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martes, 25 de agosto de 2020

Arnaldo Jiménez. Poemas y notas

 

Felices  aquellos que protegen a nuestros niños. Saludos al maestro Arnaldo Jiménez


CABALLO DE ESCOBA


Mi primer caballo fue el palo de una escoba

y le puse casco de lata y un freno de poesía.

Orlando Araujo

estas calles son mías

yo las barrí con un caballo

el regreso de mi padre

no conseguía sus herraduras

me agarraba a las crines

de mi caballo de escoba

y una carrera de ausencia

recorría la casa

mi padre daba vueltas en el corral de las fotos

y pastaba la quietud de otras horas

mi caballo cabía en cualquier rincón

y pasaba la noche cansado de tanto aire

¿acaso mi padre soñaba con su jinete

y deseaba el calor de las aceras

para que fuesen guardando en los ojos

el mismo paisaje?

yo no fui su peso

montado en otro mar

su espalda miraba hacia la orilla

y no respondía a los tonos de mi voz

un día mi caballo de escoba

empequeñeció

y escuchó dentro de mí

el relincho de su propio agotamiento

así cabalgó hasta desvanecerse

en el sucio de adiós que mis palabras

dejan caer sobre esta hoja


 

POEMA

gastamos el tiempo

sin saber

*

que solo colamos

un charco de vapor

y luz

entre las manos

*

y la vida acaba

con la vida

 


PASAJEROS

el tiempo es engaño y certeza

los pasajeros

sólo

podemos ser tiempo

 

no es suficiente

habitar las páginas

de las reconciliaciones

 

las voces de la familia

acumulan las lejanías

 

nunca se pesca con la mirada

las escenas

que el alma retiene por dentro

 

alguien doblará

los trapos que dejan

los difuntos

 

en el muelle

despedimos los barcos

y los seres que hemos sido

se pierden para siempre

Las olas

 

templo el nailon del alma

para pescar la lejanía

que crece en mí

 

al final de mis ojos

siento que un barco

empequeñece

 

no duramos más

que esta danza dorada

sobre las aguas

 

las olas arrastran

por la arena

los nombres propios

 

y aprendemos a ser

los verbos del silencio

 

toda inmensidad culmina

en espuma

 


UNA SOMBRA MUY ESPESA

Estaba dentro; la oscuridad invadía todo el espacio. Algo palpitaba; sentía que por fuera pasaba una sombra muy espesa, no sé, una presencia que no lograba definir debido a la profundidad donde me encontraba. Hice un esfuerzo por subir, pero no me movía ni un centímetro. Estiraba mis manos y unos cordones me enredaban el entusiasmo y entonces me daba cuenta de que no podía realizar ningún movimiento. A mi alrededor había una especie de sábanas acolchadas y casi pegada a mis ojos estaba una puerta cruel y sellada, con un recuadro de vidrio en el centro. Yo estaba como una piedra: rígido y con los ojos abiertos, aunque sin mirar. ¿Dónde me encontraba? No lo podía saber. La oscuridad era densa, un estupor me embargaba, algo se apoderaba de mi cuerpo y lo sujetaba a la quietud. Cuando ya no podía aguantar un segundo más hundido en esa cosa que me sostenía, escuché aproximarse aquello que parecía ser una sombra muy espesa y, en pocos instantes, se abrió la puerta: dos brazos gigantescos se dirigieron hacia mí, tomaron los cordones y los halaron hacia arriba. Entonces sentí que mi cuerpo de madera comenzaba a moverse y pronto estuve lleno de vida sobre el escenario.

 


Para mi nieta Emma, del libro dedicado a ella: 20 Juguetes para Emma, celebrando sus 11 meses. Con todo cariño, SUABUELO.


