Mostrando entradas con la etiqueta amores del Jinete sin Cabeza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amores del Jinete sin Cabeza. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de febrero de 2010

EL JINETE SIN CABEZA (Cuento llanero de fantasmas) Varias autoras.

Todas las damas de la colonia  se reunía para comentar tan peculiar historia.
Imagen el archivo del Grupo de Música Llanera "Guarura".
La fabulación en la cultura llanera de este relato se ubica en 1812, 
muy anterior a la de Washington Irving (1820)

"Eliseo era el nombre 
de aquel gallardo teniente 
y ahora va sin cabeza 
metiendo miedo a la gente".

Otro relato sobre tan afamado espanto. En las referencias internacionales, destaca la versión de Washington Irving: Sleepy Hollow, de 1820. Los cuentos venezolanos, en especial la presente historia datan de 1812, durante el asedio de San Carlos, hecho por Domingo Monteverde y la traición de Juan Montalvo, líder del célebre Batallón de Caballería de El Pao, en la Guerra de Independencia. Hay otra versión, muy notoria, que solía contar Juan Ignacio Vilorio (1934-2008), fijada en Tinaco, con el mismo extraño motivo: el amor en los tiempos del conflicto independentista.


EL JINETE SIN CABEZA
En San Carlos, cuando transcurría la Guerra de Independencia y antes de la masacre que acometiera el sanguinario caudillo realista Domingo Monteverde, sucedió un presagio maligno que alteró el ánimo de los defensores de la ciudad. Por aquella época, la situación en todo el país, era angustiosa. Venezuela lucía un aspecto postrado y sin esperanza, en un estado de miseria que cada día se acentuaba más y más. Pero, en San Carlos, como siempre, todas las cosas pasan al revés. Los residentes, fieles a sus costumbres organizaron fiestas en honor a la Virgen del Carmen, esta vez, con el encargo de salvar su querida ciudad.
Don Carmelo Herrera, jefe de las fuerzas patrióticas del lugar, tenía una esposa, Mercedes, quién, según los pobladores de este paraje, resultó ser muy agraciada: de buen corazón, cuyo andar enloquecía a los hombres y opacaba a las demás mujeres. Herrera, fue conocido por ser un hombre duro, soberbio y calculador, al que poco le importaba el sufrimiento o la felicidad de otros, incluyendo las tropas a su mando: todo debía hacerse cuándo y cómo él lo dijera. Contaba con ágiles ayudantes, entre ellos, el joven teniente Eliseo, su hombre de confianza y su mano derecha.
Se cuenta que el teniente Eliseo era una persona muy aislada, seria, poco conversadora y que parecía llevar una carga muy grande en su conciencia, que no lo dejaba permanecer tranquilo, por lo triste y, a la vez, lo desafiante de su mirada.
Eliseo, además de teniente de las fuerzas patrióticas de Herrera, resultó ser un gran un gran exponente del deporte más practicado para el momento: “El Coleo”. El sábado de toros coleados dedicados a la Virgen del Carmen, fue su última victoria. Asistieron todas las personalidades importantes del lugar, entre ellas, el general Herrera y su hermosísima esposa, dueños de diferentes fincas, hatos y negocios productivos para la región, dando empleo a un sin número de coleadores, como era el teniente Eliseo.
Serían, aproximadamente, las dos de la tarde, hora en la que debía iniciarse el primer turno, los coleadores comenzaban a prepararse para su faena. Todo el pueblo estaba pendiente de sus actuaciones. En su casa, el general Herrera le ordenaba al teniente Eliseo escoltar a su esposa Mercedes hasta donde ella pudiera mirar con comodidad aquellos juegos. En el trayecto, ella tuvo la osadía de decir en voz alta:
– ¡Teniente, qué guapo que está hoy!
El teniente bajó la cabeza y sin palabra alguna inclinó la mirada hacia ella, y con gesto de vergüenza le dijo:
–Esto, no puede ser...
– ¿Por qué no? Sabes que nos amamos hace años, aunque no tengas el valor de decirlo...- le contestó Mercedes.
-Tú sabes que me debo a tu marido. Le replicó el teniente.
Mercedes, al oír las duras palabras de Eliseo, se dispuso a permanecer en silencio, queriendo expresar así, su contrariedad ante el hombre a quien amaba. Al llegar al lugar de la competencia, Eliseo, dejó a Mercedes en la tribuna y buscó su caballo, para entrar en acción.
Pasadas las intervenciones de todos los coleadores, el pregonero de la fiesta anunciaba el ganador del primer lugar: el teniente Eliseo, de maravillosa actuación. Cuando el vencedor recibía su premio, observó en la distancia la discusión entre el general Herrera y Mercedes, puesto que ella deseaba retirarse del evento y este alegaba que debía estar allí en todo minuto a su lado. Eliseo dejó olvidado su homenaje dirigiéndose al lugar de los hechos, en donde quiso interponerse para evitar que el altercado se prolongara y trajera graves consecuencias, pero, esto no sirvió de nada, porque la furia invadía cada vez más a Herrera, al punto de pretender golpear a la débil dama. Eliseo se armó de valor y decidió impedir que su jefe, al que tanto respetaba, lastimara a la mujer dueña de su corazón y fue entonces cuando se interpuso en medio de los dos y mirándole a la cara con gesto desafiante le dijo:
