martes, 24 de abril de 2018

Cuentos del Arriero (Encuentro con La Sayona y otras Historias). Samuel Omar Sánchez


Imagen en el archivo de Ofelia Rodríguez Pérez




EL ENCUENTRO CON LA SAYONA
En los llanos del estado Guárico, sitio por excelencia de los relatos de espantos, aparecidos, encantamientos, y otros más… Don Carpio conocido como “El Paisa”, está conversando en el patio de su hogar, con su hijo Gustavo “el negro”, cuando llegan sus amigos: Francisco “Muerto Flaco”, José Ramón y Luis se saludan, dice “Muerto Faco”: -Compa Carpio, venimos a invitarlo para ir de cacería, comentó mi compadre Federico, que en Cerro Alto, vio unos enormes venados, se anima... Don Carpio, es un afamado cazador e igualmente pescador. Le responde con un ¡Sí! Se van los amigos y le recuerdan: -A las cinco de la tarde, lo pasarían buscando. Le dice a su esposa: -Isolina, prepare los macundales; porque pasaremos varios días en la montaña y me acompañará “El Negro”. Al caer la tardecita, ya han terminado toda la faena y dejado todo listo. Llegan sus amigos en una camioneta doble cabina, toman camino y al llegar a la entrada de la montaña, van directo a casa de don José Gregorio, muy amigo del “Paisa”, se saludan y le cuenta que dejaran el vehículo, porque subirán a la montaña a cazar algunos venados. Después de conversar un rato, se despiden y toman camino, llegando a un cruce de una quebrada, se detienen a refrescarse toman un poco de agua, ven escabullirse dos cachicamos y comenta “El Negro”: -Mire Taita, la cosa pinta buena. Todos se ríen, siguen la marcha, son casi las siete de la noche, arriban a un claro donde deciden acampar, preparan la fogata para cenar, guindan sus chinchorros, se recuestan un rato. A las once, se levantan y se internan en la montaña, “El Ngro”, lleva un buen termo de café para así espantar el sueño, están vigilando un comedero pero nada que aparece ningún animal. Llego la medianoche, toman café y comenta “Muerto Flaco”: -Compañeros, la caza se pone pesada. Aprovecha “El Paisa” para comer una pella de chimó Tarazonero. Una fuerte brisa estremece los árboles, se oyen gritos extraños en las profundidades de la montaña. En una pica ven a tres enormes venados, se alegran y dice Luis: 
-La noche se acomoda amigos, ahí están las presas... 
"El Paisa” es uno de los mejores tiradores expertos del Guárico, prepara su escopeta, un disparo seguro, cae el enorme venado. Los demás logran darle a los dos restantes, se alegran. Llegan al sitio, tremenda sorpresa, ven rastros de sangre pero nada de los venados. Dice José Ramón: 
-Seguro, están más adelante-. Caminan casi una hora, y nada encuentra, al claro de la luna, aparecen los tres venados comiendo, rápidamente disparan y logran darle certeramente. Al llegar ni rastro... Algo asustado dice “El Negro”: 
-Taita, son cosas del demonio-. Todos se persignan y deciden regresar rápidamente para el campamento. Se encuentran alrededor de la fogata, incrédulos aún “Muerto Flaco” saca una botella de aguardiente caña clara y varios tragos se toman. Comenta José: 
-Eso que vimos, son los encantamientos de la montaña-. Nadie dice nada, saben que algo malo presagia la noche. Cada uno se acuesta en sus chinchorros, aún nerviosos. No ha pasado media hora cuando oyen un horrible llanto bajando desde la montaña, se levantan y ven la figura de una mujer, notan que viene levitando, no toca el suelo, sus ojos son dos brasas de fuegos. Exclamó Luís, todo tembloroso: -Esa es la Sayona, vámonos. Agarran sus escopetas y salen a plena carrera montaña abajo, oían ese grito que les reventaba los tímpanos, es un silbido que los tiene locos, casi los alcanzó la mujer, al cruzar la quebrada, pega un grito que les heló la sangre, están blancos, se encuentran como panela de hielo… escuchan el cantío del gallo anunciando el nuevo amanecer, se detienen y ven como esa aparición se esfuma en el aire y detrás el silbido. Los cazadores caen de rodillas y agradecen a Dios, que por andan esa noche casi son ellos los cazados por la Llorona.