LA LUNA DEL CUARTO

Es noble y respira el polvo de la paciencia. Un complejo mecanismo de retornos permite que su luz perdure y no se exilie hacia otras memorias. Todos sus rostros vienen del infinito, y conocen la resonancia de la puerta y todo el delirio que interroga a las ropas guardadas en el armario. A ninguna hora palidece su fábula de sombras, a ninguna hora expulsa su geometría a la intemperie. Oscila un reverso de colmena, un lugar fundado más allá de la deriva de las aguas. Allí su soledad es imposible. En el horizonte de la cama, detrás de las almohadas que detienen el azar, un pequeño sol se acuesta y no cierra su vigilia y proyecta sus trazos sobre ese vidrio del cielo que flota por el cuarto como un globo que persigue las huellas más ciertas de Dios.

 

 ·

JAMÁS:

Jamás veré belleza en un automóvil, jamás. jamás comprenderé que hay más complejidad y perfección en un edificio postmoderno que en un grano de arroz, una cucaracha, un gusano, una flor, una espiga..., jamás adularé las armas, ni a quienes las portan, jamás; jamás comprenderé las razones de las guerras ni admiraré a ningún militar que haya asesinado en el nombre de nada; jamás, jamás podré alegrarme por los triunfos individuales plenos de dólares en nombre del país, jamás podré soportar a los oradores de orden, jamás sentiré el calor de una sonrisa a través de los celulares, jamás; jamás aplaudiré a los que golpean y matan animales, jamás; jamás sentiré que chino y nacho me representan, jamás, jamás.

 


RUEDA DE PRENSA

El pasado miércoles tres de los corrientes el diablo convocó a una rueda de prensa en el salón de espejos y eventos múltiples llamado Realidad. Después del saludo y los agradecimientos de rigor, enumeró los motivos por los que había convocado a los representantes de los medios de comunicación universales, advirtiendo que, por razones de premura, no estaba obligado a dar más explicaciones:

1- Negó categóricamente poseer celdillas, cárceles o centros de reclusión para proteger o castigar a los presos políticos.

2- En el mismo orden de ideas, juró ante las Sagradas Escrituras no tener ninguna vinculación con los imperios que se han sucedido a lo largo de la historia del planeta.

3- Por supuesto, nada arde en el infierno. Las calderas nunca han existido.

4- Así mismo, demostró fehacientemente su fobia a las culebras y a los machos cabríos.

5- Bajo ningún motivo podría confirmar que su lugar de habitación sea una copia casi fiel de geografías extrañas vinculadas por abismos en círculos que crecen y decrecen.

6- Por último, anunció que en los próximos días introduciría en los tribunales competentes una demanda por difamación e injuria al autor de la Divina Comedia.

 A fecha cierta de su publicación.

 


Notas didácticas


MAESTROS EXTRAÑOS: LOS ALUMNOS: las mejores enseñanzas de nuestros alumnos se juega en el  lenguaje. Nosotros los docentes nos hacemos ecos de una transmisión del poder occidental que se basa en el desprestigio de las hablas. Es poder nos hace creer que existe una gradación en las lenguas, que hay palabras mal habladas y palabras bien habladas, por lo tanto, existe un arribar a lo culto, un llegar a ser culto y para ello están los grados que el sistema educativo contiene. Este es un problema de vieja data. Sarmiento y Andrés Bello se debatieron en este aspecto, el primero sostenía que el habla del pueblo es autónoma y habría que considerarla sin la comparación con el habla culta, que en esta comparación el conquistador seguía ejerciendo su poder. Andrés Bello consideraba que la tarea consistía en que ese pueblo entrara con la fuerza de su lenguaje en la gramática, y realizó ese esfuerzo descomunal para introducir la lengua indígena en ella, el resultado fue lo contrario delo que se propusieron, Sarmiento se atascó en sus propósitos y su obra resultó erudita y plena en el lenguaje del conquistador. Andrés Bello, imbuido de la mentalidad europea y tildado de academicista elaboró una gramática donde los vencidos tenían cabida. En fin, me interesa reseñar que ese debate se da ante nuestros ojos sin que nos demos cuenta, sin estar consciente de lo que estamos haciendo y hacer la salvedad de que es en el lenguaje donde se juega la relatividad de los dominios. Pensando que nuestra habla es una especie de fortín que resguarda nuestra identidad y es, en fin de cuentas, nuestra identidad misma, he publicado dos libros: Chismarangá y Orejada, libros que intentan pasar a la escritura las formas del habla y la eleva a la dignidad del registro. Nuestra habla no conoce las mayúsculas, el uso de estas letras en los nombres conlleva una nominación académica a aquello que se le escapa. No es que no tengamos nombres propios, es que  en esos nombres se juegan las mismas tramas y los mismos dramas, están inmersos en un tejido social que establece claras distinciones entre los tipos de historias que vivencian, por tanto, los nombre pertenecen a un colectivo y representan no a individuos sino a grupos de una clase social.

