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lunes, 20 de junio de 2016

Leyendas y cuentos cortos venezolanos (14) Varios autores


Joven llanera en el archivo de Edwin Avella




ÁRBOLES MISTERIOSOS
 (Mercedes Franco)
Hay en Venezuela árboles en cuyas ramas se enredan extraños misterios. Baste que junto a ellos haya ocurrido algún suceso memorable, para que hayan entrado en la leyenda. A veces marcan el sitio donde está enterrado un tesoro o alguien puso fin a su vida colgándose de alguna de sus ramas. A veces algún espíritu impuro mora en su follaje y su sombra proyecta maléficas figuras.



ARREOS ESPECTRALES  (Mercedes Franco)
En los Llanos se habla de arreos de mulas o burros fantasmales. Generalmente están envueltos en un extraño fulgor y su olor es fuerte y característico. El origen de estás apariciones, según la tradición, tiene que ver con el oro que los hacendados enterraban durante la Colonia, a falta de bancos o lugares seguros donde esconderlo. Lo conducían en recuas de mulas o burros y lo llevaban a sitios recónditos o apartados. Pero junto con el tesoro enterraban algún esclavo decapitado, para que  su espíritu custodiara el tesoro. Por eso a veces se ven arreos espectrales conducidos por un hombre sin cabeza. Otros arreos son simplemente apariciones malignas  que se presentan ante las personas con el fin de ahuyentarlos de algún lugar que el ente espectral considera suyo.
Arreo de la sabana. De esta aparición maligna hablan aún en Maturín. Cuentan que Papá Juan Ruiz, un ganadero de recio carácter, iba cruzando la noche sabanera, con su propia recua de mulas y sus peones de confianza, cuando vieron venir a lo lejos un arreo. Se dieron cuenta de que era de burros, por los fuertes rebuznos. Pero aquellos rebuznos parecían carcajadas. Arreció una fuerte ventolera, como amenazando aguacero y todos sintieron escalofríos. Una súbita pestilencia revolvía las tripas y se sentía un frío agudo y repentino. La noche pareció detenerse, la luna se escondió tras gruesas nubes, no se veían las estrellas.
Cuando estuvieron cerca vieron que el primero de la comitiva, el hombre que conducía el arreo, no tenía cabeza. Tampoco la tenía ninguno de los otros jinetes, ni siquiera los burros del arreo, que eran más de una docena y seguían rebuznando y riéndose.
Uno de aquellos descabezados, un hombre oscuro brincó a la grupa del caballo de Papá Juan cuando éste enfurecido disparaba al aire. El caballo echó a correr monte adentro, como arrebatado por el mismo Lucifer, mientras seguían estallando alrededor los rebuznos o carcajadas de aquellos burros infernales.
El que se topa con el “arreo de la sabana” tiene que invocar a la Santísima Trinidad, esa es la contra. Y no se le puede maldecir, ni dispárele, porque el espanto “se le pega a la pata”, como le paso a Papá Juan. Y dicen que no suelta a su víctima hasta que se la lleva.



