sábado, 31 de agosto de 2013

Oración y otros poemas de Sara Medina López

Imagen en el archivo de Sara Medina López

       La sonriente poeta Sarita 


*Qué se fue desvaneciendo
cuando comenzamos a abandonarnos
y fuimos apilando adioses
no supimos cuando nos hicimos jirones
y cada quien arrojó al otro
al desierto de estas soledades
ninguno se buscó
aterrados nos dejamos sucumbir
no acudimos a salvarnos
quién se diluyó primero,tu, yo
o la piel devastada
que habitó el paraíso.

*Duerme esclavo
la noche que te otorgo
mañana hazme el día
lamiendo mis pies enmielados
lava mi cuerpo con servil destreza
unge mi piel con aceite perfumado
alcanza hasta mi boca
del platillo que hiciste
mientras dormía
llévame al lecho
y obedece humilde
que conduzca auriga nuestros cuerpos
lávame de nuevo
sé centinela de mi breve descanso
que cuando despierte
estés ahí de rodillas
rezando el juramento diario
de ser mi esclavo por siempre.

INSOMNIO
La una: algo llama a la puerta
y no es la ventisca
las dos: un frío desde el patio
se cuela hasta mis ojos
las tres: susurros y voces
merodean en mi lecho
las cuatro: hay un fantasma aquí adentro
que quiere vengarse
las cinco, o quizá aún las cuatro:
me asfixian, auxilio, creo
que llegó la muerte
las seis o aún las cinco: sudores como ríos
corren en mi cuerpo
las seis: no sé por qué
pero no amanece y parece el juicio final
salgo del cuarto,
con la mirada rasgada y la boca partida
no quiero mirar la sábana
que ha reído perversamente ajada
en casa todo está bien
huele a café y pasteles para los niños
yo quiero irme a dormir
descansar sobre las nubes
bañarme con leche tibia
las paredes y las palabras
se mezclan con la arena de mis ojos
cuanta lentitud en mis movimientos
aparto todos los espejos
escucho de mi padre
lo que debo resolver en el día
y tengo mucho miedo de que llegue la noche.


RITUAL
Impediré a los hombres mirar mi cabellera
cubriéndola con un manto
no alzaré mi vista más allá de los espejos
ni calzarán mis pies sandalias de suaves pieles.
De mi mano no comerán los centauros
y vestiré pesados atavíos
sin pronunciar nombre alguno.
Solo maíz y agua de rosa tendré por alimento
de sisal y no de plumas de pensativa
será mi lecho.
Un cirio cada mañana se apagará en mi mesa
macerando en aceite dejaré los azahares
y soles espléndidos secarán las hojas
que perfumarán dulce té
y después
cuando haya visto treinta lunas
iré de madrugada al valle
cortaré con mi boca diez hojas de mastranto
que guardaré en mi jarra
con agua de la primera lluvia
caminaré por la llanura
hasta encontrar un nido abandonado
que traeré conmigo
con agua del Tiriguá lavaré mi cuerpo
con miel de la Sierra untaré mis pies
con nívea resedá me adornaré.
Cinco días con sus noches
aguardaré en lo más alto
perfumándome con la buena hierba
honrando dios con música de mi alma
danzando con la débil soga
y a la sexta mañana
junto con la leche tibia
y las pequeñas gotas sobre lo verde
regresará mi amor.


Del vino y el canto
de la hoja que aguarda
por el silencio que la besa
de la luz desgarrada
y el sueño perturbado
que se lleva el adiós
pregúntale a la piel
ella acostumbra a hurgar en los aromas
todo lo sabe.

ORACIÓN
Dulce silencio de la luna
lumínica creciente de la luna
místico hechizo de la luna
tempestuosa menguante de la luna
pequeña y tibia voz de la luna
eterna lluvia de la luna
misteriosos ojos de la luna
líquido aromático de la luna
humo azul de la luna
leve manto de la luna
mágico génesis de la luna
célico claro de la luna
oye esta oración
viérteme agua en estas honduras
ara las soledades de mi tierra
roza la crin de mi Pegaso
quítame estos fríos
platea mis músicas
hazme madre.


