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sábado, 8 de abril de 2017

Por andar de fiesta en La Chepera (poesía popular llanera y audio musical)

le dije con mucho amor
tú me gustas mi morena,
yo me casaría contigo
aunque tus padres no quieran.
(Imagen en el archivo de Pablo Araque)


Lo que les voy a contar 
es una historia verdadera.
Un día salí de El Muertico,
a una fiesta en La Chepera,
resulta que en ese barrio
había una fiesta muy buena,
con arpa, cuatro, maracas,
cerveza, ron y ternera;
cuando comenzó el joropo,
saque a bailar a una morena,
repicando un zapateo
pa` que la gente me viera.
Antes de terminá el joropo,
yo me puse a hablar con ella,
y le pregunté su nombre
para que ella lo dijera;
a mí me llaman Carmita
pero mi nombre es Elena,
le dije con mucho amor
tú me gustas, mi morena,
yo me casaría contigo
aunque tus padres no quieran.
Después que yo me expresé
de esa manera tan güena,
esta muchacha quedó
igualita que en la cédula;
la invité para su casa,
pa que una agüita me diera,
ante e llegá a su casa,
me echaron una carrera
y llegué hasta Campo Alegre,
y me compré una botella,
llegando a la Pica Tres
me espantó una cosa fea;
un perro con los dos ojos
parecían braza e candela;
luego desapareció
y se convirtió en una vieja,
más acá de la batea
llegando a la Miguelera,
un hombre vestío e blanco
en una bicicleta vieja,
y se escapaba adelante
chocaba con una ceiba,
después de chocar bastante,
salió prendío en candela,
cuando miré ese demonio
pegué una sola carrera,
ahí perdí los zapatos,
el sombrero y la botella;
ahí fue que perdí la maña
de ir a fiesta en La Chepera.


Autor; José Lobatón Informante: Ramón Aguilar. Nativo de El Muertico, Municipio Ricaurte. Edad; 29 años. Fecha de la muestra 11 de junio de 2004.

Disfrute del audio musical llanero "Yo bailé con una muerta"
en:  https://www.youtube.com/watch?v=1vRtux4v53c

sábado, 15 de agosto de 2015

CANCIONERO DEL GABÁN: Estudio, temas, fotografías y audio musical (1) Yorman Tovar

Gabana esperando por sus crías (archivo de Angello Jesmy Chiguire García)



Tomado de “MUNDOS POSIBLES DEL GABÁN” 
de  Yorman Tovar




Gabana  en su nido con sus pichones


"Gabanal" (archivo de Mariano Escalona) 



Introducción

Hacer un estudio acerca del discurso poético del gabán o garzón, figura paradigmática de la llaneridad, enunciada a través del joropo, equivale a irrumpir en un mundo de ficciones. Para tal fin es necesario recurrir -por lo menos- a un fundamento teórico pertinente y la teoría más apta para ello es la de  “Mímesis y Mundos Posibles” de   Lubomir Dolezel (1997). Según este teórico, la Mimesis en Literatura, “consiste en la recomposición de los elementos referentes en el texto creativo”, y  además agrega que, “sólo la ficción nos permite mirarnos en el espejo de nuestras posibilidades y encontrarnos con nosotros mismos”.
El planteamiento de Dolezel (1997: 77) ofrece “una semántica de la ficcionalidad radicalmente diferente”, pues de alguna manera es permeable a la subjetividad de la lírica para “vincular las ficciones, exclusivamente al mundo real”. En este sentido, el planteamiento dolezeliano manifiesta de tres tesis que justifican los Mundos Posibles de esas fábulas, cuyos referentes son elementos de la fauna, en el marco de la poesía musical llanera: 1) Los mundos ficticios son conjuntos de estados de cosas posibles. 2) El conjunto de mundos ficcionales es limitado y variado (la literatura no queda restringida a las limitaciones del mundo real). 3) Los mundos ficcionales son accesibles al mundo real.
Partiendo de ese fundamento teórico, el gabán como poesía musical, situado en ese contexto, traduce una infinidad de historias fabuladas de un animal, humanizado por los poetas orales, con el pretexto de aproximarlo a la propia personalidad del hombre llanero en cuantiosas facetas, habilidades y/o posibles conductas asumidas por los humanos: coplero, andariego, pícaro, pendenciero, ventajista, hacendado, faramallero; y hasta religioso y político.
En ese fabuloso universo poético-musical, el gabán, personificado en un rol de actor protagonista de tantas canciones llaneras, permite la posibilidad de idear, en torno a su figura y bajo el signo de la ficción,  hasta su partida de nacimiento: Su madre podría ser la inmensa llanura, atmósfera con vientre de mujer que, conforme a Olivares González (2005:. 139), “para el coplero representa la madre naturaleza, proveedora de beneficios en la cual se aprende a vivir en armonía con el medio y a la que se debe rendir culto por tantas bondades”. El vientre de esta llanura-mujer, bien pudiera ser la laguna, la resaca tupida de mangles y carameras, o la escuálida sombra de una palma de corozo. ¿Y su padre?: un poeta, músico o creador que todavía vaga entre dudas y suposiciones de la memoria colectiva del llano.
Algunos folkloristas relatan que este joropo tiene autoría musical anónima; y alegan, además, que en la época de la guerra de la Independencia venezolana, el General Páez ejecutaba el gabán en una bandola, mientras los copleros de su tropa le improvisaban letras. Otros cantautores actuales como José Alfredo Parra (2004, Trak 4), en su joropo “El gabán más viejo” afirma que ese progenitor musical fue Ignacio Ventura Figueredo, mejor conocido como “Indio” Figueredo. Así lo expresa en su canción:

Gabancito bullanguero,
himno y sabor de mi llano.
Tu padre fue un indio bravo
que te domó de cerrero.
Indio Ignacio Figueredo,
aquel que a la potra baya
le puso riendas de amor
pa buscar a María Laya.
  
Gabán en el estero (archivo de Criollita Radio Web)

El gabán o garzón pertenece al orden de las aves zancudas, como la grulla, el flamenco, el íbis y la variedad de garzas que pueblan el paisaje llanero. De esa gran ave se conocen en el llano tres especies: el gabán “Güesito”, de menor tamaño, el gabán “Pionío”, de tamaño mediano y el de mayor estatura y peso que es el “Garzón Soldado” o “Gabán Golillú”. El epíteto de soldado se debe a un pequeño copete rojo, semejante a una boina vasca, de medio lado; y una gorguera o golilla de color negro, que parece una corbata. El Golillú es la más pintoresca de las tres especies. Tal como lo representa el cantautor guariqueño Ángel Custodio Loyola en su joropo “El gabán golillú” (1972: Lado A Trak 3):

Soy el gabán golillú,
en el llano respetao,
soy grandote de tamaño
con el pescuezo enlutao.
En la laguna yo vivo
alerta y arremansao,
comiendo buena guarura
y muy sabroso pescao
de mi solitario llano
pocas veces me he alejao,
no tengo pa qué emigrá,
si aquí estoy bien respaldao.


Familia de Gabanes (archivo de Jesse Romero)


 La función mimética dolezeliana es el núcleo  de una teoría semántica, una teoría de la referencia ficcional que, condicionalmente “funciona si el prototipo particular de la identidad ficcional se encuentra en el mundo real”. De esta teoría surge la fórmula funcional de que “el particular ficcional (P/f) representa al Particular real (P/r).
En éste contexto del joropo, cada Particular ficcional (P/f) o personaje legendario (gabán) tiene correspondencia con cada Particular real (P/r) o individuo histórico (cantautores de la discografía llanera). Por ejemplo: “El gabán golillú” es el Particular ficcional (P/f) del individuo histórico o Particular real (P/r) Ángel Custodio Loyola.
La pintoresca fisonomía y la enormidad del tamaño de este plumífero, posiblemente sean los motivos que inducen al poeta-coplero a comparar al hombre con el mayor de las aves de la fauna llanera. Es preciso destacar que los registros disqueros están saturados de ficciones inspiradas en gabanes, textos por medio de los cuales, poetas y compositores atribuyen a este animal -más que virtudes- muchos defectos humanos.
 Es así como, a la mayoría de los Particulares reales (P/r) intérpretes del joropo  en tiempo de gabán, el público receptor les otorga el epíteto del Particular ficcional (P/f) o el título del gabán  que grabaron: Julio Salas (“El gabán malandro”), Nelson Morales (“El gabán camorrero”), Carmen Aguilar (“La gabana cojedeña”), Dámaso Rodríguez (“El gabán ofensivo”); y hasta existe un cantautor muy joven (no llanero, por cierto) que compuso “El gabán gay”, donde le endilga al gabán desviaciones sexuales. De hecho, ya el intérprete adoptó el pseudónimo de “El gabán gay”. En fin: “cada cabeza es un mundo”. Cada coplero tiene su gabán, como asevera Alfredo Parra (2004 Trak 4):