CUANDO PROHIBIERON EL JOROPO
 (Oscar Yánez)
Pocas personas saben que el joropo fue prohibido en una época porque era factor de perturbación. la Real Audiencia decidió en tiempos ya remotos prohibir “el Bayle del joropo escobillado” advirtiendo que los que se atrevieren a trasgredir esta Ordenanza “sufrirán la pena de vergüenza pública, item más, dos años de presidio; las mujeres serán recogidas en hospitales por igual tiempo; y los simples espectadores dos meses de cárcel segura, penas que podrán ser agravadas al arbitrio de los jueces, según las circunstancias que concurran en los sujetos. Por consiguiente y para que nadie alegue ignorancia, hago que esta ordenanza se publique y se le dé curso por bandos y pregones en esta capital y en otras poblaciones en la forma acostumbrada y se expida copia a quien competa cuidar de su observancia. Dado en esta ciudad de Santiago de León de Caracas a 10 de abril de 1749. Luis Francisco de Castellanos, Por Mandato de Su Excelencia Joseph de Ascanio”.
Consultaron a España y mandaron en uno de los galeanos que salían cargados de oro a dos negritos, hábiles en el escobilleo del joropo, el tambor, el Juan Bimba, el Cambao, el Rúcano...
Los dos joroperos impresionaron en la corte española y por Real Cédula de Su Majestad fechada en el real sitio de Aranjuez, se ordena al capitán general no lo prohíba, por cuanto “está lleno de inocencia campesina, así como el Jarabe Gatuno y el bullicuzcuz de La Veracruz, que también han venido en consulta de nuestros reinos de Méjico, y con los cuales tiene mucha semejanza”.
La prohibición del joropo fue factor de perturbación en Venezuela. Los esclavos y los peones se iban al monte; hubo verdaderas huelgas de joroperos y eso causó daños serios en plantaciones y haciendas. Y muchos se preguntarán de dónde viene la palabra joropo y otros querrán saber qué fue de la vida de aquellos pobres joroperos que estuvieron ante los reyes de España, derrochando sus habilidades: Nadie lo sabe.
Y hablando del joropo, es bueno recordar que la primera vez que este baile viajó a París, con arpa, maracas y cantadores criollos, fue con el famoso Mamerto García, bien llamado el Rey del Joropo, por allá por los años veinte. Mamerto se cubrió de gloria en Francia y más de un francés se dedicó con empeño a joropear. Así son las cosas.



LA LEYENDA DEL CRISTO DEL BUEN VIAJE
 (Jesús Manuel Subero)
Relata la leyenda que desde España partió un barco llevando a su bordo  imágenes, vasos y ornamentos sagrados. Entre aquellas se contaba un Cristo destinado a uno de los templos de Santo Domingo. 
La navegación había sido plácida. El viaje podría clasificarse de un buen viaje, sin ataques de piratas ni inconvenientes con temporales que pusieran a la nave en peligro de zozobrar. Pero la placidez del viaje se rompe cuando pasando el barco frente a la isla de Margarita un recio temporal la azota. 
 Las velas se desgarran. El pánico se apodera de marineros y pasajeros. La costa está cercana y a ella enrumba la nave. Cuando han echado el ancla, como por hechizo, el viento deja de soplar violentamente y el mar, antes encrespado, se presenta sereno. Se reparan las averías. Se prestan a continuar el viaje interrumpido; pero he aquí que el viento vuelve a adquirir la magnitud de un recio temporal y las olas se elevan en forma desmesurada poniendo la nave en peligro riego de zozobra. Se decide volver a echar anclas y de inmediato viento y mar cesan su violencia. Cada intento que se hacía de continuar viaje era respondido por los elementos encolerizados. 
Ante el hecho de no encontrar la explicación a lo que ahora les sucedía después de un viaje feliz y placentero, pensaron que podría a ver algún poder sobrenatural que lo guiaba. Recordaron que en las bodegas del barco iban imágenes sagradas y supusieron que algunas de ellas quería quedarse en este puerto. Así resolvieron desembarcar la imagen del Santísimo Cristo (en Pampatar), después de lo cual pudieron continuar su viaje sin inconveniente alguno. Desde la aún imprecisa fecha de la época colonial, es motivo de respetuosa ferviente adoración por los fíeles quienes les rinden el tributo de su fe.



JUAN SECO (Enrique Mujica)
Juan seco llegó a la montañita, un bar pendenciero de los arrabales. El brujo, que le guardaba un rencor viejo, lo vio con avidez y con encono cuando entró. Transcurriría una hora en la penumbra de aquel cobertizo para que el brujo ya estuviera desafiándolo. La costumbre atávica de pelear a campo abierto y algún respeto por la integridad del mobiliario, conminaron al brujo a cazar la pelea en la calle. 
El brujo se salió él solo y desde afuera le grito al otro: “Sal, pues, sal pa fuera, sal “, a lo que Juan seco, menos belicoso y más borracho, le dijo: “Gúa, chúpame, ¿tú no eres brujo? “.