– ¡No se atreva a lastimarla!
El General aturdido por tono de voz con el que le hablaba y por la intromisión a un problema ajeno a sus atribuciones le respondió:
– ¿Qué es lo que te pasa, Eliseo? ¡Acaso te volviste loco! ¿Por qué te metes es esto?
-No me pasa nada, mi general, sólo que no voy a permitir que maltrate a la mujer a la que tanto quiero y he querido desde siempre. Alegó Eliseo.
–Te has atrevido a traicionarme y pagarás por eso, infeliz. Vociferó Herrera.
–Si es así, asumo las consecuencias. Respondió Eliseo y se dirigió a Mercedes diciéndole:
-Volveré por ti amada mía...
Eliseo montó en su caballo y sin mirar atrás se dio a la huida. Herrera, desconcertado y furioso, por lo sucedido, ordenó a un grupo de sus soldados perseguir al hombre que lo había traicionado y les mandó traer la cabeza de Eliseo, para corroborar su muerte. El grupo, pesaroso, salió en la búsqueda de su otrora teniente, para cumplir el mandato del general. Galoparon sin parar durante dos días y tres noches, hasta que encontraron evidencia del rastro del teniente.
Mientras los soldados iban tras Eliseo, éste cabalgaba con más fuerza para escapar de la muerte, estuvo escondiéndose en Tinaco y en Laya donde pasó muchos trances y peligros, pero no se rindió ante nada y siguió su rumbo. Finalmente, los soldados lograron descifrar la huida de Eliseo y fue entonces cuando decidieron tenderle una emboscada llegando a El Pao. Allí esperaban a Eliseo, quien se acercaba cada vez más a lo que sería su fallecimiento.
Aproximadamente a las seis de la tarde, los perseguidores lo detectaron. El sargento que los comandaba, ordenó a uno de sus soldados esperar el paso de Eliseo, cuando éste pasó por el lugar, el machete silbó, y de un solo tajo fue decapitado. La cabeza voló y cayó a unos siete metros del lugar, el caballo se encabritó y, en una última acción refleja, el cuerpo del descabezado se posesionó del cabalo, afirmándose en los estribos y sus manos aferradas a las riendas del castaño, que emprendió veloz carrera hacia el lugar donde había venido, poseído por la fuerza del fallecido Eliseo.
Los soldados al ver tal acontecimiento se quedaron perplejos y horrorizados durante unos minutos, pasado este tiempo el sargento dispuso recoger la cabeza de Eliseo para llevársela al general Herrera y así demostrarle el cumplimiento de su mandato. Ellos llegaron a la conclusión que más adelante se encontrarían con el cuerpo, pero ni el caballo ni el cuerpo encima del decapitado, pudieron encontrarse jamás.
Los soldados se dirigieron al aposento de su jefe para contarle todo lo acontecido, allí fue grande su asombro, pues encontraron al general tendido en el suelo y con poca respiración, los soldados le prestaron auxilio y lograron estabilizarlo. Al rato, Herrera, logró volver en sí y entonces contó lo que había presenciado.
– ¡Lo vi! Exclamó, Herrera, con las palabras entrecortadas y un tono tembloroso.
– ¿Qué vio, mi general? Decían los hombres.
– ¡Cuéntenos! Dijo el sargento. Herrera comenzó su narración:
–Estaba caminando cerca de la plaza cuando, de pronto, sentí el galopar de un caballo y voltee, así fue como miré una especie de neblina densa, sentí un escalofrió tan enorme que la piel se me puso de gallina, hasta se me heló la sangre y fue entonces cuando presencié que, a lento paso, como buscando que yo mirara atentamente, al caballo de Eliseo con éste cabalgando sobre su lomo, pero lo macabro de la visión era que el animal lo conducía un descabezado.
–Mi general, fue cierto lo que vio, porque nosotros, acá traemos la cabeza del fugitivo. Le explicó el sargento a cargo de la misión.
Herrera  cayo en un desconcierto en el que reía sin parar; la noticia lo había trastornado, en aquel momento optó por tomar la cabeza de Eliseo y llevársela a su esposa Mercedes, a la que tenía encerrada en su cuarto, para que no escapara en busca de Eliseo. Cuando el general llegó a la habitación le lanzó a sus pies la cabeza de su amado y ésta horrorizada se tendió en llantos de sufrimiento por la perdida de su gran amor y pidió que al menos se le diera sepultura a la cabeza de Eliseo, puesto que, su cuerpo no tenía paradero.
Al día siguiente, los realistas, finalmente, tomaron San Carlos y lo arrasaron casi por completo, al tiempo que Mercedes, consiguió la resignación que su alma necesitaba, quitándose la vida. Herrera, luego de haber abandonado su puesto de combate y sobrevivir cobardemente, se volvió loco buscando el cuerpo de Eliseo, porque supuestamente él, le salía todas las noches y no lo dejaba vivir en paz.
Cuentan los viejitos del pueblo que Eliseo, se convirtió en una leyenda de terror y que todos los años, en las festividades en honor a la Virgen del Carmen, él cabalga las llanuras de San Carlos, en busca de su cabeza y de un amor prohibido que lo arrastra con su montura, sin descanso alguno hacia las calles de un interminable infierno.

