viernes, 3 de junio de 2016

Cuentos fantásticos del Llano (3). Varios autores, cuentos, versos y audio musical

Llaneras  de "a caballo" Imagen en el archivo de César Garay



Llamando al ganado- Imagen en el archivo de Angello Jesmy Chiguire García

CACHOS LLANEROS 

Detalles del cacho llanero
El contador de cachos o, el cachero, afronta presiones propias del careo con otros artistas y con el público, que miden su cuido de la brevedad del cacho; adaptabilidad; memoria; “chispa” (gracia); el lenguaje elegido y; las pausas entre el problema y el despeje del cacho, lleno de humor sin llegar al chiste. Por ello, el  cacho exige arreglos previos a su trasmisión: no cualquier chiste es un cacho ni todo cuentacuentos será un cachero.
El cacho, como toda literatura oral, acata: “Principios y esquemas que considera universales” (Almoina de Carrera, 2005, p. 153). En el cacho se aprecia una real trasmisión de símbolos e identidades colectivas que se atan a una praxis centenaria de plena vigencia y firmes vínculos con distintas variantes del arte, la historia y  la didáctica.  

El "payara", de agradable sabor y aspecto de miedo, típico de los ríos llaneros

EL MUCHACHO BELLACO  
(Delfín Gregorio Otaiza)
    Chico resulta que me encontraba trabajando en el conuco y la mujer a eso del mediodía me mandó la comida con el muchacho que es más mal arriao que el carrizo, y resulta pues que la comida era una sopa, un hervido de gallina. Bueno chico resulta que el muchacho se pudo comer todas las presas en el camino, y cuando yo me voy a pique a la olla cónchale, me di cuenta que pura agua lo que traía y la pregunto: -¿hijo, qué pasó aquí?  - Ay,  papá, si le cuento no me va a creé, fue que se me cayó la comida en un polvillal y lo único que pude recogé fue el caldo-.


Cachos para beber agua en las duras faenas del Llano

EL COLEADOR EN 28
(Jaime Núñez) 
Ganador de El Silbón de Oro 2008
   Resulta, camarita, que yo venía en mi  bicicleta veintiocho, bajando el cerro La Danta, como a 80  kilómetros por hora, al pasar por la vuelta que llaman La Ese, veo, por el espejo retrovisor de mi bicicleta, acercarse un mamburrio ´e toro como de cincuenta arrobas, sin exagerar. Aquel bicho bufaba de lo bravo  que estaba, que echaba humo por la nariz, sin mentira ninguna. Veo que el toro se paró y comenzó arrancar tierra con las patas, me dije “Aquí como que va ver coleadera”, le pisé la chancleta a mi veintiocho, aumentando la velocidad  hasta 120 kilómetros por hora. Mientras, el toro se impulsaba para agarrar velocidad: venía tan rápido ese bicho que rompía el viento con sus cachos bien afilados. Yo me preparo y saco una soga que cargaba, se la lanzo y lo enlazo cacho y muela, pero ese animal era fuerte que me reventó la soga, entonces decidí colearlo.
El bicho ya me había pasado, aceleré y me le coloqué a la altura de la cola, lo agarré por el rabo, aceleré más la bicicleta y me lo traje hasta que el toro trastabilló y se fue y se fue, cuando cayó parecía que  estuviera temblando: se fue dando vueltas al filo el lomo, dio tantas vueltas que no pudo parar. Mientras tanto, yo iba cerro abajo a toda velocidad, era tanto el esfuerzo, que había hecho la bicicleta, que se le habían dañado los frenos. Agarró tanta velocidad, que al pasar iba tumbando a la gente con la brisa que se producía con la carrera.
Entonces, que me doy cuenta que voy directo a La Panamericana y me faltaban como trescientos metros para llegar a la carretera,  por donde estaban pasando gandolas y expresos a toda velocidad. Cuando faltan más o menos cien metros, los frenos no me responden. Me faltan cincuenta metros y nada. Cuando me faltan diez metros le meto la alpargata y freno, justamente  en el hombrillo, en el momento en que pasaba un expreso doble piso.