NECROFILIA (Orlando González Moreno)
Yesenia visitaba todos los mediodías el cementerio para almorzar sobre la tumba de su hijo. Para hacerlo, extendía un mantel de fino bordado sobre la lapida, y sobre el mantel colocaba una lujosa vajilla, unos cubiertos de plata, la sopa, un segundo plato y el postre. El centro lo adornaba con un candelabro de velas rojas. Luego le cantaba a su hijo y almorzaba como si este no hubiera muerto. 
El día de su cumpleaños le partía una torta sobre su tumba, después de cantarle su fecha aniversario, apagarle las velas y beber unas copas de vino. Solamente dejaba de ir al cementerio los días de lluvia. Entonces exclamaba: ¡El pobre debe estar mojadito! 
Yesenia dejo de visitar a su hijo cuando un mediodía este le grito desde el ataúd: “Mama déjame tranquilo, que yo quiero vivir en paz mi propia muerte”.



FIDELIDAD (Gabriel Jiménez Emán)
 Aquel hombre se enamoró de una sola mujer, y le fue fiel durante toda su vida. La mujer estuvo a punto de aceptarlo en matrimonio, pero se arrepintió al caer en cuenta de que ella no podía serle fiel a un hombre tan fiel, que en cualquier momento, en un ataque de celos, podía quitarle la vida o quitarse la vida.



SIN MIRAR A QUIEN  (Armando José Sequera)
Hay millones de maneras de hacer el bien, incluso sin uno proponérselo. Te pondría poner el ejemplo más común, el de alguien que va por la calle y, cuando va a cruzar una avenida, ve a un anciano y lo ayudas a pasar. Ese alguien no venía pensando en hacer el bien pero, apenas se le presentó la oportunidad, no dudó y lo hizo. El ejemplo que te voy a poner es algo que me pasó a mí no hace mucho. Yo estaba en el supermercado, con la lista de Sonia me había preparado y, cuando llegué a la caja, se me acercó un señor mayor y me dijo que él me había estado observando y había vito que las cosas que yo compraba eran más o menos las mismas que se consumía en su casa. Que su mujer le había hecho una lista como la mía y que la lista se le había perdido. Después de decirme todo eso, me pidió que se la regalara y, apenas se la di, me dio las gracias me pido disculpas por marcharse rápidamente, y se fue con su carrito a hacer su compra.


HOMENAJE A ALFREDO ARMAS ALFONZO 
(Algunos Cuentos) 

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Mosquito era albino, pero no por eso, porque le enceguecía la luz, desaprovechaba la oportunidad a que era tan aficionado y por lo que todo el mundo, menos su madre que andaba de ordinario con su ojo abierto y el otro cerrado, le despreciaba.
Mosquito se ponía a cazar cuando las mujeres se desvestían en el paso del río para después ponerse a hablar de que La Topotopo es peor que una mata de lechosa, que a La Chola le secaron los pechos tanto muchacho como o que a La Tigana apenas si le está naciendo el vello. Mosquito es como transparente, incipiente y deleznable y será por eso, por sus dos debilidades, que se la pasa inventando lo que vio y no vio, porque no es verdad lo de La Topotopo: una mata de lechosa carga mucho más y la descargan y vuelve a cargar. Ni es verdad lo de La Tigana, porque La Tigana siempre tiene como un quiache entre sus piernas y esto no es ninguna novedad.
Por andar siempre sorprendiendo la vida ajena fue que a Mosquito le sacaron el ojo y ahora está igualito a su mamá, con un ojo abierto y siempre resistiendo a la luz y otro apagado.
                                                

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Mosquito espera que el río baje y se pone a hacer mujeres de barro, tal como se las imagina, con unas caderas como las de las mulas y los pechos como unas guayabas maduras como las que a veces trae Portillo, que son como unas peras, de suculenta pulpa roja muy dulces. También les pone nariz, ojos, boca y pelo y encima les adorna con gajos de uverillo, que es entonces cuando hay cosecha de uverillo.
Con barro, agua del río y su imaginación, Mosquito se fabrica estas muñecas escurridizas que Mosquito no deja de secar y por supuesto no resisten el peso de su cuerpo.
Mosquito lleva su osadía hasta los extremos de calumniar a La Yilé. Según él, su maestra fue La Yilé; no ningún Niquillo, ni ningún Jiménez, ni ningún maestro Barreto, no oh.

