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viernes, 21 de agosto de 2020

Nuevas glosas de Carmen Pérez Montero

 

Así se murió mi pena

ahogada entre tu sonrisa

y hasta el furor de la brisa

supo a pan de noche buena



ROMANCE DE LUNA NUEVA

Nuestros caminos se unieron

sin presión y sin empeño

y en la plenitud de amar

se conjugó nuestro ensueño.                                       

C. Pérez Montero.


Cabalgando sobre el día

la distancia fue cediendo

y la tarde fue creciendo

sembrada en su sinfonía

y en el canto de armonía

que los riachuelos  tejieron

los arcoíris bebieron

y sin poderlo creer

tras un dulce acontecer

NUESTROS CAMINOS SE UNIERON.


Y llegó el peregrinaje

lentamente al punto azul 

donde el amor como el tul

cubrió los viejos vendajes

y remozó los bagajes

que ingrávidos como sueños

de aquel crisol tan pequeño

extrajeron el calor

al unirse en un rumor

SIN PRESIÓN Y SIN EMPEÑO.


Así se murió mi pena

ahogada entre tu sonrisa

y hasta el furor de la brisa

supo a pan de noche buena,

llegó una calma serena

trasnochando en el soñar

fuimos esencia de dar

poniendo al beso sentido

en el ven que no te has ido

Y EN LA PLENITUD DE AMAR.


Hoy una nueva alborada

ha suturado mi herida

y al comenzar nueva vida

con optimismo lograda

vierto un canto de cascada

porque en mi mundo pequeño

gravitó un hermoso sueño

lleno de fervor humano

y con calor de verano

SE CONJUGÓ NUESTRO ENSUEÑO.

 

 

 

GLOSA DEL AMOR FINGIDO

Alimentaste mi amor

con ilusiones fingidas

y hoy remozas mis heridas

y despiertas mi dolor.         

 C. Pérez Montero.


Nunca podré descifrar

la prisa de tu cariño 

que agitado como un niño

cuando empieza a caminar

quiso darme, sin dudar,

todo el mundo en una flor

que me devolvió el candor

y tal vez sin intención

con esta declaración

ALIMENTASTE MI AMOR.


Pero no fuiste sincero

y tu amor fue vil engaño

fue la entrega que hace daño

cuando está ausente el te quiero,

fue como un viento ligero

con las distancias teñidas

por las angustias vividas

al saber con precisión

que avivabas mi pasión

CON ILUSIONES FINGIDAS.


Presentí tu adiós desnudo

esa noche de verano

cuando me diste tu mano

 en ademán  tierno y mudo

como si fuera un saludo

me diste mil despedidas

y de las horas perdidas

no quisiste conversar

no me querías lastimar

Y HOY REMOZAS MIS HERIDAS.


Así  te fuiste ese día

muriéndote en mi recuerdo

que no sabe lo que pierdo

o si es una garantía

que te apartes, prenda mía, 

aunque llore por tu amor

sintiendo que el desamor

se me ha clavado en el alma

porque me robas la calma

Y DESPIERTAS MI DOLOR.

 



DÉCIMAS EN SOLEDAD

La soledad es como un río

que conduce a mil pesares

y en este corazón mío

se ha desgranado en cantares

                         C. Pérez Montero


Hoy recuerdo mis amores

y un brillo irradia en mis ojos

que refleja los antojos

de esta vida hecha primores

llena de música y flores,

pero que hoy llega al hastío

 y siento un pesar sombrío

al confesar con dolor

que en mi vida sin amor

LA SOLEDAD ES COMO UN RÍO.


La soledad es como un río

que va calando en mis venas

para despertar las penas

que guarda el corazón mío

y en mi absurdo desvarío

deambulo por esos lares

donde poesía y cantares

se mezclan en lontananza

y renuevan la añoranza

QUE CONDUCE A MIL PESARES.


Que conduce a mil pesares

por caminos del te quiero

y así soledad y estero

infinitos como mares

recogen de los palmares

la cadencia del rocío

para perderse en el río

dejando triste lamento

en mi alma que es tormento

Y EN ESTE CORAZÓN MÍO.


