viernes, 17 de octubre de 2014

Leyendas indígenas (muestra uno)

La dinámica vida de la selva (archivo de Jaime Ocampo Rangel)





LA MUJER QUE SE CONVIRTIÓ EN  BÁQUIRO (etnia guaica)
Un hombre quiso ir a cazar báquiros y pidió a su mujer que lo acompañase. Pero la mujer estaba en el período de menstruación y no dijo nada a su marido. Ambos se encontraron en la selva con un pequeño rebaño de báquiros. El hombre hizo subir a su esposa a un árbol mientras él se disponía a matar al jabalí. Apenas el cazador se había alejado del sitio, cuando apareció un báquiro al pie del árbol. Este se transformó en hombre y subió al palo para llevarse a la mujer. Cuando regresó el cazador se puso a buscar afanosamente a su esposa, pero no la encontró. Corrió a la ranchería e informó de lo ocurrido a sus compañeros. Estos decidieron seguir las pisadas de la mujer. El jabalí se puso al frente de la comitiva que marchaba en la fila india.
Pronto el grupo se encontró frente a un hombre que se llamó a sí mismo “Basmo” y quien despedía unas llamas de fuego de su vientre. Le preguntaron si no había visto a una mujer  por aquellos contornos. El hombre contestó que  había visto una mujer cuya parte superior se había convertido en  báquiro al querer pasar en cuatro patas por debajo de un tronco caído y que iba  acompañada de muchos hombres y mujeres.
Los Sanemá continuaron la búsqueda y el hombre Basmo les acompañó. Al caer la tarde, colgaron los hombres sus chinchorros unos muy cerca de los otros, porque hacía frío. Uno de ellos, medio dormido todavía, quiso avivar el fuego, soplando con fuerza, pero se equivocó y sopló la candela del Basmo, quien se transformó en una gallineta y salió volando.
Al día siguiente, muy de mañana, los hombres continuaron buscando a la mujer robada. Después de caminar un buen rato, oyeron el ruido de un hacha; alguien cortaba árboles. Era “Polawan,” el tigre que siempre sigue a los báquiros. Estaba cortando leña para asar un báquiro que acababa de matar. Había visto a la mujer transformada casi por  completo  en báquiro; solamente los pies eran todavía de un ser humano. Todos los que acompañaban pertenecían a una gran manada de báquiros.  El Polawan se ofreció a indicar el camino, y muy temprano, al día siguiente, les ayudó a atacar el campamento enemigo. Durante el ataque, el  hombre encontró a su esposa, la reconoció por los pies que no habían perdido todavía la forma humana.
Se acercó a ella, y por detrás, le agarró el labio superior con la mano derecha y con la izquierda el labio inferior, tiró con violencia y la despojó de la piel de báquiro, librándola de esa manera de ese disfraz tan repugnante. La piel se levantó  y salió huyendo hacia la selva. Los Sanemá mataron a los jabalíes, a los hombres, a las mujeres y a los niños. Polawan se despidió y la mujer regreso jubilosa, con los hombres a la ranchería.


EL COCUYO Y LA ZARZAMORA (etnia pemón)
Un gran cocuyo se puso en viaje para ir a casa de unos parientes que vivían en un lugar muy lejano. Y al salir, se hizo el taren o exclamación o invocaciones de los que van a viajar solos, para ir y regresar con felicidad.
En una de sus jornadas llegó a casa de una zarzamora, que vivía en un cerro, y se quedó a pernoctar allí aquella zarzamora por cierto, estaba muy vieja deshojada y encorvada y tenía unos dientes muy feos.
No obstante esto, la zarzamora se empeñó en enamorar al cocuyo. Se mostró muy obsequiosa en la comida y bebida; le colgó con mucho esmero su chinchorro, y lo entretuvo con toda clase de conversaciones hasta muy entrada la noche.
Pero el cocuyo no le hizo caso. Y cuando la zarzamora le habló de casarse con ella, el cocuyo le dijo claramente: “yo no te quiero; no me nace el cariño por ti; tú eres vieja, estas deshojada y encorvada, tú eres muy fea.”
Al amanecer cuando se clarea la tierra, el cocuyo prosiguió su viaje; y pernoctando en varios lugares, por sus jornadas contadas llegó a la casa de sus parientes. Estos lo agasajaron mucho y se alegraron con la noticia de sus parientes y conocidos.
Aquellos parientes del cocuyo le obligaron a permanecer con ellos varias lunas. Pasado este tiempo, el cocuyo emprendió su viaje de regreso. A la vuelta se fue haciendo la misma jornada que a la venida y según había calculado su bastimento.
Por eso, uno de los días llegó al anochecer al mismo cerro donde tenía la zarzamora. Y, ¡Qué sorpresa! La encontró totalmente cambiada. La zarzamora estaba enhiesta, rejuvenecida, se había vestido de hojas nuevas y estaba muy adornada con flores.
Entonces, el cocuyo, sin más, comenzó a decirle: “Estas muy buena moza; yo te quiero.” Pero ahora por su vez la zarzamora no le hizo caso al cocuyo. Y, por más que le decía, ella continuó sin hacerle caso.
En vista de ello el cocuyo le pregunto a la zarzamora: por lo menos dime, cómo te arreglaste para cambiarte así, y ponerte tan buena moza. A esto le contestó la zarzamora: esto no fue por arte mía; unos indios, que andaban cazando por aquí me pegaron fuego y con eso precisamente me recompusieron y me remozaron.
El cocuyo entusiasmado exclamó ¿No me podré yo remozar de la misma manera que tú? La zarzamora le contestó: “Yo no lo sé; si te parece que así puedes remozarte, puedes hacerlo; pero ten mucho cuidado no te vayas a dañar más bien.”
Pero apenas se tiró a la candela y sintió que quemaba, el cocuyo se salió a toda prisa y todo lo que consiguió fue ponerse negro como ahora está, que antes no era negro. Y con esto, avergonzado, se alejó de la zarzamora y prosiguió su viaje hasta su casa.
De ahí les viene a esos cocuyos ese color negro, que ahora tienen. Y de allí proviene que todos sus descendientes quedaron con esa tendencia: que, cuando por la noche ven una candela, allá se tiran. Y también les gusta rondar a las zarzamoras cuando están en flor.


