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viernes, 10 de marzo de 2017

La Virgen del Socorro aparecida de La Guamita (Argenis Agüero)

 Fachada del templo donde descansa en Tinaquillo, Cojedes- Archivo de Argenis Agüero 

Argenis Agüero

Los santos aparecidos. En el contexto de la religiosidad popular venezolana existe la figura de los “santos aparecidos”, representaciones iconográficas de algún santo que, según la creencia popular se le ha “aparecido” a algún devoto o creyente, aparición que puede manifestarse en una pequeña roca, un trozo de madera, u otro material (nácar, hueso), pasando entonces ese devoto  a ser propietario de dicha imagen, convirtiéndose así en un privilegiado en su comunidad, ya que se vuelve una especie de sacerdote no oficial. Este tipo de manifestaciones religiosas tuvo gran auge durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX,  época en la que muchas comunidades crearon sus propias anclas religiosas al margen de la institucionalidad clerical, pero dentro de la base teológica del catolicismo.
Usualmente, en la devocionalidad en torno a los “santos aparecidos”, se les rinde culto mediante la realización de velorios, una especie de festividad realizada entre rezos y cantos de alabanzas, acompañada de comidas y bebidas, especialmente las alcohólicas. Estos velorios duraban toda la noche y eran de carácter itinerante, llevándose a cabo según la solicitud previa de algún promesante que quería pagar al santo los favores recibidos.
La Virgen del Socorro aparecida de La Guamita: su origen. “La Virgen del Socorro aparecida de La Guamita” es una pequeña pieza (de nácar o marfil) que tiene grabada la imagen de la Virgen del Socorro, y se ha dicho por tradición oral que la misma fue encontrada por una señora, casual y “milagrosamente”, en un lugar denominado “el pozo de las garrapatas”, ubicado en la “Quebrada de La Guamita”, también conocida como “Quebrada de Guabinas”, cercana al caserío de La Guamita, al suroeste de Tinaquillo. Se desconoce exactamente cuando ocurrió el hecho y el nombre de la señora que la encontró, pero tuvo que ser antes de 1829, pues el 14 de septiembre de ese año dos habitantes de La Guamita, Antonio Hidalgo y Gervasio Veloz, asentaron en un documento en el Registro Subalterno de Tinaquillo su ofrecimiento de entregar una novilla a la Virgen del Socorro, en pago de un favor recibido. Esta viene a ser la referencia documental más antigua de esa imagen.
La Virgen y el gobierno de Guzmán Blanco. No se tienen otras referencias de la Virgen aparecida hasta 1879, cuando en abril de dicho año se suscitaron unos hechos que quedaron asentados en los libros de protocoles del Registro Principal de la ciudad de San Carlos. El propietario de “La Virgen del Socorro aparecida de La Guamita” era un labriego analfabeta cuyo nombre era Eugenio Mireles, el cual al parecer que tenía sentimientos políticos adversos al régimen político que dominaba al país en esa época, cuya máxima figura era el General Antonio Guzmán Blanco, conocido historiográficamente como el “autócrata civilizador”, y fue el mandatario que persiguió a la Iglesia en Venezuela y hasta expulsó al Arzobispo de Caracas.

 Detalle  de la imagen aparecida (archivo de Argenis Agüero)

