jueves, 9 de enero de 2014

EL CUÑAO Y LA SERPIENTE QUE HACE ESTREMECER LA TIERRA (Leyendas de Tinaquillo 3)

Violinista llanera de joropo (archivo de Ynaldis Aranguren)





“EL CUÑAO”
Aquella mañana se presentaba sumamente lluviosa, desde la madrugada las gotas de agua entonaban su monótona canción al caer sobre las tapas de zinc del rancho, invitando a sus habitantes a seguir durmiendo. No terminaba de aclarar y el sol, tímidamente estiraba sus adormecidos rayos sobre la sabana. Llovía hacía cuatro días sin parar, la plana superficie del plan de “Taguanes” había avivado sus colores: el verde era más oscuro, salpicado de blanco, rosado y rojo por las flores de los lirios sabaneros que emergían por todas partes.
Seguía lloviendo, pero hacía apenas un mes la tierra resquebrajada clamaba por una gota de agua que le diera vida, el pasto y otras plantas languidecían marchitas al igual que las matas de maíz, yuca, quinchoncho y plátanos del conuco de Pedro. El viejo Juancho lo había prevenido sobre la entrada del invierno.
─ Compadre Pedro, no siembre todavía, las Cabrillas se fueron en el cielo y apenas cayó una lloviznita. Hay que esperar hasta el próximo mes para sembrar.
Pero Pedro era testarudo y sembró esperanzado sus semillas. Y la sequía acabó con su conuco. Esa mañana Justina su mujer, seguía tratando de despertar a Pedro.
─ Pedro, levántese, que hoy no amaneció ni papelón para el guarapo ni hay que darle a los muchachos para comer. Y a Roberto no ha querido bajarle la fiebre.
─ Levántese y vaya a hablar con el señor Fonseca a ver si le da un trabajito en la Finca y le adelanta algo de plata para comprar la comida.
Pedro se despertó y se sintió más deprimido que nunca, sin conuco, sin plata y sin comida para sus hijos. Ahora la maldita lluvia lo tenía prisionero en su propia casa, sin poder salir a buscar trabajo. Esa tarde la lluvia había cesado a medias, de repente una tenue llovizna azotaba la sabana y volvía a escapar. Pedro preparó su escopeta “Morocha” y su linterna; se disponía a salir para “El Bajío”, donde había descubierto días atrás unas huellas de lapa, en la manguera de Domingote.
─ Mañana comerás carne, mi amor, le decía Pedro a Justina. Los muchachos podrán matar su hambre.
A las siete de la noche salió Pedro para “El Bajío”. A las nueve preparó su “Garita” y comenzó la vela.
De repente, como a las doce de la noche, cesó la brisa y el silencio se hizo largo tragándose los ruidos de la noche… Pedro dormitaba sobre la garita.
─ Buenas noches, cuñao.
Pedro despertó sobresaltado y vio a una persona de liquilique y sombrero pelo de guama parado al pie del árbol donde estaba la garita.
─ No se asuste, cuñao, que es gente de paz.
─ Vengo a proponerle un negocio que lo sacará de la pobreza. Lo convertiré en un hombre rico, cuñao.
─ No me llame cuñao, que yo no tengo hermanas. Contestó Pedro.
─ Bueno, amigo, si usted no está interesado en las monedas de oro que tengo enterradas, me voy. Ya vendrá alguno que las quiera, le contestó el hombre.