Y en este corazón mío

que irradia desesperanza

la soledad es una lanza

que hiere con desafío

y maltrata lo que ansío

con penas y avatares

para darme más pesares

sin comprender que el dolor

en mi pecho sin amor

SE HA DESGRANADO EN CANTARES.

 



CANTO A LA TIERRA

Cómo llegan los caminos

desde la emoción lejana

al amor que tiene mieles

en las colmenas del alma.

No sé que tiene esta tierra

con su sabor de guitarra

que siempre se siente dulce

y algunas veces amarga

                               Eduardo Alí Rangel


CÓMO LLEGAN LOS CAMINOS

de lo profundo del alma

para divisar con calma

esos paisajes divinos

animados por los trinos

que la corocora encierra

y que con nostalgia entierra

el misterio aquí en mi ser

y aunque quisiera saber

NO SÉ QUE TIENE ESTA TIERRA.


DESDE LA EMOCIÓN LEJANA

esta tierra toda entera

es una fiesta llanera

con amplitud de sabana

donde la luna es hermana

del cocuyo y la cigarra

y cuando el joropo narra

historias de odio y amor

brota el golpe del tambor

CON SU SABOR DE GUITARRA


AL AMOR QUE TIENE MIELES

esta tierra da dulzura,

pero también la locura

de las fantasías infieles

que hacen desear otras pieles

si no hay mano que las pulse

con el sabor agridulce

del que ama con devoción

y contagia al corazón 

QUE SIEMPRE SE SIENTE DULCE.


EN LAS COLMENAS DEL ALMA

Esta tierra noble  y buena

con la querencia serena

del jagüey  y de la palma

brinda amor y brinda calma

y cuando la pena embarga

por una ausencia muy larga

tiene una dulzura extraña

sabrosa como la caña

Y ALGUNAS VECES AMARGA.

 


DEFINICIÓN

Me gusta comer con hambre

y beber agua con sed

conversar con quien me entienda

y pedirle a quién me dé.                                            

                                      Anónimo.


Yo me voy a definir

sin mucha complicación 

sólo con mi inspiración

me dedico a describir

del tiempo su devenir

y con recuerdos de estambre

voy tejiendo aquel enjambre

de sueños que hacen pensar

que sin poderlo evitar

ME GUSTA COMER CON HAMBRE.


Porque es un placer inmenso

satisfacer lo que ansío

hacer de ese sueño mío

la verdad del Universo

y plasmar en cada verso

lo complejo de una red,

el blanco de la pared

que nos impide acercarnos

para tomarte las manos

Y BEBER AGUA CON SED.


Si bebo de tu pasión

embriagada quedaré

y como amante estaré

aferrada a la ilusión

de pedir con devoción

de tu cariño una prenda

que me lleve hasta tu senda

donde logre con enfado


alcanzar siempre a tu lado                                                   

CONVERSAR CON QUIÉN ME ENTIENDA.



Así quiero yo vivir

disfrutando de este amor

que es la llama y el candor

que siempre nos ha de unir

y será en el porvenir

la promesa que callé;

pero que siempre hallaré

cuando pretenda, sin tino, 

burlar la ley del destino

Y PEDIRLE A QUIÉN ME DÉ.



*Algunas publicaciones de Carmen Pérez Montero:

Leyendas llaneras: El Silbón (vivencias y testimonios)

http://letrasllaneras.blogspot.com/2014/05/el-silbon-vivencias-y-testimonios.html

 

 Leyendas llaneras (vivencias y testimonios) 2. El Familiar 

http://letrasllaneras.blogspot.com/2020/04/leyendas-llaneras-vivencias-y.html

 

Leyendas llaneras (Vivencias y testimonios) 3. Los duendes   

http://letrasllaneras.blogspot.com/2020/04/leyendas-llaneras-vivencias-y_21.html

 

Leyendas llaneras (Vivencias y testimonios) 4. JUAN DE EL MORRO 

http://letrasllaneras.blogspot.com/2020/04/leyendas-llaneras-vivencias-y_22.html

 

Leyendas llaneras (Vivencias y testimonios) 5. El Carretón y El Hachador 

http://letrasllaneras.blogspot.com/2020/04/leyendas-llaneras-vivencias-y_23.html

 

Leyendas llaneras (testimonios) 6. El Venado de Piedra. La Culeca

http://letrasllaneras.blogspot.com/2020/04/leyendas-llaneras-testimonios-6-el.html