                                        
 82
Roncho me cargaba en sus hombros a buscar uverillo por los barrancos del río, cuando el río bajaba y entonces maduraban los gajos de uverillo.
Roncho cuanto posee es su simpleza y su inocencia. No trabaja porque tiene la propiedad de la sombra de todos los pasos de la orilla del río y de toda cuanta fruta producen estos montes.
Roncho no quisiera que uno recordara la vez que lo pusieron en el caso de irse a Caracas a buscar qué hacer. Eso fue el 37 y estaban saqueando las casas de los gomecistas. Nadie sabe cómo Roncho se vio metido en un tumulto y así llegó hasta la que fuera residencia de Eustoquio Gómez, pero ya la gente había cargado con todo y Roncho sólo halló un pesado aparato que tenía forma de recipiente arriba, un brillante y solemne objeto adornado además llaves niqueladas que le costó Dios y su ayuda desprender. Con ese botín bien embalado Roncho huyó de Caracas.
Emplazado como retorta de un increíble laboratorio el artefacto desconocido en plena salita de sus casa con piso de tierra, Roncho presumía de la omnipotencia de aquel misterio que no hubo a quien no sorprendiera. No quedó nadie sin entregarle a Roncho su parte de asombro y estupefacción, de miedo y azoro. Roncho conocía la fama.
El agente de laboratorios Behrens fue quien devolvió Roncho a la realidad de su orilla de Río soledosa. El agente identificó en el espectacular invento al bidé, pero aun así la gente no comprendía y hubo entonces que explicar el uso, y Roncho desde entonces conoció la humillación. Después fue que recuperó su humildad y con ella como si fuera dinero en el bolsillo, ha estado viviendo hasta ahora. 

domingo, 19 de junio de 2016

Leyendas y cuentos cortos venezolanos (11) Varios autores

Mujer llanera en el archivo de VIPI-Prensa



CANTOS MISTERIOSOS (Mercedes Franco)
Desde la antigüedad, los cantos de origen desconocido se atribuyen a seres míticos, o a entes sobrenaturales. En la Odisea, Homero cuenta con el mágico influjo del canto de las  sirenas enloquecía a los marineros. Ulises tuvo que hacerse atar el mástil de su barco, para no sucumbir a esa música cautivante.
En su novela Peregrina o el Pozo Encantado, el escritor venezolano Manuel Vicente Romero García hablaba de violines. En el estado Falcón, en la Sierra de San Luis llamada por los lugareños Sierra de Coro. se dice que hay una caverna de cuyo interior salen armoniosas canciones que atraen a la gente, pero quien entra allì no sale jamás. En nuestros ríos de montaña muchos atestiguan también haber escuchado hermosos cantos, que se atribuyen a las  “o” encantados ”del agua.



CAMPO DE CARABOBO(Mercedes Franco)
Todo un ejército de fantasmas recorre las sabanas de Carabobo, cerca de Valencia. En ese lugar  se enfrentaron hace más de un siglo las, fuerzas de la libertad, bajo el mando de Simón Bolívar y José Antonio Páez, contra  los orgullosos soldados de Mariscal La Torre. Era el 24 de junio de 1821. El combate fue corto, pero violento, se prolongó por varias horas.
Se movilizaron en total poco más de diez mil hombres. Los realistas se emplearon a fondo en un último esfuerzo por conservar el poder, pero la tenacidad de los líderes republicanos puso punto final a la dominación española en Venezuela. Desde entonces, cuenta la tradición que en ese amplio paraje, pleno de verdor y cantos de pájaros, se escuchan con nitidez los ecos lejanos de la terrible batalla de Carabobo. Truenan los cañones, resuenan las dianas y el fogonazo de los fusiles estalla en la oscuridad. Se oye el chocar de sables y lanzas,  y las voces de mando de los oficiales de ambos bandos.
Y en algunas noches claras, la luna ilumina a los dos ejércitos  que luchan encarnizadamente, mientras piafan y se encabritan los aguerridos caballos llaneros que nos llevaron a la victoria.



