miércoles, 4 de noviembre de 2015

50 años de la grabación Florentino y El Diablo (versión de José Romero Bello)

El temible "Cantador Sombrío"  encarnación misma del Diablo 
(archivo IACEB) 

En el 2015 arribamos a los primeros cincuenta años  de la célebre grabación discográfica  de la "Leyenda de Florentino y el Diablo", composición  realizada por José Romero Bello, sobre el poema popular llanero compilado por Alberto Arvelo Torrealba, y difundido en cuatro distintas versiones, la primera en teatro (no escenificada) y las tres publicadas de dicho contrapunteo: 1940, 1950 y 1957.

José Romero Bello, máximo compositor de leyendas de la música llanera 

Los créditos de esta grabación corresponden a José Romero Bello (Florentino), Juan de Los Santos Contreras, el “Carrao de Plamarito” (El Diablo) y el conjunto “Los Llaneros del Oeste", con Joseito Romero en el arpa. En 1979, este elenco versiona de nuevo esta pieza, añadiéndole varios diálogos que acrecientan su valor escénico y didáctico.     
El careo, que centra la leyenda, tiene como territorio las llanuras de Santa Inés, estado Barinas, pero su simbología abarca las sensibilidades  que nos apremian como pueblo: la permanencia y el bien contra la oscuridad y el mal, en una disputa que se libra al borde de la “Negra Orilla del Mundo”, como le calificara Humberto Febres.
Florentino, coplero errante y el mejor cantor del Llano, acepta contrapuntear con un cantor de sus mismas cualidades: un ángel caído que encarna al mismo Diablo. El Diablo, es un hábil maraquero,  indio, para más señas, por su parte Florentino, se presenta como peón de sabana diestro con el cuatro.
Para Duglas Moreno: “En este enfrentamiento Florentino sabe que encara lo enigmático, por eso reafirma que: “No quiero ocultar mi sombra / ni me espanto de la suya”. Mientras que el Diablo, estando al tanto de su condición sombría, responde en un pasaje de la leyenda que: “A mí no me espantan sombras / ni con luces me desvelo”.
Tanto Florentino, así como el Diablo, reconocen el misterio y la fuerza siniestra que existen su lucha. No obstante, el Diablo lleva a Florentino a un paraje, donde no hay destino. No existe el horizonte ni el recorrido y le dice:

¡Ay! catire Florentino,
cantor de pecho cabal
qué tenebroso el camino
que nunca desandará
sin alante, sin arriba,
sin orilla y sin atrás.

Este enfrentamiento no sólo es entre las sombras y la luz, sino entre el Llano y las tinieblas, entre el hombre y el maligno, entre la vida y la muerte, entre lo divino y lo maléfico, entre dos cantantes.  Uno que nació en el Llano y el otro, experto coplero de la sabana, pero que viene del más nunca y lleva su paso hacia el jamás, es decir, hacia la infinitud. Florentino sabiendo que su fortaleza está en la llanura, confiesa:

Porque mientras llano y cielo
me den de luz su caudal
mientras la voz se me escuche
por sobre la tempestá
yo soy quien marco mi rumbo
con el timón del cantar.

Termina esta porfía con un Florentino triunfante, pero el Diablo, no cae, sino que, en compases de silencio, en negro bongo, toma la enrancia”.  De esa manera Florentino derrota al  “Cantador Sombrío”,  conjugando cuatro destrezas: el talento de su voz, su   poesía, la salida del sol que disipa las sombras  y la ayuda de poderosas entidades celestiales, cuya larga letanía culmina así:

¡San Miguel! dame tu escudo
tu rejón y tu puñal,
Niño de Atocha bendito,
Santísima Trinidá.