EL TIGRE DE LA GUAMITA 
(Francisco Ignacio Pérez)
En La Guamita, municipio Falcón, en Cojedes, una vez se presentó un grave problema con los campesinos, habitantes de ese caserío, porque se cebó un tigre y ya no les dejaba vacas ni becerros. Todas las noches venía y en la mañana lo que se oía era el lamento: A mí me comió la vaquita y también el becerrito... A mí me comió a "Nube de Agua"... De Mariposa yo jallé jue el carapacho... Tan bonito y sano que estaba el becerrito y ese bicho se antojó de`l... Yo no aguanto más a ese tigre, hay que  cazalo pa`quitale la maña.
Fue así como obstinados los pobladores se pusieron de acuerdo para hacer una cayapa y poder agarrar el tigre. A mí me convidaron y forme parte de los comisionados. A cada uno de los hombres El Comisario nos dio un chopo viejo... todo oxidado.
La noche de la cacería desde las seis de la tarde todos nos ubicamos en puntos estratégicos diferentes. A mí me tocó montarme arriba de un tronco seco que estaba al lado de un frondoso samán;  pero cuando ya me disponía a montarme vi que venía el tigre con su caminar lento, como observando a su alrededor. En ese momento recordé que había oído decir a unos viejos en Macapo que para que un tigre no se coma a un cristiano éste debe hacerse el muerto y no respirar. Sin pérdida de tiempo me acosté en el suelo y me quedé quieteciiito.
El tigre llegó y comenzó a olerme por los pies... y fue subiendo... subiendo por las rodillas, la barriga, el pecho, la cara y yo aguantando... sin respirar; pero cuando me llegó a la pata `e la oreja no pude aguantar el cosquilleo y pegué un grito tan duro... pero tan duro que el tigre pegó un salto tan alto... pero tan alto que pegó el pescuezo contra una rama gruesa del samán y cayó al suelo muertico de perinola. Yo me dí cuenta que el animal se había esnucao; pero todavía con mucho miedo lo puyé con un palo largo para ver si de verdad estaba muerto porque yo lo veía como vivo; pero que va... el tigre estaba muertico.
Me acerqué y lo agarré por la cola y lo arrastré mientras gritaba: Yo maté el tigre... vengan... vengan que yo maté el tigre. Los pobladores  llegaron y me sacaron en hombros y cuando llegó El Comisario me felicitó por ser el más valiente de los hombres de La Guamita y meses después en la celebración de las Fiestas Patronales del caserío en honor a la Virgen de El Socorro fui condecorado como el mejor matador de tigres del caserío

El QUE BUSCABA AL SALAO
(Deyssi Elizabeth Silva Fuentes)
Un día de nubarrones, me desperté  azarao, me levanté y me fui al fogón donde estaba mi mujer, le pido guarapo y la arepa de mai pilao, y ella me respondió: Te la vai a comé pura, porque no hay na´ ´e salao. Después de comer, agarré  mi morral, el machete, me monté en mi burro y rogándole a Dios que no lloviera, salí a buscá un salaito.
Como ustedes saben el Llano es un poco ´e traicionero; cuando llegué a la sabana, era como las 6 ´e la tarde, casi no se veía na´. Pero caminando firme llegué a un sitio que estaba anegado, mi burro no quiso andar más y tuve que apearme; luego  lo amarré a un palo ´e chaparro que ahí estaba. Quería acertar aunque sea un pato, aquel 2 ´e Mayo, pero nada encontré y ya casi que ni veía. Al regresar por el  burro, se plantó frente a mí, un hombrecito chiquito, negrito y bien feo, el condenao, y me dijo: “ando buscando al salao”. Yo le dije: “yo ando en lo mismo”.
Y ¿quién es usted?  Yo nunca lo había visto.  ¿Vive po´ aquí?
Vine a buscá al salao. Fue lo que me respondió. Ya lo sé pero ¿de dónde es usted?
¿No te lo imaginas?  Te repito… ando en busca del salao;  me contestó con una voz que me paró los pelos, y me dio tanto miedo que salí corriendo hacia atrás. Había corrido unos diez metros y, de nuevo lo tenía delante, así me tuvo como media hora; hasta que seguro se cansó de corretearme y no lo vi más. Me calmé y levanté la vista y no sabía dónde estaba.
Caminé y caminé hasta que vi mi burro; el monte se movía, no sabía qué hacer, pero me llené ´e valor y me acerqué, y encontré casi 200 patos güirirí,  amarraos uno del otro. Y me dije: “esta es mi recompensa, por haber soportado a ese negro cabezón”. Los agarré y se los monté al burro,  y encima ´e ellos me subí yo, pa´ descansá de ese gran susto. Apenas medio cerré los ojos sentí  que el burro no se movía y voltié pa´ vé si era que se había parao. Pero vi que iba en el aire y al sentir que estaba volando, escuché la misma voz del macabro negro: “Ya encontré al salao y me lo llevo”. Los patos, mi salao, desaparecieron mágicamente y yo caí al vacío diciendo: Ayudaaaaaaaaa!
Mi mujé escuchó el grito, se acercó a la hamaca y me dijo: ¿Qué te pasa Polonio?  Párate de esa hamaca, acércate al fogón, te tomái el café y te coméi la arepa; ah y me hacéi el favor de í a buscá algo de salao, que no hay na´.

