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miércoles, 29 de abril de 2020

TINAQUILLO Y SUS ORÍGENES (Juan Ignacio Herrera Requena)




De nobles esfuerzos permanentes surge el amor por la comunidad, por los pueblos, por el lar nativo. Imagen en el archivo de Onel Dominguez

Tinaquillo es uno de los pocos poblados antiguos de Cojedes que no tiene una partida fiel de nacimiento. Unos historiadores señalan que su nombre es un diminutivo de Tinaco, antigua y vecina población colonial, porque se emplea el sufijo “-illo”, que como “-ito”, son usados como diminutivos; otros, como el Dr. José Ramón López Gómez, señala: “Tinaquillo es un vocablo derivado de la voz caribe “Tunapurier” (aguas fétidas), voz que está en relación con “Tunayemar” (fuente), “Tunantal o Tunantar” (boca de río). El radical caribe “Tuna” es equivalente a agua. Por lo que resulta fácil comprender que por derivación “Tinapú” “Tinapui” son palabras íntimamente ligadas al nombre Tinaco, Tinaquito y Tinaquillo; fonemas que los conquistadores españoles continuaron usando.” (1)
La mayoría de  las poblaciones del estado Cojedes han sido fundadas por sacerdotes misioneros capuchinos, entre ellas El  Pao (1661), San Carlos de Austria (1678), la Misión del Tinaco (1679), San Diego de Cojedes (1700), la Divina Pastora del Jobal (Lagunitas, 1751). Tinaquillo es una excepción entre estos casos, porque ha sido una población con voluntad propia, que fue creciendo de manera natural a medida que sus pobladores fueron creciendo en número y poblando estas hermosas y fértiles tierras.
En esta oportunidad el comienzo es sencillo, me remitiré a una parte del trabajo presentado por el historiador y antropólogo Argenis Agüero en su libro “Historia Oculta” en el capítulo “El verdadero origen de Tinaquillo”, que cito a continuación:
“…se evidencia que el primer contacto de los europeos con las tierras donde actualmente se asienta Tinaquillo tuvo lugar en la primera mitad del siglo XVII cuando varios conquistadores españoles anduvieron en esos predios: Pedro Sevilla y Antonio Luis Reyes (aunque no llegaron juntos); los dos visitaron la zona a comienzos de 1629 y posteriormente hicieron (por separado) una solicitud de tierras a Don Juan de Meneses, Gobernador y Capitán General de Venezuela, asentado en la ciudad de Nuestra Señora del Prado de Talavera de Nirgua (actual Estado Yaracuy). Dicho funcionario envió una comisión a la zona para verificar que la misma no estuviese ocupada por algún otro súbdito, y luego de comprobar que no lo estaba les concedió, en nombre del Rey de España, las tierras solicitadas. A Sevilla le otorgó el área comprendida “entre el cerro de Las Tetas, Casupo y el río Tirgua”, mientras que a Antonio Luis Reyes le concedió el área comprendida por “las sabanas de los Taguanes limitadas por los ríos Chirgua y Tirgua”, zona donde luego se asentó Tinaquillo. Veamos a continuación los detalles.
La solicitud de Antonio Luis Reyes fue por las tierras comprendidas entre “los ríos Chirgua, Tirgua, la boca de Casupo, el cerro Las Tetas, el cerro de Papelón y el boquerón de Chirgua”, con la finalidad de establecer “dos sitios para sus hatos de cría de ganado de 16 fanegadas* cada uno en la sabana de los Taguanes”. El 10 de febrero de 1630 el Gobernador Meneses comisionó al Capitán Juan Tomé de la Gala y al Escribano Público de Cabildo de Nirgua, Don Mauricio Fernández, para realizar una visita de inspección a la zona a objeto de verificar que las tierras se hallaban “valdías y realengas y no se le causaría perjuicio a los naturales” (naturales= indígenas). Dos días después estos regresaron a Nirgua con el visto bueno a la solicitud y el Gobernador Meneses otorgó las tierras al solicitante Reyes el 15 de febrero de 1630.”(2)
Y luego en el libro antes revisado, el antropólogo Agüero da su opinión al respecto, de una manera detallada, la cual transcribo seguidamente:
“El análisis de los textos citados nos lleva a concluir que el poblamiento primario de Tinaquillo ocurrió en el año 1630 cuando Antonio Luis Reyes debió empezar la instalación de sus hatos (lo cual estaba obligado a ejecutar para evitar que otro conquistador lo ocupase o hiciere otra solicitud al permanecer realenga el área). Como es de entenderse, los primeros pasos para el establecimiento del hato se tradujeron en la construcción  de casas de bahareque, el traslado desde Nirgua del ganado y demás animales (caballos, mulas y burros), aves de corral, y lo más importante: la incorporación de mano de obra, consistente básicamente en aborígenes y esclavos negros. Ahí comenzó el poblamiento inicial que con el correr del tiempo se convirtió en el pueblo de Tinaquillo, ubicado a orillas del “río del Tinaquillo”. (3)
Con el mismo sentido que da el antropólogo Agüero, y como si quisiera apoyar ese comentario, lo hace el historiador Dr. José Ramón López Gómez en su libro “Fundaciones de Pueblos de Cojedes” en el capítulo “Sobre el origen del nombre de Tinaquillo, en su aspecto “Orígenes del pueblo”, cuando señala:
“El historiador Arcila Farías, señala que para 1560 había algunos hatos en Valencia, y no es de extrañar, que los vecinos de esta ciudad y los de Nirgua, población situada al noreste buscó las altas sabanas de Tamanaco, Pegones y Taguanez, para establecer los primeros hatos en estos lugares, alrededor de los cuales comenzaría a formarse un pueblo que estaría arreglado a la presencia de algunos blancos, pardos, indios, negros y mestizos…”(4)
Y más adelante continúa el Dr. López Gómez, en el libro citado, en el aspecto “Menciones al pueblo de Tinaquillo”, señala lo siguiente:
“Según el Diccionario Geográfico-Histórico de las Indias Occidentales ó América: Tinaquillo es una población perteneciente al nuevo reino de Granada situado a las orillas y cabeceras del río Coxedes al sur la ciudad de Valencia. Este pueblo aparentemente no tiene partida de nacimiento exacta; no hay ningún documento, edicto o acta de fundación que nos haga pensar lo contrario, tampoco fue creado como pueblo de Indias, ni como misión. Por tanto, cobra cada vez más partido la idea de que este pueblo se fue formando como ya lo hemos dicho, alrededor de vecinos que juntaron sus casas y sus solares, para formar un poblado, durante las últimas décadas del siglo XVII…”(5)
Sin embargo, a pesar de estas investigaciones (más recientes) y con mayor documentación que las sustenten; en el pasado, otros investigadores habían señalado que si hubo fundación. “Las indagaciones sobre el origen de Tinaquillo nos han llevado a señalar –según el Dr. J. R. López Gómez- una serie de fechas que no constituyen un dato definitivo acerca de su fundación como pueblo; así para 1680 Fray Luis de Salavarría “funda un pueblo intermedio entre San Carlos y Valencia, al cual llamó “Nuestra Señora del Tinaquito”(6), documentación extraída por este autor del libro “Estudios Indígenas” de Arístides Rojas.
Más adelante, el mismo cronista de Tinaquillo, Dr. López Gómez, comenta también sobre otra documentación, y dice: “Por otra parte, Don Eloy Fernández, maestro que fue de este pueblo, en su trabajo “Tinaquillo ante el espejo de la Patria”, menciona que Tinaquillo fue fundado por colonos venidos del Cantón del Pao en 1705.”(7)
Indagando un poco más, sobre el trabajo de estos investigadores, vemos que toma mayor fuerza la tesis del poblamiento espontáneo de Tinaquillo. El antropólogo e historiador Agüero, en su obra citada, en el capítulo: “Tinaquillo: El origen y sus primeros años de existencia” señala al respecto:
“El inicio de actividades de esta unidad de producción agropecuaria conllevó a la ocupación del territorio y, en consecuencia, se fueron construyendo viviendas para uso de los esclavos y peones que constituían la mano de obra, conllevando al surgimiento de una pequeña aldea en la ribera del río del Tinaquillo. No se tiene información precisa de las actividades humanas allí hasta el 31 de marzo de 1734, cuando hay una referencia reflejada en la cláusula testamental N° 19 de Joseph Hernández de Villegas, donde declara que:
 Feliz Bentura Quiñones, debe trescientos y veinticinco pesos que constan de vale que tiene hecho (…) y manda se cobren con más de diez pesos de una res, y el maíz de diezmo que recogiese en el valle de El Tinaquillo, el que le vendió el otorgante al precio que dicho Féliz Bentura le pareciese”(8)
Esto da a entender que Tinaquillo tenía una población dispersa motivado a sus medios de producción, que para la época requerían de espacios suficientes para ejecutarlos. También se puede apoyar esta tesis, respaldado por la bitácora de viajero Don Miguel de Santiesteban, en su relación de viaje de Lima (Perú) hasta Caracas (1741) que reseña parte de la actividad que presenció en su viaje:
“El martes 12 partimos de Tinaco y llegamos a Tinaquillo que es un sitio que toma el nombre de un pequeño río que pasa inmediato a él, en que se han congregado algunos vecindarios de gente pobre que vive de la cría del ganado vacuno, algún maíz y legumbres que siembran, y mantienen un sacerdote prorrateando entre ellos la congrua para su sustento…” Y más adelante agrega: “Este día fue muy caluroso y nos hospedamos en casa de una mulata llamada Catalina, que nos asistió con mucho agrado; compramos una docena de pollos a medio real al recogedor de diezmos, y también hay muy buenos quesos…”(9)
Citamos de nuevo al Dr. López Gómez en su libro Fundaciones de Pueblos de Cojedes en el aparte dedicado a Tinaquiilo, “La Condición de Pueblo”:
“En el año de 1759, Fray Phelipe de Marchena, escribe al Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia, señalando que se le había nombrado en calidad de cura del pueblo de Tinaquillo, que para aquel entonces tenía 250 almas “sin concurrencia a doctrina christiana y sacrificio de la Misa en los días solemnes y calendas ni instrucción política y christiana”; y en tal razón, solicita el auxilio real y el apoyo necesario para que los indios y vecinos dispersos de aquel parage sean traídos y reducidos a población debajo de aquella campana donde puedan ser instruidos política y cristianamente, a cuyo logro aplicaré todo mi cuidado por los medios conducentes hasta que queden fundados y poblados. Hechas estas diligencias, se cumplieron los deseos del Fraile cuando el Señor Phelipe Ramírez Estenor, Brigadier de los Reales Exercitos de su Magd. Govdr. Y Cap. Gral. De esta provincia, con acuerdo del señor Tte. Gral. Dr. Joseph Ferrer así lo firmaron en auto original de despacho…” en Caracas a veinticinco de Abril de mil setecientos y sesenta años” (10)
Tomando como referencia lo citado anteriormente, en la actualidad la Municipalidad local celebra cada 25 de abril como Día de Tinaquillo; pero podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que no se puede hablar de la fundación de Tinaquillo para esa fecha.
El Obispo Mariano Martí en sus Documentos relativos a su visita Pastoral de la Diócesis de Caracas (1771-1784) Tomo II Libro Personal, describe su entrada al territorio de Tinaquillo, de la manera siguiente:
“Día 27 de dicho mes de febrero de 1781 salimos al amanecer de dicho sitio o sabana de Carabovos, pasamos el territorio o cerros de las hermanas, y a las diez de la mañana llegamos a este pueblo de Tinaquillo” (11)
Esta fecha, 27 de febrero, fue la primera fecha escogida por la Municipalidad de Tinaquillo como si fuese la fecha de su fundación y así se  celebraba, cada año, el Día de Tinaquillo. Con el transcurrir del tiempo fue modificada esta decisión. Al respecto el cronista local Dr. López Gómez, en su libro de crónicas señala:
“Esta fecha se  ha venido teniendo en Tinaquillo como fecha lustral de su existencia como pueblo, celebrándose cada 27 de este mes, la fiesta recordatoria de este hecho. Sin embargo, estamos seguros de que hay un error de tipo histórico, mal puede hablarse de un primer bautizo para esta fecha, si con anterioridad de más de 30 años ya existía iglesia y oficiantes.”(12)
Continuando con la información aportada por el Obispo Mariano Martí, respecto a Tinaquillo y sus alrededores, en lo referente a las características,  medios de producción y costumbres, al respecto dice:
“Este pueblo se compone de blancos, mestizos, mulatos, negros y también tres indios casados, aunque pueda ser que no hayga más que dos indios casados, porque de los tres ha desaparecido uno (…)
Me dice este religioso que muchos de estos vecinos tienen trapiches, aunque cortos. Unos los tienen a caballos, otros de mano, donde hacen papelones y también aguardiente, y una y otra cosa o la venden acá o la llevan al Pao. Haze acá mucha falta el tabaco con el qual compravan vestido para cubrirse y era de buena calidad este tabaco. Acá se coge maís, yuca, plátanos, arroz, algodón y algunas legumbres y todo quanto se siembra”
Y más adelante continúa sobre el tema: “Me dice este religioso que un vezino tendrá unas trescientas reses vacunas en la sabana por donde pasé desde Chirgua hasta este pueblo, y otro vezino tendrá unas ducientas reses en las sabanas de los Pegones; unos ocho vecinos tienen también algunas reses vacunas, unos diez vacas, otros veinte y otros poco más o menos. Muchos tienen su vaca de leche cerca o dentro de este mismo pueblo” (13)
Lo descrito anteriormente nos permite confirmar que por el tipo de actividad económica que se desarrollaba para la época, la población de Tinaquillo estaba dispersa y no creada alrededor de la Iglesia y la Plaza Mayor como en las poblaciones que tienen actas de fundación; sino que fue creciendo lenta y espontáneamente. Y más adelante aporta un dato importante, al respecto:
“Estas tierras donde está situado este pueblo eran de don Juan Antonio Monagas, quien tenía una capilla a la otra banda de la quebrada, separada de su casa como unas tres o quatro quadras. Siempre fue Capilla pública en donde se hazían bautismos, y este padre Vicario de San Carlos, que entonces era Teniente de Cura de la Parroquia de San Carlos, me dize que dos vezes bautizó solemnemente a alguno en dicha Capilla, y que en ella se hazían entierros” (14)
Apoyándome en la investigación de Agüero, es conveniente finalmente agregar el aporte siguiente:
“Otros datos de significación los ofrece el Dr. Eloy Guillermo González en su obra Historia Estadística del estado Cojedes (1911), en la cual hace un análisis de la información aportada por el Obispo Martí en 1781:
El de Tinaquillo era de españoles, aunque la principal población la formaban los pardos; no había negros libres, aunque sí 41 esclavos. No se supo la época, de su fundación, ni existe dato que la haga presumir, pero verosímilmente fue en los mismos años en que los misioneros comenzaron a poblar a Cojedes, a fines del siglo XVII, en la década de 1680 a 1690. Para 1769 ya el cura de San Carlos administraba los sacramentos en la capilla o iglesia de Tinaquillo.”(15)
Las documentaciones que apoyan a los historiadores e investigadores referentes a los orígenes de nuestro pueblo, más el trabajo que por años  hemos venido haciendo al respecto, nos permite inferir que Tinaquillo es uno de los pocos poblados antiguos del estado Cojedes que no tiene una partida de nacimiento, certificación de principio o acta fundacional; es una ciudad cuyo origen exacto se desconoce, aun cuando se sabe, por todos los datos aportados, que éste se remonta a la primera mitad del siglo XVII, como un poblado de generación espontánea.