LA PRIMERA TEJEDORA DE LA GUAJIRA (etnia guajira)
“En  una ocasión, un joven guajiro, hijo de un cacique muy rico, se encontró en su camino a una niña sucia y desarrapada. El joven se apiadó tanto de la niña, al verla tan sola y con los vestidos harapientos, que la llevó a su casa para que viviera con su familia.”
“Allí, las hermanas del joven comenzaron a tratarla con desprecio a causa de su origen. El joven que la había encontrado salía todos los días muy  temprano a trabajar y volvía en la noche; lo cual aprovechaban las hermanas para dejar a la niña privada de comida durante el día. Sólo cuando él llegaba, podía comer la niña, ya que el joven compartía con ella sus alimentos.”
“Un  día, al volver a su casa, halló que alguien había tejido para él un lindo chinchorro. Otro día halló una manta para silla de montar; el otro, una faja tejida. Como ninguna de sus hermanas conocía el tejido, además de que todo el día estaban ociosas por no conocer ningún oficio, el joven, excitada su curiosidad, se puso a investigar quién sería el autor de todas las cosas lindas que le habían regalado”
“Una noche, al volver a casa más temprano que de costumbre, halló a una muchacha muy hermosa. Ella se hallaba de espaldas a él; y de su boca brotaban muchos hilos, que utilizaba luego para tejer”
“Durante mucho tiempo la observó maravillado, y sintiéndose atraído por la belleza de la muchacha, se fue hacia ella para abrazarla. Cuando la muchacha notó su presencia, súbitamente se convirtió en la niña que él había conseguido en el camino.”
“Quiero que crezcas de nuevo y que te quedes así para siempre para que yo pueda comprarte y hacerte mi mujer,” le dijo el joven.
“Yo no podría, tus hermanas me detestan porque soy pobre. Yo te he hecho todas estas cosas porque te quiero mucho, pero no podemos casarnos,” le respondió la niña.
“Todas las noches estuvo suplicándole y diciéndole que quería que enseñara a tejer a sus hermanas, que eran flojas, para que así tuvieran un oficio. Al fin, ella accedió a que él la comprara. Y una vez que fue esposa de él, enseño a tejer a sus cuñadas.”
“Esto se fue transmitiendo por toda la Guajira, hasta que, al fin todas las mujeres aprendieron a tejer”. 

LA APARICIÓN DEL MAÍZ (Leyenda de los tunebos)
Cuando ya había tierra, Tunebos y animales, un día salió un tunebo al monte en busca de guáimaros. De pronto, perdió el sentido y, cuando menos lo pensó, se dio cuenta que estaba en un sitio muy distinto y que él no lo conocía.
Siguió caminando y luego comenzó a ver a lo largo, unas muchachas muy bonitas. Veía también una casa, de donde salía mucho humo, y resolvió irse allá. Al llegar,  vio  una tuneba, que cocinaba maíz desgranado; ella le dijo que entrara y se sentara. El tunebo estuvo largo rato sentado y la tuneba no hizo ningún ademán de darle lo que cocinaba y; en vista de ello el tunebo se levantó para irse.
En aquel momento, la tuneba le dijo que no se fuera, que esperara a una hermana suya que quería irse con él. La tuneba salió de la casa y al poco rato volvió con una niñita; se la entregó y le  dijo que la cuidara bien, que no la dejara tocar de nadie y que no la fuera a dejar morir.
Al irse el tunebo, llevando de la mano a la niña; la tuneba le dijo que le preparara una laguna y no la tocara más hasta que creciera. Una vez crecida, la recogiera y la guardara un tiempo y que luego la metiera en una laguna más grande por cuatro veces. A la cuarta vez, todos podían tocarla y hacer con ella lo que quisieran.
Cuando el tunebo iba ya de camino, le pareció que todo aquello había sido un sueño. Se restregó lo ojos y comenzó a ver una laguna de color verde; el humo de la casa donde estaban cocinando era como una nube blanca. Se acordó de que a él le habían dado una niña para que la criara y que la había traído del bracito. Miró entonces a su alrededor y no vio la niña, sino una mazorca de maíz.
Cuando regresó a su casa, el tunebo le contó a su mujer lo que le había sucedido. Al día siguiente, se fue al monte a hacer una tumba para sembrar el maíz.
El primer conuco lo hizo chiquito, y cuando el maíz estuvo maduro, lo recogió y lo guardó. Después hizo otro conuco más grande y sembró toda la semilla que recogió la primera vez. Por tercera vez, hizo un conuco mayor que las dos veces anteriores y sembró toda la semilla que había recogido. La cuarta vez, el conuco fue muy grande, muy grande la siembra y muy grande la cosecha. Entonces,  la familia del tunebo comió una buena parte de lo recogido y la otra sirvió para cambiar con sus vecinos.