Las autoras de esta versión son egresadas de la UNELLEZ-San Carlos: Deysi Yolimar Alvarado Balladares, nació en Tinaquillo, el 9 de octubre de 1987. Alys Marleth Landaeta Barrios, nació en Caracas, el 9 de agosto de 1988. Sheyla Verónica Rivas Santamaría, nace en San Cristóbal, Táchira, el 23 de octubre de 1987. Informante literario oral: Cristóbal Medina, con largos años de vida en Tinaquillo, nacido en Encontrados, estado Zulia, el 14 de febrero de 1954.


EL JINETE SIN CABEZA Y EL AHORCADO DEL SAMÁN

Este relato perturbó la pacífica comunidad llanera. 
Imagen en el archivo de  Beto Mirabal. 


Un mutilado torso en lugar de un rostro; 
una tenue visión apenas nos deja.
Una densa tristeza sin descanso 
en la vieja soledad de las noches llaneras.
(Archivo de Amilcar Alejo)

En este relato se integran dos ejes argumentales de la narrativa oral llanera: El Jinete sin Cabeza y El Ahorcado del Samán. El encuentro de ambos espectros, se tiñe de verosimilitud en la temática americana de la Guerra de Independencia y en las pasiones amorosas que reboza los límites de la misma muerte.


EL JINETE SIN CABEZA Y EL AHORCADO DEL SAMÁN

En la época de la Colonia, las leyes que existían siempre se basaban en la imposición del más fuerte. Era una época de cosas atroces. De poca o ninguna humanidad. Muertes, torturas y venganzas. Aquí comienza una historia de amor, dolor, traición y fatalidad. Tal es el caso que le sucedió a Francisco Contreras, coronel del Ejército patriótico, hombre fuerte, inteligente, luchador, pero quien tenía el gran defecto de ser un “Don Juan” sin control. Este bravo oficial, tuvo muchas aventuras, hasta que un día fijo sus ojos en una mujer casada: la esposa del jefe militar de San Carlos, el general Eduardo Zambrano, hombre de abolengo, muy poderoso y sobre todo vengativo.

