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lunes, 27 de abril de 2020

Leyendas llaneras (Vivencias y testimonios) 9. Espantos y bestias (Carmen Pérez Montero)

Las bestias gigantes llenan muchas páginas de la literatura llanera. 
Imagen en el archivo de Rosa Elena Montenegro Ortiz



EL ESPANTO DE EL BAJÍO
Esta historia es muy vieja en el pueblo de Turén. Siempre entre los músicos se acostumbraba después de las tertulias, las serenatas y los "palitos", encargarle a los que debían atravesar casi todo el pueblo para llegar a sus viviendas, que se cuidaran del Espanto del Bajío. El Bajío  es un sector de Turén llamado así porque en épocas de lluvia este terreno se inundaba y era casi imposible transitar por él.
Es conveniente recordar que en esta época de guerra y guerrillas la gente que tenía dinero acostumbraba en colocarlo en tinajas de barro y enterrarlo, unos porque se incorporaban a los ejércitos convencidos de sus ideales liberales o conservadores y otros, para evitar que esos mismos ejércitos que tenían fama de revoltosos y abusadores pudieran robárselos.
Wilman Rodríguez, habitante de La Colonia Agrícola de Turén y yerno de María Alibardi de Ruffato, narró que una noche, estando el joven, se fue con unos amigos a dar serenatas en Turén y ya pasada la una de la madrugada tuvo que regresar solo para La Colonia Agrícola de Turén. Como estaba ebrio y caminó mucho acompañando a los amigos, se perdió y de repente vio una luz fuerte que daba diferentes colores. A veces daba visos azules, verdes, morados y reflejos amarillos.  Wilman reflexionó y fue entonces cuando se dio cuenta de que estaba en el sitio llamado El Bajío y la luz que brillaba con diferentes colores estaba, precisamente, en el lugar donde, supuestamente,  existió la antigua ceiba donde, segun la leyenda, en tiempo de Cipriano Castro, un hombre seguidor del General Rafael Montilla, El Tigre de Guaitó, hizo enterrar su fortuna en el pie de esta frondosa ceiba. Este hombre utilizó los servicios de un peón para abrir el hueco y después, temiendo que este pudiera robar el dinero o divulgar su existencia, lo mandó a meter dentro del hueco con pretexto de que acomodara el cajón contentivo de las morocotas de oro e inmediatamente, le dio muerte con el pico y lo enterró junto con el tesoro.
A Wilman se le paso la borrachera y rápidamente busco la salida hacia el centro del pueblo y de allí el camino para La Colonia, sumamente asustado por todo lo ocurrido. Después de ese incidente fueron muchas las personas que lo aconsejaron a Wilman Rodríguez que volviera al sitio, que ese dinero era para él, pero Wilman no quiere saber nada del Espanto de El Bajío y prefiere seguir siendo el humilde maestro de música que vive de su trabajo. 