EL VENADO QUE YO MATÉ 
(Ricardo Cuba)
Aaaaayyytralailay
Señores voy a contarles
lo que a mí me sucedió
un domingo en la mañana
yo salí de cacería
con una buena morocha
que mi papá me prestó
me fui para una sabana
donde habían muchos venados
y me monté arriba de un cerro
y miré un caramerú
tenía veinticuatro puntas
y era de cuerpo pelú
media como quince metros
le largué una cuatro tres
lo apunté bien apuntao
de un palo me arrecosté
le jalé los dos gatillos
los dos tiros le mandé
y caí patas arribas
y sin sentido quedé,
señores, maté al venado,
pero que susto pasé.

Aaaaayyytralailay
Para seguir con el tema
del venado que maté
yo salí para mi casa
tostado y muerto de sed
a buscar unos amigos
para que fueran por él
mis amigos me dijeron
-eso sí no puede ser-
ellos eran como quince
conmigo eran diez y seis
cuando trajimos el bicho
el cuero yo le saqué
lo mandé pa´ Maracaibo
y en un barco lo embarqué
después le saqué la carne
y al Gobierno le entregué
comieron dos batallones
y fue de lo que yo dejé.


Textos tomados del libro: 100 CACHOS: ANTOLOGÍA DE LA NARRATIVA  FANTÁSTICA ORAL DE COJEDES (Isaías Medina López; 2013) San Carlos: UNELLEZ-VIPI.

Disfrute de este audio de un joropo fantástico llanero:

LOS COMPADRES EMBUSTEROS
(Rafael Garrido- Marcelo Garrido)
https://www.youtube.com/watch?v=0h1Zmcoq-Q8

jueves, 2 de junio de 2016

Cuentos fantásticos del Llano (2). Varios autores: cuentos, versos y audio musical

Imagen en el archivo de "Hábleme de puro Llano, compa" 

CACHOS LLANEROS 
-El arte es una mentira que nos ayuda a ver la verdad. 
Pablo Picasso.

Más sobre el cacho llanero
El cacho es el primer factor de competencia oral en la literatura llanera y tal vez en la literatura venezolana, anterior a los primeros contrapunteos entre copleros y es un agente conformador del corrío y del teatro de estampas del Llano. Muchos textos del cacho y su modo de narrarse, muestran cambios dictados por la tradición oral misma, la cual perdura por su flexibilidad, no por  la rigidez. Así el cacho “resurge” en otros cachos y en: cantos, poemas, cuentos, novelas, crónicas y guiones escénicos, como lo apreciará el receptor.
En cuanto al aspecto social, las exageraciones o “embustes”  del cacho,  se toman como una señal de optimismo, de fe por la vida y por la fantasía a la que acuden los llaneros al enfrentar los peligros cotidianos. 
Yorman Tovar indica que  “Como dice Rafael Martínez Arteaga, El Cazador Novato: cualquier embuste es verdad/ según el que lo relata”, pero,  jamás,  el cacho contiene  una mentira o un engaño que afecte a otra persona, pues infringe  los valores de la cultura llanera que prefiere la picardía a la malicia.

