sábado, 3 de junio de 2017

Breves cuentos, mitos y leyendas indígenas (2)

Imagen en el archivo de Cajón Rojo

LA CREACIÓN DE BUOKA (II) Etnia piaroa 
Estaba oscuro. No se veía el Sol. No se veía el agua. No se veía el cielo. No se veían las montañas. No se veían los hombres. Esto ocurría antes de Wajari. Le dio nombre a un hermoso árbol: kareru. Y bebió del jugo de ese árbol para ver el futuro. Buoka dijo que Enemey Ofoda le había dado del jugo del árbol: —Este árbol es del padre del báquiro, del padre del chácharo, y del padre del armadillo. Este árbol era de mi padre y de mi abuelo.
Buoka bebió del jugo del árbol. Y en sus visiones vio el futuro. Y se preguntó: —¿Adónde volaron mis pensamientos? ¿Qué futuro me predicen las visiones?
En sus visiones llegó a los lugares sagrados subterráneos del báquiro y otros animales. Vio todos los animales de las profundidades y escuchó las voces de los instrumentos musicales del báquiro. Un solo trago de jugo de kareru le trajo la primera visión, y se le apareció la imagen de los instrumentos musicales del báquiro. Vio a través de las cascadas, atravesó el cielo con sus ojos, alcanzó a ver las montañas. Vio el Bajo Orinoco, el Alto Orinoco, el monte Paria, las montañas
Raya. Vio el Sipapo, los lugares del Alto Cuao, los lugares sagrados de los animales en las montañas.
—El kareru da la voz del padre del báquiro, del padre del chácharo y del padre del armadillo. También tiene adentro la voz de mi abuelo. Y hasta lleva el grito del oso –dijo Buoka. Él volvió a beber el jugo del kareru. En sus visiones vio y reconoció a
su hermanito:
—Oh, es mi hermanito y será capitán del mundo. Es muy bello, tiene zapatos, manos y pies. Es alto como yo. Lo haré mi hermanito. Trabajará como yo. Convertiré a mi hermanito en el segundo capitán del mundo. Buoka se arrancó a su hermano menor del ojo derecho. Luego dijo: —Mi hermanito tendrá los ojos claros como el danto. Pero Wajari vino ciego al mundo. No vio nada. Luego habló:
—¡Estoy ciego! nunca se me quitará esta enfermedad que se le pegará a todos los animales: vacas, báquiros, cochinos. Todos los animales tendrán esta enfermedad y será peligrosa para los hombres también. Buoka dijo algo parecido: —La enfermedad de Wajari pasará a los animales y será peligrosa para los hombres.
Después de ser creado Wajari no veía el sol, no veía la tierra, no veía el agua. Le preguntó a Buoka: —Hermano, ¿cómo puedes vivir sin el sol, sin la tierra y sin el agua? Pero Buoka tenía agua suficiente (Wajari creó el agua para el mundo entero). Cuando Wajari abrió los ojos, reinaban las tinieblas. No se veía el Sol.
—Hermano, ¿cómo puedes vivir así? ¿sin luz? Buoka le respondió: —Yo veo, aunque no haya luz. Siempre viví así. Ya me acostumbré. Wajari le dijo: —Me dijiste que bebiste el jugo de kareru y pudiste ver el futuro.
¡Cuando yo lo tomé no vi nada! Buoka agregó: —Mis visiones hablan sobre cosas muy cercanas. Cosas que luego tú mismo verás con tus propios ojos. El agua que tomé me dio pensamientos ciertos, no mentiras. Porque el kareru es el árbol de la verdad. El oscuro jugo de kareru da imágenes del futuro.
Wajari repitió: —Este líquido da visiones del futuro. Visiones sobre tu esposa, tus
hijos, tus nietos.
Buoka respondió: —¡Pues sí! Cuando tomé de este líquido, las visiones me enseñaron cómo se crea el sol, cómo se crea la tierra, cómo se crea el alimento del hombre, cómo se crean las cascadas.
Wajari dijo:—¡Está bien! Son imágenes ciertas. Comencemos a trabajar en estas