Mireles no ocultaba su posición antiguzmancista y lo manifestaba públicamente, especialmente en los concurridos velorios que le realizaban a la Virgen de su propiedad, razón por la que fue denunciado a las autoridades, originándose la correspondiente intervención del Jefe Civil y Militar del Departamento Falcón, Sr. Guillermo Tovar, quien calificó a Mireles como “enemigo notorio de la Revolución Reivindicadora y su digno jefe, el General Antonio Guzmán Blanco”.  Tovar acusó a Eugenio Mireles de valerse de la fe de los habitantes para “hacerle daño a la voluntad popular” haciendo proselitismo político en contra del gobierno; seguidamente Tovar, apoyado en el Juez del Departamento Falcón, Sr. Jesús María Muñoz, le prohibió a Mireles seguir llevando a cabo sus actividades religiosas con la Virgen, para ello el Jefe Civil usó la figura jurídica de “Delito de estafa y sacrilegio”, afirmando que el dueño de la imagen hacia comercio con esta. Pero Mireles no se amilanó y continuó realizando los velorios a la Virgen, razón por la que las autoridades actuaron en su contra y el 12 de abril de 1879, a las 11 de la noche, el Jefe Civil se presentó en la casa del señor Manuel Torrealba (donde se efectuaba un velorio) acompañado de los policías Antonio Gudiño, Domingo Piñero y León Herrera, además de otras 28 personas que usó como testigos. Allí se practicó el procedimiento legal contra Eugenio Mireles y se le decomisó la imagen de la Virgen, mientras que el dueño de la misma fue conducido prisionero a la cárcel de Tinaquillo; la imagen fue entregada en custodia al Presbítero Gaspar Yánez, el mismo sacerdote que prestó los últimos auxilios espirituales al General Matías Salazar antes de ser fusilado en Tinaquillo, siete años antes y gestionó la fábrica del nuevo templo de Tinaquillo.
Mireles designó como su defensor a Bonifacio Franco, quien hizo una solicitud de amparo ante el Tribunal en procura de su libertad y pidió la devolución de la Virgen. Dicha solicitud fue presentada el 22 de mayo ante el Tribunal de Primera Instancia en lo Criminal, en San Carlos, el cual emitió un fallo en contra de Mireles el 27 de junio, por esa razón Mireles apeló a la Corte Superior del Estado, a cargo de Carlos Marvez. Este tribunal acogió la solicitud del imputado y el 14 de julio de ese mismo año ordenó al Juzgado Departamental de Tinaquillo que le fuese devuelta la imagen de “La Virgen del Socorro aparecida” a su legítimo dueño, Eugenio Mireles, lo cual se cumplió el 22 de julio, y ordenó su libertad.
Pudiera pensarse que lo ocurrido en este caso fue un verdadero milagro, ya que ese humilde guamitero analfabeta se enfrentó al poder omnímodo del General Antonio Guzmán Blanco, dueño y señor del poder en Venezuela desde 1870 hasta 1892, quien además fue el caudillo que hostigó a la iglesia católica venezolana en esa época, cerrando conventos y centros religiosos, llegando al extremo de expulsar al Arzobispo de Caracas, máximo jefe de la iglesia católica en el país, sin embargo el labriego Eugenio Mireles, dueño de “La Virgen del Socorro aparecida” lo enfrentó, salió en libertad y continuó cumpliendo sus actividades religiosas.
La pelea por la posesión de la imagen. El 5 de mayo de 1910 Simeón Mireles demandó ante las autoridades a Juan Sandalio Mireles (su primo) reclamando la posesión de “La Virgen del Socorro aparecida de La Guamita”, sin embargo luego de un Litis el Tribunal Departamental este le concedió dicha posesión al demandado.
Un año después, en 1911, “La Virgen del Socorro aparecida” vuelve a ser noticia en Tribunales, al producirse un hecho violento el 8 de octubre de ese año, causado por la lucha por la posesión de la misma, en ello se vieron envueltos nuevamente Juan Sandalio Mireles y Simeón Mireles.
El 9 de octubre el Comisario Mayor del caserío “Guamita Abajo”, Sr.  Martín Casadiego, denunció ante la Jefatura Civil de Tinaquillo que Juan Sandalio y Simeón Mireles habían reñido en el camino real que desde el vecindario “La Aguadita” conducía hacia el caserío “Guamita Abajo”, resultando herido Simeón, poniendo entonces a disposición de esa Jefatura a ambos implicados y las armas que portaban en esa riña: “un chopo y sus municiones, un cuchillo cacha blanca, un machete rozador y una peinilla en su funda”. Inmediatamente fueron citados a declarar los testigos Santana Moreno, Rafael Moreno y Miguel Castillo, quienes por vivir cerca del lugar presenciaron el pleito. Al ofrecer su testimonio Santana Moreno afirmó:
“Yo venía en compañía de Juan Sandalio Mireles, con la Virgen del Socorro, de La Aguadita, de casa de Luis Barrios, donde estaban velando la imagen; al llegar al alto de Franco moreno, como a las diez de la mañana, Simeón Mireles que estaba emboscado nos salió de golpe y le dijo a Juan Sandalio: ni Cristo pasó de la cruz ni Ud. pasa de aquí sin entregarme la Virgen, y le disparó un tiro, tan cerca que Juan Sandalio pudo librarse apartando el chopo con la peinilla, entonces Simeón botó a un lado el chopo y se le fue adentro con un machete en la mano: Yo salí corriendo a dejar la Virgen y a darle aviso a la autoridad: Salí en compañía de esta a capturar a Simeón y lo alcanzamos en Guabinita, donde se entregó”.