Francisco se enamora de Teresa de Zambrano y comienza a cortejarla en una fiesta donde estaban todos celebrando una victoria ante los realistas. Teresa mujer bella, de esbelta figura y muchos encantos le comienza a corresponder a Francisco. Ellos se veían cerca de la iglesia Santo Domingo, siempre muy atentos para que nadie los viera. En esa época, de plena guerra contra la corona española, no existían amigos. Todos eran capaces de hacer cualquier cosa por tomar cualquier provecho.
El general Eduardo sale de viaje, llamados por sus superiores y deja sola a su esposa. Teresa cegada de amor por Francisco se atrevió a meterlo en su casa, varias personas del pueblo se dieron cuenta de lo que sucedía y todos comentaban lo que estaba pasando entre esos dos amantes.
Eduardo llegó antes de lo previsto. Entrando al pueblo una persona intrigante le comentó lo que sucedía entre su esposa y su compañero de tropas, Francisco. Éste como todo militar planea cómo encontrarlos y se mete a la casa silenciosamente para ver con sus propios ojos la infidelidad de su esposa. Tal como se lo habían contado, vio a su mujer y a su compañero en el lecho de amor, contuvo la ira y al día siguiente planeó la gran venganza.
Va a los refugios, busca a Francisco, lo invita que lo acompañe a estudiar un campo de batalla, éste acude sin sospechar que minutos más tarde lo esperaba la muerte más violenta que le puede ocurrir a un ser humano.
Llegan a unas tierras solitarias, Eduardo va detrás de Francisco, le da un palazo en la cabeza, cae al suelo y comienza a golpearlo fuertemente por todo el cuerpo, le corta la cabeza y le saca el corazón. Eduardo había perdido la cordura… busca al enterrador para que le ayude a sepultar el cuerpo de Francisco. Éstos para no ser descubiertos viven muchas aventuras para salvar sus vidas, pareciese que el cielo le estaba cobrando la muerte de Francisco. Eduardo, estaba enloquecido por el violento crimen. Se había llevado consigo la cabeza de Francisco para mostrársela a su esposa y así torturarla.
Estos dos, durante la huida de la escena del crimen, fueron perseguidos por unos jinetes extraños a quienes finalmente no logran identificar Caen, sin darse cuenta en un pantano, se pierden en la montaña a plena luz del día… un rayo les mató uno de los caballos y al otro lo mató una cascabel…Pero aún así el general Eduardo no soltó ni un momento la cabeza cortada de Francisco.
– ¡Compadre! ¿Qué pasa? Está pasando una cosa fea. Dijo el general Eduardo.
– ¿Cómo es posible? Si este camino lo conocemos- Responde el enterrador atemorizado.
Por suerte del destino se salvaron; ¡Al fin! logran llegar al pueblo, Eduardo va a su casa y le muestra la cabeza a su esposa. La escena era fría pero macabra por demás. Teresa, desesperada se clava un puñal quitándose la vida. Eduardo ya sin cordura, guarda la cabeza de Francisco en su cuarto, pasaban los días el general cada vez estaba más desquiciado y empieza a tener alucinaciones. El enterrador fue picado por una serpiente y murió entre los más horribles sufrimientos.
Las locuras de Eduardo se hicieron conocidas y hace que lo retiren del frente de batalla, donde tanto había destacado. Cada día sus alucinaciones eran más fuertes, sentía los latidos del corazón de Francisco, sus pasos, hasta que un día en una calle solitaria del pueblo se le aparece, de improvisto, un gigantesco caballo negro, que más bien parecía que anduviera flotando, por eso no lo pudo escuchar. Aquel inmenso potro estaba sometido firmemente por un jinete sin cabeza, que se le acerca, de manera lenta y segura. Eduardo huye y el jinete lo persigue. Eduardo desesperado, aterrado, sin cordura y, asechado por el fantasma, corre hasta el samán de la plaza, donde jugó muchas veces en su infancia.
Eduardo, esta vez, no se siente seguro bajo ese enorme cuerpo de madera. Nadie lo vendrá a ayudar porque hay toque de queda. La iglesia Catedral, tan cercana, se mira como perdida en la distancia. De nuevo siente la respiración del caballo que venía como en el aire. Ve que como cosa extraña que en una rama de aquel árbol había una larga soga. El miedo no lo deja pensar y haciendo varios bruscos movimientos de enlazar, se ahorca.
Dicen que ahora su alma, también anda penando, igual a la del Jinete sin Cabeza que vaga por las llanuras de San Carlos, acompañado del Ahorcado del Samán, cabalgando en un caballo que más bien parece que vuela.

