viernes, 20 de abril de 2018

El Matrimonio de Pajarote y Francisca. Poesía Llanera

Imagen en el archivo de Noilton Pereira

Él se llamó Pajarote,
y ella Francisca del Puerto:
ella esclava y él esclavo
que quieren hincarse en medio


César Reyes 
A UNA ZAMBA

Voy a fabricar un barco
de calicanto y arena
para embarcar a mi zamba
ojo de garza morena
yo no enamoro con canto
porque yo no soy sirena
yo lo hago es conversando
cuando la mujer es buena
que voy las aguas navegando
para alejarme de la pena.




Antonio José Torrealba 

EL MATRIMONIO NEGRO

 Vi, debe hacer tres días,
en la iglesia de San Pedro,
una tenebrosa boda
porque era toda de negro.

Parecía matrimonio
concertado en el infierno:
negro esposo y negra esposa
y negro acompañamiento.

Sospecho yo que, acostados,
parecerán sus dos cuerpos,
junto el uno con el otro,
algodones y tintero.

Se llenaban de estornudos
la calle en que vinieron,
que una boda semejante
es más bien un sufrimiento.

Iban los dos de las manos
como pudieran dos cuervos;
otros dicen “como andrajos”,
porque a andrajos van oliendo.

Iba afeitada la novia
todo el tapetado gesto
con hollín y con carbón
y con tinta de sombreros.

Tan pobres son que una blanca
no se halla entre todos ellos,
y por temer un cornado
casaron a este moreno.

Él se llamó Pajarote,
y ella Francisca del Puerto:
ella esclava y él esclavo
que quieren hincarse en medio.

Llegaron al negro patio
donde está el negro aposento
en donde la negra boda
ha de tener negro efecto.

Era una caballeriza,
y estaban todos inquietos,
que los abrumaban las pulgas
por berrincheras de perros.

A la mesa se sentaron,
donde también les pusieron
negros manteles y platos,
negra sopa y manjar negro.

Les echó la bendición
un negro veintidoseno,
con un rostro de azabache
y manos de terciopelo.

Les dieron el vino, tinto:
pan, entre mulato y prieto;
carbonada hubo, por ser
tizones los que comieron.

Hubo jetas en la mesa
y en la boca de los dueños,
y hongos, por ser la boda
de hongos,  según sospecho.

Trajeron muchas morcillas,
y hubo algunos que de miedo
no las comieron, pensando
en comerse  negros dedos.

Cuál, por morder del mondongo.
Se atravesaba algún dedo,
pues sólo diferenciaban
en las uñas de lo negro.

Mas, cuando llegó el tocino
hubo grandes sentimientos,
y pringados con pringadas
un rato se enternecieron.

Acabaron de comer,
y entró un ministro guineo
para darles aguamanos
con un coco y un caldero.

Por toalla trajo al hombro
las bayetas de un entierro:
laváronse y quedó el agua
para ensuciar todo un reino.

Y los negros se sentaron
sobre unos negros asientos
y en voces negras cantaron
también renegridos versos:

Negra es de  aquel,  la ventura, 
negro fuerte como un danto,
negra es su novia, qué negra,
pero su gracia es de un blanco. 

Negro tenían el color,
si no nos equivocamos,
y más negra es todavía,
la conciencia de los amos.

Hay negros que son negritos,
pero blancas sus acciones,
y hombres que son muy blancos
con conciencia de carbones.

Negra es la tinta y con ella,
El mundo se comunica,
a la garganta más bella,
el negro azabache aplica.

El que me dijere negro,
negro tendrá el corazón,
más negra será su madre
y toda su generación.


Poema tomado  del Trabajo de Investigación:  "COMPILACIÓN,  ESTUDIO Y SELECCIÓN DE TEXTOS DE LITERATURA ORAL: CANTOS, CUENTOS, POEMAS Y CRÓNICAS  EN LOS SECTORES SAN JUAN II Y LAS LAJITAS I,  EN SAN CARLOS,  COJEDES" de Isaías Medina López.  Obra ganadora del I Certamen Nacional de Proyectos Concursables del Ministerio del Poder Popular para la Cultura

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