Pedro se quedó helado y sintió que se le aflojaban las piernas.
─ Un muerto. Pensó.
Estuvo tentado de dispararle con la escopeta, pero se dio cuenta de que no podía matar un muerto.
¡Monedas de oro! ¡Monedas de oro!
Estas palabras resonaban en el cerebro de Pedro. Se repuso y preguntó con voz entrecortada:
─ ¿Y ese entierro tiene algunas condiciones?.
─ Si cuñao. Respondió el muerto.
─ Una sola, que me dé uno de sus muchachos para que me acompañe.
─ ¿Pa’que lo acompañe a dónde?
─ La eternidad es muy larga cuñao, tráigalo aquí para que me acompañe.
─ Usted tiene un hijo muy enfermo, ese podría ser, y sus otros hijos vivirán una vida muy feliz; pero si no me cumple iré a buscarlo, cuñao, y me sentaré sobre usted hasta que le acuesten a su hijo, el que me entregará, sobre su pecho para que yo pueda llevármelo como compañero. Sino me acompaña usted, cuñao.
─ Baje del árbol cuñao, ahí mismo escarba y conseguirá la tinaja con las monedas de oro.
Pedro no dijo una palabra más, pero bajó del árbol y comenzó a excavar afanosamente. Allí estaba la tinaja, casi a flor de tierra; al destaparla brillaron las morocotas y los ojos de Pedro se hacían más grandes que el dos de oro
Pedro no llegó esa noche a su casa, como a medio día se presentó con un burro cargado de corotos, sobre todo comida, ropa y algunas medicinas (cafenol, lamedor, etc.) Su mujer se quedó mirándolo extrañada y los niños brincaban llenos de alegría. Al poco rato una columna de tibio humo se escapaba del rancho y la lluvia por fin había cesado.
Pedro le contó lo del entierro a Justina, pero sin decirle lo del compromiso con el muerto.
Pasaron los días. Una noche…
─¡Buenas noches Cuñao, cuándo me va a llevar al muchacho!.
Escuchó Pedro medio dormido, medio despierto. Se sentó en la cama. Todos dormían profundamente, al mirar hacia la puerta vio como una sombra que insistía:
─ Lléveme al muchacho o usted me acompañará.
─ La semana que viene se lo llevo, sin falta, palabra de hombre, respondió Pedro.
La noche volvió a quedar en silencio y Pedro se quedó profundamente dormido.
Paso un mes, todo había mejorado en el rancho y Pedro se olvidó del compromiso. Esa noche el cielo se puso negro, se borraron las estrellas y se escuchaban truenos lejanos; la brisa comenzó a hacerse más fuerte y el techo de zinc se estremecía sonoramente.
─ ¡Justina, Justina! Despiértese, que el ventarrón se quiere llevar el rancho.
El viento tronaba estruendosamente entre los árboles cercanos a la casa, Justina ni se movía, respiraba, pero como si estuviera muerta. De repente…
─ Cuñao prepárese para que me acompañe porque usted no cumplió con el compromiso.
Pedro sintió que se le sentaba en el pecho y comenzaban a hacerle presión, se estremeció y lanzó un largo grito que por fin despertó a Justina. Ésta prendió la luz y trató de socorrer a Pedro, pero éste continuaba gritando y pidiendo que le quitaran al muerto de encima. Como una hora duró la crisis de Pedro, que al fin se alivió y se quedo dormido. Despertó por la mañana sobresaltado y escuchó un suave susurro.