 Los alumnos llevan a las aulas toda la carga poética e histórica del habla. Una tonalidad que circula por los hogares y los barrios. La ele metida en palabras que antes se arrastraban, puelto, veldá, gueno, juimos, jue…, nos enseñan algo nuevo en el lenguaje. Al menos debemos preguntarnos si acaso estas palabras pierden belleza y significado al ser pronunciadas así.

 


DE TAL LECTURA TAL ESCUELA

Se evidencia el fracaso de la educación al fracasar la creación de estudiantes lectores. Para que esto suceda concurren muchos factores, pero en general el docente y el estudiante entran en un engranaje que tiene como finalidad reproducir un tipo de cultura acorde con las manipulaciones del sistema capitalista a través de la industria del entretenimiento y las arremetidas de la microelectrónica y las máquinas computarizadas. El perfil del graduando lo ha descrito Rafael Cadenas muy bien en su libro “En torno al lenguaje”: quiebre de la lengua materna, por tanto de la expresión, por tanto del pensamiento, pésima redacción, no se plantea problemas, no se hace preguntas, no piensa autónomamente. El perfil del graduando es una expresión del perfil del lector que se quiere conseguir y esto depende a su vez de la concepción de lectura que maneja la escuela.

¿Qué lector se ha venido obteniendo? ¿Qué concepción de lectura hemos venido manejando? Las respuestas a estas dos preguntas nos aclaran el tipo de educación que nos hemos dado y por extensión la manera de cómo se ha reproducido algunos rasgos de personalidad presentes en la cultura venezolana.

Todo lo anterior nos encamina a evaluar a la educación, sabiendo que al hacerlo evaluamos un tipo de cultura determinada.

 Debemos precisar lo que queremos. Es preciso comprender que no tenemos muchas opciones, que el sueño de un nuevo hombre se materializa en la escuela y en las comunidades y tiene que pasar necesariamente por la cultura del libro como bien público, del libro como herramienta de libertad, debe pasar por nuestra conversión en lectores ya que, cada vez más, somos seres históricos y el libro es en esencia el registro de nuestro paso por el tiempo y el espacio. Es imposible no ser seres para la escritura y la lectura, aunque se sea analfabeto.

La concepción de lectura que la escuela ha utilizado obedece a los siguientes parámetros presentes en los programas y reproducidos por los docentes en sus proyectos de trabajos pedagógicos:

1- La lectura entendida como un conjunto de habilidades y destrezas. Esto es válido también para la escritura. Lectura instrumental expresada en la decodificación a través de los métodos silábicos, fonéticos, global.

2- Este tipo de lectura no va más allá del texto escrito, no incluye la lectura simbólica, es decir aquella que puede encontrar múltiples significados y relaciones en el texto escrito.

3- Lectura tubular. Superficial hasta en el caso de la comprensión lectora. Cuando esta comprensión es exitosa no es profunda y no puede serlo porque el estudiante no ha sido ganado para la lectura y por tanto no ha ampliado su visión del mundo. Es una lectura que no genera preguntas sino que da las respuestas, no produce deseos de saber, imaginar, buscar.

4- Es una lectura que tiene por contexto psicológico el uso de la memoria. Esa es también su finalidad: enseñar a repetir un conocimiento o un conjunto de ellos.