* De  "Bajo los Soles de La Villa"

Ando que preño los vientos
amordazo leones
y lanzo gaviotas que colorean lirios.
Ando que no amanezco
ni duermo
ni respiro
ni odio
ni envejezco.
Ando que pueblo niños
y vivifico octogenarios
y hasta profano tumbas para resucitarlos
si me lo pides.
Ando que trago ángeles
y esparzo exquisiteces
a las bestias salvajes de la montaña
y las vuelvo dóciles hadas
que vuelan al alba.
Ando que enfrento tiranos
con soles antiguos
y arenas brillantes
y tenues colores
que los vuelven flores.
Ando que amamanto huérfanas dantas
y guardo leche
con la que curo a locos y despreciados.
Ando que derribo falsos altares
y reboso líquidos en el desierto
y empaño los artificios con mi sangre
y pleno los cielos con mi agua.
Ando que reino en la danza
deifico a los moribundos
y los hago estrellas incomparables
para que todos tengamos luz.
Ando que ofrendo mi alma
a quienes yacen inmóviles
y los vuelvo mieles
que beben los recién nacidos.
Ando exhalo mi aliento
con el que quito vidas
y hurto lunas
y desgarro fieles
y desprendo todo.
Ando que nazco
ando que soy música
ando que no lloro
ando que quiebro mi espejo
ando que no sufro
ando que te vuelvo tierra
ando que no muero
ando que surco tu sombra
ando que vivo por ti.


FRAGMENTADA
Que me quede el verbo
que me asfixia
que me quede el día y su aguacero
que el agua salta
y que me quede
hasta el ancho signo del dolor
que me quede el vino
que me queme la hendija de su vaso
que me quede el rayo
que me ausenta
que se pierda la palabra
y que me quede
que el llorar no es tan inmenso
que se arrastre
que se vuelva en su latido
que me queme
que no exista y que se duerma
que cante su ceniza
y que me quede.

*De  “Onírica Guerra
pequeña y desolada
temblaba al lado de la boca
que el grito relámpago
ocultaba la furia de todos
ebria de nuevo
no hay otra forma de vivir aquí
se parece a otras historias
que cuando me encuentren
me puedan oír.

ESTÁ NEVANDO EL ÁRBOL
Yo tengo un árbol contigo
de fruto que no se come
sino que florece nubes
y sacude para nevarlas
sobre los cuerpos de la gente
enormes raíces levantadas
sostienen su robusto tronco
se erige majestuoso en su reino
mas solo tú y yo lo advertimos
y celebramos sus verdes,vinos,amarillos,
naranjas degradados.
Yo tengo un árbol contigo
que esparce su espuma ocre
la hace flotar en las calles
toca  pieles,roza cabellos
se queda breve y luego se entrega al viento
hasta desaparecer y hacerse cielo
parece un paisaje lunar que nadie entiende
cuando está nevando el árbol




La poeta confiesa: Nací en San Carlos, Cojedes, pueblo llanero, caluroso que me encanta, estudié sociología, algo de música, he sido docente, hago papel artesanal, escribo poesía, soy muy apasionada en mi hacer y vivir, soy católica, me gusta cocinar, contemplar, caminar, ver el cielo, hablo mucho, creo que a veces lapidaria en el verbo, canto, aunque bailo mal me encanta hacerlo.

6 comentarios:

Mirta Ester Castillo dijo...

Muy buenas poesías, me encanto la del insomnio. Saludos.

Maria Gabriela Leon Hernandez dijo...

Hermosa poesía!!!!! Saludos.

Francisco J. Ortega dijo...

Me gustaron Isaías y como dice Mirta, la del insomnio me gustó especialmente.
Saludos!

Alfmega marin dijo...

Hermosos versos y cachos que uno puede leer con soltura y extraer imágenes concisas de la realidad más cercana. Muchas gracias por ofrecerlos Isaías, gran calidad en todos ellos, saludos y enhorabuena por este trabajo.

Dora Quevedo dijo...

muylindas poesias.....saludos.

María José Collado dijo...

He disfrutado mucho con los versos de Sara. Un abrazo.