martes, 20 de junio de 2017

Breves cuentos, mitos y leyendas indígenas (20)

Imagen en el archivo de Amalia Vargas 


MARIWEKA  (Etnia Piaroa)
—Jina-itsoma mariwekane peyenne Kuaomine –dijo Ñemeh. Venimos desde abajo, desde abajo del Mariweka. Donde nacimos, donde Wajari nos creó. Donde nos dio nombre. Allá crecimos, allá nos creó, allá nos dio nombre Wajari.
Mariweka es un lugar, es un nombre. Ya lo llamaban así antes de habernos creado a nosotros. Con ese nombre, con esa palabra, nos quisieron llamar para podernos crear.
Y bajo el Mariweka, allá en el medio, Wajari pronunció la palabra Jajkwawatamu. Y poco a poco empezamos a crecer. Dijo: —¡Jajkwawatamu! –y les dio nombre a los piaroa y a los españoles.
Wajari era así, si no hubiese sido así, ¡no hubiéramos nacido! Pero aquí estamos. Así comenzó. Entre el Cuao y el Autana se alza Parake, la montaña. Somos de allá, parientes del capitán Pitah. Allá nació y se robusteció la familia de los piaroa. ¡He aquí la obra de Wajari!
Por él nos hicimos hermanos, por eso somos amigos. El viejo raudal se llama Piahé Muotsa. Porque así lo llamaron. Por allá pasó Wajari cantando contra las enfermedades. Nosotros también cantamos, todos los parientes piaroa, si pasamos por ahí, por el escenario de la creación del mundo. Los piaroa cantan si están enfermos, si tienen fiebre. Así dice el canto: “Parake nyuerike urarike kwawatamu...”. Son nombres, los nombres de nuestras regiones. Porque Wajari les dio nombre, por eso son así nuestros nombres. Él lo cantó así. que las canciones no contienen.
Nosotros nacimos dentro de aquella caja. Se llama Jajkwawalayentume. Le dieron nombre y así nacimos en ella al igual que Buoka. Él dijo: “Tjenemu tu-uridye” –y con eso vino al mundo. Dijo: “Pujtedine” –y todos vinimos al mundo en esa cosa que pensó al igual que los nombres.
En primer lugar se escucha el nombre. Si un niño nace, la voz lo trae al mundo. Si no está flaco, si tiene pecho, no le da la fiebre. Todos sabemos que con el canto no da fiebre. Wajari pronunció los nombres de los animales, de las enfermedades, de los cantos que atraviesan el cuerpo y lo purifican de las enfermedades. Wajari nombró las enfermedades leves y graves.
Tjuarikye es la respiración, el aire, el viento. Wajari sopló su aliento en el agua y habló con las palabras de los cantos. Así fue como nos creó. Bebemos el agua soplada, comemos la carne de los animales que hemos matado, no nos da fiebre si bebemos del agua.
Las enfermedades tienen incontables nombres: viricha, tuaritsa, enemey. La primera es la fiebre en sí, la gran enfermedad. También dyubeku es enfermedad. Si canto esta canción no me da fiebre, no me pasará nada, y los niños no se enfermarán. ¿Ves? También ahora estamos sin fiebre.
Tjamure ojkorua es el nombre de alguien que está vivo. Si tenemos hermano vivo, aunque tengamos hermano muerto, siempre decimos así: Tjamure ojkorua. Así cantamos siempre para que la fiebre no se lleve al vivo. Wajari también cantó sobre el Jawapu, la medicina contra todas las enfermedades.
El canto dice nombres, habla sobre nuestros alimentos y sobre los cantos de nuestros alimentos. Sobre la creación de ellos. Para que el piaroa no se enferme si come carne. También hay cantos sobre las enfermedades de los niños, porque los pequeños se enferman muy fácilmente.
Wajari también cantó sobre el mékira, el chácharo. Su enfermedad trae unas fiebres muy altas y graves. Pero los armadillos y otros animales también pueden ser peligrosos. Por eso es que Wajari canta sobre los animales. Ware es la herida en la carne, la pudrición blanca. Si es muy grave, se llama jura y duele mucho. La herida se mueve, se contrae, no lo deja dormir a uno de tanto que duele. Y si cantamos sobre ella no nos da fiebre, ni a los niños, ni a los hombres, ni a las mujeres. Cantamos sobre toda la familia.
