lunes, 10 de febrero de 2014

Mitos Indígenas de Venezuela 8 (Warao)

Múltiples visiones tejen esta poderosa literatura

Madre indígena preparando alimentos para su familia 

Determinación y fiera belleza de esta indígena 


JOKOLI
Desde tiempos prehistóricos, los warao habitan el delta del Orinoco y las regiones aledañas de Guyana. Se llaman a sí mismos warao, que significa “gente de curiara”, “gente de embarcación”, “navegante”, y también “persona humana”. Durante milenios, en el verde y espejeante laberinto de los caños orinoquenses, han sobrevivido y creado una cultura fundamentada en las aguas y en la palma moriche que crece a su vera y llaman ojiru.
En sus prácticas religiosas destaca el wisiratu: el “dueño del dolor y del jebu (espíritu del mar)”, pero también la máxima autoridad política y religiosa pues representa a su pueblo en la Corte Divina –ante Wasiratu arotu, el Gran Espíritu- además de ser portador de los dictados de los antepasados y los seres suprahumanos. Esta probablemente reminiscencia mítica en forma de cuentecillo, recogida por Wilbert, conserva intacta, con su sentido de trascendencia no exento de humor, la antigua virtud de convertir lo cotidiano en portento:

joroji erida, no existía el sol, todo era oscuridad.
Los warao estaban mal, pues no podían buscar la comida.
Pero corría una leyenda sobre cierto warao, buen mozo, del que se aseguraba era el dueño del sol. ¿Dónde era que vivía?
En esto, cierto warao, padre de unas niñas siempre oía decir a la madre (su esposa): Nome oro sanerawitu: najoro najoburomoni  (“verdaderamente somos muy desgraciados, pues no podemos buscar nuestro alimento”).
– Tratemos  de solucionarlo, esposa mía -dijo el warao (aquellos abuelos tenían dos niñas, mayor y menor respectivamente) –. Mandemos a nuestras hijas en busca de ese joven prodigioso, dueño del sol.
Y la madre le contestó: –Está bien, mándalas de una vez, pues no podemos seguir así.
El hombre se decidió a mandarlas. Aquel padre dijo a la mayor:
–Hija mía, vete ya: éste es el verdadero camino. Lo notarás por la mayor cantidad de agua. Vete por él, sin hacer caso de los cañitos (afluentes), siempre adelante. Quizás encuentres bifurcaciones: el de este lado es el malo.
El de este otro es el verdadero. Mucho cuidado con equivocarte. Pon mucha atención… ¿Has entendido bien la explicación del camino?
La niña respondió: –Entendí bien.
Enseguida marchó la niña. Hacia el medio del camino encontró una bifurcación. Entonces la niña quedó pensando: ¿Por dónde iré yo…?
Aquella niña tomó el camino falso y siguió por él hasta llegar a  una casa. El dueño agarró a la niña  por el brazo. Así agarrada examinó el cuerpo de la niña. Aquel no era warao, era un jebu (espíritu) llamado joidatu (el dueño de la marea alta). Entonces aquella niña, al perder su virginidad, regresó a casa. Venía pensando en su padre y en su madre. Llegó primero a su padre y éste le preguntó: – ¿Qué te ha sucedido hija mía? ¿Has hecho algo malo?
La hija respondió: –Hice algo malo.
Entonces el padre se acercó a la otra niña. Era la menor y le dijo: –Bien, hija mía, vete ahora tú, a ver si consigues a aquel joven.
Le aconsejó primero: –Cuidado, hija mía, con llegar a donde llegó tu hermana: el camino contrario al de ella es el que lleva a la casa de ese joven. Vete por él y desembarcas en su casa.
Aquella niña entendió perfectamente los consejos del padre. Salió caminando, caminando, hasta que llegó a la encrucijada de los dos cañitos. Al llegar allí, la niña se detuvo a pensarlo bien.
¿Cuál es el camino verdadero?
Entró por el camino distinto al de su hermana. Iba pensando en aquel joven cuando de pronto llegó a la casa. Fue el joven mismo quien preguntó a la niña: – ¿Pero has llegado tú…? Y la niña respondió: Sí, yo estoy llegando: mi madre y mi padre me han mandado a buscar lo que tú tienes (el sol). El joven respondió: –Está bien: si tú estás íntegra tendrás buena suerte y llevarás lo que me pertenece (mi sol). Si eres como la otra (sin virginidad) no lo podrás llevar.
Inmediatamente el joven se levantó y metió su sol en un recipiente. Al meterlo. Se hizo de noche. Entonces el joven agarró a la niña por el brazo y la acostó con él en el chinchorro y se amaron…
Después el joven habló a la niña con las palabras cariñosas: – Te daré lo mío, pero cuidado con decir lo que hicimos. No menciones esto ni a tu padre ni a tu madre.
Enseguida el dueño de la niña se levantó, desató el recipiente de la luz y le entregó a la niña. Se lo puso en sus manos diciéndole: –Vete ya. Ella se marchó pensando en su padre y su madre.
Al llegar y verla sus padres se llenaron de alegría. Entonces el padre le dijo:
– ¡Qué alegría, hija mía!, tu madre y yo estamos muy contentos.
En esto, ella colgó el sol que llevaba allí dentro, de un tirante de la casa. Entonces el padre se levantó y tiró el recipiente hacia abajo. Al tirar, se rompió la cuerda y, cayendo al suelo, el recipiente se quebró. Al quebrarse, se iluminó toda la tierra. Al iluminarse la tierra, el dueño del sol se enteró y al darse cuenta de lo sucedido, lloró.
Aquella luz liberada flotó enseguida para arriba, hacia las raíces de las nubes. Así que el sol quedó flotando allá arriba, en el oriente.
El recipiente que quiso agarrar el hombre también flotó, en dirección de occidente. Aquel recipiente del sol. De modo que al tirar el sol, éste subió en el oriente, convertido en el sol que nos alumbra.
Pero salía rápidamente y corría a gran velocidad (Tarore dibujida, atai, joroji-ya dibujida naruya). De modo que los warao no les daba tiempo a buscar comida.
De nuevo aquel warao pensó bien las cosas: –Esto no puede ser; no tenemos tiempo de buscar la comida, el sol corre demasiado aprisa.
Y  entonces se puso a pensar: – ¿Qué remedio pondríamos para mejorarlo? ¿Dónde lo conseguiríamos?
De pronto se dijo: –El remedio será un morrocoy.
Se puso a buscarlo y muy pronto lo encontró. Lo agarró y lo limpió con esmero. En esto salió el sol y siguió caminando, caminando a toda la velocidad. Entonces aquel warao agarró su morrocoy, cuando el sol se acercaba al occidente, lo arrojó para arriba al mismo sol, diciéndole a la vez: Éste es tu morrocoycito: espéralo y camina con él. Después se hizo de noche.
Al día siguiente, al amanecer, salió el sol. Pero después de despuntar, caminaba despacito, lo mismo que ahora. Entonces los warao se alegraron sobremanera y se sentían felices. Salían con el sol al trabajo y buscaban tranquilamente su comida. Ahora, aquella  otra luz que flota allá arriba es el recipiente del sol, al que pusieron por nombre Waniku (“Entre las dos extremidades de la curiara”), la luna.
Y la cuerda con que estaba amarrado el sol se convirtió en la luna estrechita (luna nueva)”.  