 Detalle  de la imagen aparecida (archivo de Argenis Agüero)

En la declaración de Juan Sandalio Mireles ante el Tribunal este expuso:
“Para mí no hay más motivo que la resolución de este mismo Tribunal anteriormente, en la cual se me nombraba representante celoso de la Virgen del Socorro aparecida, perteneciente a la sucesión Mireles, nietos de Felipa Veloz. Simeón hace tiempo viene bravo conmigo por estar la Virgen en mi poder”.
Pasado el sumario al Juez de Primera Instancia en lo Criminal (San Carlos) este confirmó la detención de los indiciados y ordenó el depósito de la Virgen. Ambos fueron trasladados de Tinaquillo a San Carlos, en calidad de prisioneros, por el Capitán Rosendo Díaz.
El Fiscal consignó cargos contra Simeón Mireles por el delito de homicidio frustrado y el Tribunal de Primera Instancia lo condenó a 8 años y 8 meses de prisión; este apeló a la Corte Superior del Estado quien lo absolvió, sin embargo el Fiscal elevó el caso a la Corte Suprema del Estado Cojedes y esta ratificó la sentencia de 8 años y 8 meses para Simeón. Juan Sandalio no fue acusado. Se desconoce si Simeón Mireles cumplió dicha condena.
La compra-venta de la imagen. En 1931 la controversial imagen de la “Virgen del Socorro aparecida de La Guamita” fue vendida por la sucesión Mireles al señor Santiago Díaz (casado con Hermógenes Mireles, una de las condueñas) por la cuantiosa suma de un mil cuatrocientos veintidós bolívares con veinticinco céntimos (Bs 1.422,25). La compra se efectuó fraccionada en virtud a que se trataba de muchos condueños, los cuales se presentaron en tres grupos para ejecutar la consabida transacción mercantil. Por un lado, el 15 de mayo lo hicieron Juan Aular Mireles, Julia Aular Mireles, Tiburcio Mireles, Sixta Mireles y Ana de Jesús Mireles, quienes en el documento de venta declaran:
“Hemos dado en venta pura, perfecta e irrevocable al Sr Santiago Díaz (…) todos los derechos y acciones en una imagen conocida como la Virgen del Socorro aparecida de La Guamita, con todos sus accesorios y un local o capilla destinado para rendirle culto, edificado en el lugar denominado Guamita Abajo, en terrenos pertenecientes al Sr Julio Villegas. La venta la hemos celebrado por la cantidad de cuatrocientos (400) bolívares. Los derechos que vendemos nos pertenecen del modo siguiente: a Juan Aular Mireles y Julia Aular Mireles por herencia de su legitima madre Ramona Mireles; y a Sixta Mireles, Tiburcio Mireles y Ana de Jesús Mireles por herencia de su legítimo padre Luis Mireles”-
Luego en otro documento del 20 de mayo, María de Lourdes Aular, José Isaac Aular, Pablo José Aular y Otilio Aular declaran:
“Cedemos en venta pura, perfecta e irrevocable al Sr Santiago Díaz todos los derechos y acciones que nos pertenecen en una imagen denominada la Virgen del Socorro aparecida de La Guamita (…) hemos celebrado esta venta por la cantidad de 222 Bs con 25 céntimos. Los derechos vendidos nos pertenecen de este modo: a María de Lourdes Aular por herencia de su madre Quintina Aular Mireles; de José Isaac Aular por herencia de su madre Matía Aular Mireles; y a Otilio Aular por herencia de su madre Josefa Aular Mireles”.