Nota: La autora de este texto egresó de la UNELLEZ, en la mención Castellano y Literatura, Vicerrectorado de San Carlos, ciudad donde nació y reside. Su nombre es Fátima García, nacida el 3 de marzo de 1972.


María de los tormentos (cuento llanero de fantasmas)

Dicen que una mujer llanera causó la obsesión que padeció. Imagen
en el archivo de "La Voz del Joropo".




En esta otra historia sobre el Jinete sin Cabeza, se suma un intenso protagonismo femenino y tres elementos de la religiosidad popular: la práctica de la hechicería indígena; la reverencia a los santos y; el comercio de los milagros. Su ubicación cronológica es la Guerra de Independencia, hecho de armas en la participaron humildes llaneros, algunos, con rango de verdaderos héroes nacionales, pero cuyos anónimas identidades solamente sobreviven en los breves relatos que se narran en las llanuras.



EL PAGO DE UNA TRAICIÓN

Sí, ciertamente lo decapitó, le arrancó la cabeza de un sopetón con su espada. Francisco Carrillo, tenía aproximadamente 21 años cuando pasó a ser voluntario de un pelotón de las tropas patrióticas comandadas por el general Pedro Aristigueta, quien organizó una pequeña guerrilla contra un numeroso grupo de soldados al servicio de rey de España, dirigidos por el general Nicolás Navarro.
Francisco, era un hombre de buen porte, audaz jinete, distinguido por su valentía y ganas por defender la causa de la Independencia. Era el permanente mensajero entre su tropa y los Realistas, acantonados en el hato de Navarro, cerca de donde hoy es el pueblo de Las Vegas. Al cabo de unos días llegó a su destino cuando casi caía la tarde.
– Tac, tac, tac. Carrillo tocó a la puerta. Alguien abrió. Era una mujer de mirada hipnotizante, figura esbelta y seductora.
–Mi nombre es María Lucía del Pilar Montaño de Navarro, ¿en qué puedo servirle? Carrillo respondió:
–Mis saludos, señora; traigo un recado del general Aristiguieta. Ella lo miró fijamente, y con cierto tono de voz seductor le replicó:
– En éste momento mi esposo está indispuesto, pero con gusto le haré llegar su comunicado.
Francisco, al no obtener respuesta inmediata regresó con su tropa. Al pasar los días, Aristiguieta, se cansó de esperar una respuesta y decide enviar, nuevamente, a su jinete para llevar un segundo comunicado. Es recibido de nuevo por María Montaño, pero esta vez de manera muy extraña: fue muy amable y lo hace pasar dentro de la casa. No sospechaba que ella lo había elegido para procrear el hijo que tanto le había negado la naturaleza de su marido. La mujer le trae una taza de café, un verdadero lujo para ese pobre campesino acostumbrado a tomar en rústicas vasijas. Sin saber cómo ni cuándo, Carrillo se fue desvaneciendo. Las horas y los momentos de pasión iban y venían sin rumbo fijo por su mente recorriendo todo su ser de manera frenética. Cuando logra despertar totalmente, se encuentra frente a su jefe, el general Aristiguieta.
–Tenías tres días perdido. –Rápido, a formación de batalla. Gritó Aristiguieta. Francisco Carrillo, trató de acomodar sus ideas, pero no pudiéndolas ordenar, apenas atinó tomar su lanza y su machete, sus únicas armas. Al poco rato divisan las tropas de Navarro. Las dos formaciones se encuentran. El combate era brutal. Los escasos patriotas empezaron a retroceder ante los numerosos realistas. Aristiguieta, quiso dar una última embestida. Galopó al centro junto a Francisco Carrillo. Navarro como acostumbraba, acompañado de sus dos lanceros más arrojados, avanzó al frente de la caballería que se abrió en abanico para el choque final. Aristiguieta, jamás imaginó que tres empecinadas lanzas lo tenían por objetivo. Francisco trata