Nota: Versión de un texto de: Costado Indio de Gustavo Pereira, publicado por la Biblioteca Ayacucho (Caracas, 2001)

7 comentarios:

Guillermo Ortega Sánchez dijo...

Que forma más maravillosa de contar la leyenda. gracias lo he disfrutado de verdad

Soledad Suarez dijo...

Me encantan en estas leyendas amigo! Gracias por compartirlas. un abrazo

adrys aular dijo...

Mediante esta historia indígena observamos donde habitan los waraos,han sobrevivido y han creado culturas a pesar que eran de bajos recursos lograron surgir y sacar a su familia adelante, a pesar de que una de sus hijas no tomo el camino correcto, de igual forma lograron conseguir el sol enviando a su otra hija en busca de este, luego de haberlo conseguido se le presentaron dificultades, las cuales fueron vencidas por su padre y entonces los warao se alegraron sobremanera y se sentían felices.

Gleiber Alvarez dijo...

El relato se desarrolla en un ambiente acuífero que evoca la cultura, la mitología y la religión, de los autodenominados “gente de curiara”, que explica el origen de la noche y el día, los dos astros más conocidos del Sistema Solar (la luna y el sol) y su funcionamiento, que han sido los principales protagonistas de los mitos en el albor de todas las culturas de la humanidad. También habla sobre la relación Dioses/hombres, que es necesaria para explicar lo que trata de explicar. Es indiscutible que en este cuento tan interesante hay un humor intrínseco que está en armonía con su macro estructura.
Asimismo, conjeturo que refleja parte de la realidad del sistema en el que vivían los Warao y su acervo cultural, debido a la causa que motiva la historia (las preocupaciones expresadas al inicio por la madre) y los medios para lograr su objetivo, así como lo dicho en los coloquios padre/hijas. De igual forma, en cuanto a las valoraciones de carácter más subjetivo, es risible que una “tortuga lanzada” pueda marcar el ritmo del sol.

Rubeysa Carolina Pedroza Isa dijo...

La lectura nos ilustra el origen de los dos astros mas conocidos como el sol y la luna, muestra como los padres están siempre preocupados por el bienestar de sus hijos porque claramente tenemos a una madre preocupada por la manera de como conseguían el alimento de sus hijas que se le presentaba muy difícil. Eso nos muestra que desde aquellos tiempos y en los sitios mas remoto como es la del territorio de los Waraos se tiene la preocupación por el bienestar de la FAMILIA quedando demostrado así el liderazgo de la mujer dentro del núcleo familiar como evidentemente deja clara la lectura, la madre tiene la preocupación da la idea y las hijas (que son mujeres) son la que salen a resolver, no menospreciando el trabajo del padre o "JEFE" del hogar.

Maylida Armas dijo...

hERMOSO!!! GRACIAS POR COMPARTIR!
MAYLIDA

Javier Urbano dijo...

Fantástico!! Gracias