Nota: Textos transcritos de Leyendas Indígenas Venezolanas de Carmela Bentivenga de Napolitano, publicado por la Editorial Biosfera (Caracas 2007).

jueves, 9 de octubre de 2014

Wazacá y otros cuentos cortos indígenas (Enrique Plata Ramírez)

Imagen en el archivo de Enrique Plata Ramírez 

 Indígenas pemón (archivo de la Etai Pemón Samarayi)


Petroglifo en Cojedes (archivo de Argenis Agüero)

AMALIVACA
Cuando las grandes aguas del Orinoco, el río padre que devoró el mar, inundaron toda la tierra y ahogaron a todas las gentes, apareció Amalivaca con sus dos hijas y Vochi, su hermano.
Llegaron en una canoa y habitaron una cueva en lo alto de los tepuyes hasta donde no habían logrado llegar las grandes aguas.
Muy cerca en otro tepuy, habitaba una pareja, sobreviviente de la caída del Gran Árbol. Cerca de ellos estaba la Palmera o moriche de la vida. Amalivaca les sugirió que tomaran unas pocas semillas y las arrojaran por sobre los hombros. Asombrados,  el hombre y la mujer, vieron como de aquellas semillas brotaban otros hombres y otras mujeres.
Quebró después Amalivaca las piernas a sus hijas, para que no pudieran ir de un lado para otro, y las casó con aquellos hombres. La tierra de abajo comenzó a poblarse nuevamente.
Antes de remontar las grandes aguas del río padre, previno Amalivaca a las nuevas gentes sobre unos destructivos y crueles y vengadores hombres barbados que habrían de llegar en el final de los tiempos en grandes canoas.

Y los Karibes se prepararon para recibirlos. 


Narrador indígena de Cojedes


KANAIMA
En todas partes habitaba Kanaima, el espíritu del mal. Los Karibes temen encontrarse con cualquiera de sus manifestaciones. Solo aquellos que van a morir pueden ver a Kanaima.
Obstinada de los maltratos físicos de Kevei, su marido, Iroraki esperó a que se durmiera, y con valentía, le asestó un fuerte garrotazo en la cabeza.
La siguiente mañana la encontraron los demás guerreros de rodillas ante el chinchorro del fallecido marido. Ella, sin contener su llanto, les dijo:
-Vino anoche, sigilosamente, y mientras dormíamos, con su gran garrote, Kanaima le aporreó el cráneo a mi dulce marido. 

KUAY MARE
En el principio de los tiempos reinaba el caos. Y sobre el Gran Mar de Arriba moraba el misericordioso Kuay Mare, padre de todo lo creado.
Se entretenía el Gran señor moldeando figuritas con los frutos de la Palma de Moriche. Los creaba, según su semejanza, varón y hembra, y poniéndolos sobre una curiara, en el Gran Mar de Abajo, soplándoles los ojos les trasmitía el aliento y con ello la vida. Los Karibes comenzaban a poblar el Gran Mundo de Abajo.
Una tarde, Koroata, su mujer, viendo acabado el maíz para hacer el pan y terminada la leche para darle a sus hijos le recriminó:
-Deja ya tanta holgazanería, que nada bueno sacarás de esas figuritas. Mira que tus artilugios no nos darán de comer. Anda al campo, recoges el maíz, ordeñas la  vaca y das de mamar al becerro.
Y al séptimo día hubo Kuay Mare de suspender la creación del universo, para salir en busca de la mazorca y de la leche y con ello aplacar la cólera de su mujer.

