martes, 2 de febrero de 2010

EL SALVAJE DE LA SIERRA

Su vida había pasado de la historia al joropo sabanero

Fueron muchos los inculpados de ser "El Salvaje de la Sierra" 
(archivo de Rhmp Agua Blanca)


Este breve cuento se inscribe dentro del imaginario fabulador de los amores de La Bella y La Bestia, considerado,  como tema destacado de la literatura oral presente en todas las culturas, según Antonio Rodríguez Almodóvar. Tan calificada acotación resalta la figura de uno de los espantos más clásicos del Llano cojedeño.


EL SALVAJE DE LA SIERRA
En la oscuridad del lejano sendero ubicado en el sector Las Tucuraguas, del caserío La Sierra, vivía un hombre mitad hombre y mitad bestia. Nadie sabe sobre su nacimiento ni su descendencia, muy pocos lo vieron y sólo uno vivió para contarlo.
Todos los habitantes de los alrededores, e incluso hasta en Manrique y San Carlos, vivían aterrados por este horrible monstruo y lo llamaban el Salvaje de La Sierra, se dice que fue criado por los animales, que no compartió sus pensamientos con ninguna persona, que no hablaba ningún lenguaje, apenas si dejaba escapar su boca tristes y penetrantes aullidos, que montaba en báquiro gigantesco de tres pezuñas en cada pata que hacía temblar la tierra en sus cabalgatas. Trepaba los árboles como un mono, comía la carne cruda igual a un tigre, tenía vista de águila y ojos rayados de lechuza, su piel estaba cubierta de pelos, estas eran las características físicas con las que todas las personas lo describían. Cuentan que las aves de los montes y las casas cambiaban su alegre colorido a un tono fantasmal al apenas sentir su presencia, quedándose en en el más absoluto y aterrador de los silencios. 
El Salvaje de La Sierra siempre estuvo alejado de la sociedad. La sola mención de su nombre bastaba para que los curiosos se alejaran de aquellos campos apartados. Hasta que con el tiempo los relatos contados, sobre él, pasaron a ser leyenda.
Una mañana, el caserío de La Sierra fue despertado por los gritos de alguien, comentó que había encontrado los restos de una muchacha pura y casta que, el Salvaje, se había llevado un año atrás y que luego de matarla, abandonó su cadáver en la pata de un gigantesco jabillo. Los padres estaban aterrados, ya que pensaron que, una vez muerta su presa, saldría a buscar a otra doncella. Un familiar entrado en llanto dijo que ese ritual lo practicaba el Salvaje todos los inviernos y que llevaba muchas jóvenes muertas.
El Salvaje tendría ya, para esa fecha casi doscientos años o quizá más, eso también, se rumoraba, pero nunca envejecía. Claro, él sacaba su juventud de la sangre de sus jóvenes víctimas campesinas, muchachas hermosas y tiernas en plena flor de la vida.
Un viejo llamado Erasmo, dijo que su única hija, Meche, fue raptada por el Salvaje, y que luego de haber escapado de su poder ahora se encontraba muda, sin apetito, mientras que iba trascurriendo su embarazo; ella tendría un hijo del Salvaje de La Sierra. Además, Erasmo, dejó saber, que si este monstruo elegía una víctima sería inútil que tratara de huir, porque el Salvaje siempre las encontraría con su legendaria habilidad para esconderse y entrar casi como si fuera un celaje.
Muchos llaneros envalentonados de esos montes, desde mucho tiempo atrás, intentaron seguirlo para rescatar a las jóvenes que se iban perdiendo en aquellos campos, su primera idea fue perseguir al báquiro gigante que decía era su cabalgadura. Dieron con varios de esos animales, algunos causaban asombro por su tamaño, pero ninguno marcaba las tres pezuñas al andar. Nunca encontraron su rastro y los que encontraban su rancho, cerca en el filo de una barranca, no vivieron para contarlo, el Salvaje los mataba, los cortaba en pedazos y les dejaba como alimento a las bestias, luego de tomarles su valiosa sangre, colmada de la fuerza que da la rabia y la ira.
