viernes, 1 de abril de 2011

LEYENDAS DE TINAQUILLO (1) Félix Monsalve

DEL LIBRO HUELLAS de Félix Monsalve


Hace algunos años recibimos de manos de Manuel Arias varios documentos que gentilmente nos enviara el maestro Félix Monsalve, tanto él como nosotros teníamos la esperanza de publicar su valioso contenido. Si bien no pudo realizarse ese sueño, nos queda hoy la satisfacción de ofrecer una parte de su esencia a nuestros lectores y como pequeño recordatorio a quien fuese una figura emblemática de la educación, del buen vivir y de la comprensión del alma popular del pedazo de la madre tierra donde a uno le toca vivir.

Entendemos que un buen conversador como el profesor Monsalve debió fijar con mucha precisión las voces que fueron dándole configuración a estos relatos. Las imágenes, las metáforas y los vuelos de poéticos que siempre le asistieron están aquí, con toda la fuerza creativa de nuestras comunidades, sus costumbres, sus creencias y las incógnitas universales que le son propias.
También destacamos en esta obra la comprobada capacidad de Monsalve para describir los escenarios, las secuencias, los diálogos y los personajes que trae a colación con suma fluidez, humor y gusto por la narración vernácula que caracteriza al llanero cojedeño.
Félix Monsalve, nació en Tinaquillo, Cojedes, el 29 de septiembre de 1935 y falleció el 14 de enero de 2008. Docente siempre. En el año 2000 obtuvo el Premio Municipal de Literatura de San Carlos justamente con las leyendas que aquí transcribimos. Su obra poética forma parte de la Antología de la Décima Popular en el Estado Cojedes (UNELLEZ 2007). Su texto Huellas de Tinaquillo, fue editado en la colección “Historias” de la editorial El perro y la rana (2006).
El título que le direa el profesor Monsalve a este cuaderno: LEYENDAS DE TINAQUILLO, refleja su deseo por fortalecer la imagen de los antiguos y sabios ancianos de las llanuras, grandes contadores de narraciones en las que la historia y lo fantástico se hacen indisolubles. Son cuentos de camino, asomos de la eternidad que cada pueblo manifiesta. En calidad de presentación colocamos "A manera de prólogo" de Henry Ortega, por quien también manifestamos nuestro respeto.
Isaías Medina López


A MANERA DE PRÓLOGO
El trabajo que sigue es una recopilación de cuentos, mitos y leyendas; que probablemente alguna vez escuchamos extasiados los nacidos en Tinaquillo entre las décadas de los años veinte a los años cincuenta, en boca de afamados cuenta-cuentos de la época.
Félix Monsalve representa al artesano que con la paciencia y dedicación propia de todo orfebre, fue moldeando y conformando la pieza hasta obtener este producto final.
Al maestro Monsalve lo conocí hace más de treinta y cinco años, pero lo acabo de conocer hará unos dos meses. Esta afirmación aparentemente contradictoria, radica en el hecho de que en primera instancia lo conocí en el Grupo Escolar General José Antonio Anzoátegui. En la cancha, en los pasillos o en el patio de recreo; ahora no puedo recordar con precisión, pero en todo caso ese fue un conocimiento superficial como el que suelen tener los hombres de los hombres. Hace un poco más de dos meses tuve la oportunidad de leer “DOS ASOMBRADOS” y me pareció una pieza de la narrativa costumbrista tan interesante, que me llevó a visitarlo a su propio hogar en la búsqueda de más material.
Es en este momento cuando realmente comienzo a conocerlo. En toda su obra se pone de manifiesto el gran cariño que le tiene a nuestra tierra “TINAQUILLO”. El conocimiento profundo de sus personajes, sitios y costumbres. Su forma de “echar cuentos” inevitablemente nos conduce a realizar una especie de viaje imaginario a través de potreros, galleras, patios de bola y calles de tierra carentes de alumbrado público. Nos retrotrae a épocas en que sentados en una silleta de cuero o en un mueblecito de mimbre, oíamos embelesados los cuentos de muertos que narraban los mayores. Esos mismos cuentos que después eran causantes de noches de insomnio, de voces misteriosas, de ruidos extraños, de visiones, de miedos; que inexorablemente terminaban con un regaño de nuestros padres y una cobija calurosa cubriéndonos hasta la cabeza.
En fin, para no robarles más tiempo a los lectores, cierro este prólogo con un deseo: “Ojalá que al leer la obra disfruten al menos la mitad de lo que yo disfruté”
Henry Ortega

