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jueves, 22 de noviembre de 2018

¿UN GATO O UN PERRO? ¡QUIERO UNA MASCOTA! (cuento de Jania Gámez Sandoval)


Desde la más tierna edad el amor por los animales nos acerca a los complejos fenómenos de la vida. Niño llanero en el archivo de Janett Perdomo



Jackie era hermana de Josh, a ellos les gusta pasear por la ciudad, pero han notado que la mayoría tiene mascotas, Josh le dijo a su hermana sobre esto y los dos coincidieron en decirles a sus padres.
Jackie: - Mamá, tengo que decirte algo, eh... ¡Quiero una mascota!
Mamá, rió: -¿Estás segura? Apenas tienes 11 años y es una gran responsabilidad.
Jackie:- Mamá ya estoy grande, además, Josh me ayudará a cuidarla.
Mamá: - Pero, Josh solo tiene 9 años... Bueno, lo pensaré, pero ¿qué mascota quieren?
Jackie y Josh: - Un gato o un Perro.
Mamá y papá:- ¡Decidan! ¿Un gato o un perro?
-Jackie: ¡Gato!
-Josh: Perro!  (Exclaman al unísono)
Mamá y papá: (ríen y se miran el uno al otro), creemos que deben pensarlo mejor. Le vamos a dar una semana para que lo hagan.
Jackie y Josh les pareció una difícil decisión. Mientras que sus padres lo veían como algo que olvidarían al día siguiente. Jackie quería tener un gato, pero no quería que su hermano se molestara, y Josh quería mucho tener un perro, pero ¿Qué decidir?  Los gatos y los perros son hermosos.
¡Necesito un gato! Para ver cómo se comporta- dijo Jackie- pero, tendré que esconderlo de mis padres! Jackie le contó esa idea a su hermano y los dos pensaron en tener un perro y un gato a escondidas para saber cuál era mejor. Jackie duró tres días buscando un gatito abandonado y Josh  dos días buscando un perro.  Para Josh fue un poco más fácil, porque sabía que cerca de su casa había unos cachorros. Los escondieron entre unas cajas, sábanas y almohadas y les buscaron comida, pasaron cuatro días viendo cuál era mejor, y se encariñaron mucho con esas mascotas; todavía no sabían qué decidir y ya sus padres pronto les preguntarían por la decisión.
Un día, no quedaba más comida para sus mascotas y no tenían otra opción que ir a comprarla, claro, sus padres habían salido de casa. Jackie era la mayor ¡ella tenía que ir a la tienda! Pero, no quería ir sola así que llevó a Josh;  este quería llevar a las mascotas y Jackie estaba pensando si llevarlas o no; finalmente, llevaron sus mascotas, para no dejarlas sola. .
Josh: -¡Pero, Jackie! ¿De dónde sacaremos tanto dinero?
Jackie: -Vamos! (sonrió) tengo mis ahorros y junto con los tuyos, tal vez hasta nos sobre.
Pues se fueron caminando hasta que llegaron al centro de la ciudad y encontraron la tienda de mascotas y compraron lo necesario (estos niños tenían muchos ahorros al parecer), se sentaron unos minutos en los bancos del frente mientras alimentaban a sus mascotas.
Jackie: -Amo mucho a nuestras mascotas, no puedo decidir! Quiero quedármelos a los dos.
Josh: -Yo igual, no me decido; ¿No podemos solo deshacernos de uno?
Jackie: -Tenemos que ir pensando qué le diremos a mamá y a papá.
¿Hora de revelarlo?
Los niños después de hacer todo lo que deseaban con las mascotas, se sentían cansados y fueron a buscar la estación de bus para regresar a casa. De repente, el pie de Josh cayó en un agujero lleno de barro, y cuando trata de sacar su pie se le sale su bota. Y pues, tuvo que meter su mano en todo ese barro para recuperarla.
Josh: -Ahora sí que metí la pata.
Jackie: -¡Qué torpe eres! (dice riendo)
Mientras ellos estaban distraídos, sus mascotas fueron corriendo tras un vendedor de hot dogs; ellos voltean y empiezan a correr nerviosos, Hasta que los alcanzaron, estaban muy asustados Pensaban que se habían escapado, pero cuando voltean a su alrededor ven que se fueron un poco lejos del sitio, y deciden preguntarle al vendedor dónde quedaba la estación de bus más cercana.
Jackie y Josh: -Disculpe, ¿dónde está la estación de bus más cercana?
Vendedor: - Pues está a una cuadra, justo ahí a la izquierda (señalando la calle donde quedaba el trabajo de sus padres, que estaban ahí ahora)
Jackie y Josh: -¡Muchas gracias señor! (se miraron nerviosos).
Estaba un poco difícil, ¿y si sus padres los veían? ¡Un castigo mínimo de tres meses!, ¿Qué haremos ahora? - exclamó Josh. Jackie decidió ir por otra calle, ¿Qué más da? Y pues eso hicieron;  siguieron caminando por ahí, buscando una estación de bus. Jackie estaba muy cansada y se sentó por unos minutos en el suelo, junto a una tienda de ropa y cuando se levantó su hermano se rió a carcajadas.
Jackie: -¿Qué pasa?
Josh: -¡Tienes un chicle en tu pantalón!
Jackie: -¡No puede ser! Qué mala suerte.
Un rato después, de estar caminando, encontraron una estación de bus, y decidieron ir  a casa rápidamente, Cuando llegaron sus padres ya habían regresado. Por lo que decidieron contarles a sus padres lo que pasó, claro, con unos detallitos a su favor. Y así fue; sus padres no los regañaron. Quedaron muy sorprendidos porque solo los aconsejaron y los mandaron a bañar al instante.
Mamá y papá: - Bueno, niños eso no fue lo correcto, esperamos que no vuelva a suceder, pero;  nos parece bien que se hayan preocupado por sus mascotas, ¡les permitiremos quedarse con las dos!  Eso sí, no pueden descuidarlas, siempre los tienen que amar  y si necesitan algo, tienen que hablar primero con sus nosotros. Se dieron un abrazo grupal y los niños sabían que no volverían a hacer eso sin el consentimiento de sus padres.