LA VACA ESOCADA
Esta la leyenda nació en ese pueblo antiguo, formado inicialmente por los negros y esclavos de los fundos y haciendas pertenecientes a la mayoría de las  familias  "acomodadas" de Guanare: Ospino, tierra de retiro y tranquilidad, Allí nos encontramos con el señor Tomas Villegas, quien después de aclararnos que él no es de ese pueblo, que él vive en Acarigua, nos relata lo siguiente: Cuando yo estudiaba en la Escuela Granja de Ospino, en el año 1987, se hizo costumbre, para un grupo de estudiantes, fugarnos casi todas las noches para salir a parrandear por el solitario pueblo y en la madrugada, ya con la claridad del día, regresábamos a dormir a la escuela.
Una noche, serian como las once, la luna estaba clarita y salimos del dormitorio Said Antonio Valdez, Antonio Cedeño, Freddy Colmenárez, Ildemaro García y yo,  atravesamos el puentecito donde estaba la quebrada, donde muchos estudiantes habían visto muchos espectros nocturnos como figuras de enfermeras, hombres vestidos de blanco, marranos y una vaca que era el espanto del que más oía hablar en el ambiente y cuando ya íbamos llegando a la cerca por donde estaba el hueco por donde solíamos escapar, un ruido extraño y escalofriante nos detuvo, todos nos miramos y exclamamos al mismo tiempo ¡Dios mío!... ¿Qué es eso?. Nos quedamos petrificados y el ruido que se sentía por debajo de la tierra y que estremecía el suelo donde estábamos parados se hizo cada vez más fuerte, era como un animal pesado, lleno de huesos, que bufiaba a la vez que arrastraba una pata de palo. Sentimos que (la cosa) se acercaba cada vez más y, sin embargo, no lo vimos pasar. ¿Cuánto tiempo duro ese ruido desconocido? No lo sabemos pero fueron minutos interminables. Nosotros creemos que lo que nos salvó de un susto mayor fue el vigilante que en ese momento sonó el pito y nosotros recobramos el aliento y pudimos movernos. Yo fui el primero que salió corriendo y los demás me siguieron. De la cerca al dormitorio yo creo que tardamos un minuto. Esa fue mucha carrera. En la mañana siguiente le contamos a Luis Terán, el viejito de la bodega de la esquina, él nos dijo: Esa jue la vaca asocá que les salió, menos mal que no la vieron porque no jueran echao el cuento, la gente que la visto ha quedao privá y muchos, hace tiempo, se murieron del susto.
 Nosotros le preguntamos al señor, por qué la la llamaban la vaca esocada y él nos respondió: Bueno, poco antes cuando esa vaca salía bastante, muchos la vieron y decían que era una vaca escoyuntá. Bueno, ¿Cómo les digo?... una vaca con los huesos dislocaos, que caminaba tirando las patas pa’ los laos. La gente de antes decía que ella salía en el Barrio Abajo y caminaba por toa la calle Principal, pasaba por la plaza y se perdía por los laos de Barrio Nuevo. Ese espanto es muy viejo aquí en Ospino, más bien ya no sale casi porque esa vaca hoy en día se asusta cuando ve a los roba ganao.

Tomado de "Mitos y Leyendas predominantes en el Estado Portuguesa" de Carmen Pérez Montero

Carmen Pérez Montero. Nacida en Tinaquillo, Cojedes y residenciada en Araure, Portuguesa. Profesora Titular de I.U.T.E.P. Sus poemas, investigaciones didácticas y culturales se divulgan, de manera sólida y contundente,  en libros, diarios y blogs de nuestro país desde 1964.  

domingo, 11 de noviembre de 2018

Cuentos de Navidad: dos relatos encontrados (Carlos Mujica y Salvador Jiménez Segura)