Por último aparece registrada la venta realizada por José Antonio Hurtado como representante de sus menores hijos José y Blanca, e igualmente lo hacen Manuel Pérez y José Silvano Pérez. Hurtado vendió los derechos de sus hijos quienes los heredaron de su madre Bárbara Mireles de Hurtado (su esposa ya fallecida), mientras que los Pérez lo hacen por herencia de Aureliana Sandoval de Pérez, esposa de Manuel y madre de Silvano. La venta la realizaron por la suma de ochocientos (800) bolívares, lo que sumado al resto de las otras ventas da un total de 1.422,25 bolívares.
Años después la Virgen quedó en posesión de la señora María Díaz Mireles de Mercado, hija de Santiago Díaz y Hermógenes Mireles; María era la esposa del Sr Tomás Mercado (ex gobernador de Cojedes); finalmente los esposos Mercado Díaz la entregaron a la parroquia Nuestra Señora del Socorro el 9 de febrero de 1957, lo cual se hizo con toda solemnidad, tal como lo reseña el libro de gobierno N° 4 de la parroquia Nuestra Señora del Socorro:
“El día nueve de febrero de 1957 fue trasladada al templo parroquial la sagrada reliquia de Nuestra Señora del Socorro Aparecida. Dicha diminuta imagen representa Nuestra Señora del Socorro de Valencia. Fue autorizado su culto por Monseñor  Salvador Montes de Oca, pero desde muchos años atrás había estado en posesión de la familia Mercado de esta población. A las 10:30 am trasladose pues el párroco a dicha casa acompañado por gran cantidad de pueblo y por los alumnos del grupo escolar José Antonio Anzoátegui. Hicieron finalmente acto de presencia los alumnos del colegio Agustiniano Monseñor López Aveledo y las muy Rvdas. H H Agustinas. Llegados todos a la iglesia fue incensada la sagrada imagen mientras se cantaba una Salve, permaneciendo luego expuesta a la veneración de los fieles”.
Una semana después, el 18 de febrero, le fue mandado a hacer un relicario a dicha imagen, a un costo de Bs 250, que es el mismo en el que se encuentra actualmente.
La imagen permaneció expuesta al público durante mucho tiempo, sin embargo el 18 de julio de 1981 la reliquia fue robada del templo, pero afortunadamente una semana más tarde esta fue entregada al sacerdote de la parroquia Tocuyito, Pbro. Iván Mestre, quien la hizo llegar a Tinaquillo a través de la joven Tita Parra, integrante del grupo juvenil de Tinaquillo; desde entonces la imagen permanece en resguardo y es exhibida en actos litúrgicos tales como la celebración de su festividad. 
Nota: En el pleito de 1911 Juan Sandalio Mireles alega, como razón de peso, el hecho de ser nieto de Felipa Veloz, lo cual motiva el surgir de una interrogante: ¿Sería esta señora Veloz la persona que encontró la imagen de la Virgen en el denominado pozo de las garrapatas?

