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sábado, 3 de octubre de 2015

Leyendas del Gran Cacique Manaure: Rey, hombre y dios

Imágenes en el archivo de Daniel Materán 



El hombre
Manaure es uno de los más destacados líderes de la historia indígena de Venezuela  por varias razones. Este gran monarca de los caquetíos, no resalta por su carácter guerrero, fue ante todo un sabio gobernante de su nación con un notable carisma religioso que puede considerarse en el rango de “Hombre-Sanador Dios”. Ya, para 1522,  se le conocía como Rey de su pueblo con dominio sobre el actual estado Falcón y extensas zonas vecinas, entre ellas las islas de Aruba y Curazao, asimismo los actuales estados de Yaracuy, Lara, Cojedes, Portuguesa, Carabobo y Barinas. Su largo reinado finaliza al morir, en batalla, en 1549. 

Joven indígena en el archivo de Oscar Encinoza

Fue un habilidoso dirigente que lidió con la ambición de conquistadores  como Juan de Ampíes y el sanguinario belzar Alfonso Alfinger, a quienes vence en lo político, en lo económico  y, también en lo histórico y en lo literario, hasta ganarse el respeto y admiración del gran poeta  Juan de Castellanos,  quien le retrata en varios versos que le abren camino a la leyenda:

Las fuerzas "encarnadas" tienen enorme atractivo en la culturas indígenas 
(archivo de Tarwk Yanda)  

En todas sus conquistas y demandas
temblaban dél las gentes alteradas;
hacíase llevar en andas
con chapas de oro bien aderezadas,
y él amistad y paz después de hecha
la tuvo con cristianos muy estrecha.
…/…
Usaba de real magnificencia
Sin que le conocer parecer vario,
A sanos y a subyectos a dolencia
Siempre les proveyó lo necesario.
…/…
Nunca vido virtud que no loase,
ni pecado que no lo corrigiese.
Jamás palabra dio que la quebrase,
Ni cosa prometió que no cumpliese;
Y en cualquier lugar que se hallase
Ninguno le  pidió que no le diese;
En su mirar, hablar y en su manera,
Representaba aquello que era…

Su pueblo, los caquetíos, ofrendaban culto al dios Hurakán y, para ellos, Manaure, estaba casi al mismo nivel, pues él poseía el poder mágico de poder curar todas las enfermedades,  con la jerarquía de Tiao (o Diao) Supremo, pero también: "representaba la fuerza creadora del mundo, y por su mano y poder se habían creado todos los elementos y se producían conservaban todas cosas que cría la tierra; se engendraban los rayos, truenos, relámpagos, aguas  y todo lo demás de las cosas bajas y altas; de sus manos les venían los buenos tiempos, salud y abundancia de sementeras; y que nada, sin su poder, podía suceder prósperamente", según relatan las crónicas coloniales.
Gilberto Antolinez y otros estudiosos, como Miguel Acosta Saignes,  han señalado que su nombre era el de una dinastía de gobernantes, heredada de padres a hijos, y  no el de una persona en especial, cuyos significados podrían ser los siguientes: 1-“Propuesto al alto rito”, o, de otro modo: “Iniciado excelso”. 2- Alto rey que se mueve”, lo cual recordaría sus continuas peregrinaciones, comentadas admirativamente por los cronistas españoles. 3-“Nacido en la alta casa”. 4-Nacido propuesto Grande y Elevado Rey”; alusión al carácter hereditario de su dinastía. 5-“Alto Rey de casa grande”. Manaures o Reyes “Iluminados”, sería lo correcto en este caso.

La leyenda
Su leyenda tiene,  al menos, dos magnos desarrollos. En el primero se habla de su viaje desde sus dominios en Falcón hasta el río Meta en Colombia, atravesando los llanos de Barinas, recorrido, del cual alguna vez él, o uno de sus descendientes, regresará para brindar salud y protección a su pueblo. 
El segundo se relaciona con su muerte y según este relato el Rey Manaure y su reina fueron un día al Pozo de los Saladillos, y al sumergirse en sus aguas se desató una andanada de rayos, vientos huracanados  y lluvia, ellos allí se echaron a dormir y el lodo los sepultó, gracias a ese prodigio la fría laguna se transformó en Las Aguas Termales de la Cuiba, de gran efecto medicinal. De esta leyenda primaria surge la siguiente: 