WAZACÁ, EL ÁRBOL DEL MUNDO
Más allá del Gran Valle del Karoní, Más allá del Auyan-Tepuy. En los límites mismos con la espesura de la selva, se hallaba el gran Wazacá o Árbol del Mundo, que daba toda clase de frutos con los cuales e alimentaban los hijos de Kuay Mare.
Un día el orgulloso Ma´Nápe quiso derribarlo para así no tener que subir más hasta lo alto de sus ramas en busca de los apetecidos frutos. Pese a las advertencias de su mujer, como pudo, logró derribar al gran árbol y éste, en su caída, destrozó buena parte de la tierra y levantó el inmenso cerro del Roraima y a todos los tepuyes, hasta donde huyeron unos pocos güaraos, y desvió las aguas del gran río que se tragaba al mar y estás comenzaron a inundarlo todo.
Los hombres y las mujeres y los niños y los ancianos murieron ahogados. Sólo lograron salvarse los pocos que subieron hasta los tepuyes.
Desde entonces, como castigo del gran dios que habita en el Mar de Arriba, el gran árbol del mundo se perdió y los hombres y mujeres comenzaron a padecer un hambre infinita. Y por ello deben trabajar para alimentarse.  


CACERÍA
Dijo el hombre: Voime a la montaña a cazar.
Respondiole la mujer: -Ve, y consigue para mí la mejor pieza.
Fuese el hombre y cazó la bestia más extraña vista a sus ojos y  regresando se la ofreció a su mujer, como se lo prometiera. Ésta, intrigada le preguntó:
¿Qué animal es este?
Respondiole el hombre pleno de incertidumbres:
-Antes de atraparla me ha dicho que su nombre es amor. Tú, condiméntala bien y por nada del mundo permitas que las brasas la quemen, de lo contrario podrías perderla.
Maliciosa, la mujer sonrió, y entre divertida y curiosa se llevó su pieza de amor, pensando solucionar mil interrogantes que le acosaran.
Dijo el hombre: -Voime a dormitar. Vela tú por el amor.
Respondiole la mujer: -Ve y descansa que yo velaré por nuestro amor.
Durmiose el hombre y tuvo una extraña pesadilla. Al cabo de un rato despertose sobresaltado, y malos presentimientos le acosaron al escuchar leves murmullos merodeando su hogar. Con sigilo se levantó, tomó la lanza e imprevistamente  atravesó la pieza de amor que su mujer acabara de ceder a otro cazador.
Después ya no pudo dormir más. 

Nota: Textos transcritos de Territorios sagrados y otros espacios cercanos de Enrique Plata Ramírez, publicado por El perro y la rana y Casa Tomada (Caracas, 2011)

