domingo, 27 de mayo de 2012

NOMBRAR Y MARCAR. Hacia una filosofía de la historia cotidiana de Venezuela (Arnaldo Jiménez)

Madre venezolana de paseo (archivo de Urbano Aborígen)

La oralidad no es la palabra hablada solamente, una palabra que se basta a sí misma y no necesita de otros sistemas de comunicación o de codificación de mensajes para poder existir. El habla es más que la escritura, abarca la espontaneidad de la vida misma. Por tanto oralidad y vida se conjugan, pero esta fusión no se realiza pasivamente; se realiza a través de los actos de marcar: las conquistas simbólicas y afectivas que las personas realizan en sus espacios inmediatos de vida. Me gustaría detenerme un poco en esta apreciación. 

Mujer llanera en labores del río

La oralidad escrita es un contrasentido, al pasar a la escritura la voz ya no es la voz, pero sabemos que la fuente de eso escrito es la oralidad, y al comprenderlo estamos indicando la existencia de una historia y esta historia tiene su propia expresión y su propia manera de acontecer. No es la misma historia que procura, que busca su pasaje a la escritura, la historia del poder político y económico. La historia oral existe antes de su registro escrito, no me refiero a una biografía o a una historia de vida, sino a la historia “no escrita”. Sería ingenuo pensar que podríamos idear un sistema de fijación de la memoria oral que de manera absoluta cubriera todos los aspectos de la vida; siempre se hace imperioso limitarnos a los fundamentos más importantes. Para nosotros esos fundamentos son los siguientes:

1- Organización de las voluntades en contra del absurdo de la vida.
2- Ritualización del comportamiento.
3- La negación del individuo.

Niño llanero saciando su sed (archivo de Ofelia Rodríguez Pérez



1-Organización de las voluntades en contra del absurdo de la vida: el meollo de toda vida es buscar verdades que le ayuden a vivir con sentido el transcurso del tiempo que se opone a la permanencia. El paso del tiempo por sí mismo no es equiparado tanto a la muerte como al absurdo, es absurdo vivir y no tener hijos, es absurdo vivir y no saber qué se quiere de la vida, es absurdo vivir y morir joven, no formar familias, etc. el absurdo es un concepto negativo que moviliza las positividades del vivir, pues por no caer en su famélico hocico, los seres humanos nos organizamos en torno a los esfuerzos y las esperanzas.

Las familias se forman por el deseo de inmortalidad que subyace en el ser humano y del cual la sexualidad es una representación, una expresión, ninguna pareja se casa para realizar su sexualidad sino para reproducirse a través de ella. La reproducción entraña un deseo de continuar vivo en el flujo del tiempo. En el fondo el hijo es una forma de dominar al tiempo, se le devuelve a un principio y el sujeto se salva del absurdo. Son las vidas las que constituyen el cuerpo real de la historia cotidiana y de cualquier otra historia, las vidas con sus constantes interacciones, por tanto el verdadero tiempo de la historia es un tiempo filial, ese que parece ir hacia adelante pero sólo está preparando el camino para devolverse, un tiempo que se subraya, que es hundido en el espacio, un tiempo que va y regresa como un oleaje.

La gracia de lo cotidiano (archivo de Neddy Cabello)

La historia cotidiana es sentida como opresión sobre el cuerpo, como obligación de vivir, por eso las voluntades se organizan y tratan de modificar esta opresión, no sólo atenuándola, suavizándola, sino reforzándola, hundiéndose en ella, llevándola hacia sus extremos, realizando muchas actividades en un solo día, acumulando demasiados hechos en una sola vida. Este es el sentido que tienen las fiestas, las celebraciones y el querer repetir su motivación en los rituales de muerte; pero estas movilizaciones tienen como contrapartida una fascinación por la quietud, por la inmovilidad que amenaza constantemente a la sociedad y es una característica muy particular de nuestra cotidianidad. Esta quietud se muestra de manera ejemplar en las sociedades indígenas, signadas sobre todo por su aspecto lúdico. En los barrios y urbanizaciones, algunos comportamientos delatan esa pasividad que pudiéramos llamar activa; por ejemplo, grupos de personas que suelen reunirse en sitios determinados y a horas específicas, sitios de encuentros como plazas y ríos, licorerías; la recurrencia en visitar un lugar, bien un camino, un pozo, un banco, un sitio dentro de la casa, etc. Las personas están en esos sitios y parecieran estar “perdiendo el tiempo”, y sin embargo están marcando el lugar, lo están conquistando, por eso la llamamos activa. Queremos una actividad diferente al trabajo, una actividad en la que nos encontremos a nosotros mismos o al menos dejemos nuestras huellas o nuestras maneras de marcar el lugar para saber que es parte de nosotros.