 

Leyendas llaneras (Vivencias y testimonios) 7. El Amo del Agua

http://letrasllaneras.blogspot.com/2020/04/leyendas-llaneras-vivencias-y_25.html

 

EL ÁNIMA DE ÑO SILVESTRE - EL ESPÍRITU DE JOSÉ EUGENIO BÁEZ

Leyendas llaneras (Vivencias y testimonios) 8. Ánimas y espíritus

http://letrasllaneras.blogspot.com/2020/04/leyendas-llaneras-vivencias-y_26.html

 

EL ESPANTO DE EL BAJÍO -  LA VACA ESOCADA -

Leyendas llaneras (Vivencias y testimonios) 9. Espantos y bestias

http://letrasllaneras.blogspot.com/2020/04/leyendas-llaneras-vivencias-y_27.html

 

Leyendas llaneras (Vivencias y testimonios) 10. El Salvaje

http://letrasllaneras.blogspot.com/2020/04/leyendas-llaneras-vivencias-y_28.html



Muchas gracias por su visita 

Isaías Medina López (Coordinador)


jueves, 6 de agosto de 2020

La Bola de Fuego y otros cuentos llaneros de Héctor Nuno González

Joven llanera en el archivo de Ofelia Rodríguez Pérez





LA BOLA DE FUEGO

Cerca de las 13 mil hectáreas de los ingleses, Tito y Antonio sembraban a medias en 13, para ustedes los humanos que todo cuantifican, representaba 0,1 por ciento la parcela de Don Antonio con respecto a los musiús. Siempre voluntariosos e incansables, trabajaban pensando poco en las diferencias de sus ranchos de barro con las mansiones gigantes de los latifundistas.

Una tarde-noche, como muchas, se fueron a cazar, Tito pasó el día mimando su escopeta y empacando las provisiones de siempre. Se fueron directo a un lugar llamado Las Babas, muy cerca de los linderos de Gabinero, otro hato gigantesco reproductor de desigualdad. Por toda esa zona abundaban las lapas y los venados, carne para salar no faltaría a ese otro día en los ranchos de María Ramona y María Esperanza, sus esposas.

En el camino los abrigó una noche típica de mayo, muy oscura y sin luna, ideal para cazadores que no quieren ser vistos. Tras un par de horas caminando aguardaron al pie de una ceiba, de espaldas al estero de sabana donde se reunían los venados, muy cerca de una laguna llena de babas hambrientas.

Sin perder la paciencia, Tito y Antonio hablaron alegremente mientras mascaban chimó, entre cada escupida miraban buscando la posible víctima. Tito habló de la última pelea de los pesos completos, contó a Don Antonio lo rápido y fino que andaba Foreman, un novato que a pesar de la derrota fue un rival digno.  “Será el próximo campeón”, dijo con su sapiencia de analista.

La media noche llegó y ningún venado se acercó. De pronto, mientras comentaban lo bueno que sería su próxima cosecha de yuca, divisaron a lo lejos una luz tenue que flotaba lentamente sobre la laguna. De un rojo pálido, fue cambiando a uno cada vez más fogoso mientras crecía y se movía en dirección a la ceiba que cubría la espalda de los dos cazadores. “Ave María purísima, esa es la bola de fuego compadre”, exclamó Tito con el aliento helado.

Recostaron su espalda en la ceiba, cerraron los ojos con una fuerza inusual y empezaron a proferir oraciones que ya no recordaban, pero que creyeron de utilidad ante el espanto acechante. La bola les pasó a veinte metros y empezó a girar en círculos a su alrededor, entre giro y giro se hacía más grande y brillante, más caliente y fulgurante. Al cabo de dos giros, ambos divisaron un rostro severo dibujado en la parte frontal de aquella masa de candela, fue entonces cuando en sus oídos retumbó una risa diabólica y espeluznante, capaz de enloquecer al más fehaciente de los siervos de Dios.

Aturdidos y sin saber qué hacer, optaron por proferir insultos al espanto de la sabana, así fue en un tiempo corto y desesperante hasta que siguió de largo aumentando los decibeles de su risa. Segundos después desapareció a la distancia.

