jueves, 4 de febrero de 2016

Poesía de Amores y Desamores (4)

Imagen en el archivo de Alfonso Giraldo 


PÚA (Santos López)

La emoción
Mas no la memoria
En este límite

Alambre triste en mi garganta
El amor está como lavar un hielo

Y puedo oír
Y calco

Somos de tanto espacio
Delirantes en el estío

Con un fulgor adentro
Casi ajeno

Como una enorme púa
Que me despecha
              

De “RESPUESTA” (Enriqueta Arvelo Larriva)
“Quiero saber, hombre lejano que me llevaste
por una ribera muy tuya para mí desconocida,
si en un paso de insomnio
tus pájaros briosos y relucientes
picaron en las moras zumosas de mi soledad.
Si me sentiste allí,
en la espesura de tu bosque sumido,
como hoja soterrada,
como liana sin anillo,
como brisa curiosa
castigada en cárcel pavorosa y oscura.
Si me aspiraste en el último humo de la tarde
o si pasé despertándote por tu más raro amanecer.

Imagen en el archivo de La Estrella de París 


VESTIDOS DE AGUA (Orlando Flores Menessini)
Vestidos de agua
                         atravesamos el puente de las imágenes
que tú no conocías
Cerraban las oficinas de la tarde
se aproximaba el tren de las sombras
Me miras entonces con mirada de abismo derrumbado
                               con mirada de alacrán subiendo por las paredes
                               con mirada de corazón ardiendo
Como si fuera deber tuyo entregarme la vida
sobre una bandeja de ternura implacable
hasta me regalaste un pájaro doble que tenías en el pecho
y lo apreté con audacia de nube
Arena revolcándose en arena
Sometí momentos ambiciosos a tu cariño de gavilán preciso
Ave enamorada del silencio
Yo te amo fuertemente entera
Ciega amabilidad
                           vengo cortado
te traigo un perro y una calle sola
Un montón de noches
                                  te retuve sobre esa rara luz
                                 que moja lo incomprensible
Bien lo sabes
                   supimos recoger en la pulpa de la lucha
carne de miel
cenizas de nuestra aventura.
                           
             
LIV (Magaly Salazar)
Juntémonos, amor,
y hagamos gentío.
Me reclama tu herida
y la plegaria por todas las heridas.

Somos la espiga que nace entre las rocas,
cuerpos de resistencia
y la esperanza como subversión.

Somos la fe de los abrazos,
presencia de vela en la sombra,
el espacio para la libertad.


Imgen en el archivo de Maritza Torres Cedeño

POEMA CORTO (Fidel Flores)
si cierro un libro
o fumo a mitad de la noche
una mujer canta y baila en algún puerto
a veces me mira
y sus ojos son pájaros
lanzados con delicada furia sobre el mar

La espero con cada tempestad
Cuando junio derrama fuegos
Y fugitiva de todos
va dejando un perfume de flores antiguas

Imagen en el archivo de Maritza Torres Cedeño


DESCIENDO (Siddharta Mejías)
Desciendo
a tus notas más agudas,
en el instante de la persistencia.
Te nombro
frente a destellos que enmudecen,
en el instante del canto infinito,
donde el agua
toca
la semilla.

EL CABELLO DE MI MUJER (Gabriel Jiménez Emán)
El cabello de mi mujer tiembla en las noches
                                      áridas
                                      como un susurro.
                                      Después va a la almohada
                                      y duerme el sueño del desierto.

Cuando cierra los ojos, mi mujer y su pelo
                         se combinan con sus párpados
                         y yo me quedo solo en medio del cuarto
                         viendo cómo se alimentan sus fantasmas

Los fantasmas de los cabellos de mi mujer
                              quieren subir las colinas azules.
                              yo les proveo de algunos víveres
                              y una hija mía les da un beso en la frente
                              el cabello rizado, pintado, aterciopelado                                   de mi  mujer                                                       
                              sube por las colinas de la noche

                               y hace temblar mi pecho.



Versos de Leonardo Gustavo Ruiz
Veo en ti, hacia adentro,
la ausencia de los límites.
La ausencia ve por ti, absoluta,
una presencia.
De ti me voy
a lo que ya no busco
afuera, cuando dices
«-No huyas de la sombra que te habita».
Tu oquedad me colma
de esa amarga esperanza:
la certeza es tu honda travesía

errando en ti vacío, pleno.


Imagen el archivo de Hméndez Artellier