Seguramente, eso fue lo que le pasó a un sobrino, José Gregorio, y a un ahijado de Erasmo, llamado Manuel, quienes ya habían pretendido a Meche. Sí, seguro fue eso, y no como pensaban otros, que el viejo Erasmo, sintiéndose humillado y sospechando que aquel embarazo tenía una explicación distinta, les dio muerte, uno a uno, para vengar su honra. Claro, segurito que fue el Salvaje quien asesinó a esos dos muchachos y no el afligido Erasmo.
Sólo un hombre logró llegar a la guarida del Salvaje y vivir para contarlo, don Pedro Jiménez, quien con suma gallardía decidió ponerle fin a esta pesadilla, pero no pudo hacer esta gran obra ya que era imposible matar al Salvaje, pues él desde lo lejos, como también, se transformaba en pájaro lo divisó, y cuando Pedro llegó para matarlo, apenas encontró un enorme dormidera que parecía un nido para un animal desproporcionado y muy fuera de este mundo. Don Pedro, después de ver esta escena se fue al caserío a contar de su hallazgo, sin que nadie quisiera acompañarle para culminar su cacería.
Un año ocurrió una cosa extraña, el Salvaje seleccionó como víctima a una joven hermosa, que estaba subiendo por el Brinco del Diablo, luego de haberse refrescado en el paso de Los Chupones, cansada por haber hecho la travesía ida y vuelta hasta Manrique, y comprar, para su padre, un sombrero como regalo de navidad. El Salvaje se la llevó, igual que siempre solía hacerlo, hasta su rancho del barranco, ella muy asustada y para evitar que, el Salvaje, la matara le entregó el sombrero que tenía oculto en una cobija. Lo curioso es que el Salvaje, quedó maravillado porque por primera vez alguien había tenido un gesto bueno hacia él, se colocó aquel sombrero de cogollo de blancura enceguecedora y después jamás se lo volvió a quitar.
El Salvaje se quedó viviendo con la joven y ya nunca volvieron a sucederse los extraños asesinatos. La trataba muy bien y ella también debió ser muy afectuosa con él, aprendieron a comunicarse y esta joven rompió la racha de muertos. La tranquilidad volvió al pueblo, pero un día, alejada de los cuidos necesarios, la joven, murió al estar pariendo. El Salvaje volvió a ser un ermitaño y después falleció de tristeza, arrugado y triste, como si en un instante hubiese cumplido los centenarios años que había eludido gracias a la sangre de sus cautivas y sus perseguidores.
Fueron innumerable las muertes achacadas a este ser terrorífico, pero todo cuento de horror tiene su final, y al parecer cuando el Salvaje cambia su comportamiento la suerte maldita que lo acompañó lo abandona y muere su amada y él también.
El Salvaje de La Sierra se convirtió en leyenda hasta nuestros días, su sombrero fue avistado en Las Galeras del Pao, nadie sabe cómo llegó hasta ese lugar. Sólo es una casualidad que, José Quintero, el hijo de Meche y el Salvaje, se halla mudado para esa zona, y que siempre cargara puesto un inconfundible sombrero blanco que refulgía hasta en las noches más oscuras del Llano.
Ricos y pobres, hombres y mujeres, creen que el sombrero de El Salvaje posee las “mañas” y habilidades de este personaje y que quien se lo coloque se trasformará, en cuerpo y alma, en lo que este fue, a medida que use el condenado sombrero.
También se dice que el lugar a donde llegue el sombrero, de por sí, ya está maldito. Ahora en las cercanías de El Pao, se encuentran muchos espantos que aterrorizan a los viajeros y los lugareños, y que unas extrañas criaturas, engendros de hombre y bestia, un día van a devorar a las gentes de ese bendito pueblo, pero esa es una historia que uno, no quiere imaginarse siquiera. 

Las co-autoras de esta obra son las mismas del cuento La Venganza del Ánima de Tucuragua, incluido en esta compilación, las sancarleñas: Carvelis Mariel Castillo Blanco (1988); Milagro María José Reina Herrera (1988); y Claudia Carolina Castro Parada (1989).



