miércoles, 17 de octubre de 2012

LA LLANURA, EL VERSO Y YO (poesía llanera de Víctor Manuel Gutiérrez)

Imagen en el atchivo del poeta Miguel Márquez




ADIÓS BONGUERO DEL VERSO
*Poema Premiado en el Festival Internacional
de Cultura Llanera “El Silbón de Oro”

Bajo el ancho azul del cielo
entre celedonia y malva,
yo vi cruzar con el alba 
una manada de anhelos,
y vi volar con recelos
una solitaria garza, 
que parecía una hogaza 
de pan cayendo del cielo.

Pude presenciar los celos
de la estela y su burbuja, 
cuando la brisa repuja
el remanso y el desvelo,
la tarde trae un consuelo
a la noche que se embruja,
del “Maruja,uja, uja”
que se le cayó al bonguero.

Arauca lindo y cerrero
tú que como yo lo viste,
dime si también supiste
de su fama de coplero,
si sabes que fue bonguero
y el eco de su guarura,
atravesó esas llanuras
de Apurito a Capotero.

Dime, río compañero
si te cruzó algún camino,
que llevara a Florentino
cuando iba de cabestrero,
ese catire coplero
que supero al Arrendajo,
y brujeador de atajos
buen hombre y buen compañero.

En el paso, entre las bruscas
colgado de un palo gacho,
medio de arena está el cacho
del que no bebió agua nunca,
cuando un coplero retruca
y se aferra a la porfía,
vendrán los claros del día
pero no macujía nunca.

Mas yo al que el hombre concibo
en su hermosa condición,
por ello, en vez de oración
este romance le escribo,
porque así, queda el motivo
con la barbarie llanera,
en esa hermosa pradera
de Lazo y Sánchez Olivo.

Si su moral quedó salva
no llores, Llano bravío,
canta más bien mi corrío
pa´ Alberto Arvelo Torrealba,
ponle corazón de malva,
de celedonia y mastranto,
pero no empañes con llanto
el “Salud  señores, el alba”.

Adiós Bonguero del Verso
coplero de mil caminos,
por Maruja y Florentino
te doy en la frente un beso,
tu cantar se quedó impreso
hasta en la brizna que vuela
adiós Arvelo Torrealba
poeta de Venezuela. 



OH, VÍCTOR VERA MORALES
*Canción  grabada por Luis Lozada “El Cubiro”

¡Oh, Víctor Vera Morales!
De los versos cabestreros
ayúdame a liberar ese caballo cerrero, 
que galopa en el Escudo
en tan pequeño potrero,
pues siendo el Llano tan grande
no es justicia, compañero.

Yo quiero verlo correr
entre palmares y esteros,
libre como la llanura
que soñó Pancho Camero,
porque me mata la pena
de verlo allí prisionero,
limitado a cuatro líneas
que le han quitado lo fiero.

Que si amas la  Libertad
dice tu escudo señero,
puedes venir a mis pampas
llenas de sol y de esteros,
donde el espíritu crece
hasta alcanzar los luceros,
y las manadas de versos
atraviesan los senderos.

Pero hay algo, Víctor Vera
que significarte quiero,
pues le quita realidad
a ese precioso letrero,
que en la banda tricolor
luce el escudo llanero,
con tanto alambre de púas
no hay libertad, compañero.

El Llano empieza a sufrir
con el auge petrolero,
cuando le nacieron torres
donde antes hubo garceros, 
y el peón de  viejos hatos
se fue tras del aceitero,
y aquellas manadas mansas,
Víctor, se fueron del paradero.

Se hirió tan hondo la tierra
con un taladro de acero,
que por  ser la tierra tal vez
no dio un grito lastimero,
y por su herida brotó
la sangre del Llano entero,
desde entonces, Víctor Vera
no es libre el suelo llanero.



LA LLANURA, EL VERSO Y YO
*Poema grabado por Rafael Martínez Arteaga
“El Cazador Novato”
La Llanura, el Verso y Yo
somos esa trilogía,
que en el cantar va perdida
porque así lo quiso Dios,
y el horizonte nos vio
cuando tuvo la ocasión,
apretados en el bordón
la Llanura, el Verso y Yo. 

Y es que el verso y la llanura 
cuando van  en el corrío,
se llevan siempre algo mío
engrapado a la hermosura,
porque yo soy la guarura;
ellos palanca y bonguero,
que aquel Arauca cerrero
cruzamos en noche oscura.

Y en esa palma yarura
juntos estamos los tres,
desde el cogollo hasta el pie
y en el fruto quemadura,
somos la espiga brosura 
que se grela en la sabana,
somos pionío y gabana,
turpial, matraca y turura. 

