viernes, 29 de noviembre de 2013

Cuando el Diablo estuvo preso (cuento llanero)

Aunque la pase muy bien, el Diablo, siempre es el Diablo
(archivo de Hábleme de Puro Llano, compa)




EL DIABLO ESTUVO PRESO EN COJEDES (cuento de Juan Esqueda)


Era sábado, como a las 2 de la tarde, estábamos en Tinaquillo. En eso llegó mi compadre Ernesto y me dijo: compadre vamos al patio e' bolas para que juguemos unos tantos y nos echemos unas. Me preció buena la idea pues estaba el calor muy fuerte. En ese momento llegó un vehículo rústico del cual se bajó un señor de sombrero, él preguntó que dónde vivían los Morales, me dijo que era un pariente que venía de lejos. Entonces le dije: yo soy Joaquín Morales, me saludó con un efusivo abrazo y me dijo: primo que bueno encontrarlos. ¿Y usted de dónde viene? le pregunté, me dijo que venía de La Sierra. La Sierra, es un pueblo del estado Cojedes que limita con Yaracuy. Bueno invité al recién conocido primo a pasar, el hombre entró a la casa y al verse él y mi madre se abrazaron. Después de conversar un rato mi madre me encomendó a que le mostrara el pueblo, y yo como ya tenía pensado ir al patio de bolas no tardé en invitarlo. Así nos fuimos, al llegar allá los muchachos se quedaron viendo extrañados al visitante, se los presenté, pero siempre en los pueblos hay uno que otro burlón que al ver las fachas de mi primo comenzó a hacer chistes y burlarse de él con indirectas, transcurrían los minutos y las bromas de aquel hombre no cesaban, hasta que llegaron al límite, mi primo le saltó encima y le dijo: yo te voy a enseñar a respetar a un hombre, eso fue golpe y golpe. 
Yo traté de sepáralos pero era imposible, mi primo era una verdadera máquina de lanzar puñetazos. Los hombres que salieron en defensa del fanfarrón quisieron caerle de a montón pero se veían rodar por el suelo, ya mi compadre y yo no hallábamos qué hacer, mi primo tomaba todo lo que tenía a su alcance, piedras, sillas, palos, las bolas criollas, era increíble cómo hasta 19 hombres no podían contener la furia del pequeño que seguía lanzando puñetazos y patadas a todo el que se atravesaba. 
Llamaron a la policía y cuando intentaron aprehenderlo se repetía la misma historia: puñetazos y patadas, primero al policía raso, luego al distinguido después al cabo. Ya al acercarse al sargento éste desenfundó su pistola y dijo: quieto bellaco o disparo. Fue así que pudieron llevárselo. Mientras se lo llevaban forcejeaba con los policías a los demás los llevaron al hospital. 
El parte médico fue: cinco con fractura de mandíbula, tres con fractura de costillas, dos con fractura de fémur, cinco con fractura de tabique y cuatro con pérdida de dientes. Cuenta un policía que cuando el comandante preguntó al sargento ¿A quién traen ahí? le respondió el sargento: Aquí al que traemos es al Diablo!

Texto transcrito de: 100 Cachos: Antología de la Narrativa Fantástica Oral de Cojedes (compilación de Isaías Medina López). Editado por la UNELLEZ (2013) en San Carlos. 

2 comentarios:

Alfmega marin dijo...

Bueno!! no he podido menos que acordarme de la canción que ma cantaba mi padre sobre el diablo..!!
Creo que era: Y el diablo rompió un farol, y vinieron los padres franciscos y lo conjuraron en un callejón..jaja, Saludos maestro

betty chenlo dijo...

Bueno