1-VELORIOS
Cachinche era una comunidad rural que conformaba junto con Piedras Blancas, Cerro Gordo, Aguirre y Caño de Indio; una gran extensión de planicies con pequeñas serranías bañadas por el río Chirgua, hacia el naciente de la población de Tinaquillo en los límites con el estado Carabobo. Este caserío desapareció sumergido en lo que hoy es la represa de Cachinche que surte de agua a las ciudades del centro del país. En toda esta región surgieron y se establecieron por mucho tiempo manifestaciones folklóricas que sirvieron para alegrar la sencilla vida de los campesinos.
Todavía se recuerdan las parrandas navideñas, los velorios de cruz, de angelitos y de santos y los bailes de joropos jorconeados, con violín, más largos que “medio de tripas en el llano”. Este tipo de joropo era común en otras zonas del centro del país, pero los lugareños introdujeron ciertas variantes dándole sabor regional. En los velorios se cantaban tonos, tórtolas, décimas, batallitas y otras formas musicales, que son diferentes, pero tienen cierto parecido. Las letras de estas composiciones, están formadas por cuartetas, décimas, etc, de acuerdo al número de líneas que las constituyen. Su contenido varía dependiendo si se trata de cantos a la cruz, a angelitos (niños muertos) u otros; los cuales se aprendían de memoria o se improvisaban. La mayoría de estos velorios se organizaban para pagar promesas por favores recibidos. Duraban toda la noche y allí los asistentes echaban cuentos, cantaban, realizaban ciertos juegos, consumían bebidas alcohólicas, chocolate, chicha de maíz, café y otros.
Algunas veces tapaban al santo o a la cruz, según el caso, y daban comienzo al baile con violín a lo que se llamaba “rabo de velorio”.
En estos cantos de velorio, sólo se usaba el cuatro como instrumento acompañante.

DĖCIMA
Primera vez en mi canto
Que yo esta casa bendigo
gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo.
A cantar me he presentado
frente al altar con sus flores,
de mis versos los mejores
y como hay que comenzar
no más me queda desear
salud a todos señores.

CUARTETA
Ya te fuiste angelito
no comiste los jojotos
tu mamá quedó en el mundo
haciendo el empeño de otro

La batallita era una modalidad que enfrentaba a dos o más cantadores en una especie de contrapunteo improvisando cuartillas, lo que permitía hacer gala de buena memoria y facilidades para el verso, provocando cierta rivalidad y muchas veces serios problemas. Esta modalidad podía presentarse a lo divino, con letras religiosas, o a lo profano, con temas de tipo general.
José Pinto, era tinaquillero, alto, y con potente voz de contralto, relancino en la improvisación pero mordaz y hasta ofensivo en sus versos, sobre todo cuando se sobrepasaba de palos. Esa noche “picó” al moreno pintado de “carare”, Julio Rodríguez. Después de cruzar varios versos sin mucho picante, dejó escapar la siguiente cuarteta:
Amalaya! un buen cuchillo
y un revólver calientoso
para borrar de Cachinche
tanto diablo cararoso…

Cachinche era una comunidad donde la mayoría de su gente sufría de la antiestética enfermedad llamada “Carare”, que se caracteriza por dejar manchas en la piel, unas blancas, otras moradas o con varios matices. Es una enfermedad infecciosa que se puede contagiar por la sangre derramada en los alimentos o bebidas a temperatura natural.
Cuentan que los lugareños y visitantes no contagiados, tenían que mantener una actitud muy prudente con los afectados, sin dar muestras de asco, comer y beber con mucha naturalidad lo que les ofrecieran, para evitar así que les echaran carare. Muchas veces la venganza por cualquier ofensa, significaba ser contagiado por el terrible mal …
Esa noche, tres personas cararosas, con diferente color cada una, dejaron caer en una taza con apetitoso chocolate, varias gotas de sangre y se la ofrecieron a José Pinto, después de escuchar aquel ofensivo verso. Mientras contestaba Julio:

Atájenlo que se va
casi no está ni “pintao”
lleva del azul marino
blanco, negro y “colorao”

....Cuarenta días con fiebre … Después dirían en el pueblo:  José Pinto está más pintao que un gallineto...
Hasta luego pues señores
ya me estoy por despedir
si me vuelven a invitar
vuelvo de nuevo a venir


4- EL MUERTO DE TRES UNO, 5- EL ENCANTO DE LA REPRESA, y 6- ¿QUIÉN ES EL MUERTO? los puede leer en: http://letrasllaneras.blogspot.com/2014/01/el-encanto-de-la-represa-y-otros.html