CARACOLES (Mercedes Franco)
”Echar los caracoles” para predecir el futuro o adivinar la suerte de la persona es una práctica de origen africano.  Este ritual entró a nuestro país con la santería cubana, y hoy en día tiene cierta popularidad. ”El brujo” o vidente lanza sobre un tapete varios caracoles o conchas de mar, y según su disposición, se  puede ver la suerte de la persona, su futuro y cualquier peligro que lo amenace.
Muchas personas creen que los caracoles son pavosos, que atraen a la mala suerte. Los  marineros margariteños no los aceptan en sus barcos bajo ninguna excusa, y hasta dicen que pueden ocasionar naufragios.



LA VENGANZA (Jesús Enríquez Guédez)
Atardecía en el hato. Ya se acercaba la soledad con el apagado oscurecimiento de la llanura. La casa rodeada de corrales se hundía en el aislamiento con el tropel del ganado.
El viejo recorrió los patios y miró hasta donde alcanza la vista. No se veía venir a nadie. Pero cuando se recogieron las aves de la laguna, el viejo creyó oír el trote lejano de un caballo.
Regresó al interior de la casa. Su mujer despabilaba la lámpara de kerosén para encender la mecha.
—Teresa —dijo el viejo—, búscame el revólver.
Ella dejó la lámpara colgada del gancho, y las sombras del viejo acostado en la hamaca se alargaban y encogían sobre la pared de cal.
—Esta noche viene —se dijo el viejo recibiendo el arma. Ella le fue entregando una a una las balas que él iba colocando meticulosamente en la recámara del revólver. Cuando hubo cargado el arma, hizo girar la masa de un golpe y se estiró en la hamaca.
A altas horas de la noche el trote de la cabalgadura se oía más nítido. Los cascos martillaban el camino arcilloso que bordea la laguna. Llegó el amanecer con un sol lejano sangriento. La sabana se extendió ondulando en los vapores del rocío. El ganado de los corrales se impacientaba con el alboroto de los pájaros de la laguna. Pero no se oía venir a nadie por ninguno de los cuatro caminos que mueren en la casa.
Teresa fue a llevarle al viejo su café madrugador; pero esta sería la única vez en su vida que el viejo dueño del hato no lo pudo tomar. Su sombra se adhería calcada como un espectro a la pared desvanecida en la penumbra del amanecer.



