miércoles, 29 de junio de 2016

Leyendas y cuentos cortos venezolanos (30) Varios autores

Arte corporal. Museo de Los Llanos, Barinas, Barinas


MAL DE OJO
 (Mercedes Franco)
En la antigüedad se creía que los ojos salía energía y que según los deseo de la persona, está podía producir bien o mal. Todavía es frecuente oír a la gente decir “lo ve con malo (o buenos) ojos”. Muchos investigadores aún creen que esta energía brota de los ojos  e influye en la realidad de lo que el ser humano ve. A esta energía, algunos estudiosos la denominan ”psiconi”. La expresión “mal de ojo” se refiere a la proyección de energía negativa hacia una persona, por medio de la mirada.
Tradicionalmente el echador de “mal de ojo” es alguien solitario, triste, un ser en cierto modo distinto. Y puede dañar no solo a persona, si no animales o plantas, y a veces hasta involuntariamente. En pueblos de la costa oriental de Venezuela se habla de “caballitos en los ojos”, que poseen quienes tienen “fuerza de vista”, es decir, mirada capaz de perjudicar a sus semejantes.
La creencia en el mal de ojo no sólo permanece entre los habitantes de las montañas y otros grupos relativamente aislados, sino que encuentra en nuestras ciudades muy extendida.
Hasta hace poco tiempo el brujo o echador de mal de ojo era muy temido en determinadas zonas de los Andes y los granjeros pintaban signos específicos en sus graneros para preservarlos de desastres inducidos por ellos. Incluso en las grandes ciudades todavía es posible encontrar personas que creen en el mal de ojos. En la costa oriental se cree que el mal de ojo afecta especialmente a los niños y a las plantas, que son los seres más desvalidos y que puede incluso arrebatarle la vida.
Para evadirlo las personas cierran los puños encerrando el pulgar y apartan a los niños de quienes se supone tienen “fuerza de vista”. Si una persona cualquiera alaba un niño y dice que está muy hermoso, como prevención hay que decir inmediatamente: ”Dios lo guarde”. Nunca se sabe quién se siente observada demasiado intensamente por alguien, deberá decir imperceptiblemente:” Tus ojos dentro de mi culo”, el mejor conjuro contra el mal de ojo.




MALDICIÓN
 (Mercedes Franco)
En Venezuela se le da mucha importancia a las maldiciones. Una maldición puede destruir a un ser humano y hasta a una familia. Se dice que la familia del Mariscal Sucre tenía una extraña maldición, pues murió la madre, luego todas las hermanas con sus hijos perecieron ahogadas, y en la guerra fueron muertos dos de los varones. Más tarde el mismo héroe de Ayacucho fue asesinado a traición y luego su hija murió también de forma trágica. Quedaron pocos hermanos de tan numerosa familia.
Muy diferente es el caso de una familia de Monagas. La maldición se originó por culpa de la hija mayor, que gustaba de usar escotes, hasta en la iglesia. El sacerdote se lo prohibió, pero ella se presentaba siempre de la misma forma, hasta que el cura la sacó de la iglesia. Los hermanos de la joven se disgustaron y le dieron una paliza al curita, expulsándolo del pueblo. El padre fue encontrado en un lodazal y casi muerto a las afueras de Maturín. Lo habían golpeado hasta dejarlo inconsciente. El campesino que lo recogió contaba, estremecido, que al recobrar el sentido gritaba:
_ ¡No son más que puercos y con los puercos deben de estar! ¡Maldigo a todos los varones de esa casa! ¡Todos los de su casta morirán de espanto, hasta la quinta generación!
Pasó el tiempo. Una mañana, el hermano mayor llevaba una reces a otra población, con varios peones. En el paso de un rio, el caballo se le encabritó repentinamente lo tumbó. Al tratar de levantarse el coronel vio cerca un cerdo grande y oscuro. A su lado había unos cuantos más. De sus ojos brotaban llamas, y parecían estar esperándolo a la orilla del río. El joven corrió, espantado, sin oír los gritos de advertencia de los peones cayó en las arenas movilizadas del río.
Pasado un tiempo. El otro hermano regresaba a su casa bastante pasado de tragos, cantando muy alegre, y no vio una piara de cerdos negros que estaba frente a él hasta que casi los tropieza. No eran muchos, pero sí más grandes de lo común. Y gruñían de una forma extraña. Parecían lamentos, que le recordaron los de aquel sacerdote. Y dicen que su cuerpo fue hallado sin vida, en un morichal cercano.
El último de los hermanos oyó toda su vida una piara de cerdos imaginarios, que lo perseguía gruñendo, y despertaba gritando en las noches, hasta el día en que murió.