Sujeto, rejo y totuma
somos el ordeñador,
y en cada copla de amor
somos rayo de la luna,
estamos en la laguna
preñadita de luceros,
y ser los tres  muy sinceros
es toda nuestra fortuna.

Las penas, una por una
le contamos al camino,
atrochamos tras lo genuino
dejando huellas lebrunas,
para que entre doce y una
cuando  pase el sol de mayo,
al galope de un caballo
llegue la canta oportuna. 

Nos conoce la chipola
la kirpa y el carnaval,
la chenchena y la soysola,
y el claro sol que arrebola
son sutil policromía,
sabe que esta trilogía
es en verdad una sola.

Somos de la misma cuna
como mastranto y jarizo,
mugido, fragancia y brisa
somos estero y laguna,
barranco, hilero y espuma
botalón, soga y tranquero,
somos copla y maraquero
Atamaica y Arichuna.

En fin, somos el adiós
que flota en la lejanía,
y somos la poesía
que en la sabana nació,
somos porque quiso Dios
manga, corral, vaquería,
y formamos trilogía
la Llanura, el Verso y Yo.


(*) Créditos. Nota: Esta es una versión publicable del Trabajo de Ascenso a la categoría de Profesor Titular de la UNELLEZ, titulado: “CONTRIBUCIÓN AL ESTUDIO DE LA NARRATIVA LLANERA DE TRADICIÓN ORAL: EL CACHO Y EL CORRÍO”,  de  Isaías Medina López, aprobado  en junio de 2011.

Ensayo sobre la poesía de Víctor Manuel  Gutiérrez  http://letrasllaneras.blogspot.com/2010/01/de-nuevo-corriente-espuma-y-rocio.html

LA POESÍA POPULAR (Estudio y muestras de Gustavo Luis Carrera) (*)

La mujer es fuente de inspiración   en la poesía popular (archivo de Mariano Nava)



El cuatro es elemento básico de nuestra poesía popular 
(archivo de Rafael Ortega)



POESÍA. La permanencia de la poesía folklórica, basada fundamentalmente en la trasmisión oral, no excluye el recurso del verso escrito, y aun del cuaderno manuscrito que enriquece el repertorio de cantores y recitadores; práctica común, desde los juglares medievales, entre creadores y difusores de poesía popular. En el caso de Venezuela, debe considerarse que esta conservación se basa de manera esencial en el vehículo oral, dado el alto porcentaje de analfabetismo existente en el pueblo; pero no puede descartarse la presencia deformas introducidas por la vía escrita, que cada vez llega más profundamente hasta aquellos que se van haciendo aptos para su aprehensión. Asimismo, no hay que olvidar que son numerosos los casos de libros sobre temas históricos, religiosos, mágicos –y otros tan alejados de la inspiración artística como tratados de aritmética, gramática y geografía– que han sido puestos en versos perfectamente ajustados en su estructura a las formas tradicionales.
La poesía folklórica venezolana tiene su fuente esencial en el cancionero popular hispánico. Las formas y temas llegados de España a nuestras tierras desde la Conquista y la Colonia, fueron determinadas en la estructuración básica de los cantos que viven en boca de nuestro pueblo. Respecto a los aportes indígenas y negros, las palabras de Juan Liscano son precisas: “Ninguna de las formas poéticas que pudieron usar los indios ha pasado a la tradición literaria oral. Tampoco recoge ésta las formas de la poesía africana, como acontece en el Brasil, en Cuba y en Haití, donde todavía hoy, los negros suelen cantar sus cantos africanos de extraña arquitectura audaz, en los dialectos originales. A lo sumo pasaron al Cancionero Popular voces de procedencia aborigen o africana. El negro canta en español y las formas usuales de esos versos son las que señala la literatura castellana. A veces descoyunta el verso tradicional o lo suplanta con gritos rítmicos y palabras de casi seguro origen africano, pero siempre dentro del esquema de un verso tradicional”.
Para ofrecer una somera visión de las formas que privan en la poesía folklórica venezolana tomaremos como bases esenciales las divisiones que establecen las especies de versos y combinaciones estróficas, sin que ello sea obstáculo para que se hagan referencias a ciertos importantes aspectos de orden general. Igualmente, es de advertir que, dadas las limitaciones de espacio, sólo se insertarán ejemplos ilustrativos en reducido número y con carácter representativo para cada agrupación estrófica.
En primer lugar, aparece el dístico –dos versos apareados con rima asonante o consonante– que con frecuencia compone adivinanzas, sentencias, dichos y retahílas. Estos versos pueden ser desde tetrasílabos hasta eneasílabos; o de extensión diferente entre sí, aunque conservando la rima.

