viernes, 16 de junio de 2017

Breves cuentos, mitos y leyendas indígenas (16)


Imagen en el archivo de Alejandra Sánchez



EL PRIMER PEMÓN QUE EXISTIÓ
 Aichik contaba que el primer hombre, el primer Pemón que existió al pie de ese Roroimo se llama Ka´ponokok, algo del cielo o firmamento. Kak es cielo o firmamento. Ka´ponokok. Kapon- quiere decir del cielo. Pero también los Akawaios dicen, para decir persona, dicen Ka´pon.
Estos eran unos valles solitarios. Había animales, había en los ríos sirenas – Tuwenkaron,  como llamamos a los espíritus de los pozos, de los ríos. Un encanto que tiene forma de mujer. Había nada más que eso, y Ka´ponokok estaba solo como Pemón. Pero había también un Piai´mo.
 Había un piai´mo grande, altote, y tenía su mujer, pero el piai´mo era estéril, no pudo embarazar a su mujer, y ella tenía ganas de tener un hijo. Agarraba, un pedazo de tronco, un pedazo de palo y lo cargaba como si fuera su hijo, acariciándolo. Al piai´mo le daba pena y lástima su mujer. Entonces un día le dijo a Ka´ponokok: Mira, ka´ponokok, yo quiero que convivas con mi mujer a ver si la embarazas. Ella quiere tener un hijo y no le puedo dar un hijo.
 Ka´ponokok convivió con la mujer piai´mo y le dio un hijo. ¡Que contenta se puso la señora!
 Recién nacida la criatura, Ka´ponokok quiso seguir como siempre andando por esos campos. Pero entonces el piai´mo le dijo: Mira, no puedes salir porque acabas de tener un hijo. Si quieres salir tienes que ensalmarte… y le enseñó a Ka´ponokok el Taren diciéndole: Si vas a caminar por la sabana, te ensalmas con esto.
Tampoco puedes comer las cosas que vienes comiendo. Si vas a comer cualquier cosa, primero tienes que ensalmarla para que no te haga daño y al mismo tiempo no afecte a la criatura.
 Ka´ponokok tuvo que seguir las normas que le dio piai´mo y siguió viviendo solo por esos valles de Yuruani, al pie del cerro Roroimo. Él iba a su conuco a trabajar, a sembrar yuca, a sembrar mapuey, y regresaba. Un día se dio cuenta de que unas sirenas, unos Tewenkaron, subieron a una curiara a canalete por el río Yuruani- plas, plas. En el río Yuruani existen unas matas que echa fruta como guamas pequeñas y dulcita que nosotros llamamos Awira, se consiguen bastante a orillas de esos ríos. Los Tuwenkaron eran tres hermanas buenas mozas y se encaramaron en la mata a comer guama mientras él de lejos las veía.
 Un día se puso más cerca… y se enamoró de una de las sirenas. Otro día se acercó más y se escondió. Aquí llegan siempre, ya terminaron con este guamo que estaba cargadito, yo voy a esperar para ver si vienen. No esperó mucho, comenzaron a subir por el río Yuruani las tres Tuwenkaron, se encaramaron en una rama comiendo guamos y riendo.
 Estaban tan cerquita que cuando las miraba… ¡caramba! Entonces no resistió la tentación y se acercó más. Las Tewenkaron del susto comenzaron a bajarse de la mata para echarse al río.  Agarró a una de ellas por la cabellera: Mira, tú me gustas, yo no te voy hacer daño, únicamente quiero admirarte y verte.
 – No, no, déjeme, por favor ¿qué es lo que usted quiere?
– Yo quiero que tú seas mi compañera. – No, no, mira: si esa es tu intención, eso va hacer para tu perdición. ¡Mejor déjame! Ahora, si tú quieres pedirnos una compañera a nosotras, ya te vamos a traer una que quiera ser tu compañera. – Entonces las dejó que se fueran.
 Al otro día como de costumbre, Ka´ponokok va a su conuco; comienza a limpiar su conuco, a quemar las malezas, a sembrar yuca, ñame, mapuey, lo que el Pemon produce en su conuco pues… ají, batata, y todo lo demás.
 Mientras Ka´ponokok estaba trabajando, se le aparece… la sirena. Pero no de las tres que había visto, sino una más joven y más bonitas. Y le dice: Mira, Ka´ponokok, mis hermanas me dijeron que tú quieres una compañera. Entonces ellas me mandan para que yo sea tu compañera. Se puso alegre: ¿Así es la cosa? ¡Qué bueno! Mira, lo primero que yo quiero es, como tengo hambre y tengo sembrado mapuey y batata, entonces yo quisiera que me asaras unos mapueyes.