Todos tienen su gabán,
le cantan versos bonitos,
como el gabán de Loyola
y el de Marcelo Quinto,
el de Montoya y Eneas
y El Carrao de Palmarito,
el de Melecio y “Canario”
y el viejo “Juan Chiquito”.
El mío es un gabán muy viejo,
el mío es un gabán viejito,
es de Cunaviche adentro,
nació en Los Algarrobitos.
El cantar de sus cantares
 le fue brotando solito,
como nacen en el caño
el mangle y el corocito
y fue así como su canto,
sin trabas ni laberintos,
enamoró cian llanuras
con arpa de “Caujarito”.

Parra, aparte de otorgarle, directamente, la paternidad del gabán a Figueredo, lo describe como el más auténtico. Llanero de  añeja estirpe, natural del campo Los Algarrobitos, jurisdicción de Cunaviche del Estado Apure, cuyo cantar es puro e congénito con su condición de llanero, puesto que “le fue brotando solito, como nacen en el caño el mangle y el corocito”,  especies de la vegetación autóctona del llano.


"Cazando" (archivo de Ángelo Jessmy)

Discurso ofensivo y epítetos degradantes del gabán
La mayor parte de los discursos poéticos de este género son letras con expresiones de cacería y acechos a un animal indefenso; así como agresivas y deformantes de la conducta del gabán. La intención –sin lugar a dudas- es  despertar diversión jocosa  en el oyente y, a la vez, competir -el creador de cada discurso-  con el del resto de sus rivales.
Las primeras letras, cuyas características estructurales son: estrofas sueltas, casi sin unidad temática entre una y otra, y una diversidad de rimas que induce a pensar que no son  creaciones fidedignas de las personas a quienes le atribuyen las autorías, sino coplas de la literatura oral llanera, anónimas, compiladas y adaptadas a las notas del Gabán.
Al respecto Joel Hernández (2004) opina, de manera muy particular, que “los primeros llaneros que hicieron las grabaciones iniciales, presentaron al país temas musicales como de su autoría, en las cuales incorporaban muchas coplas del romancero popular del llano”.

Loyola y “El Gabán”: 
pioneros de los gabanes en la discografía
El cantautor Ángel Custodio Loyola, uno de esos precursores de la poesía musical llanera mediatizada a través del disco comercial y del espectáculo, parece ser quien primero hizo compilaciones de coplas para acomodarlas en el marco musical de ese joropo anónimo o con autoría de Figueredo, llamado Gabán. Percíbase la letra de “El gabán”, autoría del guariqueño, en voz de Adilia Castillo (1998 Trak 5):

1). Echa palante gabán,
echa palante garzón,
mira que te van tirando
con pólvora y munición.


 2). La manteca de gabán
es una manteca buena
que la usan las muchachas
pa peinarse la melena.

 3.) Echa palante gabán,
 echa palante paleta,
mira que te van tirando
con pólvora y escopeta.

4) .Yo tenía mi gabancito
a orillas de la laguna
con el piquito parriba
sin esperanza ninguna.

5). Ya con esta me despido,
gabancito, volveré
con la morocha en el hombro,
yo por ti regresaré.


Pareja de Gabanes en su nido

Las cinco coplas constituyen el discurso de un cazador, depredador de la fauna. Frases indicadoras del destino inexorable del pobre gabán que, posiblemente terminaría reducido a “manteca buena”, utilizada como cosmético femenino para peinarse. Frases lacónicas como “Sin esperanza ninguna”, aún cuando el gabán está a orillas de la laguna, su hábitat natural; y finalmente, cuando el poeta promete “volver con la escopeta morocha en el hombro” a buscar al gabán, nos dan la idea de que el poeta, más que recrearse en la figura del gabán, lo hace en su superioridad humana ante el indefenso animal, en desventaja,  que sólo actúa por instintos.

Referencias textuales
Dolezel, L. (1997). “Mímesis y mundos posibles”. En Garrido Domínguez, A. Teorías de la ficción literaria: los paradigmas. Barcelona-España: Arco/Libros, S.R.L.
Hernández, J. (2004). Entrevista no estructurada. Araure-Portuguesa.

Olivares González, M. (2005). El discurso poético de la copla dentro del contrapunteo llanero como expresión de la lírica de tradición oral. (Trabajo presentado como requisito para optar al Grado de Magíster Scientiarum en Literatura Latinoamericana). UPEL-Instituto Pedagógico de Caracas.