 “Peinede”, dijo Wajari, y luego comenzó a subir la montaña Kjorei. Partió desde abajo e iba cantando según fue subiendo. Allá arriba pidió, llamó y creó las enfermedades para que no nos olvidemos de él, del que nos creó. Allá, en ese lugar Kjorei Mariweka Nea-a Layentume donde creó el canto, donde oyó, donde escuchó el canto. Oyó muchos cantos.
Nuestra creación tuvo lugar abajo, junto al Mariweka, pero las almas ascienden hacia la montaña de Tiannawa. Esto también es parte de nuestra creación. Pennerü Tiannawa Mariweka Ñuema-a es también nuestra creación. Y todo esto nació en el pensamiento de Wajari.
—Pennerü Tiannawa –dijo Wajari cuando Buoka creó las cosas. Por eso es que nosotros tenemos varios nombres. Los nombres surgieron de la nada. Dicen que en aquel entonces se oyeron muchas palabras: Kwawaru ruare Tchejeru, Tiannawa... Todo esto lo dijo Wajari al crearnos a nosotros. ¡Nacimos y empezamos a crecer!
En este canto Wajari nos enseñó que de repente nació la gran palabra. Wajari es el abuelo de todos nosotros. Por eso fue que cantó sobre todas aquellas cosas. Kwawa-jiñene, Kwawa-kwawatamu Rineruode son nombres también, porque Wajari los pronunció cuando nos creó.
Ocurrió que Wajari vivía con su hermana Tchejeru en la churuata. Tchejeru estaba rallando la yuca, inclinada hacia adelante y moviéndose para adelante y para atrás: “Chas, chas, chas”, decía el haoda, el rallo de yuca. Wajari estaba acostado en el chinchorro mirando a su hermana Tchejeru. Ya en la estera había un montón de blanca harina rallada. En ese momento Wajari se le acercó a su hermana por detrás. ¡Y fue cuando creó a los seres extraños! También nos creó y mientras tanto cantaba e iba diciendo las palabras Kwawa-jiñene. Por eso, también cantamos hoy en día.
Si un piaroa tiene fiebre, cantan los piaroa. Cuando yo era ya grandecito me enseñaron las palabras. Porque no son fáciles las palabras de Wajari. Lo que primero cantó y se lo entregó a alguien.
Kwawanyamu nos dio lo que se come, nuestros alimentos, sea la carne de báquiro o cualquier otra cosa. De todos los animales podemos contraer enfermedades; y sí que hay muchos animales en la selva.
El canto primero creó el agua, luego el alimento que aún no contenía enfermedades. Ahora sí tiene enfermedades, nos puede dar fiebre, por eso tenemos que cantar. Y podemos enumerar las enfermedades: kauwa, ware, la herida infectada. El canto puede expulsar las enfermedades.
Tjiwedine, hay quien tiene la cara gruesa y corta, y hay quien la tiene larga y delgada. Hay muchas caras de hombre. Wajari dice que el canto hasta puede cambiar la cara. El hombre puede tener disfraz, máscara; y al que llega disfrazado, no le puede dar fiebre. Por eso es que hay muchas caras de hombre y por eso es que tenemos máscaras.
Uruwatsa, la flor de la enfermedad, si tienes sudores. Si tienes fiebres y escalofríos bebes el agua soplada y te tranquilizas. Si se acerca la fiebre, tiemblas; si algo te asusta, te entra la fiebre. Si bebes del agua soplada no te entrará fiebre. El ruwaire es como la medicina. Para nosotros, el agua soplada es la medicina porque se lleva las enfermedades. El canto es nuestro medicamento, nuestra medicina.
Hay muchas enfermedades y, por ello, muchos cantos. Todo lo creó Wajari: el canto y el agua soplada que protege a la familia contra las enfermedades, y no tendrá fiebre ni el viejo ni el joven. El canto se llama meñe y el que lo canta meñé-ruwä, el hombre del canto, el curandero, el hechicero.
Si viene la fiebre y le entra al niño, viene el meñé-ruwä, mira al niño y les dice a sus padres: “¡Lo curo con el canto!” Así es. Sacan las enfermedades del cuerpo, purifican lo comestible. Y hacen beber a la gente y no le pasará nada malo. Wajari lo creó todo y todos decimos: “Todo se lo debemos a Wajari”. Y cada vez más cosas y cada vez más cantos.