JIHR/Tinaquillo 25/04/2020.
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CITAS REFERENCIALES:
(1)LÓPEZ GÓMEZ, José Ramón (1989) Crónicas del Tinaquillo de ayer. p/51-52.
(2) AGÜERO, Argenis (2019) Historia Oculta. p/12.
(3) AGÜERO, A. Ob. cit. p/13.
(4) LÓPEZ GÓMEZ, José Ramón (2001) Fundaciones de Pueblos de Cojedes. p/62-63.
(5) LÓPEZ GÓMEZ, J. R. Ob. cit. p/64
(6) LÓPEZ GÓMEZ, J. R. Crónicas del Tinaquillo…”. p/52.
(7) Idem.
(8) AGÜERO, A. Ob. cit. p/104.
(9) ARELLANO MORENO, Antonio (1970) Documentos para la Historia de la Época Colonial, Viajes e Informes. p/9.
(10) Idem. p/67.
(11) MARTI, Mariano (1998) Documentos relativos a su visita Pastoral de la Diócesis de Caracas (1771-1784) Tomo II Libro Personal. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. p/212.
(12) LÓPEZ G. Ob. cit. p/64.
(13) MARTI, M. Ob. cit. p/215
(14) Idem. p/216.
(15) AGÜERO, A. Ob. cit. p/235
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sábado, 25 de abril de 2020

Leyendas llaneras (Vivencias y testimonios) 7. El Amo del Agua (Carmen Pérez Montero)

El Amo del Agua: dominador de ríos y familias.
Imagen el archivo de Ariel Urbano Bastilla.