Nota del editor: Jania Gamez Sandoval, nació en San Fernando de Apure, estado Apure, el 10 de julio de 2007. Tiene 11 años de edad. Esta publicación fue autorizada por sus padres  el 20 de noviembre de 2018. Desde 2012 (con 5 años de edad) se  inicia como violinista en el Sistema de Orquestas y Coros Simón Bolívar. Actualmente pertenece a la Orquesta Infantil y a la Camerata Juvenil de dicho sistema. Estudia 7mo grado en el Liceo Nacional Eloy Guillermo González, en la ciudad de San Carlos, estado Cojedes.

viernes, 30 de agosto de 2013

EL HACHADOR PERDIDO (Versión original completa y en audio musical)

El Hachador Perdido (Archivo de Miriam Ramírez)


Texto de Hipólito Arrieta y Tatiana Colmenarez


Productor Ejecutivo: Evelio Álvarez Cortés.  Libreto y Dirección General: Jesús R. Colmenares.  Fuente y elenco: Eduardo Alí Terán (Narrador); Gipsy Sánchez (Vieja Aurora); Domingo García (Coplero 1, C1, y Campesino);   Hipólito Arrieta (Viejo Hipólito, Coplero 2, C2 y Declamador); Jesús R. Colmenares (Hachador Perdido);  Teo Galíndez (Coplero 3, C3). Conjunto: Nerys Torrealba (arpista); Sergio Linares (cuatrista); Pedro Pablo León (maraquero); Ramón Hernández (bajista)

Mujer llanera en el archivo de Copleros de la Llanura 


Narrador: La llanura es bella y terrible a la vez, el Llano enloquece y la locura del hombre de la tierra ancha y libre, es ser llanero siempre,  el Llano tiene muchos secretos es tierra buena y abierta para el esfuerzo y la hazaña, toda horizonte como la esperanza, toda caminos como la voluntad, en esta tierra inmensa y llena de temeridades  donde corre sensual la copla, también se ha escrito la historia y ha nacido la leyenda como esta que en boca de los pobladores de San Camilo se le dio por llamarla El Hachador Perdido.

C1: Si por la noche se escucha
cabalgar algún lamento
y en San Camilo se pinta
la sombra de tu recuerdo
si es que te encuentras penando
en las montañas, del tiempo,
con gusto, Hachador Perdido,
yo te rezaré tu Credo,
tu Credo.

Narrador: La noche había comenzado a tejer su manto sobre el vecindario de San Camilo, los pobladores lentamente se iban recogiendo en sus casas, mientras las gallinas alborotadas buscaban el mejor sitio en el dormidero, Aurora, que había llegado temprano de Chorrosquero, se aprestaba a calentarle un guayoyito al viejo Hipólito, quien pensativo se mecía en la campechana que le había regalado un musiú, cuando este estuvo de paso por San Camilo.
Campesino: Apúrese con ese café, vieja Aurora, que  el viejo Hipólito lo está esperando.
Vieja Aurora: Bueno, mijo: ¿y cuál es el apuro?, este fogón hay que atizalo, y aparte de eso la noche es larga, y hablando de noches largas, Hipólito, usted, que es un viejo tan versao en toditas esas cosas de historias y aparecidos, por qué no me cuenta un poquito de ese fulano “Hachador Perdío”, que tanto mientan aquí, en San Camilo mientras le sirvo el guarapo.
Viejo Hipólito: No tanto como conocerla, comadrita, pero si he escuchao bastantico de lo que por ahí dicen, según me hablaba mi abuelo, sucedió hace muchos años aquí en San Camilo, cuando no había linderos ni caminos;  sólo trochas y paso ´e  río. ¡Todo era diferente!
Vieja Aurora: Pero, tómese el guayoyo, Viejo, y eche palante, yo quiero es escuchá, por boca suya, todo eso que se cuenta.
Viejo Hipólito: Agarre  silleta, mija, eso sí, prepárese, porque la cosa es fea. Así comienza El Hachador Perdido:

Cantado:
Mi abuelo siempre me dijo
y nunca presté atención
que no fuera a la montaña
tan sólo por ambición
que fuera a cazar al monte
si había mala situación,
pero si hay comida en casa
por qué hacer esa cuestión
“Mire que su tío José
y el compadre Juan Simón
quedaron locos y enfermos
por culpa del Hachador”

Declamado:
Yo estaba acostumbraíto
que toas las noches iba
a vigiar las  lapas
pero al porfiao, señores,
alguna cosa le pasa.
Seis y media de la tarde
comenzó a caer la noche
tomé la escopeta en mano
y me ajilé para el monte
si note por el camino
en mi cuerpo una frialdad
uns jachazo bien fuerte
escuché en la inmensidad
llegué al sitio de las lapas
donde tenía el comedero
y en el pleno mes de marzo
se mando aquel aguacero.
(Se oyen ruidos de truenos) 

Cantado:
¿Qué pasará con las lapas
que se hacen las rogadas?
pero de aquí,  no me voy
con la escopeta cargada
espero hasta amanecer
yo sé que vendrán hambreadas
aguacero no me corre
porque cargo mi chamarra.

Declamado:
Las dos de la madrugada
y las lapas no llegaban
era como una advertencia
pa´ que al rancho me largara
(Se oyen ruidos de un hacha sobre la madera)
aquel sonido del hacha
más cerquita lo escuchaba
y sentí poquito a poco
que la piel se me erizaba
de repente oí entre el monte
que chamizas reventaba
y pensé viene la presa
que con ansias esperaba 
era un hombre alto y negro
con la cabeza pelada
traía un hacha en el hombro
y una tapara de agua
una mochila de cuero
en el pecho bien  terciada 
encaramao en el palo
las dos piernas me temblaban
al ver que parecía un monstruo
esa cosa que miraba.

Cantado: 
Si, usted, machucó a mi tío
conmigo se equivocó
acaso me le parezco
al compadre Juan Simón,
sepa que yo soy un macho
y no me asusta león
menos  una lagartija
que de ese monte salió.

Declamado:
Descargó todito al suelo
y el hacha en sus manos dejó
y empezó a tumbar el palo
donde me encontraba yo
echó una mirá parriba,
oí que se carcajeó
los dientes se le cruzaron
y la montaña tembló.
Hachador: Soy el Hachador Perdido. Ja, ja, ja, ja, ja, já.

C2 (Declamado):
Así se identificó
con una voz retumbante
que en el monte se perdió.
Cantado:
No creas que me asustaste
con tu tenebrosa voz,
cargo la Virgen del Carmen
y la palabra de Dios,
también las Siete Potencias
y a San Marcos de León
que me lo pondrá mansito
para montarle un sillón.

Narrador: La noche se fue poniendo más negra en San Camilo, mientras el viejo Hipólito con la mirada de quien todo lo sabe, seguía narrando aquella pesadilla que les hacía erizar la piel, todos en silencio escuchaban horrorizados sin perder ni un detalle, mientras el viejo entre palabras y boleadas de chimó proseguía con el cuento.
Viejo Hipólito (declamado):
Al oír mi voz, la bestia,
ésta más se enfureció
y siguió cortando el palo 
como todo un hachador
en un abrir y cerrar de ojos
aquel árbol se cayó
no supe cómo ni cuándo
el hacha desencabó
y con el palo de la misma
una golpiza me dio.
(se oyen quejidos del coplero)
Éste al ver que no  moría
de la rabia que le dio,
el hacha metió en el cabo
y hacia mí se regresó
cuando la voltió de filo
para partirme en dos
de un salto miró a los lados
y éste retrocedió
con la velocidad de un rayo
vi que todo recogió
presintió el cantío del gallo
que al mismo tiempo se oyó.

Cantado:
El gallito de mi rancho
la vida me la salvó,
no hallaba como moverme
ese espanto me privó
allí me quedé tirado
ahí mismito amaneció
reventao me sentía
por los palos que me dio.

Declamado:
Como pude, arrastraíto,
al camino salí yo,
un campesino pasaba
y su ayuda me prestó
me montó sobre sus hombros
hasta el rancho me llevó
y mi mujer muy asustada
como pudo me atendió
me dio a beber artamisia
cuanta hierba consiguió
para cortarme la fiebre
que ese espanto me pegó.
 Siete días, siete noches
el maleficio duró
y por todo San Camilo
la noticia se regó,
gracias a Dios y a la Virgen
y a San Marcos de León
salí de todo peligro
ahora canto esta canción.
      