*Correría del Gabán (Juan de Los Santos Contreras, el  “Carrao de Palmarito” Disfrute audio-video en https://www.youtube.com/watch?v=qv9w3_NCJcAn


Referencias discográficas  

Loyola, A. C. (L.). Folklore (M.). (1972). El gabán golillú. En Ángel Custodio Loyola (Intérprete). Éxitos de Ángel Custodio Loyola. [LP Lado A Surco 3]. Caracas: Discomoda.

Loyola, A. C. (L.). Folklore (M.). (1998). El gabán. En Adilia Castillo (Intérprete). Clásicos de oro de Adilia Castillo. [CD Trak 5]. Caracas: Discomoda.

Parra, J. A. (L.). Folklore (M.). (2004). El gabán más viejo. En José Alfredo Parra (Intérprete). José Alfredo Parra: La búsqueda. [CD Trak 4]. Caracas: Discos Cachilapo.


miércoles, 10 de abril de 2013

LA LEYENDA DE EL SILBÓN (Dámaso Delgado) Texto y audio original

El temido Silbón y su pavorosa mirada 
(Archivo del IACEB)

Un texto fundamental, pero muy poco conocido en la cultura llanera
(Detalle de la portada del libro "El Silbón: Realidad y Leyenda", 
de Dámaso Delgado, publicado en Acarigua, 1998)


Fuente y elencoDámaso Delgado (José Juan)
Victorino Castellanos (Juan Hilario y Coplero 2; C2)
Joseíto Herrera (Coplero 1; C1); Alfredo Acuña Zapata (Narrador y el Visitante); Víctor Morillo (Declamador; D); José “Catire” Carpio (Llanero Conversador y José Alí); Norma Suárez (Coplera); Ramón C. Martínez (Peón); Ramón Toribio Egaña (Peón); Benilde González (Rosita); Teresita Vega (Josefa) y Josefina Villarroel (Aurora)

C1: Esto era lo que contaban
del Silbón y la parranda
una noche se encontraron
Hilarión y el Desanda
una noche se encontraron
Hilarión y el Desanda,

Narrador: Este álbum realizado para todos los estados de Venezuela, va dedicado con especial cariño a la tierra de Páez.
Declamador: ¡Portuguesa!
Narrador: Nuestra más alta aspiración, que esta producción artística – cultural hecha con cariño y con esfuerzo, sea como un llamado de voluntad y esperanza para todos los niños de Venezuela, para ellos el mensaje:


D: Que aprendan a querer
cada vez más a la patria
a través de sus escuelas 
y que nada les detenga
en su afán de superarse
para hacerla cada día más libre.

Copleras: Yo nací en esta ribera
del Arauca vibrador…

D: Canción y letras
dignidad y altruismo
han de ser las sendas
por la que se conduzcan
los hombres de Portuguesa
y de Venezuela toda.

Narrador: Un mensaje musical y amistoso de tres pueblos vecinos para hacerse más hermanos.

C1: No vayas para la fiesta
te dijeron Juan Hilario,
que en tierras de Portuguesa
va un espanto desandando,
que en tierras de Portuguesa
va un espanto desandando.

Narrador: Portuguesa, Barinas, Cojedes; Horizonte extendido por caminos polvorientos, tierra generosa donde la leyenda es copla y donde la copla es sabana, Llano adentro, corazón de patria, sabanas inmensas y pajonales abiertos, arrieros del verso, baquianos de la conversa.
Declamador: ¿Pa´ ónde va por´hay, Juan Hilario?
Narrador: Es la pregunta del Llano contestador y bravío, retador y andariego.
Llanero Conversador: Epa compañero, pero, ¿eso es cierto?
José Juan: Sí compa, ciertico, dicen que nació en Guanarito o en Bijal, lo cierto es que en Portuguesa y Barinas se ha criao, y Cojedes lo ha visto pasá.
Narrador: Son las cinco y media de la tarde, el sol agonizante y rojizo desaparece lentamente en la quietud del horizonte y por el camino polvoriento un hombre a pie con el rostro sudoroso y el andar cansado; atrás el camino andado, por delante el paisaje casi desierto: sabanas, cielo, vacas y garzas. Es el llanero mismo con su estampa recia hundiendo su huella sobre la tierra brava, un Florentino, un baquiano, o un caporal de hato, hijos siempre del inmenso Llano, hermanos de la sabana.