Un hallazgo, un cambio de vida, una sorpresa latente: esa es la Navidad



NAVIDAD NEGRA (Carlos Mujica)
Los potros de la tarde, como “hasta luego” de siempre, saltan en mil colores de la luz al ataque de las manadas grises de los últimos momentos del día.
La brisa es fresca, hinchada de roció, casi blanca diríase; como un velo de huidizas nubes que, por oleadas intimidantes, roza envolvente y sensual los cuerpos que a su paso tropieza.
Ahora, él está allí una raída camisita y unos pantalones incoloros que caen un poco más abajo de la rodilla cubren su negra piel; calza alpargatas. Contra su costado, debajo del brazo derecho, por el cuello, sujeta un cuadro. De la ciudad, del más allá, el viento trae teñidos de campanas.
La alegría de los niños que vinieron a pasar la Navidad en la casa grande de la finca, le atrajo. En sus largos y anchos corredores de sólidos horcones y piso relucientes de cemento juegan animosos mientras la música de discos, las golosinas y el árbol de Navidad hacen el ambiente. Esperan, como de costumbre, que sus papás saquen del escondrijo los paquetes de regalos que en nombre del Niño del Dios darán a cada uno. Un extraño influjo lo detuvo.  
De su choza de bahareque y de palma ubicada en lo alto de la giba de una loma cubierta por la colcha verde de pajar sabanero, cuyo espacio adornan vibrátiles y multicolores mariposas viajantes, suspensas como prendedores que movieran invisibles hilos; por el camino oro rojizo que se descuelga al encuentro de otros para desguazar la verde uniformidad de Rincón Hondo, había bajado para llegarse a la choza del amigo campesino con quien gustaba reunirse para cantar.
Es Navidad y en los hijos se renueva la costumbre de los padres de llevar improvisados cantos a las chozas de la vecindad.
Es de gusto ver cómo, cuando el cielo de la noche navideña se posa sobre la sabana, macilentas llamitas, como luceros enclenques desde las dispersas casas rutilan acá y allá. En ellas viven los hombres y las mujeres más laboriosas, sencillas y sanas que campo alguno pueda tener.
En ellas, al compás de música y cánticos, de cuatros y de maracas y el embriagante criollo, sin ostentación, se celebra otra Navidad. Es una, que de generación, aprendida por comunicación oral renueva el recuerdo de las ideas que impusieron los conquistadores y que hoy revenida por la amalgama de las sangres la han hecho tan suya que parece como si festejaran más bien el hecho real que a cada instante en los 365 días de Navidad del año, las chozas, convidadas de piedra, como pesebres, acunasen el alumbramiento de las Marías en el campo; el advenimiento admonitorio de niños “Jesús” que denuncian diariamente la arbitrariedad de los empadronadores y caseros de todos los tiempos transcurridos.
Pedrito Firpo es uno de ellos; viene de una choza y va hacia las chozas del camino, estrecho como su vida, que dejan las huellas. Con la luna, amiga de la cercana lejanía que le habla un lenguaje de sombras, Pedrito suele jugar. Rueda de sombra negra, negativo de luna sobre zenit, duendecillo deforme, sombra de luna blanca, ondulante silueta al capricho de la hierba sabanera; larga sombra de negro perdida en las ondulaciones del terreno; Guliver al capricho de sus rayos al ras del horizonte.
Hasta hoy, para él la Navidad había sido otra cosa. Ahora palpaba la comercializada de la gente de las ciudades. Los niños de la casa de la hacienda en su inocente alegría la enseñaron a conocerla. Ahora él también quiere un regalo. Pretende que ese Dios que hace el milagro a través de los gustos de los padres cumpla con él. Pero prefiere callar.
El viento acariciante, la alegría de los niños, el anhelo que lo invade, el frio de la tarde le van provocando el sueño hasta que busca acomodarse recostado a un tallo bifurcado, de una mata del patio. Imágenes, confusas configuran su sueño; una espalda doblada, un sol lacerante, un machete que desguaza malezas, un pequeño claro en el bosque, una cosa que se desplaza, unas matas que emergen, una escarda que limpia, una mano que aporca, unos frutos hermosos, un pequeño montón, unos cascos que avanzan, unos sacos que andan, un rebuzno de pronto, una tarde que pasa, una noche que llega, un troje que espera, una cara de joven, un hembra marchita, unas parcas palabras, un dolor que se siente, la cintura que aguanta, unos ayes que emergen, una tarea que acaba.
Un tractor de repente, que va y viene en el campo y una tierra que se hace despejada e inmensa; confusión que se extiende y no entiende y que palpa. Un rincón donde duermen el machete y la escarda y una choza que se hace de repente, una casa y una madre que asoma sano y joven su rostro y un hombre que se mira nuevo, rehabilitado.
Un brusco despertar y un papel que a su lado estas letras contienen:
Pedrito, Firpo.
Rincón Hondo.
Recibí tu mansaje, el tractor que me pides como regalo de Navidad para tu papá Juan es imposible dártelo porque su peso me dañaría el trineo.


CRÓNICA DE AÑO NUEVO. Media Noche
(Salvador Jiménez Segura)