7- EL MUERTO DEL PORTACHUELO
Tinaquillo en épocas anteriores, como casi todos los pueblos del país, era un caserío en tinieblas al llegar la noche. La mortecina luz de los faroles a base de carburo y petróleo, apenas si espantaba las sombras en las esquinas; dejando las medias cuadras y los solares en la más completa oscuridad. En las casas, pequeñas lámparas y velas permitían la tertulia y juegos de salón. El progreso trajo luego la planta para el alumbrado eléctrico, pero este servicio, al principio, sólo funcionaba desde las seis de la tarde hasta las nueve de la noche, de tal manera, que después de esta hora las calles eran verdaderamente oscuras, sobre todo en épocas de lluvia y luna nueva. En esos tiempos cuando le daban corriente al pueblo durante el día, la gente comentaba: Va a hablar López Contreras (Presidente de la República después de la muerte del general Gómez), ya que ese era el único motivo que obligaba al operador a encender los motores para el alumbrado en horas diurnas. De esta circunstancia de noches oscuras, nacen en todo el país las historias de aparecidos: El carretón, el silbón, la sayona, ánimas en pena y otros, que asombraban a los que se aventuraban a transitar por los caminos y calles oscuras. Son muchos los cuentos de asombrados por andar de parranda por las noches y de personas que se hicieron ricos de manera repentina, al recibir de algún muerto, dinero de entierro. La carencia de Bancos y la inseguridad causada por las guerras civiles y los alzamientos en contra del gobierno, provocaron la costumbre de enterrar el dinero para evitar los robos.
El Portachuelo es la zona más angosta entre dos cerros, camino de Pegones, por la antigua carretera hacia San Carlos. Allí, según la leyenda, los que pasaban después de las doce de la noche, se encontraban con un señor con botas de caña alta y sentado sobre un baúl, que los llamaba y les ofrecía sus monedas de oro si le quitaban las mismas. Conocedores los lugareños, de que este señor era un aparecido, salían corriendo y asombrados al escuchar la oferta. No faltaron valientes que hicieron el intento de quitarle las botas al muerto, pero que yo sepa, nadie logró pasar de la primera; al sacarle la bota, quedaban al descubierto los huesos de la pierna. Puro huesos.
Enrique era un joven que casi todos los viernes se quedaba, después del trabajo, echándose palos con el mocho Justino; pero cuidándose de no esperar las doce de la noche, pasar por el Portachuelo, tránsito obligado en la vía a San Antonio, población donde residían. Pero esa noche la rasca fue tremenda, y eran como las cuatro de la madrugada cuando pasaban por el terrible lugar y … allí estaba el muerto sentado sobre el baúl.
- Buenas noches muchachos. Si me quitan las botas les doy mis monedas de oro.
A Enrique se le quitó la pea de repente, dejó escapar un enorme grito y huyó a toda carrera. Casi amaneciendo, sin alpargatas, lleno de barro y con arañazos en todo el cuerpo, llamaba a la mujer del mocho Justino.
.- ¡María, María! Nos asombró el muerto del Portachuelo. Allá dejé al mocho, quién sabe que le pasaría.
María se asomó por la ventana y le contestó:
.- No juegue Enrique, el mocho tiene como una hora que llegó, todo asustado y sin muletas.
Si usted está interesado en obtener algunas monedas de oro, acérquese por “El Portachuelo” después de las doce de la noche.

8- DOS ASOMBRADOS
Hemos dicho en varias oportunidades, que debido al deficiente alumbrado público, nuestros pueblos y caseríos del pasado remoto, eran pozos de penumbras que distorsionaban cualquier figura natural humana, animal o vegetal, fomentando la creencia en espantos y aparecidos que perseguían principalmente, de acuerdo al decir popular, a hombres parranderos que aprovechaban las noches para beber licor y buscar aventuras amorosas. A la escasez de luz, se le agregaba un grupo de bromistas que se dedicaban a fabricar ciertas “apariciones”, ruidos y situaciones que atemorizaban a los ingenuos lugareños. Así, una tapara seca a la que se le hacían agujeros para simular ojos y boca que resaltaban a la luz de una vela encendida en su interior y levantada por una vara, simulaba una cabeza que brillaba en el aire a unos tres metros de altura en cualquier media cuadra de nuestras oscuras calles. Eran comunes comentarios como este: Compadre Justo ¿No vio anoche la cabeza voladora? Quintín dejó hasta las alpargatas en la esquina de “El Guarataro” frente a la casa de Pedro Camejo. Otras veces para simular al silbón, se colocaban personas cada dos esquinas, los cuales silbaban de forma convenida y fuertemente, dando la impresión de un etérico ser que se desplazaba por la calle a gran velocidad, dejando oír su terrorífico silbido. En fin, una hoja de cambur reflejando la luz de la luna y movida por el viento, un tropel de animales, el murmullo de una conversación en el silencio de la noche o los ruidos producidos por diferentes causas, significaban para muchos, cosas del más allá, que provocaban temores Infundados. Pero... hay casos... Relatos de personas serias que no tienen explicación lógica: El ruido de objetos que se quiebran o se ruedan en ciertas casas, pero cuando se va a ver, todo está en orden, sin alteraciones; visiones que desaparecen repentinamente; lamentos y otros ruidos en sitios despoblados que no permiten el escondite de personas.
Blas Velázquez, era dueño de un botiquín ubicado en La Cruz llamado “Todocoro”, en la época en que el único límite para mantenerse abierto, era la ida voluntaria del último cliente. Blas era bajito, muy delgado, de boca prominente y dentadura grande. Una noche, Blas, después de cargar los enfriadores, como a las tres de la madrugada, se dispuso a cerrar las puertas para retirarse a su casa de habitación, ubicada en la calle Sucre cerca de la esquina de “Chivo Negro”...... de repente sintió un rápido taconeo y al voltear ve a una hermosa trigueña que pasaba por la acera de enfrente. ¡Una mujer bonita y sola a esta hora de la noche!, Pensó Blas, este boche no lo pelo yo. Se apresuró a cerrar y a seguir los pasos de la dama. .- Buenas noches preciosa. ¿No quiere que la acompañe?. Sólo le respondió el silencio. La mujer apresuró el paso pero Blas estaba cada vez más cerca. Cuando llegaban a la esquina de “Galo Gutiérrez”, diagonal a la parte trasera de la iglesia, la dama se volteó e hizo frente al galanteador. .- ¿Usted que es lo que quiere?.- Blas se paró en seco y vio como la mujer se transformaba en una horrenda criatura de ojos llameantes y largos dientes, que estiraba su cuerpo hasta alcanzar la altura del poste del alumbrado. ¡La sayona! Pensó, y dejó escapar un largo y horripilante grito, iniciando una alocada carrera que culminó en su casa. Tumbó la puerta de la calle y se tiró boca abajo en el piso de la sala, posición que según los entendidos, deben tomar los asombrados para pasar el susto. Naturalmente que despertó hasta al gato y ante las voces y preguntas de sus sorprendidos familiares, sólo atinaba a decir: ¡No prendan la luz que vengo asombrado, he visto a la sayona! Su esposa lo acompañó despierta hasta el amanecer. La noticia la hicieron correr sus vecinos como reguero de pólvora: A Blas le salió la Sayona.
Pasaron los días y Blas ya se cansaba de repetir la historia....... Esa tarde el botiquín estaba casi solo, el único cliente era Miguelito Fajardo, que le recitaba su último poema:

Si quieres gozá un “bolón”
aunque no tumbes la mocha
y tengas que gastar tus lochas
echándote un palo`e ron,
y puyando ese aparato
que de to` es el más ladrón,
pa` que te cante un pasillo,
un bolero o un galerón,
para el oído que ahorita
te doy un consejo de oro
échate una vueltecita
por la esquina el “Tocororo”
allí escucharás los cuentos
del terrible don Demetrio
que dejó cientos de heridos
y yo no sé cuantos muertos
y que ahora to`tullido,
para calmar sus lamentos,
pide a Blas un cigarrillo.

Buenas tardes Blas, saludó Isidro, alias “Lengua de Loro”, el practicante del pueblo. ¿Ya te pasó el susto? La que todavía debe estar asustada, continuó, es Lucrecia, la de Julio Aular, que dice que le salió el diablo el mismo día que a ti, la sayona. Ahorita vengo de inyectarla …
Lucrecia era una mujer muy de su casa, seria y respetuosa, pero celosa hasta la exageración. Esa noche le habían pasado el dato de que Julio estaría en una fiesta con María Luisa, con quien supuestamente tenía un secreto romance. La cobija le estorbaba, no soportaba el calor, el sueño no llegaba y sus pensamientos se repetían una y otra vez: María Luisa y Julio bailaban un bolero muy apretaditos. La rabia la consumía, no aguantaba más. Se levantó, se vistió y como a las dos y cuarenta y cinco de la madrugada, salía de su casa con rumbo a Pueblo Nuevo, donde celebraban la fiesta. Cuando pasaba junto al bar “Todocoro” vio a una persona de espaldas en una de las puertas del mismo. Al continuar su camino notó que el hombre la seguía, floreándola insistentemente. Como a las dos cuadras, preocupada por la insistencia de su seguidor, se volteó y le hizo frente. .-¿Qué es lo que usted quiere?.- Le increpó en tono fuerte; y vio a su piropeador, un hombre muy pequeño y flaco, pálido de ojos saltones y largos dientes, que dejó escapar un berrido como de chivo herido y salió corriendo a una velocidad increíble, desapareciendo en la mitad de la cuadra, detrás de la iglesia. Se desmayó, la socorrieron los vecinos y la llevaron al hospital Joaquina de Rotondaro, donde llegó todavía medio inconsciente, repitiendo a cada instante: -¡Apaguen la luz que vengo asombrada, me salió el diablo por andar persiguiendo a mi marido a media noche!- Sus familiares procuraron que la noticia no se propagara, ya que Julio también era muy celoso y delicado. La bañaron con agua bendita, le pusieron escapularios y otras reliquias, le rezaron muchas oraciones y le aconsejaron que dejara de perseguir a su marido por las noches.
Isidro, Lengua de Loro, tenía muchos años trabajando de enfermero en la medicatura, prestando además sus servicios a domicilio, sobre todo en lo referente a administración de inyecciones y primeros auxilios. Fueron requeridos sus servicios por Lucrecia, para ponerle las “ampolletas” recetadas por el doctor como parte del tratamiento de su crisis nerviosa. Coincidencialmente le contó su historia. El diablo la había castigado por sus celos.
Isidro todavía se ríe cuando recuerda ese cuento, y se pregunta: ¿De qué se asustaron Blas y Lucrecia? ¿De su propio miedo? Porque Blas no es el Diablo ni Lucrecia la Sayona. ¿O si?