de auxiliarle, pero en ese momento fue aprovechado, al galope, por la lanza de tres varas y media, casi tres metros de largo, empuñada por Navarro, quien levantó su cuerpo por la fuerza del impacto. Navarro, se le acerca en su agonía, entre furiosas maldiciones y diciendo a su enemigo que la noche anterior se había acostado con su mujer. Rabiando, baja de su montura y se coloca en cuclillas, para estar a la altura de un Francisco moribundo, le sostuvo la cabeza y le descargó toda su ira. Sí, ciertamente lo decapitó, le arrancó la cabeza de un sopetón con su espada.
Aristiguieta herido gravemente, ordena a su tropa la retirada. Navarro concentrado en la afrenta de Francisco con su mujer, dejó ir a los pocos patriotas sobrevivientes. Cargado, ordena regresar a su hato y recoger el cuerpo decapitado de Francisco Carrillo.
Al llegar a casa, furioso, lanzó el cuerpo de Francisco a los pies de María. Ella horrorizada, empieza a gritar y se va en llanto. Navarro la miró fijamente y anunció:
- Allí está tu amante, te largas antes de que corras la misma suerte.
María partió, llevando como única posesión el caballo donde amarraron el cuerpo inerte de Francisco Carrillo. Como pudo llegó a la casa de sus padres: una pequeña vivienda en la población de Apartadero. En ese momento recobró en sus venas la sangre de su abuelo, el mismo poderoso brujo indio, de quien había aprendido la forma de seducir al infortunado jinete decapitado. De allí le nació la idea de hacerse pasar por una mujer dotada de poderes divinos, diciendo que poseía una virgen que lloraba lágrimas de sangre y les quitaba dinero a todas las gentes a cambio de “milagros”. En realidad la estatuilla que reflejaba la imagen de la virgen era de yeso, el cual fue mezclado con el polvo que había obtenido María al triturar los huesos de Francisco. La decisión de hacer aquella mezcolanza de yeso y huesos le vino de las pócimas que su viejo abuelo hechicero le había enseñado cuando pequeña. Sabiendo, así, que después de la muerte, el alma de las personas puede ser manipulada por medio de sus huesos y de algunos rituales que sólo ella podía efectuar.
La presencia de la magia y de los sucesos sobrenaturales en la pequeña vivienda, abrió un agujero entre la dimensión humana y una dimensión donde yacían las almas de los muertos. Su voz cruzaban los dos espacios. Revivió en María aquel espíritu hechicero que habitaba en su interior. María había de recordar el conjuro que su abuelo utilizaba para llamar a los espíritus a los cuales quería dominar para que hicieran su voluntad. En ese instante comenzó a recitar las palabras malditas:
-“Tus huesos tengo, y descanso a tu alma no daré hasta que hagas mi voluntad y me des mucho poder, y si no haces lo que te digo jamás estarás tranquilo”-
Al terminar esta oración el cielo comenzó a oscurecer; los pájaros buscaron sus nidos como si supieran que algo malo estaba por suceder.
¡Sasch! Se hace presente el alma de Francisco ante María.
- Déjame descansar en paz. Le dice Francisco con voz estridente que brotaba de su cuello cortado.
María le replica:
- Tú alma me pertenece, tendrás que hacer lo que te ordene, de lo contrario vagarás eternamente por el mundo. El respondió: – ¿Qué quieres que haga?
María le dio estas instrucciones:
–Durante el día tu alma estará encerrada dentro de ese yeso, deberás llorar lágrimas de sangre para que la gente crea que realmente la virgen es milagrosa, y por las noches andarás por las llanuras, montando este caballo que yo misma te he preparado, para que como ese potro, hagas mi voluntad, envolviendo este pueblo en un infierno.
– ¿Qué ganaras con eso? Ella responde: –Obtendré el respeto que merezco, además de poder y dinero.