-¿Por qué ese afán, amigo, mío. De vestir nuestra alma con un traje nuevo para recibir al año? ¿Por qué vestirla con cascabeles y mentirle regocijos?
Era la Nochebuena de año nuevo, y probablemente por un capricho de mi temperamento, el buen humor habitual en mí había huido de este mi rostro de Bilìquin.
Todo en la ciudad palpitaba con ritmo de fiesta, como un gran corazón henchido de alegría. Y mientras la multitud galante llenaba de entusiasmos las avenidas de la plaza, otra muchedumbre gozadora esperaba en el café que el reloj de la Catedral cantara los doce versos de la media noche. Los mozos iban de un lado a otro, tras el rumbo de las palmadas que sonaban de todas las mesas, repletas de copas y rodeadas de caballeros.
Mi amigo me miró sorprendido, como admirado de mi pregunta y de mí.
-¿Por qué se afán de mentirle al alma regocijos, cada vez que nace un año? ¿Por qué no vamos  a estar hoy, como cualquier otro día, normalmente alegres o normalmente tristes, para que decir al oído de la vida que aquel que llega le trae rico presente de venturas, cuando esas venturas acaso no llegan nunca? ¿ No te parece que es algo parecido al dolor de los niños, cuando en el curso de sus años van aprendiendo que los reyes no les traen juguetes para sus zapatos y que personajes de “Las mil y una noche” apenas son bellos tipos de ilusión?.
-Sencillamente –replicó mi amigo, alzando su bok de cerveza sencillamente porque no existe nada más innoble que asesinar la vida. Todos los  hombres llevamos enclavados en el pecho el puñal de los más grandes dolores. La corona de espinas no sólo se hizo para Jesús, y sería singular el caso de alguno que en el vino de la vida no hubiese advertido la gota de amargura. Pero, dime, amigo mío, ¿Qué ganaríamos con arraigar en nuestro cerebro la convicción de nuestra miseria, de que estamos condenados a reír una vez, por cada mil sollozos?. Más humanamente bello que en turbia copa de angustia, es recibir la sangre de nuestra herida en azul cáliz de ilusión… ¿verdad que tú nunca dirías a esos niños de que hablaste ahora, que no son reyes, magos de ilusión, quienes depositan por las noches es sus zapatos pequeños, los juguetes y las golosinas?
-En esta noche no hacemos otra cosa que echar rosas sobre las penas muertas y aromar con ellas las penas -¡quién sabe si más amargas!- que nos reserva el provenir…
-Quiere decir –interrúmpele- que nuestras almas son esta noche los zapatos que los hombres colgamos de nuestros lechos para recibir lo que nos traiga el mago Rey año… Esta noche alquilamos esperanzas, más o menos...
-¿Y por qué vamos a negarle una noche a la Esperanza?. Ella ha puesto muchas veces acordes nuevos en la lira, afán de besos en nuestros labios y perfume exquisito en nuestra humana podredumbre…
-Mal haces tú, querido, en recibir esta noche en tu espíritu a la vieja amiga melancolía. Di a tu alma que en el año que llega -¡Oye las doce!- es mensajero y ángel de amor, de bien y de ventura… Alcemos estas copas y brindemos por la vida, por este huésped, príncipe azul que es señor de esperanza!... No seas nunca el verdugo de tus propios sueños y de tu propia juventud…
El entusiasmo se colma en aquellos instantes. La multitud entraba y salía del café, y la alegría volaba, triunfante y soberana.
En la plaza se ejecutaba el Himno de la Patria. Mi amigo y yo alzamos las copas y nos abrazamos con efusión y regocijo. Mi rostro de Biliquin sonreía…
Y el reloj cantaba los últimos versos de la media noche. 

domingo, 22 de abril de 2018

DE CUANDO MURIÓ LA MUERTE Y OTROS POEMAS DEMENTES. Varios autores


 
Las mujeres del Llano presentaron sus respetos ante inerte cuerpo de la muerte

Imagen en el archivo de la  cantante de música llanera Eliana Marval



Manuel Feo La Cruz
MUERTA LA MUERTE

III
Muerta la soledad, queda la muerte,
Y me preguntas con temor velado
Cómo acallar su grito desgarrador,
Cómo vencer su palidez inerte.

Es de temor de perderme y de perderte
tras la sombra asfixiante del murado;
de perder estas voces que en sagrado
instante del amor nos dio la suerte.

En ellos, corazón no mancillado;
en su clara mirada para verte;
en su mundo de paz iluminado,

esta luz eterna, de tal suerte
que en su vida la nuestra ha continuado:
muerta la soledad, muerta la muerte ¡

IV
Este grave metal de la campana
-en plomo de tormenta derretido-
anuncia la llegada del olvido
en crucero de luz por la mañana.

Alza bronca su voz en la lejana
espera del amor languidecido
y vierte la acritud de su sonido
como lluvia lodal en la fontana.

Es la voz de muerte su gemido;
es un cántico gris a hora temprana;
es puñal en costado mal herido.