EL LLANTO DE LA LLORONA
Frente a la Plaza ubicada en el municipio de Araure, se encuentra la iglesia “Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza”, una edificación colonial, orgullo de sus habitantes, ante sus puertas desfilan constantemente numerosos viajeros que pasan por esos llanos y la visitan, ya que ahí fue bautizado el General José Antonio Páez e igualmente en ella oró el Libertador Simón Bolívar antes de ir a la Batalla de Araure y triunfar con su ejército libertador. Cuentan desde hace muchos años, por esos lados de la plaza, oyen llantos lastimeros de La Llorona, la describen quienes han tenido ese encuentro nada agradable, es una mujer joven, muy bella, de larga cabellera de color negro azabache, piel blanca, con un cuerpo de cuatro y un caminar de potra fina. Mes de mayo, tiempos de cachapas y cantos de velorios a la Cruz de mayo, se encuentran los amigos: “Monche”, Omar Infante, “El Negro” y Ruperto; están conversando y comenta “El Negro”: -En casa de Milagro Pérez, hay un Velorio de la Cruz de Mayo, todos se ponen de acuerdo y a las ocho en punto se encuentran en el sitio acordado, se van conversando. Al llegar Milagro los saluda:
-Me alegra muchachos, que estén aquí y compartamos este momento, pasen son de la casa. Todos la florean al decirle que está más bella que la luna, ella se ríe con esa picardía femenina y dice Milagro:
Tu sonrisa alegra tu belleza, y tientan a besar esos labios provocativos con sabor a miel y albaricoque. Ese caminar de estampa de potra fina, pone a sudar a todos y acelera los corazones con ese poing de cascada de sueños. Milagro, se sonroja y los demás la felicitan. Después de ese galanteo, se ponen a compartir con los presentes, llega la medianoche y después del pago de la promesa, ahora empieza la parranda con arpa, cuatro y maracas. Las jóvenes engalanan con su belleza la fiesta es para amanecer, donde la comida sobra y de tomar cocuy de penca. Son las dos de la mañana, cuando Ruperto les dice a sus amigos que está cansado y se quiere marchar. Le comentan sorprendidos: -Estas loco, mira como hay bellas mujeres, por Dios… Todo serio exclama: -¿Bueno, muchachos igualmente me iré solo…? Intrigada Milagro le pregunta: -¿Qué te pasa Ruperto, estas aburrido, mira cuantas flores adornan la fiesta y te vas a retirar? -No amiga, de verdad me quiero ir. Le responde. Milagro, no le insiste y dice: -Está bien, ve con cuidado, recuerda es mes de mayo, cuando todas las ánimas salen en busca de alguien para aliviar sus penas… Sus amigos también le comentan: -No te vayas, dentro de dos horas nos vamos. Se despide, viene caminando por esas calles solitarias, nada más piensa en llegar a su casa. La luna se detienen y se esconde detrás de unas nubes, de golpe un escalofrío le recorre su cuerpo, llegando a la plaza José Antonio Páez, en Araure, ve sentada a una mujer muy joven, delgada, con una larga cabellera negra que le brilla, nota que su piel es blanca, pero sus ojos le resplandecen al ver que tiene cuerpo de sirena… lleva puesta una bata blanca larga y encima otra de color negra. Piensa… -¿Quién será esa mujer, y con esa vestimenta tan inusual? Sigue caminando, al llegar ante ella. Como un galán medieval le dice: -Buenas noches, mi bella dama: - ¿Qué haces tan solitaria por aquí? - ¿Qué le pasa? Con una sensualidad, lo mira a la cara, le muestra una sonrisa donde sobresalen unos labios rojos carnosos, que tientan a morderlos… Se oyen ladridos de perros acobardados. Ella dice algo triste: -Es que busco a mi hijo. El cual se me extravió por estos lados. Se extraña Ruperto, se pone remolón, se recuerda de los comentarios de sus amigos. La mujer se levanta y queda boquiabierto, al ver tanta belleza con ese cuerpo de guitarra, el hombre salta de la emoción. Se ofreció para ayudarla, caminan agarrados de la mano, siente un frío, su corazón late asustado. Algo presiente… La mujer se detiene y dice:
-¿Qué le pasa Ruperto, lo siento como un ratón acobardado, es que no te gusto…? Se oyen el maullar de gatos, la noche está tétrica anunciando una desgracia. El rostro de la mujer se transforma y grita diciendo: - ¡Mi hijo, mi hijo! Ruperto esta pálido, se da cuenta que esta frente a la misma Llorona, del susto cae desmayado. Al amanecer unos trabajadores del aseo urbano, lo encuentran y lo socorren; aun impresionado les cuenta que La Llorona lo asombró en la Plaza de Araure.


