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domingo, 16 de febrero de 2014

La verdadera historia de María Lionza (Gabriel Jiménez Emán)


El dominio de las fuerzas de la naturaleza la hace grande como sus misterios 



La reina María Lionza (centro) junto a la India Rosa (izquierda) 
y la India  Tibisay (derecha), tal como surgen en los altares que honran   
los numerosos poderes atribuidos a estas deidades indígenas venezolanas.


El sabio Jiménez Sierra me concedió cita en un bar del centro de la pequeña ciudad de San Felipe. Yo estaba muy ansioso por escuchar su versión, pues era la persona viva más autorizada en la materia y yo estaba confundido – más valdría decir atónito – con un fortuito descubrimiento que había hecho en casa de mi abuela. Jiménez Sierra había oído y leído innumerables versiones de la historia de María Lionza, la cual, como se sabe constituye el mito venezolano más importante, y ha sido objeto de estudios serios, como también de lamentables deformaciones. Me dijo, sin embargo, que su versión era completamente nueva y deseaba confiármela, antes de partir de viaje a Europa, pues no sabía cuánto tiempo estaría ausente. Ordenó un Campari, saludó con cordialidad a la gente del bar y de inmediato pasó a narrármela:


¿Cómo sería el rostro de María Lionza?

“El mito de la reina María Lionza proviene de la época de fugaz imperio de Buría, fundado en la región de Nirgua – en el estado Yaracuy – por el famoso negro Miguel. Dicho mito fue establecido por su mujer, la reina indígena Guiomar, a raíz de la derrota que a Miguel le infligieron los españoles, comandados por el capitán general Juan de Villegas en 1552, quien fundó la ciudad de Nueva Segovia – la actual Barquisimeto – en las vegas de Buría, donde por cierto falleció al año siguiente.
Miguel fue muerto en la refriega. Pero su mujer Guiomar – o sea María la Guiadora – logró escapar de la masacre, yendo a refugiarse en su huida hacia las montañas que hoy se conocen con el nombre de Sorte y Savayo, bañadas por las aguas del río Yaracuy, en la jurisdicción del actual Municipio Bruzual.
Así Guiomar, la fugitiva esposa del derrotado Negro Miguel, logró permanecer escondida por largos meses en las cuevas y grutas formadas en la falda de los barrancos que rodeaba al río Yaracuy. Durante aquellos largos días de expectación y de angustia, acompañada por algunas mujeres y por otras personas fieles de su efímera corte, la fallida reina Guiomar se dio a fundar con su nombre de MARÍA GUIADORA un culto religioso dedicado a los genios locales del paraje, en parte regional indígena y en parte africano, con reviviscencias de misticismo panteístico, que al correr de los años llegó a constituir el culto que hoy se le rinde por medio de ceremonias mágicas de antiquísimo origen, a la Reina María Lionza.
Guiomar comenzó a tener comunicación efectiva con animales del paraje, en una selva donde abundaba una flora impresionante (todas las heliconias de la tierra, todas las variedades de orquídeas, bromelias y otras flores que nadie ha visto en ningún otra parte del planeta), especialmente con una danta o tapir hembra que llegó a montar, y también con pumas, chivos, jaguares y boas, que la acompañan en sus oficios religiosos. La danta que montaba María Lionza era invulnerable a toda cosa física y maleficios, así como oraciones, incluyendo a las oraciones cristianas. Con sus poderes, Guiomar puede sanar enfermedades y calmar graves dolencias, así como alejar a los envidiosos, ladrones, saqueadores y avaros. Con la ayuda de sus piaches indios podía petrificar a toda esa gente. Pero también podía procurar fortuna, si se le rendían los debidos tributos. Los pocos visitantes de aquellos parajes que lograban verla quedaban prendados de ella, y la seguían embrujados a donde iba: militares, monjes, hombres del campo y otras personas se sometían a un extraño embrujo en cuanto la tenía delante. Sin embargo, las autoridades civiles eclesiásticas la persiguieron durante mucho tiempo, y trataron por todos los medios de acabar con un culto religioso que empezaban a tener un gran fuerza entre los pobladores y ciudadanos de las ciudades del Occidente de Venezuela”
Hasta aquí el relato del sabio Jiménez Sierra. La información que yo poseo refuerza la leyenda. Lo resumo.
Se adentró entonces María Lionza con su pequeña corte en la montaña de Sorte, y esperó allí a un cura y a un coronel, y de manera expresa los embrujó. Ellos fueron los responsables de defenderla en adelante; la Corona Española, por intermedio de la Iglesia, no aceptaba estos cultos; sin embargo aquel cura hechizado por Guiomar, a la sazón párroco de la iglesia del pueblo de Nívar, la protegió asociando a su nombre al de una virgen cristiana: "Virgen Patrona de la Onza del Prado de Talavera de Nívar". Ello no solamente impidió que el mito muriese, sino que perviviese en las figuras santas de la Iglesia católica, especialmente en las de la Virgen María, tal y como ocurrió con la Virgen de Coromoto en Guanare, protegida por el indio Coromoto. Así permaneció María Lionza hasta hoy, protegida por el sincretismo de su hermosa imagen de la reina con un tocado de flores y un manto azul, sentada en su trono rodeada de jaguares y boas, una verdadera diosa.
Mi curiosidad por ella revivió debido a que soy descendiente de aquel coronel que fue a conocer a Guiomar con  el párroco de Nirgua, y quedó, como él, hechizado. Encontré hace algunos meses, en casa de mi abuela, un pesado baúl que había pertenecido a mi tatarabuelo, y en su interior unos viejos papeles donde hablaba con fervor de esta imagen casi mística que nunca pudo olvidar. Este descubrimiento propicio mi comunicación con el sabio Jiménez Sierra en San Felipe, cuyas palabras me ha hecho constatar, con sorpresa y casi con rubor, el nombre de Guiomar tantas veces citado en los estropeados papeles de mi antepasado.