─ Cuñao, cumpla con el pacto, porque me lo llevo. Hasta la noche.
Justina notó muy nervioso a su marido y empezó a interrogarlo:
─ ¿Pedro qué es lo que pasa. Cada día lo veo más nervioso y triste, cuénteme?
Pedro se resolvió y le contó a su mujer lo del entierro y el compromiso con el muerto. Ésta dio un salto y le contestó:
─ Pues, Pedro se irá a morir usted pero yo no permito que le dé a ese muerto ninguno de mis hijos.
Ese día, Pedro se vino al pueblo y hablo con el cura, que dudó de sus palabras, sin embargo le dio un frasco con agua bendita para que lo utilizara en caso de que el muerto lo volviera a molestar.
Esa noche Pedro no quiso acostarse, pero el sueño lo venció y como a la una de la noche se quedó dormido en una silla. Enseguida sintió que se le sentaron encima y le presionaban, y empezó a dar gritos.
─ ¡Justina, Justina! Tráigame al muchacho y póngalo sobre mi pecho.
Así pasó toda la noche. Justina lo bañó con el agua bendita, pero todo fue inútil. Al amanecer el muerto se le quitó de encima y Pedro por fin pudo dormirse. La siguiente noche ni se acercó al cuarto, se sentó en el alero trasero del rancho y allí se quedó dormido como a las dos de la madrugada; enseguida el muerto se le sentó encima y comenzó de nuevo su agonía.
─ ¡Justina póngame el muchacho en el pecho que me estoy muriendo!
Justina rezaba silenciosamente en el cuarto con todos sus hijos. Así pasaron siete días y todas las noches, aun sin dormirse, Pedro sentía que se le sentaban encima y comenzaba su agonía. Ya los vecinos se habían enterado de su rara enfermedad y acompañaban a Justina hasta el amanecer. Pedro estaba cada vez más débil y flaco, el muerto no lo dejaba descansar ni de día. Algunos amigos buscaron al brujo del caserío y lo llevaron a ver a Pedro. Quintín Pérez tenía fama de poseer poderes especiales y comunicarse con los espíritus. Ya se había fumado dos tabacos y el enfermo continuaba sin aliviarse… De repente éste se calmo y todos se disponían a felicitar al brujo, cuando vieron que Quintín daba un terrible grito y caía al suelo exclamando:
─ ¡Quítenme a este carajo de encima que me ahoga!
Como pudo se paró y salió disparado por la puerta del cuarto, diciendo:
─ ¡Ave María Purísima! Busquen a otro brujo, yo no peleo con muertos.
Esa noche, como a las cuatro de la mañana murió Pedro, pidiendo a su mujer, hasta el último momento, que le pusiera el muchacho en el pecho.
A Pedro lo llevaron hasta el cementerio de Tinaquillo en brazos de amigos, como era la costumbre del lugar y todos se preguntaban intrigados, quién sería ese señor de liquilique y sombrero pelo de guama que acompañaba el entierro. De regreso le preguntaron a Justina, quien sorprendida les respondió:
─ ¿Cuál señor?. Yo no vi a nadie de liquilique acompañando al entierro.
Justina no durmió ni una noche más en su rancho, esa misma noche se mudó a Tinaquillo; con el tiempo compró una casa grande y puso una bodega que bautizó con el nombre de “El Cuñao”.