       Cantado:
No volveré a comer lapas
ni que me  den regaladas
con el susto que pasé
se me quitaron las ganas
al nombrarme ese animal
el cuerpo se me entabana
se me espeluca la piel
me acuerdo de esa montaña.
Cuando ese maligno hachaba
recuerdo que me miraba
sus ojos eran dos brasas
que me quedaban  el alma
sus colmillos eran tan largos
que parecían de caimana
el pecho como un ovejo
cubierto de pelo y lana.

Su cabeza era pelada
la vi cuando me golpeaba
las manos eran planchetas
como ver las de una rana,
 tenía berrido de chivo
y ronquidos de marrana
sería el mismísimo Diablo
que me tendió esa jugada.
Mi abuelo sí me lo dijo,
pero no pensé esa vaina
por estar de avaricioso, 
enfermo estuve en la cama
de noche no salgo ahora
de broma a la empalizada,
pendiente de mi gallito
pa´ que no le pase nada.

Narrador: Desde aquel funesto día jamás cazador alguno pisó las montañas de San Camilo, dicen los pobladores que solo una sombra errante vaga por sus caminos y que de vez en cuando se escucha esta tonada;
Coplero tres:
Montaña de San Camilo
déjame quieto montaña
deja que algún caminante
vuelva a cruzar tu maraña
me rece los siete credos
que me están haciendo falta
porque es la única forma
de poder salvar mi alma. 

Nota 1: Esta es una reproducción del patrimonio cultural venezolano sin fines de lucro, autorizada,verbalmente, por Jesús R. Colmenares. Disfrute de la versión musical completa en: 

El Hachador Perdido

https://www.youtube.com/watch?v=Dklnui2Xojk



sábado, 22 de octubre de 2011

La llaneridad (3): El primer cuento llanero de fantasmas publicado en inglés y en francés

 A la hora de contar cuentos  mejor es no fiarse de una llanera  
(archivo de "Háblame de puro Llano, compa")


El feroz apetito del caimán llanero es tan temible como su apariencia


Esta obra se considera, dentro de los estudios de los géneros literarios venezolanos, como un "caso" o "cacho"; pieza narrativa, propia de la cultura del hato, completa y corta, de gran signo fantástico, muy dada a describir el sentido material y espiritual de la vida llanera y campesina.


BARTOLITO Y LOS CAIMANES
MÁS GRANDES DEL MUNDO

Bartolito colgó su chinchorro de las puntas salientes de una gran canoa abandonada en la playa del río. Cómodo ya, de sus otros únicos bienes agarró su tapara de aguardiente y su cuatro y le ofreció a San Rafael pararse al amanecer a pescar como nunca antes en su vida. Refrescándose con un buen trago y unas viejas coplas altaneras cayó en el profundo sueño del fatigado por el trajín del caluroso día.

Al despertar, se vio sumido en una oscuridad que creyó ser la de la media noche, pero sin que brillara la luna ni ninguna estrella amiga. Completamente extraviado buscaba la clave del tenebroso misterio, caminando hacia delante con cautelosos pasos, mientras tanteaba con las manos temeroso a cada instante de tropezar con algo malo; cuando con gran sorpresa, su atención fue atraída por la naturaleza pegajosa del suelo, y por lo viscoso y tibio del alrededor, como si se tratase de unas paredes vivientes, que por todos lados encontraban sus dedos extendidos.

El descubrimiento de todas estas cosas estaba acompañado por la desagradable convicción de haberse engañado al tomar la boca abierta de un dormido caimán por un bongo viejo; repuesto de su sorpresa como buen llanero se aprestó a sacar provecho de la adversidad. Invocando nuevamente su repleta tapara y su cuatro, pensaba en cómo escapar de aquel inmenso animal, al que todos llamaban “el caimán más grande del mundo”.

Al tomarse un reconfortante trago recobró su espíritu festivo y al entonar el viejo canto del Bonguero Perdido sintió que de lejos una voz le hacía replica a su cantar. Aún a sabiendas de que debía tratarse del eco que retumbaba en la enorme barriga de aquella monstruosa criatura se dispuso a caminar por donde lo guiara su propia canción. Mientras caminaba se dio cuenta que sus ojos se habían adaptado a la oscuridad, miró, pues hacia los lados y divisó racimos de cambur, y cajas de catalinas y quesos que seguramente el caimán devoró de alguna de las canoas de mercadería que solían perderse con todos sus tripulantes en la inmensidad del Llano. También en un extraño apilamiento se divisaban las osamentas desgastadas y blanquecinas de quienes jamás volverían a surcar por aquellas llanuras de Dios.