-ASPECTOS PSICOLÓGICOS DEL CANCIONERO POPULAR. En primer lugar, es de advertir que no se pretende abordar, siquiera esquemáticamente, tema tan amplio en este breve espacio. Sólo se quiere registrar la posibilidad de dicho enfoque, dentro del propósito informativo que anima la totalidad de estas páginas.
Las manifestaciones psicológicas, unidas a las formulaciones de tipo social y económico, son infinitas en el cancionero popular venezolano. Esto resulta particularmente natural en una poesía cuyo origen se encuentra en una necesidad social de información histórica y ejemplificación sentimental y humana en general. Son, en última instancia, las actitudes del hombre ante problemas económicos y sociales y ante inquietudes espirituales y fisiológicas.Y por ser tan espontáneas y directas tienen toda la fuerza expresiva de la más pura sinceridad.
Estos reflejos psicológicos que brotan de la poesía popular, son especialmente variados y atractivos en las coplas; en lo cual interviene la propia índole breve y dinámica de dicha estrofa. Por ello, algunos recopiladores y estudiosos de la poesía folklórica para clasificar las coplas, al publicarlas, han adoptado agrupaciones basadas en la expresión de sentimientos, estados de ánimo, anhelos y amarguras, desconfianzas y burlas, jactancias y picardías, etc.
De manera general pueden considerarse en el cancionero popular de Venezuela, por una parte elementos esenciales venidos de España –propios de dicha nación o provenientes de otras, como Francia, Italia y Alemania; pero siempre por medio de la vía española– y por otra parte los factores autóctonos, originales de nuestro pueblo. Pero con frecuencia resulta difícil distinguir a unos de otros, debido a la extensa compenetración existente entre ellos, y a la universalidad de numerosas expresiones naturales del hombre, que hace que diferentes pueblos reaccionen y se conduzcan de manera semejante ante estímulos semejantes, impidiendo la fijación de una paternidad exclusiva al respecto. Así, pues, es posible hablar de caracteres psicológicos que son comunes en el cancionero hispanoamericano, de otros que agrupan también a España, y de otros de manifiesto alcance universal.
Pero, a pesar de este vínculo esencial del folklore mundial y del correspondiente a zonas determinadas, la abundancia reafirmativa de ciertos temas en la poesía folklórica venezolana permite señalar esas tendencias permanentes como expresiones de una psicología, o al menos de ciertas aptitudes más o menos generalizadas. Pero este asunto –por demás interesante– requeriría un profundo análisis que en esta ocasión no es posible siquiera asomar; así que seguiremos adelante con nuestra intención expositiva, y nos limitaremos a señalar algunos de los aspectos más sobresalientes y reiterados de la temática de nuestro cancionero popular.
En la poesía folklórica venezolana tal vez puedan señalarse cuatro grandes temas, o grupos temáticos predominantes: el amor, la filosofía popular, la información, las motivaciones religiosas. Los dos primeros son los más ricos y extendidos, y de ellos hay que señalar diversas divisiones o subtemas. La información –ya sea histórica de proyección en el pasado, local y cotidiana en el acontecimiento menudo y reciente, o sencillamente personal en el lance individual– tiene una finalidad práctica que llena de manera directa, objetiva: reseñar un suceso y enterar debidamente a quien lo escuche. Las motivaciones religiosas corresponden a una fe que impone normas de inspiración –asuntos relativos a la creencia misma–, de ánimo –recogimiento, misteriosa sublimación–, de propósito –exaltación de los motivos religiosos y humilde rogativa–, y aun de época o tiempo– determinados actos o festividades en fechas fijas. Y en ese sentido también cumplen con una misión funcional absoluta, delimitada en todos sus ámbitos.
En cambio, el canto lírico al amor se desarrolla libremente, de acuerdo al libre y complejo fluir de los sentimientos humanos. Caben allí las más diversas modalidades y las más extrañas situaciones. No hay normas. No hay limitaciones externas. Se rinde homenaje a la belleza femenina y a la omnipotencia del amor en todas sus formas, respondiendo a un sentimiento de valor universal y eterno. Pero allí dentro se dan características más persistentes que otras.
A este respecto son muy valiosas las observaciones que Luis Felipe Ramón y Rivera incluye en Una interpretación psicológica del coplero popular (Caracas, 1953); y de las cuales glosamos las siguientes: se nota el predominio de la expresión lírica del amor en todos sus matices; en especial se alude a la mujer y al matrimonio, ya sea de manera entusiasta, amarga o pícara; la dulce angustia del padecimiento amoroso se da plenamente, pero sin caer en expresiones libidinosas de extravío o de masoquismo; referencias a la posibilidad de la poligamia; ausencia, por lo general, salvo escasas excepciones, del despecho amoroso, el cual es de inmediato borrado por la presencia de un nuevo amor; humorismo y picardía en todos los asuntos externos del amor; preponderancia de la expresión masculina que alude a la mujer, y escasez de la intervención femenina que se refiere al hombre.
La llamada filosofía popular comprende todo un conjunto de actitudes y orientaciones –verdaderas formas de conocimiento humano– que pueden servir de estructura normativa para regir la vida. Se trata de una filosofía práctica, directa, llena de malicia, destinada también a una función práctica en un ambiente cuya hostilidad obliga siempre a mantener despierta la desconfianza. La experiencia cotidiana enseña rudamente, porque hay que padecerla para creer en ella de manera definitiva; pero la experiencia ajena nos sirve, a veces, de anuncio ejemplificador. Así, la filosofía popular tiende a poner sobre aviso, a orientar acerca de problemas fundamentales de la vida práctica –tanto material como espiritual– y la mejor manera de hacerles frente. Aquí, también resultan de gran interés las observaciones de Ramón y Rivera, contenidas en la obra citada. Partiendo de la base sentada por este estudioso del folklore, podemos señalar algunos temas de frecuente reiteración dentro de la filosofía popular: serenidad y fuerza ante el dolor; la “viveza” y la desconfianza; jactancia altanera o graciosa; el que no recibe; ocupar el sitio que corresponde a cada quien; crítica política y social; reclamos a Dios; no presumir demasiado del poder del dinero; celo en el honor de la mujer; el riesgo del matrimonio con mujer desconocida; amor al oficio desempeñado; supremacía de la madre entre todas las mujeres; no dejar traslucir las debilidades propias; dudas respecto al supuesto “fin del mundo”; fatalismo y negligencia; indiferencia ante los males y estoicismo para soportarlos; espera en los efectos benéficos del paso del tiempo; apego a la tierra y glorificación del paisaje circundante; reflexiones en torno a la extrema pobreza, ya sea en sentido trágico o irónico; la picardía y la burla como medios de expresión y combate a las penalidades; la gracia como instrumento de simpatía y consuelo.