Argenis Agüero, nació en Tinaquillo, Cojedes, en 1954. Antropólogo y Magister en Historia de la Universidad  Central de Venezuela. Tiene numerosos artículos publicados de Historia Regional en distintas publicaciones especializadas. Su primer libro "Rasgos Biográficos del Coronel Fernando Figueredo", data de 1992.

Sobre este tema puede consultar en: “Estado actual y diferencias de la tradición oral-religiosa de velorios de santos aparecidos en los municipios San Carlos y Girardot del estado Cojedes” (Julio César Arenas Bravo /tutor: Isaías Medina López) http://letrasllaneras.blogspot.com/2012/07/estado-actual-y-diferencias-de-la.html

domingo, 27 de mayo de 2012

FANTASMAS (Y) MUJERES. CUENTOS DE SAMUEL OMAR SÁNCHEZ

La hermosa y temida "Sayona" es la fantasma más afamada del Llanp
(archivo del IACEB)

Los cuentos de fantasmas dan esencia a la cultura llanera
(archivo de Prensa -VIPI) 



CUANDO LA LLORONA ASUSTÓ 
A DON BENITO ANTONIO ESPINOSA
Me aclaro la garganta y me persigno para contar esta historia que es la purísima verdad y los santos me iluminen.
Corría el año de 1.972, en la ciudad de San Carlos, ya florecían las calles asfaltadas que le daban belleza a esas casas coloniales testimonios de nuestra Independencia y el aporte de nuestros héroes cojedeños a esa gloriosas lucha por la libertad de Venezuela.
Para mayo, cuentan las personas mayores, que es mes de las flores, pero también de esas apariciones de los caminantes fantasmales de la noche, se les ve recorrer las inmensidades de los Llanos, de los estados, los pueblos y caseríos, asombrando a esas personas que se atreven a salir por esos caminos.
Don Benito Antonio Espinosa, una persona trabajadora, y con mucho esfuerzos y sacrificios levantó una familia, le disfrutaba divertirse con sus amigos, jugando unas partidas de dominó o de bolas criollas, al compás de una canción llanera.
Para un lunes, por cierto; día de las Animas del Purgatorio, Don Benito, se llevó a su hijo Juan Espinosa, este tendría como 7 años de edad, lo acompañó al recordado Club Familiar “Mutuo Auxilio”, ubicado en la calle Sucre, se encontró con su amigo y compadre Ángel Izaguirre conocido con el apodo de “Pollo Maneao”, esa noche jugaron y ganaron varias partidas de dominó y de bolas criollas, Juancito, aprovechó para comer sandwid de jamón y queso amarillo hasta más no poder y refresco.
Son casi las 2 de la mañana, cuando deciden abandonar dicho sitio, Don Benito junto con Juancito, deciden acompañar a su amigo “Pollo Maneao”, hasta su casa, se vienen caminando poco a poco por la calle Sucre, echando cuentos, lo dejan en su casa ubicada en la Av. Ricaurte diagonal a la escuela Básica “Carlos Vilorio”, está más prendido que lámpara de carburo, padre e hijo llegan a la esquina de la calle Democracia, desde ahí son tres cuadras que tienen que caminar hasta la calle Figueredo, donde está su hogar en el sector “El Chuchango”. En ese momento oyen en la lejanía el llanto de una mujer, que la brisa lo trae ¡ummm! En un espabilar de ojos, el llanto estaba más fuerte, los perros ladran asustados y mire ¡Camarita! Se les ve corriendo por esas calles desoladas, dice Juancito ¡Papá! Y ese llanto que es; Don Benito, fruñe las cejas y responde; -hijo no se asuste, eso es el llanto de la Llorona-. Al oír eso ¡ummm! se eriza todo, al verlo así exclamó -!Virgen del Carmen, protégenos de esta aparición!-.  Reza un Padre Nuestro y un Ave María, le dice: -“agárrame bien las manos, no mire para atrás y camine rápido”- En ese momento la luna se asusta y en veloz estampida se va a ocultar en unas nubes, dan varios pasos y oyen el grito del llamado pájaro de mal agüero el "Chupa Hueso”, ahí sienten el celaje de algo que les pasa por un lado y oyen el llanto, Don Benito ahora sí está asustado, siguen caminando rápido y el grito detrás de ellos, nadie se veía por esa calle, Juan, le comenta a su papá: -“Qué raro; tenemos caminando un buen rato y no hemos avanzado nada, parece que la casa quedara a varios kilómetros”-. Los pasos no le rendían a Don Benito, le dice: -“no vea para los lados y siga caminando” seguían escuchando el llanto y están los dos realmente asustados, al fin llegan a la casa Don Benito, no encontraba las llaves y vuelve a pasar el celaje, acompañado con el llanto de la Llorona, tocan la puerta de madera y le abre Doña Ángela María de las Mercedes conocida partera de la ciudad y todos le decían “Mamá Ángela”, la abuela de Juan y dice viejo: “-¿Qué estás haciendo de madrugada por esas calles y con el nieto, no ves que por ahí anda suelta la Llorona?”-. Le responde Don Benito: -“Sí, vieja, nosotros la oímos y nos viene carrereando, desde la esquina de la escuela Carlos Vilorio”-. Doña Ángela, dice: -“Viejo, estamos en el mes de mayo y ahí aprovechan para asustar, tengo rato rezando la oración de La Magnífica para que se aleje"-…y así fue.
Al día siguiente Don Benito le dice a su compadre “Pollo Maneao”, que la Llorona los había asustado y a pie;  más nunca lo acompañaron. 
Cuento de Samuel Omar Sánchez Terán, basado en el relato oral de Juan Espinosa.
San Carlos, 25 de abril de 2011.