EL AMO DEL AGUA
Esta historia en el seno de una familia de apellido Márquez que vivía en Chabasquén, a la orilla del río Chabasquencito. Esta tierra como todo el territorio portugueseño también es patrimonio de duendes y aparecidos. Antes de la dominación española fue tierra de los Cambambas indígenas pobladores de esa región. En 1620 el Gobernador Francisco de la Hoz Berrío reunió a todos los indígenas dispersos en diferentes encomiendas y fundó el pueblo de Chabasquén. El primer cura doctrinero que tuvo este poblado fue el Padre N. Chabas, de este sacerdote se cuenta que un día que andaban los indios de caserío por un lugar conocido hoy como la Ermita, vieron un bulto semejante a ese animal legendario y misterioso que llaman “El Salvaje” y lo atravesaron con una flecha, al llegar al sitio y revisar la “presa” con asombro y mucho dolor constataron que se trataba del Padre Chabas. Desde ese momento dicen que Chabasquén fue la región maldita del Estado Portuguesa. También se dice que el Padre Chabas cuando pasó el río chabasquencito, dejando el pueblo atrás, lo maldijo para siempre. Lo cierto es que el pueblo de Chabasquén estuvo, después de ese incidente, durante mucho tiempo sin cura doctrinero. Hasta que el 6 de marzo de 1777, se construyó una capilla, fuera del poblado, en el sitio denominado La Playa, a orillas del río Biscucuy, allí nació posteriormente, el pueblo de San Antonio de las Playas de Biscucuy, hoy Biscucuy. Era necesario hacer esta referencia inicial para ilustrar, hasta cierto punto, por qué desandan por las calles de Biscucuy  y Chabasquén, estos dos pueblos hermanos, de la zona alta, tantas figuras fantasmales, ruidos extra-sensoriales, silbidos, aullidos y llantos lastimeros inexplicables.
Cuenta el profesor y poeta Ángel Márquez, hoy cronista popular del pueblo de Biscucuy, que cuando él estaba pequeño vivía con su familia en una casa de corredor grande a orillas del río Chabasquencito y que era usual, por las noches escuchar el alboroto que formaban los animales que se quedaban en el corredor, como si alguien entrara y los espantara.
Una noche, estando ya durmiendo oyeron una persona que calzando botas entró al corredor y caminó varias veces con pisadas fuertes, luego se metió en la cocina y movió todas las ollas y latas que allí habían. Después salió y al pasar frente a la puerta del cuarto donde estaba durmiendo su mamá, sus hermanos y el, tosió y se aclaró la garganta. En la mañana todo estaba igual. No había rastro de pisadas y en la cocina todo estaba tal como su mamá lo había dejado.
Una tarde como a las seis, cuenta el profesor que estaba  él parado en el corredor y de allí se podía ver la playa del río. Inesperadamente vio que del río salió un hombre vestido de blanco con un mandador en la mano y se aproximó a la casa. Él se quedó paralizado…inmóvil.  El hombre era alto y flaco. Él lo vio bien porque le pasó por un lado y cuando llegó al corredor comenzó a golpear con el mandador a todas las gallinas y los perros que estaban allí. Los perros lanzaron unos aullidos tan espeluznantes que fue lo que asustó al profesor, quien cayó desmayado. Por el ruido de los animales salió la mamá y según ella le contó, lo encontró tirado en el suelo, blanco como un papel y le dieron a oler plumas de gallina quemadas para que volviera en sí. Cuando le contó a su mamá lo que había visto, ella le dijo: Debe ser que tú te metiste con él porque yo lo veo pasar casi todas las tardes y a mí no me hace nada.
Rafael Báez, una trabajador de la granja “Villa Ilusión”, sector Los Tanques, Araure, narró  que en esta misma zona, hacia, el cerro donde llaman “La Guafita” hay una guafa que según dicen que está llena de oro, plata, esmeraldas, rubíes y todo tipo de material precioso. Esa guafa tiene muchísimos años clavada en ese cerro y debajo de la guafa hay un pozo de agua tan clara que si uno observa con atención ve que el agua que sale de la guafa destila como un polvillo amarillo. De allí la leyenda de que la guafa está llena de oro.
En un recodo, como en una cueva, está un cajón amarrado con cadenas y semienterrado en la montaña. Este cajón suena por dentro como si fuera un enjambre de abejas o una fuerte tempestad. Un señor de nombre Jonás Calazán vino con un amigo dispuesto a sacar ese tesoro. Traían martillos, tenazas, alicates alambres, cadenas, mandarrias, ceguetas y hasta pólvora. Cuando comenzaron a golpear el cajón se oscureció la tarde como si fuera a llover y “Los buscadores de tesoros” comenzaron a sentir un frío espantoso. El amigo de Jonás, por terquedad, se negó a regresar y cuando lo bajaron del cerro ya estaba muerto. Jonás Calazán duro casi ocho días para recuperarse, porque llegó a su casa casi tullido y morado del frío que sufrió en el cerro de “La Guafita”. 
En La Florida, hace unos cuarenta años también ocurrió un caso digno de mencionar: Un señor llamad Alejandro Terán tenía unas tierras en La Aduana, había sembrado tomates y se le estaban perdiendo porque no conseguía obreros para recoger la cosecha y le pedía ayuda a los hijos y a su mujer, pero nadie quería ayudarlo. Él era un hombre huraño, refunfuñón y como dicen en el llano “malasangre”. Una mañana se levantó muy temprano y despertó a toda la familia y les obligó, con insultos, a que fueran ayudarle a recoger los tomates y todos salieron con él. Para llegar a la parcela era más rápido, en ese tiempo, navegar en balsa por la Portuguesa y así lo hicieron. Todos se embarcaron, cuando iban en la mitad de la corriente, el caudal del río aumentó considerablemente y la deteriorada balsa comenzó a hundirse al vaivén de la creciente. Alejandro Terán iba remendado con otro señor, amigo de la familia. De repente soltó los remos, le quitó a su hija la niña (su nieta) que llevaba en los brazos y sin mediar palabras se lanzó a las turbulentas y oscuras aguas. Tres días duraron buscando los cadáveres. Al tercer día consiguieron el pañal de la niña y después su cuerpecito sin vida, sostenido por una “carama” de palos. El señor Alejandro se perdió y jamás se encontró, ni vivo ni muerto. Transcurrieron unos seis años desde la desaparición de Alejandro Terán y un día el señor José Castillo vino y le dijo a la Señora Aura Pérez, cuñada de Alejandro Terán de esta historia: Sabe que estuve en Sorte y Alejandro Terán no está muerto. Yo lo vi vestido de kaki, trabajando en la montaña como súbdito de María Lionza, estaba “echando pico” y era él, estoy seguro, porque le vi bien la cara. 


Tomado de "Mitos y Leyendas predominantes en el Estado Portuguesa" de Carmen Pérez Montero.
Carmen Pérez Montero. Nacida en Tinaquillo, Cojedes y residenciada en Araure, Portuguesa. Profesora Titular de I.U.T.E.P. Sus poemas, investigaciones didácticas y culturales se divulgan, de manera sólida y contundente,  en libros, diarios y blogs de nuestro país desde 1964.  


martes, 24 de abril de 2018

Cuentos del Arriero (La Procesión de Las Ánimas y otras Historias) Samuel Omar Sánchez


Imagen en el archivo de Ofelia Rodríguez Pérez




LA VIUDA
Llanos de Guárico, zona ganadera y fama de ser cuna de muchos hombres valerosos, que se batían a duelo por cualquier disputa familiar, por eso las familias no se acobardaban fácilmente ante la presencia de montoneras, tan comunes y corrientes al final del siglo XIX y principios de este siglo XX. En una agradable casa, rodeadas de muchos árboles vive la señora Gumersinda con su hija Rosalinda, de belleza incomparada, pero marcada por el designio de la fatalidad, pasan los años, y llega al pueblo el “Sombrero” un arriero comerciante, de nombre Joaquín, monta su negocio, se enamora perdidamente de Rosalinda logra que lo acepte como su novio, la suerte le cambiaría a la familia totalmente. Al cabo de poco tiempo se realizó la boda, semanalmente el hombre viaja cargando mercancía en sus arreos, gana bien, solo pensaba en su bella mujer y en la familia que formarían; por causas aún desconocidas el hombre se desprendió con las mulas por un precipicio, dos días después Rosalinda, recibe la noticia de la muerte de su esposo, casi enloqueció, desde ahí la ven caminando calle arriba, calle abajo, vestida con un traje negro de manga larga y de escote cerrado, el negocio se viene a la quiebra, perdió el brillo de sus ojos, se le ve como la propia Ánima Sola, la gente le empezó a llamar “La Viuda Solitaria”, su pelo le cayó la nieve del tiempo, nadie se explica cómo sucedió, es una mujer de unos treinta años de edad aproximadamente, el otro cambio, está muy delgada, parecía un cabo de vela, cuando de la noche a la mañana misteriosamente se esfumó, la buscan por todos lados y no dan con su paradero. Muchos de los lugareños, a la medianoche la ven recorrer las calles, el miedo se apodera, pero siempre hay un guapo, un día martes después de disfrutar una farra, viene Ramón Machado, hombre de pelo en pecho, no le falta un puñal acomodado en la cintura, muchos le dicen que tenga cuidado con la “Viuda”, como buen llanero se echa a reír y decía: -No compañeros, esa “viudita de la noche”, lo que le falta es que Ramón la saque a bailar y la hamaquee. Va llegando a la plazoleta, cuando ve la figura de una mujer, se pregunta: -¿Quién será, a estas horas y sola, bueno ese plato es mío? El aire se pone algo languideciente, le cuesta para respirar, la noche se detiene y el hombre no le para, el reflejo de la luna muestra una mujer de buen cuerpo, vestida de medio luto, se recuerda de los comentarios, se lleva la mano a la cintura, toca el puñal por si acaso. Están frente a frente y sacando fuerza le dice: -¿Buenas noches, señora, tan sola por aquí? Se corre el velo que le tapa su rostro y con un sonrisa. Le responde: -¿Vengo por ti Ramón, no me invitaste a bailar, un buen zapateo , demuéstralo ahora? La mujer se pone desgarbada, su pelo es blanco, sus manos son huesudas y entre risas. Exclama: -¡Vamos a bailar! Suenan los bordones del arpa al compás de un buen joropo, las maracas retrucan, el cuatro le pone fuego. Lo abraza, Ramón está paralizado, le falta la respiración, trata de soltarse y más lo estrecha contra su cuerpo, su compañera de baile esta helada, se le va la vida; se recuerda de los consejos de su madre, y eleva una plegaria al cielo, rezando entre balbuceos un Padre Nuestro, desfalleciendo pega un grito…la mujer confundida lo suelta y salió como un loco de carretera, cae frente a su casa. En la mañana lo encuentran delirando que “la viuda” lo asombro. Desde ahí el hombre no salió más a parrandear, de recuerdo le quedo unos arañazos en su cuerpo para siempre que al pensar en ella, palidece como un fantasma.