Así se la pasó no se supo cuántos días, pero caminaba a sus anchas, comía, bebía y sacaba a su guitarra los amados tonos del Llano, casi como acostumbrado a respirar entre las pegajosas paredes del vientre del caimán. Por fin, y en tanto degustaba tristemente la última gota de su fiel tapara, se iluminaron de repente los muros de su calabozo viviente con un débil rayo de luz en la distancia. A la carrera y como pudo todo sus pertenencias y confirmó que su animal y carcelero había dejado las aguas para dormir su siesta en la arena, y así fue como recordó Bartolito qué son los hábitos de esa fieras. Al mirar abiertas de par en par las fauces del caimán descolgó el chinchorro de los colmillos que él había fatalmente tomado por las costillas salientes de una abandonada canoa.

La bestia al sentir que Bartolito pisoteaba en veloz marcha su lengua sintió el instinto animal de engullir su presa, pero como por cosas de San Rafael, misteriosamente, no lo hizo. Al fin y al cabo él era “el caimán más grande del mundo” y Bartolito no representaba ninguna diferencia en medio de tantos hombres, animales y embarcaciones que con fiereza deboraba a su antojo. Sin inmutarse dejó salir a esa pequeña presa.

Cuando ya el sol terciaba el mediodía, el caimán sintió que todo su inmenso cuerpo caía arrojado de la playa del río por un gigantesco chorro de agua. Desacostumbrado a ser sacudido por fuerza alguna, el enorme animal se recobró muy lentamente, cuando atento buscaba la causa de aquel insulto a su majestad se quedó paralizado desde la punta de la cola hasta la cabeza ante un poder infinitamente descomunal; a primera vista semejaba ser una inmensa isla navegando a toda prisa, luego pudo apreciar mejor a su agresor, se trataba de Bartolito, que esta vez con alegría pasaba por el medio de las aguas cantado desprevenido sobre la frente del “caimán más grande del río”.

Nota 01: Este relato (originalmente en inglés y luego en francés) aparece insertado en el texto; “Wild Scenes in Sout América or Life in the Llanos of Venezuela”, obra de Ramón Páez publicada en la imprenta de Charles Scribner (New York City), reeditada en español como "Escenas rústicas en Sur América o la vida en los Llanos de Venezuela". La versión libre, que ofrecemos es  una traducción del francés efectuada por Caupolicán Ovalles y entregada por este poeta a Isaías Medina López el 23 de abril de 1987, en la antigua casa del poeta Alberto Arvelo Torrealba, en la ciudad de Barinas. Ramón Villegas Izquiel y José Daniel Suárez, preguntaron si tal pieza era el primer cuento de fantasmas llaneros publicado en otros idiomas, a lo que el erudito maestro José León Tapia respondió, tajantemente: “Eso es cierto”.

Ramón Páez: Nació en Achaguas, estado Apure, en 1810 y falleció en Calabozo, estado Guárico, en 1894. Diplomático y primer experto nacional en botánica y fauna llanera reconocido en Europa y en todo nuestro continente.
Caupolicán Ovalles: Nace en Guarenas, estado Miranda en 1936 y muere en Caracas en 2001. Abogado, poeta, novelista, periodista, bibliófilo y co-fundador de los grupos literarios “El techo de la ballena” y “Tabla redonda”. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1972. 

Nota 02: Esta versión fue publicada en: "El Llano en voces: Antología de la narrativa fantasmal cojedeña y de otras soledades", editado por la UNELLEZ (San Carlos, 2007), bajo la compilación de Isaías Medina López y Duglas Moreno. 




 




















lunes, 17 de octubre de 2011

Del Apure y sus espantos


Desde niño rl llanero va conociendo estas historias.
Imagen en el archivo de Jorge  Ojeda Parra  




LA LAGUNA ENCANTADA DE LA YAGÜÍTA
(Emilia Rosa Pulido Díaz)

Cuenta la india Leocadia Valeria, que hace muchos años cuando en los llanos apureños existían hombres machos y fregaos de verdad, que luchaban a brazo partío contra un caimán o con un tigre de pinta menuita y en la noche caminaban diez o doce leguas para mirar y bailar con la muchacha más bonita de la parranda y tomarse un palo de caña antes de pararse en la pata del arpa para contrapuntear con el mejor de los cantantes.

Llegó un hombre racional, alto, buenmozo y muy bien letrao, unos dicen que era de Barinas, otros que venía de Guárico, lo cierto es que este gallardo señor traía la idea de fundar y quedarse en este sitio.

Este catire bizarro comenzó por construir su casa de mampostería, juntó unos indios y peones con los que levantaron las cercas de alambre, que nunca se habían visto por esos lados. Así llegaron los días de Semana Santa y justamente el Jueves Santo, ya tenía un rodeo de ganado cachilapo que habían logrado reunir, pasaban de quinientas reses y un atajo de bestias que eran la envidia de los vecinos del lugar. Ese día muy temprano, al clarear el alba, mandó a matar dos reses de las más gordas para asarlas y buscar los mejores músicos de Elorza para celebrar la fiesta conmemorando el fin de la faena y la bienvenida de su familia. Se comenzó con el trabajo de marcar el ganado con el hierro JCV, que indicaba las iniciales de ese hombre indómito como la llanura, que no respetaba tradición y aún cuando los hombres no le querían trabajar los tentó a punta de codicia diciéndoles: “El que trabaje conmigo toda la Semana Mayor le doy cinco morocotas”. En esa época eso era un rialero y quién con tanto que agarrar se va a negar a trabajar, con todo y eso algunos se fueron, pero los más ambiciosos se quedaron.

