jueves, 23 de noviembre de 2017

Cuentos Venezolanos de Navidad (15) "El Paseo del Pavo de Navidad" Relato de Samuel Omar Sánchez Terán

Festejo decembrino (archivo de Fernando Parra)

Cuando en San Carlos,  aun eran de tierras sus calles, sus casas tenían un buen patio y muchas veces cercada con alambre de púas  o zinc.
En la esquina de la recién Avenida Ricaurte conocida también como Calle de la Aviación, para ese entonces y cruce con Mariño, vivía la señora Crucita y Jorge Manzanero, quien trabajó por mucho tiempo en el correo telegráfico de San Carlos después se dedicó al comercio siendo el primer buhonero que por espacio de más de 20 años se le vio con su  carrito en toda la esquina del conocido Samán en frente de  la Plaza Bolívar. Era amante de la tradiciones navideñas, la señora Crucita junto a sus hijos: Diana, “Persida”, Carlos “El Burrero” y “El Gordo”, salían a  buscar un tronco de chamiza o chaparro para hacer el típico arbolito de navidad en base a jabón azul, adornado con bambalinas hechas de bolas de algodón para así esperar al Niño Jesús, mientras su otros hermanos Jorge y “Ñelo” pintaban la casa.
El señor Manzanero, para el mes de enero había comprado un pequeño pavo, la familia se alegró porque en víspera del 25 lo cenarían, lo cuidaban con cariño, al llegar de su trabajo iba a verlo y decía: “Cada día está más gordo gracias  a Dios, no faltaran ni las hallacas ni los dulces, ni el pavo”.
Para mediados de octubre “Manzanero” notó que el pavo no está comiendo y va hasta el negocio de su amigo Sutil. Le comentó lo del pavo, este le dice: “Vas a tener que operarlo”, le da un poco de anestesia y un bisturí. Al llegar le dice a su hija Dina: “Prepárese hija,  me servirás  de enfermera”. Empieza el proceso, al hacer una pequeña incisión notan que el buche está atragantado con hojas de cambures, le quita todo eso y sale todo bien y de nuevo empieza a comer como todo un glotón.
Esta cerca la noche buena, son casi las tres de la madrugada cuando oyen un alboroto en el patio de su casa, “Manzanero”, se levanta, no ve al animal por ninguna parte oye una bulla, se asoma por la cerca y distingue a un hombre que va en una bicicleta de reparto y llevando en la cesta al pobre pavo que con su alboroto va despidiéndose de “Manzanero”. Le grita al hombre, pero nada;  va soplado como cuando el corredor de bicicletas el popular “Galápago Palma” se escapaba, cabizbajo le comenta a su esposa: “Tanto sacrificio que hicimos para que otro se lo lleve a pasear, nos tocara es comer pollo asado…


Este relato anecdótico de San Carlos es de la licenciada Dina Lloverá, compilado por Samuel Omar Sánchez Terán.

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