La gracia y lo cotidiano (archivo de Santos Quiroga)

La historia cotidiana se moviliza en miles de direcciones, pero en todas se busca el sentido de la vida. La cultura ofrece objetos y proyectos de sentidos que morirían si no fuese porque las personas los acoplan a sus anhelos y a su imaginario. El ser humano soporta los rigores del trabajo, la explotación de su cuerpo y de su espíritu siempre y cuando tenga objetos donde convocar las fuerzas del sentido contra el absurdo, muchas personas los encuentran en el mismo acto de trabajo, pero es característica de la historia cotidiana que la insatisfacción aceche constantemente a sus actores.
Gracia de lo cotidiano (archivo de Santos Quiroga)

2-Ritualización del comportamiento: para escapar del malestar de ser, para no saberse con la carga del absurdo sobre la espalda de los días vividos, la historia oral o no buscada, ritualiza el comportamiento buscando que la pertenencia a un ritual colectivo desintegre el paso del tiempo y con él se supere la vida individual. La ritualización del comportamiento tiene la cualidad de detener el tiempo en la sensación, el tiempo pasa, pero no se siente, y este sentir es fundamental para que se pueda atestiguar que hay un tiempo que fluye. El rito pone en escena el vínculo cuerpo-tierra. Cuando se establece entre ellos la mediación de un objeto abstracto, como el poder o el capital en cualquiera de sus expresiones, sólo cabe hablar de sujetos des-ritualizados, lo cual supone la ausencia del elemento espacio en sus conquistas simbólicas. Pero esto casi no se ve en la historia cotidiana de la clase supuestamente dominada, precisamente por su tendencia a ritualizarse. En la clase dominante, la presencia de ese elemento abstracto que destruye o imposibilita el vínculo cuerpo-tierra, genera lo que Deleuze llamaba desterritorialización, es decir, salir de la tierra, para nosotros no es sólo un hecho físico. También se puede salir de la tierra si esta representa una mercancía y no ha sido reapropiada a través de una conquista afectiva y simbólica, se puede salir de la tierra aún estando en ella. Como vemos, todos estos términos son cercanos y tributarios a la noción de territorio. Los animales se acercan a sus territorios y los marcan dejando sus olores o sus micciones, es lo que les permite defenderlos, que en esencia es impedir que otro animal marque el mismo espacio; lo importante es que veamos a esas marcas como formas de escritura para la apropiación del espacio. En el caso de los rituales y sus efectos sobre el cuerpo y el espacio, son formas de escritura que se relacionan con la oralidad dentro de la oralidad misma, no se necesita de la escritura convencional para fijar esta historia. La historia oral se preocupa por marcar el presente, la otra historia, por registrar el pasado.

Vendedor de café y cigarrillos en San Carlos, Cojedes. 
(archivo de Samuel Omar Sánchez)

La historia cotidiana tiende a evitar el fluir del tiempo lineal. El ritual, sin embargo, no es exclusivo de eventos anuales vinculados con mitos universales o ciclos cósmicos, el ritual está presente en la cotidianidad de los hogares, el comer, por ejemplo se convierte en muchos hogares en un ritual de comunión, tomar café a una determinada hora, sentarse en algún sitio de la casa a conversar, las parrillas familiares, el sancocho vecinal, la reunión para festejar con bebidas algún hecho familiar o histórico, las relaciones sexuales, los cortejos amorosos, los ritos mortuorios, la visita a los cementerios, la utilización de los altares, el rezo en familia, la devoción a los santos, los sahumerios, etc. todo tiende a ser rito y adquiere el sentido de tal en las expresiones del comportamiento cotidiano, ya que el ritual tiene como objetivo atenuar el peso de un acontecer, o celebrar la existencia o penetrar los misterios para abstraer de la realidad a sus seres ritualizados. Entendemos al ritual y al hecho de ritualizarse como actos de otra escritura, escritura del cuerpo que conscientemente conquista su espacio inmediato de vida. Desde este punto de vista los rituales para marcar el cuerpo, para pertenecer a una banda, los rituales de muerte en los grupos y pandillas también poseen el mismo sentido, aunque además hay un elemento adicional de poder evidenciado en el control de los cuerpos y el estrechamiento de los límites culturales entre la vida y la muerte.


