domingo, 11 de mayo de 2014

EL SILBÓN: VIVENCIAS Y TESTIMONIOS (Carmen Pérez Montero)

Niños y adultos del Llano conocen el poder de El Sibón (Archivo de Yajaira Espinoza)

La señora Josefa García: Yo he oído muchas veces a El Silbón, pero desde el año 1968 más o menos no lo he vuelto a escuchar. Yo dormía en un ranchito con la lámpara de querosén prendía porque le tenía miedo a El Silbón. El ranchito estaba allí, donde hoy ta` la cancha, aquí en Guanarito. Cuando eso aquí la luz la apagaban a las 10 p.m., a las 9 p.m. daban el aviso pa` que la gente se recogiera y cuando to` mundo estaba “recogío”, la apagaban. Entonces aprovechaba El Silbón la oscuridad pa` salí a silbá y a asustá. Cuando pasa pa` bajo va a llové y cuando pasa pa` arriba va hace verano, así decía mi mamá que en paz descanse.

El rostro de El Silbón se oculta en los árboles y puede matar de susto a cualquiera 
(Foto del archivo de Eduardo Mariño)

Ahorita sale, pero por las orillas, cuando la noche es bien oscura. La gente dice que el existió y que tenía un hermano llamado Juan y que andaban cazando los dos con el papá, El Silbón  lo mató porque encontraron un palo atravesao en el camino y el papá no lo pudo enderezá pa` podé pasar y le dijo: así mismo me pasa a mí que usted no me enderezo chiquito, sabiendo que iba a crecé maluco. Él lo mató y se llevó la asadura pa` la casa y se la dio a la mamá pa` que la sancochara y cuando la mamá vio que la asadura se abollaba en la olla y no se ablandaba le preguntó qué de que animal era esa asadura y él le dijo que era la de su papá que lo había matao y la madre lo maldijo pa`toa la vida; entonces Juan le zumbó los güesos en una mochila y le dio una pela con un mandador de siete nudos y le echo ají por `onde quiera, por eso es que él le tiene miedo a la tapara de ají y al mandador. Dicen que cuando Juan le echó los güesos en la mochila se le quedó el deo chiquito y el anda penando hasta que consiga ese güeso.

Alejandro Asís Quintana: Cuando estaba pequeño jugaba trompo de noche junto a un puente de tabla que atravesaba el caño El Tiestico. Allí siempre amarraban a una burra. Una noche, aseguré bien la burra con el guaral del trompo y me monté en ella. La burra negra corcoveaba y se iba poniendo grandota y peluda. Yo me privé y después me recogieron unos viejitos que me llevaron para su casa y le avisaron a mi mamá, porque yo era menor de edad. Los viejitos me pusieron a dormir en un cuarto donde ellos guardaban las caraotas, y cuando me estaban colgando el chinchorro, se escuchó el silbido de El Silbón, que pasó por arriba de la casa y por la madrugada ellos oyeron que se habían reventado los colgaderos y el Silbón me estaba machucando. Yo estaba gritando, pero asustado, yo no sentí cuando él me machucó; pero me dio mucha fiebre y por la mañana amanecí aporreado. 