Mas, dime tú de sueños hortelana,
que no temes la muerte ni el olvido,
sino el grave metal de la campana!

V
Aunque la muerte haya muerto, no mueras.
Vierte el amor en tu lámpara sonora
y llama la emoción donde mora
la paz indefinible de las eras.

Aunque la muerte haya muerto no mueras.
Acerca tu calor a la canora
huerta que ha nuestros hijos enamora
con florecer de innúmeras quimeras.

No mueras, de mi ser horticultora ¡
Bien sé que, en el recuerdo, si murieras,
aliento de mi amor, como es ahora.

Tu huella rondaría mis esperas;
más, para recordar, aún no es hora.
Aunque la muerte haya muerto, no mueras!


Gerardo González Vásquez
LA MUERTE NOCTURNA
La muerte tiembla cuando yo despierto
y se acobarda de su propio engaño.
La he vencido en el alba. Su rebaño
de sombras fue un carámbano en mi huerto.

Muy lejos de la noche, me convierto
en la última pirámide del año.
Y entibian mis aristas el extraño
sol que alumbra en un místico desierto.

La muerte me acompaña mientras duermo
con el dolor de su esqueleto enfermo
pero en fracaso su misión concluye,

porque mi cuerpo, sin mortal herida,
en nocturno combate por la vida
la cansa, la derrota y la destruya!...

 

***Otros poemas dementes*** 

 

Poema de Nieves Clemente

Yo quiero vivir pecando

entre un vaso de aguardiente

con el tintero presente

cuando me estén fustigando.

Yo quiero vivir cantando

y morir por el derecho.

Que pá todos haya techo

y la luna campanera

bendiga el trigo en la era

con la musa de mi pecho.

 

Orlando Araujo

CANCIÓN AL HÍGADO DE CAÑA Y MUERTE

Extraño ser metido en mis entrañas

silente defensor de mi locura

a ti debo la vida que perdura

en el amor y en todas sus hazañas.

 

Sólo Dios sabe cómo tú me amañas

y cómo quieres a esta vida dura

para seguir conmigo en la locura

de las letras y el canto de las cañas.

 

Conozco hígados tristes y sin dueño

que en cuerpos sin amores y sin vinos

jamás sintieron la embriaguez de un sueño.

 

En cambio tú, amigo, eres divino

y sé que estás muriendo en el empeño

de no dejarme solo en el camino.

 

 

Nemesio Antonio Alvarado Mendoza

DÉCIMA DEL AGUARDIENTE

I

Yo he visto unos caballeros

que dicen saber  beber

pero los he visto caer

el día menos pensado

y solo en mí se ha notado

este mal tan diferente

no más a los inocentes

castigan por el licor

y de este modo Señor

todos toman aguardiente.


II

Tiene un secreto tan fino

este licor soberano

que el padre toma lo humano

y el rico lo divino

como toma el capuchino

metido entre su capote

también toma el sacerdote

metido en su casucha

y el monaguillo la suya

y que a mi nada más se note.


III

La más digna señorita

toma sin ser rescatada

y le dicen a  la criada

dame acá una migajita

y cuando la ven tontica

ay que beso señorita

una niña tan decente

que parece un serafín

pero es capaz de darle fin

a un alambique caliente.


Poemas Tomados del Proyecto de Extensión Universitaria:  ANTOLOGÍA DE LA DÉCIMA POPULAR EN EL ESTADO COJEDES (UNELLEZ-San Carlos) Autor: Isaías Medina López 

Glosas de Amor Llanero (6) Varios autores


Dama llanera en el archivo de Joel González



Adelis León Guevara
YO HE VISTO CRECER TU VIDA
COMO UNA HIERBA LEJANA;
COMO UNA ROSA ENCENDIDA,
COMO UN LIRIO EN LA SABANA.

Con la fragancia del lirio
aromoso en la sabana,
como un sol de caravana
viene la tarde en delirio.
Con esta flor de martirio,
que es la flor siempre encendida;
con la metáfora herida
de los bucares en flor,
entre martirio y dolor
YO HE VISTO CRECER TU VIDA.

La veo entre los engaños
lívidos, como las moras,
mientras se mueren mis horas
y se marchitan mis años.
He padecido tamaños
de angustias, mientras la ufana
vida se me desparrama
como una ingenua utopía,
mientras tú creces, María,
COMO UNA HIERBA LEJANA.