Tito y Antonio estaban lelos, podían oír cada uno los latidos de su corazón, así que optaron por cargar sus bastimentos y partir de regreso a casa. No cruzaron palabra alguna en el camino y cumplieron religiosamente cada oración e insulto que ahuyentara a los espíritus perdidos del monte, único acuerdo que el miedo les dejó pactar. Prometieron no salir más nunca a cazar sin algún escapulario o frasco de agua bendita, no querían volver a toparse con la bola de fuego.

Llegaron a casa entrada la madrugada y con las manos vacías, María Esperanza recriminó el hecho pero contaron de inmediato. María Esperanza le dijo a Antonio con su voz de pito: “Eso es porque ustedes no acompañan a sus mujeres en el rosario, ahora quién sabe cuándo nos comeremos un salaito”.

 

 LOS COMISARIOS

Faustino Morales era el comisario mayor de Las Vegas en los años 40, la primera autoridad civil y el encargado de encausar a todo aquel que se atreviera a distorsionar la paz y el orden.

Tito era un comisario menor, encargado de velar por el orden en todo el sector que llamaban El Espinal hasta la zona que los “musiús” nombraron San Marcos.

Aureliano Valor, llanero fuerte y recio, se encargaba desde Camoruquito hasta Flor Amarillo. Todos podían ejercer el cargo sin que este les impidiera realizar otras actividades cotidianas o labores como las que Tito realizaba en El Charcote, las de liniero.

En un julio lluvioso, Tito debió poner en cintura a dos niños que se robaron la cosecha de maíz amarillo del conuco de María de la Cruz Mena, eran los hijos de la partera Doña Eloisa González.

Eloisa lavaba la ropa en el caño Buen Pan, cuando vio pasar a sus muchachos con un saco lleno de mazorcas tiernas, ideales para sancochar. Los viejos de antes eran gente muy honrada, preferían morirse de hambre antes de hacer cualquier cosa que atentara contra la moral y las buenas costumbres; ninguno de su estirpe había sembrado maíz aquel año de invierno tórrido, por lo que de inmediato los interpeló con una voz melódicamente severa: -van a ustedes a decirme, ya mismito carajitos del carrizo, de dónde sacaron ustedes ese maíz-.

Ambos se miraron los ojos y descubrieron el terror que les detuvo el aliento, no terminó el hermano mayor de pronunciar la primera silaba de una palabra desconocida cuando Eloisa asentó una cachetada certera en su rostro, rauda elevó armónicamente su otra mano y repitió la dosis en el menor.

-Ahora mismo vamos a devolver esta cosecha, porque o son honrados por las buenas, o son honrados por las malas-. Las inflexiones militares en la voz de Eloisa no dejaban opciones a los dos hermanos, quienes con lágrimas en los ojos condujeron a su madre hasta el conuco de María de la Cruz, el saco era más pesado ahora.

Sonrojada de vergüenza, Eloisa prometió a María de la Cruz darle a sus hijos una cueriza para que aprendieran la lección, también mandó a llamar al comisario de El Espinal para aumentar la reprimenda.

Tito atendió al pie de la letra la solicitud de Eloisa, -sea severo en el castigo a ver si van a volver a robar-, le dijo aún ruborizada.

Los dos hermanos, tuvieron que atender y mantener limpio y sin malezas el conuco de María de la Cruz por seis meses. Cuidaron y limpiaron el maíz, desmalezaron a diario la yuca y después arrancaron las raíces que ya estaban listas para el consumo, removieron las vainas regordetas de las matas de quinchoncho, las secaron, desgranaron y entregaron en paila a María de la Cruz. Una vez concluidos los seis meses de dura faena, Tito fue hasta el conuco y les informó del fin del castigo, colocó sus manos sobre sus hombros y les pidió con los ojos enternecidos: - sean buenos hombres-.

 

CIRILA LA BUENA

En un gesto ingrato, Dios la olvidó en sus últimos días, de ella que vivió a su servicio. El sufrimiento final de su cuerpo mortal parecía liberado de toda superficialidad terrenal, cada segundo de delirio era inconsciente, sin dolor en el espíritu, sin nadie para añorar porque el olvido se encargó de aniquilar a todos.

La tía Cirila era la mujer más buena y desprendida que jamás conocí, la única que vi pensar de una forma y actuar de la misma en un mundo lleno de incongruentes.