EL AHORCADO (MATURÍN)
Tiempos aquellos donde nuestros abuelos, sentados en sus taburetes de madera y alrededor de la luz de la vela, cuentan esos relatos de aparecidos y espantos, los cuales recorren las calles de tierras del Furrial del estado Monagas. Esos arrieros, aparte de cargar en las mochilas el tabaco en ramas o chimó, lo acompañan la luna y las estrellas en esas largas travesías por caños y montañas. En los arreos de mulas traen mercancías para los negocios; así es la vida, como se la ganan donde a más de uno les salió un aparato feo... Es parte de nuestra idiosincrasia y con los cambios algunas de esas apariciones han desaparecidos con la llegada de la luz. Pero otros se arraigaron como el ahorcado del árbol, que está en frente donde una vez funciono el Club Social y Deportivo el Furrial. El cantante ecuatoriano Julio Jaramillo engalana dicho sitio, con su voz se paseó por un variado repertorio hasta se dejó acompañar con arpa, cuatro y maracas, extasió al público presente con la canción “Tardes Cojedeñas” y salió en hombros al estilo de los grandes matadores de toros, tiempos de bellos recuerdos, en la actualidad funciona ahí la Junta Parroquial. Un día cualquiera, el año se me olvidó, en casa de la señora Mireya, está con su hija Josefina; por cierto estudia cuarto año de bachillerato, una muchacha de dieciséis años. Le dice a su mamá: -Mami, esta noche en casa de mi amiga María Elizabeth, le celebrarían sus diecisietes años de edad, para que me des permiso. Le responde: -Bueno está bien, pero hoy, tú harás el almuerzo. -Gracias mami, muy sonriente. Exclama Josefina. La abraza y se esmera en preparar esa deliciosa comida. Se viste sencilla, pero elegante, al verla así tan bella su madre comenta: -¿Tú amiga, no es la cumpleañera? Pareces una linda princesa, aunque siempre lo eres con ese bluyín negro y esa blusa azul, ¡ay Josefina! seguro que a más de uno le darás un infarto... Se ríen las dos. -¡Ah pues mami! estoy sencilla. Le responde Con la picardía de madre. Dice: -Podrán estar en esa fiesta más de un pretendiente, pero sólo una persona es tú dolor de cabeza... Sus ojos negros le brillan, con un tímido ¡sí! lo afirma, le da su bendición y agrega: -No regreses muy tarde, acuérdate de la aparición que sale en el frente del club social... -Si mami, me cuidaré pero ese espanto ya no existe. Dice sonriendo. Llega con el regalo a casa de la cumpleañera y empieza a disfrutar de la fiesta. Están casi todos sus compañeros de clases y baila tanto que hasta los pies le duelen, varios pretendientes entre ellos Manuel Omar, aprovechan para atenderla como una princesa oriental. Josefina, está descansando un momento y aprovecha para conversar con su amiga y suena un set de canciones románticas, varios tratan de seguir bailando con ella y dice: ¡no! A sus bellos ojos negros, se le van ese brillo de fuego y le brotan dos lágrimas... Le preguntan a María. -¿Qué le pasa a Josefina, que no quiere seguir bailando? -Esas canciones, le tocan su corazón algo bonito de ella. Responde su amiga. Llega la hora de cantar el cumpleaños, sorpresa aparece un mariachis...a la una de la madrugada se despide de su amiga y la familia, le dan un buen pedazo de torta y carne asada con casabe para su mamá. Se ofrece Manuel Omar, para acompañarla junto a José y Marina, que van por el mismo camino. Vienen conversando y Manuel floreando a Josefina, ni pendiente. Están llegando al Club Social, el aire se siente pesado, un olor intenso a cacho quemado casi los asfixia. Y toda sofocada dice Josefina: -¡Ánimas del Purgatorio!, esto no es bueno... Caminan rápido pero los pasos no rinden, ahora todo pálido y tembloroso dice Manuel: -¡Es verdad lo del muerto! y todos se persignan más que viejita montada en moto. De la montaña baja un grito de dolor que los ponen más asustados que gallinas en fiesta de zorros. Una brisa fuerte sale como puñal arañándoles la piel... La luna se acobarda y sale brincando para esconderse. Se oyen rebuznar varios burros, pero parecen risas sarcásticas. Al llegar frente al Club Social, ven una figura colgada de un mecate a la rama de la ceiba, sus ojos brotados, la lengua la tiene de corbata. De la impresión Josefina, pegó un grito que recorre El Furrial. Manuel Omar, está frío como cava de hielo. José junto a Marina, sudan más que tapa de olla de hervido. Un olor al propio azufre los envuelve. Parten en carrera, Manuel deja a Josefina en la entrada de la casa y sale como cohete para su hogar. La muchacha del susto, no puede abrir la puerta. Se levanta su mamá al verla más pálida que muchacha anémica, pero aun así no soltó la torta se la entrega, y le pregunta. -¿Qué te paso hija, mira cómo estás? -Mami, mami, de regreso nos salió ese horrible espanto. Esta toda erizada y temblando. La abraza, le da agua con azúcar y la acompaña al cuarto para que se acueste. Al día siguiente se regó como pólvora que, a Josefina y sus amigos, los asombró El Ahorcado de El Furrial.


