sábado, 11 de enero de 2014

LA BRUJA Y EL ESCAPISTA (Leyendas de Tinaquillo 4)

Joven  llanera (archivo de Hábleme de Puro Llano, compa)


La Bruja se había convertido en leyenda
(Archivo de Omar Borrero)


LA BRUJA
Mariela Colmenares desde pequeña había sido una niña muy sensitiva y precoz. Soñaba continuamente con ángeles y familiares muertos, oía rezos en el silencio de la noche y había tenido algunos encuentros con seres etéreos que aparecían y desaparecían repentinamente. Uno de esos encuentros lo tuvo viniendo de la casa de su tía Petra. En una curva del camino se le apareció de repente un hombrecito bien vestido, zapatos puntiagudos y sombrero de colores vivos, con los brazos y piernas semiencogidos, que parecía flotar en el monte, a orillas del camino, y la acompañó hasta cerca de su vivienda hacia la que corría dando gritos.
Mariela vivía con sus familiares en una zona rural en los alrededores de Tinaquillo, en un caserío con viviendas dispersas y parcelas con conucos. Sus familiares, en vista de sus supuestas fantasías no la dejaban sola ni un momento. Natividad, su madre, estaba muy preocupada por la epidemia de una extraña enfermedad que atacaba a los niños recién nacidos, que se iban poniendo flacos y pálidos y mostraban signos de picadura en la zona cercana al ombligo, y por las pesadillas de Mariela, que insistía en que un ave muy grande volaba por las noches cerca de su casa y se posaba sobre el techo.
El rumor fue creciendo y los vecinos aseguraban que una bruja era la causante de la enfermedad de los niños. Evaristo, el padre de Mariela, además de otras personas, consultaron a Julio Peña, curandero de cierta fama, y éste los orientó sobre la forma de cazar a la bruja.
Esa noche todo el mundo estaba en vela. Habían puesto en el patio de la casa de Mariela, una cruz formada con mostaza y unas tijeras abiertas. A las tres de la madrugada sintieron el aleteo de un ave que se acercaba. Al pasar sobre la cruz de mostaza cayó pesadamente sobre ésta. Los vecinos corrieron hacia el patio y al llegar se consiguieron con un enorme pavo de color oscuro, el cual estaba todavía atontado por la caída. Lo capturaron, amarraron y esperaron vigilantes hasta el amanecer.
Por la mañana llegaron noticias de que habían conseguido muerta a Victoria Pinto, una señora que vivía con su hijo, retardado y tonto, supuestamente producto del incesto entre padre e hija, y que moraban en una de las casas más alejadas de la comunidad.
Como a las siete de la mañana soltaron al pavo, después de quebrarle los dedos de las patas y varias plumas de las alas. Éste al verse libre, alzó el vuelo y se dirigió a la casa de Victoria, desapareciendo en sus alrededores. Las mujeres que rezaban y los vecinos que habían seguido al pavo, vieron con asombro que un cigarrón volaba sobre el cadáver y de repente se introducía por su boca., volviendo Victoria milagrosamente a la vida, maldiciendo con gritos horripilantes al verse los dedos de las manos y de los pies deformes, como si se los hubiesen machacado con un objeto muy pesado.
Julio Peña, el curandero, que había estado pendiente de todo el proceso, sacó de su morral un frasco con agua bendita y rezando en voz baja sus oraciones, bañó totalmente a la resucitada, que insultaba a gritos a los vecinos. Julio concluyó ordenando a la bruja que se marchara del caserío si no quería que volvieran a cazar su espíritu y lo retuvieran hasta su muerte definitiva.
Victoria Pinto desapareció del vecindario y cesó la epidemia de los niños.
Historias como ésta escuché muchas veces cuando niño, de boca de los cuentacuentos de mi pueblo, entre los cuales destacaba Agapita, doméstica al servicio de la señora Isabel de Pérez, que sabía y contaba con gracia muchas historias y cuentos.
Mariela Colmenares, es hoy en día una mujer de unos sesenta años, casada y con cinco hijos, que aún conserva su sensibilidad perceptiva de hechos inexplicables como el de oír rezos en el silencio de la noche, muy especialmente los lunes. Es muy católica y asiste regularmente a misa.
Yo no creo en brujas, pero ...... de que vuelan, vuelan.