C2: Voy dejando mi cantar
sabanas que tanto quiero
voy con los pasos del día.

Narrador: Es casi de noche, cuando  se detiene ante una Cruz del  camino, se arrodilla ante ella y le enciende una vela que trae en el bolsillo de  la blusa, luego se persigna y se dispone a reanudar  la marcha, cuando alguien  que camina en dirección contraria se le acerca.
El Visitante: Mire señor, usted, ¿es de por aquí? 
José Juan: Sí, de por aquí mismo ¿Qué se le ofrece?
El Visitante: ¿Me podría indicar el camino que conduce a Los Jeyes?
José Juan:   Ese mismo que lleva ¿Pa´ qué casa va por´hay?
El Visitante: Bueno, voy pa´l fundo del señor Montenegro, Juan José Montenegro, que tiene una fiesta por ahí. 
José Juan: Ah,  eso es allá alante; siga por hay derecho, pero tenga cuidao con el peasito aquel de La Vuelta ´e  Los Mangos, ahí mismo, al pasá el cañito, que ahí sale el Silbón.
El Visitante: ¿El Silbón?
José Juan: Sí, el Silbón.
El Visitante: No, no, no, pero, eso no existe. 
José Juan: Sí existe, señor y mucho, mire, por to´ estos caminos, por to´ estas sabanas y por to´ estas soledades, se va a encontrá con mucho más de lo que usté ha visto en los libros.
El Visitante: Bueno, yo he oído hablar algo de eso, pero, dicen que es una leyenda. José Juan: Jmmm ¿Una leyenda?, una leyenda debe se´ lo que cuentan del Silbón antes de se´ Silbón.
El Visitante: ¿Cómo es eso de que el Silbón, antes de ser Silbón?
José Juan: Pues, que dicen que, el Silbón es el ánima en pena de un hijo que mató al papa pa´ comele la asadura, y que la mama lo maldijo pa´ to´a   la vida.
El Visitante: Ah…ya entiendo,  ¿ y dicen que nació en el Llano? 
José Juan: En Guanarito, compa, y Guanarito es Llano, y Llano es to´ esto que estamos pisando.
El Visitante:   No, no, yo creo que eso es sólo una leyenda, como dice la gente, lo que pasa es que, ustedes, los llaneros, tienen un espíritu demasiado supersticioso.
José Juan: Llano es Llano, compa, y a nosotros nos gusta de esa manera, supersticiosos y to´ pue´ que seamos, pero con un corazón que no nos cabe en to´ el ancho ´e la sabana, y en esa misma sabana que no alcanza pa´ arropale el corazón al llanero es ´onde se ven  to´ estas cosas que le estoy contando.


C1: Con la claridad de un rayo

que alumbraba la sabana
miró una sombra de lejos
con un maleto terciado,
miró una sombra de lejos
con un maleto terciado.

El Visitante: Caray, pero ha de ser muy grande ese espanto del Silbón, pa´ que, pa´ que, ustedes, los llaneros, le tengan tanto miedo.
José Juan: Uunnn…Canillú es lo que es el hombre, compa, canillú, mire, le digo que lo han visto sentao y las rodillas le pasan del lao arriba ´e la cabeza.
El Visitante:   Y dígame una cosa; usted, ¿lo ha visto?  
José Juan: De refilón, compa, de refilón, pero mire, lo he escuchao silbá y le digo que no es pa´ juego la cosa.
El Visitante: No, no, yo insisto en que eso no es más que una leyenda, amigo.
José Juan: Amm., lo mismo decía Pacheco, lo mismito decía Pacheco.
El Visitante: Bueno, y ¿quién es Pacheco?
José Juan: Uno, que peleó con el Silbón.
El Visitante: ¿Con el Silbón? ¿Y peleó, de verdad, con el Silbón?
José Juan:  Sí, pero lo dejó con una calentura que lo tulló pa´ to´a la vida. Mire, cuenta el pasaje que al Silbón le sonaban las costillas como a saco de algodón, pero lo cierto es que Pacheco no púo caminá más de la calentura que le pegó.
El Visitante: ¿Y usted, vio eso?
José Juan: Bueno, eso es lo que cuenta la gente, pero mire, si usté, no quiere cree, le voy a contá un caso que yo vi con mis propios ojos y que sucedió aquí mismo, aquí mismito, en el camino ´e Quebrá Seca.
Narrador: Era el mes de mayo, mes de espantos y de aparecidos, época de lluvia, cuando la sabana se viste de flores y el terronal se remoja: Llano en mayo, con sus noches oscuras y caminos llenos de agua. El caney estaba de fiesta, la alegría se volvía copla y la copla se hacía romance; Llano adentro, caminante sin rumbo por sabanas de Portuguesa y al compás de una bandola, desde el tranquero de un rancho, fue surgiendo esta leyenda.