Los temibles cachos de las bestias sabaneras 

OPERADOR DE MÁQUINAS PESADAS
(Heriberto Pérez)
Estaba yo, trabajando en el hato de la Compañía Inglesa, como operador de un tractorcito, con el que limpiaba los alrededores de la casa con una pequeña cuchilla. Ya llevaba como dos años manejando la maquinita, hasta que un día pegaron un cartel solicitando un operador de máquinas pesadas. El primero que llegó fui yo, el encargado del hato, que era el que estaba recibiendo a los interesados me dice: -Pero, Heriberto, tú no eres operador de máquinas pesadas, tú, lo único que has manejado es ese tractorcito. A lo que le contesté: - Déjese pasar ese tractorcito por encima, a ver si no pesa.

"No le tengo miedo al toro si no al cacho que es puntú" dice la copla

TRES CACHOS DE ESCOLÁSTICO HERRERA
(Fidel Honorio Hernández Escalona)
Era oriundo de Apure, era moreno. Vino cuando El Amparo estaba en pleno apogeo, de puerto fluvial, para 1870. El Amparo era una población que superaba a Lagunitas en población. En El Amparo había más de cincuenta casas coloniales. Don Escola, que así lo llamaban, conoció a Pancha en unas fiestas patronales en El Amparo y lo flechó Cupido y se enamoró con Pancha y se casaron. Tuvieron una familia numerosa: Sara, María, Josefina, Canacho, etc. Vivía con su esposa (Pancha Ruiz) por la calle de La Pastora, donde hoy es el “Fernando Figueredo”. Era un hombre que contaba muchas historias. Estando yo pequeño, murió una niña y la llevamos a enterrar.  Don Escola estaba entre tragos y comenzó con sus cuentos:
l-     Muchachos, les voy a contar,  un cuento. Una vez me fui para el conuco y yo había sembrado una mata de auyama y le vi dos auyamas que parecían dos vacas echás y dije por dentro e mí:  –Voy a llevarle a la vieja esta auyama- Cojo la auyama  y la espego de la mata y me la echo al hombro y voy cruzando las patas; tiende aquí, tiende allá, pero, yo escuchaba como un animal dentro de la auyama que jacía raca…raca…tarraca… y seguí caminando y caminando, hasta que llegué a la casa y le dije a Pancha: –Poné cuidado, mirá que  aquí, dentro de esta auyama hay argo, como un animal-.
Pancha, me dijo: –Ah, viejo, metela pal cuarto, si viene argún animal, adentro no se va. Y, así mismo, jice yo, y tiro esa auyama al suelo y se partió en dos piazo, y de pronto le digo a Pancha: – ¡Pancha!, atajá… ¡Pancha!, atará… ¡Pancha!, atajá, era que dentro de la auyama venían tres picures, comiendo adentro y cuando se estralló la auyama salieron los tres picures”.
Doña Pancha decía: ­–Esto es verdad, lo que dice ese viejo.  Pero, cuando estaba de mal humor decía: –Eso es embuste, de ese viejo.   Este es otro de los tantos cuentos de don Escola:
II- Un día me fui po la mañanita a cazá, camina que  camina y me peldí en una montaña y me salí a una carceta. Me salió un venao como de veinte puntas, y lo tiro, y, en to´ el codillo, y lo maté: me lo pongo en el hombro y seguí caminando. Ya en la tardecita, oscureció. Veo y llego a un lugar, me bajo el venao, y pelo por el cuchillo, y saco un piazo e carne, prendo el fogón y me pongo asá mi piazo e carne. Me sentí cansao. Tuvo la carne y me la comí. Tenía mucha jambre. Como yo, estaba tan cansao  vide dos varas derechitas y dije –Tengo mucho sueño-. Pelo por mi chinchorro y lo cuelgo, de aquellas varas, y me acuesto, cayí rendío… en la madrugá, despierto, y siento algo mojao, pol debajo del chinchorro, y me siento en el chinchorro, con ganas de pararme y meto las patas en lagua…era que había colgado el chinchorro en las patas de una garza, y la garza estaba en una laguna cazando peces.
Don Escola, era un hombre de imaginación extraordinaria, para ser un campesino analfabeta. Contaba, don Escola: 
III-  Una  vez juí al conuco por la mañanita… y me puse a limpiá una mata e caña y veo una caña grande, tenía de lalgo como siete metros,  la colto, la pico en tres piazo, la amarro con un bejuco de sogueta de playa, y me monto esa caña en el lomo y trastabillaba, tiende aquí, tiende allá…camino y camino, y escucho, y escucho un ruido que jacía: uu…uu…y le pongo cuidao  a la cosa y digo pon dentro e mí:  – Esto parece una guanota-… y sigo caminando y llego a la casa y tiro la faja e cañas y cuando lo tiro se alborota un abejero y sale ese poco e miel y brinca Pancha y comienza a llená perolas y más perolas era que en la caña se había puesto una guanota  y se llenaron 100 latas de miel, fuera de la que se botó y las que se comieron los muchachos.