9- EL TIGRE “MOJÁNO”
Hacia el este de Tinaquillo se consigue la parte más alta de sus alrededores, el cerro “El Amparo”, llamado ahora “El Cerro de la Torre”, en alusión a la elevada estructura metálica levantada allí por la C.A.N.T.V. Dispersos en esas serranías se encuentran varios caseríos, entre ellos: Amador, El Amparo, Garrido y otros. Fue en esta zona donde ocurrió hace muchos años un hecho terrible, que atemorizó a todo el distrito. Un tigre mató a una muchacha que había salido a buscar agua en el jagüey. Sólo le comió los senos y las partes genitales, no tuvo otras heridas, aparte de un zarpazo en la cadera. Cuentan que la joven había referido algunas veces que la perseguía un tigre, que veía a lo lejos pero que no hacía intentos de atacarla. Luego desaparecía en silencio. Un anciano que se encontraba en un grupo de personas que comentaban esta desgracia, dejó escapar el siguiente comentario:
.-El de esa vaina es un tigre “mojáno” .-
Sacié mi curiosidad preguntando a todo el mundo, a mi mamá, mis tíos, mis hermanos y muchas otras personas, ¿Qué era eso de un tigre mojáno?; pero nadie me dio una respuesta satisfactoria.
Muchos años después oí contar a un joven de Amador que trabajaba de obrero en esta comunidad:
.-Allá en el campo está saliendo un tigre mojano. Mi tío Simón, Don José y Don Miguel, le están montando cacería a ver si descubren el “sitio de cambio” y le roban las reliquias para acabar con esa amenaza. Intrigado, me hice amigo del joven y un día le pregunté qué era un mojano. Esto fue lo que me contestó:
.-Mi abuelo dice que un mojano es una persona mágica, que a través de oraciones, reliquias e invocaciones, logra transformarse en animal, casi siempre en tigre o león. En el sitio donde se transforma deja la ropa y las reliquias escondidas, porque sin estas últimas no puede volver a su forma humana. Casi nunca atacan a los humanos, aunque algunas veces hacen sus víctimas a muchachas bonitas, a las que sólo le comen los senos y los genitales. La mayoría de los mojanes se comportan como fisgones, frecuentando los ríos donde acuden a lavar o a bañarse las mujeres del campo. Otras veces su poder le sirve para esconder su figura convirtiéndose en cualquier animal.-
Historias como ésta, oí contar en otras regiones de Carabobo y Falcón, como relatos de velorios.
¡Nunca oí hablar de tigras mojanas!


10- “EL CUÑAO” y 11- “LA SERPIENTE QUE HACE ESTREMECER  LA TIERRA” léalos en:   http://letrasllaneras.blogspot.com/2014/01/el-cunao-y-la-serpiente-que-hace.html

12- ENTRE TAGUANES Y LOS MONOS
Maria Luisa leía la revista “Estampas”, del “Universal” y de repente dejó escapar el siguiente comentario, entre risas:
.- Ernesto tus paisanos si que tienen vainas, aquí dice que tu pueblo tiene como un encantamiento y en la zona de los Monos en la vía hacia San Carlos, suceden cosas extrañas en la carretera que ocasionan accidentes inexplicables, casi siempre entre las 6 y las 8 de la noche: chóferes que ven vehículos que se les vienen encima y hacen que giren el auto de manera brusca y muchas veces ocasionan volcamientos, pero sus acompañantes no ven nada y solo oyen como gritan ¡cuidado! ¡cuidado! Que nos van a chocar… Conductores que se paran al ver personas tendidas en la vía, aparentemente muertas o desmayadas y al ir a socorrerlas ven como se hacen ancianas ante sus ojos y luego desaparecen misteriosamente… Personas que se atraviesan a los carros y son atropelladas u ocasionan accidentes y cuando los pasajeros van a ver que le paso al imprudente no consiguen a nadie… Vacas u otros animales que atraviesan la carretera por el aire, entre dos barrancas, y otros casos.
.- ¡María, María!, no te rías, esas son historias que se cuentan desde hace mucho tiempo en mi pueblo. Yo mismo conocí algunas personas serias que fueron victimas de esas apariciones, y te advierto que en esa época el transito en la vía era muy escaso y lento. No te puedo asegurar que esas historias sean verídicas, pero... Algo puede haber de verdad. No te burles.- Contestaba Ernesto.
Maria Teresa Petit era una dama caraqueña, elegante y culta, graduada en medicina en la Universidad Central de Venezuela, procedente de un hogar de gente adinerada y casada con Ernesto Pérez, natural de Tinaquillo, ciudad llanera del estado Cojedes, dedicado al negocio de la carne en canal. Naturalmente, que Maria Teresa era una persona incrédula en cuestiones de aparecidos y encantamientos. Al contrario Ernesto es un hombre sencillo con costumbres pueblerinas y con un gran caudal de cuentos e historias del mas allá, ocurridas en su pueblo natal y la región llanera: “El Carretón”, “El Silbón”, “La Llorona” y otros mas, que solía contarle a su mujer y sus dos hijos, Teresita y Tomás, que se morían de la risa al imaginarse los temerosos pobladores de Tinaquillo al llegar la noche y quedar el pueblo en tinieblas por el deficiente alumbrado eléctrico de los años pasados.
Ernesto y Maria tienen por costumbre, cada mes, pasar un fin de semana en una finquita que habían comprado en “Banco Bonito”, en la vía que va de Tinaquillo a Vallecito, allí Tomás y Teresita se divierten de lo lindo montando a caballo, comiendo frutas silvestre y bañándose en las cristalinas aguas de una quebrada que atraviesa la parcela. Ese día salieron de madrugada de Caracas, el Viernes, que era día de fiesta nacional, rumbo a Tinaquillo. Desayunaron en “Las Morochas”y como a las 8 de la mañana pasaban por el peaje de Taguanes, se detuvieron en el restauran “La Romana” , tomaron café y estiraron las piernas, luego siguieron rumbo a la finca, pasaron frente a la estación de servicio y entraron en la recta de “Taguanes”. Teresita y Tomás discutían porque cada uno quería escuchar su música preferida, Teresita el de “La Bomba” y Tomás la ultima cinta de Reinaldo Armas. De repente María Teresa grita: .- Qué es esto, Ernesto. Donde estamos?
La carretera de asfalto había desaparecido y la camioneta marchaba, dando tumbos, por una vía angosta y de tierra, con charcas de agua y con cultivos de caña de azúcar a ambos lados. Ernesto asombrado detuvo el vehículo, pero nadie se atrevió a bajarse. Los niños gritaban histéricamente, indicándole que siguiera la marcha y los sacara de ese campo desconocido donde habían ido a parar. Ernesto aceleró y la camioneta siguió por esa extraña senda. De pronto, como al principio, el carro volvió a la vía asfaltada, con pastos a los lados, a la altura del “Arco de Taguanes”, en honor al triunfo de los patriotas en 1.813. Ernesto dio más velocidad al vehículo y pronto entraban a la ciudad de Tinaquillo. Allí se detuvieron en la refresquería “La Avenida”. El susto los mantenía en silencio y tardaron un buen rato en bajarse. Tomás preguntaba:
.-¿ Ustedes vieron lo que yo vi.?
.- Claro, todos lo vimos, contestó María. Pero ¿sería cierto?
Todos fijaron la vista hacia la camioneta y notaron que los cauchos y los parafangos estaban llenos de barro fresco y ese día no había caído ni una gota de lluvia.
Esa noche en la finca todos comentaban tan singular experiencia y prometieron no contárselo a nadie para que no los llamaran embusteros. María Teresa, al quedar sola con Ernesto le decía:
.- Ni amarrada vuelvo yo a este pueblo encantado, por mi puedes vender la finca.
El Domingo en la tarde todos iban silenciosos rumbo a Caracas, pendientes y temerosos al pasar por el trayecto entre “El Arco de Taguanes” y el restauran “La Romana”. María Teresa pensaba y oía la voz de Ernesto:
.- No te burles María, algunas de esas historias pueden ser verdad.

