domingo, 14 de febrero de 2016

Poesía de Amores y Desamores (12)

Imagen en el archivo de La Estrella de París 

Poema de Miguel Pérez
Sé que los cuerpos rozan
Y buscan asiento
En el fondo de la ternura
Y ella
Aunque descalza
Está sentada
En la colina roja
Del alma embriagada.

TRIUNFO (Olga Luzardo)
Yo no creo en el triunfo
De tu carne,
Cuando me tomas

Pienso en el triunfo mío
Que he podido tenerte
Sin recelo

Yo no pienso en los besos
Que otra mujer te diera
En otras noches

Pienso que son tus labios
Los que me están besando con anhelo

Yo no creo en el triunfo
De las manos que aprietan
Mis duros senos
Creo en la esclavitud
Que le ha creado mi cuerpo

A tus deseos.

SOY UN HAZ DE HIERBA SECA Genoveva de Castro.
En el pan de tu cena
yo te di mis espigas…
y extendí mi frescura gramínea
sobre tu lecho…
Toda
¡Toda! Yo misma
me corté íntegra…
Soy un haz de hierba seca.

Imagen en el archivo de Luisa González

Versos de Elías David Curiel
Ven, y bríndame en tu seno
una copa de veneno,
olorosa como el heno
acabado de cortar.
Treparé las breves lomas,
morderé las ígneas pomas,
y creeré que las palomas
se comienzan a arrullar!

Versos de Atilio Storey Richardson
Y el ángel más hermoso
se detiene y le dice:
“Mírame a los ojos, besa mi boca
y recógeme sobre los ríos
o sobre los largos caminos.
Llámame siempre junto al fuego
Porque yo soy la sombra de tu amada”.

Poema de Ulrike Sánchez
¿Dónde estamos?,
que al despertarnos nos hemos perdido.
¿Esto es lo que fuimos?
Ha comenzado a llover
        sé que lo sabes, después de tu partida.
¿Cuánto tiempo pasa a través de mis ojos mirando caminos?
Y al llegar a la encrucijada
¿Dónde quedó la desolación?
                                                me escondo
Yaceré allí
                         desgarrando dentro.
Llena de deseo me pregunto
¿Cómo pude perder tu aliento?

Imagen en el archivo de Marielin Pérez

AMOR DE LO TRISTE (José Tadeo Arreaza Calatrava)
Amo lo que se apaga, lo que ha sido…
Las rosas vespertinas y otoñales,
las pálidas difuntas ideales
que me han querido amar y no han podido…
Canto del cisne, funeral tañido,
angustia de los ósculos glaciales,
dulce brisa en que tornan nuestros males,
aguas que van gimiendo hacia el Olvido…
¡Oh tú, fantasma trémulo y silente,
mujer que sangras, pálida y ardiente,
enfermo amor que de milagro existes!…
En tus pupilas que el misterio ensancha,
el instinto de amar es una mancha.
¡Siempre me amaron las mujeres tristes!…

         Versos de Castor M. León
Cuando   por  la  calle   pasas
Se   me   fuga  la atención,
por    eso   voy    sabaneando
los   encantos del amor;
desde  la   copla   a  tu   pelo,
desde tu  pelo  a la flor,
desde  la  flor  a tu  risa
desde   tu   risa    al  candor,
desde  el     candor   a la gracia
desde la   gracia    al  botón
desde   botón    al  suspiro
desde   el  suspiro   hasta    el  pezón,
y   por   ahí   los  encantos 
Se  te  fugan   hacia  el  son.

Poema de Maura Schwarzenberg
La tarde cae,
tu roce
me hace rizar
cadenciosa

Trepo tu esencia
y me convierto
en algodón.

Tu manso beso
y mi agitación
reman juntos
hasta
el cañaveral

Imagen en el archivo de Víctor Hernández

PARAPOEMA (Julio E. Miranda)
ella ríe desnuda
al borde de la cama
cuando me acerco le brotan en el cuerpo flores y hojas
enormes, se pone toda verde, avanzo entre árboles gigantes
por galerías que la lluvia sacude, me ensordecen pájaros invisibles,
fieras rugen, monos me lanzan frutas, encuentro un enano que me hace señas con una campana, indicándome un camino, lo sigo, salgo
a un claro y allí ríe desnuda
al borde de la cama
huele a eucalipto
tiernos alces roncos cantan.

II (Rosa Alchaer Alchaer)
Te vi  prendido en el silencio,
pestañando junto al estribor de la parca
ruegos tocaron los celajes del cielo.

Nuestras lágrimas al unísono de la brisa
colmaron tu ausencia entre gemidos
Junto al dolor de nuestras entrañas.

Incesante quejido minúsculo de cada acento.

Sin poder descifrar la angustia perpleja
sofocante y austera sombra
asomada con relámpagos y truenos.

¡Despiadada silueta!

Rompí las saetas con mi pecho
inclinada junto a la lumbre de una vela
imploré, no se cerraron tus ojos.

A Dios, gracias por la sonrisa devuelta
a nuestros semblante.




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