LA COSTURERA
Es un relato oral de los tantos de la población de El Baúl, del estado Cojedes, bello pueblo con aires de Llano, para esa época había casas de bahareque y las imponentes casas de altos, sus calles de tierra, sus habitantes vivían en sana armonía.
A una cuadra de la calle principal, en una casa con frondosas matas de mangos y un lindo jardín, vive la señora Josefina Cruces, de oficio costurera, así se gana la vida nunca le faltaba trabajo, se le ve sentada frente a su vieja máquina de pedal conocida como la “Negrita” de marca Singer; se ganó el respeto de la población. Era su costumbre coser de lunes a lunes, en horas de la noche, tarde se quedaba, la gente decía que ella sabía todo lo que sucedía en dicha población.
Cosía cerca de la ventana, la cual tenía abierta; cuando escuchaba algo en la calle, se levantaba para asomarse a ver,  ya que desde ahí tiene una gran visión de todo ese sector. Sus amigas decían: -“Josefina, deja de estar pendiente de los demás, cuidado te asustan por estar de averiguadora”. Ella, se reía diciendo: -“Lo hago de noche porque en el día estoy ocupada en los quehacer del hogar, además me gusta tener la ventana abierta para que entre buena brisa”.
Sucedió que Josefina, pasó todo el día en diligencias. A las 7 de la noche, se sentó a coser, tenía que entregar varios encargos en la mañana, está abierta la ventana, prepara un poco de café porque había algo de frío, varias veces se levantó para mirar, son las 11.30, se asoma porque creyó escuchar gritos lo ve solitario, se extrañó. Vuelve a meterse de lleno a su costura, de repente siente que un pequeño silbido en su oreja estremece todo su cuerpo, en ese instante alguien toca la ventana diciendo: -“Buenas noches señora”- . Le responde: -“Sí, señor, ¿qué se le ofrece a estas horas?”-. El hombre contesta: -“Me la recomendaron; mañana voy a viajar a Carúpano, traje 4 pantalones para que les arregle el ruedo". Ella, se levanta sin ninguna malicia y ve al señor que tiene como 60 años de edad, de piel blanca, lo notó algo delgado y le dice: - “Está bien, pero tengo varios encargos que entregar en la mañana”. El anciano responde: -“No se preocupe, señora, le pago el doble, pero por favor téngalos listo a primera hora”. La mujer dice: -“Está bien démelos por la ventana porque no abriré la puerta”-. El visitante le insiste: -“No se preocupe y le pasa una bolsa de color negro, lo agarra en sus manos y se le cae al suelo levanta la mirada para ver el señor no está, revisa el paquete y para sorpresa en vez de pantalones, contenía unos huesos, pega un grito de asombro, lo agarra y lo lanza por la ventana, cerrándola de inmediato.
De ahí en adelante la señora Josefina, dejo de coser de noche y menos de estar pendiente de la vida ajena de los demás.
Testimonio oral de Nancy Yasdey Cisnero.