Juan Constancio Vallesteros, hombre de tabaco en la vejiga, a las once de la mañana junto a sus peones había logrado marcar más de la mitad de las reses, justo a la una de la tarde, hora en que Cristo muere en la Cruz, ya casi terminaban, se encontraron con un toro negro, con ojos cual llamaradas de fuego, de tal bravura que algunos peones le tuvieron miedo y fue el mismo quien lo enlazó y tiró al suelo para ponerle el hierro candente. Al ponerle el hierro a ese altivo animal se produjo un trueno ensordecedor que aterró la peonada y junto al trueno cayó un rayo que convirtió todo el lugar en una inmensa laguna de aguas mansas que atraían al verlas. Cuando llegaron los músicos e invitados para la fiesta sólo se encontraron un pozo lánguido y tranquilo de aguas que invitaban a entrar en ellas, todos se preguntaban: ¿Qué pasó en aquel sitio? Fue tanto el susto que todos se fueron de aquel lugar tan aterrados, sin encontrar alguna explicación para lo que había sucedido en aquel lugar y desde entonces ese sitio se llama la laguna de La Yagüita.

Este relato pasó de boca en boca de muchos cantadores de corrío, cuentan en su canto cómo los indios del lugar no se acercaban a esta laguna porque es tabú para ellos y la gente del pueblo decían que esta laguna tiene un encanto; que cuando la miras te atrae como si fuera un imán y en días de Semana Santa se escucha a lo lejos los bramidos del ganado, el relinchar de las bestias y los gritos de todos los que murieron, inclusive los gritos de Juan Constancio Vallesteros, pidiendo perdón a Dios por no haber respetado la semana de su pasión y muerte.

Nota 1. Emilia Rosa Pulido Díaz: Es una destacada educadora. Reside en San Fernando de Apure, estado Apure. En su primera incursión en la literatura alcanzó la Mención de Honor en el I Concurso Nacional de Cuentos y Relatos: Misterios y Fantasmas Clásicos de la Llanura "Ramón Villegas Izquiel", organizado por la UNELLEZ-San Carlos (1998).

Nota 2. El presente texto fue publicado en: El Llano en voces. Antología de la narrativa fantasmal cojedeña y de otras soledades, editado por la Universidad Nacional Experimental de Los Llanos Occidentales "Ezequiel Zamora" (San Carlos, 2007), bajo la compilación de Isaías Medina López y Duglas Moreno.









jueves, 22 de septiembre de 2011

La llaneridad (2): Notas y poemas del antiguo Llano (José María Vergara y Vergara)

Niño llanero en faena típica de ordeño  (archivo de HmendezArtellier)

Continuando con la difusión de textos sobre la llaneridad, ofrecemos las notas y compilación pionera de versos del viejo Llano de José María Vergara y Vergara, nacido en Bogotá el 19  de marzo de 1831 y fallecido el 9 de marzo de 1872 y, quien dejara importantes obras, entre ellas varias de las primeras antologías de la América Libre, como son: Parnaso Colombiano y la Lira Neogranadina. Diplomático, novelista, crítico literario, articulista de costumbres, biógrafo, periodista y maestro de varias generaciones. Sus reflexiones sobre la poesía popular llanera datan de 1867, incluidos en su obra: Historia de la Literatura de la Nueva Granada.
Isaías Medina López

El llanero convierte su entorno en energía poética que le da su perfil propio en  América
(fotografía de Manuel Abrizo, archivo de Argenis Agüero)


"Nuestra poesía popular es sumamente diversa de la española en la multiplicidad de sus orígenes, aunque parecida en su manifestación y en su forma. Los esfuerzos de los reyes españoles y particularmente de Felipe II, para unificar el lenguaje en las colonias, prohibiendo el uso de los idiomas indígenas, lograron al fin fijar como lengua oficial y única el idioma castellano, con entera exclusión de los otros dialectos españoles. Tardó algún tiempo en convertirse en lengua general; pero al fin y al cabo obtuvo la victoria, y se hizo el único, soberano y dominador lenguaje. Las lenguas derrotadas no fueron bastante poderosas para dejarle sus despojos; apenas quedó el uso de las palabras provinciales da algunos objetos indígenas, y por lo demás, no sufrió en nada la construcción de la frase española, ni el uso de sus vocablos. A principios del siglo XVIII todo nuestro pueblo hablaba un castellano tan puro como el del pueblo de Castilla, y la perversión que ha habido posteriormente se debe á la vulgarización de las lenguas europeas que nos ha traído neologismos y extranjerismos.