Eduardo Daza: Según la leyenda que yo conozco El Silbón nació en un caserío llamado El Vijao del estado Barinas. Allí se cría hasta los 16 años, cuando se convierte en azote del lugar y el padre por vergüenza se traslada a Guanarito y va a vivir en el hato Los Camorucos de El palmar de Morrones. El muchacho mejora la conducta, trabaja con su papá Rosendo Silva y la madre, Carolina Flores, está muy contenta. Joaquín Augusto Flores, se enamora de la muchacha más bella de Guanarito, descendiente de una familia Orozco (las familias Orozco que actualmente residen en Guanarito negaron rotundamente tener conocimiento de estos datos).
Una tarde de un domingo, los novios salieron a pasear a caballo. La muchacha se cayó, y se golpeó la cabeza con un tronco, muriendo en el accidente. Como loco, salió para La Quebrada de la Virgen. Allí consiguió dos muchachas que se estaban bañando y violó una de ellas, pasó por Guanare, Acarigua, Tinaco, Tinaquillo, Valencia y llegó a Caracas. Más tarde se fue a Puerto la Cruz, donde vivió dos años, en casa de un pescador. Se enamora de nuevo, pero un día bañándose en la playa, los arrebata una ola y el pescador pudo salvarlo a él, pero no a la novia. Joaquín al darse cuenta que perdió a la muchacha se endemonia otra vez, y mata al pescador y se viene huyendo para su tierra natal.
Llega a El Vijao, pasa por El palmar de Morrones y se encuentra a su mamá cosiendo y le dice: usted es la que dice ser mi madre. La mata, la abre y le saca la asadura. Luego busca al padre y le dice: usted es el que dice ser mi padre y lo mata, lo abre y le saca la asadura. Después Joaquín se va en busca de su hermano Juan Gil. Era tres de mayo, lo consiguió limpiando una “roza”, es decir, haciendo un conuco, pero Juan le vio la intención de que iba a matarlo y con la coa que tiene en la mano le arremete  a golpes y El Silbón, ya convertido en ese “aparato” corre hacia la montaña, Juan se arrodilla y pide a Dios castigo para su hermano que ha matado a sus padres.
Esta versión tiene la influencia la fantástica narración del barinés Rómulo Urquiola, quien tuvo el coraje de hasta colocarle fechas al nacimiento y andanzas del Silbón, citando incluso, lugares que no estaban fundados para el año 1603.
El mismo señor Eduardo Daza, narró su experiencia vivencial: Yo era un muchacho y acompañaba a los cazadores a buscar venados por la sabana de La Cadenera,  Los Pavos, El Jebao, Merecurito. Después de las ocho de la noche y en el mes de mayo siempre lo oíamos.
Ese no es un pájaro, ¡qué va! Porque aun no conociéndolo al oír el silbido deja impresionado a quien lo escucha. Jamás un silbido puede penetrar tan profundo y erizar  todo el cuerpo. Ese no es un silbido común, cuando yo lo oí casi me privo. Ahora ya no se escucha, ni se ve como antes que dice que amanecía sentado en las topias de los fogones y que es altísimo.

Eladio Antonio Moreno: Yo veía de una zona que llaman Pajoncito, venía temprano a quedarme en El Paso. Él viene de aquí pa` allá y yo de allá pa` aca. Yo lo oigo  que viene y me dije entre mí: uno cree que lo va a ver, como una persona, pero que va, lo que sentí fue el silbido. Yo dije: Ajá ya pasó El Silbón,  ahora voy a seguir yo, cuando iba a media cuadra me silbó más duro, como un silbío que paraba los pelos, que engrifa, yo le metí la linterna por todas partes, una linterna nuevecita, y eso clarito y no se veía nada. Como a las dos cuadras lo sentí otra vez, y yo pa`lante carajo. Ya llegando a las primeras casas me volvió a silbar, pero un silbido muy malo, bravo de verdad, que hacía temblar la tierra. Llegué a la casa de un baile, yo no tenía miedo, me sentía defendido con la linterna. Cuando entré a la casa hasta los músicos dejaron de tocar, por lo duro que silbó ese “aparato”. Todos salimos pa` juera y no vimos nada.

Julio Hernández: Soy de San Fernando de Apure, vine pa` ca ya hombrecito. Al Silbón yo lo he oído de refilón, pero ese bicho para los pelos de punta. Dicen que es un pájaro. Yo no sé si será leyenda, pero él asusta. A un amigo mío lo atacó muy duro. Él iba por un camino y el Silbón lo fue llevando y lo fue llevando hasta su casa. Cuando mi amigo entró a la casa, puso la mano en la escopeta, y le dijo: silba desgraciao. Ese bicho como que le tiene miedo al plomo porque no silbó más nunca.