LA PROCESIÓN DE LAS ÁNIMAS
En este modernismo donde en vez de carretas tiradas por burros o caballos, en las calles empedradas de Acarigua, ahora son motos rodando por el asfalto y busetas con ensordecedores volúmenes de una canción atormentando a los pasajeros, son los nuevos fantasmas recorriendo las diferentes veredas, sin olvidar la Procesión de las Ánimas, las cuales salen en busca de alguien para darle su buen susto. Un día cualquiera, del año 1985, están celebrando en un conocido club, el cumpleaños de María Marcolina, la carne asada y demás delicadeces están por doquier, la familia Hernández, se esmera en la buena atención para los invitados, el motivo la cumpleañera es la niña de los ojos de sus padres. Se encuentran: José, Arquímedes, Wilson y Paul, todos amigos desde hace mucho tiempo, estudian 5to año, son jóvenes de diecisiete años de edad, y jugadores de maquinitas…no faltan a ninguna fiesta, son como el arroz blanco… después de salir de clases se ponen de acuerdo, a las siete de la noche se encuentran, llevan puestos sus mejores atuendos y dice Paul: -Bueno compañeros, esta noche vamos a comer y a disfrutar. Todos se ríen. Al llegar al club, se sorprenden por el ambiente, felicitan a la cumpleañera, bailan hasta decir…igualmente han comido carne asada con yuca, en cada ronda que traen los mesoneros lo pescan, han disfrutado de lo lindo, cuando deciden retirarse, se despiden de la familia. Vienen caminando, por esas calles, van alegres porque disfrutaron hasta el cansancio. Llegan a una placita que se encuentra ubicada detrás de la Iglesia San Miguel Arcángel en Acarigua, inicialmente conocida primero como Plaza de la Corteza y posteriormente ahora es Plaza la Burrita, ya que se visualiza a una señora junto a un niño y una burrita. Descansan un rato y comenta José: -Casi me quedo a dormir aquí, hay una tranquilidad. El reloj de la iglesia suena para anunciar, son las tres de la mañana. -Bueno compañeros, ya amanece, es viernes y mañana no tenemos clases, además miren llevamos un buen pedazo de carne asada y torta. Exclama Wilson. La brisa trae unos murmullos de voces… Pregunta Paul: -¿Amigos, son rezos, pero a estas horas y quiénes serán? A lo lejos ven aparecer por la calle un grupo de personas todas vestidas de blanco, van llevando un ataúd, en brazos de amigos y cada uno llevan en sus manos unas velas encendidas, viene delante una mujer guiándolo y rezando un rosario. Los amigos están algo incrédulos, un leve frío les recorre desde la planta de los pies hasta la nuca… -¿Qué raro un entierro a estas horas y esa gente así vestida? Dice José. Pasan frente a la Plaza, los muchachos se persignan y oyen como un zumbido en los tímpanos de sus orejas esa letanía y escuchan decir a la guía: -Qué descanse en paz el cuerpo de José-. A un solo compás de voces responden: -Qué brille para él, la luz perpetua-. Sorpresa se llevan, ven que todos los acompañantes; sus cuerpos son traslucidos…y dice asustado Wilson: -Es la Procesión del entierro de las Ánimas, ¡Dios socórrenos! El papel blanco, es el reflejo de sus rostros, sudan de miedo, un olor a flores de difuntos impregna el ambiente, la procesión sigue su camino… Quedan como bachacos sin antenas, y grita Arquímedes: -Vámonos, no quiero ver más a esa procesión. Se les ven corriendo por las veredas, llegando con las lenguas casi de corbata a sus casas, en sus rostros tienen la cruz del miedo por esa aparición que los asombraron en la Plaza la Burrita


DON PELOYO
Cuando el Llano era Llano, los llaneros en lomos de sus briosos caballos se dirigían a sus faena y las estrellas con su titilar en el firmamento eran la luz de los caminantes. José Gregorio Herrera conocido como “Don Peloyo” para ese tiempo es el encargado del Hato “La Catalda”. Son las diez de la noche sale de la casona y se dirige hacia el potrero, abre la puerta de tranca y ensilla su caballo favorito uno de color ruano, esta con su inseparable sombrero pelo e guama y su liquilique, toma camino hacia el morichal va a revisar un ganado que está en otros corrales, lleva un buen trecho recorrido cuando en la soledad de la llanura,  oye un berrido demasiado feo es un llanto jamás escuchado por él, ve para todos los lados y está solo…vuelve a oírlo más fuerte ahora siente miedo…, se arma de valor y sale a todo galope en su caballo que también está asustado,  al cabo de una hora se da cuenta que esta extraviado, no se acuerda del camino; ha perdido por completo el sentido de orientación. Conocía cada sendero de esa sabana como la palma de su mano, pero esta vez no sabía dónde está. Como buen baquiano de los misterios del Llano llega donde hay un molino, se baja de su caballo, se persigna agarra la cobija y la tiende en el suelo; acostándose boca abajo sobre ella ha pasado más de dos horas cuando se levanta ya ha recobrado el sentido de orientación. Oye el canto de los gallos de las casas cercanas a la finca, son las cinco de la mañana esta incrédulo porque jura que recorrió muchas leguas sobre su caballo y se da cuenta que está cerca de la finca ha estado dando vuelta en círculo, regresa todo extrañado, al llegar lo ven los obreros que salen a la faena y lo detiene, aun “Peloyo” anda un poco tembloroso se baja de su bestia y le cuenta lo sucedido, ahí uno de los muchacho le comenta no compa a mi tío Ramón le paso algo peor, salió a cazar y se perdió por esos montes por espacio de cinco días y cuando reacciono estaba dando vuelta en círculos, dice la gente que son los guardianes de la sabana que los hacen extraviar y más bien de gracias a Dios porque otros jamás se les ha encontrado y que sus almas en las negras noches se les ve recorriendo esos montes como ánimas en penas buscado a otros seres para llevárselos y así aligerar sus sufrimientos y poder salir de purgatorio donde se encuentra . Desde ese momento “Peloyo” juro no salir para esos sitio solo y tampoco olvido su cajita de chimo que es contra para eso espantos.