“LA SERPIENTE QUE HACE ESTREMECER  LA TIERRA”
Corría el año de 1943, para entonces yo contaba con siete años; mi padre yacía enfermo con la terrible enfermedad que terminaría con su vida. Esa tarde jugaba con mi hermano Rafael en el solar común de casi todas las viviendas de la manzana. Recuerdo que me cargaba, correteando sobre una carretilla, bajo un frondoso “Caujaro” que cobijaba nuestro juego. De repente el árbol pareció caerse batiendo sus ramas poderosamente; mi hermano muy asustado, se alejó corriendo hacia la casa dejándome solo y aterrorizado; había sentido por primera vez un temblor de tierra. Ese mismo día al salir a la calle y reunirme con los amigos del barrio notamos varias casas con las paredes agrietadas y a los adultos, alborotados haciendo diversos comentarios:
─ ¡Tembló la tierra comadre Justina!
─ ¡En Valencia se cayeron varias casas!.
─ La cochina de María Liberata parió un cochino con dos cabezas.
─ En la casa de los Cancines nació un pollo con cuatro patas.
─ Esta noche hay que dormir en la calle por sí vuelve a temblar.
Nosotros los más pequeños, oíamos asustados y comentábamos impresiones y experiencias:
─ En mi casa se movieron las paredes y el techo.
─ Yo estaba comiendo y de repente se movió la mesa y se cayó el plato con la comida.
─ ¿Por qué se movería la tierra?
Nos escudaba Don Pascual, el viejito abuelo de los Bejaranos, que había nacido y vivido casi toda su vida en la Mesas de Vallecito, al pie de la Teta de Tinaquillo, nos llamó cariñosamente y nos dijo:
─ Eso es culpa de la culebra de “El Cerro” de las Tetas, allí tiene su cola en una pequeña laguna donde nació. Su cuerpo fue creciendo a través de las corrientes de agua que van por dentro de la tierra hasta llegar a la laguna de Valencia, donde tiene su cabeza; cada vez que su cuerpo se mueve estremece la tierra; por eso los temblores se sienten en esta región y en la zona de Valencia.
Las palabras de Don Pascual me dejaron muy asustado y la curiosidad me llevó derechito a la casa de Agapita, quien conocía muchas historias y era la mejor cuenta cuentos del barrio. Nunca he olvidado la hermosa historia que me contó…
En estas tierras donde no hoy está nuestro pueblo y en las extensas sabanas que lo rodean, donde se destaca como un guardián imponente “El Cerro Las Tetas”, habitaron antes de llegar los españoles, varias tribus indígenas Caribes. En una a esas rancherías vivía una india llamada “Namira”, una hermosa mujer que a pesar de tener muchos años se mantenía joven y lozana sin que nadie supiera el secreto de su perenne juventud. Era adorada y respetada por todos los miembros de la tribu, ya que la consideraban una diosa. Esta leyenda llegó a oídos de los blancos españoles, uno de ellos espiaba constantemente al pueblo indígena con la esperanza de conocer a la india de la eterna juventud. Una tarde sintió el leve caminar de una persona que se acercaba a las faldas de “La Teta de Tinaquillo”, donde se encontraba vigilando el movimiento de los indígenas. Se quedó extasiado mirando a la esbelta y bella india que silenciosamente escalaba hacia la cima; la siguió muy discretamente, y aunque la perdió de vista continuó subiendo hasta llegar a la cúspide, allí estaba la india sobre una piedra, mirando el bello paisaje de las laderas y las sabanas que se extendían hacia el naciente; el río “Mapuri”, llamado actualmente Tamanaco, parecía a la distancia un hilo de plata recorriendo la planicie de norte a sur; la brisa peinaba el pajonal y le traía el aroma del mastranto y el palotal floreado. Namira caminó luego hacia la laguna que se encontraba a pocos pasos, se desvistió y entró lentamente en las cristalinas y frías aguas bañándose distraídamente sin que nada la perturbara; cuando el blanco español se le acercó, no lo vio hasta que era demasiado tarde. La atacó y enloquecido quiso poseerla por la fuerza, pero la india era fuerte y ágil, le oponía feroz resistencia, la golpeó despiadadamente con una piedra en la cabeza, dejándola sin sentido. Creyéndola muerta la tiró a la laguna y para su asombro notó que la doncella se movía cadenciosamente y se iba alargando hasta convertirse en una serpiente que crecía cada vez más, despavorido huyó abandonando las alturas.