LA APARICIÓN EN “EL CHUCHANGO”
Esto es uno de los relatos tradicionales del barrio “El Chuchango”, ubicado en San Carlos Estado Cojedes. Sucedió para el año de 1955, donde aun se respiraba el aire de campo en las barriadas cojedeñas, sus calles de tierras con sus polvaredas en verano y en invierno barrial, los escasos alumbrados, dio a que muchas personas fueran asombradas por esos caminantes nocturnos de las noches.
Don Domingo Garcia, hombre venido de El Baúl, llegó al sector “La Morena”, a una casa ubicada en la calle Federación, entre las esquinas de la Alegría y Madariaga, le gustaba mucho jugar barajas en especial las caídas y el tute. Muchas veces iba a una casa cercana donde vivía la señora Teresa Sánchez y se pasaban horas jugando con otros vecinos.
Les gustaba salir a visitar unos amigos por los lados del Cerro San Juan y sobre todo por donde quedaba el recordado negocio “El Pilón de Juan Bimba” de Marcos Vilera. Una noche, del día miércoles de un mes de abril, salió de su casa como a las 8 en punto, se puso un pantalón de color blanco y una camisa color kaki, unas alpargatas de suela se dirige hacia el sector del Cerro San Juan, al llegar se ponen a jugar unas partidas de barajas en especial de caídas, se entretienen con unos deliciosos jugos de piña, están unas vecinas animando, porque Don Domingo junto a otros compañeros le han puesto varios zapatos al otro equipo, cuando se despiden es la una de la mañana, le dicen: -“Domingo, ten cuidado recuerda que a estas horas sale una mujer que espanta”. Les responde -“Tranquilo; aquí va un llanero con guáramo”. Se ríe y se viene hacia al sector “La Morena”, nota que los perros están ladrando asustados, un viento helado viene bajando desde el cerro, cuando está llegando cerca de la iglesia Santo Domingo, ve una mujer que no sabe de donde salió, la ve vestida con una bata totalmente blanca, un pelo negro que le brilla en la claridad de la noche, siente un escalofrío no le para y sigue su caminata en toda la esquina de la Iglesia esta desaparece, ahí él se pone nervioso se persigna, reza un Padre Nuestro, apura el paso en la cuadra siguiente siente unos pasos detrás,  voltea y ve que es la mujer,  pero ahora esta envuelta en una negrura, él casi se desmaya del susto, se acuerda que dentro del pantalón lleva un caja de chimó, lo saca y toma una pella, como puede camina más rápido siente la brisa de la mujer que lo lleva coleado..., siente que le falta la respiración ya está a media cuadra de su casa, como puede pega una carrera, una fuerte brisa se convierte en ventarrón trata de envolverlo. Ya frente de su hogar como puede abre la puerta y cerca está la imagen de la Virgen del Carmen la abraza y le pide que le aleje esa aparición, en ese momento la mujer pega un grito aterrador que la sangre se la heló del miedo y por obra de Dios, la mujer se fue, como pudo cierra la puerta y se fue acostar del susto lo hizo con todo y ropa.
A la mañana siguiente se supo como a Don Domingo Garcia, por andar jugando cartas en el Barrio San Juan, la Llorona lo asustó.
Cuento  de Samuel Omar Sánchez Terán, basado en el relato oral de mi padre Samuel Elías Sánchez.
San Carlos,  13 de abril de 2011.