LOS FANTASMAS EN HATO BARANDA
 Siguiendo con los relatos que suceden en cada sitio de las inmensas tierras del estado Cojedes, como son las apariciones en las carreteras o las muertes por arrollamientos y de ahí surge el inicio de los misterios, la idiosincrasia del venezolano nos identifica con el rescate de las historia como esta. El sitio conocido como Puente Onoto, antes de llegar a la población de Apartadero en el estado Cojedes, se encuentra el Hato Baranda, para el año 2.010, llega a trabajar Carlos Lloverá Contreras conocido con el apodo “El Burrero”, se ganó ese remoquete porque en tiempos lejanos el hombre participaba en carreras de burros y se parecía al famoso jockey Juan Vicente Tovar, en su manera de montar y ganar. Por dicho sitios la misma gente no les gusta salir después de las ocho de la noche, porque según han visto cosas extrañas desde oír el ruido estruendoso que hacen al chocar dos vehículos y al salir de sus casas para ver el accidente no hay señales, igualmente gritos que meten miedo al más pintado, y tantos así, sus hermanos le comentan a Carlos, de esos relatos y el hombre dice: -Tranquilo pollo que el agua está hirviendo y aquí está un Llovera para lo que salga… Siempre en esos trabajos se hacen buenas amistades así se formó el grupo de los Intocables como esa famosa serie de televisión, van para arriba y para abajo, Omar Reyes “Nano”; Hurtado “Loquillo”; Ángel Veloz; Carlos “El Burrero” y Edwin Alvarado conocido como “El Guaro”, bailador de tamunangue y es el gandolero, por cierto entre ellos había un brujo según hablaba con los muertos y tenía un poderosa contra. Para un mes de mayo, después de realizar las faenas de trabajo de cada uno y cenar, se reúnen en el área del taller, se ponen a jugar un rato una partida de barajas así pasan un buen tiempo, preparan un poco de chocolate, son casi las ocho de la noche cuando se desató un señor aguacero agarrado de las manos con rayos y centellas e igualmente su primo el ventarrón, están sentados en unos taburetes no tienen sueño, cuando empiezan a conversar sobre los misterios de esas apariciones y muertes que salen en la carretera, en especial por dicho sector igualmente de dos personas que salen asombrando en el hato, según la historia un obrero que se mató, la mujer era una cocinera que murió de repente preparando un cochino a la brasa. Están en plena conversa de relatos de espantos, cuando dice Hurtado: -Mire mijos esta contra que me prepararon me protege de todo, además ellos son mis altos panas. Todos se miran las caras y se ríen. -“El Guaro” decía como macho larense: -Que salga cualquier espanto para ponerle esta correa por las costillas y verlo revolcarse en el piso -  La lluvia ahora es una moja pendejo, no empapa pero…cuando se van a sus respectivos dormitorios, exactamente a la medianoche, cuando sale Ángel corriendo como picado de avispa diciendo: -¡Ave María Purísima! y va directo a una ambulancia que está cerca del taller, a los diez minutos llegó Hurtado, como cohete encendido, comenta que vio a dos personas cuando le mueven su cama y ante sus ojos se esfumaron. Entre balbuceos y temblando, responde Ángel: -Sentí un peso sobre mi pecho, que me ahogaba la respiración y de ñapa me jalaron las patas, de aquí nos sacaran con una grúa. En ese momento llega “Nano” pálido como plátano sin color: -No hile, muchachos, unas manos me movieron la hamaca. Carlos, está tranquilo en su chinchorro cuando siente unos pasos, un frío penetra dicho cuarto como carro de heladero y le han dado un sacudón que el hombre cae de platanazo al piso está más blanco que un saco de cal y pega una carrera hasta llegar donde están los amigos pasando el susto. “El Guaro” está agarrando sueño, cuando le dan una soberbia nalgada que el hombre como está de lado, del susto se cae, logra ponerse de pie y dice: -Den la cara para entrarnos a golpes, aquí está un macho barquisimetano. Cuándo siente los pasos de chancletas y un relámpago alumbra el cuarto, frente a él hay un hombre y una mujer totalmente transparentes, le subieron y les bajaron como pepa de mamón, sale como muchacho con dolor de barriga que no llega al escusado, todos están en la ambulancia más apretados que familia en casa de Fundabarrios, todos están pendiente con las orejas como radar y los ojos pelados, cuando le dicen a Hurtado: -No dices que hablas con ellos. Y les responde: -Si pero con los difuntos que conozco con estos, zaperoco. Así pasan las horas hasta el amanecer que salen de ahí más trasnochado que vigilante de hospital. En todo el Hato, se supo cómo a la pandilla de los Intocables los asustaron, desde ahí no hablaron más de aparecidos.




Estas piezas literarias se tomaron del libro: Los Cuentos del Arriero de Samuel Omar Sánchez, editado en San Carlos, por la Fundación Editorial El perro y la rana –Cojedes,  2017

Cuentos del Arriero (Encuentro con La Sayona y otras Historias). Samuel Omar Sánchez

Como muchas mujeres del Llano, "La Sayona", tenía una apariencia de misteriosa belleza.
Imagen en el archivo de Raymar Katiuska




EL ENCUENTRO CON LA SAYONA
En los llanos del estado Guárico, sitio por excelencia de los relatos de espantos, aparecidos, encantamientos, y otros más… Don Carpio conocido como “El Paisa”, está conversando en el patio de su hogar, con su hijo Gustavo “el negro”, cuando llegan sus amigos: Francisco “Muerto Flaco”, José Ramón y Luis se saludan, dice “Muerto Faco”: -Compa Carpio, venimos a invitarlo para ir de cacería, comentó mi compadre Federico, que en Cerro Alto, vio unos enormes venados, se anima... Don Carpio, es un afamado cazador e igualmente pescador. Le responde con un ¡Sí! Se van los amigos y le recuerdan: -A las cinco de la tarde, lo pasarían buscando. Le dice a su esposa: -Isolina, prepare los macundales; porque pasaremos varios días en la montaña y me acompañará “El Negro”. Al caer la tardecita, ya han terminado toda la faena y dejado todo listo. Llegan sus amigos en una camioneta doble cabina, toman camino y al llegar a la entrada de la montaña, van directo a casa de don José Gregorio, muy amigo del “Paisa”, se saludan y le cuenta que dejaran el vehículo, porque subirán a la montaña a cazar algunos venados. Después de conversar un rato, se despiden y toman camino, llegando a un cruce de una quebrada, se detienen a refrescarse toman un poco de agua, ven escabullirse dos cachicamos y comenta “El Negro”: -Mire Taita, la cosa pinta buena. Todos se ríen, siguen la marcha, son casi las siete de la noche, arriban a un claro donde deciden acampar, preparan la fogata para cenar, guindan sus chinchorros, se recuestan un rato. A las once, se levantan y se internan en la montaña, “El Ngro”, lleva un buen termo de café para así espantar el sueño, están vigilando un comedero pero nada que aparece ningún animal. Llego la medianoche, toman café y comenta “Muerto Flaco”: -Compañeros, la caza se pone pesada. Aprovecha “El Paisa” para comer una pella de chimó Tarazonero. Una fuerte brisa estremece los árboles, se oyen gritos extraños en las profundidades de la montaña. En una pica ven a tres enormes venados, se alegran y dice Luis: 
-La noche se acomoda amigos, ahí están las presas... 
"El Paisa” es uno de los mejores tiradores expertos del Guárico, prepara su escopeta, un disparo seguro, cae el enorme venado. Los demás logran darle a los dos restantes, se alegran. Llegan al sitio, tremenda sorpresa, ven rastros de sangre pero nada de los venados. Dice José Ramón: 
-Seguro, están más adelante-. Caminan casi una hora, y nada encuentra, al claro de la luna, aparecen los tres venados comiendo, rápidamente disparan y logran darle certeramente. Al llegar ni rastro... Algo asustado dice “El Negro”: 
-Taita, son cosas del demonio-. Todos se persignan y deciden regresar rápidamente para el campamento. Se encuentran alrededor de la fogata, incrédulos aún “Muerto Flaco” saca una botella de aguardiente caña clara y varios tragos se toman. Comenta José: 
-Eso que vimos, son los encantamientos de la montaña-. Nadie dice nada, saben que algo malo presagia la noche. Cada uno se acuesta en sus chinchorros, aún nerviosos. No ha pasado media hora cuando oyen un horrible llanto bajando desde la montaña, se levantan y ven la figura de una mujer, notan que viene levitando, no toca el suelo, sus ojos son dos brasas de fuegos. Exclamó Luís, todo tembloroso: -Esa es la Sayona, vámonos. Agarran sus escopetas y salen a plena carrera montaña abajo, oían ese grito que les reventaba los tímpanos, es un silbido que los tiene locos, casi los alcanzó la mujer, al cruzar la quebrada, pega un grito que les heló la sangre, están blancos, se encuentran como panela de hielo… escuchan el cantío del gallo anunciando el nuevo amanecer, se detienen y ven como esa aparición se esfuma en el aire y detrás el silbido. Los cazadores caen de rodillas y agradecen a Dios, que por andan esa noche casi son ellos los cazados por la Llorona.