-LA POESÍA FOLKLÓRICA Y LA MÚSICA. La poesía folklórica en su trasmisión y difusión encuentra dos modos orales comunicativos: la recitación y el canto. Suelen recitarse estrofas cortas, como coplas, a manera de bombas o bambas en medio de bailes y cantos; y también composiciones extensas, como las décimas que se dicen en los velorios de Cruz. Igualmente se oyen versos recitados –o simplemente dichos– en algunos juegos infantiles, adivinanzas, oraciones, sentencias, etc. Aparte de estos casos, la poesía popular siempre reviste la forma de canto con acompañamiento musical, a excepción de los cantos de trabajo cuya índole peculiar les mantiene aislados de tal complemento. El fondo musical puede ser aportado por un solo instrumento –como el cuatro– o por todo un conjunto, según el caso; pero siempre se da el resultado del acoplamiento de la voz humana y de la música. Y, lógicamente, este vínculo de la poesía con la música determina forzosas alteraciones de las formas poéticas. De ello resulta la subordinación de la palabra a la melodía. O, dicho con mayor exactitud, la frase poética sufre modificaciones inevitables para corresponder a los requerimientos de la frase melódica. De este modo, se imponen en el canto los estribillos, las repeticiones y los agregados, necesarios en el orden musical, pero sobrantes en la estrofa poética. En la práctica se advierte esto de manera directa, cuando el cantor que acaba de incluir en su canto todos los aditamentos anteriores, los omite al dictar al colector folklórico la letra, que ya deja de ser canto para volver a su condición de poesía.
Materia de otro carácter es la estructura formal de la canción, que implica un orden particular en la sucesión de los versos cantados y que es lo que en última instancia establece los diferentes tipos de cantares. Son por lo general repeticiones, combinaciones y alternancias que observan un riguroso orden que singulariza cada especie. Es a partir de la observación de estas exigencias cómo se explica que una misma composición poética –sobre todo las estrofas cortas, como la copla– pueda servir indistintamente para diversas clases de cantos, los cuales se desarrollan sobre expresiones musicales que se diferencian de manera absoluta. En todo caso, no debe confundirse la estrofa poética básica con la denominación aplicada al tipo de música y canto a que va integrada; sería más legítimo establecer esa identificación con la estructura formal del canto, que impone reglas características a la poesía que le sirve de material comunicativo.