                       La Limosna del rey Manaure
“Muchos años después que el rey Manaure hubo muerto sepultado en los Pozones de Los Saladillos, hoy conocido con el nombre de Las Aguas Termales de La Cuiba, una pobre vieja sabedora de esto, por pura curiosidad se acercó a La Cuiba y con un machetico que llevaba en la mano golpeó una laja por tres veces y con profunda devoción dijo:
-Rey Manaure,  dame mi limosnita…
Estas mismas palabras las repitió por tres veces. A la última vez que hubo pronunciado dichas palabras, del fondo del agua salió una culebrita de color intenso y trató de buscarle los pies.  La vieja al ver la culebra se asustó y del mimo susto le dio un machetazo y la cortó en dos trocitos. Grande fue la sorpresa de la vieja al ver que aquellos dos trozos de culebra, se habían convertido en oro. La vieja llena de contento recogió el oro, lo embojotó en el paño con que se tapaba la cabeza y regresó al pueblo. Al día siguiente, la vieja, vendió los dos trozos de oro.
En el pueblo nadie podía imaginar de dónde la pobre vieja podía sacar aquellos pedazos de oro, pero, la vieja, todos los años y en el mismo mes, vendía trozos de oro. Ella iba a La Cuiba todos los Jueves Santos a la cinco de la mañana a pedir su limosna al Rey Manaure. La gente maliciaba de ella,  pero por más que le preguntaban, ella no decía nada al respecto.
La vieja tenía una criada a la que quería mucho. Como ella se estaba sintiendo cada día más vieja y enferma, al caer en cama, llamó a su cabecera a la criada y le confió el secreto, para que cuando su criada estuviera en apuros, fuera a pedir su limosna al Rey Manaure.  Pocos días más tarde murió la vieja y, la criada, sin perdida de tiempo, se armó del machetico y se fue a La Cuiba y, después de haber de haber tocado con el machete por tres veces la laja dijo:
-Rey Manaure, dame mi limosnita…me la das bien grande porque hace muchos años que no me la das…
No repitió las palabras, cuando del fondo del agua salió una culebra de color amarillo intenso, subió a la laja y trató de buscarle los pies. La criada de la vieja, al ver la culebra, en vez de partirla con el machete, del mismo susto salió a la carrera.
Desde que la vieja murió, nadie más ha recibido la las limosnas del Rey Manaure”.

Gracias por su visita.

 Isaías Medina López

Nota: Esta información esta basada en Los Ciclos de los
Dioses de Gilberto Antolinez, editado en San Felipe (1995) por La Oruga Luminosa 

jueves, 18 de octubre de 2012

Los Chaima y el Primer Hombre (Lisandro Alvarado)

Descendientes de los pueblos originarios de América
(Archivo de Yorman Posada) 




DANZA
El baile kuéti (voz que significa animal) de los Maipure, era de hombres. Fingíase en él que las serpientes venían a danzar con ellos, llevándoles bebidas. Los Avano llamaban esa danza kasimeyé: bailábanla al son de trompas en forma de embudo, hechas de corteza de márano (o maramo, e. i. Copaifera officinalis), de varios tamaños y de dos flautas desiguales en tono, de cinco a seis palmos de largo, hechas al parecer de palma aracu (Bactris sp,? Socratea sp.?)

El baile yamavari, al son del tambor, se ejecuta de la manera siguiente: Cuatro indios, pintados de negro y lanza en mano, con cascabeles al pie, se ponen en fila y el que ocupa una de las extremidades marca gravemente siguiendo el paso, siguiendo una circunferencia cuyo centro ocupa la otra extremidad de la hilera; dan cuatro pasos adelante y cuatro atrás; las mujeres acompañan el movimiento, colocándose detrás de los indios, su mano en el hombro de estos.

El yapururu. Esta danza se efectúa formando los hombres y las mujeres dos líneas paralelas a unos diez pasos de distancia una de otra. Estas líneas guiadas por los músicos ya avanzan simultáneamente una hacia la otra con pasos rítmicos y mesurados; ya se retiran mutuamente hacia su respectivo lugar de partida; ya es una sola línea avanzadora marchando hacia la otra que permanece firme en su puesto, pero marcando el compás; ya se traspasan ambas líneas, ocupando cada una el lugar de la contraria y ya en fin, se fusionan formando una sola columna, abrazados unos a otros por detrás, y marchando rítmicamente, con los músicos a la cabeza, alrededor de un círculo imaginario. En esta danza, cada hombre lleva sujeta al tobillo derecho una maraca de yuco o yoco, que suena agradable y sonoramente con la que marcan la marcha rítmica de los movimientos. Se ejecuta esta danza al son de yapururos (1) comunes y con ella celebran los indios de Río Negro la abundancia de comestibles, la recolección de frutos, la captura de los peces, la fiesta de “los cabezones” (especie de tortuga).