EL LLANTO DE LA LLORONA
Frente a la Plaza ubicada en el municipio de Araure, se encuentra la iglesia “Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza”, una edificación colonial, orgullo de sus habitantes, ante sus puertas desfilan constantemente numerosos viajeros que pasan por esos llanos y la visitan, ya que ahí fue bautizado el General José Antonio Páez e igualmente en ella oró el Libertador Simón Bolívar antes de ir a la Batalla de Araure y triunfar con su ejército libertador. Cuentan desde hace muchos años, por esos lados de la plaza, oyen llantos lastimeros de La Llorona, la describen quienes han tenido ese encuentro nada agradable, es una mujer joven, muy bella, de larga cabellera de color negro azabache, piel blanca, con un cuerpo de cuatro y un caminar de potra fina. Mes de mayo, tiempos de cachapas y cantos de velorios a la Cruz de mayo, se encuentran los amigos: “Monche”, Omar Infante, “El Negro” y Ruperto; están conversando y comenta “El Negro”: -En casa de Milagro Pérez, hay un Velorio de la Cruz de Mayo, todos se ponen de acuerdo y a las ocho en punto se encuentran en el sitio acordado, se van conversando. Al llegar Milagro los saluda:
-Me alegra muchachos, que estén aquí y compartamos este momento, pasen son de la casa. Todos la florean al decirle que está más bella que la luna, ella se ríe con esa picardía femenina y dice Milagro:
Tu sonrisa alegra tu belleza, y tientan a besar esos labios provocativos con sabor a miel y albaricoque. Ese caminar de estampa de potra fina, pone a sudar a todos y acelera los corazones con ese poing de cascada de sueños. Milagro, se sonroja y los demás la felicitan. Después de ese galanteo, se ponen a compartir con los presentes, llega la medianoche y después del pago de la promesa, ahora empieza la parranda con arpa, cuatro y maracas. Las jóvenes engalanan con su belleza la fiesta es para amanecer, donde la comida sobra y de tomar cocuy de penca. Son las dos de la mañana, cuando Ruperto les dice a sus amigos que está cansado y se quiere marchar. Le comentan sorprendidos: -Estas loco, mira como hay bellas mujeres, por Dios… Todo serio exclama: -¿Bueno, muchachos igualmente me iré solo…? Intrigada Milagro le pregunta: -¿Qué te pasa Ruperto, estas aburrido, mira cuantas flores adornan la fiesta y te vas a retirar? -No amiga, de verdad me quiero ir. Le responde. Milagro, no le insiste y dice: -Está bien, ve con cuidado, recuerda es mes de mayo, cuando todas las ánimas salen en busca de alguien para aliviar sus penas… Sus amigos también le comentan: -No te vayas, dentro de dos horas nos vamos. Se despide, viene caminando por esas calles solitarias, nada más piensa en llegar a su casa. La luna se detienen y se esconde detrás de unas nubes, de golpe un escalofrío le recorre su cuerpo, llegando a la plaza José Antonio Páez, en Araure, ve sentada a una mujer muy joven, delgada, con una larga cabellera negra que le brilla, nota que su piel es blanca, pero sus ojos le resplandecen al ver que tiene cuerpo de sirena… lleva puesta una bata blanca larga y encima otra de color negra. Piensa… -¿Quién será esa mujer, y con esa vestimenta tan inusual? Sigue caminando, al llegar ante ella. Como un galán medieval le dice: -Buenas noches, mi bella dama: - ¿Qué haces tan solitaria por aquí? - ¿Qué le pasa? Con una sensualidad, lo mira a la cara, le muestra una sonrisa donde sobresalen unos labios rojos carnosos, que tientan a morderlos… Se oyen ladridos de perros acobardados. Ella dice algo triste: -Es que busco a mi hijo. El cual se me extravió por estos lados. Se extraña Ruperto, se pone remolón, se recuerda de los comentarios de sus amigos. La mujer se levanta y queda boquiabierto, al ver tanta belleza con ese cuerpo de guitarra, el hombre salta de la emoción. Se ofreció para ayudarla, caminan agarrados de la mano, siente un frío, su corazón late asustado. Algo presiente… La mujer se detiene y dice:
-¿Qué le pasa Ruperto, lo siento como un ratón acobardado, es que no te gusto…? Se oyen el maullar de gatos, la noche está tétrica anunciando una desgracia. El rostro de la mujer se transforma y grita diciendo: - ¡Mi hijo, mi hijo! Ruperto esta pálido, se da cuenta que esta frente a la misma Llorona, del susto cae desmayado. Al amanecer unos trabajadores del aseo urbano, lo encuentran y lo socorren; aun impresionado les cuenta que La Llorona lo asombró en la Plaza de Araure.


EL AHORCADO (MATURÍN)
Tiempos aquellos donde nuestros abuelos, sentados en sus taburetes de madera y alrededor de la luz de la vela, cuentan esos relatos de aparecidos y espantos, los cuales recorren las calles de tierras del Furrial del estado Monagas. Esos arrieros, aparte de cargar en las mochilas el tabaco en ramas o chimó, lo acompañan la luna y las estrellas en esas largas travesías por caños y montañas. En los arreos de mulas traen mercancías para los negocios; así es la vida, como se la ganan donde a más de uno les salió un aparato feo... Es parte de nuestra idiosincrasia y con los cambios algunas de esas apariciones han desaparecidos con la llegada de la luz. Pero otros se arraigaron como el ahorcado del árbol, que está en frente donde una vez funciono el Club Social y Deportivo el Furrial. El cantante ecuatoriano Julio Jaramillo engalana dicho sitio, con su voz se paseó por un variado repertorio hasta se dejó acompañar con arpa, cuatro y maracas, extasió al público presente con la canción “Tardes Cojedeñas” y salió en hombros al estilo de los grandes matadores de toros, tiempos de bellos recuerdos, en la actualidad funciona ahí la Junta Parroquial. Un día cualquiera, el año se me olvidó, en casa de la señora Mireya, está con su hija Josefina; por cierto estudia cuarto año de bachillerato, una muchacha de dieciséis años. Le dice a su mamá: -Mami, esta noche en casa de mi amiga María Elizabeth, le celebrarían sus diecisietes años de edad, para que me des permiso. Le responde: -Bueno está bien, pero hoy, tú harás el almuerzo. -Gracias mami, muy sonriente. Exclama Josefina. La abraza y se esmera en preparar esa deliciosa comida. Se viste sencilla, pero elegante, al verla así tan bella su madre comenta: -¿Tú amiga, no es la cumpleañera? Pareces una linda princesa, aunque siempre lo eres con ese bluyín negro y esa blusa azul, ¡ay Josefina! seguro que a más de uno le darás un infarto... Se ríen las dos. -¡Ah pues mami! estoy sencilla. Le responde Con la picardía de madre. Dice: -Podrán estar en esa fiesta más de un pretendiente, pero sólo una persona es tú dolor de cabeza... Sus ojos negros le brillan, con un tímido ¡sí! lo afirma, le da su bendición y agrega: -No regreses muy tarde, acuérdate de la aparición que sale en el frente del club social... -Si mami, me cuidaré pero ese espanto ya no existe. Dice sonriendo. Llega con el regalo a casa de la cumpleañera y empieza a disfrutar de la fiesta. Están casi todos sus compañeros de clases y baila tanto que hasta los pies le duelen, varios pretendientes entre ellos Manuel Omar, aprovechan para atenderla como una princesa oriental. Josefina, está descansando un momento y aprovecha para conversar con su amiga y suena un set de canciones románticas, varios tratan de seguir bailando con ella y dice: ¡no! A sus bellos ojos negros, se le van ese brillo de fuego y le brotan dos lágrimas... Le preguntan a María. -¿Qué le pasa a Josefina, que no quiere seguir bailando? -Esas canciones, le tocan su corazón algo bonito de ella. Responde su amiga. Llega la hora de cantar el cumpleaños, sorpresa aparece un mariachis...a la una de la madrugada se despide de su amiga y la familia, le dan un buen pedazo de torta y carne asada con casabe para su mamá. Se ofrece Manuel Omar, para acompañarla junto a José y Marina, que van por el mismo camino. Vienen conversando y Manuel floreando a Josefina, ni pendiente. Están llegando al Club Social, el aire se siente pesado, un olor intenso a cacho quemado casi los asfixia. Y toda sofocada dice Josefina: -¡Ánimas del Purgatorio!, esto no es bueno... Caminan rápido pero los pasos no rinden, ahora todo pálido y tembloroso dice Manuel: -¡Es verdad lo del muerto! y todos se persignan más que viejita montada en moto. De la montaña baja un grito de dolor que los ponen más asustados que gallinas en fiesta de zorros. Una brisa fuerte sale como puñal arañándoles la piel... La luna se acobarda y sale brincando para esconderse. Se oyen rebuznar varios burros, pero parecen risas sarcásticas. Al llegar frente al Club Social, ven una figura colgada de un mecate a la rama de la ceiba, sus ojos brotados, la lengua la tiene de corbata. De la impresión Josefina, pegó un grito que recorre El Furrial. Manuel Omar, está frío como cava de hielo. José junto a Marina, sudan más que tapa de olla de hervido. Un olor al propio azufre los envuelve. Parten en carrera, Manuel deja a Josefina en la entrada de la casa y sale como cohete para su hogar. La muchacha del susto, no puede abrir la puerta. Se levanta su mamá al verla más pálida que muchacha anémica, pero aun así no soltó la torta se la entrega, y le pregunta. -¿Qué te paso hija, mira cómo estás? -Mami, mami, de regreso nos salió ese horrible espanto. Esta toda erizada y temblando. La abraza, le da agua con azúcar y la acompaña al cuarto para que se acueste. Al día siguiente se regó como pólvora que, a Josefina y sus amigos, los asombró El Ahorcado de El Furrial.