Lea también: 

La Leyenda Hermana de la Reina María Lionza (historia y fotografías) http://letrasllaneras.blogspot.com/2015/10/la-leyenda-hermana-de-la-reina-maria.html


Este documento fue transcrito de Cuentos y Microrelatos de Gabriel Jiménez Emán, publicado por Monte Ávila Latinoamericana Editores (Caracas, 2009)

jueves, 13 de febrero de 2014

Mitos Indígenas de Venezuela 11 (Yaruro)

La belleza de nuestras indígenas también es mito, leyenda y realidad




LA INDIA ROSA, CREADORA DE ESPÍRITUS
La India Rosa es buena. Al espíritu de Duriridurí  en el principio lo creó la India Rosa. El espíritu de Tuguyo, el de Cristofue, el Chucuto sin cola, el espíritu Boca Torcida: son numerosos los espíritus. Todos tienen nombre de los antiguos.
Ahora el indígena ni siquiera se pone un nombre como esos, como los nombres que oyó a través del canto. Es verdad, cuando canta el sabio el espíritu dice su nombre. Las hijas de los espíritus  que piensan bien, dan su nombre a las terrenales. Así son los nombres iguales que los de aquí.
Conforme el jefe les da nombre, así se llaman los espíritus. Así también todos los árboles tienen nombre, en todos los lugares lejanos. Aquí a  Poaná se le llama con el mismo nombre. El dueño le puso nombre. 



KUMAÑÍ, LA DIOSA DEL PULGAR PREÑADO Y EL PARTO
En el principio del mundo la Kumañí estaba en cinta de Hachava el que oímos. Hijo de ella no tenía en el vientre, son en el dedo pulgar. Tiempo después de dar a luz a Hachava, ella soñaba con que no había sol. Había pura tiniebla, no existía sol. “He soñado una cosa así”, le decía a la otra (diosa) que vive en el Este.
“Tal vez he soñado algo malo. Me parecía que salía el sol por el Este”. “En mi sueño se veía salir el sol”, le contaba a la otra.
“No comprendemos: vivimos inocentes en el principio de la creación”, le dijo.
Un día después que ella soñaba así, salía el sol con colores resplandecientes. “Está saliendo el sol que yo soñaba”, dijo la Kumañí. Recién había dado luz a Hachava.  Ella estuvo encinta en el dedo pulgar, no en el vientre. En el comienzo era tal vez para burlarse. Así soñó Kumañí con el sol: “No existe  sol y he soñado que he visto salir el sol” “¿Qué habré soñado estando recién parida?” decía. No sabemos.
Así fue que salió el sol por primera vez: “amarivá”, el sol mismo, como le decimos.
Después que tuvo el sueño, la Creadora vio el sol cuando salía. “Tienes que ensartarte la lengua”, le dijo la Creadora del Este.
Para que las hijas terrenales siguieran el ejemplo, ella  se ensartó la lengua con una puya de raya y soplaba para todos lados.
Ahora las mujeres del mundo, después de dar a luz, tienen que soplar como hizo ella en el principio.