LA VIRGEN QUE CORRIÓ A LOS PIRATAS INGLESES (Fray Antonio Caulín)
Habiendo tratado en el capítulo antecedente de la Ciudad de la Nueva Barcelona, sería especie de ingratitud no hacer mención de la devotísima imagen de Nuestra Señora del Socorro, que se venera en su Parroquial, y de los continuos milagros con que, desde su fundación, ha socorrido a sus vecinos, mostrando siempre esta soberana Emperatriz de los Cielos que los tomaba bajo su protección, para socorrerlos en sus necesidades y ampararlos en sus tribulaciones.
En voz común en dicha ciudad que esta devotísima imagen fue aparecida en el sitio de Cumanagoto, donde estaba fundada en el año 1650, sobre un árbol que en este país llaman Tutumo, y permanece hasta el presente frondoso y fructífero. En este árbol, dicen muchos, fue su primera aparición, sin saber cómo o de dónde fue trasladada.
Acompaña a esta maravilla la que sucedió en la misma ciudad de Barcelona en otra ocasión, cuando esta fue invadida por los ingleses, quienes entonces eran enemigos declarados de España.
Venían armados de guerra con unas naves que, amenazaban a sus vecinos con convertirse –en pocas horas- en los despóticos dueños de sus vidas y haciendas. Comenzaron a desembarcar gente y, al salir los españoles para detener los pasos del enemigo, vieron que a pesar de que era mucho mayor el número de los invasores que acometían las playas, éstos no sólo no se atrevieron a saltar en tierra sino que se retiraron temerosos y se volvieron a sus navíos con acelerada fuga.
Ante semejante novedad los españoles –alegres aunque recelosos- decidieron averiguar las causas de aquella inesperada retirada.  Pronto supieron que los ingleses, al llegar a las playas para saltar en tierra, se les presentó un crecidísimo ejército de gente bien ordenada, a quien comandaba una Señora de singular belleza y hermosura.
Atemorizados los ingleses, por afrontar a tan valerosa Capitana, levaron anclas y huyeron a sus tierras como mansos corderos…Acudieron los barceloneses a dar gracias a su especial Bienhechora y, luego de abrir el tabernáculo, hallaron a su devota imagen llena de cadillos y espinas, y su vestido mojado y entrapado en arena, con algunas yerbezuelas de las playas…
Así confirmaron esta estupenda maravilla, que es justo se esculpa en bronce para eterna memoria y alabanza de tan grande Señora.



SOY 
(Ramón Lameda)
 Mi padre me prestó trece cromosomas y salí gateando. 
La constelación del centauro me guiño un ojo, el día de mi nacimiento. 
La tal educación que me dieron, me dejó con un zumbido en la cabeza.
El sexo no me deja en paz.
Realmente no sé dónde empezó esta locura.



HISTORIAS 
(Enrique Plata Ramírez)
Angustiados, al saberlo desaparecidos, comenzaron a buscarlo por todas partes. Salieron por los callejones cercanos y le preguntaron a las gentes que pasaban; fueron a la plaza, al mercado, a la sinagoga y hasta el puesto de Socorro. Nadie parecía haberlo visto.
Fueron entonces hasta los garitos de las hetairas, donde lo encontraran otras veces escuchando aquellas fantásticas historias que solían ella relatarles, de seres alados que bajaban del cielo y que, según su madre, le nublaban la memoria. Tampoco lo hallaron. Descorazonados, decidieron ir a la policía, pero al ir pasando por el sanedrín vieron, con alivio, como Jesús, su hijo, discutía con los sumos sacerdotes acerca de aquellas historias que le relataran las hetairas.