Al notar la ausencia de su india diosa todos los miembros de la tribu salieron en su búsqueda, pero no pudieron encontrarla. Sólo el anciano Tama, que desde joven amaba y servía a “Namira”, conocía la laguna encantada y de las visitas que ésta le hacía todos los meses en época de luna llena, para mantener su juventud, se dirigió en su búsqueda hacia el pico que dominaba la llanura y al acercarse al estanque, observó la serpiente y le pareció descubrir en su cabeza el rostro de su amada. “Tama”, presintió que habían atentado contra la vida de “Nimira”, ocasionando que las mágicas aguas produjeran su transformación. Por mucho tiempo estuvo visitando la laguna encantada, notando que la serpiente crecía cada vez más y hundía su cuerpo en la tierra en búsqueda de otra fuente mayor de agua.
Cada cierto tiempo la serpiente se estremece, sacudiendo la tierra, como castigo a los blancos que subyugaron su pueblo y ocasionaron en ella la transformación de humana a serpiente.
He sentido durante mi vida muchos temblores en Tinaquillo, mi pueblo natal, pero el ocurrido por los años setenta, y que estremeció fuertemente la tierra y produjo al mismo tiempo un ruido como mugido profundo, me hizo recordar la historia contada por Pascual y Agapita; la serpiente no solo se había movido sino también quejado por la eterna soledad a la que la habían condenado las bajas pasiones de los blancos.
En 1980 la curiosidad por comprobar si en “La Teta de Tinaquillo” existía alguna laguna me impulsó a unirme a una excursión de jóvenes que planificaban subir y pernoctar en el cerro. Fue una experiencia maravillosa, subimos al amanecer por la zona de Caño de Agua, cercana a las mesas de Vallecito, tal vez, según el relato de Agapita, por donde el español curioso vigilaba, en tiempos muy lejanos, las rancherías indígenas donde vivía Namira. A medida que ascendíamos por las laderas pobladas de ganado vacuno, la cuesta se hacía más inclinada y al mirar al este, hacía la población de Tinaquillo, los diferentes verdes del pastizal, el hilo de plata del río Tamanaco, protegido en su curso por frondosos árboles; la tenue llovizna que despertaba los olores silvestres del ambiente y la fresca brisa que refrescaba el intenso calor corporal estimulado por el esfuerzo al caminar, me transportaban a la época en que estos lugares eran habitados por los indígenas donde vivía Namira. La emoción ponía alas a mis pies siguiendo el rápido ritmo de marcha que imponían los jóvenes. Como a las diez de la mañana alcanzamos la cima y aunque el cansancio me impulsaba a relajarme y descansar, la curiosidad pudo más, estuve como una hora explorando los alrededores del pico. No observé ninguna laguna, pero si un pequeño estanque natural. Sin embargo, Luis Antonio, el baquiano que nos acompañaba, natural de Montañita, localidad cercana a este cerro, nos contó que en otros tiempos ese estanque formaba una laguna, y que sus aguas se habían ido deslizando a través de la montaña y que brotan en forma de rico manantial por la zona de las”Laderas”. Mis abuelos, nos decía Luis, contaban que en esa laguna había existido una serpiente. 
Esa noche después de mirar por largo rato las estrellas titilar en el cielo y las pequeñas luces de Tinaquillo y de otras localidades ubicadas abajo, en las colinas y sabanas que rodean al cerro, me refugié en mi carpa. El monótono canto de un ave nocturna y el cansancio contribuyeron a que me durmiera rápidamente, de repente me desperté y noté un silencio profundo que nos rodeaba, no se oía ni el canto de un grillo, ni se sentía la menor corriente de aire. Me levanté y caminé lentamente hasta el estanque de agua y sorprendido vi que éste se había hecho más grande, sentí un leve chapoteo y asombrado noté como de éste salía una hermosa doncella india desnuda, caminó un corto trecho, se sentó silenciosa en una piedra, de sus ojos se desprendían numerosas lágrimas. La luna en el cielo estaba plena y daba una tenue claridad al pico. De repente la india se paró, me miró de frente, me hizo una señal de despedida con la mano y se introdujo en la laguna; su cuerpo se fue alargando hasta convertirse en serpiente. Me metí en el agua tratando de no perderla de vista… Sentí que me llamaban. Cuando me di cuenta de la realidad me encontré al lado del pequeño estanque y extrañamente con la ropa mojada. La brisa soplaba fuertemente y el canto de los insectos alegraba la clara noche. 
Ahora despertaba realmente. Interrogué a mis compañeros de excursión. Nadie había notado nada sólo José el que me llamó, dice haber oído un extraño rumor que lo despertó y al notar que yo no estaba en la carpa salió en mi búsqueda encontrándome mojado al lado del pequeño ojo de agua. Por la mañana al descender del cerro me pareció ver en el pico una tenue silueta que lentamente desaparecía.