EL TIGRE, EL ZORRO Y EL HOMBRE
(Heriberto Vidal)
Una vez el Hombre iba para su conuco por un camino anieblao. Entonces el Tigre decide comerse al hombre; pero el Zorro lo oye cuando dice lo que va hacer.  El Tigre se pone a esperar al hombre. Pero el Zorro se coloca más adelante, y cuando ve al Hombre le dice:
Tío Hombre, no vaya al conuco. ¡Ahí está el Tigre esperándolo!
-¿Qué vamos a hacé? – Pregunta el Hombre.
-Con “albitrio” se hace todo, Le contesta el Zorro.
-¿Cómo hacemos? A Tío Tigre no hay quien se lo gane. -Entonces le contesta el Zorro:
-Yo me voy adelante y grito: “¿Ya llegaste?” Y usted me contesta: “¡No!”
Así fue, y cuando el Tigre oyó los gritos, se asombra, extrañado. Se repite el grito, y la respuesta fue: “¡Sí!”. Y entonces el Tigre pregunta: -¿Quién grita por ahí?
-Y el Hombre contesta: -El defensor del mundo – (que era lo que el Zorro le había indicado que contestara). Pregunta el Zorro: -¿Ya lo amarraste? ¿Qué hacés que no lo amarrás?
-¿Amarrame a yo? Esa vaina sí que no – Dice el Tigre asustado.
-Vuelve a preguntar el Zorro: ¿Ya lo amarraste?
-Aquí dice que no se deja amarrá; contesta el Hombre.
-¿Qué le dice?;  Pregunta el Tigre. -Que usted no se deja amarrá.
-Amárrame, pero con cuidao.
-Entonces el Zorro pregunta al hombre: ¿Ya lo amaniaste? ¿Qué hacés que no lo amaniatás?
-¿Amántame a yo? ¡Esa vaina sí que no!; dice el Tigre, hasta que por fin acepta: -Amaniatáme, pero con cuidao.
-Y el Zorro le replica: -¿Y qué hacés que no lo degollás?
-¿Qué dice? – Pregunta el Tigre.  -Que si no se deja degollá - Le contesta el Hombre.
-Hasta ahí llegué yo. – Dice el Tigre. Entonces el Hombre lo amenaza con que saldrá el defensor del mundo y vendrá donde están ellos: “Ahí viene”.
Entonces el Tigre se asusta, y le dice al Hombre:
-Dególlame, pero con cuidaíto.
-El Tigre muere degollao, y el Hombre se muestra agradecido a Tío Zorro. -¿Cómo le pago, Tío Zorro?- Le pregunta
-Eso es nada. ¿Pero, vos tenés gallinas gordas?
-Y salen el Zorro y el Hombre a buscar las gallinas. Cuando llegan a la casa, les sale la Mujer y le pregunta al Hombre: -¿Qué traes ahí?
-El Zorro me hizo un gran favor. – Dice el Hombre, y le explica a la Mujer a lo que vienen. Entonces la Mujer le dice que allí cerca en el monte tiene una pava clueca y que se la va buscar. Pero lo que trajo en un saco fue una perra cazadora, que empezó a perseguir al Zorro.
-Un bien con un mal se paga! – Decía el Zorro mientras iba corriendo.
-Hasta que la perra lo alcanzó y lo mató en el mismo sitio donde degollaron al Tigre.