Si la rosa es una espina
labrada con la maestría
de Dios, tú lo eres María,
pues eres rosa divina.
Eres rosa de neblina
hecha de amor y de vida,
tierna rosa consentida,
pura y celestial criatura,
diminuta flor de albura
COMO UNA ROSA ENCENDIDA.

Yo he visto crecer la arcilla
y el barro de la constancia,
los aromas y fragancia
de mi angelical chiquilla.
Yo te inventé la cartilla
del rocío y la mañana,
la fresca rosa temprana,
el azahar de tu risa
que el aire despetaliza
COMO UN LIRIO EN LA SABANA.


Alberto Arvelo Torrealba
GLOSA DE MAYO A MIRIAM
YA MAYO ENFLORÓ LA HUERTA
Y ENCENDIÓ LA CRUZ DEL SUR:
¿CUÁNDO SERÁS MAYO EN MI ALMA
CON FLORES Y ESTRELLAS TÚ?

Fluye por tu amor la diana
del romántico saludo
íntimo paisaje mudo
sueña su musa lejana.
Desde mi torva ventana
a limpio azul entreabierta
engarza el alma despierta
tu imagen con un suspiro
y por los barrotes miro:
YA MAYO ENFLORÓ LA HUERTA.

Soy pozo en noche sin luna
espinado por la zarza,
tú la soñadora garza
de mi espiritual laguna;
más los sueños de fortuna
me arrasa adversa segur,
y en vano –vernal augur
prez de las noches de mayo-
seductora y de soslayo,
Y ENCENDIÓ LA CRUZ DEL SUR.

Como Torrente serrano
–cristal con risa de hierro-
cambia el bullicio del cerro
por el silencio del llano,
tal a tu influjo galano
mi pecho sus odios, calma.
Clavel, lucerito y palma
con tus recuerdos adjunto
y en soledad me pregunto:
¿CUÁNDO SERÁS MAYO EN MI ALMA?

Bambú soñando el relente
fue mi coplera divisa
donde aprendí con la brisa
el son del cuatro doliente,
cuando se enluta occidente
ya sin cintas de tisú;
y en copas de ese bambú,
bizarra garza morena,
te posas sobre mi pena
CON FLORES Y ESTRELLAS TÚ.

Cárcel de las Tres Torres
Barquisimeto, mayo de 1929


Miguel Otero Silva (M.O.S.)
ERES UN LIRIO DEL RÍO,
BLANCA COMO CUAL NINGUNA,
HECHA CON RAYOS DE LUNA
Y CON GOTAS DE ROCÍO.

I
Al bosque me fui a buscar
el junco de tu cintura,
la rosa de tu hermosura
y el agua de tu mirar.
Dejaba el río un cantar
en cada recodo umbrío
y te encontró el verso mío
en la orilla florecida
porque a orillas de mi vida
ERES UN LIRIO DEL RÍO.

II
Cual una garza dormida
te vi en mitad del estero,
desnuda como un lucero
y como un árbol erguida.
Sobre la sabana herida
por el puñal de la luna
–gonzalito sin fortuna-
se echaba a volar mi canta
persiguiendo tu garganta
BLANCA COMO CUAL NINGUNA.

III
Yo tengo los ojos llenos
de lo que sin ver presiento:
del cálido embrujamiento
que está temblando en tus senos.
Sombras de árboles morenos
se tienden en la laguna
y en la tibia noche bruna
la sabana entera siente
el embrujo de tu frente
HECHA CON RAYOS DE LUNA.

IV
Y aunque temo, yo no quiero
escapar a mi destino:
que dé sombra en mi camino
tu blanco cuerpo altanero.
Hecho con luz de lucero,
con albas nubes de estío,
con amapolas del río,
con pulpa de pomarrosas,
con sangre y carne de rosas
Y CON GOTAS DE ROCÍO.

Poemas tomados del libro-texto: NATIVISMO: HEREDAD POÉTICA DEL LLANO
Y LOS LLANEROS, del poeta Yorman Tovar, presentado para su ascenso a la categoría de Profesor Titular de la UNELLEZ