BRUNO Y RICARDO
 (José Adames)
Comenzamos, pues, a sospechar seriamente del Señor Bruno Díaz y del joven Ricardo Tapia. Fue fácil esta vez porque los muy vagos se daban  así a pasar todo el santo día en la piscina acorazonada de su mansión gótica de 3 millones y pico de churupos *tomando merengadas en larguísimos vasos con más larguísimos pitillos. (Lo de los pitillos sería interesante de denunciar-creo yo-porque era el instrumento con que se le pasaban mañanas enteras-y a veces tardes medianas-bate que bate).
El hecho cierto es que los cazábamos cuando, ocultándose de la viejita-boba que los cuidaba a ambos tres (porque hay que incluir al flaquísimo viejo alcahueta que los mayordomea),sacaban de un escondite bien secreto su carrobatidora.
Salían estos magníficos paladines defensores de la justicia estrechamente abrazados y haciendo tanto ruido que toda Karak-City se enteraba.*Y además se ponían esas extrañas mascarillas y uniformes carnavaleros que llegaron a traer, años después, las   consecuencias que todos Uds. saben.
Pero a eso no voy. Si yo quisiera resumir, como me enseñaron en la Escuela Grande añales después, diría que la voz de flauta filipina del Ricky fue la clave para nosotros los del barrio de los alrededores…pero…pero ahora estos me dicen que no, que nos dimos cuenta de…cuando vimos el loco Guasón, al enigmático Acertijo y al maligno Pingüino (todos más landros que nosotros) rodando la mansión día y noche.
Día y noche después de haberse desembarazado de la bella Gatúbela, la misma que el Señor Bruno y el joven Ricardo odiaban…



EL MUNDO DE ENRIQUITO 
(Eduardo Sanoja)
I- Enriquito era de esos niños cuya visión estaba acostumbrada a las serranías andinas, sus oídos adaptados al “usté”, su olfato a la percepción del frío neblinoso, en fin, sus costumbres todas a la idiosincrasia de la cordillera. Respetuoso, metódico, previsivo… Como a todo niño de cualquier parte, le llamaban poderosamente la atención los pájaros, las flores, las metras, los papagayos…Ni qué decir de las piñatas, las guirnaldas, las tortas con velitas, los “coniáislan”, los disfraces, los pesebres y arbolitos navideños con sus luces que prenden y apagan constantemente…
Más adelante, casi adulto, conoció las grandes urbes con sus fabulosos anuncios de neón, las grandes salas de cine, los teatros, los circos, los modernos modelos de motos y automóviles; vio en los gigantescos centros comerciales las vitrinas colmadas de trajes, de vajillas, de juguetes, de oros y platas y bisuterías…
II - Conocí a Enriquito hace unos diez o doce años. Ya era un hombre hecho y derecho. Reflexivo. Adversado o envidiado por muchos. Correcto… La palabra medida. Prudente. Elocuente. Sagaz.
Muchas veces he creído en mi capacidad para conocer a las personas. Creía que conocía a Enriquito, que lo analizaba sin temor a equivocarme… y así ha sido y es en sus actos y en los lazos de afecto que nos unen… Pero a través de esa amistad llegó a mí una confesión que me impresionó y que anula cuanto pensé de su infancia, de su juventud, de su vida tocada: Enrique nunca vio mayores diferencias entre metras, pájaros o flores que las que imponen las figuras. Violas formas. Sólo las formas. De las piñatas. De los disfraces. De los parques de atracciones. De los Automóviles. Formas. Siluetas. De los maromeros. De las bagatelas. Formas. Porque el  mundo de Enriquito es gris. Siempre ha sido gris. El mundo de él no tiene colores.
Es daltónico…



MANÍAS DEL PENSAMIENTO 
(Gabriel Jiménez Emán)
Aguardó a que llegara una idea, y ésta no comparecía. Siguió esperando, pero ni la idea ni algo que se le pareciera asomaba a su mente, a su imaginación, cerebro, sensibilidad o como se llamara. Nada recibía ni el menor signo de algo que semejara a una idea aparecía nunca antes le había ocurrido.
Miró la página en blanco y esta le produjo un horrible vacío en el pecho. Miró el paisaje desde la ventana de su casa, y le pareció más feo que de costumbre.
Entonces el escritor comprendió que las ideas no llegan a nosotros, sino que nosotros llegamos a ellas sin que podamos explicarlo.