EL TRUCO
 (Juan Belisario Rodríguez Peña)

Para días de Carnaval 
cerquita de Camoruco 
andaba Juan Belisario 
regresando del conuco
escuchó una algarabía  
que parecían mil furrucos
estaba cuatro caimanes
bebiendo y jugando truco 
para ganarse una carne 
del viejo e nombre Canuto
y los miró frente a frente
en aquel lance maluco
Porque para aquellas fieras
él apenas era un tuco,  
y el mundo se le volvía
un negro manto de luto
pero por buena de Dios
él para nada era bruto
se frotó con un chimó
especial de Seboruco    
se transformó en una mata 
que la mientan semeruco 
y se fue aguas abajo
con un aspecto de fruto
salvándose de milagro
de caé en aquel serrucho
para de ñapa contar

la gracia de ese gran susto.  

Disfrute de este audio de un joropo fantástico llanero:
EL MUERTO DE LAS TRES MATAS (Hipólito Arrieta)


Textos tomados del libro: 100 CACHOS: ANTOLOGÍA DE LA NARRATIVA  FANTÁSTICA ORAL DE COJEDES (Isaías Medina López; 2013) San Carlos: UNELLEZ-VIPI.

miércoles, 1 de junio de 2016

Cuentos fantásticos del Llano (1). Varios autores, cuentos, versos y audio musical

Mujer llanera de Cojedes (archivo de Carlos González)


CACHOS LLANEROS 

-La universalidad de la cultura no está en conflicto con la personalidad de los pueblos, como no lo está con  la de cada hombre. Alberto Zum Felde.

Sobre el cacho llanero
El cacho, también, llamado caso, historia, pasaje, o relato folklórico, es un bastión sólido dentro del cuento corto popular latinoamericano oral  inserto en lo fantástico, en los terrenos de la imaginación convertida en horizonte. 
Por lo general, el cacho, enfrenta a personajes (seres comunes y corrientes), con diversos aprietos e incluso con lo siniestro. Parte de un motivo real (el hambre, el extravío, un acecho) que se une a otros conflictos (el miedo, la falta de armas, la fatiga), y se exageran hasta trazar un argumento o cuadro del cacho, cuyo despeje instantáneo y genial (giro del cacho), brota del mismo personaje o de un regalo increíble, capaz de llevarnos a profundas reflexiones metafóricas y simbólicas. En este perfil, el cacho, no es un simple relato étnico-campesino; es un cuestionamiento intercultural y significativo de la realidad que burla  los linderos entre lo cotidiano y lo insólito.  La tradición estética del cacho llanero se “afila” en la brevedad,  el humor fantástico y el contexto cultural llanero.

Cachaceros indígenas de los Llanos adornados con cachos de venado

LA CULEBRA Y LA BICICLETA (Rafael Arias)
Esto me pasó ayer mismo. Resulta que vengo muy tranquilo en mi bicicleta del conuco y llegando a La vuelta de Camoruco, antes de la mata de fruta ´e burro, más allá de don Cipriano; eso ahí es monte y monte de lado y lado, lo que hay es un caminito. De repente,  se viene un bulto  como de dos metros de alto “¿Qué guarandinga es esta?” Me acerco poco a poco: veo que esa vaina tiene como escamas y se mueve, me le acerco más, y  me doy cuenta que es una culebra que está atravesá en el camino, agarré un poco ´e piedras y se las lancé, pero la bicha ni se movía, entonces le soné la corneta de la bicicleta, nada, lo que hizo fue sacar la cabeza dentro del monte, se me quedó mirando, sacándome  la lengua como si se burlara de mí. Así ya tenía como una hora y la bicha no se movía.
    Retrocedí con mi bicicleta unos centímetros, agarré impulso y le pasé por encima, fue tanta la velocidad que agarré que pasé derecho y caí en una laguna con todo y bicicleta. Lo cierto que al hundirme no supe dónde cayó la bicicleta. Salí a tomar aire, me volví a hundir una y otra vez y nada que encontraba la bicicleta. Cuando ya me sentía rendido para seguir buscando surgió un resplandor del fondo de la laguna, era la bicicleta  que se habían encendido las luces y fue así como pude encontrarla, eso fue verdad, verdaíta. Y cuando fui  a ver la culebra ya se había ido.