EL ÁRBOL DE LOS FRUTOS
En el comienzo el danto era un yaruro. En el mundo vivían los yaruros. Lejos, cerca del Paraíso había un bosque grande. El ratón también era persona indígena, pequeñita, redondita. El tenía su mujer. Siempre en la mañana solía ir el danto. Llegando a un lugar, se encontró el árbol de los frutos, que estaba desparramado de gran manera. Una rama del árbol estaba enredada en el cielo.
Allá tenía mango, topocho maduro, todas esas frutas comestibles. Abajo del árbol también había de todo.
Estaba agradablemente oloroso. Iba comiendo y probando. Fue el ratón trotandito. Una vez que llegó al lugar: “viniste nietecito. Coma”. Le dijo el danto. Emocionado el quiso comer de una sola especie.
“No, nieto, no es así. Vaya probando uno por uno”. Entonces le llevó a la mujer un solo cambur. “Te traje esto. Este abuelo me llevó a un lugar donde hay gran cantidad”, le dijo. Después decidieron cantar  los indígenas. Mezclaron un yopo bueno. “¿Qué será lo que sale a comer el abuelo?”, decían, lo criticaban.
Le prepararemos yopo para que absorba. Entonces  le dijeron: “Abuelito, venga a absorber yopo para que se le quite el cansancio”. Ajá, espere un momento. Déjeme gargarear. Él pensó vomitar lo que se había comido.
Si él no hubiera vomitado, no se habría dado cuenta. Entonces absorbió. Después de haber absorbido le dieron un jayo.
Masticó el jayo, después concha de palo, hoja de guachamacá. Probablemente se le revolvió el estomago con el jayo y con el yopo. Entonces se puso a vomitar de todo: pedazos de mango, pedazos de lechosa, lo que había comido.
“Vean, eso es lo que come”, decían los indígenas. “Mañana le seguiremos los pasos”. Saliendo echaron a correr al jefe de los ratones para que fuera rápido.
“Tiene gran cantidad donde él va a comer. Hemos encontrado el árbol de los frutos”, le dijo a los demás, que fueron: el guineo, el carpintero, toda clase de pájaros. Llevaron consigo hachas.
El árbol era enorme. Comenzaron a  hacharlo haciendo algarabía. Entonces mandaron el danto lejos donde había una casa en la inmensidad. “Llévemele una carta a la creadora; a ella misma se la entrega”. Así lo comisionaron diciéndole que ella misma lo llevara para el lugar.
Le rezaron oraciones para que la tierra misma se alejara. Lejos al monte,  del Más Allá  lo mandaron  con el canto de oraciones para que no volviera al lugar donde estaba el árbol. Entonces hachaban y se iban.
Al día siguiente amanecía intacto cuando ellos llegaban al lugar. Después dijeron: “Nos traeremos los chinchorros porque nunca vamos a derribarlo”. Prendieron un  fogón, lo hacharon toda la noche.
Entonces lograron derribarlo, pero por la rama que estaba enredada en el cielo no terminó de caerse y quedó inclinado. Luego el carpintero dijo: “¡Qué broma. Yo iré a cortar esa rama!”
Logró cortarlo todo. La rama saltó y convirtiéndose en Pájaro fue a caer en  un totumo de la tierra creadora.
“Era Aniceto transformado en pájaro”, dijo la Creadora. Al carpintero le dijo la Creadora que fuera pájaro para siempre. Con almidón del mismo yopo le untó la espalda: por eso es negro hasta el cuello. Tiene la cabeza roja porque se amarró el pañuelo. Por eso si no fuera por él no hubiera comestibles como la yuca, el topocho, todo lo sembrado. Por esa razón hay cantidades hacia el Oeste, porque la rama del árbol, cayó allá en el principio de la creación del mundo. Para que ahora pudieran alimentarse los hijos del mundo.
El árbol de los frutos era el que contenía todo. Las mujeres transportaron de todo en un mapire, amontonaban toda clase de frutos, los cuales eran interminables de recolectar. “Todos los vamos a recoger, para que no se pierdan”. Dijeron.
Los que tenían hijos recogían de todo para llevar. Hicieron carato. El que era sabio hacía carato con oraciones.
Después de esto se quedó dormido. Les dijo: “Canten ceremonia. Luego hagan lo que yo hice”, les decía.
Hacían algarabía en el sitio donde estaba el árbol: por eso ahora en este mundo no se volverá a encontrar un árbol que tenga de todo, como en el principio de la creación, que contenía toda clase de alimentos. 


NotaLos tres mitos indígenas de esta entrada se transcribieron de: La diosa del pulgar preñado. Narrativas yaruras de Hugo Obregón Muñoz y Jorge Díaz Pozo. Publicado en Caracas por Monte Ávila Editores Latinoamericana (1993).