  En cuanto a la grabación a que hacemos referencia, hecha por el sello Velvet, según Elba Romero López fue: “compuesta en Acarigua, Portuguesa, el 11 de abril de 1965”. La fecha es por demás significativa, pues el 11 de abril de 1749, las autoridades coloniales del imperio español, prohíben el joropo en todo el territorio de la, entonces, Capitanía General de Venezuela, so pena de excomunión, cárcel y multas. Esta coincidencia viene a significar uno, sino el principal,  de los desquites históricos del acervo musical llanero contra sus opresores. 
Caben indicar que este registro discográfico, la literatura fantasmal llanera alcanza la aceptación de las casas discográficas, las emisoras de radio, la prensa escrita, el cine y la televisión e incluso el mundo educativo folclórico venezolano, mediante distintos espacios en los que Florentino y el Diablo, junto a las demás leyendas que se le sumarán años se tornan referencia y excusa para debatir y conocer lo nuestro.
Otro hecho muy llamativo, es la zona geográfica de esta composición de Romero Bello; el estado Portuguesa, de donde surgirá, casi de seguido, la afamada pieza “El Silbón, Leyenda Llanera” de Dámaso Delgado, la cual, igualmente, tuvo una versión teatral (en 1966), y cuya difusión discográfica comienza entre 1967 y 1968.
Calificados especialistas de la poesía musical criolla, indican que la grabación de  Florentino  y El Diablo, creó un auge inusitado en la cultura llanera, posibilitando, entre otros aportes, que composiciones similares rebasarán el formato comercial del 45rpm, en acetato, de unos 3 minutos como  máximo y se pudiesen desarrollar obras con mayor libertad artística y duración.
También se agrega que, gracias a la popularidad inmediata del reto entre Florentino y el demonio, distintas casas disqueras incluirán en sus listas de artistas a muchos compositores, conjuntos e intérpretes adscritos al patrimonio cultural llanero "no divulgado".
Como ejemplos de la afirmación anterior podemos señalar a  Discos Cachilapo,  en la promoción de tres  importantes leyendas llaneras, a saber,  en 1976,  la “Leyenda de Juan Machete”, luego, en 1978: “La Sayona”, máximo espectro femenino de Venezuela, y la Leyenda de Federico y Mandinga, todas ellas pertenecientes a José Jiménez, el “Pollo de Orichuna”. El sello disquero Venedisco, distribuye dos reconocidas leyendas en 1978: “La Leyenda de Uverito”, compuesta por Víctor Vera Morales y,  "La Leyenda de Kirpa",  de José Vicente Rojas. Posteriormente, la casa disquera Divensa, aportará la “Leyenda del Cazador Novato y El Diablo”, compuesta por Rafael Martínez Arteaga (El Cazador Novato) y *El Ánima de Santa Elena”: leyenda de Héctor Paúl Vanegas. 
Pero, de estos logros reseñados y algunos omitidos, quien más destaca es el propio José Romero Bello, con sus composiciones “Leyenda de Paulino El Turpial y Custodio Quendo”, grabada con el sello Velvet en 1978. Con la casa Discomoda quedan las dos partes de la leyenda  “La Historia de la Rubiera”, infernal hato del estado Guárico. En 1981, nos entregará “Cantaclaro”, basada en la famosa novela de Rómulo Gallegos, grabada por el sello Sonográfica.   


Isaías Medina López

1 comentario:

Andrés E. Mendoza R. dijo...

Excelente reseña sobre esa histórica y bella versión de la Leyenda de Florentino y el Diablo. Lo felicito hermano. Con mucha estima le hago algunos comentarios. Creo que en verdad no se debe decir que esa obra la hace o escribe José Romero Bello, él más bien hace el arreglo. Pero sin quitarle méritos a Alberto Arvelo Torrealba, creo que también debería reconocerse como autor de esa leyenda al propio pueblo llanero, Alberto Arvelo más bien lo recopila y desde luego que lo adorna. Y el arreglo musical que hace el maestro para la parte musical, el cual magistralmente ejecuta si hijo Joseito, es realmente espectacular. Muchas otras versiones se han hecho y se seguirán haciendo, pero difícilmente se volverán a reunir para otra versión los gigantes que hicieron esta grabación. Por cierto, me permito dar mi opinión muy personal. A mi en lo particular inclusive me gusta más la Leyenda de Paulino el Turupial y Custodio Quendo sobre todo en lo poético. Creo que al Maestro José Romero Bello no se le ha dado el reconocimiento que merece como poeta llanero. Saludos y de nuevo gracias por esta reseña.