LOS CONSERVADORES DE LAS AGUAS 
(Luis Arturo Domínguez)
En varias regiones de Venezuela y principalmente en el Estado Lara se tiene la creencia de que los duendes son conservadores de los manantiales; el campesino que quiera utilizar el agua de dicha fuente para el regadío de su conuco, haciendo una acequia del lugar del “ojo de agua” hasta su huerto, debe previamente solicitar permiso para ello a los duendes cuidadores, permiso que consiste en poner un litro de aguardiente y dos o tres tabacos cerca del manantial; si por alguna circunstancia el interesado no coloca el licor y los tabacos en el sitio antes mencionado, de un momento a otro, el agua no corre más por aquella zanja hecho por el labriego, sino que discurre por otro lado; entonces el afectado piensa y dice a viva voz: “¡Esta es obra del Sátiro”!, que así es denominado el duende conservador de las aguas por los campesinos larenses. Siendo así, el perjudicado, en seguida, se encamina hasta el sitio donde está la fuente o manantial, llevando consigo un litro de cocuy y varios tabacos que coloca en un punto determinado y, en tal caso, con una pala o chícora despeja nuevamente el sitio por donde antes salía el agua el cual está cerrado y empieza a correr nuevamente por la acequia y desde aquel momento no sufre el inconveniente anterior porque así, es esa forma, el agricultor ha cumplido con el derecho de agua.
Se tiene el convencimiento de que varios días después de haber cumplido el interseado con aquel requisito y acercarse de nuevo al “ojo de agua” a ver qué ha pasado con el litro de aguardiente y los tabacos, se encuentra con que el licor se ha convertido en agua y el tabaco ha perdido su color, convirtiéndose ahora en simples hojas secas. No falta quien diga que el espíritu del alcohol y la esencia del tabaco han sido absorbidos por el duende o sátiro. Estos espíritus descarnados que viven en las cercanías de los manantiales son duendes lascivos que persiguen a las mujeres y, por tal motivo, se les conoce con el nombre de sátiros y nada tienen que ver con los semidioses compañeros de Baco que, según la mitología, eran representados con dos orejas puntiagudas, dos cuernos en la frente y patas de macho cabrío, pero sí tienen que ver con los íncubos y súcubos de la Edad Media, ya que los sátiros que viven en las proximidades de las corrientes o aguas estancadas, son perseguidores de las mujeres y son los que han dado lugar, por extensión del vocablo, a que se califiquen de sátiros a los hombres lascivos y a que se denomine satiriasis a la enfermedad correspondiente.
Los duendes femeninos perseguidores de los hombres que también viven cerca de los manantiales se denominan ninfas, y de aquí viene la palabra ninfomanía para denominar a la enfermedad que sufren algunas mujeres y que, igualmente, se conoce con el nombre de furor uterino.



AMOR Y MISTICISMO 
(Gustavo Pereira)
En 1669 apareció en Francia un curioso libro con el nombre de Lettres portugaises, el cual transcribía un conjunto de cartas eróticas suscritas por damas lusitanas. Las misivas, dirigidas a soldados y gentilhommes franceses acantonados en el país ibérico, causaron en aquel tiempo tan gran revuelo –y no solo por sus explícitos contenidos- que por muchos años se estuvo conjeturando y averiguando sobre la identidad de algunas de sus ciertas o supuestas autoras. Una de las verdaderas, la monja Mariana Alcoforado, nacida en 1640 o poco antes, escribía a su amado, el conde Noel de Chamilly: “Os agradezco desde el fondo de mi corazón, la desesperación que me causáis, y detesto la tranquilidad en que vivía antes de conoceros. Adiós; amadme siempre y hacedme sufrir un mayores males”.
Los encierros provocan tempestades.



DESENCUENTRO (Enrique Mujica)
La antigua carretera que iba hacia la universidad era un camino más bien estrecho y pasaba por la puerta del cuartel. Salvador conducía a una velocidad superior a la permitida. Lo para el guardia y le dice, con un tono amargo: “¿Usté cree que esto es una auto pista? “.
Salvador le dice, con irreverencia: “No, pero se puede meté la coba “.



OTRA VERSIÓN DEL HÉROE
 (Eduardo Mariño)
Supongamos que el héroe no muere tras el artero disparo que desde la calle Libertad le buscaba el ojo, la brusca sangre.
Entonces te mudas al pueblo más de un siglo después a buscar la casa donde vivían tus ancestros y encuentras que está vieja y sucia con su patiecito central y su mata de limones y un perro tan viejo y cansado que te recuerda a Argos esperando al otro viajero de siglos y de polvo.
Y en la que será tu habitación, en una vieja cama de jergón ruidoso te quedas viendo al techo y tu mirada va bajando la pared siguiendo la grieta y el verduzco rastro de moho que va creciendo y bajando justo hasta el retrato de tu abuelo, que tuerto y todo, te sigue sorprendiendo como siempre.



