domingo, 30 de noviembre de 2014

Cuentos Venezolanos de Navidad (8): Los Juguetes y El Niño Pobre (Luis José Alvarado)

Imagen en el archivo de Alfonso Giraldo Calderón


Imagen tomada del archivo de Sara Medina López

Muere la tarde del 24 de Diciembre de 19…,  las calles de la vieja ciudad parecen un hormiguero humano que se entrecruza agitado e indiferente. Los unos llevan consigo al hogar la botella de vino tinto y el imprescindible pan de jamón para la cena tradicional, en tanto que otros sólo llevan, reflejada en el rostro, la angustia económica de una pobreza resignada.
De los establecimientos y tiendas de juguetería salen las madres acompañadas de sus hijos, con misteriosos envoltorios bajo el brazo, mientras que otras desean dar sorpresa a sus pequeños, hacen a solas sus compras de juguetes. Mientras esto sucede en las calles y tiendas, en el hogar los pequeños escriben sus garabateadas cartas al Niño Jesús.
Noche Buena, víspera de Navidad, a través de los siglos aparece cada nuevo año con el mismo tinte emocional de todos los tiempos, haciendo algo así como dulce paréntesis de paz en las luchas humanas y transformando a la humanidad, por breves horas, en una como sola gran familia.
El efecto de las primeras copas y las charlas cordiales entre amigos, ponen en el ánimo de todos una nota optimismo y el bullicioso repicar de las campanas de la iglesia invita a las almas piadosas a la Misa del Gallo.
Amanece el 25 de diciembre y en la cuadra donde vive el narrador, irrumpen de sus hogares, alegres y gozosos los niños bien a quienes el Niño Jesús ha traído juguetes para sus zapatos. Se forman, entre si, grupos diversos que hacen el elogio de sus juguete con infantil satisfacción. Lindas muñecas que dicen “papá”  y “mamá”, y lavadoras y cocinas en miniaturas hacen la felicidad de las niñas; ferrocarriles eléctricos, automóviles con luz en sus faros y sonora bocina, escopetas y revólveres automáticos perfectos, llenan de orgullo masculino a los niños que ya entienden  de estas cosas, en tanto que  los más tiernos se conforman y deleitan con la magia zaranda de colores que al girar, al impulso del cordel o del resorte, lanza su débil música quejumbrosa. Bullanguera alegría hay entre el grupo de aquellos niños afortunados, cuyos padres pudieron, sin sacrificio, adquirir sus juguetes.
En tanto de la casa Nº 52, donde vive un matrimonio pobre, pero rico con la riqueza de sus muchos hijos, irrumpen varios niños, tristes, cariacontecidos, bajo  el amargo sabor del desengaño. Para éstos el Niño Jesús no tubo los esperados juguetes y por ello se les ve triste, alejados del grupo que si los recibió. Incapaces en su inocencia de comprender la razón por lo cual sus zapatos, quizás por viejos y deteriorados, amanecieron vacíos…  ante este cuadro de dolor infantil, con las palabras entremezcladas con lágrimas, ¿podría esa madre hacer entrar en razón a sus pequeños?, ¡Cómo decirles que el Niño Jesús, de quien tanto le ha hablado todo el año se ha olvidado de ellos, cuando en sus “carticas”  bien claro anotaron su dirección exacta y hasta indicaron la habitación y el color de sus zapatos…!
La señora X, vecina de la angustiada madre de los pequeños a quienes el Niño Jesús no trajo los esperados juguetes, madre también de numerosos hijos, que ha observado de cerca la dolorosa escena matinal, se entrevista con algunas vecinas y formando un bolso adquieren varios lindos juguetes destinados a reparar la falta de los mismos en aquel humilde hogar. Se llama a los niños y se les hace ver que, como eran nuevos en el barrio, el Niño Jesús no conocía su nuevo domicilio, pero que ya enterado, el 6 de enero les enviaría bastantes juguetes con los Reyes Magos y esta promesa fue para ellos como una luz de ESPERANZA…. ¡Los pequeños se tornaron alegres y fue así como el amanecer de día de Reyes, los niños tristes de la casa Nº 52 fueron felices al encontrar en sus roídos y viejos zapatos, lindos juguetes enviados por el Niño Jesús, personificado en el alma generosa y buena de una mujer cristiana!. 
Bastó un poco de buena voluntad para hacer momentáneamente felices a aquellos pequeñuelos que libaban, por primera vez,  el amargo licor del desengaño, quizá precursores de muchos otros...

   

1 comentario:

Yohana Del Monte dijo...

Hermoso relato, esto no ocurre solo en la bella Venezuela sino en casi todo el mundo...