– Como no. – Ahí está la fogata- porque como ya estaba amontonando las malezas, las ramas, ya estaba la fogata hecha, le dice: Mira, ahí está, no necesitas prender la fogata. Se retira un poco  y siguió haciendo sus trabajos, pero de vez en cuando daba vueltas para admirarla… y la sirena asando los tubérculos del mapuey, sigue asando, y sigue trabajando mientras tanto Ka´ponokok. De repente cuando se dio la vuelta, la sirena había desaparecido. ¿Qué pasó? Si hace un ratico que la vi ahí. Se acerca a la fogata y se lleva una desagradable sorpresa. Mientras estaba asando el mapuey, como estaba hecha  de cera se derritió, y ahí estaba junto a la fogata. ¡Caramba, me engañaron, me tomaron el pelo! Bueno, está bien. Pero estaba decepcionado, un poco triste, y después de que se comió los mapuey, se regresó a su sitio donde pernotaba.
 Al otro día continuó trabajando en su conuco. Se le aparece la segunda, más bonita que la que se había derretido. Mira, Ka`ponokok, me dijeron mis hermanas que tú quieres tener una compañera. Entonces ellas me mandaron para que yo sea tu compañera.
 -Mira, te voy a decir una cosa. No sé si tú vas a ser mi compañera, porque la que me mandaron ahí se derritió. Ahora, contigo no sé qué puede pasar. Entonces no me voy a engañar, no me voy a contentar hasta que verdaderamente seas mi compañera, hoy, mañana, pasado mañana, para vivir pues como mi compañera, porque eso es.
 – No te preocupes, yo voy a ser tu compañera.
- Bien, si es así, te voy a agradecer… arráncame unas matas de yuca, ahí hay batatas, y yo quiero que me hagas kachiri. Quiero tomar kachiri, porque me canso y quisiera refrescarme.
– Como no ¿Y dónde lo hago?
 – Bueno, ahí está, tengo unas ollas de barro grandotas.
 Entonces la mujer secó la yuca, la ralló como pudo, le echó en la olla agua, le echó la masa rallada a la olla, le agregó batata – tal cual como nuestras mujeres en los actuales momentos hacen kachiri, la fórmula. Eso mismo hizo la Tuwenkaron. ¡Caramba, pensaba, parece que sí!
 Ahora sí voy a tener una compañera. De vez en cuando se volteaba, como le había pasado la experiencia anterior, a ver cómo y por qué desaparece.
Siguió trabajando… cuando se da vuelta, todavía está ahí. Ah, parece que sí. Llega a su punto el kachiri para poder sacarlo y cernirlo, echarlo en una tapara grande, para que mañana amanezca fermentado y se pueda tomar sabroso. ¿Ya terminaste? Ya va a estar la comida. Como he sudado bastante me voy a abañar. Ya yo vengo – Ah bueno, está bien. Siguió trabajando Ka`ponokok. Pasa tiempo… se alarga el tiempo… más tiempo.
 ¿Bueno y qué pasa? ¿Qué hará si le pasa algo como a la primera? Y se manda al río.
Cuando llega al río… observa que se ha deshecho. La mujer como estaba hecha de arena, al estar bañándose se deshizo. - ¡Otro desengaño más! – Entonces él dijo: Bueno, está bien, continúo solo. Regresó a su casa, pero el kachiri que le hizo la Tuwenkaron se lo disfrutó al día siguiente.
 Otro día más continúa su trabajo y aparece la tercera. Al parecer él se puso contento, pero no así mucho. La primera vez se puso contento, la segunda vez más contento, pero esta vez en  de ponerse más contento, como ya había sido engañado dos veces dijo: Bueno, está bien, me resignaré a lo que venga. Era más bonita todavía, y le dice: Mira Ka`ponokok, me han dicho mis hermanas que tú quieres una compañera.
 Aquí estoy para ser tu compañera. – Bueno. No sé qué decirle. La primera se me derritió, la segunda se deshizo allá a orillas del río, a ti no sé qué te puede pasar. Pero de todas formas está bien, pues ¡Acompáñame! – A esta no le pasó nada, esa fue la verdadera compañera que tuvo.
  Convivió con ella y tuvo un primer hijo que se llama Makunaimo. Siguieron conviviendo, y pasado el tiempo tuvo otro hijo, que se llamó Chiko. Chiko en nuestro idioma quiere decir nigua. Los indígenas, antes de la llegada de los misioneros ponían los nombres de la naturaleza, loro, acure, y otros muchos más. Esos eran los nombres que daban de acuerdo a lo que le sucediera a esa persona. Como por ejemplo, si era muy dormilón, bueno, lo podían llamar como el pájaro pereza arawo; o si era muy hablador lo podían llamar loro`wek. Así le ponían los nombres, de acuerdo como se desenvolviera esa persona. Entonces le puso el nombre de Chiko.
 Una vez Ka`ponokok dijo: Miren, yo me voy a visitar a unos amigos. Yo me voy  por un comino por un camino en la dirección  de la salida del sol, y vengo tal día. Se fue. Quedó la mamá con los hijos, y como tardaba tanto en regresar, los hijos y la mamá emprendieron el viaje para ver por donde había ido su papá. Pero en sus sueños… o alguien les avisó: Miren por donde ustedes vean restos de venados y otros, no sigan por ahí sino por donde no haya restos de animales, porque el otro es camino peligroso. Pero no hicieron caso y les sucedió que estando pernoctando en un sitio encontraron a la abuela sapo llamada Poro no`samo. Poro es sapo y  No’samo es abuela.
