viernes, 3 de enero de 2014

"A una mujer llamada Trina" (poemas de Orlando Araujo)

Imagen en el archivo de Idalys Díaz 




Fotografía inédita de Orlando Araujo 
junto a Luis Alberto Méndez (Tinaco, Cojedes)

***Orlando Araujo nació el 14 de agosto de 1928, en Calderas, estado Barinas y muere el  15 de septiembre de 1987 en la ciudad de Caracas. En su obra literaria destaca el cultivo del cuento y del ensayo. Una importante Bienal Nacional de Literatura honra su memoria desde finales del siglo pasado.  

A UNA MUJER LLAMADA TRINA
Yo tengo una mujer llamada Trina
que me cuida, me quiere, me acaricia
y traiciones de amor siempre imagina
porque Trina de amor tiene avaricia.

Con esta niña el corazón se envicia
y deja de beber, y el alma opina
qué bien vale la caña Trina Urbina
porque Trina de amor tiene avaricia.

Yo cuando voy al mar le digo Trina
y Urbina a la montaña junto al llano
y todo cuanto nace es Trina Urbina

Buscando amor voy por el mundo en vano
y al retornar la vida peregrina


aún guarda Trina azúcar en su mano.

CANCIÓN AL HÍGADO DE CAÑA Y MUERTE
Extraño ser metido en mis entrañas
silente defensor de mi locura
a ti debo la vida que perdura
en el amor y en todas sus hazañas.

Sólo Dios sabe cómo tú me amañas
y cómo quieres a esta vida dura
para seguir conmigo en la locura
de las letras y el canto de las cañas.

Conozco hígados tristes y sin dueño
que en cuerpos sin amores y sin vinos
jamás sintieron la embriaguez de un sueño.

En cambio tú, amigo, eres divino
y sé que estás muriendo en el empeño
de no dejarme solo en el camino.

EL LLANTO QUE DEJAMOS EN LOS BARES
Yo no tengo más patria que el amigo
ni más gloria que el beso de la amada
el tiempo de mi vida es la coartada
de un dios burlón que se acostó contigo

La historia de este mundo es el abrigo
de una galaxia tan deshabitada
que sus gentes vinieron de la nada
para morir de amor, tierra, conmigo

De tal manera somos habitantes
de un mundo que nos es desconocido
que aún no sabemos, siendo tan amantes,

que el llanto que dejamos en los bares
viene porque el amor nos ha vencido
con estrellas sin luz y aguas sin mares.

ADIÓS
Muchachos compañeros de mi vida
adiós canción, república del este,
mi caballo se aleja de la hueste,
mi corazón se queda en la partida.

Mi sol siempre interior jamás olvida
el fiel color del fuego que le reste,
mi solitario sol no va al oeste
ni se juega su luz, ni es luz vencida.

En tiempo de caña, adiós la pena.
No juzga el buen amigo al buen amigo
y en tiempo del amor la vida es buena

Por si viniera el tiempo del desprecio,
en el mercado de los hombre digo:
la lumbre de mi amor no tiene precio.


VA POR LA AMISTAD
El corazón habita casa propia
de techo alado y piedra sostenida
la casa es vieja pero no derruida
mañana, acaso, contaré su historia

Lo que interesa para la memoria
es que la casa de tan larga vida
alcanzará su forma pretendida
el corazón de forma transitoria

Con la lluvia es casa protectora
y contra el rayo y contra la tormenta
y contra la pasión devoradora

pero por sobre todo es casa mía
donde nadie entrará sin que se sienta
hermano de mi propia melodía



***Sonetos de Orlando Araujo, extraídos de su libro “Crónicas de Caña y muerte”. Edición de Contexto Editores (Caracas, 1982). Transcripción del poeta Francisco José Aguiar.  

1 comentario:

Maria Teresa dijo...

Es una poesia preciosa me ha gustado nucho,gracias por compartirla.