martes, 23 de febrero de 2016

Poesía de Amores y Desamores (22)

Imagen en el archivo de Rachel Maquillaje (Cojedes)


PARA DESNUDAR A UNA MUJER (Gustavo Pereria)
Para desnudar a una mujer no hace falta penumbra
ni pericia ni astucia
De nada valen erudición destreza brusquedad
Ni siquiera sabiduría

Para amanecer a su lado
poco importa el arrojo el valor
                     la treta o la artimaña
De nada sirven apostura o tenacidad
No hay método ni sapiencia ni sistema que puedan vencer su resolución
                             o su mesura

Para desnudar a una mujer toda presunción es inútil
            toda voracidad resulta amarga
            todo discernimiento se vuelve melancólica penuria

Para desnudar a una mujer basta el instante
              en que el ciego misterio la envuelva y la estremezca
y restaure en su pecho la incordura
                  y sepulte su cuerpo en nuestros brazos.

Imagen en el archivo de Cristian Johnny Quintuña Tigre

ERES (Yrian Herrera)
Eres un libro difícil de leer.
Las metáforas se disuelven
cuando las dibujo en mi mente.
Sul mil colores se conjugan,
degradan
y ya no sé de qué color eres.
Los sonidos son murmullos, música de violines.
Cantar de pájaros;
No dejan oír tu voz.

POEMA (Adriano González León)
Al principio, el gesto fue nuestra presencia.
Hicimos así, en el aire... y surgió la pasión.
Queríamos que alguien entendiera:
                                      no podemos estar solos.
Después vino la palabra:
                   óyeme, espérame...
Esta música es de los dos.
Pero el viento cortaba el ademán
                            y los sonidos.
El viento era enemigo.
Y decidimos, al lado de los ríos,
marcar nuestro existir en los ladrillos.

Imagen en el archivo de Emy Salas 

DECIDO HOY (Mileiby Hernández)
De seguro a esta hora hay un incendio en el cielo.
Yo me quedo jugando
con los espectros del alba
en este amanecer 
mientras me vence tu mirada
las calles un tango.
Ahora
un respiro de amor
estamos dentro
en todos los lugares posibles del alma

PORFÍA (Margarita Belandria Rodríguez)
Dijo un día que no invitara a nadie a nuestra casa.
Alguien terminaría escribiéndonos un cuento en el corazón,
poniendo en él una canción,
susurrando en él,
porfiando en él.
No escuché nada.
Ahora un piélago separa nuestras casas.
En los potreros solos crecen los abrojos cada vez más altos
y plantas que despiden al sol de las ventanas.
Las soleras del techo son pasto de termitas;
un polvillo de madera
hace un montón sobre la cama
donde sólo duerme bajo las cobijas
el recuerdo de una canción
que alguien musitó en el corazón,
cuchicheando en él,
porfiando en él.

Imagen en el archivo de Emy Salas

SILENCIO XXIV (Manuel Da Silva)
Solo algunas veces
en la punta de mis dedos arde una palabra
como un cántico
que intento tallar en  el cuerpo
de las mujeres que me olvidaron

Poema de Néstor Rojas
Yo escribo.
De alguna manera, ella lee mi corazón.
Hay palabras que caen sobre la imagen de una mujer
que ofrece dones como tributos al mar.
Hay un afilado borde de piedra,
un puente colgante tan plácido, inútil,
casi innombrable.
Hay cosas mezcladas con otras, desconocidas.
Cada objeto, libre de su simbolismo,
tiene la forma de su ser pretendido.
Una lluvia cae dentro de mí silencio
y gotea desde mi mano
Es el recuerdo, pienso.
Ella también se ha despedido de mí.
Todo eso algún día lo recordará.

MUNDO HOY TE INFORMO (Roselia Ojeda)
Cuando amanece
haces el día
y me llevas a otros lugares
entonces
tanto después me devuelvo
a la rutina de sentir
que mi espacio es otro
Amor imposible te bendigo.

OFERTA  (ARNULFO QUINTERO LÓPEZ)
Me dijo ámame con un dejo de voz
que apenas rozaba la canción.
Pasajera de una despedida
traía en sus pertenencias pequeñas sombras
no aptas para guiar un naufragio.
Ejercitaba su voz en la mañana
mientras el amante en turno
poblaba la rockola
con canciones de Isaías y el negro Hermoso
nostálgicas
y tristes.
Lo demás eran ofertas de mercado:
labios a tres centavos y noches de amor
refrigeradas.

Ella sin entender
sólo pedía un poco de amor,
y yo desprendido de los prejuicios viejos
le ofertaba mi noche
sin develarle el misterio

del abismo.

Imagen en el archivo de La Estrella de París