El baile curimina (pilón) se dispone ocupando los músicos el centro y girando los danzantes en derredor. Los hombres llevan en la mano derecha el pilón o mortero que es un madero cilíndrico, liviano, hueco y sonoro, pintado con varias figuras, largo de cosa de un metro y de la mitad en circunferencia. Con el tal pilón golpean fuertemente el suelo a cada salto de la pareja. El sonido que es grave y sonoro, se oye muy lejos durante la noche.

El curumare (2) se baila al son de los carrizos, flautas de pan, del modo que sigue, se avanza el píe derecho un paso hacia delante, luego se levanta el pie izquierdo un poco más de una cuarta del suelo y como cuarenta centímetros detrás del derecho; y una vez así, estando el bailador en un solo pie, da un pequeño salto como de 20 centímetros de altura, e inmediatamente después del salto y sin tocar el suelo con el pie izquierdo, avanza este hacia delante y luego levanta a su vez el pie derecho como a unos 20 centímetros de altura y como a 40 centímetros, detrás del izquierdo y repite el mismo salto que realizó con el derecho para volver a empezar con éste la evolución ya descrita. La rápida repetición de este movimiento es lo que constituye la danza del curumare, como el pilón, la disposición de los danzantes es circular, colocándose la orquesta en el centro del círculo.



MITOS

Los pueblos del Alto Orinoco, del Atabapo y de Inírida, no tienen, otro culto que el de las fuerzas de la naturaleza. Llaman al buen principio Cachimana, que es el Manitú y el Gran Espíritu, que gobierna las estaciones y favorece las recolecciones de los frutos o producciones. Al lado de Cachimana hay un principio malo y Olokiamo manos poderosas; más astuto y activo.

En las orillas del Orinoco no existe ídolo alguno como entre los pueblos que han permanecido fieles al primer culto de la naturaleza; pero el botuto, esa trompeta sagrada, se ha hecho entre ellos un objeto de veneración. Para ser iniciado en los misterios del botuto es preciso ser de costumbres puras y haber quedado soltero. Los iniciados se sujetan a flagelaciones, ayunos y otros ejercicios penosos. Solo hay un pequeño número de estas trompetas sagradas; pero la más célebre de todas es la que está colocada en una colina cerca de la confluencia del Tomo y el Guainía, que, dicen ellos, se oye a un mismo tiempo en las riberas del Tuamini y en la Misión de San Miguel de Davipe, a una distancia de 10 leguas. El P. Cerezo nos aseguró que los indios hablan del botuto (3) del Tomo como de un objeto de veneración y de culto común a muchas poblaciones o colonias inmediatas: que colocan alrededor de la trompeta sagrada frutas y bebidas embriagantes, y que el Grande Espíritu (Cachimana) hace sonar por sí mismo el botuto, o bien hace manifestar su voluntad por el que está encargado de la custodia del instrumento sagrado. Como estas truhanerías son antiquísimas (de los padres de nuestros padres, dicen los indios) no debe espantar que hayan encontrado incrédulos; pero estos no manifiestan sino por lo bajo su modo de pensar acerca de los misterios del botuto.

Preguntados los Chaima acerca del primer hombre, respondieron que fue un indio llamado Amanaroca, que otros llamaban chotokom - piar, esto es, el origen o el primero de los hombres. Acerca del indio llamado Amanaroca, que ellos dicen es el primero de los hombres, discurren mil desatinos; dicen que el tal indio no tuvo padre ni madre, sí sólo un hermano, llamado de unos Hurvipuin, que es lo mismo que no tener hermano mayor; de otros Conoroime: estos dos hermanos Amanaroca y Hurvipuin, dicen se disgustaron en ciertas ocasión y Amanaroca como más valiente cogió a su hermano y lo arrojó sobre un cerro convirtiéndolo en peñasco el cual se ve a la falda de cerro del Guácharo, sobre un cerro redondo en lo más alto de su cumbre a modo de pirámide, y se descubre de muy lejos; esto es lo que comúnmente dicen los indios acerca de esta materia y queriendo yo averiguar estas cosas en cierta ocasión, pregunté a un indio que sabía la lengua española, que quería decir Hurvipuin, el hermano de Amanaroca, el convertido en piedra; respondió el tal indio en nuestro idioma diciendo que Huervipuin es lo mismo que Cristo en especial; Pregúntele, y ese hurvipuin tuvo padre, dijo que no, pero que madre sí y que a tal los indios llaman María, de la cual respuesta solo pude colegir, que algún indio ladino que entendía la lengua española, oiría alguna vez aquello de que Petra autem erat Christus y que Cristo era hijo de María Santísima. En Chaima, urui es hermano mayor; puin es proposición negativa: literalmente, sin hermano mayor.