 Un día el Poro no`samo le dijo a la mamá de Makuanimo y Chiko: Mire señora, yo tengo bastante piojo. Vamos a ver si me saca los piojos.
-Las indígenas tienen costumbres  de que cuando comienzan a sacar los piojos a sus hijos no es que se los comen sino que los muerden para matarlos. Los huevos o el adulto. Ella comenzó a sacarlos y los iba matando con los dientes.
 Entonces el Poro no´samo le dice: Mira, los que consigas aquí junto a mi oreja, tenga mucho cuidado, que esos pueden ser mortales. Entonces se descuidó y mordió a unos piojos de esa parte y se envenenó y murió.
 Mientras tanto los muchachos estaban por ahí jugando. Entonces un pajarito que hay mucho en la Sabana, y nosotros llamamos Ka´sapuu. Ese levanta el vuelo y va así: sube, baja y vuelve a subir, y al mismo tiempo canta ka´sapuu. Estaba ese pajarito cantando y de repente se dan cuenta de que es un mensaje que les está mandando.
 Entonces ponen atención y escuchan ka´sapuu anodankon naipapok porono´samo nechí.
 Mira, es un mensaje que nos manda ¿Tú no oyes? Que acaban de envenenar a nuestra madre. Vamos a ver qué pasa. Se fueron y la encontraron muerta, entonces se convirtieron en moscas. Usted sabe que cuando hay un muerto las moscas se acercan y comienzan a poner huevos, y comienzan ya a comer el cadáver, se le meten en las entrañas, bueno… entonces ellos comenzaron a posarse, primero entraron por el ano, por el recto de su madre. Viene la vieja abuela sapo: Bueno, ya me la voy a comer. Le abrió el vientre a la mujer y resulta que encontró a los dos hermanos que habían penetrado por el recto. Los encontró convertidos en huevos – unos huevos bastante grandes, pero durísimos. ¡Caramba, yo me los quisiera comer, pero están muy duros!
 Bueno, vamos a ver. Yo los voy a poner encima de la fogata y aquí los voy a tener hasta que se ablanden para poderlos comer. Y los tenía encima de la fogata, de vez en cuando les daba vuelta. Pero cuando no estaba la vieja los huevos se convertían en seres vivos, le comían la comida, le hacían travesuras, y cuando venía la vieja decía: Bueno, me falta tal cosa ¿quiénes serán? – Un día los sorprendió y los agarró infraganti, pero ellos hicieron sus cosas y no se dejaron dominar.
 Otro día dijeron: Mira, vamos a vengarnos de esta vieja ¿cómo lo haremos? Entonces a la abuela sapo  se le ocurrió mandar a los muchachos, a Makunaimo y a Chiko, a que le tumbaran un conuco. Ellos tumbaron un conuco. En la Gran Sabana hay unas matas que cuando uno quiere prender fogata lo que hacen es puramente echar humo. Entonces ellos cortaron esas matas que no se prenden con facilidad sino que echan mucho humo y, cuando llegó la época de la quema del conuco, le dijeron: Abuela, ya puedes prender el conuco – y le habían puesto ese palo que no prende – vaya para allá y préndalo. La vieja se puso sopla que sopla, sopla que sopla, para prender la fogata para chamuscar el conuco. ¿Y mientras la viejita estaba soplando que hicieron ello?
Prendieron otra fogata y comenzaron rápidamente a quemar el conuco por aquí y por allá, y cuando la viejita se dio cuenta estaba rodeada de candela.
 La viejita explotó, y antes de explotar echó una maldición, y el hígado de esa viejita se esparció por la Sabana. Esos pedazos quedaron petrificados y eso es lo que actualmente es la sagrada piedra del Jaspe (wa´to).
Bien, siguieron viviendo los hermanos Makunaimo. El más tremendo siempre Chiko.
 Cualquier cosa que decía: Mira, vamos hacer tal cosa. Su hermano le decía: No hermano, cuidado, no sea que nos pase… - ¡No, no, no! No importa!
 Hacía desastre, pero el hacía sus travesuras porque sabía contrarrestarlas. Porque, acabo de decir que Piai´mo le enseño a Ka´ponokok los ensalmes, las oraciones, y supuestamente también Ka´ponokok le transmitió a sus hijos todos esos conocimientos.  Los aprendieron e inventaron otras cosas más a raíz de todo eso.


Tomado de Pataamunaanü´nin: Nuestras Tierras son de nosotros (Etnia Pemón). Carlos Figueroa. Ediciones El Pueblo. Ciudad Bolívar. (2005)

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