DELANTE DEL BURLADERO
 (Ramón Lameda)
Siempre quiso ser torero y término siendo ladrón. Lo habían apresado tantas veces que lo condenaron a muerte. Le concedieron un último deseo:
Los soldados se dispersaron de las tribunas. Las trompetas vibraron al aire. Los pañuelos saludaron. El hombre, desnudo en el medio de la plaza, saluda con el gorro en alto. Luego, muy erguido, ve pasar un toro imaginario con los cachos de mercurio. Una capa de brisa dibuja verónicas inmortales. Una muleta de silencio parte el viento con señorío. Las cornetas llaman a muerte. El hombre se brinda al público entonces, veloz como un gallo de plata, se viene hacia la espada, inclina la cabeza y un “OLE”  ensordecedor enciende la soldadesca.
Justo a la altura de la rodilla delante del burladero, había  incrustado la espada envenenada.



CELEBRANDO LA DESGRACIA 
(Armando José Sequera)
Casimiro, para no explotar a nadie, paso dos días en la finca de un amigo, cosechando naranjas. Después, el mismo las trajo en un camión, para venderlas aquí, en caracas. Pero cuando venía por el estado Anzoátegui, en el sector ese donde la carretera sube hacia aguas calientes, se le abrió la reja al camión y las naranjas saliendo rodando por la vía. Él cuenta que, de inmediato, detuvo el camión, se bajó y trato de detener la fuga de naranjas, pero que va, como iba en subida, ya quedaban muy pocas. Al ver aquella gran cantidad de naranjas rodando por el pavimento, la gente de un caserío que se ha formado allí cerca, especialmente los niños, se echó a la carretera a recoger cuantas naranjas pudieran. Según me dijo, cuando comprendió que no podía hacer nada, se sentó en el techo del camión a ver la fiesta que se armó con sus naranjas y hasta le pareció bonito ver a todas aquellas personas tan alegres. Al rato, cuando ya se iba a meter otra vez en el camión, para regresar a Caracas, varios hombres del lugar lo llamaron y le preguntaron que si quería echarse unos palos con ellos, que ellos tenían ron, cerveza y caña blanca. Casimiro les dijo que si y allí se quedó casi una semana, según dijo el mismo, << celebrando su desgracia>>.

La leyenda de Kirpa. Versión original completa. (José Vicente Rojas)


Por un mujer llanera le dieron la muerte a Kirpa. Imagen en el archivo de Santos Quiroga


Fuente y elenco: José Vicente Rojas (Aprendiz, Maestro Viejo y Declamador). Daniel Bustamante (Nieto Daniel, interpretando a Negro Aragüeño).  Antonio Sosa Mejías (Nieto Antonio, interpretando a Kirpa). Conjunto: Natalio Flores (arpista), Carlos V. del Nogal (cuatrista), Eduardo R. del Nogal (maraquero) y José Ignacio García (bajista).


Imagen en el archivo de "Hábleme de Puro Llano, Compa"