DOCE COMPRADORES
 (Armando José Sequera)
El sábado fuimos a ver la casa que papá que papa quiere comprar y, en principio, los que íbamos éramos mi mamá, mi papá, yo y un compadre de mi papá, que es albañil, para que dijera si los arreglos que hay que hacerle no son tan caros e, incluso, si vale la pena comprar la casa. El comprare de mi papá se llevó a su ayudante y el ayudante, como era sábado, andaba con la esposa, porque ellos venían de servir de testigos en una boda civil. Cuando íbamos saliendo llegó mi hermano Federico con su mujer y sus tres chamos y, además, con mi abuela que vive con ellos, y también se agregaron. Cuando el vendedor vio venir a aquel tropel de gente, se asustó y se negó a mostrarnos la casa.




EL HOMBRE QUE INVENTÓ EL AJEDREZ
 (Gabriel Jiménez Emán)
Se hallaba conforme con su invención, luego de haber estado perfeccionándola durante veinte años. Sin embargo, pensó que algo faltaba. Dudó por un momento, dio algunas vueltas, se rascó la cabeza y finalmente se decidió, avanzado el tablero hacia la posición P4R, para plantarse un rato frente a su oponente: un peón negro y de su mismo tamaño.



HOMENAJE A ALFREDO ARMAS ALFONZO
 (Algunos cuentos)

22
Tomás Tachinamo hablaba de la culebra de dos cabezas que tenía su cueva en lo más alto de la cordillera de costa. Hablaba de que de ella provenían los truenos, la lluvia, el crecientón, la mucha agua, los temporales, el rayo y la tempestad. Hablaba de los matos, esa clase de saurio sigiloso, que vela con su ojo inmóvil, de azogue, que el pato güirirí se levante de su nido hecho de greda para sorber los huevos con su ostentosa lengua lacerante; de las abejas, que extraen miel de entre el espinar del guamacho; de la cascabel que pare sus hijos, o del carrao, que es una avechucha triste puesta por Dios en el cielo entenebrecido del calenturiento tiempo seco para que con su desgarrado canto atraiga las aguas remotas. Esto es, como de seres próximos, conocidos, familiares e ineludibles.
Máximo Cumache propala otra especie y por ahí la anda diciendo, pero ésa es su versión de las cosas y la versión de Máximo Cumache es la menos exacta, la que menos verdad contiene, porque Tomás Tachinamo jura sobre la cruz de los dedos que sí tiene las dos cabezas, mientras que Máximo Cumache no establece distinción  entre lo irreal y lo real, entre lo verdadero y la sugestión. La mentira no siempre es lo que se recrea, así como la verdad no es siempre la imagen de lo visto y lo comprobado.

                                   23
Dolores Anato se negaba a creerlo. En lugar de un niño como ella estaba acostumbrada a partear, aquello no era sino un huevo, como los de las aves, pero mucho más grande por supuesto, y bien podía contenerse en la cáscara un feto. Aquella mujer no paría aquella mujer ponía.
Pavigallo y que lo nombraban, y es lo cierto que Dolores Anato se llevó el secreto consigo. A nadie le expuso cuántos días duraba echada la parturienta.
                                   

34
Mama se afligió de veras en la mañana de aquel verano calamitoso de 1935, cuando fue a regar sus matas de güiripa, y halló que los sapos habían hecho sus nidos en los materos, socavando la tierra; allí estaban, echados sobre los bulbos muy siseñormío, los ojos verdosos semicerrados al resplandor.
Vine a los gritos y comprobé el desastre, aunque no la acompañé en el temor de que las güiripas ya no florecerían más, y tan es así que mamá tiene ya diez años de muerta y los lirios jamás han dejado de adornar a mayo con sus blancos adornos de primavera, un solo pistilo erguido de húmedo y profuso polen amarillo. Entonces fui por la escopeta y vacié la carga de guáimaros sobre el lomo de los intrusos. No hubo sangre ni agonía. Los sapos me miraban desde abajo con algo de timidez y de asombro, y a la mañana siguiente mamá no escandalizó a la hora de regar sus güiripas, aunque se lamentó de que todas las hojas estuvieran rotas.Vino el invierno y los sapos se pusieron a cantar en el bajo de Portillo. Mamá entonces creyó que hallarían muchos esqueletos abaleados, morocotas españolas y una que otra cerámica aborigen.