Liceistas cojedeños en su ensayo musical 

La historia cotidiana es la madre de las culturas y por tanto de todos los rituales. El ritual subyace y soporta la dinámica cultural. En el fondo, el ser humano sigue haciendo lo mismo que hacen todos los animales, tomar de la naturaleza lo que necesita para vivir, pero este fondo se ritualiza y se complejiza. En los sistemas de esclavitud, casi siempre, el trabajo se torna ritual que permea la crueldad, acompaña el dolor del cuerpo que sufre y en cierto modo disminuye el impacto de ese dolor, reproduce un tiempo mítico y une a los miembros de un grupo étnico, hace que el tiempo pase más rápidamente y permite que el trabajo sea la causa de la creación de cantos, danzas, músicas, poemas, enseñanzas.

La historia oral es encuentro inmediato entre el ser y el espacio para generar un estar. Estar, refiere a un presente que se multiplica de muchas maneras, a un espacio que se ha vestido para la ocasión con la piel simbólica del ser humano.

La falta de ruptura entre la persona y el espacio es lo que permite la multiplicidad de las relaciones: el lugar en la madre, la madre en el lugar, el hijo-madre en el espacio, las conductas políticas entre habitantes de diferentes lugares, las formas de nombrarse y de enamorarse, las manifestaciones artísticas, folclóricas, tradicionales, las modificaciones del habla, los cambios de uso a un mismo objeto. La sacralización de los objetos, creando ritos de comunión que pueden ser transmitidos oral y prácticamente. La sacralización implica en muchos casos una deformación de la religión oficial.

El estar tiene entradas y salidas, las familias poseen un tiempo circular que se rompe al salirse fuera de ella, los rituales tienen un tiempo mítico circular que se rompe al salirse del ritual. La oralidad o la historia no buscada de la clase supuestamente dominada, se enmarca a su vez en dos acciones colectivas: nombrar y marcar, ese mundo es un mundo de nombres, mundo comprendido e imaginado, y es un mundo tocado, por tanto afectivo, inmediato, corporizado; un mundo vivido. Nombrar, marcar y sentir el espacio inmediato de vida son las acciones propias del estar.

3-La negación del individuo: el movimiento de lo cotidiano se debe a una multitud de motivaciones psíquico-prácticas tales como intereses, necesidades, odios, culpas, esperanzas, ilusiones, proyectos, solidaridad, pertenencias, egoísmos…, estas motivaciones se internalizan y se expresan en diferentes roles sociales llevados a cabo por una sola persona, lo cual conlleva a la negación del concepto de individuo.

La persona es inmediatamente varias funciones sociales, desde que vive sumergido en la madre, desde que emerge en la familia, desde que surge a los grupos; la cotidianidad le da una posición social con múltiples identidades, un código cultural de comportamiento, una ética establecida, una moralidad que impera; la historia oral es la recurrencia de las enseñanzas y de los aprendizajes por medio de los cuales las personas se vinculan inmediatamente a otros seres y en sus acciones lo individual es reducido a su mínima expresión; existe, como concepto perteneciente al yo de la persona que delimita un cuerpo físico, una imagen de sí; sin embargo, ese cuerpo físico no es una frontera, no separa al universo psíquico de sus extensiones y lo físico mismo es el móvil de las uniones y los afectos. La conciencia no es un fenómeno individual, privado, su modo de suceder es por encartamientos, toda conciencia es colectiva.

No podemos hablar de lo oral como diferente a las marcas, ni del tiempo como diferente al espacio. El comportamiento puede hacer más rápido o más lento el paso del tiempo, esta obviedad, que vinculamos al ritmo de trabajo por un lado y por otro a los modos de estar, privilegia al espacio, el tipo de relación con el espacio genera una modalidad de tiempo: el acontecer.

