miércoles, 24 de febrero de 2016

Poesía de Amores y desamores (23)

Imagen en el archivo de  Carlos Gonzalez


CUERPO (Hanni Ossott)
Por asalto el amor
sin preguntas
por asalto el cuerpo
los cuerpos
y comienza la danza
del animal en presa
hasta el agobio
hasta el cansancio
danza de cuerpos
sudores
sangre
rotación de cuerpos
canto elevado canto
a la sacra pasión del cuerpo.


NO ME PREGUNTES (Juan Villaquirán Páez)
No me preguntes
porqué volví

Pregúntate
por qué no me esperabas

Los caminos se hicieron
para el regreso

El tiempo para olvidar


INCERTIDUMBRE (Francisco R. Sosa)
Qué cruel incertidumbre la que siento
cuando pienso, mujer, en tu cariño,
llena a veces de dicha mi camino
y es a veces mi mayor tormento.

Tiene este amor en la existencia mía
momentos de dulzuras inefables
y ratos de tortura incomparables;
vivo entre la tristeza y la alegría.

Es tiniebla y es luz para mi vida,
es a la vez el bálsamo y la herida
mi más bella ilusión y mi agonía;

es dolor y delicia para el alma,
furiosa tempestad, y dulce calma;
este amor es mi noche y es mi día.


Imagen el archivo de Carlos González 



LAS PENAS DEL HASTA CUÁNDO
(Arnulfo Quintero López)  
Pasó silbando la canta
camino del no sé dónde
con la tristeza en el alma,
y con el nunca en sus manos
sintió de pronto en el viento
las penas del no sé cuándo.
Corazón en el camino
bordeando los horizontes,
lanzó las penas al monte
como quien rompe su canto
pues en el esperar tanto
la pena se vuelve llanto.
Silbo de cantos de aurora
para que cuando llores
busques en los sinsabores
el siempre de los antojos
que por mirarse en tus ojos
silva la canta en los campos.
Pasó silbando la canta
con sus penas y quebrantos,
sola, como los espantos
esperando el hasta cuándo
y a la orilla del remanso
le dejé en el porsiacaso
su tristeza y mi alegría
por si regresa mañana
con su fresca lozanía
a buscar en mí regazo 
la oferta del amor mío


PARA SECARME EL TEMOR (Cecilia Ortiz)
Entonces, tú como te dormiste, yo pensé,
ojalá te hiciera la autopsia, ojalá te desmenuzara
en plumas,
estabas callado y ausente,
fue cuando dije una frase bonita y la guardé
me diste un beso encuentro-despedida
te abracé con mucha fuerza como a una toalla,
para no caer ni del beso ni del baño,
un beso estilo recuerdo
para secarme el temor.


Versos de Armando Rojas Guardia
“Sé que busco
tu olor en las palabras: es tu cuerpo
respirando en las letras del deseo.
Pero en vano. Hoy sólo te nombra el desalojo
y en este cuarto náufrago ejercito
la autopsia del recuerdo.”


Imagen en el archivo de Oswaldo José Peroza

Versos de Alicia Torres
“pero entonces tú te acercas, querido,
con los brazos abiertos
y yo sonrío culpable
besándote la garganta,
las muñecas, la sien.
La vida, allí donde late vulnerable”.


Poema de Juan Chávez López
El agua del río
es el amor que viaja.

Las piedras del río
son los besos eternos.

La huella en la arena del río
es la herencia del amor que pasa.

El cauce del río
es el lecho del amor
que nunca se detiene.

Los árboles
sombrean el agua del río
que es el amor que viaja.

Aguas abajo
en el puerto del río
espero el amor que deseo.


Poema de Luz Labat
Cientos de palomas
revolotean dentro de mí
picotean mis entrañas
quiero volar
elevarme con ellas
llegas tú y me calmas
sólo por un momento
para volver a encender 
en mí esa zozobra de pájaros.