C2: Toma el agua, Paso Real,

Paso Real, el pozo viene clarito
toma el agua, Paso Real, Paso Real.

Rosita: ¿Nos llevas al baile, José Juan?
Josefa: Sí, José Juan, llévanos.
Aurora: Sí, hombre. 
José Juan: Bueno, cómo no; pero se arreglan temprano que todavía hay mucho que hacé y el patio no se ha barrío.
Narrador: El día había comenzado entusiasmado y alegre, salpicado de bullangueros comentarios sobre la fiesta de joropo que daría don Encarnación en el Hato Quebrá Seca, todos parecían haberse levantado con el corazón de fiesta y el entusiasmo en los labios, al despuntar de aquel día, la sabana, los caminos, los caneyes y los ranchos fueron saturados con el rumor de la fiesta que todavía no llegaba, las muchachas visitaron tempranito el espejo del jagüey y las frases invitadoras se quedaron retozando a la orilla del camino.
José Alí: Nos vemos en el baile esta noche, catira, al comenzá el joropo.
Rosita: Bueno, si nos lleva José Juan.
José Alí: Mire compa, aclárece la garganta pa´ que le eche una entraíta al joropo esta noche, no más que reviente el arpa.
José Juan: Si hombre, compa  que por allá nos veremos. Si Dios quiere.
Narrador: Pero algo había querido decir que no, al encuentro de la cita. La tarde llegó con nubarrones de lluvia y viento fuerte que sacudía los chaparrales asustando la sabana. Los caminos fueron llenándose de agua y las aves se recogieron temprano. (Efectos especiales: se oye caer un aguacero, luego una breve pausa de silencio y después el sonido de afinación de un cuatro) Agoniza la tarde callada y llena de presagios, mientras el caporal del Hato Los Malabares rasguea las cuerdas de un cuatro, al tiempo que deja escapar la vista más allá del camino, contemplando el morir de aquella tarde, que no se había hecho anunciar, allá, por Los Malabares y se despide silenciosa en medio de charcos de agua.
Juan Hilario: Jumm.
Narrador:  Se aclara el pecho aquel hombre y José Juan reconoce en la silueta del que se acerca al pequeño Juan Hilario, hombre de los mil caminos por llegar a una parranda, Hilarión o Juan Parrandas, como todos lo llaman (se oyen ladridos de perros); los perros ladran y la noche llegó silbando.
José Juan: ¿Pa´ ónde va por´hay, Juan Hilario, con esa noche tan fea?  
Juan Hilario: Pa´ la fiesta, mi compa, pa´ la fiesta ´e  Quebrá Seca, que dicen van a está muy buena. Usté, ¿no se anima?
José Juan: Caray, con tanta agua y esa noche tan oscura, mire como está el camino: ¡anegaiíto!
Juan Hilario: No hombre, compa, el camino es lo de menos, otras veces ha llovío más y más lejos todavía he andao, a mí el agua no me asusta, pa´ eso cargo mi chamarra, anímese, compa Juan, échele los pies al barro que allá cogemos calor.
José Juan: Nooó, compita, ni que estuviera enamorao pa´ cogé pa´ un baile con ese camino tan barrialoso y lo que viene es agua, ¿sabe?, mire como está el relámpago: ¡Apuraiiíto! ¿Por qué, más bien, no se regresa pa´ la casa?
Juan Hilario:  Nooo, ñerito, ese baile no me lo pueo perdé, mire, si usté juera visto el bojote ´e  mujeres que han pasado pa´ esa fiesta, no estuviera horita parao en ese tranquero.
José Juan:  Mire que estamos en mayo, Juan Hilario, el mes del Silbón, y en una noche como esta, jmm, no es pa´ uno anda buscando lo que no se le ha perdío. Usted, ¿no ha escuchado mentá lo que le pasó a Pacheco? 
Juan Hilario: A caray, ñero ¿Va a está usté creyendo en esa pendejá? Esos son embustes; cuentos de camino. 
José Juan: ¡Jmm! ¿Cuentos de camino? Lo que pasa es que, usté, no sabe lo espantoso que es ese aparato, ñero, y lo feo que silba, mire, le digo que se le paran a uno los pelos de punta.
Juan Hilario:  A caray, compa, yo soy hombre pa´ echale cuatro palos a cualquiera, que me salga el largurucho ése, pa´ que, usted, vea la revolcá que le voy a echá.
José Juan: Mire Juan Hilario, yo mejor lo dejo solo, usté será lo que sea, pero lo que es pa´ mí, el Silbón no es juego.
Juan Hilario:  Ja, ja, ja, ja, ja ¡Qué compa pa´ vainero!¡ Y que teniéndole mieo al Silbón, no juegue! prosigue las risas de burla; ja, ja, ja.        