Hablaba ya todo el pueblo el lenguaje conquistado; pero ese pueblo estaba compuesto de grupos heterogéneos amoldados en uno por la fuerza y no por la similitud de orígenes y tradiciones. El pueblo español aclimatado en la colonia se unió poco á poco por enlaces ilegítimos con la raza negra, traída de África, y con la indígena que ocupaba estas regiones. Estas mezclas se fueron uniendo á su vez en unas partes, y rechazándose en otras; pero ya se veían las facciones de la nueva raza que tenia tres orígenes, y que formaba un tipo especial. No teniendo tradiciones comunes, la poesía no podía hacerse popular: ni la raza indígena ni la blanca podían tener simpatías por los cantos de los negros; ni estos por las tradiciones españolas de sus amos ó por los vagos recuerdos de los indios. 
Estas tres razas confundidas en un mismo territorio no podían mirar á este como su patria, porque pensaban en las suyas los negros y los blancos; y la patria moral de los indios había desaparecido entre montones de cadáveres; la patria física, el suelo que pisaban les era tan extranjero como lo era para los negros, sus compañeros de esclavitud y miseria. Por otra parte, y á pesar de la desgracia que lee era común, los ¡odios y los negros se rechazan en sus caracteres é inclinaciones. El negro entonaba por lo bajo cantares que no repetía el indio, y viceversa; el blanco cantaba sus romances y sus coplas que repetían á medias el indio y el negro, apenas en aquello en que encontraban situaciones análogas á la de sus ánimos ó expresión inteligible de los sentimientos y pasiones que son comunes á todos los hombres. No teniendo ese pueblo heterogéneo una historia anterior propia del país donde se reunió, no podía hacerse popular la poesía. Se necesitaba que pasaran muchas generaciones para que el negro olvidara su patria, y amará esta; el indio se acostumbrara á mirarse como paisano del blanco y del negro; y el blanco olvidara totalmente su patria española y tuviera recuerdos de antepasados americanos. Cuando ya, por ministerio del tiempo, se unificaron los recuerdos, y hubo patria historia común, quedó en pié otro inconveniente, el de la antipatía do Las razas; para que acabe de desaparecer este obstáculo y las tres razas, absorbiéndose mutuamente, dándose y tomándose cualidades, formen una sola y reunan por fin en un solo pasado sus recuerdos, es menester que pase otro gran período de tiempo. Algo de esto se consiguió con la guerra de la independencia, que dio recuerdos de desgracias comunes y de glorias hermanas; pero ese algo no es gran cosa todavía. Sin embargo, las razas dominadas han celebrado una transacción tácita con la dominadora; le han tomado todos los cantares sencillos y verdaderamente populares, es decir, espontáneos, que describen las agitaciones del ánimo, la tristeza, los celos, el amor dichoso.
Dichos cantares se han combinado con algunos cantos africanos que conserva la raza negra, y con unos pocos cantares que son ya hijos del nuevo pueblo. Algunos grupos de población que se conservan puros tienen cantares populares del pueblo español, en la forma; pero combinados ó imitados.
Nuestra escasa poesía popular, consta, pues, de tres partes: coplas españolas de puro origen, adoptadas y popularizadas, que cantan todas tres razas, creyéndolas propias: coplas y romances españoles combinados, que cantan los llaneros, que es una población bastante pura en su sangre: coplas africanas que se han popularizado con sus danzas, y que han sido adoptadas por la raza española y con mayor razón por la raza mestiza. La danza es el mejor conductor de las coplas ó cantares
El pueblo español que habita los llanos de San Martín y de Casanare, en reemplazo de los indios que combatió y extirpó, forma una especialidad entre todos nuestros pueblos. El llanero es un tipo único entre los tipos granadinos, ni tiene en la América otro parecido que el apureño de Venezuela y el gaucho de las Pampas Argentinas. La imagen del desierto en que vive, y su lucha eterna contra una naturaleza feroz y grandiosa; su vida en el desierto y en la lucha, y su hogar nómade y su único oficio de pastor, han creado en aquella población, un carácter originalísimo. Como hijo del desierto es entusiasta amante de la poesía y de la música; una noche entera puede pasar, y noches seguidas también, bailando, tocando su tosca guitarra ó bandolín, y cantando sus coplas ó sus jácaras. 
Un poeta que les compusiera bellos romances sobre sus hazañas y montara un caballo con tanta soltura y agilidad como ellos, se haría adorar; habría riesgo de que lo proclamaran su rey. El alma del llanero no recibe de la sociedad culta otras impresiones simpáticas que las de la poesía, la música y el valor: es refractario á toda idea de elegancia y de refinamiento. Cuatro veces ha salido el llanero á las ciudades á defender las leyes. En todas ha vuelto alborozado á sus pampas llevando un recuerdo odioso de las leyes que han defendido, de las ciudades en que han habitado, sin poder hacer pastar sus caballos al pié de sus cabañas; de las mujeres, que no han querido bailar con ellos; de los hombres, que no viven sobre el caballo; de todo lo que han visto, en fin. Durante su corta y azorada permanencia en las ciudades no han envidiado sino la posesión de los caballos buenos y de las mujeres hermosas. Nada más es necesario decir sobre este tipo del árabe de América. 
Los llaneros son el único pueblo entre nosotros que tiene su poesía especial que nunca abandona. No ha habido ningún poeta culto de los Llanos; el pueblo compone lo que canta, y canta lo que compone. No acepta coplas de otras tierras.
Sus composiciones favoritas son largos romances consonantados, que llaman galerón, y que cantan en una especie de recitado con  inflexiones de canto en el cuarto verso. Es el mismo romance popular de España, y contiene siempre la relación de alguna grande hazaña, en que el valor y no el amor, es el protagonista: el amor es personaje de segundo orden en los dramas del desierto. Indudablemente tomaron la forma del metro y la idea de los romances españoles; pero desecharon luego todos los originales y compusieron romances suyos para celebrar sus propias proezas. He aquí una muestra de ellos, que se imprimen por primera vez.