El cacho alimenta la prestancia de la artesanía llanera  

EL MORROCOY (Ronnys Almidio Padrón Quintero)
    Estaba mi tío Severiano en su conuco, allá en Buenos Aires. La tarea que tenía era limpiar la parte de los quinchonchos. Se dijo: Voy a sentarme un rato a descansar en esta piedra. Al rato consiguió cómoda la piedra y se queda dormido. Empezó a soñar que estaba paseando muy alto en las nubes y del frío que le pegó lo despierta. Cuando se despertó completo vio que estaba  encaramao en un cerro que se movía por todo el conuco y se divisaba todo a la distancia. Aquello fue un gran susto. Tremenda maravilla, cuando quiso ver la pata del cerro en que estaba arrellanao ve que no era un cerro sino un morrocoy que tenía años que estaba metido en su conuco y le dio por despertarse llevándose a cuestas a mi pobre tío Severiano con todo y su gran conuco y uno no sabe para dónde.

ENTRE EL LLANO CLARO OSCURO
(Deyssi Elizabeth Silva Fuentes)
Mercedes era una mujer de tierras llaneras, que aunque era muy guapa de día, de noche podía ser la más cobarde. Capaz de recorrer kilómetros y kilómetros, con sólo cargar en el anca de su caballo la comida,  siempre que fuera de día. Los cuentos de fantasmas y aparecidos que el abuelo le contaba, parecían invadir sus noches.
Un día salió para regresar antes del anochecer, pero con tantas diligencias que hacer  en el pueblo, las horas se le fueron volando. Pensó que podía llegar antes que la noche a la casa si echaba a andar rápido en su caballo “Brioso”; pero fue en vano todo su esfuerzo; a mitad de camino, cayó la noche y no pudo hacer nada más. Pocos metros había recorrido cuando a orillas de la quebrada encontró a un señor montado en una yegua azabache.
El caballo de Mercedes no quería avanza, ni siquiera acercarse a aquel caballero; pero ella lo azotaba para que siguiera caminando. Al rato el hombre volteó y la miró, la yegua también volteó y miró al caballo, le movió la cola unas tres veces y el animal se acercó mansito. El hombre le preguntó a Mercedes, señorita, ¿para dónde va usted?
Voy a la casa de los Aguirre, ¿Y usted? Podríamos acompañarnos.
¡A bueno! Gabana, ¿a usted no le da miedo andar por estos caminos oscuros y solitarios?
Bueno, sí, es por eso que le estoy diciendo que nos vayamos juntos, para acompañarnos.
¡Ah! ¿Y a qué es lo que más le teme?
A los muertos, compañero.
¿Sí? ¡No parece!
¿Por qué lo dice? ¿Porque ando sola por estos lugares?
No por otras razones que sólo yo sé.
Mercedes, encontraba extraña aquella serie de preguntas y respuestas. Así que para evadir nuevas interrogantes similares a las anteriores que le erizaban la piel; decidió interrogar ella. ¿Y usted, no le da miedo andar por aquí?
Aquel desconocido se sonrió y respondió con serenidad: -No, miedo no me da; ahora no. Calló por un momento y luego prosiguió. Cuando estaba vivo sí.
 