Aprendiz: Mirá, viejo, me han contao que, usté, fue arreador de ganao, cabrestero  en to´ ese Llano, que perdió la cuenta de las veces que cruzó las selvas de San Camilo con mil y pico ´e novillos por delante, que se topaba con los espantos de la sabana ca´ rato y con los tigres cebaos en mitad de los caminos y a los bien mañosos los coroteaba pa´ torcerles la penca ´el pescuezo, y a los caimanes de cinco cuartas de trompa les daba con el chaparro en el jocico en esos caños corrientosos de toa la llanura,  y que fueron muchas las noches oscuras y de aguaceros venteaos de esos que llaman “tumba araguatos” que le clavó la cabeza a Escoterito,  a Buría, a Guaritico, La Guada, a  Setenta, a Terecay,  Caicara, a Arauca Viejo, a Orichuna, po´ el Paso de La Concepción, y tantos bien peligrosos que se consiguen po´ el Llano apureño, en Barinas, Cojedes, Guárico y Portuguesa. Usté, también  ique arreó ganao del Alto al Bajo Apure, con tripulaciones de ochenta hombres, con rumbo a Villa de Cura, a Tocorón, ganado que llevaban pa´ los mataderos del Centro. Mire, pero algo que le quería pedí que me contara  -porque usted,   ique andaba con el llanerazo que mentaban Kirpa- la noche que lo, que lo mataron en Güiripa en una parranda, cuando estaba contrapunteando con un cantador de esos lugares.
Maestro Viejo: Sí, es verdad, muchacho, to´ eso que tú has dicho, que te han contado de mí, de estos cuatro huesos que ya no sirven sino para echar lavativa, tenía tiempo que  no  jallaba con quién conversá de esos años cuando yo era mozo; hombre de caballo y soga; cuando había ganao cimarrón de  comején en el cacho  en esos chirivitales   de la sabana;  cuando uno andaba a caballo con la pata pelá y no embotao, como andan esa cuerda ´e panga-panga de camisas de cuadritos medias maliciosas en esas mangas, limpiando rabo en esas mangas de jierro de esos pueblos. Cuando se pasaban días y noches en la pata ´e una camoruca, bailando y contrapunteando golpes y joropos tramaos, no como esos que yo escucho ahora que parecen un solo llorío y echándoles maldiciones y insultos a una mujé.
Ponele cuidao, camarita, a este corrío que le sacaron al cámara Kirpa la vez esa que lo mataron malamente,  por ahí donde llaman Güiripa, por envidia, porque allí le tenían mala voluntad a nosotros los llaneros; porque nosotros parrandeábamos con churupo en los bolsillos y cargábamos buen caballo  y buena silla, buen sombrero pelo é guama “Alón” y a la mujer que le echábamos los perros de atrás pa´ alante o corría o se encaramaba, porque si se paraba era más seguro que dale un tiro al suelo, que en el anca del caballo de capotera de alguno de los viajeros se venía, pero mejor voy a llamar a mis nietos, Daniel y Antonio, pa´ que con el arpa de Natalio y el cuatro que toca Carluchito y los capachos de su hijo se lo canten como yo se los enseñé.
Declamador: ¡Ah tiempo, cuando era tiempo!
¡Ah Llano cuando era Llano!
de cruzá esas soledades
sobre el lomo de un caballo
de salí pa´ la sabana
con puro café colado
de hacé una sola comía
después de haber encerrado
como a las nueve ´e  la noche
en el corral el ganado
después se escuchaban “cachos”
en el chinchorro acostado
y el cuatro y el pasajito
en el caney empalmado 
¡Ah Llano de enlazadores!
de jinetes bien forjados
a punta de cimarrones
mañosos y bien formados
que durante varios días
cruzaban pueblos y Llanos
y pasaban esos ríos
corrientosos abordados
por hombres buenazos de agua
de esos bien acostumbrados
a resistir corrientazos
de tembladores cebados
y a conocer el aguaje
de la raya y del pescado
de no temerle a los tigres
en los caminos plantados
de zumbársele a los ríos
a las lagunas y caños
con la silla en la cabeza
y en una mano el chaparro
para espantar los caimanes
sin importar de tamaño.
Entre esos hombres famosos
de ese Llano tan nombrado
se hallaba el moreno Kirpa
que era coplero rajado
no respetaba contrarios
cantando versos rimados
después de haber encerrado
en el corral el rebaño
se iba pa´ esas cantinas
a jugar bajara y dado
y a cantá en la pata el arpa
golpes de esos bien tramados
y a seguir una porfía
que le plantara el contrario.
Una vez llegó a Güiripa
remontao y acompañado
y alguno ´e sus compañeros
todos llaneros bragados
con ganas de divertirse
entre mujeres y tragos
y allí se encontraba un hombre
un negro mal encarado
que lo reto pa´ cantar
un contrapunteo tramado.
En ese rincón de Aragua
no eran muy bien aceptados
los llaneros que venían
hablando siempre gritado
y alardeando de coraje
y de sus hechos probados
y con la faja repleta
de dinero bien ganado
cuando reventó el joropo
en los bordones cuereados
se arremolinó la gente
con el oído parado
atentos y maliciosos
risueños pero callados
se escuchó el tañío del Negro
y su tema acostumbrado.