Tomado de: Cuentos y mitos de los piaroa. Lajos Boglár  Fundación Editorial El perro y la rana (Caracas, 2015).


EL SER SUPREMO (1) (Gilberto Antolinez)
Hasta hace poco creían los que estudian el origen de las religiones, que solamente los pueblos muy avanzados creían en un solo Dios tenido como ser supremo: y a tal grado de creencia se le llamaba monoteísmo. Sé entendía que los primeros hombres no habían seguramente tenido ninguna idea religiosa, y que por lo tanto vivían en un ateísmo inicial o carencia de idea de dios. Entre estas dos etapas extremas se encontraba el caso más general del politeísmo, o idea de la existencia de varios dioses al mismo tiempo. De tal politeísmo habría salido el monoteísmo, a medida que las diversas atribuciones de los dioses se iban centralizando para terminar fundiéndose como pertenecientes a una sola figura: El Ser Supremo. Y se aseguró, siguiendo ciertas imposiciones religiosas, qué fue el pueblo judío quien llego primero en la historia hasta la concepción del monoteísmo. Los pueblos primitivos, según  tal teoría evolucionista, debían haber pertenecido a etapas mucho más anteriores de creencias  en poderes mágicos, en espíritu, y en innumerables dioses, diosas y demonios de la naturaleza, dentro de un desordenado politeísmo.
Pero las investigaciones más cuidadosas de pueblos de África, Oceanía, del Asia y de la América, tenidos como los más atrasados en cultura entre los hombres, y por esto llamados primitivos, enseñaron que eran perfectamente monoteísta y se hacían descender de un solo Dios Creador , ya masculino, ya femenino, según cada cosa.
Entre los pueblos de América del  Sur contados en tal grupo primitivo, podemos citar a: los  yamana, Ona y Alakaluf de la Tierra del Fuego en el extremo del sur del continente, y a nuestros Yaruro del rio Capanaparo, en el estado Apure. Otros pueblos aún más adelantados de Sudamérica siguen teniendo una idea de divinidad de este tipo primitivo: los araucanos de Chile, y los Kaggaba de Sierra Nevada en la Costa de Colombia, por ejemplo.
Según los Ona y Alakaluf el mundo fue creado por un dios personal, a quien los primeros llaman Temaukl; “El que vive en el cielo”, y los segundos Xolas, o sea “Estrella”. Sus convecinos, los Yamana, le dicen “El Viejo”, pero no creen sea el creador, pero si El Dueño del Mundo y Proveedor de los alimentos Terrestres. Pero todas estas tribus afirman que es invisible, sin necesidades materiales, todopoderoso, que vive “más allá de las estrellas, y ha sido el compilador de todas las leyes del buen comportamiento. El Juez Supremo de Todo.

Envía, si se encoleriza, las enfermedades y la muerte; pero basta con vivir de acuerdo con sus preceptos para no enojarles. Es perfecto y no hay nada que lo aparte de sus designios, y por esto no le guardan ningún culto. Los Yàmana, particularmente, si creen que atienda cuando se le presentan sacrificios. Y los Ona, dicen que Temaukl vive apartado en un lejano Universo, pero no obstante le ofrecen sus primicias cada año.

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