Gustavo Olivares: Yo no jue que lo vide, pero sí los echó un susto a yo y a Martín Galea, por ta borrachos, íbamos llegando a la casa, cuando sentimos ese bicho atrás. Jui jui jui jui juío y yo no le jacía caso. Ahí me dijo la compañera mía: pero mijo, apúrese, que usted viene rascao y ese es El Silbón  que lo trae alcanzao. Como uno pelao, no le tiene miedo a na´, pelé por una peinilla y le dije: Párate ahí gran carajo, pa túmbate la cabeza de un machetazo. Pero yo y Martín a`entro de la casa porque ese sí tenía miedo. Después me jui a llevar a mi compadre Martín. Cuando venía de regreso se me pegó el bicho otra vez atrás: jui juio jui juío. Ya le digo, hasta la casa me trajo y ese silbido se sentía clarito en el patio. Yo me acosté y siguió silbando. Ese otro día amanecí aporreao, pero yo no lo vide. Jue la electricidad del, menos mal que no lo vide porque me juera asombrao.
Pa´qui, pa´rriba, está un señor llamao Sergio Fernández, a ése se le encaramó en un burro, sí señor, chuqui chuqui arriba el burro y el burro pegao y llegando a la casa lo privó. Él lo llevó a la casa de chuco. Ese es un cadáver muy feo y to´el que lo ve queda privao. Por los laos de El Vijao y que lo han visto. Porai fue que hizo los destrozos.

Alejandro Barco: (Carpintero, fabricante de urnas desde hace aproximadamente 40 años. Este guanariteño solía realizar su oficio a cualquier hora, que algún vecino lo necesitara. Solo preguntaba la medida del muerto y en dos horas los familiares, estaban velando el cadáver)
Yo sí creo en El Silbón, porque yo lo oí una noche en Maporita, silbaba muy duro y paraba los pelos de punta, da algo de miedo. Ese dicen que jue un muchacho que mató al papa pa` comerle la asadura. La gente dice que se corre llamando a Juan, y a un perro Tureco y enseñándole una tapara de ají, esas son las contra del.  Los que lo han visto dicen que cuando se sienta, le pasan las rodillas más arriba e` la cabeza, que son como de metro y medio, y por eso le dicen el Canillú. Por ahí por Sabana Seca, de donde es él, dicen que todavía existe, que silba mucha y machuca gente y a otros los asusta.

Cipriano Lara: Una noche un guardia taba haciendo guardia en el comando y los otros `taban pa` dentro, y le llegó uno sonando la puerta, tuqui, tuqui, tuqui y cuando él se asomó pa` ve quién era, ve al Silbón que iba ya de salía y se le pegó atrás. Ese guardia y que iba casi volando y que no tocaba el suelo, sin botas y sin nada, porque no tuvo lugar pa` ponérselas. Los otros guardias, viendo que él iba corriendo se le pegaron atrás. Llegando a la costa del río ya lo llevaba alcanzao, ahí el Silbón, miró pa atrás y cuando lo vio, cayó pal suelo, allí llegaron los guardias lo agarraron y se lo llevaron pa`l comando otra guelta. Quedó casi loco, tuvieron que llevarlo a media noche pa la medicatura, ese sí lo vio, porque El Silbón no iba corriendo, el que iba corriendo era el guardia atrás del y no lo alcanzaba.
También cuentan de un hombre que era músico de bandola, dejó a su mujer solita con un vecino pendiente y se jue. ¿Usted viene esta noche? Le preguntó la mujer y él le contestó: bueno, si termina el baile vengo…sino pues vengo mañana, ahí queda con Dios y la Virgen y jue como a las 12 e` la noche que llegó punteando la bandola. Entonces, la mujer que conocía la música del hombre,  dijo: ¡Ay, será que se acabó el baile! Ajá, ¿llegó?...Sí, ábrame la puerta, pero no es preciso que prenda la lámpara, jue que el baile se terminó, se formó un brollo y yo me vine, qué voy a amanecé pua` llá –dijo el hombre- dijo el hombre y antes de que la mujer quitara la tranca a la puerta, la puerta se abrió y bum, se metió y se acostó, en la cama y ese otro día y que amaneció muerta, muertica.
Como a las 8 de la mañana se despertó el vecinao, vino y halló la puerta trancá, como ese es un espíritu no abrió la puerta. La puerta `taba  cerrá y la mujer tiesa en la cama. La había matao. Le llegó en la figura del hombre de ella.
Yo le he oío mucho silbá, pero lo corro, le digo: Mirá, Juan, escucha, azuzá a Tureco, aquí tengo la tapara de ají y el mandador y se va, le huye a todo eso.
Dicen que él tiene miedo a todo eso porque cuando él mató al papá y la mamá, su hermano Juan  y que le echó una pela con un mandador de siete nudos y azuzó al perro Tureco y le decía: Espérate ahí, gran carajo, que me mataste a mis taitas y cuando el perro por fin lo tumbó y que le juntó ají por todas partes.

