martes, 6 de octubre de 2015

La Muerte del Guerrillero (canto y poesía)

Ni una cruz de los caminos del Llanos marca el lugar de su caída 
(archivo de Tomás Ramón Guevara Gutierrez)

En un banco de sabana 
allí lo dejó el cobarde, 
tras la bendición del cura, 
precedieron a enterrarle.

La figura del guerrillero es una de las más polémicas y románticas de nuestro imaginario. Forajidos para algunos, héroes para otros, los “irregulares que cambian su hogar por defender ideales” son una constante en la historia de muchos pueblos. De sus nutridas hazañas no todos salen ilesos, y para dar muestra de ello, presentamos un “corrío llanero”, propio del joropo,   inserto en la novela Por la Ceja de Monte del escritor de origen cojedeño Nelson Montiel Acosta, publicada por el Fondo Editorial Tropikos (Caracas, 1992):

El día lunes de Pascuita 
mataron a Antonio Achaguas, 
con su propia carabina 
lo asesinaron de espalda. 

Antonio José el destino 
le hizo una mala jugada, 
y en tierras de Corozal 
mataron al camarada. 

Era un hombre muy valiente, 
su destino la sabana 
y con la familia humilde 
el muy bien se comportaba. 

El Tigre de Matiyure,  
hijo apureño de Achaguas. 
Allá en Laguna Redonda 
fue donde lo asesinaron, 
a culatazo y palo 
le trituraron el cráneo, 
se lo llevaron arrastra 
hasta donde lo enterraron, 
tuvo diez meses perdío 
hasta cuando lo encontraron.  

¿Quiénes serían las personas 
del grupo que lo mataron?
Antonio José fue un hombre 
generoso y de a caballo, 
y para sus enemigos era 
muy grande y amargo.  

La muerte del camarita 
no la borrarán los años, 
siempre estará en la memoria 
del pueblo venezolano.  

Pagaron un dineral 
a quienes lo traicionaron, 
para quitarle la vida 
y así fue que lo lograron.

Cámara, tú no te has muerto, 
sigues viviendo en el Llano, 
donde tu abrigo fue el monte 
el invierno y el verano. 
El nombre de Antonio Achaguas 
se seguirá respetando.

Dicen que un terrateniente 
pagó pá que lo mataran, 
y un amigo traicionero 
se prestó para esa infamia.

A pesar de que el traidor 
era el hombre en quien confiaba, 
le brindó mucho licor 
para que se emborrachara, 
el horrendo asesinato 
en su mente maquinaba. 

Antonio Achaguas tenía 
alma revolucionaria 
por las buenas era bueno, 
contra los malos luchaba.

El obrero lo quería 
el poderoso lo odiaba, 
porque tenía un corazón 
amplio como la sabana.  

También las tenía bien puestas 
lo que a muchos le faltaba, 
el repartía a los pobres 
lo que al rico le quitaba.  

Dicen que un terrateniente 
pagó pá que lo mataran, 
como se pondrá el cobarde 
si Achaguas resucitara.