Según el tipo de relación y de significado que el espacio tenga para los grupos sociales y para las personas, el tiempo ligado a esa relación se modificará, es lo que entiendo por acontecer. El acontecer es el modo de cómo ocurre lo cotidiano. El acontecer está constituido por acontecimientos disímiles y discontinuos, puntos de sucesos que pueden expandirse y mezclarse a otros, pueden aparecer y desaparecer dentro de sus propios ámbitos de acción, pueden ser recurrentes en el tiempo, pueden ser regresivos. El acontecer sería la resulta de la vinculación entre la conquista simbólica y afectiva de los espacios inmediatos de vida y el estar que de allí se genera o la resulta de la negación de esta conquista y de este tipo de estar; es decir, nombrar, marcar y sentir, o no marcar ni nombrar ni sentir al espacio; ritualización y desritualización, en el caso de la historia no buscada, la historia oral. En la otra historia, estaríamos hablando de hechos, un tipo de suceso especial liderado por una o varias personas, uno o varios grupos políticos y gubernamentales que tienen por finalidad controlar y dirigir los acontecimientos de la historia cotidiana. El espacio es entendido desde una posición de poder, por tanto, el rito allí es imposible. El hecho se mueve privilegiando al tiempo.

En la oralidad, los móviles del aceleramiento del tiempo (dinámica socio-económica) se cruzan con los móviles que lo calman, que lo desaceleran, las ritualizaciones del comportamiento.

El acontecimiento tiene una fase de nacimiento que puede ser interpretada, esta interpretación no coincidirá plenamente con esa fase porque aún no se ha desenvuelto todo el acontecimiento. La significación precede, acontece y post-cede al acontecimiento. Surge con él, se mantiene en su desenvolvimiento y regresa después de que el acontecimiento ya no es, esta última fase de la significación del acontecimiento tiene las mayores posibilidades de acertar pero no de evitar la recurrencia, ya que esta no es individual. Por acertar entiendo el conocimiento más preciso de lo ocurrido, vemos que hay cierta ingenuidad en esta pretensión, pues el acontecer se agota en múltiples acontecimientos y estos se encadenan a otros, tanto hacia el pasado como hacia el presente que deviene, nacen mezclados, se desenvuelven en mezclas y se transforman o entran a otros debilitándose o fortaleciéndose. No hay manera de precisar toda la significación de un acontecimiento, la inmersión en los flujos espacios-temporales no lo permitiría; además la comprensión supone a un sujeto separado del acontecer y es bien sabido que esto no es posible.

Tiempo, ser y espacio se conjugan en el acontecer, este se deriva en múltiples fases, lo que tiene un efecto retroactivo en los tres elementos nombrados y hace que se crucen y se complementen los acontecimientos y las fases del acontecer de cada persona, de cada familia, de cada colectivo impidiendo el comportamiento aislado. La interconexión entre el espacio y el tiempo es el ser humano.

* Otro enlace de este autor: "EL RUIDO" un cuento de Arnaldo Jiménez http://letrasllaneras.blogspot.com/2011/11/el-ruido-un-cuento-de-arnaldo-jimenez.html

2 comentarios:

Luís Márquez dijo...

Este trabajo es muy bueno para quienes considerar estudiar sobre nuestro idioma. Lo recomiendo porque trata de las raíces mismas de como hablamos nosotros.

Pilar Alberdi dijo...

Después de leer el texto he tenido la sensación de que hay un concepto diferente entre lo que puede ser una familia ahí o aquí. "Las familias se forman por el deseo de inmortalidad que subyace en el ser humano" se dice en el texto, casi afirmando la falta se sentido de una unión o una sexualidad sin un fin procreativo en lo que se denomina el sentido de la vida que el autor define como "absurdo" y que quizá lo sea así en muchos momentos, pero no en otros en que nos encontramos realmente vivos y con sentido, aunque luego nos resulte difícil entender el universo. Hay muchas parejas sin hijos y que no los necesitan, y no por eso el concepto de "familia" queda disuelto, si vemos a la familia como ese núcleo pequeño de la sociedad donde, por decirlo de algún modo, alguien proteje a alguien, alguien decide vivir la vida con alguien. O hay parejas del mismo sexo, que buscan ya sea por adopción o de otro modo tener hijos. No me extiendo, pero creo que visto desde España, el tema es, al menos para mí, más complejo y, por supuesto, menos "normativo".
Cordiales saludos.