EL ENCUENTRO DE LOS MOROCHOS SÁNCHEZ Y LA SAYONA
Hablar de los relatos de ese San Carlos, cuando sus calles eran de tierras, el alumbrado de los poste de electricidad parecen cocuyos en noches de neblinas, casas de bahareque y techos de zinc, en los patios no falta un chiquero donde engordan varios marranos para la venta y el consumo de la familia, igualmente no falta los tinajeros y jarrones de barro donde se almacenaban esa agua la cual se mantenía fría y dulce, pero los cuentos de aparecidos, de fantasmas eran el pan de cada día. Este relato sucedió más o menos para los años de 1.965, Samuel Elías Sánchez, conocido como “El Morocho” trabaja para la Oficina del Correo de San Carlos, es cartero y lo ven recorrer las calles en una bicicleta de reparto que le asignaron para llevar las cartas y encomiendas, a los tres años siguientes pasó a trabajar como Oficinista en los depósitos del Garaje del Estado, su hermano Elías Sánchez, el otro morocho, para esos años está trabajando en el área de mantenimiento en la parte eléctrica del Hospital Los Llanos, el cual estaba ubicado en los terrenos de la Plaza Manuel Manrique y la Cinemateca, por cierto en dicho sitio aun rondan los aparecidos de ese viejo Hospital. Samuel Elías, se había casado, pero siempre en las tardes, visita a su madre Teresa Sánchez, en el barrio La Morena, ahí se entretenían jugando barajas con ella, igualmente la señora María Rivero, don Pánfilo, doña María Seijas y por supuesto el otro morocho Elías, son casi las nueve de la noche y dice la señora Teresa: -Mira Samuel, acércate a ver qué le ha pasado a tu hermano, que no ha llegado. -Está bien le responde. Sale en la bicicleta, al llegar se encuentra con la enfermera de guardia de nombre Rosario, al verlo dice: -Caramba, ¿vienes a ver  a ...?.
-No chica, ya esa mujer se fue para Manrique. Se despiden, se viene los dos en la bicicleta de reparto está manejando Samuel, cuando están llegando donde ahora funciona las Oficinas de Eleoccidente, antes llamada Calle Real hoy Avenida Bolívar, en esos terrenos había un aserradero. Una estela de una fuerte brisa los mueve, sienten que la noche se paralizó, dice Elías: -Cónchale, es La Sayona. En ese momento oyen los gritos y dice Samuel: -Agárrate, hermano, que le daré pedal. Están asustados, los gritos más cerca de ellos, siente que los traen coleados, parece que no han recorrido mucho, cuando llegan a la puerta de la casa, tocan la puerta desesperados y sale la señora Teresa, al verlos así ya sabe que vienen espantados, trae en su mano una vela de La Candelaria y la estampa de La Magnifica, está rezando y la mujer se perdió por esos caminos, gracias a su madre, se salvaron. Esa noche Samuel, se queda a dormir en casa de su madre, al día siguiente fue el comentario que a los hermanos Samuel y Elías, los asombraron.


Estas piezas literarias se tomaron del libro: Los Cuentos del Arriero de Samuel Omar Sánchez, editado en San Carlos, por la Fundación Editorial El perro y la rana –Cojedes,  2017 

Viviano era Bicho Malo y otros Cuentos de Lagunitas. Duglas Moreno



Todo comenzó con una simple gallina. 
Imagen en el archivo de Noilton Pereira




LA MUERTA DEL ZAPATERO. MUJER DE VELO NEGRO
Creo que eran casi las seis de la tarde. Doy un último recorrido para ver si consigo una carrerita y entonces irme  a descansar al rancho. Paso por la entrada del cementerio de San Carlos y está desolada. No se veía un alma.  Ahí es donde miro por el espejo y noto que hay una mujer vestida toda de negro, haciéndome  señas para que me detenga. Realmente, no sé de dónde salió. Meto retroceso y me paro a su lado. La mujer dice: lléveme a Puerta Negra, eso es más allá de Las Vegas. Me quedo pensando: pa Puerta Negra… y a esta hora. Le voy a tirar un monto grande pa que me diga  de una vez que no. Deme tanto. La mujer abrió la puerta y se montó. Nos fuimos enseguida.
Yo la miraba con el rabo el ojo. No le veía el rostro por el velo negro que cargaba, solo noté que sus manos eran largas, blancas y delgadas. No levantaba la mirada y tampoco decía una palabra. Una alarma mía acabó con el silencio. Siempre suena a las seis. Pasábamos exactamente por la curva del zapatero, más allaíta de El Limón.  En ese momento la mujer se arrima un poquito hacia mí y me pregunta. ¿Ud. es casado? Volví a pensar, pa mis adentros: además de una carrera como que voy a conseguir otra cosa. Le respondí galantemente que no. Una vez casi me caso, pero no se pudo. Ahorita vivo solito. Comentaba esas cosas y de verdad que me sentía mal, pues recordaba a mis cinco zagaletones y a la mujercita mía que a esa hora estaría haciendo las arepas de la cena. La mujer, casi rozando mi pierna,  otra vez preguntó: ¿y no se ha conseguido una mujer buena? Bueno, sí se consiguen, pero les falta mucho fundamento. Yo busco una responsable para formar un hogar serio.  Ya casi encima de mí, me largó, pero sin darme la cara: Ud. es muy bien parecido. Alguna le habrá salido por ahí. No me diga que no. Me reí. Sí salen, señalé yo. 
Ya estábamos casi llegando a  Las Vegas, cuando repentinamente manifestó: Déjeme aquí. Esta es mi casa. Yo sorprendido le expreso: pero aquí no hay ninguna casa y  esto no es Puerta Negra. Mientras ella arreglaba algunas cosas, le expreso: Señora, ¿podemos seguir hablando del matrimonio y de las mujeres buenas?  Solo era una excusa para ver si pasaba algo bueno. Escuché clarito cuando respondió de forma seca: no. Oiga señor ¿sabe por qué yo me arrimaba tanto a Ud. cuando veníamos por la carretera? No lo sé, dígame. Mire, en la curva del zapatero, se montó un muerto en el capó y metía la mano por la puerta del carro y casi me rasguñaba el rostro. Por eso era que yo me acercaba y acercaba a Ud. Esa confesión me dejó asombrado. 
No le quise ni cobrar a la mujer. Solo pensaba en el regreso, ya que tenía que pasar nuevamente por la curva del zapatero. Menos mal que venía un camión rolero y me le puse atrás, pegaíto. Así me vine. Cuando llegué a la curva me entró un miedo de los buenos, temblaba. Casi cierro los ojos. Los abrí completamente cuando apareció el resplandor del Cruce de Vías. Me bajé del carro y comienzo a revisar el capó. Efectivamente, tenía un jundío donde la mujer dijo que el muerto se había sentao. Aunque lo más tenebroso estaba escrito  en la puerta del carro. El espanto me había dejado este mensaje: la muerta del cementerio y el zapatero. 


la forma de su cabellera semejaba un velo negro
y que en un  tazón lleva las almas de sus víctimas


ESA NEGRA CICATRIZ.  VIVIANO ERA BICHO MALO
Esa noche  Escolástico López  echó más cuentos que nunca. Don Escolástico cuando se agarra con esas historias, cachos le dice a veces, no tiene tiempo para terminar. Así que nos acostamos tarde la noche. Don Escolástico afirma que él no es mentiroso, embustero quizás.  Y ¿qué diferencia hay entre un embuste y una mentira? Si las dos cosas dicen lo mismo, le comento yo muerto e la risa. Mire, Genaro Pumás, una vez una comadre mía, que le debía unos reales a un árabe, me dijo: pa no pagarle nada al musiú, que tuvo  que meter un embuste que es verdad, quiere decir también que a veces la gente dice verdades que son mentiras. Yo veo la cosa así: la mentira  hace daño y el embuste divierte. Yo creo que en la mentira hay maldad y en el embuste inocencia. El que dice mentiras espera que la gente le crea, mientras que el que se lanza un embustico, solo desea que la tarde  pase sin tanto aburrimiento. Bueno, yo no le quería hablar de cosas de cuentos, sino de la noche esa en que Don Ulterio Bertar le dio un machetazo en la cara al que llamaban el Diablo.
Recuerdo que Don Ulterio  estaba ese día con nosotros disfrutando de los cachos de Escolástico. Cuando terminamos, antes de marcharse, preguntó por dónde colgaba  Viviano. Yo brinqué y le dije: ¡Guá! dónde más, ahí, pegaíto a la tinaja. Ese hombre no puede estar lejos del agua. A veces, llega en la madrugaíta y le cae como loco a la tinaja, es como si viniera de sacar una tarea. Sin mentira ninguna, la pobre tinajita queda seca y Ud. lo oye después, afanaíto sacando agua del río pa llenarla  otra vez. Ulterio,  bueno, Don Ulterio, se despidió y cada quien se metió en su jamaca. No puedo decir cómo pasó todo, pero lo cierto es que cerca de la medianoche  un grito espantoso nos despertó. Prendimos las lámparas y lo que le vimos en la cara a  Viviano Contreras, nos paralizó, nos quitó el habla a toiticos.  Del cachete hacia el pescuezo  le corría un borbollón  de sangre negrita. 
Ustedes saben que entre  El Amparo y Lagunitas hay cerca de unas  3 leguas de camino. Sin pensar en la distancia  nos arrancamos con aquel hombre herido. Le echamos un poco de café; hasta cenizas de fogón le pusimos; pero la sangre no se detenía. Bueno, íbamos tan apuraos que no nos paramos ni en casa de la comadre Mercedes Celeya, que vive ahí mismito  en La Mata de los Vinos. Llegamos a Lagunitas amaneciendo. La jamaca donde lo trajimos era ya una estera plegostosa. Parecía un cuero e tigre: tiecita y negra como la noche.   Menos mal que Viviano era bicho malo y no se nos murió en el camino. En la medicatura lo atendieron. Después vino el Jefe civil  y que  averiguando lo del machetazo. A mí se me fue la lengua otra vez: Mire Comisario el único que se la pasaba preguntando por Viviano era Don Ulterio Bertar. Es mejor que  vaya  por El Amparo y lo interroga  a ver qué le cuenta. Me dio lástima pero al día siguiente pasaron por las calles de Lagunitas a Don Ulterio, esposado y con la cara metía en la sombra de la tierra. Nunca quiso mirar a la gente. Tenía mucha plata pa está dejándose ver así, con las manos en la espalda. Lo pusieron, lo que llaman pechito e paloma. Claro, a los diiitas estaba  en Lagunitas comprando corotos en la bodega de Casimiro Ramos, como si nada. No duró naitica en la cárcel. Dicen que pagó una realá pa que lo soltaran, otros comentan que fue el mismo Viviano quien habló con la policía y dijo que Don Ulterio era su amigo. Y de verdad que eran amigos, pues el Viviano trabajó toda la vida en el fundo de Don Ulterio.
Sé que han pasado muchos años; pero la gente sigue preguntando ¿por qué a Viviano le decían el Diablo?  Yo les digo carrato, no es porque fuera malo o como dicen por ahí: porque  era casi familia de Guardajumo. Nada de eso.  Le decíamos el Diablo porque ese zanjón  negro que le subía por la quijá y le llegaba hasta la oreja,  parecía en verdad un agujero del infierno. Además, había que tener valor  pa encontrase a medianoche, y en un camino solitario, con ese tal Viviano y no  encomendarse a los santos o rezar un padrenuestro. A veces su cara daba miedo de verdad. Aunque Viviano no le paró nunca a la cicatriz que le dejaron  en el rostro. Cuando se reía, la herida  se le ponía chiquitica, por eso sería que siempre  anduvo alegre por la vida. Si Ud. iba a una fiesta en El Amparo o en  Lagunitas, ahí estaba el Diablo con el cuatro bullanguero y esa sonrisa gruesa que hacía que las parejas zapatearan más duro;  hasta que el taconeo y el joropo eran uno solo y entonces se perdían en la lejanía, en el aire fresco de la noche, en la risa escandalosa del Diablo.