12+1 EL VIOLÍN ENCANTADO
Era un hombre ya viejo, medio encorvado, con la ropa sucia y remendada, las alpargatas rotas y su mugroso sombrero bien metido en la cabeza, ocultándole los ojos. Caminaba lentamente hablando solo y solía reírse sin motivo aparente. Pasaba todos los días por mi casa en la mañanita y yo le veía pasar escondido detrás de la puerta. Le tenía un miedo terrible, desde que oí decir a Agapita, la cuenta-cuentos del barrio, que ese señor tenía pacto con el diablo.
Eugenio Rivado había sido, según los más viejos del pueblo, un señor muy acomodado, de buen vestir, con liquiliqui de dril inglés y con yuntas de oro en el cuello; buena “bestia de silla” y una parcela grande, en la entrada del pueblo, en la vía hacia Las Mesas de Carabobal, con vacas en sus corrales; gordos cochinos en los chiqueros y un hermoso patio de gallinas; frondosas matas de quinchonchos, yuca y frijol, en la parte trasera de sus terrenos y una hermosa casa de grandes corredores, con piso encementado y techo de zinc y dotada de grandes muebles de madera y cuero. Buenos negocios hicieron de Eugenio un hombre rico, y, según las malas lenguas, había tenido más de ocho concubinas que duraban muy poco en su casa. Algunos exagerados cuentan que después de cada fiesta que celebraba en su finca, más o menos, cada dos años, estrenaba una mujer. Eugenio, además de buen comerciante era músico, virtuoso del violín, pero la leyenda cuenta, que extrañamente, en las fiestas que no era bien recibido, o no lo invitaban a tocar, se le reventaban continuamente las cuerdas al violín, el cuatro o la guitarra y terminaban la reuniones con riñas y discusiones. Tenía un perro negro y grande al que llamaba Satán que lo acompañaba a todas partes y ahuyentaba a sus enemigos.
“El Novillo” era un joven campesino algo retrasado, pero avispado y alegre, que vivía con su tía Juana Brito, en mi vecindario. Cuando muchacho había trabajado cuidando los animales en la casa de Eugenio Rivado. “El Novillo” le encantaba jugar con los muchachos del barrio y se había hecho muy amigo mío. Cuando veía acercarse a Eugenio se ponía más tartamudo, con el temor, y corría a esconderse. Un día le preguntó por qué lo asustaba tanto el viejo Eugenio y me respondió:
-. E…Ese S…Señor e…es el d…diablo.- Seguí insistiendo y esta es la historia que me contó:
Yo trabajaba en la finca de Don Eugenio. Ese día la casa se veía más bonita, recién pintada con abestina azul clarito y el patio limpiecito. Esa noche había fiesta y vendría gente del pueblo y de las Mesas de Carabobal. Como a las ocho de la noche llegaron, Raúl, el cuatrista, Julián el maraquero y Federico Carrillo, que tocaba el violín. Eugenio sacó su violín del lujoso estuche y ensayó un rato con los otros músicos. Al rato comenzó el baile. A las diez ya los cuerpos sudorosos, estimulados por la “guarapita” y la “meladura” brincaban zapateando y escobillando al ritmo de la recia música campesina. Las mujeres tomaban el “Coloradito”, picante y dulzón. A esa hora llegó María Luisa, desde las Mesas de Carabobal, una linda trigueña de 16 años, alta, delgada, con la sonrisa a flor de labios y unos ojos alegres e inquietos. Venía acompañada por su abuelo Don Tiburcio, curandero con una fama bien ganada en todo el distrito.
Yo veía todo desde la ventana de la sala que daba hacia el patio, porque el amo no me dejó entrar a la fiesta. Eugenio recibió personalmente a María Luisa y su abuelo y le dedicó la próxima pieza musical, “La Reina”, que tocaría personalmente y con la cual solía enamorar a sus futuras concubinas. Eugenio no había bailado en toda la noche, aunque Federico Carrillo había tocado el violín al algunas ocasiones. Pero los ojos se le iban solos tras la figura de la esbelta María Luisa. Comenzó su famosa pieza y al rato las parejas hacían diversas figuras al llamado del violín. Los “parejos” aspiraban el perturbador olor que se escapaba por la parte de arriba del vestido de las parejas. De repente:
… .-Tú no me lo vas a creer Miguel, pero yo lo vi con mis propios ojos, Eugenio se paró abandonando la silla, donde recostó el violín y la varilla siguió, como un serrucho moviéndose de un lado a otro, dándole a las cuerdas, tocando ese famoso joropo “La Reina”. Allí lo dejó Eugenio, tocando solo, y le quitó la pareja a Joaquín, que bailaba con María Luisa. Todos seguían bailando sin darse cuenta de que el violín tocaba solo. Ni siquiera las personas que no bailaban se dieron cuenta. Todos estaban como encantados. Eugenio le hablaba a María Luisa en “la pata de la oreja” y ésta solo sonreía. Eugenio llevaba a María Luisa a su silla y regresaba a seguir tocando su violín. Así pasaron muchas piezas, repitiéndose las mismas circunstancias. Como a las cinco de la mañana se dio por terminado el baile, Eugenio despidió a sus invitados y le decía insistentemente a María Luisa, que se quedara a dormir en su casa, y ésta en silencio solo sonreía y se tocaba una pequeña reliquia que le había preparado su abuelo y que cargaba cocida en su cota floreada..-
-.Don Eugenio, le decía Tiburcio, esta noche le falló su socio, porque yo vine preparado para proteger a mi nieta. Para que se ponga en esa linda flor tiene que entrar en ese sitio que Usted no puede ni ver, la Iglesia, y casarse como Díos manda. Vaya a buscar a su socio para que le consiga otra concubina; y se marchó con su nieta que le esperaba en el patio.-
La siguiente noche, Eugenio, entró en el pequeño cuarto que no abría nunca delante de ninguna persona. Se oyó tirar algunos objetos y maldecir con horrendas palabras. Como a las doce salió con un sacó al hombro que llevó al fondo del solar, allí enterró su contenido y regresó a la casa donde empezó a tomar aguardiente “caña clara”  y a refunfuñar y maldecir. A las cinco de la mañana dormía profundamente “la pea”. Como a las doce del día despertó malhumorado y nos corrió a todos los que trabajábamos en su casa. Desde esa fecha comenzó Eugenio a desmejorar, no solo económicamente, sino también personalmente. Con el tiempo su casa se desmoronó, los animales se murieron o cogieron el monte, y la maleza se apoderó de los terrenos.
Eugenio se convirtió poco a poco en alcohólico llegando al estado de abandono, tal como lo describimos en la primera parte de este relato, vagando sin rumbo día y noche, hablando solo y riéndose sin motivo alguno, hasta que Dios se apiadó de su alma, amaneciendo muerto una mañana acompañado solo de su fiel guardián, el perro negro.