La idea de una antigua inundación general predomina en casi todas las tribus del Orinoco. Hállase entre los indios del Erevato, los Maipure de las grandes cataratas, los Tamanaco. Los Achagua llamaban ese diluvio katena manoa (laguna general), según Rivero. Esta vieja tradición, que reproduce en América los mitos de Noé, y de Pirra y Deucalión y el de la edad del agua de los mexicanos, ha sido recogida entre los Tamanaco en la forma siguiente, contada a Gilii por el cacique Yucumare.

En tiempos antiguos de sus ancianos se sumergió en el agua toda la tierra, cuando los ancianos Vivían en el río Cuchivero y se vieron obligados a ir en canoas para librarse de la inundación, viniendo las olas del mar a estrellarse contra las rocas de la Encaramada (Carama). Amalivaca, el padre de los Tamanaco, llegó en una barca durante la inundación, en la cual se ahogaron todos, menos un hombre y una mujer, que se salvaron en lo alto del monte Tamanaco, no lejos del río Cuchivero (Aasiveru). Estos arrojaron tras sí, por encima de sus cabezas, huesos del fruto del moriche y de ellos vieron nacer hombres y mujeres que repoblaron la tierra. Viajando en su barca grabó Amalivaca las figuras de la luna y el sol en Tepumereme (en la roca pintada, que es lo que significa).

A diversas peñas de granito que apoyadas una sobre otras forman en la cima del monte una especie de caverna, llamaban la casa de Amalivaca; y mostraban cerca de allí, en el camino de Maita, una gran piedra que era el tambor del gran abuelo de los Tamanaco.

Uochí, hermano de Amalivaca, ayudó a este a dar a la tierra la forma que ahora tiene. En la formación del río Orinoco hubo larga consulta entre ellos dos y a fin de que se cansasen menos los remeros por ellos creados, pensaron hacerlo de manera que estos pudiesen navegar hacia arriba y hacia abajo, siempre a la corriente. Parecióles tal cosa dificilísima y desistieron de su empeño. Amalivaca, por último, después de haber obligado a sus dos hijas a poblar la tierra de los Tamanaco, quebrándoles las piernas para que no pensasen en viajes, se embarcó de nuevo y se volvió a la otra orilla del mar diciendo a aquellos desde la canoa: Sólo mudaréis la piel. Lo cual interpretaban los indios por una suerte de rejuvenecimiento perpetuo de sus antecesores; pero habiendo parecido dudar una vieja de tal promesa, agregó enojado Amalivaca: «Morir tenéis». Los indios estaban convencidos de que a causa de la incredulidad de la vieja no eran inmortales.

1- Curumare: Aire melancólico usado entre los indígenas del Casiquiare y entonado en sus carrizos, o zampoñas.

2-Yapurúro: Flauta de bambú, larga de 1 m, de sonido agradable que usan los indios del Alto Orinoco y Río Negro. Voz puniabe. D.t. Yaporóre. Baile indígena del Alto Orinoco.

3- Botúto: Antigua trompeta sagrada de algunas tribus orinocenses, descrita por el padre Gumillla y Humbolt. Sinónimo: fotuto, fututo. –II Pecíolo de la hoja del papáyo, hueco y prolongado, en forma de trompeta. -II. Gran caracol de las costas del mar Caribe. Táñenlo a modo de trompa los carreteros de algunos lugares del país. Guarúra.


(*)Tomado de Mi cultura en el aula. Volumen I. Homenaje a Tobías Mariño. San Carlos: Ministerio de la Cultura, Escuela Regional de Teatro del Estado Cojedes y Fondo Editorial Teatro de Venezuela. Compiladores editores: José Daniel Suárez Hermoso e Isaías Medina López. 2005.