Mario Alvarado (quiboreño con 20 años domiciliado en Guanarito): Yo no creía, pero yo lo oí en Chiriguare, taba enamorao y con ella me casé. Ese bicho silba muy duro, yo me asusté mucho y apuré el burro, cuando llegué a la casa  no me prendieron la luz, por eso no  me privé, pero me dio calentura.

Rafael Pérez Hernández: Yo lo escuché en Guanare Viejo, pero no vi la figura solo se oye el silbido, y otra vez lo escuchamos en la Prefectura de la Policía, aquí en Guanarito, silbó en la cuadra, y se estremeció la tierra, porque hasta el prefecto José Barrios que estaba durmiendo lo escuchó. Eso fue en 1966, cuando el gobierno de Leoni. Juan Pedro del Moral, era el Gobernador del estado y habíamos como 10 policías y patrulleros. Yo era patrullero, esa noche había una lloviznita, en ese momento todos nos asustamos y Yuzti, uno que ahora trabaja  en una bomba en la entrada del pueblo comenzó a rezá y Chicho Mota comenzó a maldecirlo, y le decía vete de aquí y le hacía la cruz y el bicho se fue alejando. El comandante de ese puesto de llamaba Pedro Piña, ya se murió.

Giovanni Falcón: Yo trabajé en Los Jeyes, cerquita del hato Los Malabares, de Juan José Montenegro, ya eso era ruinas. Allí yo comencé a crecer, porque aquí en Guanarito, no le he oído mucho, pero no le tengo miedo porque creo en Dios, y uno se basa en que uno el hombre reza.
Esa noche en Los Jeyes, cuando lo oímos, muy feo, paraba los pelos de punta, andaban tres a caballo, andábamos cazando y tres hombres bien armados no le da miedo a uno, ese lo sentíamos cerquitica hasta que llegamos a un hato llamado Mata de Bejuco, allí se apagó y no se oyó más.

 Uslar García: (maestro guanariteño de 22 años) Yo le temo porque su silbido es aterrador. Cuando yo trabaja en Caño de Indio oía los relatos y en las noches de invierno rezaba para que no me saliera. Mire, un representante de la escuela llamado Lucho, un día tres de mayo hizo un Velorio de Cruz, esa tarde había llovido mucho. Ya en la madrugada salió a parrandear y los amigos le dijeron que no se fuera, que lo iban asustar, que le iba salir El Silbón, y él dijo: que me salga ese desgraciado, que yo soy más bravo que él, y agarró su burro y se fue. Cuando iba por el camino el burro no quiso seguir y Lucho le daba patadas y el burro resistió, no quería entrar en la montaña, después el burro lo tumbó y se fue. Lucho quedó allí en la montaña, tirado, inconsciente. Nosotros oímos el silbido y luego los gritos y lamentos. Salimos todos corriendo y lo encontramos privado. Él dijo que lo vio, y que era muy feo. Cuando lo estábamos llevando hasta su casa hizo un fuerte ventarrón que casi nos lleva con todo y el señor Lucho.