LA APARICIÓN EN EL BARRIO PAN DE HORNO
Este relato es uno de los tantos de la tradición oral del barrio Pan de Horno, situado en San Carlos, estado Cojedes. Pan de Horno como es conocido este sector, hace muchos años ahí funcionó el viejo cementerio, quizás por eso está lleno de una aureola de misterios y muchos aparecidos que a más de uno, mire compa, los han asombrado.
Este testimonio es la purita verdad, sucedió que para el año de 1989. Luis Alfredo López, es del caserío El Potrero, pero está viviendo en el sector Pan de Horno, en casa de su tía Teléfora López, para un 30 de diciembre había un espectáculo de música en frente de la Plaza Miranda; son casi las 2 de la mañana Alfredo, decide venirse y cuando va llegando a la casa donde viven actualmente la familia Fazzi; anteriormente ahí estaba una enorme mata de mango era tan grande que casi tapaba la calle, la noche está como asustadiza el aire se empieza a sentir pesado otro detalle no se ve un alma en la calle a pesar de que es diciembre, cuando empieza a sentir unos pasos detrás de él; voltea por curiosidad para ver quien lo sigue y vaya sorpresa distingue la figura de una bella mujer que anda totalmente vestida de blanco, tiene el pelo negro y largo que le llega casi a las caderas que la hace ver misteriosa; Alfredo, se pone remolón y apura el paso y viéndola que cada vez la tiene más cerca al llegar al frente de la casa de la señora Ana García, existe un callejón y cerca la casa de su tía, ahí la mujer está a su lado al sentirla voltea viéndole el rostro totalmente desfigurado y nota que de la boca le brotan dos colmillos muy feos este pega un grito de miedo... que retumbó en la soledad de ese sector y la mujer se esfumó, como puede corre hasta llegar a su casa, no encuentra las llaves y toca la puerta como un desesperado, su tía lo oye que está gritando abre la puerta al hacerlo lo ve pálido, sudando, este quiere hablarle pero no puede;  esta casi ahogado porque le falta el aire, se tiró al suelo enteramente asombrado, casi desmayado, su pulso y corazón laten aceleradamente, su tía se asusta y trata de preguntarle ¿Qué te pasó, muchacho? No le puede responder, ella va rápidamente a su cuarto y trae una botella que contiene agua bendita, le da a beber un poco, ahí este empieza a decir palabras incoherentes, asustado de verdad. Su tía enciende una vela de La Candelaria y le reza unas oraciones. Alfredo, se empieza a recuperar y llorando le cuenta que una mujer de cuerpo bello se le apareció y de golpe su rostro se le transfiguró de una manera horrible y se esfumó en su presencia.
Así se supo como a Luis Alfredo López, tuvo una aparición en el Barrio Pan de Horno, lo más increíble es que esto sucedió un 30 de diciembre del año 1989 y el 4 de enero del año 1990, viniendo con un amigo de la ciudad de Acarigua, falleció en un trágico accidente vial.
Cuento de Samuel Omar Sánchez Terán, basado en el relato oral de Freddy García. San Carlos, 13 de julio de 2011.

LOS PASOS DEL MÁS ALLÁ
Este relato es de la tradición oral de San Carlos. A la comunidad de “Los Malabares”, llegó, hace tantos años que ya no me recuerdo,  una señora matrona que venía de Arismendi, con un cargamento de sueños y de ilusiones de echar para adelante, mujer trabajadora, de unos 45 años de edad, piel blanca y contextura mediana: Doña Nicolasa Martínez conocida como Doña Nico, compró una casa en dicho sector, junto a sus hijas.
Era muy servicial con sus vecinos, empezó por hacer unos ricos dulces para la venta, ni hablar de los famosos pan de horno que elaboraba artesanalmente en su hogar para eso habían hecho un horno de barro en el patio, temprano se agotaban. Igualmente cocinaba para los ángeles; por cierto su nieta Nancy, heredó de ella su sinceridad y amistad al igual que cocina para chuparse los dedos.
Otra faceta de Doña Nico era que tejía unos chinchorros de primera;  lo aprendió de sus abuelos en Arismendi, así le entraba un dinero extra, Se le recuerda en el fondo del patio en su labor de tejer, muchas noches se quedaba haciéndolo, sus hijas le decían, que no trabajara tan tarde porque era malo, ella respondía: -“Tranquila hija, soy una mujer del Llano, además de noche trabajo mejor, así paso el tiempo”.
Una noche, estando tejiendo,  eran como las 11, siente unos pasos cerca, se dijo: -“¿Será una de mis hijas? A lo mejor que se levantó a tomar agua". No reparó en esto y siguió en su labor, pero  volvió a percibir los pasos, pero ahora la acompañó un frío que la heló por unos momentos, la noche se puso asustadiza que hasta la luna se perdió, se extraño y en un parpadear de ojos, de pronto ve la sombra de una persona pasar cerca de ella, se asustó porque no era de la casa, esta sombra se dirigió por un topochal que tenía en el fondo del patio, de golpe una ráfaga de viento le tumbó el chinchorro. Ahora si Doña Nicolasa, tenía miedo y en un dos por tres recogió todo y se metió a la casa.
En la mañana le cuenta a sus hijas lo que le pasó la noche anterior, desde ahí en adelante ya no tejía tarde de la noche. Así se supo como a Doña Nicolasa Martínez, unos pasos en el fondo de la casa la asombraron.

Cuento  de Samuel Omar Sánchez Terán, basado en el relato oral de Francisca Ávila; conocida como Doña Pancha. San Carlos, 16 – 09 – 2011.