Imagen en el archivo de Carlos González

ADIÓS (Héctor Pedreáñez Trejo)
El pañuelo aleteaba
constantemente
en el aire de la despedida…

Longitud de asfalto
disuelta en el vértice
de los espejismos,
alejándose rauda,
acercándose lenta.

Y ella en medio
girando 
como un inmenso tiovivo.

La despedida,
en las alas de un pájaro,
en el aire
que dejaba de aletear
constantemente.


EL JARDÍN DE LAS DELICIAS (Víctor Valera Mora)
El alfabeto árabe consta de 28 letras
catorce lunares
y
catorce solares
Mis deseos lunares
se articulan fonéticamente
en tu garganta
y tus labios y dientes tuyos
Mi corazón solar
con un movimiento de la lengua
da tumbos frenéticos
en los bosques y las oquedades de tu cuerpo
de puro amor loco

de puro amor loco

Imagen en el archivo de Carlos González

martes, 23 de febrero de 2016

Poesía de Amores y Desamores (22)

Joven de Cojedes en el archivo de Carlos González




PARA DESNUDAR A UNA MUJER (Gustavo Pereria)
Para desnudar a una mujer no hace falta penumbra
ni pericia ni astucia
De nada valen erudición destreza brusquedad
Ni siquiera sabiduría

Para amanecer a su lado
poco importa el arrojo el valor
                     la treta o la artimaña
De nada sirven apostura o tenacidad
No hay método ni sapiencia ni sistema que puedan vencer su resolución
                             o su mesura

Para desnudar a una mujer toda presunción es inútil
            toda voracidad resulta amarga
            todo discernimiento se vuelve melancólica penuria

Para desnudar a una mujer basta el instante
              en que el ciego misterio la envuelva y la estremezca
y restaure en su pecho la incordura
                  y sepulte su cuerpo en nuestros brazos.


SIMIL (Juan F. Lima B.)
Tal vez te he visto o te he soñado
por algún camino, por algún lugar;
en medio a un paisaje como una postal
dorando al ambiente, tus bucles rizados...

Y el bello estuche, fresco y sonrosado
de tus dulces labios... el fino cristal
de tu voz sonora... Tu presencia igual
a esa que en mi mente se ha reflejado.

Tal vez te haya visto o te haya nombrado
en la áurea estampa que este verso dora,
en medio a un paisaje como una postal.

Y en tus pupilas tal vez me he mirado
ante tu presencia tan arrobadora
cuando con tu imagen me pongo a soñar...!



Imagen en el archivo de Cristian Johnny Quintuña Tigre


PREGUNTAS (Yurimia Boscán)
¿Recuerdas el día exacto
cuando  nuestro
diccionario amoroso
se redujo
a una lista de mercado?

¿Quién de los dos
se fue primero
de esta casa
vacía 
que somos?




PRETENDO ESCRIBIR UN VERSO 
(Héctor Méndez Zamudia)
Pretendo ahora, escribir un verso,
un poema, un soneto, o qué sé yo…
Intentando atrapar la musa en su revuelo
metáfora sutil de flor en flor.

Ave exótica, milenaria y sublime
mujer sensual, divina y seductora
diosa evasiva, amante e invisible
Poesía que vienes y vas… Ensoñadora!

Tu mano me acaricia los cabellos
tu voz me susurra algún deseo
tu fragancia se esparce en aleteos…

Al fin, caigo seducido en tu artificio
y el verso que soñé escribir… Confieso 
quedó revuelto entre sábanas y besos…


ERES (Yrian Herrera)
Eres un libro difícil de leer.
Las metáforas se disuelven
cuando las dibujo en mi mente.
Sul mil colores se conjugan,
degradan
y ya no sé de qué color eres.
Los sonidos son murmullos, música de violines.
Cantar de pájaros;
No dejan oír tu voz.


POEMA (Adriano González León)
Al principio, el gesto fue nuestra presencia.
Hicimos así, en el aire... y surgió la pasión.
Queríamos que alguien entendiera:
                                      no podemos estar solos.
Después vino la palabra:
                   óyeme, espérame...
Esta música es de los dos.
Pero el viento cortaba el ademán
                            y los sonidos.
El viento era enemigo.
Y decidimos, al lado de los ríos,
marcar nuestro existir en los ladrillos.