Nota: Estas dos narraciones fueron tomadas de "Huellas de Tinaquillo" del desaparecido maestro Félix Monsalve,  libro editado por El perro y la rana en Caracas (2006) 

5 comentarios:

franklin josue frade brito dijo...

SOBRE EL CUÑAO DIGO QUE EL VUELA VUELA Y YO CREO Q EL SEÑOR DE LIQUILIQUI ERA DON TORIBIO O DON NICANOR MONTAÑES ES UN FABULOSO CUENTO PORQUE TRATA DE UN HOMBRE Q HACE UN PACTO CON UN ESPIRITU DE DARLE LA VIDA DE UNOS DE SUS HIJOS Y NO LO CUMPLE Y POR ESO C LO LLEVA EL MUERTO POR ESO DIGO QUE CON LOS MUERTOS NC JUEGA.
LA SERPIENTE QUE HACE ESTREMECER LA TIERRA ES UN ASOMBOSO Y HERMOSO CUENTO PORQUE TRATA DE UNA BELLA DONCELLA Q SIEMPRE C MANTENIA LINDA Y JOVEN Y LO ASOMBROSO FUE Q AL METERCE A LA LAGUNA C CONVIRTIO EN SERPIENTE Y CADA VEZ CRECE MAS POR ESO Q CUANDO LA TIERRA TIEMBLA SEGUN LA GENTE ES LA SERPIENTE Q MUEVE SU COLA DESDE TINAQUILLO A VALENCIA.

maria eliza duque soto dijo...

“El cuñado” Pienso que Pedro al verse desesperado por tantas necesidades en su hogar la falta de comida, su hijo enfermo y su cosecha perdida busco solucionar un poco la situación saliendo a cazar para darle de comer a su familia sin imaginar que se le presentaría ese muerto con traje de liquiliqui y sombrero pelo e guama ofreciéndole tan grande tentación y pudo mas la avaricia y la desesperación que acepto tal compromiso de dar a su hijo enfermo a cambio de esa tinaja de morocotas pero como decimos los llanero con los muertos no se hace trato ñerito para prueba un botón que el muerto dio y dio hasta que se lo llevo ya que no le cumplió con el pacto de darle a su hijo enfermo. Lo visito durante días y noches no le dejo vida hasta el Día de su muerte no pudieron hacer nada ni el brujo, ni el agua bendita. El cuñao lo acompañó hasta en el entierro. La serpiente que estremece la tierra el cerro las tetas habito la hermosa india llamada namira que pesar de tener muchos anos se mantenía joven y lozana sin que nadie supiera su secreto pues ella se metía en la laguna de cristalinas aguas y fue atacada por un español que para su asombro noto que la hermosa doncella se convertía en una serpiente despavorido dejo el lugar. De allí nace esta leyenda de la serpiente que estremece la tierra cuando mueve su cola desde tinaquillo a valencia se siente el temblor.

andrea nathalhy garrido dijo...

Es impresionante como algunas veces el desespero nos obliga a hacer cuestiones que quizas al pasar el tiempo nos damos cuenta que no fue la decisión, mas correcta pero pedro al verse envuelto de tanta necesidad pues, sin decirle que si al muerto se dejo llevar por la necesidad y la avaricia que en ese momento se encontraba...

andrea nathalhy garrido dijo...

La serpiente que estremece la tierra el cerro las tetas habito la hermosa india llamada namira que pesar de tener muchos años se mantenía joven. Hermosa sin que nadie supiera su secreto pues ella se metía en la laguna de cristalinas aguas y fue atacada por un español que para su asombro noto que la hermosa doncella se convertía en una serpiente despavorido dejo el lugar. De allí nace esta leyenda de la serpiente que estremece la tierra cuando mueve su cola desde tinaquillo a valencia se siente el temblo

Juan Carlos dijo...

Te iba a decir que me recordabas a Francisco Rojas Gonzáles con sus cuentos de El Diosero, pero pues, no son tuyos.