Filomena Montilla: Yo oía al Silbón cuando vivía del campo, pa` allá, más abajo del Banco, en Bototico, por la vía de La Capilla. Yo tenía como quince años, eran las 10 de la noche y la gente salió a cazar. Mi padrastro y un hijo de mi mamá. Ellos trajeron una venada y se pusieron a componerla en la pata de un mamón y ese bicho parecía que estaba subío en el palo porque silbaba y se estremecía la tierra, como había como ocho personas comenzaron a remedarlo y ese bicho se puso muy bravo. Mire cuando la gente le arremeda cuente que se le pega atrás. Fue tanto el susto, que la venada la dejaron en el patio y el mañana fue que la arreglaron. El ahora no hecha broma, eso era antes, porque había pocas casas y la gente era muy renuente.

 María Espinola: El Silbón nació en el estado Zamora, pero yo le oído mucho, silba por estos llanos. A uno le da un poco de miedo, se oye silba muy lejos; pero no es un pájaro porque silba alto y el sonido es muy profundo. Ese es un aparato, un ánima en pena.
A mi esposo una noche, de  1 a 2 de la madrugada se le pegó atrás y cuando llegó a la casa, el propiamente no abrió la puerta, sino que vio que la tranca se estaba rodando sola y sentía que lo soplaban y agarró el chinchorro y lo empezó a colgar. En eso silbó dentro de la casa, yo oí el silbido, eso lo deja a uno sin juicio.

Lorenzo García: (guanariteño de 75 años) El Silbón es criollito de El Cucharo, hoy le llaman La Casita. Yo conocí un familiar del Silbón llamado Luís Flores, porque el Silbón se llamaba Joaquín Flores, cuando yo lo conocí a él, ya El Silbón era El Silbón. Luís trabajo conmigo, éramos obreros a caballo por todos estos hatos, por todas estas sabanas; Los Garzones, La Bonita, La Hermosa, Campo Alegre. Un día conversando tocamos el tema el Silbón, y yo le pregunté que de dónde era él, y él dijo que de El Cucharo. Y yo le dije, entonces usted es familia del Silbón; y me dijo: si… mi mamá nos dice nosotros somos familia del Silbón. Luís Flores todavía vive por ahí, por Libertad de Barinas, pero está ciego. (Sin embargo se trató de constatar a través de la familia Gómez Abreu, oriundos de Libertad y no fue posible)
 Yo lo he oído varias veces, la primera vez que lo escuché estaba con varios hombres en un Velorio de Cruz, un tres de mayo, eso fue por los lao del El Regalo, en una montaña llamada Guanare Viejo, como éramos bastantes, comenzamos a burlanos, y ese bicho se puso tan bravo que no silbaba, sino que chiflaba y le pegaba un aire a uno en la cara. Ahí salieron unos viejitos y lo ensalmaron, llamaron a Juan, a Tureco, el mandador y la tapara de ají, y lo corrieron. Ese Silbón no es de aquí, el llegó cuando comenzaron los barineses a transitar por estos caminos. La leyenda sí nació aquí, pero el que dicen que peleó con el Silbón no fue Juan Hilario como dice el disco, fue un señor llamado Pacheco, eso fue en El Regalo, en casa del señor Antonio Leonidas. Él iba a pesar una vaca esa noche, y se fue a dormir temprano pa` poder madrugar. Cuando está colgando la hamaca, el señor que era amigo de él, lo dijo: esta noche usted no va a dormir, por qué -preguntó Pacheco, porque esta noche lo va a machucar el Sin Fin (como también lo llaman por esos lados). Pacheco que era un hombre muy guapo, le dijo ojalá me salga pa` dale una paliza y se tiró una risa. Cuando estaba quedándose dormido, le llegó el Silbón y allí fue cuando pelearon.
Una vez había muerto un viejito muy querido en La Calceta, como le estaban haciendo la novena,  nos fuimos un grupo de muchachas y hombres enamoraos. No había carretera, sino caminos y había mucho barrial. Nos fuimos por la orilla de alambre por los deshechos. De aquí pa allá fuimos bien, por los desechos. Cuando ya íbamos a rezar el último rosario, a las 12 p.m. Yo le dije, burlándome, si va pa` Guanarito nos espera que ya nosotros nos vamos a di, nos queda un solo rosario y dijo la rezandera: ya usted va a echá la vaina.
Nos dieron brindis: café con pan de horno y después nos fuimos. La rezandera nos dijo: el Silbón nos va a esperar y yo le contesté: Bueno, lo llevamos de compañero.
Eso fue feo, mire, nos llevó hasta Guanarito silbando, nosotros no buscamos desechos, ni nada, toditos nos metimos por los charcos, y las mujeres dejaron los zapatos en los barriales. Cuando llegamos al pueblo nos dispersamos, cada quien cogió su camino. Yo vivía por los lao del cementerio, y me tocó seguí solo. Menos mal que mi mamá no había trancao la puerta y pude entrar. Cuando me jallé, seguro le dije. Bueno, siga solo, porque hasta aquí llego yo.