5- Es una lectura que no se utiliza para potenciar el modo de conocer que ya el niño ha aprendido en su medio familiar y comunitario, sino que procura almacenar lo ya conocido, por tanto termina siendo extraña a las cualidades espontáneas del estudiante y éste la siente como opuesta a sus intereses.

6- La concepción de lector que subyace aquí es por la tanto la de un lector práctico, que escribe y lee para resolver problemas inmediatos y orientarse pragmáticamente en la sociedad.

7- La educación que acepta y reproduce esta concepción de lector y de lectura es así una educación “bancaria”, memorística, monótona, aburrida, superficial.

8- Si tomamos en cuenta lo antes dicho: la vinculación de la lectura con la escuela, nos percatamos que esta última se convierte en una especie de laboratorio donde se “fabrica” un modo de ser y por lo tanto un tipo cultural. La cultura que se reproduce en la escuela es la de la trampa, la del pragmatismo, el camuflaje, la del decorado. El ingenio radica en cómo resolver un problema sin hacer un esfuerzo auténtico.

¿Qué educación queremos? Una educación que revise la manera de cómo el ser humano conoce espontáneamente y no subestime a la niñez en sus capacidades de creación e investigación. Una educación que conciba a los estudiantes como seres creativos, capaces de producir sus propios conocimientos. Los maestros producen la creación de maestros de diferentes edades, un maestro es una persona que afirma y potencia las capacidades de lectura y las capacidades creativas, que estimula el espíritu de investigación, que genera un ambiente de alegría y de amistad propicio para la libertad de expresión; una persona que señala el camino y disfruta del paseo. Practica  una pedagogía que no está estructurada en torno a los saberes conocidos sino a aquellos que no se conocen y duermen en los estudiantes. Un saber que surge entre la unión de lo vivido con lo desconocido. Una educación que sirva para vivir mejor, más felices o más alegres.

 ¿Qué tipo de lectura es la más adecuada para que esa concepción de la educación pueda cumplirse consuetudinariamente en las aulas de clase? Una lectura libre, degustada, curiosa, lúdica; una lectura comprensiva de acuerdo a los esfuerzos y niveles de cada estudiante, una lectura que amplíe la visión del mundo, la lectura de la realidad tanto interna como externa, una lectura que ayude a pensar. La llamo lectura simbólica – comprensiva, (este vector imagínenlo como un vector de unión en doble dirección) ya que la lectura simbólica acarrea en sí misma la comprensión, la reflexión, la conversación enriquecedora y estimula el invento. Esta lectura aclara los límites de los valores morales y éticos tanto positivos como negativos y por tanto ayuda a afianzarlos en el ser humano; además contribuye a entender a otro nivel nuestra condición histórica al hacernos comprender que la fuerza y la sangre de la historia reside en el lenguaje y no tanto en la celebración del pasado. Este tipo de lectura activa los esquemas cognitivos y prepara el pensamiento para aprender a conocer o para seguir conociendo. No coarta la manera espontánea de cómo conocemos, volvámoslo a repetir: un esquema anterior se empalma a uno nuevo, algo que motiva la curiosidad o las ganas de conocerlo y genera un saber diferente o ampliado. Tampoco es indiferente al modo espontáneo de funcionamiento general de la psique: el modo simbólico de conocer y enfrentarse a la realidad.

 La lectura simbólica-comprensiva también afianza la inteligencia sensible y transforma al estudiante, es decir que se adapta mejor a la concepción clásica del aprendizaje entendido como cambio de conducta. La lectura es un proceso interactivo, transaccional, recursivo. Crea el círculo: vivencia-lector-escritor. La lectura es un proceso de comunicación. En este ensayo no nos cansaremos de repetir que tanto la escritura como la lectura son instrumentos para aprender a pensar y aprender a conocerse.

