domingo, 15 de julio de 2012

LOS TALLERES LITERARIOS: UNA PROPUESTA DIDÁCTICA Y CULTURAL (Maritza Torres Cedeño)

(Archivo del poeta Francisco José Aguiar)


INTRODUCCIÓN
La literatura, como toda actividad del arte, vive tanto de lo clásico que la preserva como de las innovaciones que la alimentan, entendiéndose que toda innovación anhela convertirse en “clásico”. Los talleres de creatividad literaria viven hoy su transición hacia la posteridad histórica de la literatura. Reflexionar sobre sus posibilidades es asomarnos a lo imaginativo que siempre los caracteriza. Con el discurrir del tiempo, los talleres literarios se convirtieron en una práctica común en diversos contextos bajo la conducción de un escritor, un docente de literatura o un activador cultural, pero, hermanados por el deseo de acrecentar el proceso artístico- creativo de nuestro país. En tal sentido, es ineludible conocer la repercusión socio-cultural de los mismos por ser, además, contextos propicios para la valorización de la cultura oral y escrita a través del conocimiento de obras literarias que pertenecen a diversos autores y géneros literarios; estimular la imaginación y la práctica de valores humanos.

EL PROBLEMA
En los actuales momentos, en nuestro país, se produce una revolución constante de los procesos socio-educativos; por esto es relevante transformar la idea que posee el colectivo de que sólo la escuela tiene la responsabilidad de educar. Lo anterior, conlleva a buscar alternativas culturales que fortalezcan la adquisición de conocimientos desde una visión que apunta hacia aprender-haciendo y la incorporación activa de los ciudadanos a proyectos como: el Plan de Lectura Revolucionario y a entes como la Plataforma del Libro, del Pensamiento, y Patrimonio Documental, entre otros.

En este orden de ideas, es válido destacar que a través de las directrices de La Casa Nacional de las Letras, Andrés Bello, se vienen implantando por todo el territorio del país y con un enfoque institucional distinto, talleres de creación literaria, de poesía, de narrativa, entre otros, para favorecer la lectura y la escritura en todos los espacios; la curiosidad intelectual; la originalidad y la libre expresión de las ideas a través de la reinvención de la realidad. Esta modalidad de trabajo pretende romper con los esquemas preestablecidos por la cultura escolar con relación a la literatura, además, busca que los involucrados en el taller vivan el proceso creador y generador de la palabra a través de sus propias producciones textuales, compartan experiencias y descubran sus potencialidades para ejercer o no el oficio de escritor.

Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos para dar a conocer a la población venezolana dichas propuestas, un gran número de ciudadanos aún no se sienten motivados a participar en ellas y se privan de acceder a todos los beneficios sociales, educativos y culturales que éstas le proveen. Las causas suelen ser diversas, entre ellas destacan: el poco valor que se le da al creador; la visión escolarizada de la literatura; el temor a enfrentar los mitos que se han creado acerca del papel del escritor en el contexto nacional, y el temor a ser ideologizados si asisten a determinadas actividades culturales.

De estas consideraciones surge el interés de la investigadora-tallerista por indagar ¿Cuál es el impacto que tienen los talleres de creación literaria en las comunidades? ¿Qué tipo de producciones escritas se producen en esos espacios? y ¿Cuál es el destino de las mismas?

OBJETIVOS DE LA INVESTIGACIÓN
Objetivo General: Analizar el impacto socio-cultural de los talleres de creación literaria en la comunidad Limoncito de la ciudad de San Carlos, del estado Cojedes.

Objetivos Específicos: 1. Describir las actividades que se realizan en los talleres de creación literaria; 2. Explorar las inquietudes de los participantes en los talleres con relación a la lectura y producción de obras literarias; 3. Conocer las producciones escritas de los participantes; 4. Determinar el impacto, en el ámbito cultural cojedeño, de las producciones escritas elaboradas en los talleres de creación literaria.

MARCO TEÓRICO
Bosch (2000), Morales G. (2003) y Antillano (2009) escritoras y talleristas coinciden al expresar que los talleres literarios constituyen un espacio en el que se propone estimular el poder creativo, desarrollar la imaginación y el disfrute de la obra de escritores consagrados y la escrita por los copartícipes. Esta modalidad de trabajo permite que sus miembros compartan responsabilidades, seleccionen las tareas que desean realizar y puedan construir textos más allá de los cánones tradicionales e impuestos por razones de índole histórico-cultural. En este orden de ideas, es oportuno enfatizar, que la continuidad de los talleres literarios en Venezuela posibilita teorizar en torno a las prácticas socio-culturales que se dan en ese contexto (su devenir histórico da prueba de eso), en tal sentido, registramos como primer antecedente la experiencia de Domingo Miliani, en la Escuela de Letras de la Universidad de Los Andes a principios de la década de los setenta. Quien, posteriormente, al frente del Centro de Estudios Latinoamericanos “Rómulo Gallegos” (CELARG) los convierte en un magno proyecto cultural (Vera, 1985). Luego, en 1996, el poeta Juan Calzadilla, es designado coordinador del Taller de Poesía de dicha institución e implementó una metodología propia, experimental y transdisciplinaria en la que ensayaba un día con la prosa, otro con el verso o con la escritura dialogada a fin de que los participantes produjeran sus textos. Los aportes de los teóricos antes mencionados contribuyeron a estructurar dos talleres de expresión y creatividad literaria conducidos por la investigadora dentro y fuera del contexto escolar.