EL ESCAPISTA
Nicolás Peña era un hombre sencillo pero misterioso, de hablar lento pero cantadito. Parecía un gato al caminar. Sus alpargatas siempre estaban limpias de polvo en el verano y de barro en el invierno. Muy educado, cortés y humanitario; pero introvertido, modesto y tímido. Los muchachos se divertían acercándosele y saludándolo con zalamerías, y éste se ponía más rojo que un tomate maduro y se volvía torpe en la actividad que estuviese realizando. Prudente, cuidadoso en sus opiniones y trato, pero firme en sus decisiones. No parecía capaz de violentarse, pero alguien me contó que una vez se enfrentó a un hombre que lo atacó. Ni un relámpago fue jamás tan rápido. Esquivó la cuchillada moviendo apenas la cintura y su mano zurda, porque era zurdo. Ni se vio en el aire. Tremendo palo en la nuca. El hombre ni se quejó, cayó cuan largo era y sin sentido. Y la zurda, tranquila con el garrote hacia el suelo. Nunca se vio en la iglesia; sin embargo cargaba en su pecho un escapulario y varias reliquias y tenía fama de conocer oraciones y décimas de santos. No era yerbatero, pero conocía las hierbas. Si lo buscaban con discreción y sencillez, trataba desde una simple gripe hasta una picada de cascabel. Atendía el parto de una yegua y podía curar de una gusanera a distancia. Conseguía un objeto perdido o curaba un mal echado. 
Vivía solo. Su casa estaba ubicada fuera de la población, con un solar sembrado de topochos, yucas y otros vegetales, y un patio lleno de gallinas que era la envidia de sus lejanos vecinos. Se dedicaba a la fabricación de aperos para burros; los mejores aperos en cien leguas a la redonda. Sus bienhechurías estaban en terrenos de Don José Pérez, rico terrateniente caprichoso y autoritario, a quien se le metió en la cabeza que Nico, como popularmente llamaban a Nicolás, era brujo y debía desocupar su terreno.
Don José presionaba cada vez más a Nico para que se fuera de sus tierras.
.- ¡Desocupe Nico, desocupe o le va a pesar!.-
Y Nico contestaba: -. ¡Échese una aguantadita Don José, mientras consigo donde hacer otro rancho!.-.
Una noche trataron de quemarle el rancho a Nico, pero éste de sueño sumamente ligero, lo advirtió a tiempo para impedirlo y logró herir a cuatro de los incendiarios. Esto motivó la denuncia de Don José y el encarcelamiento de Nico..... y comenzó la leyenda.
La gallera estaba hasta el tope. Se oía:
.-¡Doy doce al giro!.
.-¡A la mitad pago al gallino!.
Teodoro, que era uno de los apostadores, volteó hacia la derecha y se sorprendió de ver a Nicolás.
.- Caray Don Nico al fin lo soltaron.-
.- Así es Teodoro, ahora soy libre como el viento, como siempre he sido.-
De esta manera respondió Nicolás y todos lo vieron en la gallera; pero todavía estaba preso. Pasaron los días y a Nico lo vieron en todas partes, en la bodega comprando chimó, en la plaza, en su solar limpiando los topochos.... pero igual se comentaba:
.-¡Está preso en su calabozo, detrás de las rejas!.
Un día, Nico le dijo al cabo de guardia:
.-Mira Carmelo, ya yo estoy cansado de estas rejas. Yo como que me voy. Notifíquele a Don José que su hija menor está por enfermarse de gravedad, que si me necesita que me busque, que yo no soy “rencorista”.-
.-¡Se escapó Nico!
La noticia se corrió como reguero de pólvora. Se organizaron varias comisiones para salir en su búsqueda. El domingo estaba en la gallera, pero cuando la comisión llegó ya Nico se había marchado. Nicasio comentó que lo había visto limpiando el conuco, lo cercaron, invadieron la parcela, pero de Nico ni el polvo. Alguien de los invasores comentó:
-Esta mata de topocho como que no estaba aquí la semana pasada. ¡Que vaina tan rara!.
Otra comisión lo encontró en el callejón sin salida de limoncito, pero cuando llegaron al final, sólo consiguieron ver a un enorme cochino dormido en el alero de la casa de Carlina Flores.
Y pasaron los meses..... La hija menor de don José, Valentina, agarró un tremendo “Pasmo” al serenarse después de tostar café. Se agravó y así estuvo varios días entre la vida y la muerte. Algunos vecinos dijeron que habían visto a Nico dirigirse hacia la casa de don José. Pocos días después aparecía Valentina en el pueblo, sonriente y con un buen semblante.
Ya nadie perseguía a Nicolás Peña. Todos los domingos iba a la gallera. Allí se encontraba con don José Pérez y se saludaban cordialmente.
.-¿Cómo está don Nico?.-
.-¡Muy bien don José, Dios le dé larga vida a usted y a su familia!

Nota: estas leyendas fueron transcritas de Huellas de Tinaquillo, libro del desaparecido maestro Félix Monsalve, editado por El perro y la rana en Caracas (2006).

5 comentarios:

Gonzalo Reyes dijo...

Que buenos cuentos Isaías. El de “La bruja” me gusto muchísimo la forma de comenzarlo y concluirlo, con María Colmenares. Me sorprendió gratamente la compasión de la gente que le perdona la vida y la deja ir. También me recordó un poco la leyenda de la nahuales en México o los chamanes, que tienen esta capacidad de transmutar en otros cuerpos, especialmente de animales.

El escapista, Nicolás Peña, es genial. Curiosamente en ambas historias encuentro la constante del perdón,

Saludos, comparto.

tony gomez dijo...

Interesante por una razón primordial en el cuento de la bruja tiene una finalidad y según mis ideas, no es mas que reflexionar en la compasión y perdón que debemos afrontar para vivir en total serenidad y reconocer que a pesar del mal que nos hagan es beneficioso aprender a perdonar.

camilo silva dijo...

Tanto la bruja y el escapista narran historias fantásticas que pueden ser real o simplemente cuentos imaginarios pero bien es sabido que dependiendo de las creencias de los individuos estas historias depende de la fe, me parece excelente ya que trata de usar la imaginación y adentrarse en la historia, muy entretenida y buenísima

franklin pacheco dijo...

Hay que expresar nuestra ideas o entender un poco sobre el fin de estas historias aportándonos muy buenos conocimientos me parece historias que tienen magnifica narración y una esencia impecable es bueno ver como esas realidades se reflejan en un texto contando historias vividas.

maria eliza duque soto dijo...

Tanto la bruja como el escapista son historias únicas e inimaginables ya que por encima de tanta maldad a pesar de todo lo malo me sorprendió gratamente la compasión de la gente que le perdona la vida y la deja ir. El escapista es sin duda semejantes pues al final solo trata de el perdón y de seguir adelante pues nico le tendió la mano a don jose cuando estaba enfermo y este le perdono sus faltas.