Tenía las caderas fuertes, como buena negra, los ojos negros, grandes y profundos, gestos afables y alma pura cual delfín; de su piel se desprendía el aroma digno de los humildes, mezcla del humo del fogón y el dulce de sus conservas de coco.

En los bolsillos de sus batas de adulta mayor, no faltaba un rosario, una estampita de la virgen María y un catecismo pequeño. En su corazón no faltaba la voluntad de evangelizar de acuerdo a los principios de la fe católica.

Decía que necesitaba poco para vivir, los bloques requeridos en su casa pequeña y oscura, prefería verlos edificados en alguna casa de Dios, siempre más grande, espaciosa y cómoda que la de sus siervos pueblerinos. A Cirila no le preocupaban esas cosas, era una idealista convencida e intachable. “Dios me lo bendiga y la virgen me lo cuide”, exclamaba con tono firme cuando, desde el alma, le echaba la bendición a sus numerosos sobrinos o alumnos del catecismo. Todos la amaban y deseaban tenerla de abuela para recibir su amor de aura celestial.

Contar su vida al detalle es harto difícil, por alguna razón nadie refiere nada, quizás el respeto a su aureola de santa impedía a los demás mencionar anécdotas reveladoras, ella tampoco habló de su vida personal, sólo usaba su retórica de misa para presumir de sus servicios a Dios.

La segunda de las hijas de Cruz y Felipe, la que llamo la atención de Tito por sus caderas esculpidas por un artista ducho, se enamoró de Antonio Tovar cuando aún no distinguía entre el amor y la obsesión, entre el aliento y el desaliento.

Se casó con él, agregó el “De Tovar” por delante del Mena en su cédula de identidad y firmó el pergamino de sus amarguras y maltratos.

Se fueron a vivir a una finca muy cercana a San Carlos, a ser medio peones y medio esclavos como eran todos por entonces.

Antonio Tovar era mitad negro y mitad indio, de carácter recio y alma oscura, no conocía la ternura y actuaba como borrego serenatero cuando de enamorar una hembra se trataba. Así sedujo a Cirila una tibia mañana de abril a orillas del Buen Pan, mientras lavaba las camisas que Don Felipe usaba en los bailes. “Si comparo su belleza con esta extensa llanura, seguro que me regala la miel de su ternura”, le cantó con voz de coplero alegre.

Cirila lo miró ocultándole cualquier expresión que delatara la explosión de sus sentidos, pero la forma de bajar los ojos y el movimiento de sus hombros le dieron a Antonio razones suficientes para avanzar.

A los pocos días, luego de febriles amores clandestinos, Antonio Tovar pidió su mano a Don Felipe, vestido de limpio para tapar su espíritu egoísta y posesivo. A Cruz no le agradaba el mulato, su instinto le susurraba el mal genio del nuero, un día le oyó decir: “Es que así hablamos los llaneros, duro pa que los demás se asusten”. Le pareció una aberración, pero dejó el asunto a Dios, decía que él siempre se encargaba de las cosas complejas y en la que los hombres no podían hacer mayor cosa.

Fueron años duros para Cirila, se levantaba temprano a pilar el maíz, freír el perico, colar el café y montar las arepas, luego pilaba el arroz, escogía los quinchochos y si había, sazonaba la carne para el almuerzo; para la cena, con el sol ya zambullido, repetía la tarea de la madrugada.

La golpeaban casi a diario, Antonio era paranoico y machista. Un día le moreteó el ojo izquierdo por culpa de su bondad, cuando le sirvió otro poco de café a un obrero que lo pidió amablemente. Antonio, como buen machista, confundió cortesía con coquetería, dejó pasar unas horas pero, antes de irse a dormir, le propinó un golpe en el ojo que dolió mucho más en su alma buena.

Fue el colmo, en medio del llanto silencioso prometió librarse de aquel tirano pendenciero a toda costa. Calculó sus posibilidades y se puso manos a la obra. Un domingo, después de su oración mañanera, le pidió perdón a Dios y al dueño de la finca por lo que iba a hacer. Aprovechó la rasca formidable que dormía Antonio en su chinchorro y partió junto a una pareja de obreros maracayeros que se devolvían a su tierra y le prometieron alojo mientras se establecía.