Imagen en el archivo de Emy Salas 

DECIDO HOY (Mileiby Hernández)
De seguro a esta hora hay un incendio en el cielo.
Yo me quedo jugando
con los espectros del alba
en este amanecer 
mientras me vence tu mirada
las calles un tango.
Ahora
un respiro de amor
estamos dentro
en todos los lugares posibles del alma


PORFÍA (Margarita Belandria Rodríguez)
Dijo un día que no invitara a nadie a nuestra casa.
Alguien terminaría escribiéndonos un cuento en el corazón,
poniendo en él una canción,
susurrando en él,
porfiando en él.
No escuché nada.
Ahora un piélago separa nuestras casas.
En los potreros solos crecen los abrojos cada vez más altos
y plantas que despiden al sol de las ventanas.
Las soleras del techo son pasto de termitas;
un polvillo de madera
hace un montón sobre la cama
donde sólo duerme bajo las cobijas
el recuerdo de una canción
que alguien musitó en el corazón,
cuchicheando en él,
porfiando en él.

Imagen en el archivo de Emy Salas

SILENCIO XXIV (Manuel Da Silva)
Solo algunas veces
en la punta de mis dedos arde una palabra
como un cántico
que intento tallar en  el cuerpo
de las mujeres que me olvidaron


Poema de Néstor Rojas
Yo escribo.
De alguna manera, ella lee mi corazón.
Hay palabras que caen sobre la imagen de una mujer
que ofrece dones como tributos al mar.
Hay un afilado borde de piedra,
un puente colgante tan plácido, inútil,
casi innombrable.
Hay cosas mezcladas con otras, desconocidas.
Cada objeto, libre de su simbolismo,
tiene la forma de su ser pretendido.
Una lluvia cae dentro de mí silencio
y gotea desde mi mano
Es el recuerdo, pienso.
Ella también se ha despedido de mí.
Todo eso algún día lo recordará.



MUNDO HOY TE INFORMO (Roselia Ojeda)
Cuando amanece
haces el día
y me llevas a otros lugares
entonces
tanto después me devuelvo
a la rutina de sentir
que mi espacio es otro
Amor imposible te bendigo.


Poema de María Antonieta Flores
Yo vengo de una estirpe de mujeres solas
eficaces
inembargables
derrotadas antes de nacer
por la muerte
siempre guardadas
como semillas que arrastra el viento
entregadas al sacrificio de la vida
sin un futuro ni un presente
sin vástagos que las resguarden
aprendidas en soledad
ellas mismas amamantándose
haciendo de cada día una victoria estéril
mujeres que hablan desde muy lejos
ahogadas en su torpeza y en la bruma del deseo
mujeres solas que arruinaron sus manos
en el oficio duro que le entregaron las prendas blancas
y perdieron sus días entre toses y dolores de pecho
conociendo todo de la pobreza
administrando los silencios y el alimento diario
entrando en las jornadas
con un dolor irremediable
estirpe sin grandes ambiciones
dulces mujeres que amaron sin respuesta
y fueron una tras otra
mano con mano
fundando la cadena del desamparo



OFERTA  (Arnulfo Quintero López)
Me dijo ámame con un dejo de voz
que apenas rozaba la canción.
Pasajera de una despedida
traía en sus pertenencias pequeñas sombras
no aptas para guiar un naufragio.
Ejercitaba su voz en la mañana
mientras el amante en turno
poblaba la rockola
con canciones de Isaías y el negro Hermoso
nostálgicas
y tristes.
Lo demás eran ofertas de mercado:
labios a tres centavos y noches de amor
refrigeradas.

Ella sin entender
sólo pedía un poco de amor,
y yo desprendido de los prejuicios viejos
le ofertaba mi noche
sin develarle el misterio
del abismo.

Imagen en el archivo de La Estrella de París