20 comentarios:

maria oliveros dijo...

Muy interesantes todas estas leyendas sobre mi tierra (Tinaquillo) fue muy agradable leerlas disfrute mucho al hacerlo, ya que no conocía acerca de ellas y mediante este medio pude conocer sobre estas, muy bueno este enlace. OLIVEROS MARÍA ESTUDIANTE DE BIOLOGÍA (TINAQUILLO).

gabriela morales dijo...

me agrada mucho haber conocido un poco sobre estas leyendas que suceden en mi pueblo.... deberiamos de tomar en cuenta estos blog mas amenudo y incentivar a las personas a que los visiten, de esta manera estariamos constribuyendo al rescate de nuestra cultura.
gabriela morales.
estudiante de educacion mencion biologia _(tinaquillo)

marlis benaventes dijo...

Me parece un excelente cuento ya que nos sirve de experiencia en la vida, ya que estos mismos algunas veces son reales...

Marlis Benavente
Tinaquillo

melio adames dijo...

Esta leyenda me parece exelente ya que en aquellos tiempo eran realidad y mas a las personas ambiciosas como a estos compadres esta leyenda nos sirve para nuestra vida


Melio Adames
Tinaquillo

argenis jose martinez figueredo dijo...

Esta leyenda muestra un poco de misterio, ya que si don Eugenio hizo un pacto con el Diablo y travès de su violìn, encantar a la pròxima victima o concubina. Pero por la proctecciòn que le dio su abuelo el curandero del pueblo Don Tiburcio, no lo logro su cometido con Marìa Luisa. Entonces por medio de esto sufre una decepciòn, rompre el pacto con el diablo, y alli pierde su pder, en este sus vienes y cae en el vicio, el abandono y la locura. y finalmenmte muere a lado de su unico y mas fiel amigo satàn...