COPLAS (Pequeña selección; de los archivos del Instituto de Folklore)


En la boca ‘e la bandola

voy hacer mi sepultura,
para enterrar estos huesos
que nacieron sin ventura.
.../...
Estoy al mal ya tan hecho
desde que mi bien perdí,
que el mal me parece bien
y el bien es mal para mí.
.../...
Cuando estoy a solas lloro
y en conversación me río;
con mi maraca en la mano
divierto los males míos.
.../...
Mi madre fue una centella
y mi padre un rayo cruel,
hijo de centella y rayo
díganme quién puedo ser.
.../...
Cuando más trabajos tengo
canto con más alegría,
porque los mismos trabajos
me sirven de compañía.
.../...
Goza del sol mientras dure:
todo no ha de ser verano,
yo aprendí con la experiencia
que atrás de un cerro está un llano.
.../...
Estando para morir,
me dijo la desconfianza:
“en el mayor imposible,
nunca pierdas la esperanza”.
.../...
Con mi guitarra en la mano
y mi machete liniero,
me río del pueblo entero
y de los ricos mantuanos.
.../...
Santísima Cruz de Mayo,
mándanos un aguacero,
tú que conversas con Dios
y los ángeles del cielo.
.../...
Una mañana de enero
yo fui a visitar las flores,
y me hicieron prisionero
en las redes de sus olores.
.../...
Dime niña, dime rosa,
dime clavo de comer,
de a cómo venden la libra
de amores para querer.
.../...
Eres clavel, eres rosa,
eres clavo de comer,
eres aquel lucerito,
que sale al amanecer.
.../...
Carita de papel fino,
nariz de pluma tarjada,
ojos de letra menuda,
boca de carta cerrada.
.../...
Clavelito colorado,
que de la mata cayó,
todo lleno de rocío,
¡cómo te cogiera yo!
.../...
No vuelvo más a tu casa
como en un tiempo lo hacía,
porque se secó la mata
donde yo flores cogía.
.../...
¡Qué largas las horas son
en el reloj de mi afán
que tan poco a poco dan
alivios al corazón!
.../...
No te eleves tan realto,
prenda de tanto valor;
que al árbol que más se eleva
le tumba el viento la flor.
.../...
El que bebe agua en tapara
y se casa en tierra ajena,
no sabe si el agua es clara
ni si la mujer es buena.
.../...
Cuando una mujer resbala,
aunque no caiga, se pierde;
porque nunca falta alguno
que del resbalón se acuerde.
.../...
Estoy queriendo a Isabel,
pero me agrada Juliana;
al saberlo Rosalía,
quedo mal con Feliciana.
.../...
Yo no quiero hombre casao
porque hiede a levadura;
yo quiero mi solterito,
que huele a piña madura.
.../...
Querer una no es ninguna;
querer dos algo será;
porque si la una está brava,
la otra contenta estará.
.../...
La mujer que quiere a dos,
los quiere como hermanitos;
uno le lleva la jaula
y el otro los pajaritos.
.../...
La mujer que no me quiera
no me hace ningunos males:
mejor como y mejor visto
y más me duran mis reales.
.../...
No me jorunguen la cueva,
que se me van los turpiales;
que unos andan por el suelo
y otros por los retamales.
.../...
Eso de adorar las bellas
es ayunar el traspaso;
yo con las feas me paso,
que tienen lo mismo que ellas.
.../...
Dicen que el mundo se acaba;
yo digo que eso es mentira;
el mundo sólo se acaba
pa’ aquél que la pata estira.
.../...
El que no llora no mama
aunque ande con la parida;
y el que no pide no come,
aunque boten la comida.
.../...
Cuando un blanco está comiendo
de un negro en la compañía,
o el blanco le debe al negro,
o es del negro la comía.
.../...
Mi mamá se llama arepa,
y mi taita máiz tostado,
¡miren las horas que son
y no me he desayunado!
.../...
El que nació para pobre
y su capital es medio,
cuando se gana tres reales
se le pierden dos y medio.
.../...
Si la gracia me ayudara
como me ayuda el deseo,
más sabroso les cantara;
pero sin gracia no puedo.
.../...
Dicen que el águila real
se pasa la mar volando,
yo me la atrevo a pasar
toda una noche cantando.
.../...
Cuando tengo real y medio
brinco pa’alante y pa’atrás;
cuando tengo medio solo,
brinco pa’alante no más.