EL ENCUENTRO DE LOS MOROCHOS SÁNCHEZ Y LA SAYONA
Hablar de los relatos de ese San Carlos, cuando sus calles eran de tierras, el alumbrado de los poste de electricidad parecen cocuyos en noches de neblinas, casas de bahareque y techos de zinc, en los patios no falta un chiquero donde engordan varios marranos para la venta y el consumo de la familia, igualmente no falta los tinajeros y jarrones de barro donde se almacenaban esa agua la cual se mantenía fría y dulce, pero los cuentos de aparecidos, de fantasmas eran el pan de cada día. Este relato sucedió más o menos para los años de 1.965, Samuel Elías Sánchez, conocido como “El Morocho” trabaja para la Oficina del Correo de San Carlos, es cartero y lo ven recorrer las calles en una bicicleta de reparto que le asignaron para llevar las cartas y encomiendas, a los tres años siguientes pasó a trabajar como Oficinista en los depósitos del Garaje del Estado, su hermano Elías Sánchez, el otro morocho, para esos años está trabajando en el área de mantenimiento en la parte eléctrica del Hospital Los Llanos, el cual estaba ubicado en los terrenos de la Plaza Manuel Manrique y la Cinemateca, por cierto en dicho sitio aun rondan los aparecidos de ese viejo Hospital. Samuel Elías, se había casado, pero siempre en las tardes, visita a su madre Teresa Sánchez, en el barrio La Morena, ahí se entretenían jugando barajas con ella, igualmente la señora María Rivero, don Pánfilo, doña María Seijas y por supuesto el otro morocho Elías, son casi las nueve de la noche y dice la señora Teresa: -Mira Samuel, acércate a ver qué le ha pasado a tu hermano, que no ha llegado. -Está bien le responde. Sale en la bicicleta, al llegar se encuentra con la enfermera de guardia de nombre Rosario, al verlo dice: -Caramba, ¿vienes a ver  a ...?.
-No chica, ya esa mujer se fue para Manrique. Se despiden, se viene los dos en la bicicleta de reparto está manejando Samuel, cuando están llegando donde ahora funciona las Oficinas de Eleoccidente, antes llamada Calle Real hoy Avenida Bolívar, en esos terrenos había un aserradero. Una estela de una fuerte brisa los mueve, sienten que la noche se paralizó, dice Elías: -Cónchale, es La Sayona. En ese momento oyen los gritos y dice Samuel: -Agárrate, hermano, que le daré pedal. Están asustados, los gritos más cerca de ellos, siente que los traen coleados, parece que no han recorrido mucho, cuando llegan a la puerta de la casa, tocan la puerta desesperados y sale la señora Teresa, al verlos así ya sabe que vienen espantados, trae en su mano una vela de La Candelaria y la estampa de La Magnifica, está rezando y la mujer se perdió por esos caminos, gracias a su madre, se salvaron. Esa noche Samuel, se queda a dormir en casa de su madre, al día siguiente fue el comentario que a los hermanos Samuel y Elías, los asombraron.


Estas piezas literarias se tomaron del libro: Los Cuentos del Arriero de Samuel Omar Sánchez, editado en San Carlos, por la Fundación Editorial El perro y la rana –Cojedes,  2017 

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