cosas. El sol, el cielo, las estrellas, la tierra, las cascadas, han de ser vistos por nuestro pueblo piaroa, pero también por los baniva, waika, jabarana. Wajari levantó el sol después de haberlo limpiado y lo sopló hacia lo alto. ¡Él se levantó al firmamento!
Todavía imperaban las tinieblas. Wajari no veía luz. Entonces se fue a visitar todos los lugares sagrados en las cercanías de las montañas a ver si encontraba el sol. Pera Buoka encontró la luz, la luna, allá en uno de los lugares sagrados. Más tarde encontró el sol para sí.
Wajari se apoderó del sol, dio un salto bien alto y lo colgó del firmamento. Luego le dio una temperatura muy alta al sol. Después Buoka experimentó, quiso colocar la luna en el firmamento. No pudo saltar tan alto como Wajari. Por eso es que la luna tiene luz más débil que el sol.
Cuando Wajari saltó con el sol en la mano se escuchó un trueno: la voz del báquiro. Wajari elevó más la luz del sol. Sus rayos llegaron a todo el mundo. Todos los pudieron ver. Buoka hizo lo mismo con la luna. Pero cuando saltó a lo alto para crear la noche, chocó de tal manera que descascaró al firmamento. Aún
hoy la luna lleva las huellas de esto. Dijo Buoka: —¡La luna es mi pueblo, es mi figura!
Buoka regresó a la tierra y dijo: —Soy pobre, no puedo tener nada. No tengo pensamientos, no tengo máscaras que luego llevarán los chácharos y transmitirán enfermedades como el báquiro transmite la enfermedad de Wajari. Y esas enfermedades no dejarán nunca a los piaroa.
Wajari habló de Ku-upa, el relámpago, su compañero celestial cuando saltó a lo alto. Su voz nunca cesa y nuestro espíritu la escuchará también. Wajari sentado en el borde del relámpago creó al hombre. Preparó todas sus partes: la piel, los huesos, los ojos. Y mientras tanto relampagueaba constantemente. Wajari dio al relámpago distintas voces, suaves y fuertes.
Wajari saltó al penacho del cocorito que llegaba al cielo y cada salto fue acompañado por relámpagos y truenos. Y así habló sobre la palmera: —Quiero pintar mi cielo. Oh, hermano, quisiera que mientras pinto escucharas la voz de los relámpagos.
Buoka respondió así: —No oí las voces porque andaba por la tierra visitando a los waika, yabarana, piaroa y virú. Por allá abajo apenas se escuchan las voces del
cielo. Las voces de tu cielo no fueron demasiado fuertes, no pensé nada de ellos.
Buoka agregó que al igual que Wajari él también iba a crear las voces del cielo:
—¡Tendré un relámpago propio! Y escucharás mi relámpago, como yo escuché el tuyo. Buoka imitó a Wajari, creó las orejas, los huesos, la piel del hombre-relámpago: —Quiero crear relámpagos para mi cielo y quiero, hermanito, que los escuches.
Dio un salto hacia lo alto como hiciera su hermano. En tanto que Wajari visitaba en la tierra a su familia. Wajari estuvo donde los blancos y donde los pueblos del Alto Orinoco. Cuando Buoka saltó, emitió un sonido tan fuerte que fue como si hubiera golpeado el corazón, la sangre, el cuerpo de Wajari. Hasta sorprendió al báquiro, al cochino y a la vaca.
Pero Wajari fue el que se sorprendió de verdad. Buoka regresó a la tierra y le preguntó a Wajari: —¿Qué te pareció mi voz, hermano gigante? ¡He creado también las voces de las enfermedades de los animales!
Wajari respondió: —¡Pues sí! Escuché tu relámpago cuando andaba por allá abajo visitando mi pueblo. Me quedé impresionado por lo fuerte de las voces.
La voz era muy buena, se extendió desde tu cielo a todas partes. Y sorprendió a los animales. Por eso, Buoka, hermano mayor, ¡cambiemos nuestras voces! Pero Buoka no quiso cambiar los relámpagos. Pero sí cambiaron insultos.