Negro AragueñoSoy nacido en estos valles
que mis taitas habitaron
y conozco sus peligros
desde que estaba mediano
y aprendí a cantar joropo
como ellos también cantaron
y a no reconocé a nadie
porque viniera a caballo
con sombrero y buena silla
con franela o emblusao
y en vez de jalá machete
fuera arriador de ganao
y le brillara el acero
de plata y cuero cromao
esta noche amigo mío,
con usté, estoy empeñao
a cantar hasta mirarlo
en la sala arrinconao
no lo llamo por su nombre
porque no se ha presentao.

KirpaHorizonte dame campo
llanura que ando inspirao
vengo del Apure inmenso
sendero que he trajinao
bordones no se arrochelen
capacho suena acoplao
y ese cuatro sordo y viejo
debe de sonar pausao 
para que mi voz de Llano
como un potro desbocao
recorra este verde valle
en mi cantar arrendao
en el corcel de esta música
que yo siempre he jineteao
y como la conozco tanto
por lo mismo la ha amansao
yo soy el moreno Kirpa
que del Apure ha llegao
sin alardes de machura
ni de hombre acaudalo
buena remonta si cargo
porque siempre me ha gustao
y unos cuantos centavitos
pal  ajiley y el dao
y para el trago de caña
y pa´ el cariño comprao
aunque el cariño mi hermano
siempre me lo han regalao
salga pa´  que brague un cacho
que aquí me tiene plantado.

Negro AragueñoCuando me llaman respondo
porque soy hombre educao
y por las malas me porto
igual a un toro plantao
no respeto cantador
cuando estoy emparrandao
y a muchos copleros guapos
he puesto a pedir cacao
unos vienen por los aires
volando muy encumbraos
y después los veo en el suelo
paciticos y desplumaos 
y por los aires que pegan,
usted, cojea de ese lao.

KirpaSi cree que soy jactancioso
está muy equivocao
porque yo soy más sencillo
que un fuerte en medio esgranao,
si usté,  está hablando de alardes
y de coraje sobrao
por lo tanto, amigo mío,
los que aquí le han escuchao
podrán muy bien darse cuenta
quién de los dos más ha hablao
pero le voy a advertir
Negrito de po´   estos lados
que a muchos faramalleros
mi chaparro le he sonao
y le he dejao las costillas
igual a un pescao rayao
del color de una batata
los ojos bien moreteaos
sepa pues a qué atenerse
antes de hablarme gritao.

Negro AragueñoPara, usted, sobarme a mí
tendrá que hallarme rascao
con una pea de tres días
y en un chinchorro acostao
y tomo aguardiente ´e caña
sólo pa´ está entabanao
y aclararme la garganta
cuando estoy estrasnochao
despiértese de ese sueño
si es que, usted, se ha imaginao
que conmigo va a lograr
todo lo que haya deseao.

KirpaSi dice “Topo señor”
deje que maraqueé el dao
pa´ echales cuatros y cenas
para dejarlo resteao
soy hijo del Llano inmenso
como el palmar intrincao
navegador en curiara
en caño y ríos desbordaos
lanzador de tigre y león
me llaman “el Amaestrao”
soy el potro cimarrón
que nunca lo han amansao
el toro fuerte y bravío
que jamás lo han enlazao
porque  cuando ni becerro
nunca estuvo enchiquerao.

Negro AragueñoÓigame,  moreno Kirpa,
usté, lo que está es tostao
se está creyendo marrano
y no lo veo embarrialao
y no jose mucho al suelo
que ese ta´ bien pisoneao
porque es mucho el zapateo
que sobre él han repicao
si se vuelve un cimarrón
lo enlazo tarabiteao 
y lo pongo suavecito
de boca y bien arrendao
tengo callo en las canillas
de tanto haber jineteao
y si se resiste mucho
lo puedo trae nariceao.

