viernes, 28 de noviembre de 2014

Cuentos Venezolanos de Navidad (6): Lunalena y la Oveja Pata Rota (Juan Emilio Rodríguez)


Niña llanera en el archivo de Pablo Araque


Peripecia infantil en el arreo de ganado que, 
justamente, comienza en los días decembrinos  de verano
(archivo de Joropo, Llano y Leyenda)
                              

Una mañana de neblina, vuelta hilachos entre las ramas de los árboles, Lunalena se encontró una oveja de algodón, que lucía una cinta amarilla alrededor del cuello.
Al levantar del piso, Lunalena observó que la oveja tenía, además de fiebre, una pata rota. La niña la cobijó en uno de los bolsillos de su chaqueta, no sin antes decirle algunas palabras amables y secar unas lágrimas en los ojos asustados de la oveja.
Desde ese día, después de remendarle la pata y ponerle el nombre de “Callela”, Lunalena convirtió a la oveja en su fiel compañera. Instalada en un bolsillo de chaqueta, la oveja iba con la niña hasta para la escuela. Allí, algunas veces durante el recreo, ella permitía que sus amigos más cuidadosos jugaran con Callela. ¡Ah!, pero al llegar la noche, Lunalena la acostaba bien abrigada junto a Sofía, su muñeca, para dormirse juntas oyendo el murmullo del viento por las calles solitarias.
Pues bien, andaba ese mismo viento rezongando por haber pasado la noche despierto, cuando una mañana de diciembre, a Lunalela sin saber el momento exacto, se le perdió la oveja en el colegio.
Buscó a Callela en todos aquellos rincones de la escuela por donde recordaba haber pasado, e interrogó a los amigos a quienes solía prestársela; fue inútil, la oveja no apareció.
Lunalena, entonces, se puso bastante triste, y en medio de su congoja llegó a pensar que hubiera sido mejor que no llegara el mes de la Navidad, pues así no se le habría perdido su oveja.
La señora Trina Josefa, mamá de Lunalena, preocupada por la pena de su hija, no quiso dejarla sola en la casa y decidió llevársela a la misa de aguinaldos. Claro, algo contrariada porque Lunalena insistió en que Sofía fuera con ella.
Entre tanto la señora Trina Josefa participaba de la misa, Lunalena se acercó al nacimiento de la Iglesia con Sofía en sus brazos.
El corazón le dio dos volteretas, alarmando a Sofía. Al lado de un pastor que la tenía agarrada por la cinta, estaba Callela. Lunalena alborozada la tomó con cuidado, y la alzó hasta su cara para que Sofía también la viera. De inmediato notó que la oveja tenía de nuevo la pata rota.
Su regocijó se apagó al considerar el sufrimiento de la oveja.
Con cuidado y hablándole suavemente, Lunalela metió a la oveja en el bolsillo de su abrigo.
Iba ya a regresar al banco donde estaba su mamá, cuando volvió a mirar el pesebre. Aquello no le gustó: el espacio que antes ocupara Callela, estaba ahora desolado. El pastor señalaba con la derecha la gruta de Belén; pero la otra mano, con los dedos doblados, agarraba la nada.
Lunalena decidió consultar a la oveja.
—Callela, creo que ese pastor te necesita más que… nosotras —dijo la niña con tono apagado, para luego agregar resuelta—. Pero tampoco puedo dejarte ahí, con tu pata rota.
Sofía se agitó debajo del brazo izquierdo de la niña.
Lunalena dejó de mirar a la oveja, y observó pensativa a la Sagrada Familia. Justo en ese momento una voz de hombres, por encima de los cantos de aguinaldos, dijo a su lado:
—Ella está aquí porque alguien la trajo. No obstante, puedes llevártela si lo deseas. Aunque también podrías dejarla hasta que nazca Jesús, luego te la regresaríamos. No te preocupes por su pata.
Lunalena, rápidamente buscó al autor de aquellas palabras. Miró y remiró a su alrededor, pero cerca de ella no había persona alguna.
Desconcertada, la niña volvió la vista hacía la Sagrada Familia como buscando una explicación. Las figuras permanecían en sus posturas, arrulladas por los cantos navideños.
Tras breve pausa, Lunalena tomó a la oveja con delicadeza y la enganchó de la mano izquierda del pastor. Sus ojos recorrieron el cuerpo lanoso de la oveja. ¡Caracoles! Callela ya no tenía la pata rota.

Nota: Texto de  "El Retorno y otros cuentos afortunados" de Juan Emilio Rodríguez, publicado por El perro y la rana (Caracas, 2009).

4 comentarios:

jorgeluis gontaro vega dijo...

es muy bueno el cuento la narrativa es concluyente me gusto hermano un saludo y un abraso y Feliz Navidad

retorno1946 dijo...

Muchas gracias, señor Jorgeluis gontaro vega por su comentario sobre el cuento. Y también gratitud al señor Isaías Medina López, responsable del blogs "Letras de Cojedes". Aunque estamos en abril del 2015, igual les deseo una feliz navidad. Navidad es cada vez que nace un niño. Un abrazo, y gracias. juan emilio rodríguez

Magally dijo...

Hermoso cuento navideño Querido hermano¡ En la familia ya tenemos Navidad, ya nació Ismael Emilio. Gran abrazo¡

Graça Grauna dijo...

Belíssimo conto. Vou compartilhar com parentes e amigos. Ao ver um presépio, me lembrarei de Callela e Lunallena. Feliz Natividade, saudações indígenas. Graça Graúna (Brasil)