jueves, 25 de septiembre de 2014

Glosario de voces indígenas (entrega 23) desde Yabo hasta Zapote

Imagen del archivo de Joropo Llano y Leyenda



YABO. Cercidium viride. C. Spinosum. Leguminosas. Árbol no muy elevado, ramoso, de tronco verde,  legumbre chata, péndula, grisáceo-amarilllenta, con una semilla oblonga, dura pardo-fuliginosa. Crece en lugares secos y estériles del litoral y de la región occidental del país. YABO (Codazzi,  118). Sinónimo CUICA, JANO, BREA. Voz en la lengua guajira, quizás adoptada.
YACÁGUA. GUACÁBA. –“En los mismos lugares (las costas de Barlovento), cuando el yacagua suelta el canto, los habitantes de la costa aguardan las primeras lluvias.” (A. Rojas, Un libro en prosa, 220).
YACIFÁTE. Icica cuspidata. Burséraceas. Árbol ramos redondeados, y flores blancas. Crece en Río Negro. Su madera es encarnada. De la resina que llora este árbol se adereza, mezclándola con manteca de tortuga, una especie de cola, que llaman pegapega. El yacifate, o yasifate, de la Guajira parece ser otro vegetal. “Árbol corpulento que se eleva hasta 34 varas, de hermoso ramaje, de madera excelente para la construcción naval y color semejante a la del Brasil. Este árbol tan apetecido por su hermosa tinta crece en abundancia en el país de los Guajiros independientes, y aun se encuentran en otras partes.” (Códazzi, 101, 120).
YACITÁRA. Desmoncus maracathus. Especie de palmera. Es sin duda la acitara, jacitara, o titara, que de todos estos modos pronuncian en el Brasil, la jatitara o jatitera de Marcgrav, definida por Martius así: “palmera trepadora (Desmoncus polycanthos).  Del tallo tejen canastos y cebucanes.”  Voz de origen tupi.
YACÚRE. Acacia sp. Árbol de 4 o 5 metros de alto. Crece de ordinario en los lechos arenosos de los ríos, y por esta razón se les llama también Yacure de Playa. Ni por sus dimensiones, ni por su calidad tiene aplicación su madera. Común en los estados Lara y Portuguesa. Vulgarmente se distinguen variedades, o quizá especies, v.g. el YACURE DE CERRO, menos alto que el anterior, de flores apanojadas, blancas; YACURE BLANCO, YACURE COLORADO, YACURE NEGRO. TAGUAPIRE.
YACURÉRO. Fruto de la TUNA.- “Los higos, o brebas de tuna, que los indios llamaban yacurero, son una fruta parecida a los higos, y brevas blancos de la Europa; y de ellos hay tres o cuatro especies.” (Caulín, I, 3). Voz cumanagota, usada en el Orinoco. Los cumanagotos llamaban a la TUNA akrori. YAURÉL AURERO.
YAGRUMO. Cecropia peltata. Urticáceas. Árbol alto de 40 a 50 pies, de tronco derecho, no muy grueso, ceniciento, ramoso arriba. Madera liviana, propia para hacer canales y escalas en los campos. El perezoso (Bradypus) come las hojas de este árbol, que contiene un principio diurético y tónico cardíaco no acumulable. Voz tomada del taíno.
YAGUA. Palmera,  de varias especies, “tan abundante en las selvas, en las llanuras y en los cerros, que forma extensos bosques, a los que con razón podría llamarse olivares americanos” (Codazzi, p. 94). Es de tronco grueso, inerme, hojas hasta 10 metros de largo. Se utiliza como hortaliza la parte más tierna de los renuevos, las hojas para techar habitaciones y hacer cestos, sombreros, cuerdas, la tela del tronco para filtrar, el aceite de la cáscara del fruto para alumbrado, el de la carne para guisar y el vino del tronco como remedio. Voz taína.
YAGUASA. Voz genérica aplicada a diferentes anséridas o ánades arborícolas, en especial del género Dendrocyna. Son aves de plumaje abigarrado; pico más largo que la cabeza, casi recto, piernas largas, tibias desnudas en su parte inferior. “Se encuentra variedad de patos, y unos tan grandes como pavos que llaman Yaguasos, con el copete muy rizado, abundan tanto que las grandes lagunas de los Llanos están cubiertas de ellos, pues con un solo tiro de perdigón se mata una docena y en  tiempo de cría se hacen carga de sus polluelos” (Cisneros, p. 33). YAGUAZO. 
YAGUARÁI. Cereus sp. DATO. Usada en Margarita. IGUARÁYA, en el Zulia. Sinónimo Yaguaracha (Oviedo), Yguará (Castellanos), Yaguarae (Carvajal). Pero la corta referencia de este último parece convenir más bien a la TUNA. “Yaguaraes, fruta verde y parecida a las brevas de España.”
YAGÜÉRO. Roupala sp. pl. Proteáceas. Nombre dado a varios árboles maderables, pequeños o medianos, de los bosques de la tierra templada. Se distinguen las variedades blanco, rojo y rosa. Madera de peso y dureza medianos, de color gris uniforme, con poros numerosos.
YAPURÚRO. Flauta de bambú, larga, de sonido agradable, que usan los indígenas del Alto Orinoco y Río Negro. Voz puinabe.. YAPORÓRE. II- Baile indígena del Alto Orinoco. “El astro bello del regio espacio / Prendió las luces de sus candiles. / Y empezó el baile de yapururo.” (Gorrochotegui, Aramare, I).
