lunes, 17 de octubre de 2011

Del Apure y sus espantos


La vida llanera encierra  disputas de fieros desenlaces 
(archivo de Omar Borrero) 


LA LAGUNA ENCANTADA DE LA YAGÜÍTA
(Emilia Rosa Pulido Díaz)

Cuenta la india Leocadia Valeria, que hace muchos años cuando en los llanos apureños existían hombres machos y fregaos de verdad, que luchaban a brazo partío contra un caimán o con un tigre de pinta menuita y en la noche caminaban diez o doce leguas para mirar y bailar con la muchacha más bonita de la parranda y tomarse un palo de caña antes de pararse en la pata del arpa para contrapuntear con el mejor de los cantantes.

Llegó un hombre racional, alto, buenmozo y muy bien letrao, unos dicen que era de Barinas, otros que venía de Guárico, lo cierto es que este gallardo señor traía la idea de fundar y quedarse en este sitio.

Este catire bizarro comenzó por construir su casa de mampostería, juntó unos indios y peones con los que levantaron las cercas de alambre, que nunca se habían visto por esos lados. Así llegaron los días de Semana Santa y justamente el Jueves Santo, ya tenía un rodeo de ganado cachilapo que habían logrado reunir, pasaban de quinientas reses y un atajo de bestias que eran la envidia de los vecinos del lugar. Ese día muy temprano, al clarear el alba, mandó a matar dos reses de las más gordas para asarlas y buscar los mejores músicos de Elorza para celebrar la fiesta conmemorando el fin de la faena y la bienvenida de su familia. Se comenzó con el trabajo de marcar el ganado con el hierro JCV, que indicaba las iniciales de ese hombre indómito como la llanura, que no respetaba tradición y aún cuando los hombres no le querían trabajar los tentó a punta de codicia diciéndoles: “El que trabaje conmigo toda la Semana Mayor le doy cinco morocotas”. En esa época eso era un rialero y quién con tanto que agarrar se va a negar a trabajar, con todo y eso algunos se fueron, pero los más ambiciosos se quedaron.

Juan Constancio Vallesteros, hombre de tabaco en la vejiga, a las once de la mañana junto a sus peones había logrado marcar más de la mitad de las reses, justo a la una de la tarde, hora en que Cristo muere en la Cruz, ya casi terminaban, se encontraron con un toro negro, con ojos cual llamaradas de fuego, de tal bravura que algunos peones le tuvieron miedo y fue el mismo quien lo enlazó y tiró al suelo para ponerle el hierro candente. Al ponerle el hierro a ese altivo animal se produjo un trueno ensordecedor que aterró la peonada y junto al trueno cayó un rayo que convirtió todo el lugar en una inmensa laguna de aguas mansas que atraían al verlas. Cuando llegaron los músicos e invitados para la fiesta sólo se encontraron un pozo lánguido y tranquilo de aguas que invitaban a entrar en ellas, todos se preguntaban: ¿Qué pasó en aquel sitio? Fue tanto el susto que todos se fueron de aquel lugar tan aterrados, sin encontrar alguna explicación para lo que había sucedido en aquel lugar y desde entonces ese sitio se llama la laguna de La Yagüita.

Este relato pasó de boca en boca de muchos cantadores de corrío, cuentan en su canto cómo los indios del lugar no se acercaban a esta laguna porque es tabú para ellos y la gente del pueblo decían que esta laguna tiene un encanto; que cuando la miras te atrae como si fuera un imán y en días de Semana Santa se escucha a lo lejos los bramidos del ganado, el relinchar de las bestias y los gritos de todos los que murieron, inclusive los gritos de Juan Constancio Vallesteros, pidiendo perdón a Dios por no haber respetado la semana de su pasión y muerte.

Nota 1. Emilia Rosa Pulido Díaz: Es una destacada educadora. Reside en San Fernando de Apure, estado Apure. En su primera incursión en la literatura alcanzó la Mención de Honor en el I Concurso Nacional de Cuentos y Relatos: Misterios y Fantasmas Clásicos de la Llanura "Ramón Villegas Izquiel", organizado por la UNELLEZ-San Carlos (1998).

Nota 2. El presente texto fue publicado en: El Llano en voces. Antología de la narrativa fantasmal cojedeña y de otras soledades, editado por la Universidad Nacional Experimental de Los Llanos Occidentales "Ezequiel Zamora" (San Carlos, 2007), bajo la compilación de Isaías Medina López y Duglas Moreno.









6 comentarios:

Maria Karelis Colmenarez dijo...

Me parece bien interesante este cuento ya que realza las creencias de los seres humanos, y pone de manifiesto que no todos tenemos le misma ideología de las cosas.

Maria Karelis Colmenarez dijo...

Al leer este cuento se se puede dar cueta de las diferentes creenciias que tenemos los venezolanos, y las diferencia de pensamiento de cada persona.
Maria Karelis
Ospino-Portuguesa

francis rios dijo...

En el momento que estoy leyendo este relato, se me vino inmediatamente a la mente de que debemos respetar a DIOs sobre todas las cosas, DIOS es la verdad y con èl nadie puede jugar. amigos lectores ponga en práctica de que nuestro Padre Celestial es primero y toda su vida le irà bien. Debemos ser fiel a Dios para, que no pase como el relato de la laguna encantada.

Lumy M.Q dijo...

Muy interesante la historia. Un país que tiene leyendas que contar, es un país con una cultura rica.

carlos javier nuñez vazquez dijo...

Me ha encantado la historia o "leyenda", jeje... tenemos muchas difecrencias a la forma de escribir, y eso me encanta, me obliga a mover el cerebro intentando que significan algunas palabras, y estoy contento por que enriquezco mi vocabulario.

Bella historia, y muchas gracias.

Alfmega marin dijo...

Bonito cuento, me llaman mucho la atención vuestras expresiones y el respeto férreo a las costumbres, hermoso, saludos.