La lectura que proponemos está orientada hacia la madurez emocional e intelectual del individuo, única manera de sentar las bases para la formación de un colectivo consciente y seguro de su camino. Cuando hablamos de emocional lo hacemos en términos de la ayuda a la resolución de los problemas internos más acuciantes del ser humano, es por ello que la lectura simbólica-comprensiva debe aparecer desde primer grado, porque este tipo de lectura se dirige a las zonas consciente, preconsciente e inconsciente del ser humano. No es posible educar la conciencia sin tocar el inconsciente, la lectura simbólica es la más adecuada para llegar a ese fondo y trasfondo de nosotros mismos donde guardamos los más maravillosos seres tanto destructores como creadores, maestros salvadores y amigos, así como sombras engañadoras que nos hacen cometer errores que nos persiguen toda la vida.

 Este tipo de lectura que necesita otro tipo de escuela, tiene y debe nacer  dentro de la escuela tradicional que ya existe, aquí proponemos la elaboración de un guión de trabajo pedagógico que podría sustituir a los proyectos pedagógicos basados en el uso de la memoria y en la lectura tubular, o, en todo caso servirles de complemento, aunque siendo rigurosos, el programa no puede seguir hipertrofiado como está, es éste último el que debería ser apéndice de otro trabajo más abierto a lo esencial del ser humano.

 Por último queremos decir que este tipo de lectura y la escuela a ella correspondiente contribuiría a desmantelar la cultura de la trampa que poseemos, la otra cultura que ganaría espacio sería la de la afirmación, la de la autonomía de pensar, por tanto la de la seguridad de resolver los problemas contando con los propios esfuerzos, la cultura que incentiva la libertad de expresión y la vida cooperativa.



                                Otros textos de Arnaldo Jiménez:


Gracias por su visita. 

Isaías Medina López (Coordinador). 

viernes, 21 de agosto de 2020

Gonzalo Fragui. Poemas y poeterías

 

Fue en una fiesta de pueblo donde perdió su cordura. Imagen en el archivo de Santos Quiroga


LOS VIAJES DE MI PADRE

Esta mañana mi padre vino a visitarme

Quería saber si los ríos

todavía se domesticaban con palabras

Quería montar a caballo

Poner unas velas a San Antonio

Y tomarse unos tragos con San Benito.

Hoy vino mi padre a visitarme

Quería saber de los huesos del abuelo

Quería recordar el canto de algunas aves

Habló de un extraño contrabando de navajas pico ´e loro.

Después se quedó en silencio por un largo rato.

Al marcharse

Mi padre

tenía la sensación

de haber realizado un largo viaje.

 

 

EL CABALLO DE MI PADRE QUIERE JUGAR

Mi padre me envía en busca del caballo

Desde el río observa contrariado

Ni el chimó logra calmarlo

El caballo quiere jugar

No quiere nada con lazos

Corre retándome

dando vueltas por el potrero

Cansado

me detengo a llorar

Vicenta entonces abandona su fogón de leña

y viene a consolarme con su delantal de aliños

Su cuerpo cálido me alivia

Yo viajo por lugares desconocidos y eternos

como los que imagino desde la ventana de mi escuela

Al despertar

Vicenta se impulsa en sus poderosas piernas

monta al caballo en pelo

y se van a juguetear como dos viejos amantes

Años después

durante algunas noches

Vicenta y el caballo de mi padre quieren jugar.

 

 

LOS CABALLOS DE MI PADRE

Anoche no me dejaron dormir los caballos

Corrían como locos

Desesperados

Relinchaban de miedo

Parecían huracanes en busca de palmeras

Anoche estaban espantando

Quise levantarme

pero hacía frío

y a veces no puedo con el reumatismo

Esta noche no me van a sorprender

Hoy los espero con el lazo y agua bendita

Lástima mi silla de montar

“No le crea

Roncó toda la noche

y además hace mucho tiempo que por aquí ya no hay caballos”,

dice mi madre en voz baja desde la cocina.

 

 

NAZARIO NAZARET

“Me empiezan a visitar

los que ya se fueron”

dijo mi padre al levantarse.