YÁQUE: Peces de cuero del Guárico y del Orinoco. El del primero es de unos 3 pies de largo, de color pardusco y de carne buena. Se halla en el Manapire. El del Orinoco es negro, de cabeza puntiaguda y de carne algo amarillenta, el más delicioso manjar entre los peces de agua dulce (Montoliu). Voz chaima: BAGRE. II- Prosopis cumanensis. Leguminosas. Árbol inerme, de hojas alternas, conyugado- pinadas; hojuelas lineares, obtusas, lampiñas. Crece en Cumaná y Barcelona; florece en Septiembre. Madera y elástica, pero no de grandes dimensiones. YAQUE NEGRO.
YARÁQUE: Bebida fermentada que con casabe quemado aderezan los indígenas del Alto Orinoco. Gilii ha descrito su preparación entre los antiguos Maipures. Voz baniva; en maipure yaraki; en puinabe yerak.  GÜERO.
YARE: Jugo de la yuca amarga, que contiene acido prúsico. Después las meten en unos cebucanes de caña para debilitarle el jugo o yare que es venenoso y mortífero. (Caulín, I, 4). Geog. Cierta avispa así llamada en Margarita.
YARÚMA. Nombre haitiano del YAGRUMO. "Yaruma es un árbol muy grande e a la manera de higuera loca, e tiene muy grandes e trepadoras hojas, mayores que las de las higueras de España, e quienrelas imitar en la hoja." (Oviedo, I,  300).
YÁYA. Guatteria Schomburgkea. Anonaceas. Árbol elevado, alampiñado. Madera de fibra recta, muy tenaz, compacta, elástica, usada en la arquitectura civil. Crece en el litoral de Carabobo. La Xylopia Pittier hallada por Pittier en el río Lora, Zulia, tiene el mismo nombre. YAYO.
YÁQUE. Tetrodon testudineus. Pez plectognato cuyos caracteres genéricos son: mandíbulas divididas en el centro por un surco o sutura longitudinal, que hace que cada mandíbula parezca doble, produciendo 4 dientes en vez de 2, y cuerpo cubierto de espinas pequeñas. Costas de Venezuela.
YOCOYÓCO. Yerba anual, alampiñada, de tallo inerme, más o menos ramosa, alta de 1 ½ a 3 pies; baya globosa, acompañada de cáliz reflejo. Voz usada en Barquisimeto. YERBA MORA.
YOPO. Piptadenia Niopo. Leguminosas. Árbol elevado, sin espinas, fructifica en mayo y crece en la margen izquierda del Orinoco superior. II- Droga a modo de rapé que con los frutos del yopo preparan los Otomacos, Guajibos, Yaruros y Sálibas del Orinoco medio.
YUCA. Manihot sp. Euforbiáceas. Planta de rizoma harinoso cultivada por los indígenas suramericanos desde tiempo inmemorial. Hay dos variedades principales, la dulce y la amarga o agria, cada una de las cuales comprende diversas razas, que se distinguen según el color de los tallos y pecíolos y nervios laterales de las hojas, o el número y forma de las hojas, o los caracteres, en fin, de la raíz. En la región oriental del país, hay además, unas treinta clases cultivadas  por los indios, razas propias de los morichales. Se cosechan en los Llanos al año y aún a los 7 meses. Tarda más en las montañas. Yuca es voz taína citada ya por Vespucio en 1497. El tupi mandioca, y las voces usuales TAPIOCA, MAÑOCO y YUCUTA, contienen la raíz gramatical de la voz YUCA. 
YUCATÁN. Denominación aplicada a una variedad de maíz de grano duro, tardío en madurar, cultivado en la selva de Turén y en otros lugares del país. Este maíz y el PAILÓN son los de mayor porte y de grano más pesado. Del Yucatán menciona Gilii (I, 196) razas blanca y amarillenta cultivadas en el Orinoco.
YUCÚTA. Mañoco desleído en agua. Es potaje principal de los indígenas del Alto Orinoco. A la salud del triunfo venidero bebamos, Mayabiro, la yucuta (Gorrochotegui, Aramare, XVI). Voz. Baniva. En maipure Yukutapeti. Entre los Guaraunos del bajo Orinoco, es un vino de palma, extraído del moriche.
YURÍ. Palmera útil por su madera. Criase en Guayana y produce un aceite aromático. Sus frutos son apetecidos por los CHÁCHAROS.
YURÚI. Especie de pollera suspendida por tres ramales de extremo de una vara flexible que se mantiene fija por el otro extremo. Este mueble, que sirve en el  bajo Llano para enseñar a andar a los niños, tiene exactamente la misma forma y uso entre los Cobeuas del Brasil.
YURÚRE. Saco de fique, a modo de alforja, usado en Trujillo. Está acordonado por un extremo que es la boca con un torzal, y provisto de de un asa en el otro, que es el fondo.
ZAMURO. Cathartes atratus. SAMURO
ZAPORRO, A. Regordete, cachigordete, rechoncho. Del náhuatl tzapotl o tzapa, enano. ZAPORRETO. Igual sentido tienen chapo en México, zapo y con terminaciones despectivas, zapatón, zaporro, zaparruco, zaparrasco, en El Salvador; zaporro, zapaneco en Honduras.
ZAPOTE. Achras sapota. Sapotáceas. Árbol frutal,  elevado, muy coposo, flores solitarias, blanquecinas, baya globosa u ovoidea, gris de carne amarillenta, dulce, madera de un hermoso color rojo-oscuro, densa de la que sacan crecidas tablas. Del náhuatl tzapotl, fruta dulce: pero nuestro zapote es propiamente el chiczapotl chicozapote de los mexicanos. Sinónimo NÍSPERO. 

