jueves, 6 de abril de 2017

La Muerta de Las Galeras del Pao (Anónimo)

"...jamás se pensó que fuese capaz de tales hechos". Imagen en el archivo de Pablo Araque

Como todos los lunes en la noche, María se preparaba para salir de viaje, de El Baúl hacía Valencia, a buscar la mercancía para surtir su negocio de verduras, ubicado en la calle Bolívar del pueblo.
Le gustaba viajar de noche para estar de vuelta el martes antes del mediodía.
Acompañada de Mario el chofer de su papá el viejo Nicolás, a bordo de una camioneta tres cincuenta se deslizaban por la solitaria carretera bajo una luna clarita en amena tertulia.
- Mire María, le dice el papá, a usté además de gustarle andá de noche le encanta viajá los lunes, como si fuera animera.
- No hombre viejo, ya usted va con sus cábalas, cualquier día es igual, pá trabajá lo que necesita es voluntá.
- Bueno eso es lo que pasa, que la juventud de hoy día ni respeta ni cree en ná, por eso es que suceden tantas cosas.
Llevarían cuarenta y cinco minutos de recorrido y la luna empezó a ocultarse tras unos nubarrones negros, hacia tan solitaria la carretera que ni siquiera un conejo se veía jugueteando en el hombrillo.
Se había hecho un corto silencio, el cual interrumpió Mario el chofer.
- ¿Oyeron ese ruido? Parece una cruceta, se respondió el mismo.
- Eso era lo que faltaba, dice María, ojalá que no sea nada grave, precisamente
Comenzando a subir la galera y a esta hora. Que vá.
- ¿Qué hora tenemos Don Nicolás? , preguntó Mario.
- Las once y cincuenta y cinco mijo.
- No se preocupe que sólo fue un traquío, tranquilizó el chofer.
No habían transcurrido cinco minutos cuando justamente en la vuelta de la leona, de la pata de un mango grande que está a la derecha, salió una mujer corriendo y se abalanzó sobre el carro, los tres la vieron muy bien porque la velocidad no era muy alta. Era una mujer muy blanca de larga y negra cabellera que le caía sobre el rostro.
Mario clava los frenos emitiendo un chirrido que se confundió con el grito espeluznante de María, rompiendo el silencio dela noche, logrando detenerse un poco más adelante, como atontado al volante, Mario repetía sin cesar, matamos esa mujer, matamos esa mujer.
- Bueno mijo, bájese, vamos a ver que paso.
- Yo no me bajo gritaba María, presa de una crisis de nervios.
- Cálmese mija que Mario y yo vamos a ver, usté quédese tranquila.
Los dos hombres se bajaron y Mario se agacho por la parte delantera.
- Don Nicolás grito Mario, aquí debajo no hay nadie.
- No puede ser muchacho, si yo la vi en la trompa de la camioneta.
- Don Nicolás revisemos por detrás, a lo mejor quedo más allaíta.
Caminaron varios metros hacia atrás, volvieron a la camioneta, revisaron todo muy bien, no había rastro de sangre ni de nada, una Chupa hueso pasa sobre sus cabezas y pega su chillío, perdiéndose en la oscuridad de la noche, un escalofrío se fue apoderando del cuerpo de aquellos hombres erizándoles la piel.
- María será mejor que nos vallamos, aquí pasa algo muy raro, en el camino le
cuento. Abordaron la camioneta y continuaron su camino.
Una vez repuesto de la impresión Don Nicolás le dice a sus compañeros.
- Miren muchacho lo que vimos esta noche fue una mala visión.
- ¿Cómo una mala visión papá?
- Bueno, lo que vimos fue la muerta de la galera, desde que yo andaba con mi taita por estos caminos sé que sale una mujer por aquí, lo que pasa que para ustedes los muchachos todo es embuste, pero miren los que nos pasó.
- Don Nicolás pero ¿Quién sería esa muerta?
- Decía mi taita que esa era un alma pérdida y que vale la pena que nadie la compadezca.
- Papá, será ¿Qué tiene algunos reales enterrados? ¿O murió debiendo promesa?
- No, mija, es que esa muerta cometió un crimen muy feo que en el mundo no se acepta, mató a su padre y a sus tres hijitos con un tiro de escopeta y no conforme con eso bailaba como si fuera una fiesta, y cuando se dio cuenta que ya estaba descubierta le metió candela al rancho y sólo sacó su maleta.
- Y ¿Para donde se fue?, pregunta María
- Dicen los que la miraron que buscó rumbo hacía El Baúl, como la mujer desierta. Pero fíjese, mija,  que sólo firma con su propia letra, el que la debe la paga, en los bancos de Paraima, allí la encontraron muerta, picá de una cascabel y de allí en adelante quedo vagando esa muerta por aquí por las galeras de El Pao y no sólo es esa muerta, por aquí salen muchos espantos, por eso es que a mí no me gusta anda de noche ni los lunes, por que la noche es de los espíritus.
Así de tertulia en tertulia les amaneció a los tres viajeros llegando a Valencia, diciendo desde ese día no viajar más de noches y muchos menos los lunes.


Informante desconocido. Este cuento llegó al concurso más de trece veces, sin embargo, cuando fuimos a revisar la plica de su autor, siempre estaba vacía. Quisimos desaparecer este cuento; pero algo nos decía que teníamos que publicarlo. Aquí está, si el autor está por ahí por el Llano, nos avisa; pero si es un espanto; mejor que dejemos las cosas de ese tamaño.

Texto publicado en “El Llano en Voces; Antología de la Narrativa Fantasmal Cojedeña  y de otras latitudes”. Compilación de Isaías Medina López y Duglas Moreno (San Carlos: UNELLEZ. 2007)

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