METODOLOGÍA
La presente investigación se estructuró bajo el paradigma cualitativo con diseño descriptivo atendiendo a lo que señala Martínez Migueles (2006). Con relación a la aplicabilidad metodológica, propia de los talleres de creación literaria, nos apoyamos en las pautas para la organización, realización y registro de los mismos que establecen Calzadilla, Calzadilla Arreaza y Bernal Pinilla (2007). En el contexto de esta investigación, se implementaron dos talleres de creación-literaria; ambos en la comunidad Limoncito, en San Carlos, estado Cojedes, durante los años 2010-2011. En esas experiencias participaron cuarenta jóvenes con edades comprendidas entre doce y quince años de edad; bajo el soporte institucional del Ministerio del Poder Popular para la Cultura (Gabinete Cojedes). Para la recolección de los datos se emplearon: la observación participante, la entrevista semiestructurada, testimonios focalizados y registros mecánicos (fotografías) por ser técnicas acordes al tipo de investigación que se está llevando a cabo y que permiten reconstruir los eventos investigados (Ander-Egg, 2003).

RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Los encuentros de la investigadora durante la realización de los talleres de creatividad literaria permitieron analizar, reflexionar, comprender y describir una serie de hechos significativos, sin embargo, sólo se categorizaron los que guardaban un vínculo estrecho con la investigación que se estaba realizando De las observaciones, entrevistas, testimonios focalizados y registro fotográficos emergieron un conjunto de categorías que apuntan a señalar que los talleres de creación literaria se convierten en: a) un espacio liberador; b) un espacio para el trabajo cooperativo; c) un espacio para la cultura; d) un espacio para la praxis de valores; c) un espacio para la literatura y d) un espacio para la creatividad y la imaginación.

Un espacio liberador: en los talleres literarios los participantes se desenvolvieron en un ambiente en el que prevaleció el libre albedrío, en otras palabras, tuvieron la posibilidad de compartir sus conocimientos, dar a conocer o no sus impresiones, sus hallazgos, sus producciones textuales, las reflexiones a partir de la lectura de una determinada obra literaria sin ser cuestionados; por otro lado, se sintieron convidados a plantear y desarrollar propuestas que enriquecieron los encuentros y la construcción de saberes. Para el logro de lo anterior, la investigadora-tallerista insistió en resaltar que ese espacio liberador debía estar regido por la tolerancia y el respeto hacia la diversidad de pensamiento para que todos los involucrados pudieran desprenderse de los temores propios de quienes crean algo novedoso y hacerles vivenciar que pensar, escribir y leer en libertad posibilita la praxis y la difusión de un verdadero proceso cultural.

Un espacio para el trabajo cooperativo: durante las sesiones de trabajo, los jóvenes compartieron las tareas y las responsabilidades de forma consensuada, tuvieron la potestad de involucrarse en la planificación de actividades tales como: la organización de los equipos de trabajo, acuerdos que se relacionan con el horario, el número de sesiones, las lecturas que se realizarán, la elección de los sitios culturales que visitarían, entre otros. El coordinador del taller no fue el centro sino un integrante más que orientó y modeló un comportamiento para el resto del grupo. En este orden de ideas, se legitimó el trabajo en equipo, el fortalecimiento de la autoestima y el reconocimiento y la aceptación del otro.

Un espacio para la cultura: en cada encuentro, los participantes aportaron su identidad cultural y con ella su visión de la sociedad, de los valores, del discurrir histórico de su entorno vital; esta perspectiva fragmentaria es producto de su interacción con sus pares, la familia, la escuela, la televisión, las redes sociales; por este motivo, la investigadora trató de conocer la historia de vida de los éstos para que la empatía afectiva y cultural fuese más rica. Esa polifonía de experiencias posibilitó el intercambio de saberes y la construcción colectiva de nuevos conocimientos así como la comprensión de las representaciones sociales de los elementos que subyacen en el objeto de estudio.