(*) Este sencillo homenaje a nuestro maestro el Dr. Gustavo Luis Carrera tiene la siguiente data bibiliográfica:
Carrera, G. L. (1959). Folklore literario. En Carmona, M., Ramón y Rivera, L. F., Aretz, I., y Carrera G. L.; Panorama del folklore venezolano (pp.105-190). Caracas: UCV.

La Búsqueda de "El Dorado" Leyenda Negra de la Conquista (Nicolás de Federman- Armando González Segovia)


Destreza mágica sudamericana manifestada en este infante de los pueblos originarios

Piezas arqueológicas indígenas de Cojedes (archivo de Argenis Aguero) 


La leyenda de "El Dorado" une en su fabulación a la América Indígena originaria con la Europa conquistadora. De la historia de un cacique que se bañaba con oro en una laguna  a la ciudad de casas y calles hechas del áureo metal se da un tránsito literario, primero, y luego uno histórico, de exploración sangrienta de nuestro territorio. El siguiente documento narra ese inicio, desde la pluma del feroz Nicolás de Federman ("Barba Roja") y es uno de los primeros que dejaron los alemanes en estas tierras, justamente en los Llanos del actual estado Cojedes.   

La masacre del conquistador
La explotación social en las tierras que hoy conforman el estado Cojedes se inició con la llegada de los europeos. Entonces se tenía por finalidad principal la búsqueda de riquezas minerales, oro y plata, era una creencia común la existencia de El Dorado, como la zona con una proporción enorme de oro que mientras más se sacaba, más oro brotaba. En la zona de Cojedes puede tomarse como fecha de tope de inicio de este período histórico los finales del año 1530 y en enero de 1531, cuando el alemán Nicolás Federman llegó a estas tierras y cometió diversos actos de violencia como robos, torturas, muertes, esclavitud y explotación de los aborígenes en busca de los minerales preciosos, como lo demuestra el testimonio del mismo Federman, publicado en castellano bajo el título de “Historia Indiana” (en: Descubrimiento y Conquista de Venezuela, tomo II, Caracas, ANH, 1962, pp. 153 – 250).

Conquista y colonización del territorio cojedeño en el siglo XVI:
La primera referencia escrita. Refiere Nicolás Federman que el 10 de diciembre de 1530 “... mientras pudimos, seguimos nuestros viajes hasta caer la noche, por un valle entre dos montañas a lo largo del gran río llamado Coaheri...”. Esta es la primera noticia escrita por un europeo que se tiene, sobre una visita al río Cojedes, como se llama hoy en día. El sitio referido debe situarse en los cerros al pie de monte, entre la montaña de El Altar hasta donde está San Rafael de Onoto y Apartadero. Luego llegó a la llanura y acampó con su tropa “en una altura desde la cual se podía ver la sabana y a los hombres que enviase”. No especifica la orilla del río en la que se hallaba, ni ningún indicio de posible ubicación geográfica, lo que hace imposibilita determinar el lugar donde se hallaba. Sin embargo, desde donde estaban los conquistadores pudieron observar “humaredas desde muchos lugares de la montaña vecina”, de donde se infiere que pudieron haber sido visto por los habitantes, quienes por medio de estas hogueras, se avisaban mutuamente entre los pueblos y se prevenían entre sí. Ya había una fluida comunicación, por medio del humo, no solamente para estos casos “sino posiblemente para transmitir otros mensajes en un lenguaje cifrado en la cantidad, coloración, frecuencia, interferencia, etc., a que es susceptible la fumicomunicación”, como lo señaló Francisco Tamayo.