14 comentarios:

orlando andrades dijo...

waooo que buen cuento muy bueno me gusto el cuento .. 100 puntos-...

Carlos Jose Quintero Alvarado dijo...

Este cuento no me gusto por que el salvaje tenia que morir como el mataba a las persona ya que no era una persona bueno pero tambien la señorita que se metio a vivir con el lo hizo cambiar, de igual manera murio cundo la señorita se murio pariendo y el se murio de soledad y aflijido.

Carlos Jose Quintero Alvarado dijo...

este cuento no me gusto mucho aunque esta bueno por que el salvaje tenia que mnorir como el mataba a las señoritas y tenian que agarrarlo, aunque el atrapo a una señorita y la señorita demostradole un afecto distinto se quedo viviendo con el ya que por eso el cambio un tiempo la señorita murio dando a luz de un hijo de el, se quedo solo y se murio de deprecion y soledad.
Carlos Quintero

Norelis Morillo dijo...

Nunca antes lo había escuchado y es muy parecido a la bella y la bestia, es interesante porque mientras se lee uno se imagina esos hechos como si lo hubiese vivido.

Estudiante de Educación Mención Biología Norelis Morillo

oswaldo dijo...

El amor todo lo puede,fijense,un salvaje asesino,con solo conocer y ser tratado con amor,logró dejar de ser el salvaje ,para cuidar de lo que para muchos podría ser su presa.muy bueno.

Oswaldo Delgado,Química.

Conchita hernandez dijo...

como siempre, muy beuno

Mario Claro Trigo dijo...

El báquiro es un mamífero parecido al cerdo, o su significado es el de demonio.

Josnardo Ruiz dijo...

Una vez establecido lo característico de nuestro llano parece de simpatía la vital necesidad de revivir lo fantasioso que es este relato para los lectores según su análisis estableciendo jerarquía y estabilidad en el mundo de las letras.

kimberly Rivas dijo...

Se resaltan tantos pueblos del estado Cojedes lugares que le dan vida propia a ésta historia, como las tantas hiistorias y leyendas que se cuentan, que se escuchan y que se escriben en ésta región llanera cuna de muchos relatos que asustan hasta al más valiente y hacen volar un poco la imaginación , dandole realismo a los lectores para que se trasladen a esos lugares tan conovocidos por los cojedeños y que cada vez que visiten el Pao , Manrique y San Carlos llegue a su memoria el salvaje de la sierra.

Sandra Bar dijo...

Me ha encantado este cuento, lo leí con mucha curiosidad. Creo que es una buena lección de que nadie puede vivir sin amor. Y cuando la chica murió él también se fue de este mundo. Pero tal vez su vida se acabó por fin porque ya había encontrado su sentido: encontrar el amor convertiendose de esta forma en un humano.
Un cordial saludo.

lourdes pestalozzi dijo...

Precioso cuento casi real. Son muchos los casos conocidos de adolescentes (y no tan adolescentes) encontrados en sierras. Lo que se puede afirmar es aue todos tienen gran nobleza.
Un saludo como siempre!

Sonsoles Dominguez dijo...

Me ha encantado este cuento...aunque el final es triste o diferente, siempre esperas en los cuentos el típico final de ...y fueron felices, se casaron y comieron perdices.
Personalmente me gusta bastante más que La Bella y La Bestia.
Muchas lecciones y aprendizaje con este cuento también. Saludos!

milagros colmenarez dijo...

En realidad no me gusto este cuento casi real porque es muy triste y doloroso por todo lo que se describe de este salvaje que ni siquiera merece perdón de Dios por todas las maldades y sufrimiento que le pudo causar a estas señoritas por eso que no me gusto para nada este cuento y ademas es como de terror y de suspenso y en verdad no me llevó con ningunas de esas cosas.

Giancarlo Cozzo dijo...

Esta es nuestra tierra,,,Damaso Figueredo hizo relato musical espectacular del salvaje de la sierra,,,un poco menos feroz pero muy bonito,,,busquenlo...