LA VACA
 (José Daniel Suárez Hermoso)
Por fin después de tanto peligro logro llegar a casita, ya era de noche, por ahí de madrugada me despierta el bramido de veinte mil reses que bramaron de un solo golpe toditas al mismo tiempo, bueno, pero, ¿qué broma es esa? Si yo lo que tengo son cinco vaquitas, lo que pasa es que el ganao se había reproducido en demasía,  qué carrizo; era una mancha completa de ganao, era tanto ese atajo, que contándolas  me quedé dormío, al despertar veo que ya no era una sola mancha sino tres, tanto así que ya no les quedaba casi terreno para pastar. Me decido y dispongo vender aunque sea la mitad. 
En efecto, voy y vendo uuuuuuuuu bastante, pero de to´ ese animalero ningún comprador quiso comprarme cinco vacas bien gordas y bonitas, extrañado llego y me hablo con una de las vacas y digo: -¿Qué jue?  La  bicha me dice: -Nos regresamos pa´ Camoruco. -¿Cómo es la cosa? Y sin dejarme respirar, me agarran, así como Jorge Noche, fuerte. Me llevaron volando, sí,  pero altísimo, en eso las vacas como que se pierden o se durmieron con la brisita fresca que pegaba y chocan con una bandá  ´e pájaros, allí nos venimos cielo abajo,  en una voltereta que doy, cayendo, pierdo el sombrero ¡Malaya nadie! No me quedó más que agarrarme de la vaca que me había hablado, bimbope, caímos a un río que debe ser el Apure, porque  no se le veía la otra orilla. En la matracaza  ´e caída  cojo yo una buena rabia y le armo aquel lío a la vaca y le digo que al llegá al fundo la voy a poner en candela pa´ comemela y pa´ que aprenda ¡No cuñao! Se ha puesto roja esa bicha como una llama y empezó a botar candela por el rabo. 
Veo el río y busco a nadar pa´ la otra orilla, así, sin miedo, estando por tirarme  al agua  sale un borbollón grandísimo, diez mil caribes capa burro de los macetúos, yo me frené en seco, la vaca condolida, hasta asustada de que ya fuera a dejar allí sola  se mete conmigo, pero no íbamos ni a un metro en el agua cuando aquellos animales se enfurecen. 
 Yo les dije por las buenas que me tenían que dejar pasar porque yo venía de muy lejos y tenía a la mujer y los muchachos solos en Camoruco, los bichos aquellos  como que fue al revés, se pusieron más bravos, entonces otra vez la vaca empieza a ponerse rojita,  cuando cogió bastante presión  le soltó a esos caribes un candelorio como nunca se había visto en aquel  río, a toditos los  pescaos los asó sin quemar ni una gota de agua ¡Qué maravilla! Los caribes bien doraditos se fueron corriente abajo, yo me comí cien y los demás campesinos que se asomaron recogieron lo que se les antojó, había como para un mes por lo menos,  después me sacaron hasta la carretera y así es como llegué aquí y todo eso gracias a mi vaquita que echa candela por el rabo. 


LA SEÑORA DEL SILBÓN (Jesús "Chucho" Torres)
 Fuente: Jesús Moreno, “el Rey del Pasaje” (cantante)

Aaaaaaayyyy la la lay
A San Antonio llegó
la Señora del Silbón
ella vino fue a buscar
los restos de su varón
que aquí quedó sepultado
bajo La Cruz del Perdón
y murió porque lo mató
Luis Laya de un pescozón
ella se llevó los restos
dentro de un saco bocón
y en Candelaria posó
y durmió en el corredor
atacó a Juan Salazar
que se la da de machón
y hasta lo puso en el caso
de cargarle el molondrón
Salazar le tuvo miedo
y hasta le pidió perdón
la vieja se refrescó
y fue cambiando opinión
y le dijo a Salazar
“Yo necesito un varón,
a mí me gusta el catire
cuando es gordo y barrigón”
lo agarró por las orejas
y se lo trajo a templón
quería que le diera un beso
y la pusiera en sazón
a ver si ella recordaba
su tiempo cuando el Silbón.
Salazar no la aguantó
se la pasó a Rafaelón
Rafaelón tampoco pudo
le aguantó un solo empujón
venía llegando Medina
y aprovechó la ocasión
le avisaron a Cariele
pero estaba “Rabo ´e  Lión”.

Aaaaaaayyyy la la lay
En esto dijo la vieja
cambiando conversación
“Dicen que yo soy maligna,
pero mi hijo es peor
en la pica ´e  Santo Cristo
sale a golpe de oración
atacó a Cipriano Soto
sin motivo y sin razón
y le dijo a Ciprianote
“Acomódate señor,
que vas a pagar la cuenta
lo que debes anterior
te acuerdas de Cara Caro
cuando estaba más lechón
que lo tenías amarrado
en la pata ´e  un botalón
cada golpe que le dabas
sonaba como un tambor,
yo le voy a da una pela
pa´ que tenga educación
aflójese la correa
y se baja el pantalón
yo sí lo voy a enseñar
a respetá un superior”
pero Cipriano se fue corriendo
cuando le vio el mandador
echando chispa ´e  candela
rojito como un tizón
era  regular garrote

el que cargaba el señor.


Disfrute de este audio de un joropo fantástico llanero:

El Gato Rabo e´ candela (Domingo García)



Textos tomados del libro: 100 CACHOS: ANTOLOGÍA DE LA NARRATIVA  FANTÁSTICA ORAL DE COJEDES (Isaías Medina López; 2013)  San Carlos: UNELLEZ-VIPI.