Desde ese momento Francisco se sumió a los designios de María. Cuando terminó todos los arreglos para comenzar su ambicioso negocio, abrió las puertas de su casa y comenzó a decirle a la gente del pueblo que su virgen estaba llorando lágrimas de sangre y que a cambio de un poco de dinero ella podría ayudarles a tener mejor vida.
Al caer la noche el jinete inició su pavorosa misión, en lomos de aquel caballo poseído por María. Su primera víctima fue Alfonso Contreras, hombre de mucho dinero, ganado y con mujeres por doquier. Esto enfureció a Francisco y lo escogió como su mejor presa. Eran aproximadamente las ocho de la noche cuando Alfonso salió en busca de una nueva aventura, cuando de repente entre los árboles se escucha un relinche tenebroso. Alfonso asustado pregunta: – ¿Quién anda allí?
Hay un silencio absoluto y el hombre está cada vez más asustado. – ¿Quién es? Pregunta de nuevo-. En ese instante sale un jinete cabalgando con la cabeza en la mano izquierda y en su otra mano una espada llena de sangre.
Alfonso al verlo quedó paralizado, mientras que el alma del jinete desaparecía lentamente. Luego de éste impactado decide regresar a su casa; al llegar no habla con nadie y directamente se dirige a su cuarto. No pudo dormir en toda la noche porque esa imagen horrorosa no desaparecía de sus ojos; al amanecer comenta a su esposa lo sucedido y ésta a su vez lo divulga por todo el pueblo. El temor se expande por esa población y ya todos sabían de aquel hombre que se encargó de desaparecer la calma en ese pueblo por mucho tiempo; al que todos le llamaron “El Jinete sin Cabeza”.
Cada día la multitud se dirige a casa de María, pidiendo con fe a la supuesta virgen que aleje del pueblo esa espeluznante aparición. Así pasaron dos años, y siempre la misma rutina; María estaba enriquecida y el alma de Francisco cansada pero con más fuerzas. Al caer la noche la gente del pueblo comenzó a cerrar las puertas y ventanas de sus casas, el Jinete salió por las calles de la comunidad, pero esta vez no asechó a la gente del pueblo, en su lugar volcó toda su ira contra María, que era la causante de sus desgracias.
¡Plash! Un fuerte viento deja caer la puerta de la casa de María, quien se encontraba ante la estatua de yeso admirándola, la imagen cae y se desborona mientras que el aire arrastraba las sobras, María pierde el control total del alma de aquel Jinete atormentado. Repentinamente la mujer empezó a escuchar los relinches de un caballo a lo lejos que se acercaba de manera rápida y agitada. María miraba de un lado a otro buscando la fuente del sonido, sin darse cuenta, al voltear, ante ella estaba Francisco, que no era sólo espíritu, se había convertido en un esqueleto sobre un caballo negro que causaba horror. De pronto el caballo levantó sus patas precedido de un fuerte relinche, Francisco empuña su lanza y le atraviesa el cuello, dejando a María sin vida instantáneamente.
El alma del Jinete sin Cabeza quedó libre de pena; y cuentan que en las ruinas de esa casa se escuchan fuertes gritos desolados de una mujer que por ambición retuvo el libre descanso del alma de un luchador de la patria.

Nota: Los co-autores de este relato son egresados de la UNELLEZ-San Carlos: Odalys Beatriz Arias León: nació en Pimpinela, Portuguesa, el 6 de marzo de 1987. Marbelys Day Canelón López: nació en San Carlos, el 19 de julio de 1988. Ricardo Alfredo Carrillo Dumett: nació en Acarigua, Portuguesa, el 18 de octubre de 1987. Karina Teresa Gómez Martínez: reside en Apartadero, donde nace el 24 de mayo de 1987. Eisbori Elena López Urdaneta: nació en Caracas, el 2 de noviembre de 1984.