También eran seguidores vehementes de la iglesia católica, apostólica y romana, por lo que ofrecieron ayudarla a encontrar cualquier trabajo en alguna parroquia donde algún cura necesitara una mujer de servicio. Cirila se marchó decidida y sin dudas, jamás volvería a ver al hombre que aportó solo amarguras y un apellido en la cédula.

Su vida en Maracay también es un misterio, querido trovador, sin detalle mayor lo único que trascendió fue que ayudó a criar varios muchachos, entre ellos aquel pelotero que llamaban “El Come Dulce”. Decidió adoptar o ayudar a criar varios niños porque ella no podía tener hijos, al menos eso cuentan, algo tenía en su vientre que evitaba el cuaje. Dicen que logró tener una niña de un amante desconocido, pero murió por ser un ángel que el señor reclamó, al menos en esa idea llena de fe encontraba consuelo.

Su capacidad de amar aumentaba a diario, lo mismo que su pasión y servicio a la fe, en Maracay se convirtió en una catequista excelsa, gracias al aporte de un cura noble y coqueto, que la acogió en su parroquia afirmando que se trataba de un ángel de los llanos, enviado por la divina providencia a la ciudad para formarse en la prédica de la buena nueva.

En 1984 regresó a Las Vegas, antes de salir le prometió al cura ayudar a construir una iglesia y fundar una parroquia en su caserío. Cumplió su promesa.

Compró un terreno cercano a su hermana María, su dilecta, la cantidad de sobrinos creció exponencialmente, otros venían en camino y eso la ponía feliz. Con la ayuda de dos albañiles ebrios levantó una casita de bloques errantes y paredes encorvadas, una cajita de fósforos en la entrada de un solar gigantesco que sembró de palmeras, mangos, semerucos, aguacates, albahaca y otras hierbas.

Vivía sola y feliz, su amor maternal lo entregó sin medidas a todos sus sobrinos y, muy especialmente, a la iglesia. Inició una serie de acciones orientadas a fundar una parroquia y construir una iglesia, pero antes debía meter a Dios en los corazones de sus vecinos en El Espinal.

Como si fueran tareas dirigidas, dictó en casa clases de catecismo a niños y adultos. Cada 01 de mayo, le rezaba a una cruz forrada con palmas al fondo de su calle, que por eso empezó a llamarse “calle La Cruz de El Espinal”; y conformó un equipo de doñas convencidas de su fe para promover la construcción de una capilla en El Espinal, para tener una casa de Dios más cercana y propia que la de Las Vegas.

El 03 de abril de 1993, fue inaugurada la Capilla Nuestra Señora del Valle y Cirila fue más feliz que nunca. El padre Paco dio la homilía de apertura y bendijo con agua a la cruz de madera que él mismo pondría en la parte superior del altar principal.

El padre Paco era un español de ojos color ámbar, cara de príncipe británico y piel de porcelana, su carisma y picardía aumentó considerablemente el número de feligreses en Las Vegas, especialmente la de jóvenes con caderas nerviosas y refinadas señoras de cinturas turbadas.

Durante su estancia en el pueblo, surgió todo tipo de historias promiscuas. Tal punto alcanzó su fama de don Juan, que las doñas rezanderas regaron en la gente el cuento de que La Sayona estaba saliendo. 


Textos tomados del libro "Estamos hechos de recuerdos" (San Carlos, 2020), publicado por El perro y la rana, Imprenta Regional Cojedes. 


Lea otros cuentos de Héctor Nuno González en:

Leyendas y cuentos cortos venezolanos (23) Varios autores

http://letrasllaneras.blogspot.com/2016/06/leyendas-y-cuentos-cortos-venezolanos_16.html

Leyendas y cuentos cortos venezolanos (25) Varios autores

http://letrasllaneras.blogspot.com/2016/06/leyendas-y-cuentos-cortos-venezolanos_15.html

 Leyendas y cuentos cortos venezolanos (26) Varios autores

http://letrasllaneras.blogspot.com/2016/06/leyendas-y-cuentos-cortos-venezolanos_27.html

 Leyendas y cuentos cortos venezolanos (27) Varios autores

http://letrasllaneras.blogspot.com/2016/06/leyendas-y-cuentos-cortos-venezolanos_62.html