Por último, Wajari le dijo a Buoka: —¡Quédate con tus voces! Ahora crearé a Redyo, el huérfano de la selva, que les ordenará a los animales que tengan enfermedades y se las pasen después a los piaroa.
Y Wajari creó a Redyo, el huérfano, que controló todas las enfermedades. Si no hubiera creado al huérfano, los animales no transmitirían las enfermedades. Se sentó en el banquito de los huérfanos y se dio a la tarea de formar
las partes del huérfano: la sangre, los pies, la piel, los huesos y la voz. Luego pronunció el nombre de los animales que transmiten la enfermedad, y los nombres de los lugares sagrados donde creó a los animales. Enumeró largamente los nombres de los lugares sagrados. Los pensamientos de Wajari y Redyo vagaron en torno de los lugares sagrados. Todavía no era perfecta la vista de Wajari:
—¡Nunca me curaré de esta! ¡También los animales tendrán siempre enfermedades!, y Redyo, el abuelo de los animales, el huérfano, será quien controlará si en verdad los hombres han recibido las enfermedades de los animales. Wajari enumeró los nombres de los grupos piaroa y de los lugares sagrados donde fueron creados y le dijo a su hermano:
—Muchas enfermedades peligrosas para mujeres y niños amenazan a nuestro pueblo. Los niños no pueden comer animales. Si tomas agua amarga ¡no comas animales! Si cuando en la fiesta de iniciación te atraviesan la lengua con espinas de raya, ¡no comas animales! Las enfermedades de los animales serán peligrosas tanto para los jóvenes como para los viejos. Esto dijo Wajari a su hermano.
El capitán Wajari escuchó voces maravillosas: las voces de los grupos piaroa. Sus pensamientos escucharon esas cosas, las voces del Warime. Y dice que cuando se vaya, a los piaroa les quedará el Warime. Los pensamientos de Wajari fueron a visitar todos los lugares sagrados de la creación de los piaroa, los recorrieron de rabo a cabo. Dice Wajari: —Mis pensamientos son claros porque yo soy bueno. ¡Soy el señor de todos los pensamientos, animales, hombres, alimentos!
En las visiones de Wajari se presentaron todas las frutas de la selva. Por eso es el señor de todas las frutas de la selva. En sus visiones bajo el Kurey Mariweka vio también los pensamientos de su hermana Tchejeru. También vio que en los pensamientos de su hermana había dioses occidentales.
Wajari vio los pensamientos del padre de su hermana y de otros como Neya’wa, Mararedyo, Enemey y Puruna. Los pensamientos de estos hombres se parecían a los pensamientos de Wajari. Wajari comenzó a golpearse con una mazorca de maíz y dijo así: —Soy bueno. ¡Conozco mi futuro!
Y las visiones de Tchejeru se parecieron a las de Wajari. Los pensamientos de Tchejeru viajaron por encima y por debajo del Mariweka. A donde llegaron, los pensamientos fueron aprovechados por los meñé-ruwäs. Por eso es que ahora los capitanes pueden enseñar y los hombres pueden aprender, porque las visiones también atravesaron a los capitanes. Aprender es muy difícil y cuesta mucho. Y no es fácil el aprendizaje de los meñé-ruwäs: los pican las hormigas, les atraviesan la lengua con espinas de raya, tienen que tomar agua amarga. ¡No temas si tienes que pasar la fiesta de las puyas! Si no tienes miedo, aprendes más rápido. Si tienes miedo, no podrás pensar bien.
Si tienes que pagar por cada lección, no puedes perder tus pensamientos. Tienes que aprender hasta la muerte y tienes que someterte a la fiesta de las puyas. Y tus hijos tendrán que hacer lo mismo.


Tomado de: Cuentos y mitos de los piaroa. Lajos Boglár  Fundación Editorial El perro y la rana (Caracas, 2015). 

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