En el Hato de setenta
Donde se colea ganao,
Me dieron para colear
Un caballito melao;
Me lo dieron por maluco,
Me salió requetemplao.

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Yo no soy de por aquí,
Yo soy de Barquisimeto:
Naides se meta conmigo,
Que yo con naides me meto.
Yo soy nacido en Aroa
Y bautizado en el Pao,
No hay zambo que me la haya hecho
Que no me la haya pagao.

.../...
Que anoche comí culebra
Y esta mañana pescao;
Que los dedos tengo romos
De pegarle á los malcríaos.
De los hijos de mi mama'
Solo yo salí malcriao;
Los brazos los tengo blancos
De vivir enchaquetao:
No hay zambo que me la haya hecho
Que no me la haya pagao.'

.../...
El que cantare conmigo
Ha de ser muy estudiao,
Porque lo tengo é dejar
Como faldriquera á un lao.

.../...
Conmigo y la rana, es gana
Que se metan á cantar,
Que no me gana a moler
Ni la piedra de amolar,
Porque tengo más quintillas
Que letras tiene un misal.

.../...
Yo fui el que le dió la muerte
Al plátano verde asao;
Cuando me lo dan, lo como,
Cuando no, aguanto callao.

.../...
Por si acaso me mataren
No me entierren en sagrao,
Entiérrenme en un llanito
Donde no pase ganao:
Un brazo déjenme afuera
Y un letrero colorao,
Pa que digan las muchachas:
"Aquí murió un desdichao;
No murió de tabardillo
Ni de dolor de costao,
Que murió de mal de amores
Que es un mal desesperao."

.../...
Mi mujer está muy brava
Porque otra me agasajó....
¡Si yo tengo mi modito
Y me quieren, qué haré yo!

.../...
A ninguno le aconsejo
Que ensille sin gurupera;
Que en muchos caballos mansos
Los jinetes van á tierra.

.../...
Yo te di mi medio real
Porque me hicieras cariños;
Solo me hiciste una vez,
Me estás debiendo un cuartillo.

.../...
Mi mama me dió un consejo,
Que no fuera enamorao,
Y cuando veo una bonita
Me le voy de medio lao;
Como el gallo á la gallina,
Como la garza al pescao,
Como la tórtola al trigo
Como la vieja al cacao.

.../...
Yo no soy de por aquí,
Yo vengo del otro lao,
Y me trajo un capuchino
En las barbas enredao.

Si hubiere alguno en la rueda
Que con yo esté incomodao,
Sálgaseme para afuera,
Lo pondré patiaribiao
Con este brazo invencible
Que Jesucristo me ha dao,
Que en esos llanos de Achagua
Yo soy el zambo mentao;
Yo fui el que le di la muerte
Al plátano verde asao,
Con un cabito de vela
Y un padre nuestro gloriao.


Por este estilo son todas sus ostentosas poesías. Conocemos por desgracia muy pocas, porque aun no ha merecido la atención de nuestros literatos esta abundante fuente de poesía popular. que se toma el trabajo de recoger romances llaneros y cantares de los negros, entraría con ellos en la literatura española como entra el Meta en el Orinoco: llevaría una grandeza a otra grandeza". 


Nota: Tomado de:Historia de la Literatura de la Nueva Granada 1867. Impreso en Bogotá por la imprenta de Echeverría hermanos.

También puede leer:

La llaneridad (1): una visión de Rafael María Baralt
http://letrasllaneras.blogspot.com/2011/08/la-llaneridad-1-una-vision-de-rafael.html

La llaneridad (3): El primer cuento llanero de fantasmas publicado en inglés y en francés
http://letrasllaneras.blogspot.com/2011/10/la-llaneridad-3-el-primer-cuento.html