Luego hizo una pregunta imposible:

“¿Quién podrá tener una foto de Nazario?”.

Soñó que Nazario lo cargaba de nuevo

Como aquella vez que lo llevó en vilo

desde La Veguilla hasta Mucutuy

Contó cómo se cayó Nazario del andamio de la iglesia

el día de su muerte

“La noche anterior nos habíamos tomado unos tragos”

Finalmente se sumió en el café

como en un mar profundo

Levantó los ojos para no vernos

y murmuró algo

sobre las madrugadas en el matadero

Todos permanecíamos en silencio

El gallo de un solar vecino

vino a espantar todos nuestros miedos.

 

Poeterías

 

EL LOCO DEL CALDERAS

                                                                       A Livio Delgado

En Calderas había un loco, un loco muy alegre y servicial. La gente lo quería y las muchachas se hacían pasar por sus novias. El loco hacía mandados y las señoras le regalaban ropa vieja y comida, y a veces hasta una moneda que alcanzaba para algún trago.

Un día los poetas del pueblo, encabezados por Orlando Araujo, escribieron una carta de una supuesta señorita que estaría muy enamorada del loco, y vivía en la vecina población de Altamira de Cáceres. El loco no sabía leer pero, como era amigo de los poetas, ellos estaban seguros de que, en cualquier momento, los buscaría para que le leyeran la carta.

Pasaron varios días y el loco no decía nada con su carta en el bolsillo. Los poetas se le acercaban para saludarlo pero él permanecía callado. Una tarde que se había tomado algunos tragos confesó, por fin, lo de la carta.

Los poetas acompañaron al loco a las orillas del río y allí le leyeron, como si no supieran nada, la carta que ellos mismos habían escrito. Bella carta. El loco suspiró enamorado. En seguida quiso responderle a la muchacha. Pidió a sus amigos que por favor escribieran lo que él quería decirle a la amada, y así lo hicieron.

A los días llegó de nuevo otra carta para el loco. Allí la joven enamorada agradecía a su amado la rápida respuesta a su humilde carta, confesaba estar un poco apenada por los errores ortográficos y esperaba, finalmente, que no fuera a pensar nada malo de ella por el atrevimiento. El loco respondió que no había problema, que él tenía sólo buenos sentimientos para ella, y así siguieron escribiéndose durante meses.

La mamá de Orlando se enfurecía cuando se enteraba de una nueva carta. Les decía que cómo era posible que se estuvieran burlando de ese pobre loco, que le estaban haciendo daño, ilusionándolo de esa manera. Orlando se defendía, “nada de hacerle daño, vieja, al contrario, no ve lo feliz que está”.

Pero, un día, el loco quiso conocer a la novia, y así se lo hizo saber en la siguiente carta. Problema inesperado para los poetas. Cuando empezaron con el juego no previeron que podría presentarse esta situación. Rápidamente Orlando y los amigos se fueron a Altamira de Cáceres. Allí conocían a algunas familias. Iban a ver qué podían hacer. Después de intentarlo con varias muchachas por fin una de ellas aceptó ser la “novia” de las cartas. Los poetas le explicaron más o menos qué se habían estado escribiendo, desde cuándo, en fin, todos los detalles. A la chica le daba mucha risa pero aceptó.

La cita se convino para el siguiente domingo. La amada le respondió que lo esperaría en la plaza Bolívar a las diez de la mañana. También le decía que se pondría su mejor vestido, uno blanco con pepitas, y que llevaría una flor de cayena en el pelo. Al final de la carta le rogaba encarecidamente que por favor no fuera a faltar porque ella se moriría de tristeza.

Llegado el domingo, los poetas ayudaron a vestir al loco, le prestaron unos zapatos nuevos, lo llenaron de agua de Colonia y lo enviaron a Altamira de Cáceres.

Desde lejos, y en otro carro, los poetas comprobaron que efectivamente el loco llegaba a la plaza y, al identificar a su amada, de inmediato se dirigió a ella. Conversaron un rato, fueron a misa de once, luego, al salir, disfrutaron de un helado, y se despidieron.