Narrador: Juan Hilario, burlón e incrédulo, se aleja por la oscuridad del camino, mientras José Juan, persignándose, se introduce en el rancho. La noche negra y teñida  ahoga el aullido de  los perros  (se oyen aullidos de perros y un silbido penetrante); Un raro silbido penetrador y  espeluznante comienza a dejarse oír tras los pasos de Juan Hilario (se oye un silbido penetrante),  aquél extraño silbido se repite, una y otra vez, en persecución del parrandero, pero éste  creyendo que se trata de alguna treta  de su amigo para asustarlo, continúa adelante sin hacer caso de la proximidad  del espanto (se oye un silbido penetrante).
Juan Hilario: No hombre compa, sálgase de ese mogote que lo que anda buscando es que lo pique una mapanare, ñero, váyase pa´ la casa, a mí,  no me va usté  a meté mieo (se oye un silbido penetrante). 
Narrador: Un nuevo silbido, esta vez más espeluznante y agudo, hace que Juan Hilario se detenga, un poco receloso,  para enfocar con la linterna en todas direcciones tratando de descubrir el misterio de aquellos silbidos, pero, no ve nada y continúa adelante, recuerda las advertencias de su amigo y su propia carcajada sacude el silencio de la noche.
Juan Hilario: Ja, ja, ja. 
Narrador: Pero, aquellos silbidos se repiten insistentemente (se oye un silbido penetrante) y  Juan Hilario presa de los nervios empuña   el garrote como único medio para defenderse del extraño  y misterioso perseguidor, mas no ha terminado de empuñar el garrote, cuando un golpe en la espalda lo hace rodar por el suelo, lanzando un grito de dolor se levanta con gran rapidez, y como si estuviese viendo a su atacante,  comienza a lanzar  garrotazos  al revés y al derecho,  encogiéndose de dolor a cada golpe que recibe, rueda varias veces por el suelo, pero continúa defendiéndose, hasta que agotado, ya sin fuerzas, lanza un último grito y cae desmayado frente al tranquero de Los Malabares. 
Juan Hilario:  “Haaaaaa” (Se oye un silbido y luego aullidos de perros).
Peón: Hey, muchachos es Juan Hilario, corran, vengan pronto que es Juan Hilario, es Juan Hilario.
Narrador: José Juan y el resto de los que han oído el grito salen corriendo hasta el tranquero y al ver a Juan Hilario tendido en el suelo se apresuran a prestarle auxilio (se oye un silbido penetrante) pero, un nuevo silbido se deja escuchar casi encima de ellos y es entonces cuando comprenden lo que sucede, inmediatamente comienzan a proferir una serie de palabras al aire con las que pretenden ahuyentar al espanto. 
Peón: Cuje, Tureco, es el Silbón, ¡La tapara de ají y el mandador! ¡La tapara de ají y el mandador!, es el Silbón, cuje, cuje, Tureco cuje, cuje. 
Narrador: Aquellas palabras inundan todo el ambiente y una espantosa sombra con la figura de un hombre ensombrerado y extraordinariamente alto, pasa como un celaje, perdiéndose ante el asombro de todos (se oye un silbido penetrante), el patio ha quedado en silencio y Juan Hilario, volviéndose a la realidad, cuenta lo que le ha sucedido. Unos músicos que regresan del baile de Quebrá Seca y que pasan en aquel preciso momento por el lugar, son testigos de la confesión de Juan Hilario. 
Juan Hilario:  ¡Ay, compañero! Ya me mataba ese animal, mire usté, compa José, ¡cómo me ha dejao! no me deje solo, no me deje solo, que me está esperando en el camino, ¡Ay, que animal más horrible!  ¡Ay, compa!, no me deje solo, que me está esperando en el camino.
José Juan: Se lo dije, compa, se lo dije, compa Hilario, se lo dije, eso le pasó por porfiao, por porfiao. 
Juan Hilario: ¡Ay, compa!, si, usted, juera visto lo feo que es ese aparato, ¡Sí!  Si lo juera visto, no vuelvo, ñero, palabrita ´e  Juan Hilario que no vuelvo a baile de noche, palabrita.
Narrador: José Juan y sus amigos, después de oírle en silencio, lo ayudaron a levantarse para que pasara aquella noche en el rancho de Los Malabares. Días después, el corrido de Juan Hilario andaba de boca en boca, entre músicos y cantadores.