KirpaEntre transitar  mi Llano
hermoso y destincholao
arpa, guitarra y capachos
y músicos inspiraos
no dejaré de cantar
joropo barajustao
y rebusco en mi cerebro
a ver que tiene guardao
nunca me podrán callar
cantando bien acoplao
y mucho menos un hombre
que se la pasa encerrao
en estos valles corticos
y de quebradas cercao
de tanta montes tupidos
y de cerros encumbrao
que apenas ven cien novillos
y se quedan abismaos
y cuando escuchan un arpa
sin un cuatrista a su lao
dicen que no respetan
ni al “Catire Coronao”
cuando escriben cuatro décimas
se creen poetas laureaos.

Negro AragueñoYo creo que de tanto andar,
usted, se siente cansao
de vagar en sus llanuras
de terronales tostaos
y de tragar tanto polvo
la voz se le ha resecao
en cambio yo en este valle
que, usté, siempre ha despreciao
lo recorro poco a poco
en mi trajinar pausao
y el aroma de su flora
su frescura me ha brindao
y me siento más lozano
que un niño recién bañao
como poco me ajetreo
me siento más conservao
si me  viene con mucha bulla
me va a encontrar preparao
y le voy a echar más palo
que a un burro viejo atoyao.

KirpaSeñores abran gallera
mi paciencia se ha agotao
dejen que salga este Negro
color de caldero ahumao
que le voy a demostrar
cómo amanso a los malcriaos
para quitarle esa maña
que lo tiene resabiao
de meterle pura caña
zoquetes y confiao
pero como soy llanero
no creo en muertos paraos
ni en tullíos pegando brincos
ni bailando zapateao
échenlo pa´l paradero
para darle  su tallao
pa´ que se acuerde de Kirpa
mientras viva este pelao.
Maestro viejo: Así fue, muchacho, la gente le abrió gallera como Kirpa pidió en el contrapunteo, pero, tú sabes que el llanero no es traicionero y no le gusta pelear sino es  a  puño limpio y el negro el carrizo era más bellaco que el “Santo ´e Guadarrama”, como dicen por ahí, se hallaba más armao que un chorrosco en madre vieja con  una mastranta  ´e  cuchillo,  de esas que llaman “mata guate”, que le había comprao a un guate de po´ allá de los lados del Cantón.
En lo que le echaron a Kirpa  se le empechó y  le echó la primera embestida, lo cogió abajo, el Negro peló po´  el piazo ´e cuchillo y  lo ensartó de abajo pa´ arriba, cuando Kirpa dijo “me mató este muérgano” y se puso la mano en la herida como pa´ atajase el bochinche de sangre, se barajustó el gentío, unos vaineros decían “Por aquí se fue derecho,  compita”; ahí se metió el guitarrero a cobrar la sangre del compañero y ahí mismito estaba patas arriba en el suelo, herido también. Así fue la cosa, camarita, a los tiempos, un músico, que no sé cómo se llama, compuso ese joropo tan sabroso que se llama como el finao Kirpa y los poetas copleros le han hecho varias composiciones donde mientan la tragedia.
Aprendiz: Sí, viejo, como una letra  que es muy popular que canta Loyola que dice así: 
-Declamado: “Apure lloró en silencio
mientras el arpa se oía
porque en el Llano se supo
que Kirpa se moriría
su nombre quedó en Güiripa
su voz quedó en el palmar
su pensamiento en la brisa
su apellido en el cantar
yo no sé por qué en Güiripa
no querían a los llaneros
allí mataron a Kirpa
e hirieron al guitarrero”.


Nota: Esta leyenda fue tomada del Trabajo de Investigación: ANÁLISIS DE FIGURAS ESPECTRALES EN EL CORRÍO Y LEYENDAS DEL  CANTO LLANERO TRADICIONAL de Isaías Medina López, Duglas Moreno y Carlos Muñoz. Aprobado en la UNELLEZ y OPSU


LA LEYENDA DE KIRPA (Original)
https://www.youtube.com/watch?v=fFFZDLu7TyM&hd=1