jueves, 6 de febrero de 2014

Mitos indígenas de Venezuela 6 (kari’ña)

Sonrisas y esperanzas iluminan los rostros de estas hermanas originarias


Sonrisa y esperanza iluminan el rostro de esta hermana originaria 




TUMON’KA
Herederos de los antiguos señores de nuestro mar son los kari’ña  de las llanuras del oriente venezolano. Pese a la transculturación (forzada, coercitiva durante cuatro siglos; inevitable y lastimosa en nuestros días), mucho del universo mítico-religioso de los antiguos caribes pudo sobrevivir en ellos.
El puidei-shamán kari’ña, en quien están representados el poder mágico y la sabiduría, es también una especie de creador –en el sentido que Vicente Huidobro dio al poeta- que alberga poderes o facultades visibles e invisibles en una ciudad intrincada cuya complejidad ha sido estudiada entre nosotros por Civrieux, un mundo físico terrestre unitario, con una parte visible y otra “sumergida”. Ello no depende del mundo en sí, sino de las limitaciones de visión del hombre ordinario, el cual carece de sabiduría-poder para apreciar esta última.
Una jerarquía de deidades invisibles gobierna la cosmogonía kariña en cuya cúspide los Kaputano (¿trasvase de la palabra capitán española?) Moradores del cielo o Espíritus supremos, tienen el máximo don de la creación y la ubicuidad, pues los seres terrestres, en especial los animales, son réplicas suyas.
El siguiente mito ha sido modernizado por los informantes de Civrieux, quienes dan por otra parte una curiosa explicación del abandono que los kariñas hicieron de las regiones costeñas que habitaban para establecerse en las sabanas, presionados, según deducimos, por los acontecimientos derivados de invasión española que provocó la tenaz resistencia caribe, las persecuciones y la segregación.
En este mito, el kaputano, Tumon’ka (las Pléyades), es la deidad protagónica, capaz de crear con su soplido al hombre pero también de castigarlo por su mal comportamiento en la Tierra. Obsérvese la semejanza  fonética con otra deidad, el Amon-Ra egipcio:

* “Antes, ese muchacho andaba con su hermano en la Tierra, corriendo el mundo. Parecía un hombre, pero era un puidei, bajado del Cielo.
Alrededor del cielo estaba el Mar; en la Tierra no había Mar. Un kaputano fue quien trajo el Mar a la Tierra, agarró agua en el Cielo, y con ella un pez pequeño, de aquellos peces que viven en el cielo, lo puso en una tapara y lo tapó. Luego llegó a la Tierra y le dio la tapara a su hermano: Aquí te traigo esto, hermano, agua con un pececito del Cielo, guárdalo bien pero no lo vayas a mirar porque si lo miras se bota el Mar sobre la Tierra.
El hermano pensó: ‘Bueno, me voy a comer este pescado más tarde, cuando ya no tenga más comida’. El kaputano sabía lo que pensaba, pero se quedó callado.
Después el hermano no tenía nada de comer y dijo: ‘Me voy a comer el pescado’. Destapó la tapara y trató de coger al pez, pero éste se movía, no se dejaba coger. ‘Bueno –dijo- voy a botar el agua’. Cuando la botó, inundó la Tierra, más allá de Barcelona (costa del mar). ¡Eso es el mar!
Antes, los kari’ña vivían en buenas tierras que había más allá de Barcelona, pero cuando llegó el mar allí huyeron. Después, buscaron al del Cielo y le dijeron: ‘Tu hermano ha botado el Mar sobre nuestra tierra. Todo se inundó. Venimos a pedirte que recojas el Mar’. El del Cielo se fue entonces a la casa y regaño a su hermano: ‘¿Por qué miraste, por qué botaste el agua? –le dijo- Devuélveme el pescado y la tapara’. Entonces fue a recoger el Mar. ‘Bueno –dijo la gente- si el Mar se queda en la tapara, siempre habrá alguno para botarla otra vez. Mejor vamos a cavar la tierra, vamos a hacer un hoyo para esconder la tapara’.
Hicieron el hoyo y la iban a colocar; un hombre trajo la tapara, pero resbaló y dejó caer el Mar. Se inundó otra vez la Tierra y enseguida el pescado escapó. Él venía del Cielo, es el abuelo de todos los pescados que hay ahora en el Mar de la Tierra. El del Cielo se puso bravo: ‘Ahora está el Mar. ¡Ya no lo voy a recoger, aquí se queda! Vosotros vais a vivir a otras partes. En el Mar tendréis pescado bastante para comer’. Eso dijo, y la dejó…
Bueno, luego bajaron aquellos kari’ña, nuestros abuelos de antes, desde la costa de Barcelona por esas sabanas y llegaron a la Mesa de Guanipa, a Pariaguán, al río Pao, al río Caris, al Orinoco, pero por ninguna parte encontraron agua; no había ríos. Todo era llano y desierto, era puro banco, no había chaparros, ni laguna, ni morichal. Entonces dijeron: ‘¡Aquí no podemos!’.
Verdad, ese Mar, cuando llegó, la gente empezó a caminar hacia el Costo Orinoco, pero no lo halló, no había agua, no había nada en estas tierras y todos se iban muriendo de hambre y sed. Muchos murieron. Y fueron a hablar otra vez con el hombre del Cielo, y se vino con ellos a ver la tierra donde no había animal para cazar, ni racimo de moriche para comer. Entonces el muchacho sembró una hilera de estacas en el suelo, hundió un palo en el suelo y allí clavó una flecha. ‘Bueno –dijo- ahora vosotros sopláis estos palos y cantáis a la flecha para dispararla y así vendrán todos los animales y los peces para comer. Esta sola flecha cazará. Llegarán solas las comidas ya preparadas, como las de los Abuelos del Cielo que comen pero no trabajan’.
Eso dijo el kaputano antiguamente; la gente no tenía los pescados que hay ahora en el Mar de la Tierra. El del Cielo se puso bravo. Todos dijeron: ‘¿Cómo haremos para conseguir cacería, frutas y agua, sólo con soplar y cantar? Así no se come’ –y nadie creyó al kaputano.
Por eso los kari’ña no tenemos ahora sabiduría ni entendemos la de los puidei, porque los antiguos no quisieron soplar ni cantar. Quedaron ignorantes porque se burlaron del muchacho, y por eso tenemos que trabajar…”.


Nota: Textos transcritos de: Costado Indio de Gustavo Pereira, publicado por la Biblioteca Ayacucho (Caracas, 2001)

6 comentarios:

Mirta Ester Castillo dijo...

Son hermosos los mitos y leyendas de nuestras tierras americanas. Te felicito por tan excelente publicación. Saludos.

Diana Espin dijo...

Me encantan

tony gomez dijo...

son muy buenos

adrys aular dijo...

Muy buenos estos textos, ya que mediante ellos podemos conocer un poco mas sobre la cultura indígena y de una u otra forma conocer estos mitos que son de gran importancia ya que dentro de ellos podemos encontrar los diferentes tipos de literatura.

Betzaret Lopez dijo...

Los Tumon'Ka pertenecientes a las tribu de los kariña nos enseñan a través de una historia sus vidas, de como una familia se relaciona y comparte sus experiencias vividas en su entorno sin dejar de mencionar la inspiración de la naturaleza.

michel alvarado dijo...

Los mitos indígenas están para enseñarnos. También debemos analizar de ellos todo lo escrito, por que cada frase deja una enseñanza, muy interesante la lectura...