Se inicia la violencia: La primera masacre en tierras cojedeñas
En este momento comenzó en la zona el enfrentamiento entre dos sociedades con desigual desarrollo. Los europeos que venían con caballos, lanzas, arcabuz y perros de presa contra la técnica aborigen: el arco, la flecha, la lanza, entre otros. Cuando los soldados de Federman regresaron e informaron sobre un pueblo donde los habitantes “estaban reunidos, como suelen hacerlo en tiempo de guerra, y con buenas guardas y armamentos”, Consideraron los europeos que no estaban en condiciones y número suficiente para atacarlos: “...además, el pueblo estaba situado en la montaña y en un lugar donde no se podía utilizar caballos, y no teníamos bastante fuerza para atacar a los naturales o indios en el pueblo o aldea, sin contar con la ayuda de aquellos. Pues uno de a caballo, allí donde era posible usarlo, hace más (daño) entre ellos y les inspira más miedo que cincuenta de a pie”.
Este fue el inicio del enfrentamiento de clases: entre quienes habían vivido en igualdad de circunstancias (sin pobres ni ricos) y los europeos con sus ejércitos de terror y muerte. Es de referir que los caballos y los perros de caza fueron utilizados en el sometimiento violento, en la masacre de los aborígenes “podían ser fácilmente cazados por los jinetes” europeos, testifica el mismo conquistador.Cuando llegaron los conquistadores, el pueblo estaba preparado para la defensa, el  enfrentamiento armado entre los que venían a imponer una forma de vivir basada en la esclavitud y los antiguos pobladores que habitaron estas tierras. Los europeos tendieron una emboscada, se dejaron ver solamente dos, mientras que otros ocho se escondieron detrás de un maizal cuyos tallos eran tan altos que podían tapar un hombre a caballo. Entonces, algunos europeos fingieron huir y los aborígenes persiguieron los fugitivos, cayendo en la trampa, en la emboscada planificada por Federman, se lee en este pasaje de la obra de este conquistador, el siguiente: “...pero (los indígenas) fueron atacados por delante y por detrás, tanto por los jinetes que estaban escondidos en el campo como por los que pretendía estar huyendo. Fueron capturados alrededor de sesenta, muertos cuarenta y ocho y el resto puestos en fuga. De los cristianos sólo fueron heridos cuatro y muerto un caballo”. Esta fue la primera masacre en tierras cojedeñas, el 10 de diciembre de 1530, entonces es cuando se inicia la violencia, la esclavitud y la masacre en estas tierras que hoy conforman la zona donde se halla Cojedes, Apartadero y San Rafael de Onoto.

Tributo de oro a los conquistadores
Luego llegaron a la aldea donde los aborígenes les habían dejado “algunas joyas de oro colocadas sobre dos asientos y algunas provisiones de caza“ y les mandaban recados a los europeos para que tomaran el oro y les enviasen los prisioneros indígenas. Los europeos comenzaron a atemorizar a los habitantes de la aldea para que llegasen donde estaban. Los aborígenes ya “se habían puesto en camino para visitarnos y sometérsenos, lo que no pudieron hacer en los días pasados por tener que enterrar a los muertos que habíamos estrangulado y matado”. Resulta elocuente la afirmación de Federman quien no niega lo que hizo: estranguló, mató y sometió a los aborígenes por oro.

Continúa la masacre
Después sigue al sur de las tierras que hoy forman parte del estado Cojedes, de este recorrido refiere: “Cuando llegué a dicho río, llamado Coaherí encontré al otro lado cerca de seiscientos indios Guaycaríes, gentes negras como el carbón, sobre cuyas costumbres escribiré más adelante. Mandé a llamar al cacique o señor de esta nación, que lo es una aldea sita a milla y media del río. Todas sus casas de pesquería están en la orilla del agua y allí hacen sus mercados, porque la nación de los Caquetíos, que habita en ambas orillas del río, les compra su pescado a cambio de frutas y otros alimentos; pues la nación de los Guaycaríes es solo pescadora y señora del agua. Ambas naciones viven pacíficamente entre sí porque una necesita de la otra, pero cada una ocupa lugares distintos”.
Este documento induce a pensar que los indígenas de la zona, donde ahora está situada la población de El Baúl, vivían de la pesca que intercambiaban con los productos elaborados por otros indígenas.

Topónimos indígenas
Federman pasó por los siguientes lugares Tohibara, Curahy, Cazaradadi, Curahamara, Itabana, Corahao. Algunos de los habitantes dejaban solos los pueblos, casas y aldeas donde vivían, esto fue usual en el momento de la visita del alemán Federman.
En una oportunidad estaban reunidos, pendientes de lo que sucedía a la otra orilla del río, donde estaban reunidos gran cantidad de Guayqueríes cuando empezó el enfrentamiento y comenzaron a atacar los aborígenes que estaban enfrente y los que estaban a la espalda.
Federman refiere:  “...nos atacaron en medio de una gran gritería, y después de una larga escaramuza, en la que matamos a muchos de los que nos atacaron de flanco, empujamos el resto hacia el agua, haciendo mis arcabuceros no poco daño a los que huían por el río y a los que estaban con el cacique al otro lado de aquel”.Como resultado de este ataque los Guayqueríes lograron herir al ejército europeo, solamente cuatro soldados quedaron ilesos, además de flechar dos caballos, uno de los cuales murió al sexto día, por haber sido herido con una flecha envenenada.