ARGENIS MARTINEZ
ESTUDIANTE DE QUIMICA.

odalis diaz orta dijo...

Eeta leyenda nos da a conocer que don Eugenio.. Hizo un pacto con el diablo para encontrar la proxima concubina...Pero gracias a la protecion del abuelo el curandero Don Tiburcio no logro tener a Maria Luisa y atravez de eso el rompe su pacto lo entierra en un saco y pierde todos sus vienes y poder y entra en el vicio y la locura hasta que dios se apiado de el y muere acompanado de su fiel amigo el parro Negro.. Odalis Diaz Tinaco

odalis diaz orta dijo...

Excelente cuento de la llorana ya que para el mes de mayo cuentan que aparecen fantasmales por la noche..Cuentan que le salen a las personas que andan de mujeriego y vagos por las madrugadas ella sale acompanada del silvido del pajaro del mal aguero el chupa hueso..Cuentan que cuando se oye cerca es porque esta lejo y cuando se oye lejos es porque esta cerca estos espanto salen para el mes de mayo... Odalis Diaz Tinaco

odalis diaz orta dijo...

Maravilloso cuento de los pasos del mas alla.. Ya que doña nico venia cargada de sueños y de ilusiones para echar para adelante..Era muy servicial con sus vecinos empezo hacer dulces y pan de hornos para vender tejia unos chinchorros de primera.. Una noche fue asustada por unos pasos porque agarro la acostumbre de tejer de noche cosa que pasa en la vida real... Odalis Diaz Tinaco

odalis diaz orta dijo...

Muy interesante leyenda de la costurera ya que la señora Josefina le gustaba coser de noche era para estar averiguandole la vida a los demas y le decian cuidado te asustan ella se reia y decia que lo hacia de noche porque no tenia tiempo en el dia y tenia la costumbre de lo que escuchaba en la calle asomarse .. Una noche llego un señor pidiendole que le cosiera unos pantalones y ella le dice tiremelos por la ventana era una bolsa negra ella al abrirla contenia unos huesos.. De alli en adelante la Señora Josefina dejo de coser de noche y menos de estar pendiente de la vida de los demas..Odalis Diaz Tinaco

wildimar diaz reina dijo...

hola, me parece que son muy buenos los cuentos mitos y leyendas, ya que no tenia la menor idea que en nuestro Estado habian sucedido, y eso es importamte para nuestra cultura.
HOSMERY WILDIMAR DIAZ TINACO.

gabriela morales dijo...

Me agrada mucho haber conocido un poco sobre estas leyendas que suceden en mi pueblo.... deberíamos de tomar en cuenta estos blog más a menudo, GABRIELA MORALES estudiante de BIOLOGÍA. TINAQUILLO

Nataly Aldana dijo...

inretesante historia permite conocer algunas leyendas y que los males se manifiestan de muchas formas hay que tener cuidado con quien nos topemos.

Nataly Aldana(San Carlos-Cojedes)

Afri Sofia Luna Peraza dijo...

Me parecen interesantes estas leyendas me hizo conocer mas sobre los mitos del estado Cojedes en especifico de Tinaquillo,realmete importante estos blog.
Afri Luna
Piritu-Portuguesa

Maria Karelis Colmenarez dijo...

Esta historia del muerto del portachuelo me parecen bien interesante y hasta chistosa, y pensar que anteriormente si existía eso de enterrar el dineo.
Karelis Colmenarez.
Ospino-Portuguesa.

Maria Karelis Colmenarez dijo...

El Tigre Mojáno me parece bien interesante aunque un poco rara no muy creible para mi gusto.
Karelios Colmenarez.
Ospino-Portuguesa.

Maria Karelis Colmenarez dijo...

La historia de El Encanto de la Represa me pareció bien chevere ver como existen tantas historis que no conocemos.
Karelis Colmenarez.
Ospino-Portuguesa.

Dayannita dijo...

En mi pueblo y el resto de los pueblos, siempre hay misterios, mitos, leyendas que en vez de atemorizar lo hacen mas interesantes, y eso que nunca se llegan a conocer todos, cada día considero, que los lugareños encuentran y cuentan nuevos cuentos, pero los que aquí leí me parecieron fantásticos y me encanto haber conocido algunos que ignoraba! gracias por hacerlo de nuestro conocimiento.

Amparo Muñoz dijo...

Muy interesante. Casi todas las leyendas mantienen un hilo que se conecta con la realidad que me fascina. Gracias. Excelente trabajo. Un abrazo

María Inés Gebel dijo...

¡Hola Isaías! Estuve leyendo los cuentos y la verdad es que tienen el tipo de historias que a mi me atrapan. Te dejo un abrazo, amigo.

Mermin Valiente dijo...

Saludos! Gracias por vincularme a esta entrada! La verdad no conocía a Félix Monsalve; personaje que bien fomentó la literatura llanera de tradición oral con sus leyendas! Tiene de lo que a mi me gusta de los relatos: que atrapa al lector desde el comienzo y le da un gran final. Me llamó mucho la atención el cuento ¿Quién es el muerto? que por cierto se asemeja mucho en el cuento de Mercedes Franco "Velorios o cortejos fantasmales" lo cual es el primer caso de reminiscencia que encuentro.