitiendo gritos de dolor contempló por un instante a la mujer y la convirtió en pato carretero.  Kajuyali cogió su pierna ensangrentada y la lanzó sobre las aguas de un riachuelo; al momento la pierna se convirtió en bagre rayado.
 Atormentado por el dolor de su cuerpo, Kajuyali sintió la necesidad de comunicar a sus hermanos el estado en que se encontraba.  Para ello cogió el mariapi (inhalador para sorber yopo) y con éste creó el picua (ave mensajera) y mirándola fijamente le dijo:
-Vuela muy alto en dirección al sitio de mi gente y trae ayuda.
 Cuando el pájaro llegó a la maloca, se tiró al piso gritando: -¡Tzikue – tsikue- tzikue…!
 Sus alas se movían aceleradamente intentando dar el mensaje. Las personas al verlos se interrogaron frente a lo que sucedía, pero continuaron inmóviles sin entenderlo. Picua al darse cuenta que su canto no era comprendido emprendió vuelo.
 Kajuyali haciendo rezos para calmar el dolor acudió a la patena (mortero para yopo) y creó el zamuro para que cumpliese la misma misión de picua; sin embargo, cuando llegó al sitio indicado se limitó a revoletear en círculos sobre la maloca, pero la gente aún no comprendía. Kajuyali desilusionado agarró la mochila y la transformó en sikoro (ave de gran tamaño), la lanzó con fuerza y ésta comenzó a volar sobre la copa de los árboles emitiendo una melodía triste que decía:
“¡jiji Kajuyali ikutsu uku!” (a Kajuyali le cortaron una pierna).
 Los hermanos de Kajuyali, al escuchar el mensaje, se apresuraron a buscarlo. Cuando llegaron al sitio, Kajuyali agonizaba en medio de la hierba húmeda. Purnaminali, Iwinai y Tzamani consternados de dolor emitieron una plegaria, y el cuerpo ascendió al cielo.
 Allí Kajuyali, mutilado de su pierna, quedó para siempre representando la constelación de Orión.

KEKERETO (Venus)
Era una mañana diáfana cuando Pumeniruwa, segunda esposa de Purnaminali, llamada la mujer olorosa se dirigió hacia el río en busca de agua para preparar alimentos. Allí se encontró con Yakukuli, un viejo pescador quien venía de regreso después de una noche ardua de pesca.
-¡Yakukuli, qué cantidad de pescado atrapaste… regálame uno – dijo Pumeniruwa.
El hombre, al escuchar a la mujer, remó lentamente hacia la orilla.
-¡Claro, suba y escoja el que más le guste!.
La mujer, muy contenta, se embarcó para seleccionar el pescado, pero cuál no fue su sorpresa al ver que el pescador empezó a remar rápidamente  con intención de raptarla.
Ella, muy angustiada, miró hacia todas partes implorando ayuda. De repente, advirtió una canoa que se aproximaba hacia ellos, era el rey Zamuro (gallinazo) quien dio un fuerte golpe a Yakukuli y agarró a la mujer embarcándola en su canoa.
Purnaminali, pensativo e inquieto, esperaba el regreso de su mujer.
Transcurrieron varios días y aún Pumeniruwa no aparecía. Una noche, cuando  Purnaminali se encontraba pescando, escuchó la algarabía de los monos titíes, los maiceros y los micos, quienes se encaminaban hacia la celebración de la famosa fiesta de chicha de fruta que ofrecía el rey Zamuro.
Kekereto, el gran lucero se mostraba en todo su esplendor motivando a Purnaminali a continuar la búsqueda de su mujer. De pronto, él se transformó en un anciano que se unió al grupo de invitados y continuaron la larga jornada hacia el occidente, acompañados siempre por el planeta Venus.
 Cruzaron los grandes y caudalosos ríos hasta llegar a la isla del rey Zamuro. Allí todos bailaban y bebían hasta agotar la deliciosa bebida. Purnaminali buscaba cautelosamente a Pumenirouwa y a la media noche se percató de la presencia de su mujer; entonces corrió a la laguna a bañarse y adquirir su propia apariencia. Cuando Pumeniruowa vió a su esposo, corrió hacia sus brazos llena de alegría y emprendieron el camino de regreso a la maloca.
Purnaminali, resentido por el dolor causado por el rey Zamuro, decidió vengarse de éste. Preparó la comida apetecida por el rey y lo invitó a su maloca. Cuando el Zamuro disfrutó del alimento, Pumenirouwa y Purnaminali lo lanzaron a una caneca llena de zumo caliente de yuca brava y ají. El zamuro emitió gritos de dolor pronosticándole maldiciones y la muerte prematura para la nueva generación. El cuerpo del rey se cubrió de un plumaje negro y emprendió vuelo reafirmando sus maldiciones.


Todos los textos se tomaron de: Raíces, Mitos, Relatos y Leyendas, compilación de Bety Triana y Néstor Mendoza de la Editorial Montaña Mágica, Santa Fe de Bogotá, 1997. 

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