ERA UN ROSTRO. SOMBRAS EN EL PATIO
La encontré muda sobre la silla. La mirada no sé en qué lugar del mundo. El rostro daba un blanco extraño. No podía hablar. Recuerdo que me vine  rápido de la bodega cuando vi que en el cielo se puso una sola escurana. La lluvia iba a ser fuerte.  Las hojas de los árboles parecían mariposas andando por las calles. Me acordé que la ropa  de trabajar estaba secándose en las cuerdas del patio.  Corrí. Tenía que llegar y recoger las camisas y pantalones que la mujer me había lavado en la mañana.
Menos mal que  Imargot, mi esposa, tuvo el tiempo suficiente para adelantarse y guardar todo, antes que el ventarrón se lo llevara. Eso pensé. Lo que no entendía era su palidez. Pronto comprendí que la mujer estaba asombrada. Parecía un temblador. No se quedaba quieta. Una fiebre espantosa le había  tomado el cuerpo. Como pude la llevé a la cama. Le di unas gotas de valeriana y unas tomas de manzanilla. Me abrazaba fuerte y lloraba, me tocaba como para comprobar que realmente estaba ahí. Al fin, dijo unas palabras. Es que desde la sala sentí que la lluvia vendría  tan descomunal como otras veces. Me llegué  hasta la puerta para saber si venías; pero todavía estabas  allá en la bodega de Don Casimiro Ramos. Entonces decidí salir al patio a  ayudarte  con la ropa. Ahí fue que la vi. Sí, estaba allí, era tu madre. Me miraba tristemente.
Tenía una expresión lejana y  melancólica. Se veía lenta, muy lenta, era como si toda la vida hubiese hecho lo mismo.  Como si pasara una y otra vez, pero estando en el mismo sitio. Si pudiera explicarte con palabras  lo que vieron mis ojos. Bueno, apenas terminó, puso la ropa sobre la mesa y  se perdió entre la lluvia. ¿Mi madre? No digas esas cosas. Ella está muerta. Sí, lo sé; pero era ella, yo no me he movido de aquí y mira  ese orden. Te dejó toda la ropa arreglaíta ahí. Tú sabes lo ordenada que siempre fue ella.
Efectivamente  no había ni una sola pieza en las cuerdas de alambre. Fui hasta la ventana que daba hacia los naranjales. Allá, aún andaba la imagen de mi madre perdida en la sombra negra  del patio. Imargot  acordó hacerle  una misa y prenderle unas velas a su alma. Yo cada día espero su presencia, su figura viniendo a mi casa.  A veces hablamos horas y mi esposa  hace el café para compartir la eternidad.      

     

Desde niño era fuerte y decidido para las faenas del campo

PALMAS Y MANDOLINOS. EL COMISARIO JORGE MENDOZA
Ya salimos de la escuela Miguel Palo Rico. Vamos corriendo por la calle la Pastora de Lagunitas y nos detenemos en la plaza Bolívar. Andamos por  sus mijaos,  mandolinos, caobas, castaños,  samanes negros y de jardín, merecures, apamates, maporas, palmas rosarios, reales y de sombrero.  Yo le digo a Genaro Pumás  que la plaza debería tener una placa con el nombre de Santiago Alvarado, pues una vez, con su propio dinero, dicen que compró una planta y le puso electricidad. La luz llegaba a las seis y se apagaba a las 9 de la noche. De pronto Almario nos grita: Miguelito, Genaro, Luisa, vamos a escondernos, porque allá viene el Comisario y  qué tal si le echamos un buen susto. Nos ocultamos rapidito. Genaro corre hacia los mandolinos, Almario se agazapa en los mijaos. Luisa y yo nos metemos en  una palma rosario. Allá lejos, aparece  la figura robusta del Comisario: Jorge Mendoza, viene con su sombrero redondo, sus alpargatas de goma,  lleva su pantalón arremangado hasta las pantorrillas. Dicen que El Comisario vino de Portuguesa, creo que de Turén. Uno le pregunta la edad y responde: la misma que tiene  Ingo. Entonces, hay que ir hasta donde Ingo Escalona y averiguar el año en que  nació y ella solo dice: Me dicen que en el 38,  aquí mandaba un tal López Contreras. Trae una carrucha de madera cargada de leña. Lleva zapatero, caoba, samán y amargoso.  La hizo el mismo, le puso en la parte delantera una rueda de palo cubierta con un pedazo de caucho grueso. Atrás usaba dos tablas inclinadas para que la leña no se le cayera.    Seguro le lleva  una carga a Violeta Montoya, otra a Doña Pola o va para El Callejón a dejarle un haz completico  a la señora Tita.
Nosotros le tenemos miedo al Comisario porque cuenta con armas súper secretas. Tiene una peinilla voladora eléctrica computarizada. Se puede programar para darle a fulano de tal catorce planazos en las nalgas o la espalda. Ella se va solita y lo busca, y entonces se descarga sin piedad. Nunca ha tenido problemas, salvo en una oportunidad que se le mandaron a dar a Migio diez planazos por irrespeto a la autoridad, y la peinilla casi se ubica en el lomo de Román Rivero. Ella misma corrigió la falla y agarró a Migio y cumplió con su tarea. También posee una cinta mágica, que es un equipo que se utiliza para grabar a todo sinvergüenza que hable mal del gobierno. El sombrero que usa el Comisario tiene instalado una red de comunicación que puede ponerse en contacto con los diferentes centros de operaciones nacionales e internacionales en pocos segundos.
Cuando se acerca por la esquina de la casa de Doña Isabel, todos le gritamos: ¡jorqueta! Se detiene, toma la goma,  saca piedras del bolsillo del pantalón y comienza a buscarnos entre la plaza. Como no ve a nadie nos dice: canillas de morrocoy, patas de gallito, ojos de chenchena paría, barriga e tanque, nalgas e chiricoca jugando dominó, orejas de escardilla, barriga e película, cachetes e caimán, pescuezo e bicicleta, manos de chigüire, boca e sombrero viejo, nariz de machete tres canales. 
Cada quien sale de su escondite como puede y se pierde por las casas. Yo  me voy caminandito como si nada. El Comisario me saluda y me dice que me vaya pa la casa. En esa plaza lo que hay es  una cuerda de vagos. Seguro mi comadre Juanita  debe estar esperándote. Acomodo mis cuadernos y pego una sola carrera desde la Caja de Agua hasta que mi madrina Martha. Allí me quedo callaíto y después   se aparece el Comisario diciendo que la policía  agarró en la plaza a unos vagos que estaban poniéndole sobrenombre  a la gente.



Estos cuentos fueron tomados del libro: Escenas Narratoriales de Lagunitas. Ahora te llamarás septiembre. Obra de Duglas Moreno. Edición del autor en San Carlos, Cojedes,  2017-