Nota: Documento extraído de Glosario de voces indígenas de Lisandro Alvarado, editado por Monte Ávila Editores Latinoamericana (Caracas, 2008). Transcrito por estudiantes y egresados de la mención Castellano y Literatura de la UNELLEZ-San Carlos, Cojedes. 

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Glosario de voces Indígenas (entrega 22) Desde Tature hasta Virote


Joven indígena. Archivo de Mundo Color


TATURE. Manare casi redondo  y muy ancho de boca, hecho de cintas de bejuco. Se le emplea para recoger de las matas de café en la época de las cosechas.
TATÚRO. Calabaza redonda o elíptica, de boca más o menos estrecha y en general, cualquier objeto de forma indecisa o extraña.
TERECAYA. Emys (Peltocephalus) Tracaxa. Tortuga fluviátil, más pequeña que el ARRÁU. No suele medir más de 14 pulgadas. Habita el Alto Orinoco, el Apure y demás ríos del Llano, pero abunda más que todo en el Guaviare donde se hace una gran cosecha de sus huevos para comerlos o extraerles el aceite. En Caribe terekáia, en baré talikaiá, en tupi tarakaya.
TIÁMO. Acacia paniculata. Leguminosa. Especie de acacia. Es de una madera densa, compacta, algo veteada, de un amarillo claro con pequeñas manchas oscuras. Sinónimo PALO DE ARCO.
TIGÁNA. Eurypyga Helias.  Ave de pico más largo que la cabeza, comprimido, recto, puntiagudo. Cuello delgado, alas amplias. Vuelo silencioso, en que ostenta los caprichosos matices de sus alas. Es su canto un silbido lento y quejumbroso que suele retirar de noche, en domesticidad, cuando le inoportuna la luz artificial. “Está siempre triste, dice Codazzi, y camina con lentitud y cautela”. Sinónimo PAVITA, PAPAMOSCAS. 
TIJÚA. Pequeña paloma de color grisáceo, y párpados, pico y lengua negros. TUJÚA. TUTUJÚA.
TITÍ. Pithesciurus (Callithrix) sciureus. Mono platirrino de cuerpo esbelto; cabeza muy oval, grande; ojos muy unidos, también grandes; orejas regulares; cola semiprehensil, que puede encorvarse y puede dar vuelta y media de rededor de una rama al trepar el animal. Pelaje fino. Mide 80 cm., de largo, incluida la cola de 50 cm. El nombre proviene del paipure uititeni, en tupi tití es una especie de hapale. MICO.
TITIRIJÍ. Asio accipitrinus. Rapaz nocturna, la mayor entre las de su familia en el país. Cabeza grande y redonda con dos penachos u orejuelas. Color pardo con numerosas pintas blancas. Canta como su nombre suena, en tono ventrílocuo y ronco, por las noches, ululando ti-titirigi-gi. II-BHUO.
TOCOQUÉRA. Reunión de aspecto escandaloso. Tasca. Garito de ínfima clase.
TOCUYO. Lienzo de algodón de tejido ordinario que hacían para el vestido de la gente común.
TONGO. Pimelodus raninus. Silúridos. Pez fluvial de cuerpo rechoncho, cabeza enorme, boca retráctil, con dientes diminutos y barbillas, color moreno negruzco más claro en el vientre. Longitud de 3 a 4 pulgadas. Carne blanca, gustosa. Se cría en los ríos de Guárico y Cojedes. Sinónimo PEZ-SAPO.
TOPIA. Cada una de las tres piedras que forman un fogón. II- Se aplica a la persona estúpida, testaruda.
TOPO. Cerro, colina más o menos destacada en una fila o sierra de escasa elevación.
TOPOCHO. Musa sapientum. Variedad de cambur, cuyo fruto llamado así también, presenta a lo largo tres o cuatro aristas. Del chaima topuche, cumanagoto tepuche, grueso, gordo. II- Desfigurado, informe.
TOTEAR. Reventar una cosa, agrietarse, resquebrajarse por obra del calor o desecamiento.  
TOTUMO. Crescentia Cujete. Bignoniáceas. Árbol de 15 a 30 pies de altura, de tronco recto, poco largo, con ramas horizontales. Se labra la cáscara del fruto para hacer escudillas, cuhcaras, tinas y vasijas de todo género.
TUCÁN. Rhamphatos sp. Var. Aves escansoras caracterizadas por el pico que es enorme y dentado en los bordes, y por la lengua que es córnea y franqueada.
TUCUSITO. Nombre que tienen numerosas especies de Tronquílidos, particularmente los de pico recto, comunes en el país. En mamusi y taulipán tucuchi, Pájaro-mosca. Pájaro pequeño de pico largo, deprimido, encorvado hacia abajo, cola mediana. Consérvase en jaula por sus brillantes colores aunque no canta.
TUCUSO. Voz que se usa para designar pájaros más grandes que el TUCUSITO y semejantes a él. JILGERO.
TUNA. Diferentes especies de apuntia llevan en el país su nombre, que se aplica tanto a la planta como a su fruto. Son vegetales suculentos, de tallo articulado, prolíferos. II- ESPAÑOLA. Higera de pala. NOPAL.
TUQUÉQUE. Saurios de la familia de los Ascalabotos. Son de ordinario nocturnos y de absoluto inofensivos. COTEJO. GUARICONGO. Es la Salamanquesa de España.