La tortura
El ejército de Federman acampó en un alto cerca del río, donde vendaron los heridos. Al amanecer incendiaron el poblado aborigen y lo mismo fueron haciendo con todos los pueblos que hallaron a su paso y mandó a detener a los caciques. Los aprisionó y atormentó: “...y como el señor se dejó atormentar, sufriendo muchas torturas sin traicionarse ni confesar cosa alguna, le hicieron matar en presencia de otro prisionero para que le sirviese de ejemplo, y prometí a éste dejarle con vida, si me decía lo que ellos habían decidido emprender alconfederarse contra los míos”.Ante esta tortura confesó que el Cacique Caquetío de la aldea de Carahao se había unido al Guayquerí que terminaba de matar, para atacar al ejército europeo en la mañana de ese día (5 de febrero de 1531), luego Federman ordena “herrarlo en una cadena con los demás”.

La mayor masacre desde la conquista
Planifica entonces el desigual enfrentamiento entre quienes vivían sin diferencias de clases sociales, sin pobres ni ricos, y los europeos que venían en búsqueda de oro y metales preciosos. Federman empezó con la forma de producción de despojo de las riquezas minerales, la cual estableció las bases del robo, la violencia y la masacre de los antiguos pobladores de estas tierras.
El enfrentamiento entre los Guayqueríes, quienes unidos a los Caquetíos quisieron hacer frente al ejército europeo, es descrito por el mismo conquistador de la siguiente manera: “...cuando les ordené deponer las armas, para que fueran como antes mis amigos de acuerdo con lo que me había jurado y prometido la primera vez que estuve allí y confirmármelo con hechos amistosos y pacíficos, se me opusieron con orgullo. Entonces mientras los distraía con palabras (lo que también hice para impedir su huida a través del río), dispuse que los cercaran con los caballos y los atacaran: Pues estábamos en una hermosa llanura que no hubieran podido darse mejor para este propósito. Matamos por sorpresa unos quinientos, pues como estábamos conversando y tratando con ellos suavemente de la paz, no tenían ni una sospecha de nosotros y no llegaron a hacer uso de sus armas. Rematamos a muchos en tierra, hasta que les hicimos huir. Los de caballo daban en el grueso de la gente, derribando a los que podían, y los de a pie los degollaban como a puercos. Porque sólo tenían como recurso la huida y les perjudicó la rapidez de nuestros caballos. Por último trataron de esconderse entre la hierba y los vivos debajo de los muertos: pero fueron encontrados y estrangulados muchos de ellos, después de haber acabado con los que huían; así que de ellos perecieron unos quinientos, según he dicho. Únicamente no se pudo hacer daño a los que lograron huir por el agua. De mi gente sólo fueron heridos cinco pero ninguno con peligro de su vida, y también trece de los indios cargueros”.
Es muy significativa la posición asumida por este conquistador, en ninguna parte del texto se niega la finalidad del viaje explorador, la búsqueda del mar del sur donde existían grandes yacimientos de oro. Esta era su finalidad principal.
Más elocuente aun es la forma de lograr la meta propuesta: no importa la masacre, la violencia, la esclavitud aborigen. De hecho eran valientes estos conquistadores, un centenar de soldados enfrentados a cantidades superiores de indígenas. Ochocientos en este caso. Sin embargo esto no quita, ni justifica la carga asesina. La superioridad técnica compensaba de sobremanera la diferencia cuantitativa. Los caballos, perros de cacerías, armas de fuego, lanzas de metal y espadas en cuyo puño esgrimían el signo de la cruz, inclinaban la balanza a favor de los europeos la mayoría de las batallas, convirtiéndolos en valientes asesinos. Esta masacre ocurrida cerca de la zona donde ahora se ubica la población de El Baúl todavía no ha sido igualada. Ni cuantitativa ni cualitativamente.
La frialdad asesina que reconoce el mismo europeo es escalofriante: “matamos por sorpresa unos quinientos (...) Rematamos a muchos en tierra hasta que le hicimos huir. Los de a caballo daban en el grueso de la gente derribando los que podían y los de a pie los degollaban como apuercos (...) trataron de esconderse entre la hierba y los vivos debajo de los muertos; pero fueron encontrados y estrangulados (...) así que de ellos perecieron unos quinientos”.

(*)Este documento sobre Nicolás de Federman, también conocido como Barba Roja fue Tomado de: Palabras en el tiempo: Ensayos de historia y cultura popular tradicional del municipio Anzoátegui, estado Cojedes, de Armando José González Segovia. San Carlos: Sistema de Imprentas Regionales de El perro y la rana. 2009. Libro ganador del Premio Historias de Barrio Adentro Estado Cojedes.