Notas del Editor: 1-Estos testimonios fueron transcritos del texto: Mitos y Leyendas predominantes en el estado Portuguesa, de la maestra poeta e investigadora Carmen Pérez Montero. 2- La transcripción fue realizada por Denys Farfán y Endrina Muñoz.

3 comentarios:

Amparo Muñoz dijo...

!Qué rica cultura y que linda estas versiones de un personaje de leyenda que asusta y arrastra a su vez una penosa cadena! Maravilloso como siempre. un fuerte abrazo!!

asun blanco cobelo dijo...

Conocí una vez a un profesor universitario de Historia y Geografía que por azares del destino se fue a vivir “al fin del mundo”. Allí se encontró con un pueblo indígena, de una cultura antiquísima, que estaba en vías de extinción. Apenas quedaban cuatro descendientes de aquella raza y eran todos muy mayores ya. No había relevo generacional y no tenían cultura escrita, sólo oral.
Este profesor, apasionado del conocimiento y de los seres humanos, se dedicó a tratar con ellos para conocer su cultura y recompilar su idioma, para que todo aquel saber no se perdiera para siempre con ellos. Una labor titánica. Los indígenas colaboraban con él y le agradecían mucho sus visitas y la ayuda de todo tipo que les brindaba, pero no acababan de entender muy bien su empeño por dejar por escrito lo que la vida no podía mantener por sí sola. Le dijo uno de ellos: Mire usted, si no hay nadie para hablar nuestra legua y vivir como nosotros hacemos, es que nuestra cultura tiene que morir.
A pesar de estas palabras, el profesor no abandonó su tarea, porque la seguía considerando muy importante, pero sí aprendió que el conocimiento que pudiera adquirir sólo iba a regalárselo a todo aquel que estuviera realmente interesado en escuchar y aprender.
Acabo de descubrir su blog y no sé por qué, al ojearlo por encima, me acordé de la anécdota que acabo de contar. Supongo que porque habla de aquello que alguien intenta mantener con tesón para que no se pierda para siempre.
Por fortuna, este blog está muy vivo ya todavía hay mucha gente que desea escuchar. Felicidades y un saludo

Pedro Suarez dijo...

Hola, saludos, quiero compartir con ustedes la primera novela sobre el Silbón. Con un argumento un poco distinto al que nos han contado toda la vida. Los invito a leerla por aquí espantosdevenezuela.blogspot.com

Con toda la humildad y reconociendo el talento y la trayectoria de ustedes, espero verlos por el blog que dejé en el link de arriba. GRACIAS por leer mi comentario.