Al otro día los poetas preguntaron al loco cómo le había ido con la novia. El loco dijo que bien, que la señorita era una dama muy educada, muy bonita y muy religiosa. Pero no dijo nada más.

Pasaron las semanas, cartas van y cartas vienen, pero el loco no daba señales de querer volver a ver a la novia, cosa que tranquilizaba a los poetas porque la chica de Altamira había dicho que ella no se iba a volver a prestar para esos juegos porque le daba mucho pesar con el loco.

Un día, sin embargo, los poetas insistieron. Le preguntaron que si no quería volver a ver a la novia. El loco respondió que no. Los poetas no entendieron, quisieron saber si era que habían terminado. El loco los tranquilizó, les dijo que todavía seguían siendo novios y que estaban muy enamorados.

- Y entonces, ¿por qué no quiere verla?, preguntaron ansiosos los poetas.

Y él respondió:

- Me gusta más cuando me escribe.

El loco de lo que se había enamorado era de la poesía.

 

 

RUVIRO

La noche es la rosa de los vientos. Gira según los caprichos del dios Eolo. Así no se puede dormir. Sobre todo si sopla un día sábado. Hay que inventar algo para vencer la ventisca. Ruviro y su mejor amigo, El Pavo, lo sabían. Por eso, una noche de sábado, el viento los llevó hasta Valera, a un bar llamado Siboney, donde las muchachas no creen en huracanes, a menos que los produzcan ellas. Ruviro tenía allí una amiga llamada Teresa y El Pavo otra. Parrandearon hasta la madrugada, pagaron la cuenta y salieron a continuar la fiesta en otra parte. La sorpresa fue que al salir al estacionamiento la camioneta de Ruviro estaba en cuatro bloques, le habían robado los cuatro cauchos. No estaban muy buenos, es verdad, pero andaban, en cambio ahora, sin cauchos, no se podía ir a ningún lugar. Ruviro se alarmó. ¿Qué hacer?.

El vigilante del estacionamiento del bar era un mudo, y Ruviro, como pudo, preguntó quién le había robado los cauchos. El mudo con señas dijo que no sabía, que no había visto nada. Ruviro casi lloraba. En el estacionamiento había otra camioneta, un modelo más reciente y con los cauchos nuevecitos. El mudo le dio a entender que el dueño era un gordo que estaba dentro del bar. Ruviro entonces mandó a Teresa para que lo distrajera mientras ellos le robaban los cauchos. Teresa se acercó al gordo, empezó a coquetearle y pidió que le brindara un trago. Al rato el gordo reía a carcajadas con las cosquillas que le hacía Teresa. Se entusiasmó tanto que pidió una botella para los dos. Teresa fingía besos apasionados y, de reojo, miraba la entrada del bar esperando la señal. El mudo montaba guardia mientras Ruviro y El Pavo robaban los cauchos. Cuando terminaron, El Pavo se asomó al bar y le indicó a Teresa que saliera. Teresa le dijo al gordo que iba al baño y que ya regresaba. Salió corriendo al estacionamiento y los cuatro, con cauchos nuevos, se fueron a buscar un hotel para dormir esa noche.

Al otro día, como a las diez de la mañana, los amantes salieron del hotel y buscaron el mercado principal de Valera para desayunar. Cuando se detuvieron en un semáforo, vieron pasar la camioneta del gordo con cuatro cauchitos todos desiguales, uno más alto, otro más bajo, uno ancho y otro angosto, como de bicicleta. El gordo iba con dos ayudantes, todos borrachos y dispuestos a matar a los que le habían robado los cauchos.