C1: Víspera de un tres de mayo
como a las seis de la tarde,
fueron grandes tempestades
y relámpago en el aire,
fueron grandes tempestades
y relámpago en el aire.
No vayas para la fiesta
te dijeron, Juan Hilario,
que en tierras de Portuguesa
va un espanto desandando,   
que en tierras de Portuguesa
va un espanto desandando.   

El Visitante:     ¿Y usted, vio todo eso?
Juan José: Sí, compa, que yo era el caporal de Los Malabares y no es que yo quiera hacé la cosa más grande, y si, usted, quiere, pregúntele a la gente del hato pa´ que vea que le dicen lo mismito que le acabo de contar.
Narrador: Caray, nunca creí que fueran ciertas todas esas cosas que se decían en el Llano.
José Juan: ¿Todavía no me cree?
El Visitante: No, ahora sí le creo. ¿Sabe cómo se llama eso?
José Juan: ¿Qué?
El Visitante: Eso que, usted, me acaba de contar.
José Juan: Pues, “Pasaje”, lo llamamos por aquí.
El Visitante: No, eso se llama folklore, y folklore es el alma misma del pueblo, sus creencias, su sentir, sus costumbres.
José Juan: ¡Ha! pues,  por aquí hay mucho de eso, por donde quiera que usté camine se encuentra con corríos y  con pasajes nacidos de aquí mismo, en esta misma tierra; en el camino, en la laguna, en el caño, ´onde quiera que usté arrime las huellas, ahí encuentra un peacito de eso, que como usté dice, es el alma de los que vivimos por acá. 
El Visitante: Esta tierra es maravillosa. 
José Juan: ¿Ya se va?
El Visitante: Sí, sí, sí. 
José Juan: ¿Pa´ la fiesta? 
El Visitante: No, no, no, voy a escribir sobre el folklore de Portuguesa.      

C1: Esto era lo que contaban
del Silbón y la parranda
una noche se encontraron
Hilarión y el Desanda,
una noche se encontraron
Hilarión y el Desanda.
Víspera de un tres de mayo
como a las seis de la tarde,
fueron grandes tempestades
y relámpago en el aire,
fueron grandes tempestades
y relámpago en el aire
No vayas para la fiesta,
te dijeron Juan Hilario,
que en tierras de Portuguesa
va un espanto desandando,   
que en tierras de Portuguesa
va un espanto desandando.

D: Esto era lo que contaban
del Silbón y las parrandas
una noche se encontraron
Hilarión y el Desandas.
No vayas para la fiesta,
te dijeron Juan Hilario,
que en tierras de Portuguesa
va un espanto desandando.

C1: El que vaya de parranda
que se vaya preparando
que si la noche lo agarra
el Silbón lo ´tá esperando,
que si la noche lo agarra
el Silbón lo ´tá esperando.

D: Y por todos los caminos de Portuguesa
se comentaban el corrío y la leyenda.
Narrador: Ha sido una obra escrita, producida  y dirigida por el escritor, poeta y compositor portugueseño Dámaso Delgado y realizada por un grupo de músicos y actores de Portuguesa, Guárico y Apure, con la participación especial de “el Tricolor de Venezuela”; Víctor Morillo y quien les habla Alfredo Acuña Zapata. ¡Buenos Días Venezuela!


Texto tomado de: ANÁLISIS DE FIGURAS ESPECTRALES EN EL CORRÍO Y LEYENDAS DEL   CANTO LLANERO TRADICIONAL de Isaías Medina López, Duglas Moreno y Carlos Muñoz (Trabajo de Investigación aprobado en la UNELLEZ-VIPI)


Disfrute del sonido original de esta leyenda en: https://www.youtube.com/watch?v=3hLE-7faJbs