Un espacio para la praxis de valores: constantemente, los asistentes a los talleres fueron invitados a participar en conversatorios; en la producción y revisión de textos poéticos, narrativos, dramáticos; en cine-foros, entre otros; la ejecución de estas actividades los condujeron a la praxis permanente de los valores humanos como: la responsabilidad, puntualidad, honestidad, respeto, solidaridad, tolerancia y la perseverancia; a la par, facilitó el desarrollo de una sana convivencia que se pudo observar, por ejemplo, cuando todos aceptaban con agrado las ideas del otro; respetaban la autoría de un texto que en algún momento puedo servir de inspiración o modelo a seguir. El trabajo cooperativo afianzó la vigencia de la paz, la inclusión y la resolución de conflictos desde el diálogo y la reflexión.

Un espacio para el disfrute de la literatura: la literatura tiene un lugar imponderable en los talleres, ya que, la mayoría de ellos son concebidos con la visión de leer, escribir, discutir, pensar y fantasear desde la literatura. En el contexto de esta investigación, los involucrados estuvieron en contacto con obras poéticas, cuentos, mitos, leyendas, obras de teatro, epístolas y con producciones escritas elaboradas por éstos.
La lectura de poesía, por ejemplo, enriqueció el mundo sensorial y afectivo de los involucrados, su competencia lectora se acrecentó a través de la interpretación de los textos seleccionados. Al estar frente a un cuento, una leyenda, un mito, una crónica, una epístola, espontáneamente, estructuraban analogías con su cotidianidad para re-crear la historia. Sin lugar a dudas, se produjo una empatía entre lector-texto-autor. De allí que es conveniente resaltar la gran responsabilidad que tiene el tallerista en la selección de los textos que ofrecerá para su lectura. En palabras de Mendoza Fillola, (2004:82): “le corresponderá potenciar y guiar la necesaria libertad del lector; educar su sensibilidad, su capacidad de asimilación recreadora y ampliar su competencia literaria para que aprecie, comente e interprete las obras literarias”. La literatura posibilita la permanencia del lenguaje como eje integrador que puede ir más allá de lo convencional para convertirse en algo íntimo que da espacio a la metáfora quien consiente el surgir de lo que nunca antes se expresó.

Un espacio para la creatividad y la imaginación: en el desarrollo de las actividades propias del objeto de estudio ambas fueron de la mano. En cada una de las estrategias diseñadas por la investigadora se propició el desarrollo de la creatividad, la fantasía y la imaginación verbal a través del juego con el lenguaje. Ellos favorecieron la reinvención de nuestro imaginario y promovieron la ruptura definitiva de la monotonía intelectual. En palabras de Rodari: “hay que cultivar la creatividad en todas las direcciones” (1999:200), para instalar en la escuela, la familia y la comunidad una nueva cultura: la cultura de la innovación.

REFLEXIONES FINALES
Si bien es cierto que no todos los que asisten a un determinado taller de literatura pueden llegar a ser escritores de cuentos, poemas, piezas de teatro o ensayos, hoy, los talleres de creación literaria buscan fortalecer el hecho de que los seres humanos son por naturaleza: innovadores, imaginativos y tienen la capacidad de utilizar estas habilidades para producir textos de calidad y preponderar la función social de la lectura y la escritura. En consecuencia, es responsabilidad del estado venezolano registrar y sistematizar el desarrollo de los talleres que se ofertan para así legitimar la construcción de un proceso cultural diverso, complejo e integral que sea capaz de potenciar el pensamiento literario, el desarrollo del lenguaje y la dinamización cultural en la escuela y en la comunidad.


REFERENCIAS CONSULTADAS

Ander-Egg, E. (2003). Técnicas para la recogida de datos e información. Buenos Aires: Editorial Lumen.
Antillano, L. (2009). Antología del taller de escritura creativa de La Letra Voladora 2007-2008.Valencia: La Letra Voladora.
Bosch, V. (2000). A bordo de la imaginación. Desde la literatura hasta los juegos con poesía, el pozo sinfín y otras experiencias creativas. Caracas: Alfadil Ediciones.
Calzadilla, J.,Calzadilla Arreaza, J. y Bernal Pinilla, L. (2007). Módulos de promoción de la lectura y la escritura. Caracas: Fundación Editorial el perro y la rana.
Martínez, M. (2006). Ciencia y arte en la metodología cualitativa. México: Trillas.
Mendoza Fillola, A. (2004). La educación literaria. Bases para la formación de la competencia lecto-literaria. Málaga: Ediciones Aljibe.
Morales Galindo, L. (2003). El taller literario en la enseñanza de la literatura. Cuaderno pedagógico del CILLAB Nº 8. Caracas: UPEL.
Rodari, G. (1999). Gramática de la fantasía. Introducción al arte de inventar historias. Bogotá: Panamericana Editorial.
Vera, E. (1985). Flor y Canto. 25 años de poesía venezolana (1958-1983). Caracas: Academia Nacional de la Historia.

Autora: Maritza Torres Cedeño (*UNELLEZ VIPI- Ministerio del Poder Popular para la Cultura)