TURA. Especie de bambú de artículos largos, cilíndricos, huecos. PURUPÚRU. II-Baile indígena de los jirajaras y ayamanes. Consiste principalmente en danzas muy ceremoniosas dirigidas por un capitán de la fiesta, que nombran de antemano. Varios días se están en estos bailes y festines. No comen mientras tanto otras carnes que la de los animales de caza. Se arman  de arco y flechas, se pintan el cuerpo con la tinta del bariquí (encarnada oscura) y la última bebida alcohólica que consumen es la del maíz fermentado. 
TURPIAL. Icterus sp. pl. Pájaros dentirrostros cuyo plumaje está exornado principalmente de amarillo y negro. Tienen estos pájaros la costumbre de los estorninos. Suelen andar en bandadas y su vuelo es leve y rápido. Hacen sus nidos con primor o se apoderan de las de otros pájaros; son omnívoros, se les domestica y educan y poseen un variado canto.
TUTURÚTO.A. Lelo, distraído, ensimismado y por extensión beodo. TURUTO.  
ÚBEDA. Acacia foetida. MAPURITE. CUJÍ HEDIONDO.
UBÍNO. Palmera de Guayana. Ubim, es en tupi, una especie de Genoma.
UBITO. Veáse CHIPIO.
UNÁMO. Jessenia polycarpa. Palmera alta, inerme, de hojas largas de 12 metros  y hojuelas opuestas, agudas, anchas de 15 cm; el fruto es una drupa que contiene aceite fino en abundancia. Habita en las selvas del Orinoco. Sinónimo COROBA.
ÚPIA. Dasyprocta sp. PICÚRE. Geográfica solamente la voz de Venezuela.
ÚQUIRA.  Pipile cumanensis (Penelope cristata). “Es el ave más grande de su género, pues tiene cerca de 2 1/2  pies de largo. El color de la superficie de su cuerpo es negro intenso o bronceado con un reflejo verde o aceitunado; las plumas de la cabeza forman una especie de copete que el animal puede bajar o levantar como quiere; debajo del cuello tiene una piel de una escarlata brillante.” (Codazzi, 198). Se halla en la región oriental y en Guayana. Su carne es muy apreciada. Sinónimo PAVA DE MONTE (Del cumanagoto chekiri= codorniz?)
URAMO.  Pithecolobium sp. Árbol de Zulia.
URÁO. Sesquicarbonato de sosa natural, extraído cerca de Mérida del fondo de una laguna. El URAO ESPEJUELO del comercio es el cristalizado, de primera clase. Era ingrediente indispensable para aliñar chimó, según el procedimiento introducido por Pedro Verástegui en 1781. –“Enseñó a mezclar el urao de la laguna de Mérida y a aprovechar el tabaco inútil.” (Codazzi, 135,). Juráo hallamos en Fr. Simón.
URÁPE. Bauhínia sp. pl. Arbustos o árboles muy ramosos. Las especies más comunes son la B. Ungula y la B. multinervia. La primera es un arbusto aguijonoso de unos 10 a 15 pies de alto con espinas estipulares; flores blancas, mellizas o solitarias; el fruto es una legumbre. Madera amarillenta sembrada de vetas y nudos rojizos del mismo aspecto que el clavellino morado. “Es muy compacta y notable por su corteza elástica, de que se hacen buenas amarras, cortándola en listones.” (Codazzi, 108). GUARÁPA.
URÉRO. Pithecolobium sp. SAMÁN. De este árbol hay en los Llanos tres variedades, a saber: URERO BLANCO, URERO MACHO y  URERO NEGRO. Antes  ORERO.
URITU. Cierto animalejo de Barcelona mencionado por Caulín (III, 21).
URUMÁCO. Cassia tomentosa. Especie de papilonácea medicinal de Mérida, de hojas paripinadas con 4 pares de hojuelas, legumbre cilíndrica con semillas puestas en canto. Crece con el frailejón en lugares abrigados de los páramos. D.t. ORUMÁCO. Sinónimo CACHIMBITO, en Trujillo Cf. CHIQUICHIQUE.
URUPÁGUA. Aveledoa nucífera. Olacáceas. Árbol de 8 a 12 metros de alto, de hojas altrnas, grandes. El fruto, largo de 1\2 pulgada cuando seco, tiene una cáscara dura y contiene una sustancia harinosa, compacta, libre, amarillenta, la cual cocida en agua es comestible. Crece en Coro. MACAGUA.
URUPAGÚÍTA. Yerba que produce una frutilla amarga. Pasto de cabras. Coro.
UYÁMA. Cucúrbita Pepo. AUYÁMA.
VERA. Zygophyllum (Guaiacum) arboreum. Árbol elevado de hojas opuestas, fruto redondeado. “Se eleva hasta 30 varas y puede dar quillas de 25, siendo su madera incorruptible, las más fuerte que se conoce” (Codazzi, 98). Crece en toda la zona cálida. Madera amarilla, muy compacta. Los trozos delgados se aprovechan para bastones. Voz mencionada en  la Descripción de la laguna de Maracaibo (insertada en la Historia de Oviedos y Baños) y en Caulín. Sinónimo PALO SANO. II-BLANCA. Árbol del estado  Lara. Madera blanca, no muy densa. II-DE AGUA. Dalbergia sp. Zulia (Swcetia sp?).  II-MACHO. Árbol indeterminado.
VERAZO. Garrotazo con bastón de VERA o de otra madera pesada. –“Sintió como se le pegaran por la cabeza, casi la misma impresión del verazo que le dio cierta vez un cochero”. (Pocaterra, Vidas oscuras, 213).
VIROTE. Leguminosas. Árbol maderable del Guárico. Madera muy fuerte y duradera, empleada en horconaduras y otras obras de construcción civil. Aunque no es muy pesada, es dura, compacta y estillosa. 


Nota: Documento extraído de Glosario de voces indígenas de Lisandro Alvarado, editado por Monte Ávila Editores Latinoamericana (Caracas, 2008). Transcrito por estudiantes y egresados de la mención Castellano y Literatura de la UNELLEZ-San Carlos, Cojedes.