 

EL MAR DE LA TORTUGA PERDIDA

En 1981 Solveig Hoogenstein filmó el cuento de García Márquez “El mar del tiempo perdido”. Actuaba en esa película el escritor Renato Rodríguez, y uno de los productores era Valmore Gómez. El equipo de filmación se fue a un pueblito llamado Río Seco, entre Coro y Maracaibo, y allí empezaron a rodar el film. Todo iba a pedir de boca hasta que encontraron en el guión una escena donde se necesitaba una tortuga gigante para halar en pleno mar una balsa con un Chevrolet descapotado encima, la única manera de llevar un carro a ese pueblo. La directora paró la película y dejó claro a los productores que no continuaría si la tortuga no aparecía. “Ustedes verán”, les dijo. Valmore y sus ayudantes se pusieron a pensar qué podían hacer, dónde podían conseguir una tortuga gigante, habría que inventarla. Se fueron al único bar con rockola, se tomaron unas cervezas y, cuando ya estaban dispuestos a renunciar como productores, un borrachito que estaba escuchando les dijo que en el zoológico de Maracaibo había una tortuga con esas características, que él conocía al vigilante, y que si le brindaban unos tragos podía hablar con el amigo. Dicho y hecho. Compraron una botella para el borrachito y otra para ellos y se fueron a Maracaibo. Llegaron directamente al zoológico como a las diez de la noche. El borrachito habló con su amigo y al rato regresó con el negocio listo. El vigilante pedía quinientos bolívares, prestaba la tortuga por un día, con el compromiso de devolverla después de la filmación, pero que pasaran más tarde, como a las dos de la madrugada, que no había nadie. Los productores pegaron el grito al cielo. Iba a costar más la tortuga que la película. Sin embargo, a las dos de la mañana estuvieron en la puerta del zoológico. Productor que no regatee no es productor. Dijeron al vigilante que era muy caro, que les hiciera una rebajita, que se la traían al otro día por la noche. El vigilante se tranzó en 400 bolívares y de ahí no bajó más. Valmore, resignado, pagó el dinero y regresaron a toda velocidad. Llegaron al pueblo todavía de madrugada, entregaron al utilero la tortuga, le dijeron que la amarrara bien, y se fueron a dormir, medio borrachos y trasnochados.

El sol estaba bien alto cuando se escuchó una algarabía en la playa. Todo el pueblo gritaba asombrado. Parecía una fiesta. Valmore, en medio de la resaca, se asomó a la ventana y vio todo clarito, como cuando García Márquez estaba escribiendo el cuento por primera vez. Del otro lado de la calle, en otra casa, también se asomó la directora de la película quien, al ver lo que estaba sucediendo, gritó:

- ¡Quién carajos les dio la orden de empezar a filmar!

Flotando en el mar, la tortuga se solazaba como hacía muchos años no podía, al estar tanto tiempo cautiva en el zoológico de Maracaibo. En la madrugada, mientras todos dormían, la tortuga había mordido la cuerda con la que la amarraron y se había ido al mar.

Los productores y la directora salieron en paños menores y se fueron corriendo a la playa. Si alguien hubiera tenido prendida la cámara habrían hecho la mejor escena de la película. La tortuga delante de la balsa, donde estaba montado el Chevrolet, daba la impresión de que efectivamente la estaba llevando a la playa, pero fue solo por un momento porque, al escuchar los gritos de la gente, la tortuga despertó de su placentero letargo y se hundió en las profundidades de la alta mar. Los pescadores y los pobladores tomaron sus lanchas y la persiguieron pero no pudieran agarrarla.

En el pueblo, mientras tanto, Valmore quería matar al utilero, el borrachito amigo del vigilante del zoológico quería matar a Valmore, y Solveig quería matar a los tres.

En la película también se necesitaba la tortuga para una de las escenas finales donde mister Herbert (personificado por Oscar Berrizbeitia) y Tobías, muertos de hambre, iban hasta el fondo del mar. Tuvieron que hacer la escena de la comilona con una tortuga de carey rociada con salsa de tomate, mientras la verdadera tortuga contaba la historia a sus hermanas tortugas que durante siglos habían dormido en el fondo del mar y no creían en cuentos de películas. 



Muchas gracias por su visita 

Isaías Medina López (Coordinador)